El "Filosofar con"

María Liliana Herrera A.

Este ensayo ha sido elaborado pensando puntualmente en los estudiantes y profesores de la Escuela de Filosofía de la U. T. P.

Una introducción que preceda a la ciencia es algo que no puede darse. El pensamiento comienza consigo mismo, vale decir, con la decisión de pensar.

Gadamer

1. Aclaración

El énfasis que hemos querido hacer en el problema del "filosofar con" y que hemos vinculado con el de la formación, a través de lo que Eugen Fink llama conceptos temáticos y operatorios, tiene como motivación la crítica que a lo largo de las sesiones del seminario "Métodos en la Filosofía", ofrecido por la facultad de Filosofía de la Universidad Javeriana, ha venido elaborando su director, profesor Jaime Rubio. Esta crítica la hemos interpretado -entre otras interpretaciones que suscita- como el problema de la formación en las escuelas de filosofía; y pensamos especialmente en la Escuela de Filosofía de la U. T. P. de la cual hacemos parte. Podemos formular el problema señalado de la siguiente manera: ¿por qué los estudiantes se encuentran, por decirlo de algún modo, por fuera de la "cosa filosófica" que los «autores han tenido bajo sus ojos" y a la cual se enfrentan como a una enemiga? ¿Por qué no logran penetrarla, aprehenderla, incorporarla y, en cambio, se sitúan frente a ella como si no tuvieran ninguna conexión -a pesar, incluso, del gusto real que muchos tienen por la filosofía-, y consideran al pensamiento filosófico como cuestión acabada, en el sentido de un resultado muerto en principio, por razón (entre otras) de la época en que fue concebido, e intentan tomar distancia del autor de manera inmediata para elaborar una «crítica» desde sus propias representaciones, las que no han sometido a la reflexión?(1) . Parece que el problema es el método; pero, claro está, el método no se refiere aquí al método de estudio o a las técnicas que nos ayuden a comprender un pensamiento filosófico, pues ningún método forma filosóficamente si no se ha hecho la experiencia de la cosa y si no se comprende que la cosa se expresa y es también la manera como ha sido tratada por los filósofos. En otras palabras, en el método la cosa surge y se muestra.

2. La representacion del sentido comun

El método, tal como habitualmente se piensa, se define como un instrumento que nos permite aprender una determinada teoría, o también como aquello que nos permite conocer un objeto o probar ciertas hipótesis. Así entendido, el método es una mediación entre el objeto -cualquiera que éste sea- y el sujeto interesado en aprender, conocer o probar, y como tal parecería ser un instrumento exterior al sujeto y al objeto y, por esta misma razón, no incorporaría nada del objeto tratado(2) . Para la cuestión que nos ocupa, el problema del método es filosófico el cual podría ser pensado a la luz de lo que Fink llama «conceptos operatorios y temáticos» y que podrían dar cuenta de cómo nos podemos formar filosóficamente y de cómo podemos «filosofar con».

2.1. El camino de la formacion

Eugen Fink alude al "filosofar con" del siguiente modo: "participar de la verdad de un filosofema es lo único que hace posible exponer, justificar, criticar de manera auténtica" (3) . Y en esta afirmación encontramos dos elementos que son los que conforman ese "filosofar con" que se desenvolverán a través de lo que entiende el autor por conceptos temáticos y operatorios. Se trata, en primer lugar, de la "participación" en el filosofema y, en segundo lugar, de la "crítica auténtica". ¿Qué significa "participar" y cómo se relaciona con la «crítica auténtica", es decir, con el filosofar propiamente dicho?.

Si partimos de que existe un interés filosófico por parte de quien estudia -y no un interés externo a la filosofía misma, como puede ser el histórico, el sociológico, o simplemente el de adquirir información- se supone que aquel interés conlleva la decisión de pensar. Pero esta voluntad de pensar implica necesariamente el situarse, desde un principio, en el interior del pensamiento filosófico en cuestión. Esto significa que es a partir de la problemática misma que empezamos a recorrer, que nos vamos apropiando de ella. En este sentido, no existiría una propedéutica para iniciarnos en el pensamiento filosófico anterior al ejercicio del pensar mismo(4) .

