¿Cómo leer
un texto escolar?:Texto, paratexto e imágenes
María
Victoria Alzate Piedrahita
A partir de
la delimitación de la categoría texto
escolar, se propone un modelo de análisis
crítico para «leer» un texto escolar
constituido por una compleja relación entre
cuerpo textual, cotexto, paratexto, imagen e
ilustración. Esta aproximación se justifica
teniendo en cuenta la creciente complejidad
en la concepción de los textos escolares que
incide de diversas formas en el dominio o
subordinación del maestro frente al libro de
texto escolar en su práctica y competencia
pedagógica.
I. ¿Qué
es un texto escolar?
La definición
de un libro de texto puede ser tan general como
para incluir otros libros hechos y publicados
para propósitos educativos, o incluso cualquier
libro utilizado en el aula. El término libro de
texto no es preciso ni estable, no obstante, se
puede definir, siguiendo la obra de Egil Borre
Jhonsen (1996: 25-26), referencia obligada en
este campo de investigación:
«¿Qué es
un libro de texto? Son posibles varias
respuestas. En lugar de aferrarme a una de
ellas, sugiero que sería útil considerar
los diversos grados de restricción que
imponen. Por ejemplo, si confinamos el
término libro de texto a los libros
producidos para el uso en secuencias de
enseñanza, entonces excluimos aquellos
libros cuyos autores no tenían la intención
de que se hiciera tal uso de sus libros.
Cuando se lleva a un aula un ejemplar de las
obras de Shakespeare, aunque sea un texto
sencillo, y se utiliza ese ejemplar para la
enseñanza, se convierte, en cierto modo, en
un libro de texto. En lugar de excluir tales
casos, deberíamos distinguirlos. A ello
podría ayudarnos el vocabulario, que nos
permitiría distinguir entre libros de texto
y libros escolares. El primer término puede
quedar reservado para libros escritos,
diseñados y producidos específicamente para
su uso en la enseñanza, mientras que el
segundo se utilizaría para libros empleados
en la enseñanza, pero menos íntimamente
ligados a las secuencias pedagógicas. La
distinción entre libros de texto y libros
escolares no es simplemente el epifenómeno
de un ejercicio escolástico en la
definición. Es el problema sedimentado de un
proceso histórico cuyos antecedentes se
encuentran en las historias de las palabras.
El término libro escolar (schoolbook )
aparece por primera vez en inglés en la
década de 1750, y más habitualmente en la
de 1770. El término libro de texto
(textbook) no aparece en inglés hasta la
década de 1830. Su predecesor, el text book,
es mucho más antiguo y se refiere al texto,
habitualmente latino o griego, utilizado en
la enseñanza»
La complejidad
creciente de los códigos empleados en los textos
modernos, concebidos también como facilitadores
o como materiales pedagógicos, pueden ser para
los profesores, si estos no llevan a cabo los
aprendizajes metodológicos necesarios y no
adquieren las competencias requeridas para
«dominar» el texto escolar, una fuente de
dificultades y factor de dependencia intelectual
heteronóma, antes que una ayuda a la
comprensión y a la apropiación de los
contenidos educativos que contiene el libro
escolar. En consecuencia, estas serían algunas
de las razones que justifican la importancia
estratégica para que los profesores sepan y
tengan referentes ciertos sobre cómo «leer»
críticamente un texto escolar (1).
II. La
organización interna de un texto escolar
La organización
interna de un libro de texto responde a ciertas
reglas, con frecuencia no escritas que dirigen la
lectura, que imponen sin que el lector tenga
verdadera consciencia de ellas, las condiciones
de uso.
En los libros de
texto escolar de hoy, los textos escritos o la
textualidad escrita no ocupa ya un lugar tan
importante como en el pasado (Escolano,1998)(2). En este sentido; según Choppin
( 1992:154-156), el espacio que no está ocupado
por el cuerpo del texto (3) o la textualidad, y cuya
importancia no termina de crecer en el curso de
los años se llama cotexto. Mientras los títulos
y los subtítulos, la paginación, las notas, las
referencias, los blancos, las ilustraciones, los
diversos elementos a los cuales el texto remite
frecuentemente a través de las notas de píe de
página, indicaciones como «ver documento
número...», etc., forman el paratexto.
