Configuración
de Ruy Diaz de Vivar como héroe épico según
los procesos de enunciación
Arbey
Atehortúa Atehortúa
| La
Literatura Medieval Española tiene en el
Poema de Mío Cid una de sus obras más
representativas. Este texto épico ha
sido producto de numerosas
interpretaciones tanto en el nivel
composicional como en el arquitectónico.
Este ensayo aborda los procesos de
enunciación y el hacer del héroe del
Poema visto como personaje épico y
anclado en la mentalidad de la Plena Edad
Media Española. |
Retomar
la figura de Ruy Díaz de Vivar en el Poema de
Mío Cid(1) como objeto de investigación
literaria implica la consideración de la
dimensión histórica del personaje. Y es que
como lo anota Ramón Menéndez Pidal, el héroe desde
su mundo superior ideal desciende para entrar con
paso firme en el campo de la historia, y afronta
serenamente este riesgo, mayor que todos los
peligros de la vida: el ser historiado por el
pueblo a quien tanto combatió (...) (2).
El análisis de la construcción poética del
personaje se enfrenta así a la elaboración
hecha por los historiadores modernos a partir de
toda la información recopilada. Ruy Díaz a
diferencia de otros personajes objeto de textos
épicos, se construye muy cerca de los hechos
históricos. Estos hechos posibilitan el material
para la configuración del heroísmo del
personaje hasta tal punto que el juglar descarta
acciones del héroe que ocurrieron en la vida
real y que fácilmente estructurarían la
dimensión heroica de Ruy Díaz de Vivar. A su
vez el texto poético inventa una serie de
acontecimientos atendiendo a las intensiones y
características del género en cuestión.
Leo
Spitzer en Historia y poesía en el cantar del
Cid expone los elementos de carácter ficticio en
el poema tal como la Afrenta de Corpes que indica
unos motivos únicamente poéticos para
introducir este episodio y que
sería la necesidad de oponer el Cid,
dechado de nobleza caballeresca, en el apogeo de
su gloria, a adversarios infames, negación
viviente de toda caballería(3). A
parte de ésta, la secuencia del león y el
engaño a la casa comercial don Rachel y
Vidas son igualmente ficticios y tienen
como función servir a las intensiones poéticas
del juglar. Existe por su parte una serie de
sucesos históricos como la herida mortal
recibida por el Cid en la garganta en Albarracin
y varias caídas del caballo que estructuran la
imagen de un héroe histórico y que no son
referentes privilegiados por el juglar.
Realizar
un trabajo de aproximación al Poema de Mío Cid
exige por lo tanto aclarar esta doble dimensión,
sin perder de vista que el género épico
considera los referentes reales como materia
fundamental de ficcionalización. En este caso el
objeto del presente trabajo es el héroe
desarrollado en el Poema; es la elaboración
hecha por los juglares, los cuales ejercen una
función de selección y valoración para hacer
de un personaje histórico un héroe épico.
Obviamente la explicación y la génesis de dicha
mirada literaria depende de las circunstancias
sociales e históricas que median para la
recepción y reelaboración poética de un suceso
histórico.
Este
trabajo, por lo tanto, se ubica inicialmente en
una dimensión intratextual y retoma un enfoque
de carácter sociológico. Desde esta óptica
pretende la caracterización de la figura de Ruy
Díaz de Vivar a partir de los procesos de
enunciación y del hacer a lo extenso del texto.
El decir y el hacer
entran así en una relación directa que
contribuye a la construcción del personaje
central como héroe épico.
Antes
de abordar cómo los procesos de enunciación
califican al héroe, se revisará una serie de
cualidades y acontecimientos que estructuran la
imagen de Ruy Díaz de Vivar como héroe épico.
Calificar
a Ruy Díaz de Vivar como héroe épico implica
una definición de este concepto. Este género ha
sido caracterizado ampliamente por Mijail Bajtin
en Epopeya y novela (4) como el discurso que
tematiza el pasado épico nacional y tiene como
objeto la leyenda nacional y no una experiencia
personal o el deseo libre que se desarrolla a
partir de ella. Bajtín también afirma que
El mundo épico está cortado del tiempo
presente, es decir del tiempo del aeda (del autor
y de sus auditores), por la distancia épica
absoluta(5) . El Poema de Mío Cid
pertenece al género épico; los procesos de
enunciación y la estructura del canto se
acomodan y obedecen a las condiciones
compositivas y arquitectónicas de dicho género.
