Las
enseñanzas de YuruparyCésar Valencia
Solanilla
La acción
heroica Yurupary representa una acción
humana para el establecimiento de una nueva
forma de gobierno, el patriarcado, pero al
mismo una gesta mítica fundante de una nueva
concepción de mundo y por lo tanto de un
conjunto de principios éticos y morales para
trascender al hombre y la realidad, como en
el caso de las llamadas religiones mayores.
Este texto es una aproximación analítica a
la aventura mítica del héroe y a los
principios que conforman enseñanzas
fundamentales que, en muchos casos, pueden
extrapolarse al mundo contemporáneo.
Publicado tan
sólo en 1890 por el etnólogo italo-brasileño
Ermanno Stradelli con el nombre de Leggenda
dell Jurupary en el Bolletino de la
Sociedad Geográfica Italiana de Roma(1) y un siglo después (1983) en
español por el Instituto Caro y Cuervo con el
título de Yurupary: mito, leyenda y epopeya del
Vaupés, con un extenso estudio de Héctor H.
Orjuela(2) utilizando la
traducción del italiana al español hecha por
Susana N. Salessi, La Leyenda de Yurupary
constituye uno de los más importantes textos de
la literatura amerindia, fuente inagotable de
sentido y de significado.
Representa un
legado inapreciable de las tribus amazónicas de
la frontera colombo-brasileña en el sector del
Vaupés, que por siglos han mantenido una
tradición que se remonta a los tiempos
prehispánicos, cuyo núcleo es la figura de un
héroe legislador -Yurupary- que tiene como
misión en la tierra implantar el patriarcado y
encontrar -sin lograrlo totalmente- a la mujer
perfecta. Fue rescatada gracias a la tenacidad y
el empeño del rapsoda indígena Maximiano José
Roberto, que por muchos años recorrió las
tribus amazónicas de Colombia y Brasil en donde
existían diferentes versiones del mito y
constató la evidencia de una religión en torno
al héroe civilizador(3). A este rapsoda se atribuye la
versión final del mito, escrita en ñengatú -la
lengua que los misioneros jesuitas del siglo XIX
impusieron como forma de comunicación entre las
tribus amazónicas en donde existía y existe el
mito- y entregada a Stradelli para su traducción
al italiano.
El mito ha
pervivido por múltiples factores: es un culto
mítico-ritual de hondos contenidos simbólicos,
expresa el concepto de mundo de gran parte de las
comunidades amazónicas derivadas de los
preceptos éticos y morales de un héroe
civilizador y ha servido como elemento de
cohesión social, política y cultural de las
tribus de la zona. Es la síntesis de la
sabiduría para el alma indígena, pues revela la
trascendencia y conecta al hombre con el cosmos,
le confiere sentido a su vida, sacraliza la
naturaleza, establece una normatividad
indispensable para el funcionamiento armónico de
las comunidades. Rito, mito, leyenda, epopeya,
poema, La leyenda de Yurupary revela la profunda
religiosidad de nuestras comunidades amazónicas
del Vaupés, constituyendo un texto al que debe
acudirse para aprender de él muchas enseñanzas
y encontrar allí la vigencia de principios
fundamentales que pueden extrapolarse, como
ocurre con la Biblia para la tradición
judeocristiana. Contrario a lo afirmado por
Joseph Campbell (4) la acción heroica de ciertos
héroes locales o tribales -como el caso de
Yurupary- no representan sólo su acción como
física, sino le confieren un sentido moral a su
gesta, aunque no se trate de «religiones
mayores» como el mahometismo, el cristianismo o
el budismo.
De esta forma,
la lectura que se propone intenta, en primer
lugar, superar la barrera de los contextos
históricos y mitológicos para reflexionar sobre
el universalismo que pueda derivarse del texto,
por su índole de mito, así esté referido a una
deidad tribal. Y en segundo lugar, destacar los
substratos pedagógicos explícitos e implícitos
del mito que han funcionado como factores
fundamentales para el equilibrio y la cohesión
en lo histórico y social, revelando al mismo
tiempo la vigencia de la tradición en muchos
aspectos, en el mundo contemporáneo.