Sin embargo,
Vasco (1991:24-26) y Dimaté (1994:29-31)),
consideran que el paratexto además de los
elementos citados, debe definirse en relación
con el poder del texto escolar, lo que implica
examinar desde una óptica más amplia, y
apoyándose en Thompson (1992), el libro de texto
escolar mismo, para comprenderlo y situarlo como
el componente central de un complejo sistema que
se denomina «sistema paratextual», Vasco
presenta los productos que articulan este sistema
así:
«Los libros
de lectura (Readers), con selecciones de
artículos y capítulos de revistas y libros,
provistos de introducciones, notas y
glosarios. Las ediciones paralelas de libros
de bolsillo (Paperback companions, side
reading books), y en particular los que
están escritos en lenguaje simplificado para
los niños que están en un nivel de lectura
inferior a su grado[...] Los libros de
fuentes, o documentadores de fuentes
primarias ( Source Books, primary source
documents). Los Atlas geográficos o
históricos [...] Las guías para el profesor
(Teacher´s guides), que van desde unas pocas
hojas de anotaciones para el profesor hasta
libros completos que reproducen cada página
del libro de texto, en forma reducida, con
las respuestas sobreimpresas en otra tinta, y
muchas instrucciones y sugerencias en los
márgenes que quedan alrededor de la
reducción [...] Las revistas para maestros y
profesores (Teacher´s journals) patrocinadas
por las editoriales para acompañar a los
textos. Los libros de trabajo o libros de
taller (Workbooks), entre los cuales hay
algunos que se dirigen a la lectura
comprensiva, llamados textos de trabajo
(Worktexts) y otros más a ejercitar la
lectura (Writers)[...] Los libros de
actividades (Activity Books), con diversidad
de materiales, guías, fichas, juegos de
tablero, o de simulación, instrucciones para
adecuar rincones científicos, clubes,
exposiciones. La utilería de computador
(Software), con juegos, simulaciones,
programas de auinstrucción, tutoriales y
pruebas de evaluación [...] Los materiales
auditivos (Audioware), sobre todo
audiocasetes. Los materiales audiovisuales
(Videoware), cada vez menos filminas,
colecciones de diapositivas con su
audiocasete sincronizado o peliculas de
betamas o VHS. Los materiales impresos
(paperware) como mapas, láminas, carteles,
transparencias para retroproyector,
materiales de repaso (Flashcards) [....] y
materiales reproducibles para fotocopiar
(reproducible Materials). Los materiales
sólidos o tridimensionales (3-D-ware), como
globos terráqueos, modelos moleculares,
aparatos de medición....» (Vasco, 19p.
25-27)
Es, entonces, el
paratexto todo un sistema complejo alrededor del
texto, el cual desempeña el papel de eje central
del sistema y remite desde dentro a las distintas
alternativas didácticas del sistema paratextual.
En este sentido,
una vez delimitados los elementos básicos de la
organización interna de un texto escolar,
presentamos los elementos que permiten responder
a la siguiente pregunta: ¿cómo leer un texto
escolar?
2.1. El
texto: definición y clases tipos de tipos de
texto
Como en una
novela, el texto (4), compuesto generalmente en una
organización y un cuer po únicos, está
articulado en paragrafos, aun si la
justificación no está separada más que por un
salto de línea o una salida o una línea. Con
frecuencia los parágrafos están organizados en
capítulos provistos generalmente de un número.
La organización del texto corresponde a una
lectura en continuo, es decir, así como se lee
una novela, se puede leer un texto escolar. Ahora
bien, los textos escolares obedecen a diferentes
tipos de texto ( Choppin, 1992: 154-155).
