"La historia en las ciencias sociales

Reflexiones en la crisis disciplinaria"

Alvaro Acevedo Tarazona (1)

 

El presente artículo es una reflexión sobre la historia en el contexto actual del estudio de las ciencias sociales en Colombia. Como en cualquier otra disciplina, destaca la importancia de los marcos conceptuales y métodos de investigación en la historiografía, pese a la ausencia o fragmentación de éstos en su producción discursiva y en la escasa interdisciplinariedad con las ciencias sociales.

 

Desde mediados del siglo XX, Fernand Braudel esclamaba en su conocido libro La historia y las ciencias sociales que había una crisis general de las ciencias del hombre abrumadas por la acumulación de nuevos conocimientos y carente de trabajos colectivos; le preocupaba también el lugar que ocuparía este “progreso” de las ciencias sociales “en el conjunto monstruoso de las antiguas y crecientes investigaciones”(2) . Pese a todo, en su momento, el historiador del Mediterráneo era optimista y vislumbraba una oportuna convergencia de este progreso cuantitativo.

Desde el artículo de Braudel hasta la actualidad han transcurrido numerosos discursos e importantes escuelas de pensamiento en la historiografía y en las ciencias sociales, así como una prolífica etapa de institucionalización de este campo de saber en Colombia y en América Latina(3) , pero ¿por qué después de haber transcurrido ya varias décadas de la manifiesta preocupación de Braudel se sigue hablando, con igual preocupación, de la crisis de la historia y de las ciencias sociales? (4).

1. En el país no es menos preocupante esta situación, según lo expresa el último balance Discurso y razón: Una historia de las ciencias sociales en Colombia(5) el cual señala, incluso, un estancamiento en los últimos años en la incorporación de profesionales de las ciencias sociales en el aparato productivo como consecuencia de la delegación que se ha hecho de lo público al sector privado para que sea este último el que señale los límites y dirija las políticas de intervención del Estado en un círculo de privilegios y exclusiones sustentado por el desarrollismo, la privatización de la educación superior y la creación de profesiones sólo dirigidas a afianzar el modelo económico agroexportador e industrial del país.

Pero a los factores de orden estructural del Estado, también se debe tener en cuenta, en esta denominada crisis de crecimiento historigráfico y anárquico uso de teorías y métodos de investigación, la ausencia del debate crítico al interior de los escasos grupos de investigación, el aislamiento entre éstos, el parroquialismo y la escasa apertura a la interdisciplinariedad, sin que esto último signifique una pérdida de autonomía e identidad en el interior de cada disciplina (6) .

En el caso particular de la historia, el balance de Jorge Orlando Melo Medio siglo de historia colombiana: notas para un relato inicial señala los importantes avances de esta disciplina en el último medio siglo, pero también los problemas que ha presentado en su propósito de consolidar una comunidad en la cual su identidad sólo se ha reducido al estudio del pasado(7). Si bien el panorama de expansión y avance cualitativo no pone en duda la relativa madurez y despliegue temáticos de la historiografía colombiana (8), se le acusa de haber abandonado las ambiciones explicativas, los vínculos entre historia y ciencias sociales y de un crecimiento sin evaluación en los años noventa liderado por historiadores jóvenes que cayeron en las modas y el uso de un lenguaje poco riguroso al punto que en su momento se dijo que “los nuevos historiadores habían arrojado montones de basura a la historia del país”(9) .

No cabe duda que el balance de Jorge Orlando Melo sobre el estado actual de la historia en Colombia abre un debate sobre la crisis que hoy enfrenta el desarrrollo de esta disciplina en el país, no obstante, el balance sobre los últimos años no deja de presentar un enfoque aun en ciernes y de cierta manera centralista dejando a un lado los avances de la historiografía regional que ameritaría la realización de estudios comparados con el fin de evaluar los alcances y limitaciones de estos.

