Este
artículo hace parte de la investigación «Procesos
metacognitivos, una experiencia desescolarizada con el empleo
de medios virtuales». En él se hace una revisión
teórica acerca de la metacognición, la evolución
del concepto, lo que se ha definido dentro de la investigación
como habilidades metacognitivas y sus implicaciones a nivel
educativo.
Introducción
Los
hallazgos en este siglo en el ámbito de la psicología
cognitiva y la educación han cambiado de manera significativa
la representación que se tenía del estudiante
y de sus posibilidades de aprendizaje. La investigación
en las áreas de la psicológica cognitiva y educativa
está ofreciendo datos de gran interés, que muestran
que la adquisición de conocimiento en los sujetos se
produce en un proceso de interacción entre el conocimiento
nuevo, y el que ya poseen. Por ello la discusión y
aplicación de las teorías cognitivas en educación
pueden ser de gran utilidad a los problemas reales que tiene
la actividad educativa.
En
este sentido, la actividad educativa propiamente dicha, puede
ser abordada como un saber pragmático que debe enfrentarse
a problemas aplicados de tipo concreto y por tanto debe buscar,
en la medida de lo posible, una integración de las
tendencias acerca de las relaciones entre la adquisición
del conocimiento y las acciones de los individuos durante
los procesos de aprendizaje.
Estas
tendencias en el campo de la psicología cognitiva,
en ciertos aspectos pueden ser complementarias, en la medida
en que todavía falta mayor profundidad en las investigaciones
sobre la formación y el cambio de los conocimientos
en el ser humano y sobre el aprendizaje, como para despreciar
algunos de los hallazgos en este campo.
Estas
perspectivas teóricas tienen ventajas e inconvenientes
a la hora de dar una explicación definitiva a estas
dos cuestiones y es en este caso la educación la que
debe repensar los aportes de la psicología cognitiva
y resignificarlos en función de su contexto, necesidades
y supuestos teóricos.
Específicamente,
respecto a la adquisición del conocimiento, la psicología
cognitiva ha tratado de explicar el papel fundamental de las
construcciones mentales y las interpretaciones de los individuos
durante los eventos de aprendizaje.
De
esta manera, los estudiantes como aprendices parecen trabajar
en función de la información que poseen y tratan
de alcanzar soluciones factibles y explicaciones posibles
dentro de los límites de su conocimiento. Es así
como, al tratar de resolver problemas, organizan y estructuran
la información que reciben aunque ésta sea incompleta
o poco precisa.
La
universidad tiene como uno de sus propósitos el dominio
del conocimiento con altos niveles de competencia, para ello
ofrece al estudiante gran cantidad de información a
través de diversas estrategias de carácter pedagógico;
lo cual requiere del estudiante la disponibilidad de recursos
cognitivos como la motivación, atención, memoria,
comprensión, entre otras. Estos recursos cognitivos
y su activación dependen del tipo de material, de la
estrategia pedagógica propiamente dicha y de la conciencia
que el estudiante tenga de sus propias habilidades cognitivas,
es decir, acerca de la metacognición. Es por
ello que esta área de la psicología cognitiva
se convierte en un aspecto a investigar con los estudiantes,
para indagar si realmente los modelos utilizados en las diferentes
modalidades de enseñanza (presencial, a distancia y
virtual), propician en el estudiante la reflexión acerca
de sus procesos mentales y la efectividad de ellos en el aprendizaje.
La
Metacognición
Los
procesos de pensamiento al igual que la naturaleza y el desarrollo
de las habilidades cognitivas han sido examinadas desde diferentes
perspectivas: Desde el enfoque asociacionista el aprendizaje
se concibió como el resultado de asociaciones entre
estímulos y respuestas. Skinner (1957) consideraba
que los ambientes eran determinantes en el aprendizaje y no
el sujeto, conllevando esto a una educación centrada
en el docente y en los objetivos de instrucción como
componentes del ambiente en el cual se desenvuelven los sujetos
que aprenden, privilegiando los procesos memorísticos
a los procesos comprensivos. Este autor consideró que
el aprendizaje humano requiere ayuda instrumental, en este
sentido reconoce que la primera tarea de los maestros es dar
forma a las respuestas, e inducir a los sujetos a que las
expresen en forma adecuada mediante las distintas clases de
control de estímulos externos.