En un libro de
texto escolar, todos los textos no tienen el
mismo origen ni el mismo status. La lectura
atenta de una texto reciente permite encontrar
varios tipos de texto cuya proporción varia
considerablemente según la disciplina:
Textos
narrativos
Caracterizados
generalmente por el empleo del pasado simple o
del presente empleado para narrar. Los textos
narrativos se inscriben en una dimensión
cronológica, son particularmente frecuentes en
las obras literarias, pero aparecen igualmente en
las obras científicas especialmente para dar
cuenta de las evoluciones, las dinámicas y los
cambios.
Textos
descriptivos
El imperfecto o
el presente dominan en este tipo de textos. Se
prestan para describir los fenómenos habituales
o las verdades de orden general, y frecuentemente
sirven de base para las síntesis o las
conclusiones.
En un
libro de texto escolar, todos los textos no
tienen el mismo origen ni el mismo status. La
lectura atenta de una texto reciente permite
encontrar varios tipos de texto cuya
proporción varia considerablemente según la
disciplina
Textos
argumentativos
Caracterizados
por el empleo del presente y la presencia
frecuente de conectores lógicos (si, pero, sin
embargo, entonces, etc), se encuentran a menudo
en los textos o manuales científicos, pero en
menor grado en los libros de texto escolar de
matemáticas, teniendo en cuenta el recurso
sistemático a un lenguaje formalizado en esta
disciplina.
Textos
explicativos
Redactados en
presente, justifican una noción, exponen los
argumentos, consolidan una opinión ( porqué..)
Textos
conminatorios
Se emplean para
dar ordenes, se caracterizan por el recurso al
imperativo o al futuro (Usted tomará, usted
hará... ). Este clase de textos se encuentran a
menudo en las cartillas, manuales o textos de
moral y urbanidad del siglo pasado en Europa y ,
y en los textos de urbanidad colombianos de
mediados de siglo. Hoy están asociados a la
exposición del método experimental en los
textos escolares de física, en química, en
biología, y a la formulación de ejercicios y
pruebas de laboratorio que estos contienen.
Textos
históricos o documentales
Estos
corresponden a los testimonios tomados de los
autores contemporáneos o de los autores de
pasados. Como es obvio, en los textos de historia
juegan un papel documental esencial. Contrario a
otro tipo de textos, estos no son redactados por
el creador del manual o texto escolar, este los
escoge y eventualmente los provee de un título o
de notas para orientar al lector.
2.2. La
unidad de lectura
La reunión de
textos tan diversos encuentra su coherencia en la
lección, que a su vez constituye la unidad de
lectura. La lección puede estar conformada por
un capítulo o una parte del mismo, en ocasiones
la unidad de lectura aparece de un solo golpe a
la vista cuando se observa una hoja del texto.
Para estructurar
la unidad de lectura, el editor del texto escolar
recurre a diversos procedimientos tipográficos
para que el lector visualize las jerarquías que
organizan su lectura. En consecuencia, en un
texto escolar la tipografía participa en el
sentido del discurso didáctico: los caracteres
tipográficos ( cuerpos, estilos, filas, etc.),
el recurso a los encuadres o a los fondos
tramados cada vez más en color, la organización
de la página (en columna, en margen, etc.), las
justificaciones particulares aíslan y
diferencian los bloques de texto, constituyendo
el cuerpo de la lección, un resumen, un
cuestionario evaluativo, una recapitulación, un
documento(5).
De la misma
manera, en el interior de un bloque de texto,
diversos procedimientos tipográficos (cambios de
estilo o de filas, subrayados, saltos de línea,
entradas) son empleados para poner en evidencia
algunas palabras o nociones juzgadas como
esenciales, ya sea para facilitar la comprensión
o la memorización, o para incitar al lector a
relacionar una parte de le lección o de la obra
(por ejemplo el recurso a la letra itálica
señalara que el sentido de la palabra es
precisado en un léxico e invitará al alumno a
consultarlo).