En
este sentido, la parte inicial del canto es de
gran importancia en cuanto es el momento más
crítico de Ruy Díaz de Vivar: éste debe salir
desterrado del reino, hecho que provoca sus
lágrimas: De los sos ojos tan
fuertemientre llorando,/ tornava la cabeça i
estávalos catando. ( V,1-2). El Cid
parte despojado de sus bienes y lo que es más
grave, enemistado con el rey, su señor. Pero
esta situación crítica no desestabiliza al
héroe y antes bien reafirma la concepción
católica medieval pues el héroe da gracias a
Dios : grado a ti, señor padre que
estás en alto! (v.8).
Este
proceso de desestructuración continúa durante
la partida del reino, momento en el cual el Cid
llega a su momento más bajo en todo el Poema. El
héroe pide ayuda a los habitantes de Burgos pero
estos se la niegan pues existe un fuerte castigo
de por medio. El Cid, entonces, la emprende a
patadas contra una puerta; quiere que ésta se
abra a la fuerza: Aguijó mio Çid, a
la puerta se llegava,/ sacó el pie del estribera
una feridal´ dava; (V.37-38).
Este
hecho producto de la desesperación se erige como
uno de los más críticos del héroe. Su función
es expresar la capacidad del héroe para superar
momentos difíciles, pues inmediatamente se
inicia un proceso de reestructuración que
elevará la figura del Cid: surge una niña
equiparable a un ángel que calma al héroe y le
devuelve su mesura. Ella es uno de los tantos
adyuvantes del héroe pero su ayuda no es
económica como la que le brinda Martín
Antolínez, sino que ella calma su espíritu, su
calidad de héroe que se había rebajado hasta el
punto de darle puntapiés a una puerta. Este acto
al igual que sus lágrimas, presentes en la
partida y la despedida de su familia, configuran
un ser con sentimientos que sufre, en el que
puede ser incluso posible la vanalidad y que por
eso mismo es mucho más grande al sobreponerse a
la adversidad.
Otro
de los pasajes que corresponde al hacer y que en
cierto grado podría verse como degradación del
héroe, es el engaño que prepara para los
judíos Rachel y Vidas. Pero existen aspectos de
tipo intratextual y sociocrítico que no permiten
una valoración del pasaje en estos términos y
que por el contrario, nos reafirma que tiene como
objetivo la estructuración de la imagen de Ruy
Díaz como un hombre recursivo e inteligente. El
Cid prepara toda la artimaña y de esta manera
consigue recursos económicos, principal
preocupación para poder iniciar su empresa y
lograr honra un vocablo al cual se refiere Juan
Victorio diciendo que si bien hoy tiene
un significado generoso, entonces era equivalente
a riqueza(6) . Cuando el Cid ya es
dueño de Valencia, los judíos le piden a Minaya
que interceda por sus marcos y éste se los
promete. Pero el juglar olvida por completo el
asunto, lo que prueba una vez más la
intencionalidad formal del suceso. Por otra
parte, históricamente no se consideraba que se
le hiciera ninguna ofensa faltando a la palabra a
un impío. El dinero, la riqueza material hace su
aparición así y se muestra como lo que es: el
símbolo de nobleza, de honra y caballerosidad.
Es
en este mismo pasaje que ya se vislumbra el
proceso de estructuración del héroe, pues una
vez su plan va por buen camino aflora en el
héroe la satisfacción: Sonrrisós´
mio Çid, estávalos fablando. (v.154).
Aunque
con la adquisición de los 600 marcos el Cid
supera el motivo de su desespero, pues no existe
ninguna vacilación de tipo religiosa o contra la
autoridad de su señor, el héroe debe afrontar
otro momento crítico como lo es la despedida de
su familia en la que llora nuevamente y se
muestra aparentemente débil para inicar su
empresa:
| El
çid a doña Ximena ívala abraçar;
(...) Llorando de los ojos, que non
viestes atal, assís parten unos
dotros commo la uña de la carne.
(V.368-275) |
Los
anteriores hechos se consideran relevantes en la
construcción de la figura del héroe poético.
Al nivel de la enunciación, esta parte del
destierro desarrolla una función importante que
aunque aparecerá en otros pasajes del texto se
privilegia en el inicio: la función de
prometer; la promesa
ejercida por un héroe que no posee nada material
para ofrecer pero que conserva su prestigio y
respeto a pesar de salir desterrado por ser
acusado de ladrón.
