Danilo
Marcondes de Souza Filho Traducción y adaptación del texto en inglés Dialogue Breakdowns Rafael Areiza Londoño
Pretendo examinar aquí varios tipos de problemas en la lingüística del uso que causan rupturas en el diálogo, impiden que la comunicación se lleve a cabo, o infringen la función cooperativa del discurso. Examinaré las causas y las consecuencias de estos problemas. Trataré, luego de desarrollar, de otra manera, algunos aspectos de la doctrina de Austin relacionada con los infortunios. Mi idea básica es que la investigación dé las razones de porqué el diálogo se rompe en estos casos y se interrumpe la comunicación, nos permitirá mirar por dentro la naturaleza y la estructura del uso del lenguaje. Desde Platón, el diálogo ha jugado un papel central en el método filosófico. En efecto, es en un sentido la posibilidad de decidir sobre asuntos importantes y solucionar conflictos, por medio de un diálogo de argumentos, o de una discusión racional en la cual los argumentos se exponen y se llega a un consenso, todo lo cual caracteriza la práctica de la filosofía en la Antigua Grecia. Los filósofos discutían los criterios de una argumentación correcta y legítima, y trataban de establecer definiciones de términos y conceptos polémicos que ofrecían alguna posibilidad de dudas (véase los trabajos de Platón, principalmente Gorgias y la Séptima Carta). Hoy en día, la filosofía lingüística le ha puesto mucha atención al uso del lenguaje en la comunicación, investigando su estructura, sus reglas y convenciones, el contexto en el que se realiza y las condiciones bajo las cuales la gente actúa en una determinada situación de habla. El diálogo es por lo tanto todavía de gran importancia desde el punto de vista filosófico. Y lo es en dos aspectos: primero, como una herramienta de la filosofía - es decir, el análisis y la reflexión filosófica tienen la forma de un diálogo. Sus tesis se exponen como aserciones para justificarse, controvertirse, desarrollarse y ser dejadas como un campo abierto para la discusión encaminada al perfeccionamiento de la comprensión de nosotros mismos, de nuestra existencia social y de la realidad. Segundo, como el uso del lenguaje en la comunicación es objeto de investigación de la filosofía lingüística, en si mismo, el análisis filosófico se caracteriza como una razón y una interpretación de las condiciones de la posibilidad de su uso y de sus implicaciones y su significación global, es decir de lo que sucede cuando ocurre un intercambio lingüístico un diálogo. Esto se presupone en todo análisis conceptual realizado por los filósofos del lenguaje en la tradición del segundo Wittgenstein, Austin, Ryle y otros. Además como Habermas (1970) señalaba, el diálogo es el caso paradigmático de toda posible situación de habla. Tiene un papel normativo en el uso del lenguaje, en cuanto a que su naturaleza cooperativa es la característica determinante del lenguaje (véase Grice 1975; Lewis 1969). Uno de los principales aspectos que se pretende argüir aquí es precisamente esta concepción de lenguaje como poseedor de una naturaleza cooperativa básica y en qué sentido y en qué medida se puede decir que sea cierto. Para los propósitos de este trabajo, me concentraré en unos casos específicos de rupturas del diálogo, en el cual algo falla, la comunicación se interrumpe y no ocurre como se tiene prevista. Comencemos haciendo distinciones básicas y planteando unos criterios generales; consideraré con mayor detalle unos pocos ejemplos como casos paradigmáticos, esperando obtener algunas conclusiones las cuales darán luces acerca de las condiciones bajo las cuales el diálogo es efectivo. Excluiré de esta discusión todos los casos de perturbación sicológica tales como sordez, mudez, desórdenes mentales etc.; así como impedimentos físicos y ambientales de la conversación y el diálogo tales como el ruido, la distancia, accidentes, etc., concentrándome en aquellos casos que sean relevantes desde una perspectiva filosófica. Podemos empezar haciendo unas preguntas generales tales como: ¿por qué consideramos que algo no funciona bien o algo falla en ciertos casos en la comunicación? ¿Qué