"Todos
los hombres desean por naturaleza saber"
La obra que conocemos como Meta ta Fusika, perteneciente al corpus aristotélico, no es una obra conjunta ni debe su nombre a su autor, como tampoco parece que todo el texto sea de la mano de Aristóteles. Pese a esto, el libro A ó I es auténtico e, indudablemente, el que abre el programa metafísico de Aristóteles; es, pues, un libro programático, así como el texto en su totalidad es un programa de investigación y, posiblemente, nunca acabado. Su inicio nos ofrece, suscintamente, el horizonte del indagar aristótelico en un tono realista y fisicalista, y resume, aunque de manera incompleta (como lo aclararemos al final), su teoría del conocimiento que se amplía en los dos primeros capítulos. El libro A se abre con el parágrafo 980a línea 21 con estas palabras: PanteV anqrwpoi tou eidenai oregontai fusei(1) . Ya desde este inicio Aristóteles vincula el saber o conocer con el ver, con el sentido de la vista, que fue el privilegiado en el mundo griego, algo común a todos los hombres cultos, en especial a los filósofos desde Tales de Mileto hasta nuestro pensador. Esta exaltación llegó a un punto de gran desarrollo con la escuela pitagórica, pues la vista era un sentido básico para el cultivo de ciencias que tuvieron un mayor impulso por parte de los pitagóricos, como lo fueron la geometría y la astronomía; luego con Platón, quien también exaltó el sentido de la vista, aunque lo reorientó hacia el ver con los ojos del alma, lo que atrajo la reacción de Aristóteles, y que llevó de nuevo al estagirita(2) a replantear el ver en su estricto sentido físico, contra su maestro Platón, para hablar de un saber a partir de la vista corporal. Pero ¿cómo se destaca este vínculo entre el saber y el ver, que en la línea 21, objeto de nuestra consideración, no se hace explícito, sino en las líneas siguientes? El nexo se encuentra en el término eidenai, forma verbal en perfecto segundo de infinitivo del verbo eidw(3) , que significa ver; forma que acá se encuentra cumpliendo las funciones de sustantivo, o sea, el saber, ya que puede anteponérsele el artículo y la oración no cambia: Todos los hombres desean por naturaleza el saber (... to eidenai...)(4). Pero eidw no sólo significa ver u observar, también significa saber, parecer, figurar. Este verbo comparte la misma raíz del sustantivo eidea, que es tanto idea como forma y apariencia externas. El verbo eidw (eidenai) comparte afinidades semánticas con el verbo oraw, en presente de indicativo, que también es ver, pero un ver con los ojos del cuerpo ante todo, aunque también significa comprender y percibir por los sentidos(5) . Los tiempos de este verbo pertenecen a tres radicales distintos, que son: ora, op, id, de donde tenemos, respectivamente: oraw, presente de indicativo; oyomai, futuro de indicativo(6); idein, aoristo* segundo de infinitivo activo. De este último deriva más directamente idea que, en principio, significó apariencia, forma y aspecto, y sólo luego clase (7) hasta su significación más abstracta como idea en el sentido platónico. Además, idein y sus radicales compañeros se entienden también como figurar, idear y crear figuras y formas visibles, lo que acentúa las características fisicalistas de estos radicales verbales, al lado de eidw, y sus sustantivos y adjetivos derivados (como idea y eidea, junto con eidoV, que tiene las mismas acepciones de los dos sustantivos anteriores, y que en Aristóteles ocupa un lugar central). Hemos de añadir que oraw y eidw no sólo comparten afinidades semánticas, sino que son verbos intercambiables que comparten formas verbales en tiempos iguales. Así, por ejemplo, idein es tanto aoristo segundo de infinitivo activo de oraw como de eidw; oida, perfecto segundo de eidw, al cual reemplaza, es a su vez el perfecto de oraw, con significado de presente; eidomhn es el aoristo segundo en voz media de ambos verbos; así como, para no seguir más con esta lista, eidon es el aoristo segundo también de ambos verbos. Lo que permite comprender mejor su uso indiscriminado para designar al ver y al saber como operaciones primeramente físicas. Las afinidades arriba enunciadas entre el saber y el ver se hacen todavía más estrechas en Aristóteles, al éste emplear to oran para designar la vista a partir de la línea 24 del mismo parágrafo 980a, que comparte la misma raíz del verbo oraw que, digámoslo, está a la base de los usos de las formas verbales anotadas y, por consiguiente, de eidoV e idea, traducidos tanto por forma como idea, y que en Aristóteles tienen un