LA POSIBILIDAD DEL SENTIDO  

Estamos asistiendo a un desarrollo infinito del arte, a una Especulación total sobre los valores estéticos, paralela a la especulación en el mercado del arte. Pero seguimos entonces jugando el mismo juego y pensamos para nosotros que nada ha cambiado, buscando darle cuerpo, situar esa “parte maldita”, consustancial a la propia vida humana, que nos redime de cualquier responsabilidad. Acudimos a la nostalgia para darle un barniz de coherencia a la continuidad de los acontecimientos, pero en el fondo sabemos, parafraseando a Baudrillard que “no todo puede ser útil y consumido, Hace falta un desperdicio, no todo puede ser moralizado y racionalizado, hace falta lo inmoral, no todo puede ser dicho, hace falta el silencio, no todo puede ser memorizado, hace falta el olvido”.

Las operaciones en lo artístico siempre han tenido una doble consideración; por un lado la continuidad, el camino seguro en la nostalgia por la tradición, en la repetición incesante de los venerados íconos sobre cuya trama se ha levantado el modelo de belleza y estabilidad. Por otro lado el viaje, el salto, “la experiencia de la otra orilla” de la que habla Suzuki en sus ensayos de budismo zen, ese espacio desconocido donde belleza y horror son equivalentes, donde buscamos darle un sentido nuevo a lo sagrado: la experiencia de lo Otro.

No en vano la recuperación del ceremonial, el rito iniciático, la magia, son signos evidentes de esta época; en esa búsqueda desesperada del indicio, recordamos al primitivo que aún habita en nosotros: ese otro es también yo. Su encuentro explica la sospecha inicial de temor y fascinación, es finalmente el regreso a aquello de lo que fuimos arrancados.

Pereira Cultural No 18