Etnoconocimiento ambiental de los pobladores de Santa Cecilia (Risaralda, Colombia)

Andrés A. Duque Nivia

Santa Cecilia se localiza al noroccidente del departamento de Risaralda, la cual se caracteriza por la diversidad étnica y diversidad biológica, que contrasta con valores climáticos extremos (lluvia, temperatura y humedad), pobreza material y conflictos sociales. El presente artículo aborda uno de los aspectos del conocimiento ambiental (agroforestal) como elaboración propia de pobladores de asentamiento antiguo.

Se comentan las características más importantes de la agricultura practicada, la cual corresponde al manejo de policultivos y bosque secundario en un sistema agroforestal original que indica la existencia de un conocimiento ambiental expresado en la agricultura. Desde la perspectiva ecológica se observa la tendencia a utilizar el entorno natural en concordancia con leyes ecológicas (no las del mercado), conservando el ambiente y produciendo comida.

 

Antecedentes y contextos

Al nor-occidente del departamento de Risaralda, en los límites con Chocó y Antioquia y en el flanco occidental de la Cordillera Occidental conviven pobladores negros, indígenas (Embera-Chamí) y mestizos. La región está cubierta de bosques húmedos y pluviales que pertenecen en términos administrativos a los municipios Mistrató y Pueblo Rico. El corregimiento Santa Cecilia pertenece a Pueblo Rico y a su vez en términos ecológicos es el llamado "Chocó Biogeográfico" o "Pacífico Biogeográfico" que se caracteriza por presentar valores altos en diversidad biológica expresada, entre otras características, por el número total de especies reportadas de plantas y animales y endemismos o especies con distribución geográfica restringida.

Según Zuluaga (1996), la comunidad negra de Santa Cecilia tiene una procedencia cierta del Chocó, pero no hay claridad sobre la época en la cual llegaron a ese sitio los primeros pobladores. Por otro lado Cruz (1991), menciona la conformación del palenque de Guarato en 1728, con motivo de una revuelta de los esclavos negros. Los primeros reportes de habitantes (un grupo de diez casas y varias dispersas) en la región de Santa Cecilia datan de 1895 (Brisson 1985, citado por García 1996), en el informe "La exploración del Alto Chocó", en la que habla de "rozas de maíz con platanales".

Se constituyó en caserío a partir de la confluencia de la construcción del camino proveniente de Pueblo Rico y el establecimiento de una colonia penal que funcionó hasta 1929. El nombre de Santa Cecilia según García (1996), se atribuye a un sacerdote español quien ofició una misa el 22 de noviembre de 1924, día en el que se celebra el día de Santa Cecilia, patrona de los músicos, según testimonios recogidos por García (1996).

El área total aproximada son 10.000 hectáreas y una población cercana a 3 000 personas, distribuidas en un rango altitudinal entre 270 m.s.n.m. a 640 m.s.n.m. en un núcleo urbano y la población rural dispersa. La precipitación promedio anual es de 6.136 mm y el número promedio de días con lluvia al año es de 263,7 días (8,8 meses). La pendiente promedio en los policultivos es de 70%.

Santa Cecilia es un punto de confluencia económica de los indígenas del grupo Embera-Chamí, los mestizos llamados "paisas" (quienes controlan el comercio) y la población fija y fluctuante del corregimiento. Santa Cecilia es la "puerta de entrada" al Chocó desde el interior del país lo que atrae a intermediarios y comerciantes y al tiempo es la "salida" del Chocó al interior de país, presentándose migración desde el centro de la región chocoana.

La Universidad Tecnológica de Pereira aborda la relación ambiente y cultura desarrollada por los grupos étnicos presentes en el departamento, como puede verse en Zuluaga y otros (1999), para el caso de los indígenas Emberá-Chamí" y para el caso de Santa Cecilia, desde 1995 se inició un programa de investigaciones y acciones a través del Grupo de Estudios Agroecológicos (Duque 1995). Se retomaron elementos metodológicos de "investigación adaptativa" (Doorman y otros 1991), que integra ciencias naturales y sociales en la investigación y la extensión agrícola, participativa y participante. Se encontró un conocimiento del territorio asociado a un manejo del entorno que indica el nexo entre cultivos y cultura, convirtiéndose en estrategas del bosque húmedo tropical que practican en los policultivos un "caos estructurado" que indica conocimiento ambiental y agrícola (Duque 1999).

Los grupos familiares están conformados desde 3 hasta 15 personas, para un total de 89 en diez fincas estudiadas. La primaria incompleta y ningún nivel de escolaridad corresponde al 60% de las personas. En las labores agrícolas intervienen todos los integrantes de la unidad familiar. En general los niños y jóvenes combinan la asistencia a la escuela y al colegio. En los estudios de caso se encontró una población mayoritaria (entre padres, hijos, primos y sobrinos) con estudios hasta primaria incompleta, luego bachillerato incompleto y en tercer lugar sin ningún nivel de educación.