La
promesa es enunciada por alguien del
que se tiene la certeza que va a cumplir. El Cid
posee la competencia mínima para hacerla, pues
es respetado por el pueblo, la Iglesia y sus
vasallos. Es por ello que las mismas gentes de
Burgos sienten dolor al ver al héroe en
desgracia: plorando de los ojos tanto avien
el dolor. (V.8). Es curioso que incluso los
mismos judíos confíen en la palabra del Cid
creyendo efectivamente que él se ha apropiado de
las parias . Las gentes de Burgos y las huestes
del Cid por el contrario, no dudan de su
inocencia.
Las
promesas del Cid tienen validez porque éste
posee la competencia de caballero para hacerlas y
por lo tanto hace - hacer a los
demás motivados en dichas promesas.
El
verso número veinte, producto de numerosas
interpretaciones (<<Dios, qué buen vasallo ,
si oviesse buen señor >>) legitima
socialmente la credibilidad del Cid. Es un verso
focalizado por las masas, por el pueblo que no ve
en el Cid a un traidor. El héroe ha caído en
desgracia con el rey por culpa de los nobles
envidiosos, pero no con las mayorías. Los de
Burgos no ayudan al Cid por miedo a los castigos
que son tremendos, pero dejan claro que es por
este hecho. El Cid tampoco fuerza la ayuda pues
él mismo es símbolo de respeto y obediencia.
Pero
la sociedad del Cid está movida por el afán de
riqueza, de bienes materiales; es este tipo de
ayuda la que busca el héroe y por eso igualmente
todas sus promesas consisten en bienes
económicos. Es por ello que le dice a Martín
Antolínez que si yo bivo doblar vos he
la soldada. (v.80) a raíz de la ayuda
que el Cid recibe de éste para llevar a buen
término el engaño a los judíos.
Igual
tipo de promesas le hace a sus huestes que
cavalgan en busca de honra. Ya Juan
Victorio afirma que ese ruido de la espada
apenas puede ocultar el tintineo de otro metal
menos noble: el dinero por el que se baten con
verdadero denuedo aquellos personajes míticos y
siempre lo anteponen a un supuesto fervor de
reconquista(7) ; el Poema de Mío Cid en el
capítulo 17 lo confirma: "enantes que yo
muera, algún bien vos pueda far:lo que
perdedes doblado vos lo cobrar."
(v. 302-303).
Este
tipo de promesas se extiende a los sacerdotes y a
los mismos santos. Lo especial en este caso es
que las promesas a la Virgen María aparecen
condicionadas a la ayuda de ésta. (ver versos
221-225) Incluso a este nivel la promesa sigue
siendo de tipo material. Las mil misas que el
héroe promete también deben ser pagadas y así
efectivamente lo hace el héroe.
El
ejercicio de la promesa es válido en la sociedad
del Cid que ha desarrollado ideales de tipo
caballeresco; de esta manera la sociedad Medieval
limita sus miembros, su campo en el que enunciar
la promesa es válido. El Cid una vez posee
riqueza, objeto fundamental de su promesa, ésta
se torna en prueba siendo la más importante su
decisión de no cortarse las barbas hasta no
lograr los favores del rey. (v. 1240-1241)
La
promesa por lo tanto contribuye a la
estructuración de la figura del Cid. Fuera de
ésta, existe otra función importante cumplida
por el héroe y es la de ordenar e
indicar para que las cosas se
ejecuten. El Cid asume su papel de héroe y
permanentemente ordena para que se haga incluso
en detalles mínimos como sucede con la
fabricación de los baúles con los cuales se
engaña a los judíos aunque el que
verdaderamente ejecuta es Martín Antolínez. El
decir y el hacer en este
caso aparecen como dos funciones distintas. Es el
nivel de la idea, de la propuesta verbal lo que
permite que se vea al Cid como un ser ingenioso y
no por su capacidad de trabajo manual, acto no
reservado para un héroe épico. El Cid concluye
el engaño al reunirse con los judíos y esta
participación activa en las empresas planeadas,
y sobretodo en las militares, lo erigen como
centro del poema.
Aunque
el Cid asume su papel protagónico, los
subalternos no son menospreciados y
permanentemente son mostrados tan ingeniosos y
valientes como el mismo Cid. En el caso del
engaño a los judíos, es Martín Antolínez
quien lleva a buen término la idea del héroe y
por este acto y su generosidad inicial, es
elevado a un puesto de honor, hecho reconocido
por el mismo Ruy Díaz quien lo recibe con los
brazos abiertos.