Sería importante también proponer un balance sobre las investigaciones de los “jóvenes historiadores” con el fin de sopesar los avances de esta disciplina en la cual el hermetismo de los grupos ya consolidados abre muy pocos espacios a las nuevas generaciones enfrentadas a un mercado de penuria para la investigación y de mayores, aunque no mejores, oportunidades para la docencia. Valdría la pena también preguntarse ¿hasta qué punto los éxitos alcanzados en la producción historiográfica de los años precedentes a esta última década son consecuencia de esta misma comunidad crítica de historiadores que no alcanzó la madurez oportuna y se quedó corta en la dirección de las nuevas orientaciones de investigación y enseñanza de la disciplina?

Más que un saber acumulado, en la historiografía las preguntas son el acto acto esencial de la comprensión y sensibilidad hacia la investigación, en tanto que su producción invita a un compromiso de comunicación y enseñabilidad.

2. Buena parte de la crisis de la historiografía también habría que buscarla en los propios problemas de investigación de la disciplina, estigmatizada, en ciertos casos, como una práctica indemostrable y arbitraria(10), pero también en los escasos vículos entre un saber como práctica científica y otro como práctica para su enseñanza. No es un secreto que mientras importantes investigaciones historiográficas han abierto nuevas miradas para la comprensión de la sociedad colombiana, las prácticas docentes continúan ancladas en la rutina temática, la memorización, el culto al autoritarismo de los nuestros y el aprendizaje de un saber acabado y poco problematizado para el análisis histórico y el pensamiento crítico. Más que un saber acumulado, en la historiografía las preguntas son el acto acto esencial de la comprensión y sensibilidad hacia la investigación, en tanto que su producción invita a un compromiso de comunicación y enseñabilidad.

Pese a todas las críticas, la historia no puede ni debe renunciar a su carácter científico así su acepción como estudio del pasado entrañe cierta ambigüedad para designar tanto el conjunto de hechos o cosas sucedidas (res gestae) como el relato o relación de las cosas sucedidas del historiador (historia rerum gestarum). Mientras la primera se refiere a la historia total, una empresa humanamente imposible de concebir y construir (11) ; la segunda es la historiografía de todos los días que se construye con teorías, métodos, fuentes de investigación y la imprescindible mediación del relato de la narración (12) .

3. Es cierto que el relato del historiador no puede desprenderse de su “tiempo presente” y de la propia subjetividad o elección de los puntos de vista de quien escribe. Lucien Febvre decía que el historiador que estudiaba la vida no podía dejar de vivir (13) . Estudiése a la historia, pero antes de hacerlo estudiése al historiador, su contexto histórico y social, sentenciaba Carr cada vez que se refería al problema de la cientificidad (objetividad) de la historia(14). Michel de Certeau ha propuesto ir más allá de esta relación entre el historiador y su contemporaneidad al considerar que la historiografía es al mismo tiempo la posibilidad de una producción y el sujeto de su propio discurso (15). La única manera, - para Ricoeur- como el historiador en su oficio educa la subjetividad (16) .

Para Alexandre Koyré “la historia del historiador, historia rerum gestarum, no contiene todas las res gestae, sino las que son dignas de ser salvadas del olvido”(17) . Por tal razón -enfatizaba Koyré- la historia es consecuencia ni siquiera de una, sino de una doble elección: de la elección de los contemporáneos de la época que estudia y sucesores inmediatos, quienes asimismo como historiadores del presente o conservadores del pasado ya habían hecho una elección de lo que merecía ser retenido; y de la elección del historiador quien recurre ya sea a los materiales que le legaron sus antecesores o a nuevas fuentes por no estar de acuerdo con ellos (18) .

Pese a toda la tinta y cuestionamientos que han corrido sobre la cientificidad de la historia, el principio de rigurosidad de esta disciplina, como de cualquier otra, no debe renunciar al trabajo en equipo y la divulgación de sus avances de investigación entre otras comunidades en su propósito por encontrar nuevas preguntas en la interminable tarea de abrir horizontes de comprensión y proponer miradas integradoras de conocimiento.