Por
su parte el enfoque cognitivo concibe al sujeto como participante
activo en su proceso de aprendizaje, quien selecciona, organiza,
adquiere, recuerda e integra conocimiento; desde esta perspectiva
la información es esencial, ésta información
es procesada, almacenada y posteriormente recuperada, lo que
posibilita activar procesos de organización, interpretación
y síntesis de la información que recibe, empleando
para esto una amplia gama de estrategias de procesamiento
y recuperación.
Para
esta perspectiva el papel de las inferencias en la comprensión
de textos, la evidencia de que los sujetos inventan procedimientos
para ejecutar determinadas tareas y la caracterización
de los sujetos expertos en la solución de problemas
como individuos que reformulan los mismos antes de comenzar
a trabajar en ellos, son hechos que apuntan hacia el papel
activo del aprendiz cuando adquiere nuevo conocimiento.
El
enfoque metacognitivo propiamente dicho, derivado de las
investigaciones en psicología cognitiva, se refiere
al grado de conciencia o conocimiento que los individuos
poseen sobre su forma de pensar (procesos y eventos cognitivos),
los contenidos (estructuras) y la habilidad para controlar
esos procesos con el fin de organizarlos, revisarlos y modificarlos
en función de los resultados del aprendizaje.
(Brown, 1975; Chadwick, 1988, Flavell, 1981).
Sin
embargo, respecto a la metacognición como proceso
mental, se encuentran diversos énfasis que han ido
evolucionando, en la medida del avance en las investigaciones
y aplicaciones en el área. Inicialmente surge de los
estudios realizados por Flavell (1971)(1) acerca
de los procesos de memoria. Se le atribuye a él dicho
concepto, que hoy trasciende a la psicología cognitiva
para ser abordada también desde la pedagogía,
con la intencionalidad de desarrollar "habilidades metacognitivas"
para el aprendizaje.
Los
antecedentes acerca de la metacognición se encuentran
en las investigaciones sobre metamemoria, es decir, el conocimiento
que un sujeto llega a tener de cómo funciona su memoria.
Tulving y Madigan (1969) llamaron la atención en un
aspecto que había permanecido inexplorado pero que
constituía lo exclusivamente humano acerca de la memoria,
dicho aspecto es el conocimiento y las creencias que la gente
tiene acerca de sus propios procesos de memoria. A partir
de estas investigaciones Flavell (1971) inicia sus trabajos
sobre la metamemoria de los niños, es decir, lo que
conocen acerca de sus propios procesos de memoria, para lo
cual le pedía a los niños que reflexionaran
sobre este proceso. Desde esta perspectiva llegó a
la reflexión acerca del conocimiento que los niños
tienen de sus propios procesos cognitivos, a lo cual llamó
metacognición.
Posteriormente,
abordó el problema de la metacognición,
desde las limitaciones que tienen las personas para generalizar
o transferir lo que han aprendido a situaciones diferentes
a las que han originado su aprendizaje. Estas investigaciones
planteaban la necesidad de mejorar la capacidad de memoria
y las destrezas de aprendizaje de los estudiantes. De hecho
los investigadores observaban que los sujetos mejoraban su
ejecución cuando estaban bajo el control del experimentador,
sin embargo cuando debían hacerse cargo de su propio
proceso de aprendizaje, ya no eran capaces de poner en funcionamiento
o aplicarlo en nuevas situaciones.
Esta
situación permitió formular una hipótesis
según la cual el uso de los recursos cognitivos propios
no es espontáneo, sino que se utilizan cuando se tiene
la necesidad de enfrentar tareas o problemas concretos, para
seleccionar la estrategia más pertinente a cada situación.
Para probar esta hipótesis, en las investigaciones
se incluyó la enseñanza explícita de
métodos de autorregulación que permitieran a
los sujetos el monitoreo y la supervisión del uso de
sus propios recursos cognitivos. Desde esta perspectiva se
llegó a la dimensión de la metacognición
concebida como el control de la cognición. Flavell
(1976).
| El
enfoque metacognitivo propiamente dicho, derivado de las
investigaciones en psicología cognitiva, se refiere
al grado de conciencia o conocimiento que los individuos
poseen sobre su forma de pensar (procesos y eventos cognitivos)...
|
Los
trabajos de Flavell que abordan los problemas implicados en
la generalización y transferencia de lo aprendido,
sirvieron para confirmar que los seres humanos son capaces
de someter a estudio y análisis los proceso que utilizan
para conocer, aprender y resolver problemas; es decir, pueden
tener conocimiento sobre sus propios procesos cognitivos y
además controlarlos y regularlos.