Este
hecho introduce cierta ambigüedad, pues cuando
Martín Antolínez llega triunfante con los 600
marcos que el Héroe necesitaba, éste le indica
al Cid lo que seguidamente debe hacerse:
<
Obviamente
no puede ser una orden lo que se le da al Cid
pero Antolínez si sugiere lo que debe hacerse.
Esta sugerencia lleva implícito que Antolínez
no tiene la autoridad para ordenar que se
levanten las tiendas, pues él mismo le dice que
"Mandad coger la tienda e vayamos privado,
(v.208). Es el Cid el que puede finalmente
ordenar aunque un subalterno, como ocurre en
numerosos pasajes, sugiera o lleve la iniciativa.
El
Cid asume plenamente su función de
ordenar en el capítulo 29 cuando
pretende tomar Alcocer y ordena que se levanten
las tiendas para aparentar una huida. (v.
576-577).
La
toma de Alcocer por lo tanto será una obra
totalmente del ingenio, de la astucia del Cid. No
existe hasta el momento equilibrio entre el
decir y el hacer para la
configuración de un héroe épico, pero Ruy
Díaz ha logrado un punto alto y ha superado su
crisis a partir de su astucia, mesura y los actos
de enunciación y no por su forma de combatir,
hecho que aún no lo privilegia el juglar pero
que lo hará posteriormente. Por eso, cuando es
sitiado por Fariz e Galve, planea
toda la defensa de Alcocer y deja claro que es
él quien dará la orden definitiva:
<
<<como
sodes muy bueno, tener las edes sin ar(t)h;
<<Mas non aguijedes con ella, si yo non
vos lo mandar.>>
(v.689-691)
El
Cid posee plena conciencia de su calidad de
héroe y por eso su acto de enunciación está
encamindado a indicar que todos deben estar
atentos y obedecer. Pero nuevamente aparece la
contradicción en este sentido pues Vermúez
desobedece y se anticipa al combate. El Cid no
entra en cólera ni se indispone por la
desobediencia como haría cualquier otro héroe
épico o histórico; al contrario, le pide a
Vermúez que se dispone a iniciar presuroso el
combate que <<¡non sea, por
caridad!>>, pero la respuesta de
Vermúez es cortante: <<¡ non rastará por
ál>> (V.709) e inmediatamente
espolea su caballo y se lanza al combate. El Cid
entonces pide a su mesnada: valelde, por
caridad!. El Cid entra en batalla y su
autonombramiento constituye un aliento para su
mesnada y motivo de miedo para el enemigo:yo
soy Ruy Díaz, el Çid / de Vivar campeador.
(V.721)
Este
hecho de desobediencia por parte de Vermúez, que
no es excepcional, no mina la figura del Cid como
un héroe épico ni le resta legitimidad a su
poder de ordenar; al contrario, construye un
héroe tolerante capaz del reconocimiento del
otro pues no se muestra autoritario ni déspota
con su mesnada. Acontecimientos como éste
contribuyen a la creación de un héroe épico
particular, muy diferente a los de la épica
tradicional que se desplazan en un nivel de
caracteres más homogéneo. Por eso el Cid llora
y ríe en numerosos pasajes. La desobediencia de
Vermúez tiene tan poca incidencia que al final
del capítulo 37, después que se han nombrado
los mejores caballeros y se menciona la mesnada,
se dice que ellos acorren la seña e a mio
Çid el Campeador.
Ya
anotamos antes que esta valoración del otro no
es excepcional: en el capítulo 38 se habla de
las hazañas del Cid en el campo de batalla, y
del auxilio que prestó a Minaya, acontecimientos
que justifican en el hacer las
competencias enunciativas del Cid. Pero es
incluso este último, Minaya, quien sale
privilegiado del combate:
| A
Minaya Álbar Fáñez bien l´anda el
cavallo,/ daquesto moros mató treínta e
quatro; (v.778-779). |
Es posiblemente la calidad heroica de los sucesos
que reafirman la valentía y el coraje de la
mesnada lo que impide al Cid realizar ningún
tipo de reclamo. Estos hombres han besado la mano
al Campeador y existe un pacto de vasallaje que
en la época Medieval era sagrado y en el cual se
privilegia enteramente la fidelidad. Así parece
sentirlo el Cid, quien no ve en ninguna de estas
faltas a sus ordenes un peligro de sublevación
de sus huestes. Toda esta actitud del Cid que lo
erige como un héroe mesurado la refuerza la
función de pedir consejo
enunciación que realiza con frecuencia. El
pedir consejo contribuye
indiscutiblemente a la creación de un ser
sumamente particular. Es por lo menos la gran
valoración que realiza el juglar de un individuo
histórico, a quien colma de halagos y buenas
acciones hasta el momento de su muerte, hecho que
se menciona al final del canto.