En resumen, esta
diversidad de procedimientos estructuran el
texto, asignan a las diversas partes un estatuto
fijo, frente a una diferenciación de las
actitudes por parte del lector mediante la
jerarquización de las nociones, orientando en
definitiva la lectura. El lector potencial
entonces deberá aprender a orientarse en esta
red de lectura, pero su itinerario dependerá de
su dominio de los diversos códigos que este
conjunto textual pone en juego.
III. El
paratexto
Es importante
recordar que, en la perspectiva del historiador
del libro y del manual escolar francés Alain
Choppin, el paratexto está constituido de
elementos como el título corriente, los títulos
y los subtítulos, la foliación y un conjunto de
documentos comúnmente llamados ilustraciones,
estos elementos tienen como punto común el de
ser representaciones de dos dimensiones del texto
que denomina como «escondida» y como
«emergente».
Mientras que la
composición de la página y la tipografía que
imponen las redes de lectura aparecen como la
parte escondida del iceberg, la ilustración es
la parte que emerge, precisamente sobre la
importancia de la imagen en el sistema educativo
se ha tomado consciencia, tal como lo argumenta
diversos estudios y opiniones al respecto, cuando
invitan a maestros y alumnos para aprender el
lenguaje de la iconografía (Metz,1972;
Duchastel, 1980; Garcia Mantilla,1980; Jolibert y
Gloton, Sandroni y Machado,1984;
1985;Vilches,1988; Rodríguez Diéguez,1990). No
obstante, en este caso, el asunto no es tan claro
como aparece.
3.1.
Tipología de la ilustración
En teoría, la
imagen comprende todo lo que no es signo
lingüístico ni símbolo matemático (Metz,1972:
210). En realidad, si los signos lingüísticos
(palabras y números) están dispuestos en el
espacio para visualizar las relaciones entre los
datos o las ideas (por ejemplo una tabla de doble
entrada presenta la producción de trigo en un
país ), nos encontramos frente a una
representación de la realidad que participa a la
vez del dominio lingüístico y del dominio
iconico.
Abraham Moles
(1991), ha definido una escala de iconicidad
decreciente, mediante la cual clasifica las
imágenes siguiendo su grado de realismo en
relación a la representación de un objeto.
Adoptando la idea de esta escala, en un texto o
manual escolar en donde la representación
aparece necesariamente en dos dimensiones,
Francois Richaudeau (1981:88-99), distingue de
manera pragmática, tres tipos principales de
imágenes de representación de la más realista
a la menos realista.
Las
fotografías. Las fotografías - en color
especialmente - son las reproducciones del
referente que tienen el más alto grado de
realismo, son también las más atractivas, como
lo muestra el uso que se hace en el mundo de la
publicidad.
Pero como se
sabe, la fotografía no constituye un testimonio
objetivo: el encuadre, la selección del campo,
el ángulo de toma, la luz, la escala contribuyen
a determinar la visión del fotógrafo. Además,
diversos procedimientos técnicos, en el momento
del revelado, pueden considerablemente modificar
su relación con lo real.
Los dibujos.
Pueden aparecer más fieles a la realidad, en la
medida en que evacuan elementos no pertinentes y
subrayan los aspectos esenciales que permiten la
identificación. En los dibujos la lectura sería
entonces más clara y apunta a la generalidad;
mientras que la fotografía muestra un ejemplo
preciso. La anterior relación es visible en los
textos de geografía, mientras que en los textos
de historia la subjetividad del autor tiene una
parte esencial: un afiche de propaganda, una
caricatura necesitan una lectura en referencia
que involucran la intención de su autor además,
la lectura de los documentos históricos supone
un conocimiento del acontecimiento, del contexto
y los códigos de representación usados en la
época de su concepción.
Los esquemas.
