La
lectura estructuralista del psicoanálisis: Carlos Augusto Murillo García
Suele reseñarse casi de entrada, en los programas de psicología general al interior de los fundamentos psicopedagógicos de las licenciaturas, la distinción de los basamentos conceptuales, técnicos y metodológicos de los diferentes sistemas psicológicos. Se encuentra una y otra vez en estos programas, al igual que en los textos de principios o fundamentos de psicología en los que se apoyan, un manejo suscinto y por qué no también espúreo del concepto de estructuralismo, que se ciñe casi siempre a mencionar de una manera inconsistente bien sea la obra de los gestores de la psicología científica Wundt y Titchener, referida como un movimiento en desuso ligada al estudio exclusivo de la consciencia a través de un instrumento obsoleto y poco eficaz: la introspección; o bien se menciona al estructuralismo como un mecanismo necesario en la construcción disciplinaria de ciertas escuelas en la psicología, refiriéndolo además como una suerte de filiación obligada en una nomenclatura que le pone un orden a las disciplinas que concurren en la psicopedagogias. Nada más equivocado. Si se parte de que la psicología junto con la pedagogía, la filología, la sociología, la teoría de la evolución son campos de evidente interés e influencia del psicoanálisis (1) este último debe estar incluido de una manera distintiva, tratado con rigor, acentuando su condición de metapsicología al interior de los Fundamentos de Psicología, Psicología Pedagógica, Psicología general, Sistemas Psicológicos o como quiera llamársele a esta asignatura usualmente programada en las licenciaturas. En este tratamiento exhaustivo del mismo se debería ahondar en sus raíces estructurales, compartidas en alguna medida por esa suerte de hibridación llamada psicologías dinámicas. La reflexión acerca de los matices estructurales que la constituyen, son decisivos para comprender la magnitud de la influencia de una y otras en el quehacer pedagógico. Refiere F. Wahl de forma breve y acertada en la introducción a un texto de M. Safuan(2) acerca de la castración y el inconsciente, una generosa condensación de las mejores nociones en el campo del estructuralismo, al cual ubica como cuerpo teórico y no ideológico, derivado precisamente del Curso de Lingüística General(3) . En este se asevera que Todo problema lingüístico es primordialmente semiológico(4) . En base a esta obra, Wahl dice del estructuralismo que: Consiste en plantear y explotar los problemas en las ciencias que tratan del signo, de los sistemas de signos.(5) Y es que el autor relaciona la obra de Saussure con nociones afines tomadas de la Antropología Estructural de Levy Strauss(6), el cual expone a todo aquello que tenga carácter de sistema como objeto de conocimiento propio del estructuralismo; la construcción de modelos sería su instrumento y los grupos de transformación aplicados a sus encajamientos y equivalencias constituirían su ley de inteligibilidad. Retoma el prologuista esta evolución nocional del estructuralismo, exponiendo cómo éste término involucra todos los hechos del habla, siendo susceptibles de ser consideradas estructurales todas las ciencias que describen y conceptualizan contextos vinculados con el ámbito de esta habla comunicativa producto de un sistema significante-significado. Como una definición de este tipo es demasiado amplia, Wahl, F. la precisa: El significante, la dimensión nueva del signo(7) define lo estructural. Asi, uno entre la variedad de los estructuralismos, aquel que habla de la subversión del sujeto, un estructuralismo reduccionista por demás, el Psicoanálisis, ciencia conjetural, ciencia de lo particular, diside de los demás estructuralismos: los racionalistas, los positivistas etc. y amenaza derrumbar las evidencias de la autonomía científica, al tiempo que confronta los rigores de la ideología, el poder, la religión, la cultura en todas sus manifestaciones incluyendo a la universidad como espacio del discurso y en general todos los modos humanos de expresión, modos que se instalan como hechos analíticos por la razón de ser hechos de significante. Esta brecha epistemológica, en el caso de la Pedagogía, es impulsada desde el psicoanálisis cuando pregona que la pedagogía, aun la progresista, constituye una operación de dominio, ya que instalándose en el lugar del Otro , en la posición de dueño de ciertos significantes maestros del lenguaje, en el lugar de quien intermedia con la realidad, en ese orden de relaciones privilegiado, quien aparece como el dueño de un saber, el educador, intenta moldear a un sujeto que siempre estará escindido por ser ajeno a los móviles del propio deseo, sujeto del inconsciente que siempre se le escapa porque su deseo estará continuamente en otra parte. Este Otro, para cada sujeto el lugar donde reside el sentido, el depósito de significantes de una lengua, permite quecontinuamente la palabra se verifique al permitir el intercambio de significantes, al soportar con ellos los más diversos ideales, al actuar en tanto modulador de las Estructuras elementales del parentesco de nuestras sociedades abiertas, al transmitir la norma y señalar siempre el lugar de la ausencia y la división indefinidamente reiterada del sujeto hablante. Por esto el Psicoanálisis concibe la praxis de la pedagogía