La
función de pedir consejo aparece
cuando el Cid, citiado en Alcocer, pide la
opinión de su mesnada. La valoración de todos
sus hombres la realiza el Cid de esta manera pues
no se habla a un sólo hombre aunque uno le
conteste; en este caso es de suponer que es la
voz de la mesnada que se deja escuchar: vayámoslos
ferir en aquel día de cras. (v.676).
Esta respuesta complace al Cid quien responde:
a mi guisa fablaste;/ ondrástesvos,
Minaya, ca aver vos lo iedes de far.(v.677)
(8).
En
el proceso de enunciación por parte del Cid,
también aparecen funciones como la de
conciliar, tal como lo intenta el Cid
con el conde de Barcelona en el capítulo 56. El
Campeador no desea enfrentarse con el conde quien
es el que incita al Cid. Este le hace saber que
no le ha despojado de nada, pero la mesura de Ruy
Díaz contrasta con la soberbia del conde: mas
quando él me lo busca, ir gelo he yo demandar.
(v.966). En este enfrentamiento queda plasmada la
superioridad de la técnica guerrera del Cid (9)
y a la vez se desarrolla un capítulo lleno de
humor, que contribuye a la verosimilitud del
texto en cuanto surge así un ser humano capaz de
reír.
Junto
a esta función de pedir consejo, la
de arengar surge como una obligación
de todo personaje heroico. Es curioso lo que
sucede con esta función, pues en los momentos
más críticos del héroe es éste quien es
arengado por Minaya. Así ocurre cuando el Cid
debe despedirse de su familia (Cap.18), y el
dolor y las lágrimas hacen ver al Campeador como
un ser débil. Minaya entonces le arenga y le
invita a partir: Çid, do son vuestros
esfuerços? en buen ora nasquiestes de madre,
(v. 379)
Aparte
de este hecho en el cual el Cid asume una actitud
pasiva, éste permanentemente arenga como un
verdadero líder a su mesnada. Aparece así
nuevamente una relación del Cid con las
multitudes, con su mesnada que asume la función
de interlocutor del Cid. (ver versos 1115-1116).
Pero
indiscutiblemente donde aparece todo el poder del
Cid manifestado en su acto locutorio es en el
capítulo 76, donde para evitar la codicia y la
deserción de su mesnada debe tomar medidas
coercitivas severas (10) :
| que
le non spidiés o nol´besás lamano,
sil´ pudiessen prender o fuesse
alcançado tomassenle el aver e
pusiéssenle en un palo.(...)
(v.1252b - 1254) |
Si
bien se describió el pacto de vasallaje sellado
por la mesnada con el Cid, con este
acontecimiento se comprueba la importancia del
factor dinero en la Edad Media. Al parecer, por
encima de cualquier otro valor o motivo, el afán
de riqueza, de honra en los términos
descritos por Juan Victorio mueven a la sociedad
Medieval y de ahí las drásticas medidas del Cid
y la normatividad en la repartición de las
ganancias de las cuales se excluye inicialmente a
los vasallos recién llegados.
Otro
de los actos de enunciación más frecuentes del
héroe, es el de dar gracias y
encomendarse a Dios. Esto lo hace el
Campeador tanto en sus momentos de victoria como
en los más críticos; así lo manifiesta cuando
camino del destierro eleva su plegaria: <grado
a ti, señor padre que estas en alto!"
(V.8).
Igualmente
el héroe opta como salida a su desespero,
producto del destierro y su desamparo en Burgos,
orar (Capítulo 4). El capítulo 19 que trata de
la Visión del ángel San Gabriel
expresa la misión del héroe desde la óptica
intratextual: el ángel le ordena al Cid
cabalgar; aquel le define su empresa y le indica
que posee la anuencia divina.
Es
una actitud claramente Medieval encomendarse a
dios en todo momento y en toda situación. El Cid
así lo expresa cuando después de la toma de
Alcocer, y en compañía de Minaya y de
doscientos caballeros da gracias a dios::
grado a Dios e a las sus vertudes
santas; (v.924).
La
mediación religiosa en la empresa Cidiana queda
establecida de esta manera así no sea el móvil
fundamental del héroe poético e histórico. El
Cid permanentemente elevará su plegaria:
(...) sí el Criador vos salve! (v.115); (...)