1. La
aventura mítica del héroe
Según Campbell,
el camino común de la aventura mitológica del
héroe es la magnificación de la fórmula
representada en los ritos de iniciación:
separación-iniciación-retorno, que podrían
recibir el nombre de «unidad nuclear del
monomito»(5).El héroe mitológico
debe abandonar el mundo cotidiano en busca de
espacios sobrenaturales, para enfrentar fuerzas
prodigiosas, vencer la duras pruebas a las que es
sometido y regresar dotado de poderes para
consolidar su misión. Es el caso de Buda,
Jesús, Mahoma, pero también de Prometeo,
Moisés, y de los héroes civilizadores de la
tradición amerindia: Tezcatlipoca,
Quetzalcóatl, Hunahpú e Ixbalanqué, Yurupary.
Sin necesidad de encasillar la religión de
Yurupary dentro de las religiones mayores o
menores (noción que es discutible desde la
antropología estructural y la fenomenología de
las religiones), lo esencial es constatar la
relevancia arquetípica de su gesta heroica y los
postulados éticos y morales que resultan de su
labor civilizadora, en el mundo de lo mítico y
de lo social.
Correspondiendo
a la unidad nuclear del mito, Yurupary tiene un
origen divino, pues es hijo de Seucy de la
tierra, fue engendrado mágicamente sin
intervención de la sexualidad humana -Seucy
queda preñada al comer de la fruta de pihycan,
el árbol prohibido-, es separado del grupo
social cuando apenas tiene una luna y habita en
la selva hasta la edad de quince años, donde se
convierte en un joven vigoroso, fuerte, «hermoso
como el sol» y regresa a la comunidad -los
tenuinas- donde es investido como jefe o tuixáua
una vez recibidos los poderes de la luna
-Renstalro-. Desde entonces comienza su gesta
civilizadora, mediante la instauración del
patriarcado en un mundo gobernado por las mujeres
y estableciendo una normatividad social vertical
que las excluye de las ceremonias religiosas en
donde se tocan los instrumentos sagrados, es
decir, despojándolas de todas las formas reales
y simbólicas de poder:
Comenzó
declarando que sus leyes durarían con el
nombre de Yurupary mientras el Sol iluminara
la tierra, y les prohibió terminantemente a
las mujeres participar en las fiestas de los
hombres cuando estuvieran presentes los
instrumentos especiales que debían
distribuirse en la próxima reunión
inaugural (6)
Pero su acción
no sólo abarca el mundo de lo físico, que en la
concepción de Campbell lo reduciría a una
especie de deidad menor que no transforma de
manera radical el mundo de lo moral; por el
contrario, sus leyes representan modificaciones
sustanciales tanto en la realidad política y
social con la implantación del patriarcado, como
en la esfera de lo ético y de lo moral, pues
establece una normatividad inflexible respecto de
los valores que deben guardarse con relación a
los otros -en particular respecto de la
sexualidad, el deber y la lealtad- que
constituyen los fundamentos axiológicos de un
nuevo orden. En otras palabras, sus leyes abren
los horizontes de una nueva concepción de mundo
y confieren a la realidad tangible la
trascendencia de lo mítico.
La acción
heroica de Yurupary funda una nueva religión que
se mantendrá por siglos en regiones muy vastas
de la amazonia colombiana y brasileña. Esta
religión permanecerá en el alma de estos
pueblos, a pesar de la devastadora obra de los
misioneros cristianos, quienes además de
inventar un dios creador y omnipotente, Tupã,
impusieron la idea de un ser maléfico
contrapuesta a Tupã, asociada a Yurupary, que
corresponde a la noción del diablo o del demonio
de la tradición judeocristiana. La religión de
Yurupary, entonces, no es un simple culto
esotérico, pagano y primitivo, como se le ha
pretendido estigmatizar por razones puramente
dogmáticas por parte de los «extirpadores de
idolatrías» cristianos, sino una compleja
concepción del hombre y del universo que otorga
sentido y universalismo a muchas de comunidades
amazónicas y es la base para su vigencia
cultural.