es exactamente lo que falla cuando hay una ruptura en el diálogo?. Al tratar de encontrar una respuesta a estas preguntas se nota inmediatamente que una ruptura, o una falla es caracterizada en relación con criterios que se originan en un conjunto de normas, convenciones, reglas y casos paradigmáticos que gobiernan el hablar y el uso del lenguaje. Me parece, sin embargo, que un análisis pragmático debería tener en cuenta el hecho de que en nuestros usos diarios del lenguaje, muchas reglas normales convenciones se obedecen muy laxamente y algunas veces se ignoran del todo; pero a pesar de ello, aunque la comunicación se desvía del modelo ideal, ella se sigue dando. Hay casos, sin embargo, en los cuales se puede decir que fracasa la comunicación, hasta cierto punto tal vez, y estos son exactamente los casos que me interesan en este trabajo. No es el propósito desarrollar una relación de estas rupturas o formular una taxonomía o tipología de tales casos. Lo que se espera es examinar en términos generales, a partir de la discusión de algunos ejemplos, lo que sucede cuando el diálogo se rompe. Podemos contrastar una concepción teórica, ideal de lenguaje normal en el cual los hablantes tienen control sobre las reglas y convenciones sintácticas, semánticas y pragmáticas; en el cual el hablante y el oyente tienen igual acceso a estas reglas y a la realización de actos de habla, y en el que el significado de las palabras y expresiones y las reglas de uso sean transparentes. Este lenguaje se desvía de muchas maneras y en diferentes grados de nuestro modelo; tales desviaciones serán ideolectos, jergas, actos indirectos de habla, implicaturas, producción de oraciones incompletas, etc., incluyendo, omisiones, supresiones y una variedad de otros factores que interfieren el intercambio lingüístico. Se presuponen reglas y convenciones que también son deformadas. Hay casos en el uso de la lengua en los cuales el diálogo, o más ampliamente hablando, el juego de lenguaje, satisface nuestros criterios de coordinación y conflicto al mismo tiempo. En estos casos, podemos hacer una distinción de niveles, reconociendo la clase de ruptura que ocurre, determinando los niveles en los que puede ocurrir tanto la ruptura como la falla y explicando las causas de las rupturas recurriendo al diálogo de los participantes en las partes que coinciden y en aquéllas que no. Ignoraré aquellos casos de ruptura absoluta y me concentraré en los que la ruptura es parcial, limitada a algunos aspectos de la comunicación. Estos pueden ser los casos de la manipulación, de la mala interpretación de la intención y de la fuerza ilocucionaria, de oposición de propósitos en la comunicación o de contradicción entre objetivos divergentes al realizar un acto de habla o al participar en el juego de lenguaje. Primero, haré unas pocas distinciones básicas. No todos los errores en el habla causan rupturas del diálogo y no todas las rupturas son de interés de la filosofía. Para caracterizar un colapso en la comunicación, se tiene que mostrar que algo falla no sólo en el lenguaje (es decir en las convenciones fonológicas, sintácticas y semánticas), sino también en las reglas y circunstancias que norman la situación de habla. Un lapsus linguae, por ejemplo, es la muestra de un caso en el cual el agente de la comunicación dice algo que no pretendía. Pero ¿cómo son posibles tales actos?. Como primero, parece contradictorio que un hablante diga algo que no pretendía. Desde un punto de vista sicológico, podemos considerar casos en los cuales hay discrepancia entre lo que se dice y lo que se pretendía decir, debido a deseos inconscientes del hablante; es decir, hay conflicto entre lo consciente y lo inconsciente. Para Freud, los lapsus linguae inconscientes revelan pensamientos represa dos subyacentemente. Hay casos de significados no intencionales en los cuales el lenguaje pone en evidencia la intención oculta del hablante: algo que no debería decirse, se dice, generando conflicto. Sin embargo, en otros casos, el conflicto entre el hablante y el oyente puede ocultarse por parte del hablante utilizando algunas características del lenguaje