Pobladores, territorio y conocimiento ambiental

El nombrar el territorio se hace alusión a los espacios de uso y manejo. La "montaña" corresponde al bosque más primario, de menor intervención. El "rastrojo" corresponde a un área que luego de haber sido talada (para cultivos o pastos) presenta fases tempranas de la sucesión vegetal que han de convetirse en "bosques de respaldo".

En Santa Cecilia, al policultivo se le nombra "sementera", la cual conserva cierta distancia de la casa y se diferencia de algunos frutales sembrados junto a ésta como es el caso del Árbol del pan, y de la "barbacoa" que corresponde a una área pequeña construida con Guadua y levantada del piso para evitar el encharcamiento, aledaña a la parte trasera de la casa, en el cual siembran cebolla, hierbas medicinales y aromáticas. Cercano a la casa se encuentran gallinas, perros y cerdos quienes deambulan libremente.

Las pocas área de topografía plana y/o "las playas" son reservados para ubicar la casa y junto a esta se destina el área del potrero. Al comenzar la pendiente se ubica el policultivo y luego el bosque de respaldo. Estos espacios, más que físicos, son espacios socializados y cultivados es decir presentan una perspectiva humana y cultural que se diferencia de otros grupos humanos. En otras palabras, no es una simple distribución espacial, sino un territorio cultural determinado. Así como el trabajo en la sementera y el bosque es responsabilidad de los hombres, la casa en su totalidad (el área de habitación y sus alrededores) es un espacio femenino.

En las prácticas agrícolas desarrolladas por grupos humanos que han logrado subsistir a lo largo del tiempo sin una degradación significativa del ambiente, se encuentra información y conocimiento requerido para preservar y mejorar la producción agrícola y el entorno natural en condiciones de bosque húmedo y pluvial tropical. tropical. En estas zonas menos familias, con menos hectáreas producen en un territorio, que a su vez presenta interés mundial por su biodiversidad.

Al estudiar el sistema agroforestal practicado por los pobladores de Santa Cecilia se puede afirmar que:

1. La agricultura practicada es una agricultura de subsistencia, es decir está dedicada casi en su totalidad al autoconsumo, lo cual no excluye cierta conexión con el mercado. Esa agricultura mantiene especies y variedades dentro de un territorio y a través de mecanismos de transmisión de conocimientos en una población con unidad cultural.

2. El nivel poco tecnificado de sus procesos productivos, la tendencia a no comprar ni a vender fuerza de trabajo y el carácter familiar y comunitario de sus relaciones sociales permiten desde la perspectiva ecológica revelar un aspecto notable y positivo: la tendencia a utilizar el entorno natural en armonía con las leyes ecológicas, conservando el ambiente.

3. La garantía de contar con producción todo el año en algunas especies y la temporalidad de otras, en condiciones de autoabastecimiento, son elementos de seguridad alimentaria. Se presenta un predominio relativo del valor de uso sobre el valor de cambio.

4. No existe un patrón de arreglo espacial, de distancia de siembra ni de combinación de las especies, lo cual sugiere que la diversidad constituye el fundamento de éstas prácticas agrícolas. En otras palabras, el patrón corresponde a la diversidad de patrones.

Coincide lo encontrado en Santa Cecilia con lo expuesto por Mejía (1993), que incluyendo indígenas y negros, se refiere al huerto de las frutas asociado a la vivienda, como la principal estructura popular de producción regional en el Pacífico Biogeográfico. Su carácter diversificado y poliestratificado está dado por la combinación de numerosos cultivares: hierbas en el estrato bajo, arbustos en el estrato medio y palmas y árboles frutales y maderables en el estrato alto. Las frutas dominantes para el caso de Santa Cecilia son: Chontaduro, Primitivo, Aguacate, Cacao y Banano.

Las variaciones étnicas y las variaciones regionales al interior del mismo grupo humano, influyen en las estrategias agrícolas. Un ejemplo de esto es el área cultivada en Santa Cecilia con características "que no pueden ser explicada como una simple consecuencia del tamaño de la población y las necesidades de comida." (Reenberg y Paarup-Laursen 1997). Los valores y percepciones étnicos tienen un impacto significativo en el uso y manejo de la tierra, y este uso y este manejo indica un conocimiento en todo el sentido de la palabra e indica la presencia de una cultura, de un grupo humano que depende en mayor medida de la oralidad para transmitir ese conocimiento.

En la actualidad, las comunidades negras cuentan con la Ley 70, llamada ley de titulación de tierras colectivas. Esto significa, que de manera similar a los resguardos indígenas, se determina la totalidad del territorio de la comunidad sumando las propiedades particulares y aquellas zonas de uso y propiedad comunitaria. El objetivo de ésta ley es asegurar para los pobladores negros el acceso a un territorio colectivo.