Lo anterior nos remite de manera inmediata al concepto de "formación": "En la formación uno se apropia por entero aquello en lo cual y a través de lo cual uno se forma" (5). Este apropiarse indica un proceso histórico en el que la conciencia se eleva desde sus representaciones habituales al punto de vista general tratado por el filósofo, esto es, los conceptos temáticos explicitados por él y "sobre los cuales hay que meditar si se quiere alcanzar la dimensión de lo problemático de un autor(...). Naturalmente tales conceptos temáticos no son nunca unívocos, ni carecen de problematicidad. Por el contrario, contienen toda la tensión del comprender dirigido al carácter insuperablemente enigmático del ente como tal". (6)

Pero ¿cómo apropiarse de estos conceptos que por no ser unívocos estan vivos para el pensamiento filosófico?. Estar situados en el interior de la problemática filosófica señala ya el camino para su apropiación. Queremos decir que el camino es el recorrido mismo que ha hecho el concepto, el desenvolvimiento propio de la cosa y que es su propia exposición. Quizá no estemos equivocados al recurrir a Hegel para ejemplificar lo anterior. La Introducción de la Fenomenología del Espíritu se inicia con el problema del conocimiento cuando es considerado como instrumento o medium. En cualquiera de los dos casos, el sujeto queda frente al objeto, valga decir, el objeto es exterior a él, lo que significa que si el instrumento o el medium nos acercan al objeto o acercan el objeto a nosotros, de todos modos éste queda alterado: El instrumento o medium "no deja (a la cosa) tal y como ella es para sí, sino que la modela y altera" (7). Obviamente esta posición Hegeliana se vincula con otros problemas, como por ejemplo, el de la verdad o el de la conciliación entre el sujeto y el objeto y a los cuales no nos vamos a referir aquí. Lo que nos interesa destacar es que el método entendido como exterior a la cosa que trata, impide apropiarnos de ella. Por eso con razón afirma Hegel que "si el instrumento se limitara acercar a nosotros lo absoluto como la vara con pegamento nos acerca al pájaro apresado, sin hacerlo cambiar en lo más mínimo, lo absoluto se burlaría de esta astucia, si es que ya en sí y para sí no estuviera y quisiera estar en nosotros" (8). Aplicando esta cita a lo que nos ocupa, podemos decir que la cosa esta ya en nosotros en el sentido en que "el "filosofar con" aparece como una participación en la relación que tenemos en común con la cosa del pensamiento (9). O dicho de otro modo: los conceptos temáticos, por ser problemáticos, es decir, por estar vivos, no se encuentran consumados. Los constituimos cada vez que nos enfrentamos a ellos y constituyéndolos constituimos nuestra formación filosófica (10).

Pero volvamos al camino. Hemos dicho que el camino es el recorrido mismo que ha hecho la cosa y que debemos recorrer. ¿Cómo?. Gadamer, refiriéndose a Hegel, señala que en la formación es necesaria la enajenación, "pues comportamiento temático es como tal siempre enajenación, es la tarea de ocuparse de un no inmediato, un extraño" (11). En efecto, hacer propia la temática filosófica sería entregarse a ella olvidándonos de nosotros mismos, esto es, de nuestra particularidad y de la manera como hemos tematizado el mundo en la representación habitual; o, para utilizar un concepto muy usual por este tiempo, ponernos el "velo de ignorancia". Porque ¿qué sentido tiene para la formidable problematicidad de la filosofía nuestra opinión personal, nuestras convicciones, creencias y prejuicios que no hemos reelaborado a la luz de la reflexión filosófica? Por el contrario, nuestras convicciones se convierten en el obstáculo que nos impide situarnos en el camino que nos permitiría abrir el horizonte de reflexión. Es por esto que la posición del pensamiento de los estudiantes que ingresan a una escuela de Filosofía y que está conformada por lecturas dispersas e intereses vagos, abdica -cuando se toma la decisión de pensar- moviéndose a través del proceso de formación , -el cual es siempre mediación- para alcanzar el punto de vista filosófico. Por ello es inocua la crítica que se intente elaborar sobre los textos si estos no se han experimentado, si no se han experimentado los conceptos temáticos y la forma de su tratamiento. Situándonos, pues, en la cosa e iniciando un proceso de enajenación se tiene como resultado -para escuchar a Gadamer- el que "se supere aquello que resulta extraño a la propia particularidad que uno encarna, volviéndolo completamente propio" (12).