De ahí que el
mito sea a la vez cosmogónico, antropogónico,
etiológico, lúdico y didáctico, en la medida
en que revela la trascendencia de todo cuanto
existe, desde los relatos más simples que
explican el origen de las plantas, de los
animales y de los hombres, hasta la génesis
misma del mundo de lo visible y de lo invisible.
En este sentido, el mito de Yurupary se
emparienta con los grandes mitos de la humanidad:
el concepto de mundo subyacente en su intrincada
red de relatos que se interpolan unos a otros
creando una circularidad singular, revelan la
noción de un universo organizado alrededor de un
centro, como en los metarrelatos de las llamadas
religiones mayores.
La aventura
mítica de Yurupary busca el equilibrio y la
armonía en el mundo de lo histórico con el
establecimiento del patriarcado y sus severas
normas sociales; y actualiza en lo mítico un
pasado remoto de transición entre dos estadios
fundamentales del desarrollo de las comunidades
primitivas -el matriarcado y el patriarcado, las
relaciones endogámicas y las exogámicas-. De
esta forma, es memoria viva del ayer, pervivencia
de lo sagrado sobre lo profano, del mito sobre la
historia.
2. Las
leyes de Yurupary
Además de
anunciar que sus leyes durarían «mientras el
Sol iluminara la tierra», es decir, para
siempre, y de prohibir a las mujeres participar
en las fiestas de los hombres cuando se
utilizaran los instrumentos sagrados, Yurupary
sentencia los duros castigos que recibirán
aquellos que violen las normas. En el caso de las
mujeres,
La violadora
de esta proscripción sería condenada a
muerte, y el castigo sería ejecutado por
quien primero tuviera conocimiento del
delito, aunque fuere su padre, hermano o
marido. (p. 95)
En el caso de
los hombres,
El hombre
que mostrara los instrumentos, o revelara a
una mujer las leyes secretas vigentes, sería
obligado a envenenarse, y si se negara a
hacerlo, correspondería al primero que lo
encontrara darle muerte, bajo pena de merecer
el mismo castigo. (p. 95)
Estas normas,
aparentemente simples y excluyentes, son la base
para la cohesión religiosa y comunitaria.
Al revelarse el
mito en una etapa de transición, que corresponde
a la fórmula de la desestructuración de
estructuras vigentes y la estructuración de unas
nuevas que tiendan al equilibrio -Yurupary como
héroe legislador viene a poner orden en un mundo
caótico gobernado por las mujeres-, las normas
buscan instaurar un sistema de valores estable
que trascienda la realidad histórica; y a
consolidar unos ritos y creencias que serán la
base de la nueva religión.
El mito
de Yurupary es una fuente de poesía y de
sentido al que permanente debiéramos acudir
no sólo para conocer nuestro pasado, sino
para explicar mejor el presente.
Los
principios éticos y morales
Es importarte
destacar el conjunto de principios éticos y
morales que se derivan de las normas y
ritualidades del mito, pues revelan la magnitud
en los niveles subjetivos y colectivos de las
leyes de Yurupary como requisito indispensable
para perpetuar el equilibrio. Aunque todas ellas
obedecen a enunciados comunes y por lo tanto se
hallan relacionadas, es interesante agruparlas
por núcleos temáticos para su mejor
comprensión.
La
sexualidad:
El mundo de
Yurupary se caracteriza por la rigidez y
verticalidad de las normas que los miembros de la
comunidad, tanto hombres como mujeres, deben
guardar respecto de la sexualidad.
Correspondiendo a una concepción monogámica,
las relaciones entre hombres y mujeres sólo se
permiten dentro del matrimonio y luego de
efectuarse los ritos iniciáticos, que son
obligatorios para la tribu. Con ello se busca el
estricto control de la sexualidad, la
prohibición del incesto y la limitación de las
relaciones endogámicas, pues hombres y mujeres
deben vivir separados.
El propio
Yurupary relata a su pueblo que estas normas
existían en tiempos remotos, cuando había un
pueblo tan feliz, que pasaba la vida solo
bailando, comiendo y durmiendo (p. 122), lo que
supone que varias de las leyes que él dicta e
implanta sirven para actualizar etapas de
armonía social anteriores al mundo que él se
propone organizar.