uso particular, como veremos. Es, pues, este saber un conocer que radica en ver lo visible (to oraton) y lo sensible (to aisqhton) con la vista física y no con los ojos del alma que Platón empleó para el conocimiento de lo inteligible (to nohton), que son las Ideas. El elogio de la vista (to oran) como sentido preferido en el conocimiento y para el saber se hace todavía más explícito en las líneas 24-27, del parágrafo en cuestión, las que terminan con una declaración fehaciente: preferimos la vista (to oran) [porque]... es el [sentido] que nos hace conocer máximamente (malista poiei gnwrizein hmaV). Tenemos acá un carácter fisicalista y corporalista del conocimiento no presente en Platón, al éste demeritar este tipo de saber ante el saber espiritual. Aristóteles vuelve a un conocimiento ya inaugurado por los presocráticos, en contravía de su maestro. Esta orientación física soporta todo el andamiaje de la investigación metafísica del estagirita que no es un tratado sistemático como lo entendió la tradición hasta F. Brentano(8), y puesto sobre el tapete de la discusión en el presente siglo por W. Jaeger al postular un método histórico-evolutivo para su estudio(9) , sino un programa de investigación que contiene todas las tensiones de un filosofar puesto en marcha y que se halla aún en su marcha(10) . Dicho horizonte fisicalista como soporte del programa metafísico de Aristóteles, encuentra apoyo en el manejo que Aristóteles hace del término eidoV, de la raíz del verbo oraw - eidw, traducido como especie y mucho mejor como forma, que atraviesa los libros centrales Z , H, Q (VII, VIII, IX), conocidos como el Tratado de la substancia o ousia, que más que un tratado es también un programa de investigación, aunque es verdad que goza de una unidad mayor que los libros restantes. El eidoV en Aristóteles tiene el sentido de figura visible y sensible, y en tanto forma que es lo eleva a substancia primera (prwth ousia). En Met. libro Z, 1033b 5-6 nos dice que el eidoV ... [es] la forma [que se manifiesta] en lo sensible (thn en tv aisqhtv morjhn). En el estagirita hay dos términos para designar a la forma, en consonancia con el uso de la lengua griega, que son morjh y eidoV; la primera tiene el sentido de la forma visible concreta de un ente, sea natural o producido por el hombre, como la forma esférica de una esfera de bronce en particular; la segunda forma es la genérica, entendida como especie, en el caso de la esfera de bronce será la esfericidad común a todas las esferas, sean de bronce o de cualquier otro material. Sin embargo la segunda, el eidoV, no tiene una existencia separada de los particulares en los cuales se actualiza, como si lo está en Platón, sino que éstos son el lugar en el cual se manifiesta y sin el cual no existiría, aunque exista en la mente del geómetra o artista, pero sólo a manera de abstracción, lo cual es estar en potencia y no en acto, siendo éste la existencia misma de la cosa. Pero hemos de puntualizar que mientras las formas específicas existan en la mente y en las ciencias, como en la geometría por ejemplo, en éstas existirán en acto, aunque no así en el mundo real de los entes. Es de destacar, de manera sumaria, la conexión de ambas formas, la particular y la específica, que realiza Aristóteles a través del intercambio que de ambos términos lleva a cabo en algunos pasajes. Sólo nos detendremos, de paso, en el parágrafo 1035a 1 y ss. del libro Z (VII), donde nos dice que el compuesto es de materia, ulh, y forma, pero recurre acá al vocablo eidoV y no al de morjh como era de esperarse, dado que el compuesto formado, sea por naturaleza o por la mano del hombre (tecnh), se da por el acoplamiento entre una materia dada y una forma particular. Este intercambio sugiere la estrecha identidad entre ambos tipos de forma, pues la una no existe sin la otra, y en esa relación es como ambas son conocidas y se manifiestan en la actualidad de lo existente. Respecto a la morjh, Aristóteles es enfático al llamarla la figura de lo visible, para lo cual emplea los términos to schma thV ideaV11 , devolviendo a la palabra idea la resonancia fisicalista y corporalista presocrática y originaria de la lengua griega, que se había perdido con Platón. Esta forma termina identificándose con el eidoV, que tiene una similar categoría ontológica que la idea (idea), según sus procedencias etimológicas vistas y que Aristóteles explota enormemente cuando hace de ellas figuras visibles dentro de un horizonte eminentemente físico y sensible. Ahora bien, al eidoV lo llama también