Padre spirital! (v.1102). Estos actos
locutorios en los cuales se antepone la
encomendación a dios o a un santo al igual que
la ceremonias religiosas, son frecuentes y forman
parte del actuar de los personajes; incluso (o
sobretodo) del mismo rey quien en el capítulo 82
se encomienda a un santo: sí me vala sant
Esidro! plazme de coraçon, (v.1343) (11) .
Para Giorgio Perissinotto esta mentalidad, al
igual que La Hispania como patria son
los móviles que estimulan a los reyes y
príncipes medievales.
Son
numerosas y rica las aproximaciones a los
móviles del Cid y que no son objeto de este
trabajo; basta con resaltar que los móviles
religiosos fueron un argumento para los fines
económicos(12) y de reconquista que buscaban los
nobles y caballeros medievales; incluso es
imposible hablar de Iglesia y estado como
instituciones distintas; así lo confirma Juan
Victorio cuando dice que Unidos de nuevo
Iglesia y Trono en los primeros momentos de la
"Reconquista", de cuya época tenemos
unas primeras noticias ya puramente
eclesiásticas, la cooperación se irá
progresivamente a lo largo de dicha Edad Media
hasta formar una verdadera uniformidad de
intereses(13) .
La
tolerancia religiosa expresada en numerosos
pasajes del texto sustenta la importancia del
factor económico y comprueba que el interés de
la Iglesia no era velar por la vida espiritual.
Se
ha revisado hasta ahora ciertos actos de
enunciación de Ruy Díaz, que son coherentes con
su imagen de héroe épico. Algunos de ellos
tienen la función de estructurar su imagen, de
servir a los fines poéticos del juglar quien
participa de la construcción verbal del héroe
pues lo califica desde el primer capítulo:
Fabló mio Çid bien e tan mesurado:
-(V.7).
Simultáneamente
con los actos de enunciación, el hacer
y el hacer-hacer del héroe
del Poema de Mío Cid son coherente con la imagen
verbal creada.
A
parte de la acción burda del Cid cuando da
puntapiés a una puerta en Burgos, y que a
nuestro juicio posee más la intención de
mostrar a un ser humano en un momento sumamente
crítico, las demás acciones de Ruy Díaz lo
erigen como un gran hombre. Es por eso que éste
recobra inmediatamente su actitud mesurada que lo
identificaba y una acción seguida será mostrar
su astucia ordenando se hagan las arcas para
engañar a los judíos. El Cid participa del
engaño pero su principal función es el hacer
que se haga. Por eso aclara detalles como la
misma forma de los baúles. (v.86-88)
Pero
no es este pasaje, ni el humor del héroe
manifestado con el conde de Barcelona en el
capítulo 62 lo que configura a un gran hombre,
sino su comportamiento en la batalla. El juglar
se cuida de narrar los hechos heroicos del Cid en
el campo de batalla y permanentemente con
expresiones como por aquel colpe rancado
es el fonssado (v.764) o vençidos a
esta batalla el que en buen ora nasco
(v.1008) está exaltando las acciones heroicas
del Cid (14) .
Ya
mucho antes (cap.38) el Cid había dado muestras
de su valor a su mesnada cuando Fáriz e Galve lo
cercan en Alcocer y Minaya está en peligro. El
Cid lo socorre y mata a un jefe moro
descargándole un golpe tan fuerte que lo partió
por la mitad: cortól´ por la çintura, el
medio echó en campo (v..751).
Aunque
es obvio que el juglar privilegia los hechos
heroicos del Cid, el hacer heroico en
el Poema se extiende a los subalternos: Minaya,
Bermúez y el obispo Jerónimo dan muestras de
valentía y osadía. La mesnada en su conjunto
igualmente honra al Cid, pues todos son tan
batalladores como su señor. Esta visión está
acorde con el género épico y con las formas
caballerescas de hacer la guerra en la Plena Edad
Media (15) : Los vasallos de mio Çid sin piedad
les davan en un ora e un poco de lograr
trezientos moros matan (V.604-605)
Estas
descripciones refuerzan la mesura del Cid, pues
no se muestra a un hombre envidioso; su mesnada
es tan valiente como el mismo líder aunque en la
normatividad de las reparticiones se verá la
diferencia (16) . Únicamente un hecho marca la
discrepancia con sus huestes y es cuando el Cid
debe tomar medidas severas para que los ricos
vasallos no deserten.