Ahora bien, si el camino lo señala en principio la cosa misma, si no tenemos más que abandonarnos a su movimiento, esto indica que el despliegue que ella hace le es absolutamente necesario para constituirse como tal. En este sentido es como podríamos interpretar también lo operatorio. La cosa opera ella misma a partir de sí misma; de ahí que el modo de la exposición sea el modo en que la cosa se muestra y se demuestra. Es claro que si los conceptos operatorios son "todos aquellos que un pensamiento filosofante utiliza corrientemente, penetra, pero sobre los cuales no reflexiona" (13), ellos son "el medium a través del cual y en el cual el tema aparece" (14). De esta manera, lo operatorio como medium de exposición pero a la vez como "sombra" de la que emerge la cosa, no puede estar separado de ella o en una relación exterior con ella. Aquí lo que encontramos es más bien un movimiento casi inefable en el que la forma del desarrollo de la cosa y el contenido conforman una unidad que se desenvuelve en la diferencia. Esto significa, entonces, que existe una relación necesaria e intrínseca entre lo operatorio y lo temático que es aquello que nos va a permitir formarnos filosóficamente, pues nos vamos apropiando de la cosa al mismo tiempo que nos apropiamos del modo, del método que ella saca de sí misma. O, para decirlo en términos de Gadamer, "la formación no debe entenderse sólo como el proceso que realiza el ascenso histórico del espíritu a lo general, sino también como el desarrollo dentro del cual se mueve quien se ha formado de este modo" (15). Moviéndonos en y con el pensamiento filosófico, siguiendo su proceso, el movimiento temático y operatorio -si se nos concede lo dicho más arriba-, movemos la rigidez de nuestras representaciones, las elevamos a la generalidad y así, separándonos de la inmediatez de la certeza, vamos construyendo en nosotros el punto de vista filosófico. Esto no significa otra cosa más que hacer la experiencia del pensamiento en nostros mismos, es decir, el ejercicio del pensamiento en y con el pensamiento.

A la altura de estas reflexiones ya se nos hace más clara la afirmación de Fink con la que iniciamos estas notas. Repitámosla: "participar de la verdad de un filosofema es lo único que hace posible exponer, justificar, criticar de manera auténtica". Alcanzado el punto de vista filosófico creamos el espacio para "filosofar con", es decir, para "exponer, justificar, criticar de manera auténtica". No se puede filosofar "fuera de". En esta perspectiva, "no es la enajenación como tal, sino el retorno a sí, que implica por supuesto enajenación, lo que constituye la esencia de la formación" (16), pues formados simultáneamente en el movimiento de lo temático y lo operatorio, constituímos en nostros el horizonte para la reflexión filosófica.

Lo anterior tiene una implicación no menos importante. La filosofía no es el resultado, esto es, la proposición especulativa, que considerada como resultado no es comprensible (17), lo que significa que a la filosofía hay que considerarla en su devenir. Su sentido radica precisamente en esto: que ella es su resultado por su devenir, su propia exposición. De ahí que el supuesto de que existe un contenido rígido -el resultado- y que se puede acceder a él de manera inmediata, desvíe de la filosofía, de tal manera que quien se enfrenta a ella evitando "el esfuerzo del concepto", esto es, evitando la experiencia del pensar que en este caso es el esfuerzo de aprender a escuchar- no sale de su unilateralidad, de su "actitud natural", y ve en la filosofía un mosaico de fórmulas incomprensibles, o, en el mejor de los casos, una historia caótica de opiniones contradictorias que no nos puede decir nada sobre nuestro presente. Esta "cómoda opinión", como la llama Hegel, es otro de los riesgos que el estudiante de filosofía corre cuando ésta se le presenta como cosa de opinión y del pasado, cuando no se la hace experimentar en el pensamiento mismo. Esta es una de las razones por las que, en ciertas ocasiones, se presenta la demanda, por parte del estudiante de filosofía, de incorporar al plan de estudios un número más elevado de cursos de filosofía contemporánea, es decir, «actual», bajo la creencia de que la filosofía actual no es heredera de la tradición, que no contiene en sí de manera viva los contenidos de aquella, y que por ser actual nos habla inmediatamente de lo que nosotros tenemos ya en la representación. Esto quiere decir que sólo queremos escuchar lo que ya sabemos para evitarnos el esfuerzo del "pensar con" que a veces conduce, como dice Hegel, a la «desesperación escéptica". Es aquí donde cobra todo su vigor el problema del "filosofar con" planteado por Eugen Fink, problema del que podemos concluir provisionalmente que la filosofía, o mejor, el pensamiento filosofante -sea éste antiguo, moderno o contemporáneo- está vivo y de esa vida debemos apropiarnos si pretendemos seriamente "filosofar con" alguna vez.