Frente al desenvolvimiento de las sociedades, que de antemano se saben imperfectas de comprender en todas sus variables y amplitud, las comunidades de investigación en las ciencias sociales deberían mejor llegar a acuerdos sobre las preguntas por estudiar o discernir que sobre las respuestas por justificar o imponer, pues más que en los resultados, los problemas de la historiografía se descubren y enriquecen en las teorías, métodos y fuentes de investigación.

4. No se puede ignorar que los hechos históricos son enunciados del lenguaje y nunca resultado de la observación directa de las situaciones acontecidas, menos verificables y a lo sumo falsificables en el escenario de la crítica historiográfica y de las comunidades de investigación que entran en el juego del libre examen y la “prueba” argumentativa y disciplinaria (19) .

Incluso, los hechos del presente, del momento de la situación, que Braudel definía como el tiempo acontecimental, no se pueden liberar de la ficción que media entre el propio acontecimiento y el cuerpo narrativo y explicativo del relato (20). No obstante, este carácter bifronte de la historia, en el que media la narración y la pretensión de cientifificidad de sus teorías y métodos de investigación, es un aspecto que le atañe a todas las disciplinas (21). Precisamente, lo que presupone una diferencia entre la narrativa y la historia es que esta última antes que otra cosa es un esfuerzo riguroso y sistemático para aproximarse a la interpretación del pasado (22). En la historia, al igual que en otra disciplina, una práctica sin teorías y métodos de investigación acaba necesariamente en la crónica incipiente o en la apología de valores eternos e intemporales (23).

La tenue y a veces intrincada frontera entre narativa e historia no debe plantear una polarización entre dos situaciones que son complemento y contrapartida del oficio del historiador en su esfuerzo por “repetir” su pertenencia a la misma humanidad y alcanzar el imprescindible vínculo entre el lenguaje y los procesos metodológicos para “atrapar” las huellas, los vestigios materiales, los documentos.

5. Por último, a manera de cierre de esta reflexión pero no del debate, cabría considerar que si la explicación en la disciplina histórica sugiere argumentar por qué las sociedades se transforman en la amplitud y diversidad de sus manifestaciones culturales, sería importante recurrir a las teorías y métodos de investigación anclados en las exitosas tradiciones historiográficas, pero también en las nuevas tendencias del estado del arte de la disciplina y de la narrativa con el fin de abrir el escenario de posibilidades explicativas.

De otra parte, sin renunciar a construir una propia heurística en la historiografía, el trabajo interdisciplinario sigue siendo fundamental en la historia por el aporte que siempre le han hecho a ésta las teorías y métodos de investigación de las ciencias sociales.

Por la misma naturaleza irreversible de las sociedades, las teorías de las ciencias sociales son hipotético-deductivas, aunque la irreversibilidad del mundo no es un problema epistemológico que le atañe sólo a las ciencias sociales; al descubrirse y definirse la entropía como un problema universal de conocimiento, la irreversibilidad en las denominadas “ciencias naturales” también es un problema para la aprehensión de la realidad.

Este carácter hiptético-deductivo de la investigación histórica implicaría reconocer que el éxito de una investigación se encuentra más en los problemas teóricos de estudio que en la recolección indiscriminada de datos. Un proceso que requiere, de manera simultánea, de la formulación de hipótesis en las etapas de búsqueda de la información; cuando los esfuerzos por desarrollar sistemas de hipótesis resulta muy complejo también se recurre a la definición de variables y sus posibles interrelaciones. En ciertos casos es importante recurrir a los métodos cuantitativos de la cliometría para enriquecer o complementar los aspectos cualitativos de una investigación, como lo sugieren importantes trabajos en esta materia (24) .

No hay duda que las conceptualizaciones en la disciplina histórica son básicas en la elaboración del discurso historiográfico, pero no se debe abusar de éstas en la construcción de tipos ideales o generalizaciones sin referentes empíricos. La historia regional y local hoy cobra vigencia por su importancia para establecer una negociación entre la heurística de las teorías, sus ambiciones explicativas y la propia evidencia empírica de las variables problemáticas referidas a un contenido histórico particular.