El
hacer en la batalla es
indiscutiblemente lo que configura a un hombre
valiente y al Cid particularmente. Existen muchas
otras acciones como el enfrentamiento con el
león, las reclamaciones a los Infantes de
Carrión y la defensa de Valencia, por ejemplo,
que plantean una correspondencia clara entre los
proceso de enunciación y el mismo hacer del
héroe.
Las
dimensiones de los combates y los actos
locutorios de arengar, prometer, ordenar y la
encomendación religiosa contribuyen a
retroalimentar la visión épica del mundo y
adquieren características composicionales
precisas según este género de textos y la
mentalidad Medieval en la que están anclados.
En
los procesos de enunciación en el Poema de Mío
Cid subyace la visión Medieval del mundo,
mediada enteramente por la religión. Y es que
ésta (la religión) fue el motor y la rectora de
todos los procesos tanto espirituales, sociales y
políticos de la sociedad Medieval. J.A. García
de Salazar, citado por Juan Victorio, lo expone
claramente cuando afirma que (La Iglesia)
aparece como vehículo de una religión que
legitima las instituciones sociales,
otorgándoles un status ontológico que las
coloca en un marco e referencia cósmico y
sagrado: cada cosa de aquí abajo
tiene su correspondencia allá en lo
alto; las realidades históricas se
convierten así, por definición, en algo situado
más allá y por encima de la voluntad de los
hombres (...) (17).
No
existe pues, en esta época, un cuestionamiento
religioso, sino una vivencia plena de la
religión que guía enteramente a los individuos.
Es por eso que en los procesos de enunciación
tanto del Cid como de sus vasallos, nunca se
cuestionará al rey por haber ordenado
injustamente el destierro, sino que se colmará
de presentes y respetos. Es más, debemos
recordar que éste era considerado el
intermediario de dios en la tierra; atentar
contra el rey o desobedecer era poner en duda la
misma institución clerical. Obviamente a la
misma Iglesia le interesaba más las cuestiones
económicas y el poder político que la misma
espiritualidad; prueba de ello la afirmación de
Juan Victorio de que aunque tal rey hubiera
sido un tirano o un mujeriego, no se citará
ninguno de sus atropellos si favoreció a la
iglesia (18) .
Ese
espíritu religioso se evidencia igualmente de
una manera explícita a lo largo del Poema.
Ceremonias religiosas antes de la batalla,
encomendaciones y gracias a Dios incluso en los
momentos más críticos (Por ejemplo el capítulo
12); en general todo el texto está atravesado de
alusiones y enunciaciones de este tipo. Pero
sobretodo, los personajes se comportan y
hacen según una estructura
religiosa; la mesura del Cid quien actúa según
normas católicas es prueba de ello. El mismo
héroe histórico da ejemplo de ello cuando una
vez ha tomado Valencia afirma: Dios me
conservará en Valencia, si obrare en ella con
justicia y encaminare a bien sus cosas; más si
obro con soberbia y torcidamente, bien sé que me
desposeerá de mi conquista(19) . El
cristianismo de Ruy Díaz, como afirma Bandera
Gómez, es inseparable de su condición de
héroe. (20)
Los
procesos de enunciación que son parte de la
mentalidad Medieval, están mediados igualmente
por los intereses económicos de los nobles;
intereses iguales a los que poseía la
institución religiosa. Es más, la Iglesia como
lo anota Colin Smith, que en otras
circunstancias habría fundado escuelas y habría
exigido actividades espirituales e intelectuales
a sus miembros, representaba para el Estado una
fuente de finanzas para la guerra, y de
dirección militante en las empresas
guerreras (21). En la mentalidad de los
caballeros persistía la idea de que la ganancia
conseguida en la batalla completaba la divina, ya
que ésta aseguraba a quien combatía contra el
infiel. Si bien en los procesos de enunciación
del Cid subyace una mentalidad enteramente
religiosa, en esta se vislumbra claramente el
deseo de riqueza, de posesión. Esto explica por
qué la enunciación de prometer, tan frecuente
al inicio del canto, está mediada por la
riqueza, por el oro. Incluso es la mejor arma
para concluir el engaño a los judíos: por
siempre vos faré ricos que non seades
menguados.