para enmascarar el conflicto, usando otras peculiaridades del lenguaje que le permiten lograr el objetivo de engañar al oyente. El siguiente ejemplo puede explicar más ampliamente este hecho. Freud (1976) fue el primero en estudiar la manifestación de la neurosis y la sicosis en el habla. Posteriormente estudiosos como Lorenzer (1970, 1973) investigaron la terapia sicoanalítica en términos de la comunicación, preguntándose cómo un sicoanalista decodifica los significados incomprensibles en el discurso de sus pacientes. De acuerdo con estos autores, la comunicación puede ser sicológicamente distorsionada cuando el contenido de un acto de habla realizado, tomado en si mismo, es incomprensible en una situación de habla específica; es decir, el lenguaje, o mejor, un área del lenguaje del hablante se ha hecho íntimo y permanece inaccesible hasta para el propio hablante, a quien sin embargo se le debe atribuir. En el caso de las inhibiciones, por ejemplo, los actos de habla realizados al interior de un juego de lenguaje específico son distorsionados síntomas que reemplazan el significado excluído (represado). Sin embargo, lo que se represa para comunicarse no es totalmente excluído; por el contrario, una forma del lenguaje privado, de seudocomunicación, entra en acción. Examinando la literatura sobre estudios lingüísticos sobre el uso anormal del lenguaje, se ve que la gran mayoría de estos estudios se concentran en los aspectos fonéticos de las alteraciones del habla (véase Fromkin 1973). Estos estudios apuntan a una descripción de casos del habla defectiva (anormal), estableciendo patrones y regularidades de ocurrencias y clasificándolas. Analizan las maneras como los errores del habla (es decir, las emisiones que de una u otra manera se desvían del enunciado que se intenta producir) permiten mirar desde el interior la naturaleza del lenguaje y la estructura de la conducta lingüística. Un análisis filosófico, sin embargo, aborda estos problemas, tratando de revelar los motivos y las consecuencias y de explicar su significado y relevancia para la comprensión del lenguaje como medio de interacción en un contexto social para entendernos e interpretar el mundo que nos rodea. Teniendo en cuenta estas consideraciones, examinemos unos ejemplos. La discusión de estos ejemplos no es exhaustiva; dado que está muy lejos de los propósitos de este trabajo y de mis posibilidades explicar todos los casos de ruptura y fallas en la comunicación, sólo examinaré un número reducido de aspectos filosóficos. En el habla corriente, cuando se observa el uso del lenguaje y los muchos juegos de lenguaje que son parte de nuestra existencia diaria, nos encontramos con frecuentes interrupciones de varios tipos en el flujo del intercambio lingüístico. Parapraxias tales como paralalias o parafrasias (el uso de palabras incorrectas o no existentes), afasia nominal (el uso de expresiones como Como quieras llamarlo) son ejemplos muy comunes. Ellas no llegan a ser rupturas en la comunicación, pero pueden constituirse en interrupciones a las cuales estamos acostumbrados. Expresiones como Do you follow me? (¿Me sigue?) what do you mean by that? (¿Qué quieres decir con eso?) o I lost track of what you were saying (me perdí) son ejemplos de interrupciones en el diálogo que no caracterizan una ruptura sino más bien un intento de restablecer la comprensión mutua. Representan la posibilidad para los participantes en una situación de comunicación de referirse a su propio intercambio lingüístico, cuando se siente el riesgo de una ruptura debido a una falta de claridad. Expresiones como I dont want to overstate the case, but ... (no quiero exagerar pero...) I dont want to interrupt, but ... ( no quiero interrumpir, pero ...) No offense meant (no quise ofender) son expresiones de declinación, es decir una clase de movidas preventivas cuya función es mantener el balance en el intercambio atenuando posibles efectos perlocucionarios no deseados. Son maneras de decir cosas que pueden no ser muy bien acogidas y causar ruptura, pero deben ser dichas. No son exactamente fallas en la comunicación sino que más bien representan una