La enseñanza del
inglés en la era digital

Jairo de Jesús Guevara Parra

La utilización del potencial de la red en el aprendizaje de los idiomas apenas comienza a explotarse. El papel del docente en el proceso de racionalización e incorporación de la gran variedad de recursos que ofrece Internet, para ser usados en el aprendizaje de los idiomas, es digno de ser evaluado, con miras a ofrecer a nuestra presente generación la oportunidad de participar en un proceso de enseñanza-aprendizaje más acorde con el momento histórico en que nos han situado los acelerados avances científicos y tecnológicos.

A medida que el mundo se involucra en la denominada era digital, son cada vez más las áreas del conocimiento humano que se esfuerzan por sacarle partida a los recursos electrónicos de la “red mundial de redes”. Y no es para menos, dada la profusión de fuentes de información que ofrece este medio de comunicación e interacción electrónica a través de las computadoras. Como era de esperarse, la educación en general y, en particular el área de la enseñanza de los idiomas a nivel mundial, no podían ignorar este hecho tan evidente. Es por eso que especialistas en la enseñanza de los idiomas, y en particular los dedicados a la enseñanza del inglés como segunda lengua o como lengua extranjera, se han dado a la tarea de investigar sobre la utilización de Internet como el “gran recurso” de fines del siglo XX y, por supuesto, del siglo XXI, para la enseñanza y aprendizaje de idiomas, el cual se encuentra a disposición de profesores y alumnos de todos los niveles de enseñanza y en todos los países del mundo.

Sin que pretenda ignorar la importancia de las recientes investigaciones sobre los métodos y técnicas más recomendables para la enseñanza de los idiomas, basadas en los tradicionales enfoques psicolingüísticos que han prevalecido a lo largo de este siglo, pienso que la llamada era digital nos ofrece, a quienes de uno u otro modo estamos involucrados en la enseñanza de los idiomas, un amplio campo de acción con múltiples variables, dignas de ser analizadas y evaluadas desde el punto de vista pedagógico, con miras a ser implementadas en nuestras instituciones educativas en algún momento del proceso, pensando en el hecho de que en la actualidad nos enfrentamos a una generación que vive y se mueve alrededor de un momento histórico muy particular, en el cual los rápidos avances científicos y tecnológicos obligan a la revisión de estructuras curriculares caducas, que deben ser, desde luego, analizadas y reestructuradas, para ser adaptadas a dichos cambios conforme a las proyecciones institucionales y necesidades de cada ente educativo en particular.

El potencial de la red y la enseñanza del inglés

El potencial de la red de redes –llámese Internet o World Wide Web - como recurso para la enseñanza y aprendizaje del inglés como segunda lengua o como lengua extranjera, es en la actualidad objeto de interesantes trabajos de investigación. El profesor Edward Tanguay(1) propone, por ejemplo, tres hipótesis como marco para su predicción de lo que será el futuro de la enseñanza del inglés (2):

1. Lo que es susceptible de ser digitalizado, será digitalizado.

2. La enseñanza del inglés puede ser digitalizada casi en su totalidad.

3. La enseñanza del inglés es más eficiente cuando los profesores utilizan un entorno digitalizado.

En cuanto a la primera hipótesis, Tanguay hace alusión a la rapidez con que la información digitalizada llega a su destino, en contraste con la información contenida en los medios tradicionales, como el libro, por ejemplo. Mientras un libro está hecho de átomos, el correo electrónico está compuesto de bits. Pero la diferencia más llamativa radica en que los átomos se gastan un tiempo comparativamente largo para ser enviados de un lugar a otro, además de ser relativamente costosos de duplicar. Los bits, por otro lado, se pueden enviar alrededor del mundo en cuestión de segundos, sin que su duplicación tenga costo alguno. Si deseamos, por ejemplo, enviar un libro de Pereira, Colombia, a una ciudad situada en los Estados Unidos, su costo podría girar alrededor de los 15 dólares, llegando a su destino en una semana aproximadamente. Si se envía un libro digitalizado al mismo destino, el proceso no tendrá ningún costo, y llegará en menos de 10 segundos(3).