Los
procesos de enunciación y el hacer , en
conclusión, de Ruy Díaz de Vivar están sujetos
a las estructuras mentales propias de la Plena
Edad Media Española. Esta mentalidad se
evidencia con fuerza en los discursos poéticos
en la medida que Literariamente, la Iglesia
gozará de una hegemonía indiscutible, e
indiscutida, hasta el advenimiento del
Renacimiento, y eclesiásticos serán la mayor
parte de los literatos cuyos textos nos han
llegado de aquellos tiempos. (22)
Notas
(1)
Para este trabajo se utilizará la siguiente
edición: Poema de Mío Cid. Alianza,
Madrid,1988.
(2)
MENENDEZ PIDAL, Ramón. La España del Cid.
Espasa Calpe. Madrid, 1967. p. 491.
(3)
SPITZER, Leo. Historia y poesía en el cantar del
Cid. En: RICO, Francisco. Historia y crítica de
la Literatura Española. Crítica, Barcelona,
1979. p. 102.
(4)
BAJTIN, Mijal. Epopeya y novela. En: Revista Eco,
No.195, enero de 1978.
(5)
BAJTIN, Mijail. Ibid. p. 47.
(6)
VICTORIO Juan. El sabor de la ganacia. En:
Historia 16, Año VII, No.77.
(7)
VICTORIO, Juan.. Ibid. , p. 82.
(8)
El otro hecho importante en el cual el Cid pide
consejo y la opinión de sus subalternos es el
relacionado con las bodas de sus hijas; el Cid
pide opinión sobre los infantes de carrión.
(Cap,87).
(9)
Al respecto Menéndez Pidal afirma que
Sólo el Cid sabe dominar el nuevo estilo
de los guerreros africanos y sabe infrigirles
vergonzosas o aniquiladoras derrotas en
Almuzafes, en el Cuarte de Valencia, en Bairen,
en Murviedro; Castilla,la tradición, el
idioma, Op.cit. p. 163.
(10)
Juan Victorio afirma al respecto que
Entonces, como ahora, la posesión y la
obstentación daban relieve a la persona y como
la guerra era el método más al alcence de la
mano para adquirirlas, se hace la guerra
VICTORIO, Juan. Op.cit.
(11)
Es importante resaltar en este punto la
importancia de la religión en la empresa del
Cid. Giorgio Perissinotto dedica un ensayo de su
libro Reconquista y literatura Medieval: cuatro
ensayos. Scripta Humanística, Barcelona 1987, a
tratar los móviles económicos y religiosos en
el poema . Por eso plantea como tesis en el Poema
de Mio Cid el afán religioso y la
determinación en la recuperación y
restauración de la Hispania como patria
perdida. Colin Smith por su parte en Poema
de Mio Cid. Crítica, Barcelona, 1985, desarrolla
el papel que empezó a jugar la Iglesia como
fuente de finanzas para la guerra.
(12)
VICTORIO, Juan. Op. cit. resalta el apetito de
medro de los nobles medievales. Igualmente en el
verso 598 el Poema dice: Con la merçed del
Criador nuestra es la ganançia!.
(13)
VICTORIO, Juan. El amor y el erotismo en la
Literatura Medieval. J. García Verdugo, Madrid,
1995. p. 44.
(14)
Juan Victorio reafirma esa omnisciencia del
juglar cuando afirma que El anónimo poeta
aparenta ser frecuentemente su administrador: en
cada caso de ganancia expresa la cuantía. El
dinero logra el perdón del rey y despierta la
codicia de los de Carrion. El sabor de la
ganancia. Op.cit. p. 8.
(15)
Al respecto es bueno recordar las palabras de
Sánchez Albornoz: El de Mio Cid rebosa
rencor contra la alta aristocracia y fervida
admiración hacia los infanzones y caballeros,
hijos de sus obras más que de su estirpe y de su
riqueza. Sáchez Albornoz, Claudio. Op.cit.
p. 28 (El subrayado es nuestro).
(16)
Al Cid siempre le corresponde la quinta parte de
todo lo obtenido.
(17)
El amor y el erotismo en la Lteratura Medieval.
Op.cit., p.42.
(18)
El amor y el erotismo en la Literatura Medieval.
Op.cit. p. 33
(19)
Menéndez Pidal, Ramón. Castilla, la tradición,
el idioma. Espasa Calpe. Madrid,1966, p. 161.
(20)
Citado por: Perissinotto, Giorgio. Reconquista y
Literatura Medieval: Cuatro ensayos. Scripta
Humanística, Barcelona, 1987, p. 24
(21)
Smith, Colin. Poema de Mío Cid. Crítica,
Barcelona, 1985, p. 23.
(22)
El erotismo en la Literatura Medieval. Op.cit. p.
44.
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