interrupción en el flujo del habla normal, precisamente para evitar posibles rupturas o conflictos debido a la falta de claridad o mala interpretación del fin ilocutivo y su fuerza. Me gustaría examinar tres casos que pienso que caracterizan muy claramente una ruptura en la comunicación y una violación de algunos principios pragmáticos. Estos ejemplos son tomados de los trabajos de George Orwell, 1984 (1970), Lewis Caroll, A través del espejo (1963) y Sigmund Freud, El chiste en su relación con el inconsciente (1976). Trataré de analizar las diferentes maneras de cuál de estos casos puede considerarse como ruptura del diálogo, o casos en los cuales el intercambio lingüístico no puede calificarse de cooperativo. En uno de sus primeros ensayos La Política y el Idioma Inglés, Orwell (1962) había criticado los muchos abusos que él había encontrado en el uso corriente del Inglés. Denunciaba especialmente el uso de jerga y de palabras que consideraba vacías en el periodismo, en la crítica, en el discurso político, así como el uso de metáforas gastadas y palabras pretenciosas, usadas a menudo para crear un aura de cientifismo, de seriedad y respetabilidad, cuando en verdad servían para ocultar la pobreza o la deshonestidad de lo que realmente se dice; a menudo estas estratagemas se usan con la intención de engañar. Sin embargo, es en su novela 1984 en la que Orwell critica con mayor agudeza. Hay una alegoría de una sociedad autoritaria, del futuro, en la cual se describe un lenguaje artificial - Newspeak destinado a reemplazar el lenguaje original - Oldspeak -. El trabajo de Winston Smith - el personaje central - es traducir ediciones viejas de The Times a Newspeak para falsear los documentos en los cuales se basa la historia. Este idioma está construído de manera tal que casi elimina los marcadores de tiempo y modalidad, es decir los morfemas de tiempo y de valores de verdad. Sustituye los juicios de valor del Oldspeak por los más cómodos del Newspeak, eliminando la posibilidad de expresar lo que se considera inconveniente por parte de los gobernantes, y generalmente empobreciendo el pensamiento. El objetivo de este procedimiento es prevenir cualquier posible uso del lenguaje que desarrolle la conciencia crítica de sus usuarios y que por lo tanto podrían constituir una amenaza a la autoridad de los creadores de las reglas; en otras palabras Newspeak está diseñado para ejercer una especie de control mental. Se puede argüir, por supuesto, que tal programa es imposible por muchas razones y lleva consigo una serie de contradicciones (véase Fowler y otro 1979:21). Aún más, 1984 es una poderosa alegoría, que muestra una visión exagerada deliberadamente, de cómo el uso del lenguaje puede servir a unos propósitos de control y censura, restringiendo las posibilidades de expresión e interpretación de los usuarios de la lengua, haciendo que la gente se comporte de una manera pasiva y mecánica. Esto muestra las implicaciones políticas del uso del lenguaje en una sociedad represiva y caracteriza una ruptura del diálogo en el sentido de que la comunicación se hace unidireccional; ello hace que los hablantes no sean cooperativos ya que hacen sólo lo que se espera de ellos. Hay un intercambio mecánico de mensajes, pero no la real posibilidad de diálogo ya que es la estructura de poder que se refleja en este uso asimétrico e inequitativo del lenguaje; la gente tiene posibilidades restringidas de su uso y sólo puede realizar algunos actos de habla. 1984 también muestra como, a través de la manipulación ideológica y la propaganda, se puede llevar a la gente a creer y actuar de acuerdo con ciertos objetivos e intereses independientemente de su decisión y a restringir su conducta y juicios de verdad a un conjunto limitado de posibilidades convenientemente diseñado. No se tiene una perfecta comprensión de lo que sucede en una situación de habla ya que se está limitado para la comprensión de las razones y de las implicaciones de los actos que se realizan y de los propósitos implícitos a los que ellos sirven. Orwell muestra cómo el lenguaje puede servir como un instrumento de poder y de manipulación ideológica