RESEÑA - CRITICA

 

El arte de trinar

Palencia Silva, Mario. El arte de gorriar. (Sic) Editorial Ltda., Colección Anfora, Bucaramanga, 2000.

 

El libro de ensayos literarios El arte de gorriar del profesor de la UIS, del padre de Santiago, del imitador de caracteres y jamás imaginado hombre polifacético, es una cátedra de buena crítica y un feliz intento de dar a conocer al país escritores olvidados por los editores que son quienes les eligen los libros a los lectores actuales.

El arte de gorriar de Mario Palencia Silva es tanto la aproximación a un número de escritores santandereanos, colombianos y universales, como un buen ejemplo metodológico para encarar las literaturas regionales.

El autor expone los problemas que afronta un investigador de la literatura en Colombia y cómo salvar algunos de esos obstáculos: la falta de concentración de la información, la poca credibilidad de que gozan los artistas expresada en el reducido tiraje y la crítica subjetiva agravada por el famoso “comité de aplausos”, son algunos de los hechos señalados por el autor, que deberían servir para una reflexión general, en un país donde a los poetas los atropellan no solamente los buses sino el gobierno.

Mario Palencia plantea lo que él llama su derrotero partiendo de una serie de preguntas que al hacérselas él, veladamente se las hace al lector que inconscientemente piensa en la literatura de su entorno: ¿Quiénes son los escritores santandereanos de estos últimos cincuenta años? ¿Qué novelas han escrito? ¿Sobre qué versan, dichas novelas? y ¿Qué crítica merecen? (p. 14).

Pues bien, en los primeros dos capítulos (“Semblanzas de la novela en Santander”, “Escritores santandereanos”) el autor realiza una aproximación a narradores consagrados y olvidados: Casmitjana, Alfredo Lamus Ortiz, Jesús Zarate, Pedro Gómez Valderrama, Rosalina Barón Wilches y Gonzalo España son algunos de ellos.

El número de escritores nombrados y estudiados sorprende a pesar de las delimitaciones genéricas y espacio-temporales realizadas. El análisis de cada escritor inicia con aspectos biográficos; el autor inserta cada obra en la tradición literaria, define las características estéticas y presenta las concepciones de mundo que subyacen en dichas obras. Así, en el trabajo sobre Casamitjana concluye que el escritor “logra dar forma, (...) a una de las caras de la modernidad: el individualismo egoísta” o que Estampido de Manuel Hernández es una crítica a la modernidad “descabellada e injusta”.

El profundo conocimiento de la literatura le permite a Mario leer estos escritores insertados en la tradición, determinando sus herencias tanto al nivel composicional como arquitectónico, lo que dimensiona la calidad de estas escrituras. La pertenencia a un género a una tradición “reduce las posibilidades interpretativas” afirma Wofgang Raible, ese “reduce” hay que leerlo como una forma de enriquecimiento de la interpretación; al considerar cada texto como parte de un todo parcial, El arte de gorriar dimensiona las reales posibilidades de dichas propuestas estéticas.

Al encarar los elementos policiacos en la novela de Gonzalo España, por ejemplo, los ubica frente a las obras de Rubén Fonseca, Vicente Leñero, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luís Borges y aún mucho más atrás al referenciar Una Ronda de Don Ventura Ahumada de Eugenio Díaz. Éste no es un libro sobre ciertos textos sino sobre ciertas poéticas pues el análisis de Implicaciones de una fuga psíquica, La canción de la flor y Señorita le permite al autor definir las características del mundo poético de Gonzalo España: un espacio simbólico (Alcandora), los problemas de la inseguridad social, la crítica al sistema jurídico y las intrigas policiacas, hecho que lo conecta con la novela negra.

Estos estudios concluyen una serie de características generales de la literatura santandereana, que orientan al lector y a los escritores sobre los intereses, los cuestionamientos, los recursos, etc., de dichas creaciones; una de estas conclusiones dice que “La temática central de la novela santandereana se arraiga fuertemente al espíritu de la modernidad. Es una crítica abierta, contundente, comprometida social y políticamente a favor de los desfavorecidos de las sociedades burguesas” (p. 36).