En lo que
compete al desarrollo mitológico e histórico,
se refiere a estadios comunes de las comunidades
primitivas que requerían de las relaciones
exogámicas para ampliarse, así sean el
resultado de la transgresión de la misma
normatividad social. Es el caso de la historia de
Dinari, la doncella que decide subvertir la ley y
escapar de su tribu, pero que encuentra en el
mundo de afuera un hombre-pájaro (ilapay) que
será el padre de sus hijos Pinón y Meenspuin,
los gemelos míticos, antepasados de Yurupary,
que simbolizan tanto la fecundidad y el origen
sagrado de las tribus (Pinón) como la virginidad
y el mundo astral (Meespuin).
El mito abunda
en referencias a la prohibición de las
relaciones sexuales transgresoras, pero sobre
todo insiste en describir, con sus diferentes
implicaciones, aquellas de parejas que deben
casarse para reparar la ofensa a la comunidad con
su acción, como es el caso de Caminda y Curán,
que son descubiertos mágicamente (en una piedra
brillante y coloreada que le da Yurupary) por el
tuixáua Arianda, el padre de Curán, al momento
de acoplarse. Arianda es convencido fácilmente
por Yurupary de la necesidad de implantar sus
leyes, al observar con tristeza cómo su hija es
tomada y violada por un tenuina (Caminda) y cómo
los viejos y las viejas de su tribu, lo mismo que
los jóvenes, participan del jolgorio orgiástico
de la fiesta entre ariandas y tenuinas, en
ausencia de su jefe.
De modo que el
matrimonio entre Caminda y Curán cumple la doble
función de resarcir el agravio por la violación
de la norma, como de estrechar los lazos de
amistad entre las tribus en las relaciones
exogámicas, afirmando así las leyes de
Yurupary. Por ello éste le dice a Arianda:
Si mi ley ya
rigiera, eso no habría podido suceder; pero
quien tomó a tu hija se casará con ella, y
todo será reparado (p. 162)
Esta obligación
de reparar la ofensa desde la perspectiva de las
leyes de Yurupary se aplica inclusive al mismo
héroe legislador, quien en la boda de Naruna y
Date, desprovisto de su condición mágica (el
Sol no le dio entonces los espíritus del cielo
donde se refleja el futuro) y ocultando su
identidad, accede a los encantos de Carumá, una
hermosa joven.
Si yo
hubiera sospechado lo que esperaba, no
habría asistido al matrimonio de Date, ni
hubiera dado mi palabra de someterme a todas
las costumbres de esta gente. Pero nadie más
verá a Carumá, que desde hoy es mía, y la
conduciré lejos de la vista de los hombres
para que no sea manchada la única mujer que
he tenido (p. 204)
Mediante estos
hechos, se representa el perdón que acepta el
grupo ofendido con el arrepentimiento del
infractor y el saneamiento efectivo del ultraje,
al igual que el respeto a las tradiciones y leyes
de los grupos sociales. Pero también la
inflexibilidad de las normas, cuando éstas
pretenden violarse expresamente, retando la
autoridad del héroe:
Naruna, que es
una mujer tuixáua (en el texto es evidente que
Yurupary asiste al matrimonio en una tribu regida
por las mujeres), al conocer a Yurupary, a pesar
de haberse ya casado con Date, quiere también
casarse con el héroe legislador. Pero esta
intención es negada rotundamente por aquél: Eso
no es posible; Date es tu único y legítimo
esposo (p. 205), anunciando que esa será en
adelante la ley para su comunidad y convirtiendo
a Date (que es un hombre tenuina, es decir, de la
tribu de Yurupary) en jefe. Al día siguiente,
Naruna es castigada por el extraordinario y cruel
poder del héroe: al sentirse avergonzada y
meterse en una olla de cachirí ésta se rompe,
apareciendo la mujer muerta, sin piel.