La segunda hipótesis, según la cual la enseñanza del inglés puede ser casi totalmente digitalizada, se refiere a la facilidad con que un texto, un gráfico, la voz y el vídeo pueden ser digitalizados. Un texto se puede digitar, una fotografía se puede escanear, la voz y el vídeo se pueden grabar digitalmente, al igual que una conversación interactiva, e incluso paquetes completos de programas (software) pueden ser digitalizados y enviados a cualquier parte vía correo electrónico (E-mail). El correo electrónico en formato de voz, uno de los más recientes desarrollos en esta área, permite que el mensaje sonoro sea escuchado una vez se abra el mensaje de correo, sin tener que acudir a una aplicación especial. Esto facilita que profesor y alumno o alumnos entre sí intercambien ideas, comentarios, inquietudes, etc, a través de textos escritos y sonoros, incentivando de esta manera las habilidades de lectura, escritura y comprensión auditiva del idioma en cuestión; por supuesto que toda esta gama de información puede ser clasificada y organizada en carpetas para posterior revisión y estudio. En otras palabras, todo un proceso de instrucción en inglés puede ser digitalizado casi en su totalidad.

Con respecto a la tercera hipótesis, su autor plantea otros elementos de juicio que sirven de soporte a sus observaciones. En primer lugar, la digitalización incrementa el trabajo pedagógico centrado en el alumno. Si un estudiante, por ejemplo, escribe un documento digitalizado y se lo entrega al docente para su corrección, éste puede adicionar notas al documento de la misma manera en que lo haría en un documento normal de papel; la diferencia radica en que el alumno, sentado frente a un computador, puede usar el “ratón” para hacer “click” sobre las notas digitalizadas, las cuales, además de señalarle las posibles incorrecciones, lo conectarán de inmediato con una sesión interactiva de multimedia, que le ampliará el tema en cuestión, con explicaciones y ejemplos; además, el estudiante podrá encontrar otros enlaces que lo llevarán a un grupo de discusión, donde otros estudiantes y tutores le tratarán de resolver dudas de tipo gramatical, léxico, fonético, etc.

En segundo lugar, la digitalización incrementa la accesibilidad. Este criterio se aplica en particular en el área de inglés para propósitos especiales (ESP), sobre todo en países donde no se habla el inglés, ya que la consecución de material en este idioma no es tarea fácil. Supongamos, por ejemplo, que un profesor está manejando un curso de inglés técnico, orientado hacia el área de la ingeniería mecánica que requiera la práctica de vocabulario especializado sobre robótica. A través de Internet se podrá acceder fácilmente a sitios específicos la red, en países de habla inglesa, que tengan información concreta sobre la terminología buscada; estos podrán enlazarse con compañías que trabajen la robótica. Es posible que alguna de esas compañías envíe un catálogo vía correo electrónico, del cual se podrá seleccionar material para ser impreso y distribuído en la clase de inmediato.

En tercer lugar, la digitalización elimina las barreras geográficas. Para todos es bien conocido el sistema de video conferencias a través de Internet, donde un conferencista en Nueva York se dirige a un auditorio situado en Bogotá, o incluso a varios auditorios simultáneamente, situados en varias ciudades del mundo a miles de kilómetros de distancia. ¿Qué tal si un docente prepara una clase de inglés, para ser dirigida desde una universidad con destino a un número determinado de estudiantes situados en otras universidades o en sus respectivos hogares en otras ciudades? ¿o incluso en otros países?