lo que es diferente de la neutralidad y cooperatividad con que siempre se asume. En el capítulo sexto de la obra de Lewis Caroll A través del espejo (1963:267-283), se encuentra la historia del encuentro de Alicia con Humpty Dumpty. El diálogo que tiene lugar entre ellos es uno de los mejores ejemplos de la no-comunicación en la literatura moderna, en el cual se emplea el sinsentido y el absurdo como técnica. Alicia trata varias veces de hacerse entender de Humpty Dumpty y de entender lo que él le dice y las muchísimas veces que ella falla representan maravillosamente la muy compleja estructura pragmática del lenguaje y los muchos factores que pueden interferir su uso en la comunicación. Un ejemplo típico de un intercambio no-cooperativo ocurre cuando Alicia se las arregla para ofender, aunque sin proponérselo, a Humpty Dumpty llamándolo huevo (lo que él es) dando como resultado un conflicto entre ellos. Alicia se da cuenta inmediatamente que su intercambio no es exactamente una conversación y demuestra por qué. Cuando Alicia le pregunta por qué está tan solo sentado sobre el muro, Humpty Dumpty le contesta que él está solo porque nadie está con él. Y sigue de la misma manera contestando todas sus preguntas de manera tal que, explotando la ambigüedad de las palabras y expresiones y jugando con el doble significado impide que se lleve a cabo la comunicación. En efecto, Humpty Dumpty explícitamente se refiere a esta conversación como formada por adivinanzas. Como si en la comunicación en efecto se tuviera que descifrar e interpretar intenciones secretas del interlocutor, cuyo objetivo es tratar de ocultar algo o confundir con lo que dice. Alicia lo advierte en una escena: habla como si fuera un juego. Una de las principales razones para la falla del diálogo entre ellos es que Humpty Dumpty está jugando con unas características pragmáticas del uso del lenguaje como relevancia contextual, premisas culturales y la relación entre los significados que le dan los hablantes a una palabra y al significado literal. Toman, por ejemplo, el pasaje en el que después de preguntarle a Alicia ¿cuántos años me dijiste que tenías? y obteniendo como respuesta siete años y seis meses, él replica triunfalmente: ¡Error! ¡Así no se dice!. Cuando Alicia lo objeta diciéndole yo pensé que tú querías decir cuántos años tienes?, él le contesta: si yo hubiera querido decir eso, eso habría dicho (Caroll 1963:271). Uno de los momentos más significativos del diálogo es cuando Humpty Dumpty insiste que cuando él usa una palabra, ella significa lo que él quiere que signifique. Alicia le replica que la pregunta es si uno puede hacer eso. Humpty Dumpty le responde que la cuestión es quién es el que manda. Esto, en cierta forma, anticipa algunos de las consideraciones de Orwell acerca del poder en el lenguaje y poder sobre el lenguaje. Durante esta sección del diálogo, Caroll (1963:268,271) señala dos veces que Alicia estaba muy confundida para decir algo, cuando deja sin contestar los comentarios absurdos de Humpty Dumpty. La explicación del poema Jabberwocky que sigue (Caroll 1963:275-281) es un buen ejemplo de la técnica de Humpty Dumpty para hacer que las palabras signifiquen lo que él quiere. (Por su puesto, que todos sabemos lo que le sucedió a Humpty Dumpty al final). Este diálogo puede tomarse como una buena ilustración de una ruptura en la comunicación, o al menos una forma de seudocomunicación, que aunque Humpty Dumpty y Alicia hablan esencialmente la misma lengua, ellos no juegan con las mismas reglas. Hay un mínimo de mutua comprensión, de otra manera sería absolutamente imposible el diálogo. Sin embargo Humpty Dumpty sistemáticamente malinterpreta lo que Alicia dice, usa palabras con doble significado explotando la ambigüedad, distorsiona el significado estándar de formas convencionalizadas y hace que Alicia se sienta confundida y prácticamente imposibilitada para decir algo, frustrando todos sus intentos de comunicación. Uno de los ejemplos más interesantes de Freud en El chiste en su relación con el inconsciente, también sirve para ilustrar una falla en la comunicación por razones de no cooperación:
Este diálogo tan extraordinariamente dislocado, muestra cómo se le puede imputar una mentira al hablante, aun cuando esté diciendo la verdad y a pesar de saberse que está diciendo la verdad, cuando hay por lo menos una sospecha de que el oyente no cree lo que se le dice; es decir, si se le conoce por ser mentiroso. En tal caso extremo, uno puede ser interpretado como que está diciendo mentiras aún cuando esté diciendo la verdad. El intercambio no es cooperativo desde que el oyente desconfíe del hablante. Lo que en el fondo asume el oyente es que el hablante le está diciendo la verdad sólo por que el hablante quiere que el oyente crea lo contrario de lo que le está diciendo. No se es cooperativo, aun en este caso particular en que se siguen correctamente las reglas. Esto demuestra que lo que determina el valor de verdad de una afirmación y el fortunio de un acto de habla, no es el hecho de que el hablante describa las cosas tal como ellas son, sino la consideración de cómo entenderá el oyente lo que se le dice. Se podrían dar muchos ejemplos de réplicas, respuestas agudas, e invectivas de naturaleza desafiante como ejemplos de conflictos, entre hablante y oyente; estos intercambios tienen el carácter de desafío, de combate que invitan al contra ataque o a la defensa. Son cooperativos en la medida que hay una mutua comprensión a nivel semántico y que las oraciones producidas son gramaticalmente correctas; sin embargo, se caracterizan por la ruptura real del diálogo en el sentido de que no puede continuar ya que el hablante y el oyente están actuando con propósitos antiorientados. Se dice por ejemplo, que Lady Astor le dijo una vez a Winston Churchill: Si usted fuera mi esposo, le pondría veneno en su café, a lo que Churchill replicó: Si usted fuera mi esposa, me lo tomaría. Calvin Coolidge, el presidente americano, bien conocido por ser un hombre de pocas palabras, una vez fue puesto a prueba por una jovencita en un banquete en la Casa Blanca: señor presidente, tengo una apuesta con mis amigos de que yo puedo hacer que usted me diga por lo menos tres palabras durante el transcurso de esta noche. Perdió gruñó Coolidge. Después de esta breve discusión de algunos ejemplos, parece posible hacer los siguientes intentos de distinción, que caracterizan las rupturas del diálogo y las fallas en la comunicación: (a) Casos en los que no es posible la comunicación: el hablante y el oyente hablan diferentes lenguas o dialectos, o el hablante utiliza palabras desconocidas por el oyente. No hay una base compartida de inteligibilidad, no hay posibilidad de mutua comprensión a nivel semántico. Como ejemplos tenemos el uso de jergas, códigos, claves y lenguas extranjeras. (b) Casos en los cuales la comunicación es posible en el sentido estrictamente lingüístico. El hablante tiene unas competencias fonológica, sintáctica y semántica y de las convenciones de la lengua, pero no tiene competencia pragmática, es decir de las convenciones sociales y de las convenciones que rigen un juego de lenguaje específico. En este caso la comunicación sólo se da a un nivel locucionario; falla el acto ilocucionario, su fin y su fuerza se malinterpretan o fallan para construir el sentido. En nuestra sociedad, comúnmente se saluda a alguien preguntándole por su salud. En los países musulmanes se saluda invocando el nombre de Dios. Así que, un hablante que, - aunque sea proficiente en el árabe -, ignore los hábitos y prácticas musulmanas, traduzca el saludo de su lengua al árabe, logrará un fortunio comunicativo si pregunta por la salud de su interlocutor, pero fallará en el acto de habla ' saludar '. (c) Casos de no cooperación y engaño intencional. El hablante se aprovecha de la ambigüedad o vaguedad de algunas expresiones o características del lenguaje para engañar al oyente con algún propósito específico. Puede explotar una característica del lenguaje o un elemento de la situación de habla para persuadir al oyente, ofrecer unas excusas, dar una aparente justificación, eludir una responsabilidad, etc.. Un engaño intencional puede ocurrir por omisión, cuando algo se guarda o se le oculta al oyente, o por comisión, cuando