Como puede
verse, esta muerte y la de Date (de tristeza por
la desaparición de su recién conocida esposa),
reafirman la voluntad de poder de Yurupary y el
carácter vertical de sus normas respecto de la
sexualidad, a manera de enseñanza un tanto
despiadada para la comunidad, pero necesaria para
la consolidar sus dominios.
De manera
complementaria, las normas sobre el control de la
sexualidad se relacionan con el castigo a la
liviandad de los hombres al sucumbir a los
encantos de las jóvenes, que persiguen los
secretos de la religión del Yurupary y el acceso
a los rituales de los instrumentos sagrados. Es
el caso de Ualry, seducido por Diadue, y de
Iadié, que tiene amores con todas las muchachas
de su tribu a pesar de estar casado y su mujer
embarazada, que son muertos por violar las
estrictas prescripciones monogámicas
establecidas por el héroe legislador.
El deber y
la lealtad
La aventura
mítica del héroe muestra que el cumplimiento
del deber y la lealtad son principios
fundamentales para consolidar la tarea
civilizadora, en la medida en que integran el ser
individual con la colectividad y establecen
comportamientos sociales que contribuyen al
equilibrio. Apartarse de las obligaciones
individuales es transgredir la norma, poner en
peligro el nuevo orden que va a instaurarse,
desviar los designios del héroe legislador. El
deber de los amigos que acompañan a Yurupary
consiste en ser leales, guardar los secretos de
la religión, apartándose de las mujeres que
pretenden seducirlos con sus encantos, ya que
ellas están excluidas de las ceremonias y la
posesión de los instrumentos sagrados. Violar
estas reglas les acarrea la muerte, como también
a las mujeres que lo intenten.
Esto sucede con
Ualry y Diadue, que son castigados ejemplarmente
con la muerte: Ualry quemado en la hoguera y
reducido a cenizas, de las cuales brotan los
animales venenosos que simbolizan el mal y las
enfermedades, como también la palma de passyua
de la que se originarán los instrumentos
sagrados para simbolizar el bien (7); y Diadue, que habiendo seducido
con su belleza a Ualry para que le revele los
secretos de Yurupary, descubre su fealdad
reflejada en el agua y se arroja allí para nunca
volver a aparecer:
Y pocas
lunas después, Diadue, habiendo ido a
bañarse donde el agua se empoza al pie de la
cascada, se espantó de su propia fealdad que
se reflejaba en el agua, y desesperada se
arrojó en los remolinos donde desapareció
para siempre (p. 115)
El carácter
aleccionador de esta historia es muy claro: Ualry
es castigado porque ha traicionado la confianza y
la lealtad que le debe a Yurupary y Diadue por
utilizar su belleza para seducir a un hombre
viejo que no resiste a la tentación de una mujer
joven y hermosa. Las leyes de Yurupary, así como
premian la lealtad y la amistad en el caso de sus
fieles discípulos Caryda y Arianda, son
inflexibles para aplicar las más severas
sanciones ante la traición, para mantener de
esta forma los ideales religiosos y sociales de
la comunidad, pues la debilidad humana entorpece
la misión civilizadora y la confianza que la
comunidad debe brindar a la autoridad de los
jefes tribales.
De esta forma,
se está enseñando que la sabiduría no proviene
de la edad ni los favores se reciben por la
belleza, sino por la rigurosa observancia y
respeto de la normatividad social. Así lo
sentencia el héroe cuando se le pregunta si la
muerte de su amigo Ualry puede borrar los errores
que ha cometido:
No es una
vergüenza que un joven sea vencido por una
mujer, pero cuando los cabellos blancos dicen
que la juventud está ya lejana, es una
liviandad digna de castigo. (p. 121)
La lucha
por el poder
El mito de
Yurupary, contrario a lo que pueda comúnmente
pensarse, también enseña que las mujeres nunca
abandonan su empeño de recuperar el poder del
que fueron despojadas por el héroe legislador,
de tal manera que su lucha es una reivindicación
de la condición femenina, así deban soportar la
verticalidad y exclusión en la sociedad
patriarcal.