Los esquemas tienen como característica la de
modificar la realidad para hacerla más concreta,
más accesible. La esquematización lleva los
objetos a las formas geométricas elementales;
los elementos que componen el esquema pueden ser
una imitación analógica y estilizada de un
objeto o las equivalencias simbólicas aisladas
de todo contexto realista. El esquema permite
visualizar los datos abstractos por medio de
pirámides de edades, crecimiento económico,
mapas, histogramas, diagramas, frecuentemente
empleados en los textos o manuales de historia,
de geografía, de economía. El esquema pone en
evidencia la estructura y las relaciones
lógicas; apunta a la universalidad y hace
accesible un buen número de nociones complejas a
través de representaciones analógicas o
metafóricos, como el animismo (transformación
de un concepto en objeto o en ser humano) o el
antropomorfismo (representación de un concepto a
través de individuos o grupo social presentados
como animales).
3.2. Leer
una imagen
En una cultura
como la nuestra, la lectura de un texto está
linealmente orientada (de izquierda a derecha, o
de derecha a izquierda). Sin embargo, la
percepción de una imagen, aún si no es
forzosamente aleatoria, no obedece a unas reglas
tan claras como las de la lectura. El sentido que
se le da a una imagen es el resultado de un
itinerario de lectura que se basa en el
descubrimiento y la asociación de signos
visuales diseminados, discontinuos.
Como anota
Choppin (1992:158-160), en el sentido denotado
que introduce el código de percepción, las
formas (yo percibo), el código de
representación analógico (yo reconozco) y el
código de nominación (yo nombro), se
sobreponen, se proyectan las significaciones
suplementarias que resultan de la educación y de
la cultura: es el sentido connotado.
En fin, porque
la imagen aparece en un texto escolar, una
ilustración toma, cualquiera que sea el
contexto, una significación particular: es un
documento. Ella tiene para el lector, aun si él
no lo vislumbra muy claramente, una función
pedagógica. Este no aprehende entonces de manera
idéntica, de hecho por la misma naturaleza del
soporte de la ilustración, una imagen
publicitaria en un semanario y esta misma imagen
en un libro de clase; el mismo lector no percibe
tam poco un texto de la misma manera en una obra
original o en el texto escolar que usa.
Independientemente
del contenido del texto que lo rodea, el sentido
que toma una imagen depende, de una parte, de su
organización interna ( el objeto presente, la
composición, los colores, los contrastes ) y, de
otra parte, de su situación en relación al
contexto de la página ( talla, presencia o
ausencia de otras imágenes, disposición ),
variables que el creador del texto escolar puede
dominar. Pero la imagen depende también , como
el texto del lector, de la memoria, de la
cultura, del imaginario del diseñador; variables
individuales que el creador de un manual escolar
destinado a un uso colectivo y masivo no puede
fácilmente tener en cuenta. La imagen es en
efecto, un medio de comunicación que supone un
destinatario, y un mínimo de referencias
comunes. Cualquiera que sea el texto escolar,
conviene hacer una distinción entre dos
categorías de imágenes, a saber: (a) están en
primer lugar las imágenes enteramente
concebidas, elaboradas por el creador de texto
escolar (un mapa, un diagrama, un dibujo) cuyo
destinatario es un público escolar, alumno o
maestro. En este caso, es relativamente fácil
limitar las interpretaciones posibles, al precio
de simplificaciones que de otra parte pueden ser
fuentes de confusiones. (b) Se tienen también
las imágenes que no son creadas por el
diseñador del texto escolar ( un cuadro, una
caricatura, un afiche ), imágenes que no tenían
en su origen una destinación escolar. No se debe
inferir que son simples reproducciones; el autor
ha escogido la imagen, la escala, el encuadre; el
diseñador ha optado por una cierta disposición
en la página, aquí la lectura de estas
imágenes es más delicada que una
interpretación de una imagen original.
El
esquema permite visualizar los datos
abstractos por medio de pirámides de edades,
crecimiento económico, mapas, histogramas,
diagramas, frecuentemente empleados en los
textos o manuales de historia, de geografía,
de economía.
3.3. Texto
escolar, sentido e imagen
Siguiendo a
Choppin (1992:159), presentamos los
procedimientos empleados en los textos escolares
para dar sentido a una imagen:
Por el texto: el
anclaje. Mediante el recurso a un título, a una
leyenda, a un comentario o a un cuestionario de
ordenes, entre todas las significaciones
virtuales, la lengua impone a la imagen una
significación.