algo se dice para, deliberadamente, despistarlo (estoy utilizando la terminología y las definiciones de Chisholm y Feehan 1977). En algunos casos la comunicación se da a nivel semántico, porque lo que se dice se entiende, pero no hay comunicación o la hay parcialmente a nivel pragmático, porque no hay cooperación efectiva. Las intenciones y objetivos del hablante y el oyente son diferentes, opuestas o aun contradictorias. Estos casos se pueden analizar como juegos mezclados de coordinación y conflicto. La ironía y las insinuaciones son ejemplos en los cuales hay un compromiso de parte del emisor. Los dobles sentidos y los juegos de palabras son algunos de los casos más utilizados. En falsa justificación, un nivel de apariencia puede a veces distinguirse de un nivel de realidad, cuando se le da una forma aparentemente lógica a un argumento ilógico. En otros casos, el oyente malinterpreta el fin de una cuestión (por ejemplo, usado con la fuerza de una petición o una invitación); en otros casos, las circunstancias no son las apropiadas y el hablante y el oyente no reconocen, o pretenden no reconocer, las características relevantes del contexto. El hablante puede intentar deliberadamente que el oyente lo malinterprete, en cuyo caso hay un evidente engaño; o el oyente puede interpretar mal al hablante, bien sea porque el mensaje no es muy claro o porque es inducido a evitar un significado desagradable. Un caso especial es aquel en el que el engaño se hace posible por un acogimiento mínimo a las reglas lingüísticas (fonológicas, sintácticas y semánticas), mientras que se ignoran otras de carácter pragmático. El hablante juega con ellas explotando sus características tales como la ambigüedad, la sinonimia y la vaguedad para lograr sus propósitos, es decir, para lograr un objetivo que va contra las expectativas y deseos del oyente de una u otra manera, dependiendo de la clase de acto de habla realizado. Estos son casos no cooperativos en los que el hablante y el oyente actúan con propósitos cruzados y en los que sus objetivos, aspiraciones y metas no coinciden. El acto que el hablante realiza es intencionalmente diferente del que el oyente supone que se está llevando a cabo. (d) Casos de expresión no intencional o mal interpretación. Algo que no se quería decir, se dice con efectos perlocucionarios no deseados, con implicaciones no buscadas y sus consecuencias. Características del contexto e hipótesis contextuales pueden darle al oyente elementos para una interpretación de lo que no está explícito, directa o indirectamente expresado por el hablante. Expresiones de prejuicios no declarados son ejemplos de estos casos. Cuando el Primer Ministro francés Raymond Barre describía el bombardeo de una sinagoga en París como un execrable ataque dirigido a los judíos que golpeó inocentes franceses, su comentario se tomó como implicando no sólo que los judíos no eran ni inocentes ni franceses, sino también como sugiriendo que el ataque habría sido menos repugnante si hubiera sido más limitado. Dentro de los límites de este trabajo, no he podido (como al principio lo pensaba) desarrollar un análisis de las rupturas de la comunicación hablante-oyente en términos de juegos en los que se mezclan cooperación y conflicto. Desde lo visto, sin embargo, pienso que todavía se justifica proponer esta como la forma más productiva para tratar estos casos. Sólo puedo concluir señalando algunos puntos muy importantes no tocados en este trabajo y subrayar la importancia de esta distinción para una mayor comprensión del uso del lenguaje y para el desarrollo teórico y metodológico de los problemas de la filosofía del lenguaje. Creo que muchos problemas en la filosofía del pensamiento, la teoría de la acción, la discusión sobre la adquisición del lenguaje y la primacía de las reglas, así como los aspectos sicológicos de la comunicación lingüística, pueden ser tratados de una manera más productiva si se consideran las causas y las consecuencias de las rupturas y fallos del diálogo en la comunicación. Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro.
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