A
partir de los trabajos de Flavell, otros autores han realizado
sus propias definiciones de lo que para ellos es la metacognición
y sus componentes, es así como para Antonijevick y
Chadwick (1981-1982) metacognición es el grado
de conciencia que tenemos acerca de nuestras propias actividades
mentales, es decir, de nuestro propio pensamiento y aprendizaje.
Para
Costa, la capacidad metacognitiva es un atributo del
pensamiento humano que se vincula con la habilidad que tiene
una persona para: (a) conocer lo que conoce; (b) planificar
estrategias para procesar información; (c) tener conciencia
de sus propios pensamientos durante el acto de solución
de problemas; y (d) para reflexionar acerca de y evaluar la
productividad de su propio funcionamiento intelectual.
De
otra parte, Chadwick (1985) denomina metacognición
a la conciencia que una persona tiene acerca de sus procesos
y estados cognitivos; para este autor, la metacognición
se divide en sub-procesos; por ejemplo, meta-atención
la cual se refiere a la conciencia que tiene la persona de
los procesos que ella usa para la captación de información.
La meta-memoria, que se refiere tanto a los conocimientos
que tiene un sujeto de los procesos que él implica
en el recuerdo de la información, como a la información
que tiene almacenada en la memoria (contenidos de memoria);
es decir, la conciencia de lo que conoce y de lo que no conoce.
Para
García y la Casa (1990) la metacognición
tiene que ver con el conocimiento que una persona tiene de
las características y limitaciones de sus propios recursos
cognitivos y con el control y la regulación que ella
puede ejercer sobre tales recursos.
Baker
y Brown (1982) plantean dos componentes de la metacognición:
el conocimiento acerca de la cognición y la regulación
de la cognición. El conocimiento acerca de la cognición
se refiere al conocimiento sobre las fuentes cognitivas y
la compatibilidad que hay entre las demandas de la situación
de aprendizaje y los recursos de los individuos para aprender,
mientras que la regulación de la cognición está
conformada por mecanismos autorreguladores que se utilizan
durante el proceso de aprendizaje.
Para
Campione, Brown y Connell (1989), la metacognición
comprende tres dimensiones: Una tiene que ver con el conocimiento
estable y consciente que las personas tienen acerca de la
cognición, acerca de ellos mismos como aprendices o
como solucionadores de problemas y sus recursos para resolverlos,
además la estructura del conocimiento en el que están
trabajando. Otra es la autorregulación, el monitoreo
y el ordenamiento por parte de las personas de sus propias
destrezas cognitivas. La última dimensión tiene
que ver con la habilidad para reflexionar tanto sobre su propio
conocimiento como sobre sus procesos de manejo de ese conocimiento.
Según
Haller, Child y Walberg (1988) la capacidad metacognitiva
supone la posesión de un conjunto de procesos de control
de orden superior que se usan durante la ejecución
de planes de acción cognitiva o durante los procesos
de toma de decisiones, para manejar los recursos cognitivos
que uno posee y aplica durante el procesamiento de información.
Desde
la perspectiva de Nickerson (1988) se reconocen básicamente
dos dimensiones en la metacognición: una dimensión
hace referencia al conocimiento acerca de sus procesos de
pensamiento humano en general y de sus propios procesos de
pensamiento en particular; es decir, de sus propias fuerzas
y debilidades como pensador, de los recursos cognitivos propios.
La otra dimensión se refiere a la capacidad de toda
persona para el manejo de los recursos cognitivos que posee
y para la supervisión y evaluación de la forma
como invierte tales recursos en su propio desempeño
cognitivo.
Por
ello Ríos (1990) argumenta que la complejidad de la
metacognición se debe a que ella implica conocimiento
y control de estrategias cognitivas, las cuales a su vez,
constituyen combinaciones de operaciones intelectuales que
no son otra cosa que acciones cognitivas internas mediante
las cuales el sujeto organiza, manipula y transforma la información
que recibe del mundo.
