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Las ideas son superiores a los hombres
John Harold Giraldo Herrera
Docente Universidad Tecnológica de Pereira
Escuela de Español y Comunicación Audiovisual
haroldgh@utp.edu.co
El séptimo arte sirve para múltiples propósitos. La industria mueve muchísimas cantidades de dinero, es una forma mediática de establecer vínculos comunicativos y culturales entre los pueblos, es un formato para desplegar historias de todo tipo, en fin… en el cine diversas intenciones, desde la más simple como distraerse se ponen de manifiesto. De tal manera, que la película V de Venganza cuenta con una muy particular: poner a pensar a sus espectadores acerca de las realidades políticas de las naciones de nuestros días.
Su marco futurista -2025- nos muestra una sociedad gobernada por el imperio de la imagen por medio de una red superior a la de Internet de la cual se valen los líderes para establecer la propagación de sus ideas. De igual modo la forma de operatividad de la seguridad es rígida, la mano dura, la firmeza se hace sin ninguna contemplación y por eso su mejor método es el miedo como arma de sometimiento. Las libertades individuales se ven suprimidas, la homofobia es alta, por lo que es una sociedad manejada con un tono de fascismo y donde la ultraderecha se jacta de su orden y hacen cualquier cosa por sostenerlo.
Pero un enmascarado, al cual nunca se le conocerá su rostro, pero si su historia: fue un ratón de laboratorio, un conejillo de indias, al que le aplicaron varios virus, y mientras muchos de los que fueron inyectados morían letalmente, este se hacía inmune. Los virus fueron creados por el Estado para causar alarma, tensión y magnicidios en la población y acusar a los pueblos orientales de haberlos creado. Sin embargo, V como se hace llamar, no es la perpetuación de un superhéroe, ni la idealización de un superhombre, es la trascendencia de las ideas, pues la evocación de uno de los hombres históricos del Reino Unido, el polémico Guy Fawkes quien pretendía hacer estallar el edificio del parlamento británico es el trasfondo para que V siga sus ideas y logre el cometido. Por lo que las ideas se muestran como los actores protagónicos y antagónicos, a pesar de que hay unos nombres de sus participantes quedan relegados, pues el simbolismo principal reside en el despliegue de ideas expresadas: las de los partidarios del gobierno quienes agencian y arrecian con toda voracidad y utilizan procedimientos perversos para llevar a cabo su régimen y como las de V y su acompañante casual Evey, quien realiza un papel bastante complejo porque en un momento dado es raptada y soporta el castigo de la tortura, pero es provocada por V como una forma de templarle su carácter, al tiempo que las perspectivas del espectador cobran un clímax y una zozobra mental.
Su escenografía, así como su banda sonora y los efectos persuasivos hacen que el espectador quede atrapado por 135 minutos en una película que pone a pensar acerca de la aplicación de la violencia: de un lado quienes se valen de ella para el sometimiento y por el otro quienes la emplean para liberarse de los yugos de opresión. V de venganza es virtuosa, valida para el vivir de nuestros días, donde verla se convierte en una valiosa vicisitud para el pensamiento. Los hombres mueren pero las ideas no. Así los hermanos Wachowski como guionistas –los mismos de la trilogía de Matriz- presentan la relevante adaptación cinematográfica de un célebre cómic publicado en los años 80.
La polémica de la película no se ha hecho esperar, pues en Londres se tuvo que aplazar el estreno a causa de unos atentados terroristas a los trenes. No obstante antes de juzgarla como un material nocivo por su contenido y lo escandaloso de querer volar el parlamento británico por medio de un tren: algo bastante sugestivo de tratar desde una visión donde los espectadores sienten simpatía por el enmascarado y salen perplejos ante el sistema de dominación imperante. Tal parece ser que además de los rubros jugosos que mueve el cine se esta colocando la posibilidad de encuadrar unas cuantas ideas que salpican el pensar.
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