Entre otras
imágenes: el montaje. El montaje de imágenes
fijas en secuencias puede igualmente ser portador
de sentido, leídas conjuntamente, las imágenes
pueden tomar un significado diferente de aquella
que hubieran tenido aisladamente.
La percepción
global quien impone la significación. Es el
principio sobre el cual se basan las tiras
cómicas que aparecen con más frecuencia en los
textos escolares contemporáneos. Este principio
se aplica también a las imágenes de distinto
origen
Por la elección
del tipo de imagen. Recurrir, por ejemplo, a un
dibujo en negro y blanco antes que a una
fotografía a color induce un sentido diferente,
eliminando las informaciones juzgadas no
pertinentes.
Por el juego de
diversas variables de la imagen. Variables
internas (encuadre, escala, colores, contrastes,
etc.) o externas (la talla, la disposición en la
página ). Independientemente de su contenido, la
imagen no es en consecuencia neutra o, para ser
más precisos, las condiciones de su uso, su
disposición, su talla, influyen sobre la
significación que se le da a su contenido. La
presencia de leyendas (el anclaje) o la
aproximación físi ca de varias imágenes (el
montaje ) orientan la lectura, es decir
desnaturalizan el sentido original.
«A una
foto, se le puede hacer decir lo que se
quiere! Un texto, un filme, un discurso, es
la misma cosa. Basta cortar un pequeño
pedazo, ponerlo aparte, claro está
apropiadamente sobre una bonita página. El
fragmento extraído toma enseguida una
coloración diferente, algunas veces un
sentido totalmente diferente ! Todo depende
del lugar donde se le corta. Todo depende de
quien tiene la tijera» (Duneton;
Paglianono,1978:15).
IV. El
texto escolar y las funciones de la imagen
La relación
texto, cotexto, paratexto e imagen en el texto
escolar en los sentidos definidos anteriormente,
plantea una serie de cuestiones muy importantes:
¿cómo se articulan lo escrito (los signos
lingüísticos) y las ilustraciones (el sistema
iconico)? ¿La imagen es ella redundante ? ¿
Acaso la imagen remite al texto o el texto a la
imagen?. «La lección es siempre corta: ella
comprende un texto de algunas líneas, he ahí la
memoria: una historia y un grabado: he ahí por
la imaginación» (Ernest Lavisse. Lecons
préparatoires d´histoire de France. A. Collin.
1876. Citado por Choppin, 1992: 160).
La función de
una imagen en un texto escolar, así como la de
un cuerpo textual, no es generalmente explicitada
por el autor o por el editor. Es el usuario quien
determina el papel que ella juega en la economía
del libro de texto escolar, y su papel puede ser
muy diverso. Ahora bien, la imagen tiene diversas
funciones, veamos:
(a) Función de
motivación. Es la fuerza de atracción de la
imagen que juega un papel esencial: se trata
entonces de las fotografías en color, cuyo
tamaño y el blanco que las rodea juegan un papel
importante. Estas imágenes sobre las cuales se
plantea como prioridad la mirada tienen una
relación estrecha con el texto.
(b) Función
decorativa. La imagen es elegida según criterios
estéticos y no por criterios pedagógicos. En
este caso no mantienen más que una tenue
relación con el texto. Este tipo de
ilustraciones tiende hoy en día a desaparecer de
los textos escolares.
(c) Función de
información. La claridad, la legibilidad, es el
aspecto más importante en esta función; por
ello se privilegia el recurso al dibujo, que
introduce el valor esencial; la polisemia es
reducida por el anclaje o el montaje. La imagen
es autónoma en relación al texto que completa o
explícita.
(d) Función de
reflexión. La imagen está acompañada de una
leyenda interrogativa o de un verdadero
cuestionario. Es objeto de reflexión y su
lectura precede la del texto.
(e) Función de
ejemplo. La imagen da un ejemplo, sin ser
decorativa, produce una parafrase del texto y
funciona como referente cultural.