Las
diferentes perspectivas desde las que se ha abordado la metacognición,
antes que ser contradictorias tienden a enriquecer su comprensión
y a profundizar en una serie de operaciones cognitivas ejercidas
por el sujeto para recopilar, producir y evaluar información.
Así también, como controlar y autorregular el
funcionamiento intelectual propio. De todas maneras parece
haber cierto acuerdo en cuanto a que la metacognición
es un constructor tridimensional que abarca tres aspectos:
la conciencia acerca de los procesos cognitivos, el monitoreo
(supervisión, control y regulación) y la evaluación
de dichos procesos.
Componentes
y Habilidades Metacognitivas
Las
habilidades metacognitivas son aplicables no sólo
a la lectura sino también a la escritura, el habla,
la escucha, el estudio, la resolución de problemas
y cualquier otro dominio en el que intervengan procesos cognitivos.
La metacognición genera aprendizaje autónomo.
Los
componentes de la metacognición están
descritos de muchas maneras y no hay un consenso general al
respecto; así: Flavell (1978) enfatiza el conocimiento
acerca de la persona, la tarea y la estrategia. Brown (1978)
enfatiza la planeación, el monitoreo y la revisión.
Desde el punto de vista de Paris y Winogra (1988), los aspectos
primarios de la metacognición son: conocimiento
y control de sí mismo, y conocimiento y control del
proceso. El conocimiento y control de sí mismo implica
compromiso, actitudes y atención.
El
compromiso de los estudiantes con las tareas académicas
es un determinante primordial de su logro. El compromiso no
es algo fuera del control del sujeto; éste decide comprometerse
con su trabajo o no comprometerse. Las actitudes están
estrechamente relacionadas con el compromiso cuando realizamos
tareas. La Atención es la última área
de autorregulación en la metacognición,
es darse cuenta y tener control de nuestro nivel de atención.
Al igual que en el compromiso y las actitudes, mucha gente
equivocadamente cree que la atención está más
allá de su control. Hay sin embargo, dos tipos básicos
de atención: automática y voluntaria. La atención
automática es reflexiva, una reacción. La atención
voluntaria está bajo control consciente y es activa
en lugar de pasiva. Para estos autores es importante monitorear
y controlar el compromiso, las actitudes y la atención.
Acerca
del conocimiento y el control del proceso, estos autores hacen
énfasis en dos elementos fundamentales: los tipos de
conocimientos importantes en la metacognición
y el control ejecutivo del comportamiento. Entre los tipos
de conocimientos importantes están, el conocimiento
declarativo, procedimental y condicional o contextual.
| ...los
aspectos primarios de la metacognición son: conocimientos
y control de sí mismo, y conocimiento y control
del proceso. El conocimeitno y control de sí mismo
implica compromiso, actitudes y atención. |
El
conocimiento declarativo es factual, esta información
hace referencia al "que". El conocimiento procedimental
incluye información acerca de las diferentes acciones
que deben ser ejecutadas en una tarea, es saber "cómo".
El conocimiento condicional se refiere a saber "por qué"
esta estrategia funciona, y saber cuando utilizar una estrategia
en lugar de otra.
Para
poder ejercitar control metacognitivo sobre un proceso
los estudiantes deberían saber qué hechos y
conceptos son necesarios para la tarea; cuáles estrategias,
heurísticas o procedimientos son apropiados (conocimiento
condicional); y cómo aplicar la estrategia elegida,
procedimiento o heurística.
Respecto
al control ejecutivo del comportamiento este incluye: evaluación,
planeación y regulación. La evaluación
hace referencia al estado actual del conocimiento que tiene
el estudiante, ésta acompaña todo el proceso
e incluye valorar si se poseen los recursos necesarios para
una tarea. La planeación incluye seleccionar deliberadamente
las estrategias para lograr metas específicas. La regulación
incluye revisar el progreso hacia las metas y submetas identificadas.
Flavell,
(1981) Describe la metacognición en dos componentes:
El
saber acerca de la cognición: El saber acerca de
la cognición se refiere a la capacidad de reflexionar
sobre nuestros propios procesos cognitivos. Éste comprende:
(a) Las características de los sujetos que aprenden;
(b) Las particularidades de una tarea cognitiva y (c) el uso
de estrategias para realizar una tarea.