substancia primera ya que es lo distintivo de cada ente o cosa en su ser y lo que queda de éstos (ente o cosa) cuando se destruyen, pues aunque se destruya su forma particular, la forma como tal, abstractamente, pervive, sea en la mente o en las ciencias y artes (en las cosas que son producidas por el hombre). Nos aclara Aristóteles, a propósito de la esfera de bronce, que de la forma esférica en general no hay generación, con lo que nos ilustra que no hay generación del eidoV(12) , y así como no hay generación tampoco de ella hay destrucción. También en el momento de definir algo lo definimos primero a partir de su forma, empezando por la figura que apreciamos, y el sujeto último (que Aristóteles llama especie indivisible) de la definición siempre es la substancia, pues es de ella de lo que se habla(13) . Si nos remontamos al mundo natural, esta forma substancial, que es la traducción que adopta N. Hartmann(14) , la hallamos en la especie que se perpetúa en los individuos mediante los actos de la cópula y la generación, y que se singulariza en las formas particulares que permiten identificar a los individuos que pertenecen a una misma especie. Sirva esta breve incursión en el terreno del eidoV en el libro Z (VII) para mostrar y destacar la firme y amplia perspectiva fisicalista del conocimiento en la Metafísica aristotélica que la tradición identificó, erróneamente en mi concepto, como una indagación sobre los sentidos transfísicos de los entes hasta culminar en un cuadro teológico como culmen de un edificio que se remató, según dicha tradición, en el libro L (XII), en sus capítulos 6-10, que son estrictamente los únicos capítulos de un programa metafísico teológico, porque el resto de la obra ofrece un panorama eminentemente ontológico. Por lo demás, el eidoV del que se habla en los libros centrales sobre la substancia no se identifica en ningún momento con Dios, a quien, sin embargo, también llama forma, pero pura, y no una forma empotrada en la materia como lo es la substancia primera o forma substancial manifestada en lo sensible. El término eidoV en Aristóteles, repitámoslo, vuelve a recuperar un sentido originario perdido en Platón al éste identificarlo con la idea o forma separada de lo sensible. La procedencia de este vocablo resulta aún oscura. Alcmeón hace uso de él, lo que sugiere hacerlo contempóraneo de Platón(15) ; pero su contemporaneidad no habla nada en favor de un posible origen. Al respecto, J. Burnet y A.E. Taylor afirman que eidoV e idea, como términos técnico-filosóficos, no parecen ser originarios de Platón(16) . Así, el mismo A.E. Taylor sostiene que el vocablo proviene del pitagorismo, en donde tuvo el sentido de "diseño" y "figura" geométricos(17). En un texto de Anaxágoras y otro de Demócrito Idea (intercambiable acá con eidoV) traduce como forma(18). Estos ejemplos no nos dicen mucho, casi nada, sobre el tiempo y el seno de su acuñación, pero no cabe dudas que su origen es claramente presocrático y preplatónico, como los últimos testimonios lo señalan. J.A. Nuño asegura que ambos términos se utilizaron para mencionar aspectos materiales de la realidad, o bien nociones lógicas extraídas de aquellos aspectos(19). Esta indagación permite apreciar la recuperación que de su sentido corporalista hace Aristóteles, lo que nos induce a decir con P. Aubenque que éste está más cerca del origen y la etimología de eidoV que Platón(20) . El eidenai de la frase objeto de nuestro análisis nos vincula, así, de manera inmediata con el vasto mundo de los sentidos, empezando por el privilegiado sentido de la vista, punto de partida de la teoría del conocimiento aristotélica, aplicado desde su inicio a la metafísica. Nuestra interpretación se refuerza con el verbo de esa oración, oregontai, tercera persona del plural en presente de indicativo de la voz media o pasiva(21) del verbo oregw, que es desear o tender hacia algo. El verbo oregw comparte la misma raíz del sustantivo orexiV, como es apenas obvio, que significa deseo o la acción de tender hacia algo. En la Ética a Nicómaco(22), libro A (I ), 1102b 30-31, Aristóteles, luego de hablar de la primera de las partes irracionales del alma, la vegetativa o jutikon, común a todo el mundo natural, da el nombre de la segunda parte irracional del alma: la epiqumhtikon kai orektikon, esto es, la apetitiva y desiderativa (o deseante), que obedece al logoV o razón, contraria a la vegetativa, que le es inferior. Si bien la sección apetitiva de esta segunda parte irracional del alma es común a todos los animales, no lo