V. La
necesidad de un aprendizaje metodológico
Es fácil
inferir que la concepción de un libro de texto
escolar resulta hoy en día de una sutil
dosificación de elementos cuya naturaleza y
función son diversas. Los textos ponen en juego
numerosas y complejas codificaciones:
tipografía, colores, organización de la
página, etc.; cuyo dominio no va de por sí,
para los estudiantes y los maestros. Estos
últimos en general no han recibido ninguna
formación para «leer« los textos escolares. El
maestro no tiene frente a una ilustración, una
organización de la página o un enriquecimiento
tipográfico la reflexión del profesional de la
publicidad, del diseño o de la edición. Es
decir, no se plantea preguntas que para un simple
lector parecen evidentes.
A diferencia,
por ejemplo del historiador, que no se pregunta
generalmente porque una imagen está situada de
esa forma o cual sentido puede conferir el
contexto, cual es su función en la página; pero
si busca determinar si el documento está bien
seleccionado, si es parcial o parcializado,
revelador. El historiador se pregunta sobre el
contenido y no sobre lo contingente.
Es necesario que
los maestros, los padres de familia sepan escoger
y utilizar los textos escolares y dispongan de
herramientas que les permita determinar la
función, el grado de pertinencia o no de lo que
se presenta como aparato didáctico en un texto,
explícitar las relaciones entre texto y cotexto,
es decir la ilustración; pero también todos los
componentes de la tipografía y de la
organización de la página. Y el reto de tal
formación, condición de una verdadera
autonomía pedagógica, tanto en la selección de
a como en el uso de su instrumento de trabajo, va
más allá del dominio escolar !, concluye
enfáticamente Alain Choppin (1992: 162)
NOTAS
(1) Es
importante anotar, que además de la perspectiva
de análisis que ofrece este trabajo, existen
otras maneras de abordar críticamente la lectura
o evaluación de los textos escolares, así
tenemos, entre otros,: «Analyse de manuels»
(Bertolett,1989), «Un modelo para la
evaluación de texto» (Morles,1983), «Choisir
un manuel, un enjeu pédagogique» ( INRP,
1996),
(2) En opinión
de Escolano: «La textualidad de los manuales
más recientes incorpora nuevas for mas de
representación,que incluyen el cartel, el
collage, la fotografía (incluidas las área y la
microscópica), el grafismo, los diseños
informáticos, la ilustración impresionista, las
tramas de color, los fondos contextuales y otros
modos de expresión icónico-plástica. Ello ha
dado origen a una nueva retórica,cuyas reglas no
siempre son explícitas, que afecta a toda la
textualidad. Es éste probablemente un cambio
sistemático que refleja de nuevo la permeabili
dad de los géneros didáctico-comunicativos, en
cuya evolución está comprometido el futuro de
la práctica manualística.» (1998:142)
(3) Para Castro
Silva (1994) la evolución textual del contenido
de los libros de texto escolar, puede estudiada
« desde el punto de vista de la historia, en
tres períodos o etapas: verbal (la información
que el texto entrega es de carácter escritural
en su totalidad); verbal-iconográfica (la
información continúa centrándose en elementos
fonético-verbales, no obstante se incorporan
elementos visuales complementarios),
(4) «El
concepto de texto representa una forma de modelo
de la competencia que posee el destinatario para
actualizar el texto. Desde el punto de vista de
la lectura de la imagen, un texto puede
describirse como una unidad
sintáctico/semántico/pragmática que viene
interpretada en el acto comunicativo mediante la
competencia del destinatario. Hablar de un tipo
de texto modelo equivale- según las diversas
teorías textuales- a representarlo como un
conjunto de niveles estructurales que son
concebidos como estadios locales ideales de un
proceso de generación y de interpretación»
(Wilches. 1988:35)
(5) Peña
Borrero y Mejía Botero (1995), denominan esta
actividad como «Diseño la unidad modelo»
(p. 69-90), en Richaudeau (1981), aparece como
«Los lenguajes del manual escolar» (p.
131-155).
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