Un último aspecto que se deriva de la tercera hipótesis de Tanguay se refiere al hecho de que la digitalización une mentes similares. Si en el siglo XVII Leibniz y Newton, los sabios que desarrollaron el Cálculo de manera independiente (debido a las barreras geográficas) hubieran tenido acceso a los recursos de la red, habrían podido ponerse en contacto a través de los grupos de discusión e intercambiar ideas por medio del correo electrónico. La facilidad con que diferentes personas con intereses, profesiones, conocimientos y experiencias similares se ponen en contacto, sin importar en qué lugar del mundo residan, es un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad. Si como profesores de idiomas sabemos que en este momento hay muchos otros colegas alrededor del mundo impartiendo tipos similares de enseñanza, con estudiantes similares, o trabajando proyectos afines, ¿por qué no ponernos en contacto para intercambiar ideas y experiencias, enriqueciendo así nuestro proceso pedagógico? En general, la función del profesor de inglés se centra en comunicar a sus alumnos los conceptos y habilidades necesarias para que funcionen adecuadamente en situaciones que involucren la lectura, escritura, manejo oral, comprensión auditiva, así como la interacción social. Con el crecimiento exponencial de Internet, gracias a los avances en la tecnología de la fibra óptica y de los satélites, a nuestra generación de alumnos le será cada vez más fácil interactuar con los videos dedicados a la enseñanza de las lenguas y los “mundos virtuales” disponibles en la red, lo cual los irá acercando a niveles de proficencia relativamente altos: el proceso les permitirá conversar libremente, solicitar u ofrecer ayuda sobre aspectos lingüísticos y culturales, logrando de esta manera practicar el idioma en situaciones contextuales de diversa índole.

Ventajas para el docente El docente,

por otra parte, también puede acceder a múltiples ventajas al utilizar el recurso de la red. Entre ellas podemos mencionar: participación activa, en tiempo real, en grupos de discusión sobre temas culturales y lingüísticos que enriquecerán su experiencia docente; intercambio de opiniones y consultas académicas a través del correo electrónico; asistencia a conferencias virtuales de importancia en la profesión, en tiempo real, y a las cuales era muy difícil acceder antes por razones de distancia, tiempo y dinero; consulta de páginas dedicadas exclusivamente a temas relacionados con el proceso enseñanza-aprendizaje de los idiomas, donde aparecen temas específicos de fonética, vocabulario, gramática, conversación, consulta de diccionarios y traductores, así como infinidad de aportes de tipo cultural. Además, el profesor podrá publicar sus artículos e investigaciones de manera inmediata a través de la red, con la ventaja de que un sinnúmero de lectores de todo el mundo le podrán responder, también de manera inmediata, por medio de comentarios, opiniones sugerencias o críticas; esto no sucede con la publicación de trabajos en las revistas tradicionales, sin que con ello se pretenda demeritar su importancia y funcionalidad actuales.

Creación del escenario apropiado. Todo lo anterior nos lleva a concluir que nuestra labor como docentes comprometidos en la enseñanza de los idiomas puede facilitarse si utilizamos los variados recursos de Internet. Pero lo importante es investigar la forma más apropiada y práctica de implementar todos estos recursos. Hace casi dos décadas, Phillips (1985, p. 116)(4) se refería a la posibilidad de instalar redes de computadoras para ser usadas en CALL (Aprendizaje de idiomas asistido por computador)(5), como medio para incentivar la expansión del ambiente de aprendizaje más allá de los límites físicos de un salón de clases. Con la llegada de Internet, Dyrli y Kinnaman(6)sugieren, de manera similar, que la red global de computadoras nos ofrecen la oportunidad de extender el salón de clases más allá de los límites de las cuatro paredes, para lo cual plantea varias maneras de lograrlo: Traer al aula de clases los recursos electrónicos disponibles en la red, tales como planes de clase, artículos, libros, mapas, diagramas, fotografías, cortos de películas, archivos de sonido, e incluso software de multimedia. Aunque la inmediatez y ubicuidad de estos recursos pueden ser objeto de debate, las sugerencias de los autores evidencian la importancia de los recursos y las posibilidades interactivas de que ahora disponemos. Sin embargo, si bien la tecnología es poderosa, sin la adecuada organización de los recursos por parte del docente y la apropiada contextualización de las posibilidades del aprendizaje dentro de la estructura curricular, ese poder se puede diluir, eliminando su potencial en el proceso de enseñanza aprendizaje. ¿Cuál podría ser, entonces, el papel inmediato del docente para lograr la organización y contextualización de los recursos disponibles? Se ha propuesto, como paso primordial, la construcción, por parte del profesor, de una página web (homepage) , como una manera de recoger el potencial tecnológico disperso en la red, centrándose, por su puesto, en aquellos recursos que respondan a la diversidad de necesidades de aprendizaje presentes en cualquier situación de enseñanza de idiomas. Una etapa necesaria del proceso tiene que ver con la exploración de la red en busca de recursos específicos sobre la eneseñanza y aprendizaje de los idiomas. Una vez ubicados y seleccionados los recursos, se clasifican, utilizando el lenguaje HTML (HyperText Markup Language), necesario para desarrollar la página web. El tamaño y complejidad de la red puede ser angustiosa para cualquier profesor o alumno que intente buscar recursos que, por lo general, no están concentrados en un sitio específico. Por lo tanto, la creación y mantenimiento de la página, por parte del profesor, contribuirá en gran medida a la solución de dichas limitaciones.