El tercer capítulo, “Escritores colombianos”, se abre con una cascada de palabras que son el mejor homenaje al poeta desaparecido, Raúl Gómez Jattín: “El 22 de mayo de 1997 en las tempranas horas de un amanecer costeño, cuando el sol apenas si salía para alegrar el día, la poesía colombiana caía en la pesada tristeza del luto (...) Su aspecto físico, su indumentaria de <<trashumante>>> no permitían verle el alma de poeta” (p. 63).

En este mismo capítulo, los textos sobre las obras de Jorge Franco Ramos, Arturo Alape, Oscar Torres Duque, Fernando Cruz Cronfly y Mario Mendoza confirman otra de las cualidades de El arte de gorriar: éste está cimentado en el conocimiento de la teoría literaria abandonando la subjetividad repleta de adjetivos y palabras vacías; la reflexión sobre ciertas propuestas literarias se completa con la indagación teórica. Es así como encara la obra de Jorge Franco apartir de Edward Foster, Emir Rodríguez Monegal, Baquero Goyanen, etc., y las relaciones entre el nivel del relato y de la historia, concluyendo que una novela sería la percepción y estructuración particular del mundo, “otro orden diferente al de la realidad y en tanto proceso de creación, interpretación y valoración del mundo; desobediencia del hombre y del artista por la realidad” (p. 69).

Mario logra fusionar la teoría literaria y las premisas de los mismos escritores para proponer su interpretación. En el análisis de La Caravana de Gardel define su método a partir de los “dos pisos” del signo literario expuestos por Kronfly y plantea sus postulados, uno de las cuales dice que “Con la escritura y la palabra se crean mundos posibles donde el sentido trascendente de la humanidad asoma; no sólo a través de la historia- primer piso de la escritura-, sino en la forma- segundo piso de la misma-.” (p. 84).

Las premisas de Mario Palencia para enfocar la novela de Kronfly definen una concepción del hecho literario como búsqueda de sentido del ser en el mundo, como una exploración de la condición humana. Desde este enfoque se lee La Caravana de Gardel, llegando a la conclusión que ésta descubre la pérdida de valores, la degradación del ser humano y por eso el héroe (Arturo Rendón) decide renunciar a su propio destino (ver pág. 90). Esta conclusión es similar a la identificada por el autor en otras novelas, constituyéndose así en una de las visiones que sustentó la novela colombiana en el siglo XX.

El capítulo “Escritores Universales” es el extremo de un abanico que se ha ido extendiendo. La escritura santandereana forma parte de dicho espacio, de dicha tradición. Nuevamente se exponen las características estéticas y las visiones de mundo que subyacen en las obras de Tomás Eloy Martínez, Mario Goloboff y Juan Manuel de Prada.

El primer ensayo muestra como el autor se acerca a una obra desde la misma tradición literaria y teórica, lo que le posibilita definir numerosas relaciones transtextuales y sugerirle al lector nuevas aproximaciones interpretativas. Es así como para leer a Tomás Eloy Martínez, recuerda algunos posibles hipotextos: El fisionomista, En la diestra de Dios padre, La muerte de Ispaha y El retrato de Dorian Gray. Esta lectura espacial se repite y un sinnúmero de referencias literarias e históricas como César Vallejo, Balzac, etc., enriquecen las reseñas sobre Julio Cortázar, la biografía de Mario Goloboff y La Tempestad de Juan Manuel.

En El arte de gorriar Mario tiene la capacidad de establecer la empatía con el lector a partir de expresiones como “acabo de descubrir mi ignorancia en el tema”, “Presento disculpas a todos aquellos que quedaron silenciados (...), con la crítica seria, objetiva, con distancia, pues a la vez que exalta también indica las debilidades y los alcances estéticos de ciertas obras.

Desde la explicación de la génesis del título comienza esa empatía al confesar que surge en “unas etílicas deliberaciones”, así el que escribe estas líneas crea que la rumba pudo haber sido con aguapanela, Carlos Santana y Elton John.


Por
ARBEY ATEHORTÚA ATEHORTÚA


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Ultima Modificación, Julio de 2001
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