Todas las
mujeres de relevancia en el mito, son mujeres
transgresoras que con su acción dinamizan el
mundo y abren fronteras para el futuro: Dinari,
la primera madre mítica que no acepta quedarse
sola a la espera de un hombre para casarse y lo
busca por su cuenta en el mundo de afuera; Diadue
que desaparece en el agua porque se resiste a un
mundo gobernado solo por hombres; Naruna que
también muere al querer abandonar a Date y
poseer a Yurupary; Seucy de la tierra, madre del
héroe, convertida en piedra con las otras
mujeres que osaron espiar las ceremonias y
escuchar la música de los instrumentos sagrados;
Curán que oyó y aprendió la música y el canto
de Yurupary y se promete recuperar algún día el
poder:
Y cuando
aprendió todos los secretos, volvió a la
maloca antes de llegar el día, habiéndose
forjado en el corazón un deseo que se
prometió cumplir. (p. 168)
Este forjarse en
el corazón un deseo (recuperar el poder) es una
especie de consigna que todas las mujeres guardan
para el presente y el futuro, de tal forma que su
renuncia a aceptar el patriarcado no es una
simple terquedad femenina sino la expresión
clara de su naturaleza rebelde y combativa, así
en su empeño muchas pierdan la vida.
Por su
estructura circular, el mito deja abierta para
siempre esta posibilidad, ya que Yurupary
desaparece por el oriente para volver, pues su
obra está inacabada (en el nivel simbólico se
expresa con la imposibilidad de encontrar la
mujer perfecta) y porque las mujeres, como
Curán, se han prometido no abandonar jamás el
empeño en volver a instaurar el matriarcado.
Representa, en un nivel profundo, la
actualización del mito del eterno retorno, para
sacralizar aún más la leyenda de Yurupary y
revelar el sentido dialéctico de la historia.
El mito de
Yurupary resume, por tanto, las enseñanzas
fundamentales que en lo religioso, político,
social, ético y moral, son indispensables para
las comunidades amazónicas que lo gestaron,
siendo a la vez una fuente importante para el
conocimiento de la noción de mundo que aún
inspira y nuclea estas comunidades, confiriendo
trascendencia a sus creencias, hábitos y
costumbres. Estas enseñanzas son un legado vivo,
pues el mito sigue alimentando la vida religiosa
y la cotidianidad de estos pueblos, que se
resisten a la invasión de lo profano y por
contrario sacralizan el mundo. El mito de
Yurupary es una fuente de poesía y de sentido al
que permanente debiéramos acudir no sólo para
conocer nuestro pasado, sino para explicar mejor
el presente.
NOTAS
(1) STRADELLI,
Ermanno. Leggenda dell Jurupary, en Bolletino
Società Goegràfica Italiana (Roma), Serie
III (1890), vol. III, p. 659-689 e 798-835.
(2) ORJUELA,
Héctor H. Yurupary: mito, leyenda y epopeya
del Vaupés. Traducción del italiano de
Susana N. Salessi, Instituto Caro y Cuervo,
Bogotá, 1983.
(3) Un estudio
bastante documentado sobre las diferentes
versiones del mito de Yurupary en las tribus
amazónicas de Colombia y Brasil se encuentra en
el capítulo IV, Mitos y leyendas de Yurupary,
en Héctor H. Orjuela, Yurupary: mito, leyenda
y epopeya del Vaupés., Op. cit., p. 71-125.
(4) CAMPBELL,
Joseph. El héroe de las mil caras.
Psicoanálisis del mito, Fondo de Cultura
Económica, México, 1997.
(5) CAMPBELL,
Joseph, Op. cit., p. 35 y ss.
(6) Yurupary.
El Popol Vuh suramericano. Traducción
española de Susana N Salessi, Edición y estudio
de Héctor H. Orjuela, Editorial Kelly, Santafé
de Bogotá, 1993., p. 94. Todas las citas serán
tomadas de esta edición y remitirán al número
de página, para facilitar su lectura.
(7) Una
reflexión más amplia sobre este aspecto se
puede leer en mi artículo La transgresión
como elemento estructural en La Leyenda de
Yurupary, Revista de Ciencias Humanas,
U.T.P., Año 2, No. 4, junio de 1995, p.14-22.
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