El proceso de creación de una página web convierte al profesor en un investigador, involucrado en el proceso de explorar recursos, evaluar y seleccionar sitios de interés, almacenarlos y clasificarlos, para su utilización posterior por parte de los alumnos. La naturaleza de los recursos deberá estar relacionada con la manera como el profesor visualiza el proceso de enseñanza aprendizaje de los idiomas y su incidencia concreta en el currículo. Por lo tanto, el docente podrá estructurar, con relativa facilidad, un ambiente de aprendizaje lo suficientemente ecléctico en cuanto a la variedad de materiales pedagógicamente útiles, que garanticen la oportunidad de acceso a un conglomerado estudiantil cada vez más numeroso y heterogéneo. La utilización del potencial de la red engendra un proceso de aprendizaje activo, constructivo y colaborativo por parte de los alumnos: activo, porque involucra un ágil procesamiento de información, lo cual convierte al estudiante en protagonista activo de su propio aprendizaje; constructivo, porque el proceso de aprendizaje permite la incorporación de nuevas ideas a su cúmulo de conocimientos previos, haciendo más significativo su contacto con el mundo que le rodea; colaborativo, porque el intercambio de ideas y experiencias con otros alumnos le permite explotar su sentido de cooperación, su deseo de compartir, su interés por aprender e incluso crear. Se podrían concluir estas ideas citando a Ruschoff (7), quien afirma que “el papel del estudiante de idiomas como experimentador e investigador no debería subestimarse: la activa y consciente exploración del lenguage y la comunicación deben constituir un elemento importante del proceso de enseñanza aprendizaje de idiomas en el aula de clase”.

NOTAS

(1) TANGUAY, Edward, profesor de Inglés y consultor de Intenet en Berlín, Alemania, tiene la siguiente dirección electrónica: tanguay@rz.unipostdam.de.
(2) Véase el artículo “English Teachers, Prepare Yourselves for de Digital Age”, del profesor Edward Tanguay, publicado en Internet el 16 de mayo de 1997, en la dirección: www.aitech.ac.jp/~iteslj/Links/ArticleLinks.html
(3) Ver el libro de Nicholas Negroponte Being Digital, donde plantea la distinción entre átomos y bits: Vintage Books, New York, 1996.
(4) PHILLIPS,M. 1986. Educational Technology in the next decade: an ELT perspective en C Brumfit y M. Phillips (eds.) Computers in English Language Teaching and Research, Pergamon Press: Oxford.
(5) CALL corresponde a la sigla inglesa para el término Computer Asisted Language Learning.
(6) DYRLI, O.E. y Kinnaman, D:E: 1995. Connecting Classrooms: School is More Than a Place en Technology and Learning, 15:8, 82-88.
(7) RUSCHOFF, B.1993. Language Learning and Information Technology: State of the Art. en CALICO Journal, 10:3, 5-7.

 

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