Lo anterior tienen mucho valor en la medida que la dinámica colonizadora en Colombia ha significado la apertura de tierras a partir de derribar el bosque y establecer potreros por parte de los mestizos, para de esa manera "legalizar" la propiedad estableciendo lo que se ha llamado de manera errónea en el vocabulario oficial "mejora"(Jaramillo 1996). La mayoría de las veces, al establecer la "mejora" por parte del colonizador que son campesinos sin tierra, vienen detrás los propietarios medianos y grandes a comprar, desplazando colonos y ampliando la «frontera agrícola» de manera continua y caótica, sin resolver problemas y concentrando la propiedad de la tierra.

El concepto de "mejora" y de "saber trabajar la tierra" por el hecho de derribar el bosque ha prevenido a los pobladores, por lo que al preguntar por el tamaño de las áreas que poseen, se tiende a exagerar el tamaño de los policultivos y potreros y a minimizar el tamaño del bosque. Esto significa una alteración en los conceptos tradicionales del grupo humano, que valora el bosque, que tiene un agricultura de estructura boscosa, en tierras de vocación forestal, en las que se han introducido pastos que riñen con el entorno, en esquemas de uso del suelo no válidos en ese ambiente y esa cultura.

En una economía de subsistencia como la de Santa Cecilia la relación con el mercado es inevitable pero lo que se puede evitar es el colapso de este tipo de agricultura. No se logró información válida y confiable acerca de producción, ingresos y áreas cultivadas, lo que se convierte en recomendación. Sin embargo, revisemos lo que encontraron Hammond y otros (1995), estudiando el grupo indígena Ticuna (en la amazonia colombiana), en medio de una agricultura tradicional de chagra-barbecho (swiden-fallow) se ha buscado la integración al mercado a través de la venta de Cedro, una especie maderable valiosa. Luego de estudiar las características de ese manejo tradicional, su organización y los efectos que se tendrían sobre el sistema agroforestal, plantean dos aspectos a tener en cuenta.

Primero, un enfoque de producción orientada al mercado sobre todo el sistema, eliminaría el 70% de las especies tradicionales. Segundo, la integración de estrategias de mercado con productos no perecederos como la madera permiten una mejor integración de estrategias de mercado con economía de susbsistencia. Al igual, un cambio orientado sólo al mercado que no consulte otros indicadores de bienestar en sitios como Santa Cecilia, van en contravía a las estrategias adaptativas desarrolladas por los pobladores en algo más de un siglo. Santa Cecilia no resiste una transformación drástica dirigida por completo a una economía de mercado que homogeneice o simplifique los cultivos y reemplace las relaciones sociales de intercambio y distribución de la producción agrícola. Aquí nos enfrentamos a una economía con una racionalidad diferente a la sociedad dominante (Duque 1999), donde lo que importa es extraer el mayor beneficio monetario de las actividades que se realizan, sin importar las consecuencias en el medio ambiente y en la cultura.

Toledo (1991), se refiere al conocimiento tradicional en términos de "juego de la supervivencia", de economías campesina que depende más de intercambios ecológicos con la naturaleza que de los intercambios económicos con la sociedad, utilizando la heterogeneidad espacial y la diversidad biológica. La experiencia histórica acumulada de la generación anterior; la experiencia socialmente compartida dentro de una generación presente y el nutrir de estas experiencias históricas y sociales a partir de la experiencia personal y particular a través de los ciclos anuales, en todas las generaciones.

Este cúmulo de conocimientos, contiene enseñanzas y sabiduría útil para lograr un uso, conservación y manejo con la "racionalidad" o irracionalidad de una cultura que conoce su medio y lo ha mantenido a pesar de los embates de la cultura mayoritaria en el país y minoritaria en el Pacífico Biogeográfico.

Para terminar, se recomienda profundizar en el fortalecimiento de la labor comunitaria y la preparación de líderes comprometidos con un etnodesarrollo, reforzando la valoración e implementando el conocer para quedarse habitando la región.

Se debe desarrollar una estrategia educativa que posibilite la conservación de saberes y su transmisión inter e intrageneracional, buscando que los jóvenes conozcan, valoren y se sientan orgullosos de las prácticas de los mayores.

Se pueden incorporar los conocimientos tradicionales y modernos reportados para Santa Cecilia en la enseñanza, como en el caso de las Facultades de Educación y Ciencias Ambientales de la Universidad Tecnológica de Pereira y el Colegio de bachillerato de Santa Cecilia de modalidad "agroambiental".

Agradecimientos

A los agricultores por su participación, su conocimiento y la evidencia de nuestra ignorancia. El autor agradece al Grupo de Estudios Agroecológicos que participó en la investigación entre 1995 y 1998: Luis A. Hinestroza, miembro de la comunidad y coinvestigador; Nadia J. Olaya y Claudia V. Hurtado, Administradoras del Medio Ambiente-UTP y asistentes de investigación.

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Ultima Modificación, Mayo de 2000.
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