Mientras la teoría es la médula espinal sobre la cual se soporta la armazón de la investigación, los métodos son los procesos de adquisición de conocimientos que le dan forma a ésta y las fuentes los ladrillos que la constituyen. No hay teorías “ad hoc” que se puedan aplicar al análisis de la historia; ellas se construyen en el mismo proceso de investigación. Aunque el trabajo en archivo es la materia prima del oficio del historiador, la abstracción es parte de la identidad más esencial de su disciplina.

 

NOTAS

(1) Profesor Universidad Tecnológica de Pereira. Facultad de Educación - Escuela de Ciencias Sociales.

(2) BRAUDEL, Fernand. La historia y las ciencias sociales, Madrid, Alianza, 1986, pág. 60. El texto fue retomado del original en francés, Historie et sciences sociales: la longue durée, Annales. E.S.C., No. 4. (oct.-dic., 1958). Débats et Combats, p. 725-753.

(3)LEAL BUITRAGO, Francisco, Viscisitudes de las Ciencias Sociales en Colombia, en LEAL BUITRAGO, Francisco y REY, Germán. Discurso y razón: Una hsitoria de las ciencias sociales en Colombia, Colombia, TM Editores - Ediciones Uniandes - Fundación Social, 2000, p. 1.

(4) El texto de Julio Aróstegui, La investigación histórica: teoría y método, es una investigación de los últimos años que de manera clara y crítica ha evidenciado la crisis de la historiografía ante el alarmante y casi anárquico crecimiento de producciones en esta disciplina sin teorías y dispersión metodológica, ver: ARÓSTEGUI, Julio. La investigación histórica: teoría y método, Barcelona, Crítica, 1995. En el mismo propósito, el texto de Félix Ovejero Lucas, La quimera fértil: el despropósito de la teoría de la historia, es otro de esfuerzo de reciente investigación por encontrar salidas a la crisis teórica de la historiografía; ver: OVEJERO, Félix Lucas. La quimera fértil: el despropósito de la teoría de la historia, Barcelona, Icaria, 1994.

(5) BUITRAGO y REY, Op. cit.

(6) Al respecto de este debate, ver: HOYOS VASQUEZ, Guillermo. Elementos filosóficos para la comprensión de una política de ciencia y tecnología: la conformación de comunidades científicas en Colombia, en Misión de ciencia y tecnología, Santafé de Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1990. Tomo 1, Vol. 3. Las ciencias como creaciones humanas deben encontrar la posibilidad de tematizar los saberes de la interdisplinariedad del conocimiento científico sin lastimar con ello la especificidad de cada saber.

(7) MELO, Jorge Orlando. Medio siglo de historia colombiana: notas para un relato inicial, en BUITRAGO y REY, Op. cit., p. 155. Otros autores como Fernando Urrea consideran que auncuando la historia junto con la filosofía y la economía son las disciplinas que han tenido un mayor crecimiento en el país debido a su grado de escolarización y producción investigativa, su profesionalización, con escasos cincuenta años de desarrollo, comparte con las demás disciplinas sociales (antropología, sociología, psicología, comunicación, entre otras) una crisis de paradigmas teóricos y metodológicos por su débil heurística, agotamiento metodológico, ausencia de diálogo interdisciplinario entre éstas y precaria existencia de comunidades científicas; ver: URREA GIRALDO, Fernando. La investigación colombiana en ciencias sociales y humanas, entre la provincia y la apertura cosmopolita, Bogotá, Colciencias, 1998.

(8) La historia de la conquista y la colonia, la historia económica, la historia social, la demografía histórica, la historia de ciencias y profesiones, la historia política, la historia de la violencia, la biografía y las historias de vida, la historia urbana, la historia de género y la historia regional. Sin embargo, esta disciplina en Colombia enfrenta desafíos teóricos y metodológicos para alcanzar una verdadera madurez que le permita emprender proyectos integradores tanto en espacio como en tiempo y desde una perspectiva comparativa regional y global. La interdisciplinarie-dad, la ausencia de marcos conceptuales explicativos y una marcada fragmentación son también retos de la historia en Colombia por superar; ver: URREA GIRALDO, Op. cit.