NOTAS

(1) Pero este no es un problema que caiga sólo de lado de los estudiantes. ¿Qué papel juegan los profesores de filosofía en la tarea, no de informar, sino de “formar en y con”?
(2) Obviamente, el problema del método ha sido considerado en profundidad por diferentes autores y desde varias perspectivaas. A manera de ejemplo, podríamos recordar la consideración que se ha hecho en las ciencias empíricas según la cual no existe un sólo método para investigar; o aquella otra en la que el método ha sido pensado como el instrumento o el medium que podría hacer posible la aprehensión de la cosa; o más aún, la de la física contemporánea en la que el proceso de medida no se puede independizar de lo medido. Por eso extraña que en la universidades aún se dicte la materia «Metodología de la Investigación» a manera de un recetario que por ser exterior al contenido deja en la sombra a los estudiantes respecto a cómo investigar en su particular disciplina.
(3) FINK, Eugen. Los Conceptos Operatorios en la Fenomenología de Husserl, en HUSSERL. Paidos. 1968. p. 192.
(4) Así, no ha perdido vigencia la crítica hegeliana a Kant en el sentido en que no se puede conocer antes de conocer: «...querer conocer antes de conocer es tan insensato como el sabio propósito de aquel escolástico de aprender a nadar antes de echarse al agua». HEGEL. Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas. Madrid. Alianza. 1997. Parágrafo 10. p. 112.
(5) GADAMER. Verdad y Método. Salamanca. Ed. Sígueme. 1984 p.40
(6) FINK, Eugen. Los Conceptos Operatorios en la Fenomenología de Husserl, en Husserl. Op. Cit. p. 195.
(7) HEGEL. Fenomenología del Espíritu. México. F.C.E. 1985 p. 51.
(8) Ibid. p. 52.
(9) FINK. E. Los conceptos Operatorios en la Fenomenología de Husserl. Op. Cit. p. 192.
(10) Esto también implica la idea de «ascenso a nuestra racionalidad», es decir, desarrollar nuestra naturaleza racional hasta que efectivamente sea lo que es en sí.
(11) GADAMER. Verdad y Método. Op Cit. p.42
(12) Ibid. p. 42. En los términos del profesor Jaime Rubio, se trata de la experiencia de la humildad: «Exponernos al texto en el acto de lectura es exponernos literalmente a acabar con las ilusiones del sujeto y con la principal de ellas, el narcisismo, que no es otra cosa que la proyección subjetiva en el texto. Exponernos al texto significa también estar dispuestos a reconocer que nada se ha entendido. El problema de la lectura es un problema hermenéutico porque es un acto peligroso. Si se lee un texto y se sigue igual es porque no se ha leído. Aquí surge el sentido de la pregunta : ¿qué es leer, cómo leer?». Notas de Clase. En este sentido, bien valdría la pena que los profesores de filosofía enfrentáramos el problema de la lectura como tema de seminario que ayude a la orientación filosófica de los estudiantes, tema del que no puede dar cuenta la asignatura «expresión oral y escrita» , o el «taller de expresión escrita», por la que nos sentimos exentos de la responsabilidad en el proceso de lectura filosófica .
(13) FINK, E. Op. Cit. p. 195.
(14) Notas de clase.
(15) GADAMER. Verdad y Método. Op. Cit. p. 43.
(16) Ibid. p. 43
(17) ¿Cómo entender, por ejemplo, la proposición hegeliana «todo lo que es real es racional y todo lo que es racional es real» si no seguimos el proceso de la cual resulta?

 

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