desde una perspectiva casi patética, pues describe a un sujeto que desconoce lo esencial de su naturaleza y desde allí se dirige como poseedor de un sentido a alguien que indefectiblemente ostenta una carencia que aquel pretende llenar. A través del mutuo enajenamiento el otro (aquí con minúscula, el otro de la intersubjetividad y de lo imaginario), carente en medio de un desconocimiento craso de los procesos que lo habitan, podrá llegar a ostentar la ilusión de ser el dueño de un saber. Y es que el inconsciente, lugar inaugural descubierto por el psicoanálisis , su premisa fundamental(8) es conceptualizada, no como depósito ni como atavío ni como obscuridad irracional ni como ilusión sensorial ni como conciencia paralela, sino como geometría de un espacio de borde (9) , que permite registrar la diversidad de hechos normativos de la cultura y matematizarlos inclusive como combinatoria, en donde la eficacia de los discursos que aborda demuestran el núcleo de un tiempo reversivo, (10) de una retroacción que hace que la causa del ser como instancia del inconsciente freudiano sea una estructura temporal, otra diferente de la estructura secuencial progresiva del ordenamiento discursivo racional. Abordar una definición del psicoanálisis sólo es valida entonces cuando se opera sobre el mosaico estructural del material psicoanalítico Vgr. mitología, psiquiatría, sexología, crítica literaria, historia, psicología de las religiones, dialéctica idealista, retórica, poética, gramática, topología, teoría de conjuntos y otras con rigor y responsabilidad; lo que parecería muy compatible con la urgencia de una fundamentación psicopedagógica densa, variada o por lo menos con un enfoque diferente de las licenciaturas. Aunque precisando, ya que se aboga por la fundamentación psicoanalítica que en la transmisión de sus principios, los discursos genéricos, como aquellos con los que se pretende develarlo a través de la cátedra universitaria tienen necesariamente un alcance muy modesto, por lo menos en el caso del psicoanálisis clásico. Precisamente porque es una ciencia de lo subjetivo y el desciframiento de sus principios es correlativo al desciframiento del propio inconsciente. Con todo esto, el manejo teórico propuesto desde el aula es susceptible de convertirse en instrumento de análisis para la comprensión de la cultura: los parámetros de la norma, las relaciones sociales, el arte, la literatura, etc. a partir de la confrontación de las evidencias de la razón y del sentido de los discursos que se apoyan en ésta. El valor que para Wahl tiene el psicoanálisis como estructuralismo reduccionista(10) y su subversión del sujeto, surge de la enseñanza misma de Lacan que habla de éste, no como un sujeto estructurado, sino como un sujeto capturado en la estructura(11) un sujeto determinado principalmente por el recorrido de un significante(12) que le pre-existe y que con toda su sedimentación etimológica lo hace emerger en tanto es, remitido como sujeto $, por un significante (S) a otro significante (S), de manera inexorablemente reiterada. Esta estructura está siempre presente en el abigarrado y disímil campo de acción del psicoanálisis. Por eso La imposibilidad material de propagar las ideas y principios de la teoría psicoanalítica dado su origen subjetivo. De ahí su imposibilidad de objetivación, aun con el lenguaje.(13) Un significante remite al sujeto, lo hace como proceso particular del sistema significante, de la cadena significante: No hay ningún significante que no se remita a la ausencia de los demás y que no se defina por su posición en el sistema.(14 ) Lacan aclara desde el comienzo que en su propuesta de lectura de Freud, entiende que su inconsciente está estructurado como un lenguaje(15) aserto que deriva de dos hechos en la obra de Freud: 1. El sentido como elemento constante en las manifestaciones del inconsciente y 2. Su definición del inconsciente como: Una realidad de la misma especie que la letra de un texto(16). A su vez, en una apodíctica magistral, muestra cómo el sujeto está atrapado en esta estructura puesto que desde el comienzo recibe de su madre o de quien o quienes hacen sus veces, las palabras o imágenes verbales constantes en el intercambio humano, gracias a las cuales capta y comprende los procesos que lo habitan sólo hay ser y sentimiento de ser para un sujeto que habla(17) . Es ello el que en el hombre y por el hombre habla(18) . Abocando con esta mirada al hombre, a unas relaciones con la realidad indefectiblemente mediatizadas por el lenguaje, por el significante, por el Otro , como aquel lugar del que proceden las operaciones del lenguaje(19) lugar ya referido como aquel en el que se posiciona sin saberlo el discurso universitario, muchas veces presumiendo detentar no solamente el manejo de éste, lo que es más bien inofensivo, sino también pretendiendo confundirse con él. Y es que Lacan le confiere un sentido amplio al término estructura, puede decirse que coincide con el uso que de él hace la antropología estructural de C. Levy Strauss quien lo asimila a la categoría de conjunto, definida porque de manera estricta Sus partes estén a su vez estructuradas (20) queriendo decir con esto que es necesario que simbolicen, en tanto partes aislables y sumables de una totalidad que no se define por si misma, todas las relaciones definibles para el conjunto, que van más allá de esas funciones lógicas signadas por el cuantificador , emblema lacaniano de las articulaciones imaginarias, en donde operaciones derivadas como, >, <, ^, distan de agotar las posibilidades relacionales al interior de la estructura.