La
regulación de la cognición: Implica el uso
de estrategias tales como: (a) planeación de
nuestros
movimientos; (b) verificación de resultados; (c) evaluación
de la efectividad; (d) validación y modificación
de nuestras técnicas de aprendizaje.
Si
bien los autores antes mencionados, abordan estos elementos
como componentes, otros autores los definen como habilidades
metacognitivas, haciendo algunas modificaciones en
su categorización.
Es
así, Weinstein y Mayer (1986), elaboran las siguientes
categorías como habilidades metacognitivas:
1.
Planear el curso de la acción cognitiva, es decir,
organizar las estrategias cuyo desarrollo conduzca al logro
de alguna meta.
2.
Tener conciencia del grado en el que la meta está siendo
o no lograda.
3.
Modificar el plan o la estrategia que haya sido implementada,
cuando no esté resultando efectiva para alcanzar la
meta fijada
En
este mismo sentido, Bransford, Sherwood, Vye y Rieser (1996),
consideran importante incluir:
1.
La habilidad para usar lo que se conoce, es decir, utilizar
de manera espontánea los conocimientos previos que
se poseen.
2.
Acceder a la información relevante y pertinente para
realizar una tarea o resolver un problema.
De
otra parte Kagan y Lang (1988), las habilidades metacognitivas
se ubican en las siguientes dimensiones:
1.
La supervisión: implica la capacidad de reflexionar
sobre las operaciones mentales que están en marcha
y examinar sus consecuencias. Este proceso se evidencia cuando
una persona que está abocada a solucionar un problema
o realizar una tarea intelectualmente exigente, piensa acerca
de su conducta y es capaz de ejercer control sobre sus propios
procesos cognitivos.
2.
Regulación y control: una vez se ha detectado
el problema a resolver: (a) se observa dicho problema y se
ajustan los esfuerzos cognitivos que hay que desarrollar.
(b) Se mantiene una flexibilidad de pensamiento, de modo que
sea posible ensayar diferentes opciones para la solución
del problema, sin apegarse a una sola de dichas opciones.
Esto le permite abandonar rápidamente las soluciones
incorrectas e ineficientes y reemplazarlas por otras mejores.
(c) Se elaboran planes de acción cognitiva, es decir,
diseñar estrategias que eventualmente podrían
conducir a solucionar el problema que se está tratando
de resolver. (d) Mantener la atención enfocada hacia
el problema, y evitar distraerse por factores externos o internos
que nada tienen que ver con el asunto. (e) Cuando el problema
se vuelve difícil, se debe controlar la ansiedad y
la angustia que podría agregar obstáculos al
problema e impedir que se logre su solución.
3.
Conocimiento del conocimiento: Esta dimensión
supone la existencia de un conjunto de procesos que le permiten
a la persona mantenerse enterado (tener conciencia) de sus
propios recursos intelectuales: (a) Relaciona la información
previa que tiene del tema o del problema, esto le permite
vincular los componentes del problema con categorías
conceptuales más amplias a las que pertenecen y organizar
la información actual con la que ya posee de manera
coherente. (b) Reconocer la existencia de un problema en una
situación que puede parecer irrelevante.
Desde
el proceso de la investigación que se está llevando
a cabo en la Universidad Tecnológica de Pereira, "Procesos
metacognitivos, una
experiencia desescolarizada con el empleo de medios virtuales",
se ha abordado el estudio de las habilidades metacognitivas,
entendidas como una tendencia general o predisposición
para analizar, tanto las tareas como las respuestas y reflexionar
sobre las consecuencias de dichas respuestas. Estas habilidades
se han categorizado como:
1.
Planeación: Actividad "previa a la ejecución
de una determinada tarea y que incluye el diseño de
una heurística que prevea el posible rumbo de las acciones
y estrategias a seguir".(2) Esta actividad
incluye evaluar la tarea, teniendo en cuenta el conocimiento
acerca de la misma, su dificultad y los recursos cognitivos
que se poseen para enfrentarla, de tal manera que posibilite
realizar secuencias organizadas de acción.
2.
Accesamiento: Hace referencia a la búsqueda, selección,
organización y utilización adecuada de "información
relevante o pertinente para realizar una tarea o resolver
un problema".(3) Esta habilidad está
relacionada con la planeación, el control y la evaluación
de materiales y textos; pues en la medida que el estudiante
sea capaz de elegir entre un cúmulo de información
aquella que requiere y complementa el desarrollo adecuado
de la tarea logrará sus propósitos de aprendizaje.