es la desiderativa (orektikon), que es la que propiamente obedece a la razón al poner esta parte en consideración al logoV el objeto del deseo, de la orexiV, con el fin de determinar la bondad de dicho objeto, los fines a alcanzar y los medios para lograrlos, que es lo mismo que someter estos aspectos a deliberación y elección a fin de actuar según la recta razón(23). Si bien lo anterior lo aplica Aristóteles en el contexto de la razón práctica, aquella que orienta al individuo en los asuntos prácticos de la vida social tanto individual como colectivamente, no es menos cierto que también opera en el campo teorético o contemplativo. En la misma Ética a Nicómaco, libro Z (VI), 1139a 1 y ss, habla Aristóteles de la parte racional (logon)(24) del alma, la que clasifica a su vez en dos secciones: la deliberativa o calculativa, logistikon, que se entiende en y de los asuntos prácticos, y la científica o teórica, episthmonikon, que se orienta al conocimiento científico o contemplativo, en el cual descolla el saber metafísico, encargado de estudiar los primeros principios y las primeras causas del ente en cuanto ente, entre cuyos principios y causas el eidoV ocupa un lugar central en tanto forma y substancia primera. Ambas secciones del alma racional gobiernan sobre la parte irracional y la dirigen, al menos en lo que concierne al deseo que es deliberado y elegido. Aunque estrictamente, también la parte apetitiva, común a todos los animales, es sometida a los dictámenes de la parte racional, pues un hombre puede decidir y elegir qué come, cuándo come, cómo come, etc. y así con todas las apetencias animales. El deseo, sea de actuar prácticamente o de conocer, es dirigido por el alma racional de acuerdo con los fines a buscar. Pero en lo tocante al conocimiento no se presenta ni deliberación ni elección, pues no se delibera ni se elige sobre lo que ya es y siempre es, como es el mundo del saber y sus objetos. En tal sentido, el deseo de conocer es en los hombres por naturaleza o jusei, algo, pues, concomitante con el ser humano, ya que tiene la sede en su misma constitución natural de forma espontánea, como lo prueba, en testimonio de Aristóteles, los hombres que buscan el saber por huir de la ignorancia, y esto movidos por la curiosidad, por el asombro o por el saber por el saber mismo. Es el deseo, entonces, el que jalona la inquietud cognoscitiva en el hombre, tal como el mismo deseo pone por anticipado el móvil de la acción humana. Y el conocimiento es un móvil puesto por el deseo, móvil, por demás, excelentísimo para Aristóteles como para el mundo filosófico griego en general. Los términos eidenai y oregontai han guiado nuestra investigación y nos confirman el carácter fisicalista, corporalista y organicista de la epistemología aristotélica, que soporta el indagar metafísico del estagirita. El uso que hace Aristóteles de ambos vocablos nos prohibe salir de los límites de lo visible, al menos en lo que al tratamiento central de la metafísica se refiere, que es la ontología y no la teología, de acuerdo con el horizonte en el que maneja el eidoV, concepto clave en este preguntar por el ente en cuanto ente como llama, a partir del libro G (IV), a la ciencia buscada por él en el libro A (I). El nexo de ambos términos en apoyo de nuestra tesis es, por demás, claro si nos fijamos en el guiar espontáneo de la vista hacia los objetos que se encuentran enfrente y que orienta el saber al dirigir la mirada deseosa por conocer aquello visto. Ver y saber están tan inextricable y simultáneamente unidos, que a medida que miramos el mundo lo leemos y lo conocemos en un primer momento. Este incipiente aprendizaje requiere luego de la intelección y el razonamiento, pues la mera sensación no es, en sí misma, conocimiento, pues sólo lo hay en la medida que nos remontamos de esto particular dado a la sensación al concepto universal elaborado mediante el logoV. Este proceso se da en una escala jerárquica que comienza en la sensación y termina en el razonamiento, pasando por la memoria y la experiencia, para lograr un conocimiento científico enmarcado en los parámetros de la época. Pero este decurso escapa ahora a nuestro propósito, el cual era el de indagar su principio natural a todo hombre. NOTAS (1) La
versión que emplearemos de la Metafísica es la edición
trilingüe, griego-latín-español, en traducción de
Valentín García Yebra. ARISTÓTELES. Metafísica.
Madrid: Gredos, 1990. Nos hemos permitido modificar la
traducción en algunos casos . |
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