(21) El Psicoanálisis visto de esta manera excluye la posibilidad de ser considerado una idealización humanista o filosófico-sociológica, no es tampoco una especialidad médica, parece opuesta además a armonizar con el materialismo dialéctico y en manera alguna interviene como doctrina iniciática, ni pretende ser un surrealismo ni una poética, aunque simpatice con estas últimas y aunque las expresiones de todas ellas puedan ser objeto de su análisis, en tanto son campos de significantes. Lo estructural, es decir el significante permite articular el fenómeno analítico, campo en donde se presenta la subversión del sujeto puesto que allí se plantea que éste existe desde su origen por otro, en otro y para otro que funciona en relación a él desde un comienzo como eje de una secuencia discursiva, en la que se ve capturado como lugar de un ordenamiento de significantes que se refieren a él emitidas por ese Otro, polo de esperas, de proyectos, de atributos(22) . Estructura en resumen, acto del psicoanálisis de constituirse como ciencia de lo individual, en donde la verdad del sujeto es ajena al sujeto y rigurosamente atribuible al Otro, ese ámbito en donde se actualiza eros y tánatos, la pulsión de vida y la pulsión de muerte, ello, eso que habla del sujeto, eso que habla en el sujeto escindiéndolo, marcándolo con una barra que lo divide como significante ($), que ya no es, por caer sobre él la barra de la significación que hace que como sujeto siempre dirigiéndose a ese Otro, sea una ausencia. Lugar y efecto de una falla ontológica constitutiva. Lacan lo afirma explícitamente: En un campo de objetos no es concebible ninguna relación que engendre la enagenación si no es la del significante.(23 ) Levy Strauss parece haber efectivamente constituido un sistema antropológico estructural, un dispositivo para esclarecer las determinantes colectivas e inconscientes del comportamiento, que desempeña en las ciencias sociales un papel análogo al del psicoanálisis a nivel del individuo. Badcock afirmaba que el estructuralismo era una nueva versión del psicoanálisis. Lo aducía en base a que Levy Strauss había comprobado que la gama entera de los códigos colectivos que constituyen la cultura pueden reducirse, en principio al menos a un conjunto de operaciones mentales, racionales pero inconscientes.(24) Aunque al final de su libro Badcock refiere que el inconsciente Levistraussiano no se parece en nada al de Freud ya que es un inconsciente puramente estructural, formal, algo que estructura los fenómenos pero no los llena en el sentido de darles contenido.(25) , haciendo una denegación que sin embargo no desmiente la afinidad y las continuas posibilidades de reabsorción de elementos doctrinales entre ambas, sino que habla en contra de la coherencia discursiva de Badcock en el momento lógico de escribir su libro ya que parece desconocer al Freud que nos es accesible a través de la visión preeminente del significante de Lacan. Su desconocimiento es más perceptible al final del libro, cuando a propósito del valor de la institución totémica en ambos sistemas: El Freudiano y de Levy Strauss dice que son idénticos salvo que en el primero se tiene un sistema simbólico y en el segundo un lenguaje, lo que puede ser cierto pero no se erige como lo fundamental. Si partimos de que las estructuras elementales de parentesco se constituyen como sistemas de intercambio de bienes, servicios e incluso intercambio de mensajes y determinan un hecho social fundamental, una codificación de la alianza y vemos que el lenguaje se constituye en la estructura que intermedia los posicionamientos intersubjetivos, concluimos que en ambos se da un hecho esencial: la acción del significante. Badcock presenta posiciones aparentemente inconciliables en ambos sistemas. Vgr. El contenido latente de Freud, con la estructura inconsciente de Levy S. Pero si se retoma de Lacan la teorización hecha en función y campo del lenguaje y la palabra (26), se ve la influencia de Jacobson en su sistema y el efecto estructurante sobre el inconsciente de las cadenas significantes vemos como no hay incompatibilidad, quedando resuelta la paradoja de Badcock con la precisión de los campos de acción: social el de Levy Strauss e individual el de Freud, sin que en ninguno de los dos sistemas se ignoren las fuerzas dialécticas que los cruzan. La urgencia de variedad, amplitud y ante todo certeza en la fundamentación conceptual de la psicopedagogía, el cuestionamiento del lugar desde donde se habla como docente y por ende la revisión obligada del criterio de inaprensibilidad del sujeto del inconsciente por el discurso universitario, además de la urgencia de priorizar la relevancia del significante y la urgencia de hacer unos apuntes orientados a una semiótica del mismo son el corolario explícito de esta disgresión inspirada en la antropología estructural y en el psicoanálisis. NOTAS (1) FREUD,
S. Múltiple interés del psicoanálisis T.II -
Obras completas. Madrid 1981, Trad. Luis López B.p. 1851
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