3.
Control: Proceso "que se establece desde el momento en
que se inicia la ejecución de las acciones o tareas
y que puede manifestarse en actividades de verificación,
rectificación y revisión de la estrategia empleada".(4)
| ...el
estudio de las habilidades metacognitivas, entendidas
como una tendencia general o predisposición para
analizar, tanto las tareas como las respuestas y reflexionar
sobre las consecuencicas de dichas respuestas.
|
El
control implica darse cuenta si se está llevando a
cabo el plan que se había trazado y si las estrategias
son las más adecuadas para la realización de
la tarea. Durante este proceso el estudiante decide si debe
o no transformar su plan y sus estrategias, además
si está lo suficientemente motivado para hacerlo. En
este sentido se plantean dos componentes del control: uno
de carácter externo y otro de carácter interno.
El primero hace referencia al plan de trabajo elaborado, las
estrategias utilizadas y la organización del material
pertinente para resolver la tarea. El segundo hace referencia
a los esfuerzos cognitivos necesarios para resolver la tarea,
entre ellos están el nivel de motivación que
el sujeto tiene frente a la tarea, sus niveles de atención
y la comprensión del material con el que se enfrenta
y el control de la ansiedad cuando las estrategias no estén
dando el resultado esperado.
Ambos
componentes del control le permitirán al estudiante
mantener una actitud de flexibilidad mental, de tal manera
que pueda ensayar diferentes opciones para resolver la tarea
eligiendo la que considere de mayor pertinencia para lograr
sus propósitos.
4.
Evaluación: Actividad «que permite contrastar
los resultados con los propósitos definidos con anticipación».(5)
Esta habilidad implica tanto la valoración de los resultados
de la estrategia utilizada en términos de su eficacia
(Brown, 1987), como la valoración de las actividades
mentales que se están llevando a cabo.
Es
por ello que el estudiante cuando desarrolla esta habilidad
realiza una evaluación diagnóstica para determinar
el curso de su planeación y las estrategias a utilizar,
posteriormente realiza una evaluación de seguimiento
para valorar la eficacia del plan y las estrategias y replantearlas
de ser necesario. Por último realiza una evaluación
de resultados que le permite constatar el logro de las metas
propuestas.
Implicaciones
Educativas
Si
la metacognición implica tener conciencia de
las fortalezas y debilidades del funcionamiento intelectual,
dicha conciencia debería llevar a explotar como dice
Nickerson (1984) las fortalezas, compensar las debilidades
y evitar los errores más comunes. De igual manera Baker
(1982), sostiene que los déficits metacognitivos
que exhibe una persona en un dominio particular del conocimiento,
causan déficits en su ejecución respecto a dicho
conocimiento, entonces se hace probable que al incrementar
las habilidades metacognitivas del sujeto, éste
mejore su aprendizaje y por lo tanto su ejecución desde
el conocimiento concreto.
De
igual manera Pozo (1990) afirma que si una persona tiene conocimiento
de los procesos psicológicos propios, podrá
usarlos más eficaz y flexiblemente en la planificación
de sus estrategias de aprendizaje; es decir, las secuencias
de procedimientos y actividades cognitivas que se integran
con el propósito de facilitar la adquisición,
almacenamiento y utilización de la información
(P.201); en tal sentido estaría en capacidad de desarrollar
habilidades metacognitivas que en últimas le
posibilitarían aprendizajes de mayor calidad.
La
metacognición para el profesor y los estudiantes
significa que "el énfasis en el autocontrol y la
responsabilidad de los alumnos puede ser abierto y directo.
Los alumnos pueden aprender que el automonitoreo es una habilidad
de alto nivel, valiosa. Pueden desarrollar sistemáticamente
un compromiso, y una actitud personal y positiva hacia el
aprendizaje, y atención a través de la introspección
y la práctica".(6)
Esto
implica que el aprendizaje no ocurre automáticamente
sino que se debe principalmente al procesamiento activo de
la información por parte de los estudiantes. Lo anterior
significa que los procesos cognitivos constituyen factores
mediadores de su aprendizaje; es decir, los efectos de la
enseñanza sobre la ejecución están mediados
por los procesos cognitivos.