(9) La frase es de Álvaro Gómez Hurtado, referida por MELO, Op. cit. p. 167.

(10) Ibid., p. 153.

(11) El pasado como hecho histórico no puede ser aprehendido en su totalidad. Lo que se hace es una reconstrucción y representación humana de éste a partir de las huellas que deja; ver: RICOEUR, Paul. Historia y verdad, Madrid, Encuentro, 1995, p. 29. Tanto los métodos de las ciencias como los de la disciplina histórica no pueden descubrir la totalidad de la realidad, pues en uno como en otro caso, el investigador reconoce que sus propósitos de conocimiento reconstruyen y amplían razonablemente la realidad, pero también es consciente que omite elementos esenciales de la misma.

(12) La narrativa no es una forma discursiva neutra que representa la realidad. Hayden White, a propósito de esta discusión, parafraseando a Kant, dice que las “narraciones históricas sin análisis son vacías, y los análisis históricos sin narrativa son ciegos”; ver: WHITE, Hayden. El contenido de la forma: narrativa, discurso y representación histórica, Barcelona, Paidos, 1992, p. 11 y 38.

(13) FEBVRE, Lucien. Combates por la historia, Barcelona, Ariel, 1970, p. 56. De la misma forma, Eduard Carr reafirmaba que toda historia es historia presente; ver: CARR, E.H. ¿ Qué es la historia ?, Barcelona, Seix Barral, 1978, p. 73.

(14) Ibid, p. 58.

(15)CERTEAU, Michel de. La escritura de la historia, México, Universidad Iberoamericana, 1993, p. 25. Parafraseando a Febvre, Michel de Certeau también dice que hacer historiografía es salir al encuentro de la muerte y manifestarla por medio de una representación de las relaciones con su otro, y combatirla con un trabajo que consiste en dominar intelectualmente la articulación de un querer particular con las fuerzas presentes.

(16) RICOEUR, Op. cit., p. 32.

(17) KOYRÉ, Alexandre. Estudios de historia del pensamiento científico, México, Siglo XXI, 1997. p. 378.

(18) Ibid.

(19) CERTEAU, Michel de. La operación histórica, en LE GOFF, Jacques y NORÁ, Pierre. Hacer la historia, Barcelona, Laia, 1984, tomo 1, p. 18.

(20) La historia acontecimental, que sólo hasta hace muy pocos tiempo se encuentra en la mira de los historiadores, ya que por años había sido sólo un campo de competencia de los “mass media” e incluso despreciada por tendencias historiográ-ficas tan importantes como el marxismo y la propia escuela de Annales, hoy ocupa un lugar digno de reflexión en las ciencias sociales al lado del tiempo coyuntural y de la larga duración, además que se ha constituido en un campo de debate sobre el contenido de ficción y de intervención y manipulación de la historia; ver: BRAUDEL, Op. cit., pág. 64. En el mismo debate, Thompson afirma que la historia real es incognoscible; ver THOMPSON, E.P. Miseria de la teoría, Barcelona, Crítica, 1981.

(21) A propósito de esta discusión, es posible leer a KUHN, Thomas. ¿ Qué son las revoluciones científicas ? y otros ensayos, Barcelona, Paidós, 1989, pp. 91-92; LADRIERE, Jean. El reto de la racionalidad, Salamanca, Sígueme, 1977, p. 14.

(22) MARROU, H.I. El conocimiento histórico, Barcelona, Catalana, 1968, p. 28.

(23) CERTEAU, La operación histórica, Op. cit., p. 25.

(24) FOGEL, Robert William y ELTON, G. R. ¿Cuál de los caminos hacia el pasado?, México, Fondo de Cultura Económica, 1989. p. 15-114.


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