En
su conjunto, las acciones que conforman la ejecución
académica, teóricamente, tienen como propósito
el logro de alguna meta; ésta puede ser de tipo psicológico
(generada por fuerzas internas al individuo); o, de tipo normativo
(generada por fuerzas que le son externas). El logro exitoso
de la meta está vinculado con la calidad de la ejecución
intelectual la cual, a su vez, está condicionada por
un conjunto de factores relacionados con el individuo, con
el medio en el cual éste está inserto y con
la propia meta.
En
el caso específico de las tareas de tipo académico
que tienen como meta la adquisición y/o aplicación
del conocimiento correspondiente a determinada rama del saber,
pueden ser identificadas dos clases de acciones cognitivas
que, según Fuenmayor y Mantilla (1988) cumplen con
funciones específicas como: acciones cognitivas que
sirven para facilitar el procesamiento de la información
que se recibe; y acciones de automanejo que sirven para mantener
y enriquecer la atención, el esfuerzo y el tiempo que
se dedica al aprendizaje; estas últimas son algunas
de las funciones cumplidas por los procesos metacognitivos
que tiene potencial incidencia sobre la ejecución académica
de un estudiante.
Esto
refuerza lo que ya se ha dicho en torno a que las diferencias
en cuanto a la ejecución académica, observables
entre dos sujetos con igual conocimiento previo, podrían
ser explicadas en términos de las diferencias que ellos
presentan en cuanto al manejo de dicho conocimiento; ello
es así porque la competencia en la solución
de problemas y en otras tareas académicas que demandan
algún esfuerzo intelectual, deriva no sólo del
conjunto de conocimientos, conceptos y reglas, que previamente
haya adquirido una persona sino, además, de su habilidad
para reconocerlos y activarlos cuando se tiene necesidad de
ello.
Con
lo anterior se pone de manifiesto que los procesos de pensamiento
de un individuo pueden ser organizados en dos conjuntos interactuantes,
uno que abarca la colección de esquemas, conceptos,
símbolos y reglas que han sido aprendidos en un dominio
teórico específico; y otro que está constituido
por un conjunto de mecanismo de control ejecutivo que ejercen
una especie de supervisión sobre estas unidades y procesos
de cognición con el fin de:
1.
Conservar información acerca de lo que ha sido aprendido.
2.
Orientar la búsqueda de soluciones.
3.
Conocer cuando se ha alcanzado la solución
Para
autores como Kagan y Lang (1978), son estos mecanismos ejecutivos
de control y supervisión los que permiten al estudiante
cuando soluciona problemas, reflexionar sobre sus propias
acciones cognitivas y sobre las consecuencias de las mismas.
En efecto, para estos autores, las personas que han desarrollado
habilidades metacognitivas o de control ejecutivo,
mientras están dedicadas a la solución de un
problema o a la realización de alguna otra tarea intelectualmente
exigente, son capaces de pensar acerca de su acción
cognitiva ; además, piensan activamente acerca de lo
que ellos están haciendo, y son capaces de ejercer
control sobre sus propios procesos cognitivos. El mejoramiento
académico sustancial que se derivaría como consecuencia
de hacer a las personas más conscientes de su desempeño
cognitivo propio, es una de las razones que convierte a la
metacognición en un área de interés
a nivel universitario.
En
el marco de esta perspectiva se trata de indagar acerca de
la metacognición y su relación con el
rendimiento académico en las diferentes áreas,
de los estudiantes de la universidad, el cual podría
estar asociado con un funcionamiento metacognitivo deficiente;
por esto último se entiende: (a) la no activación
de los procesos cognitivos o procesos intelectuales de orden
superior que son demandados por las tareas académicas
que le son planteadas (en particular la resolución
de problemas); y (b) la falta de conciencia en relación
con estos mismos procesos, es decir, el estudiante no tiene
conciencia de cómo, intelectualmente hablando, aborda
los problemas y, en consecuencia, no puede ejercer control
ni supervisión alguna sobre dichos procesos. Como puede
inferirse, las características del estudiante que afectan
su rendimiento no son sólo el repertorio de habilidades
y conocimientos previos que posea, sino también el
conocimiento y control que pueda ejercer sobre sus procesos
cognitivos, es decir, de sus habilidades metacognitivas
(Martín y Marchesi, 1990; p. 37).