La etnografía en la práctica médica

“El conjunto de la ciencia no es más que la depuración del conocimiento cotidiano”

Albert Einstein, 1936

Patricia Granada Echeverry

El presente artículo busca hacer una reflexión desde la medicina sobre las posibilidades de aplicación del método etnográfico en la práctica de los profesionales de la salud, como una herramienta que enriquece el proceso inductivo de construcción de conocimiento del médico, sin excluir otras formas de aproximación al objeto de estudio: la naturaleza humana en toda su expresión.

Este documento nace de la motivación que mostraron los estudiantes de la Facultad de medicina por el tema de la investigación cualitativa, tema al que le abrieron un importante espacio en el congreso Internacional de estudiantes que realizaron en la ciudad de Pereira de 4 al 8 de mayo de 1998.

Fue una sorpresa encontrar que nuestros estudiantes se habían sensibilizado sobre un tema hasta ahora vetado al médico, dada la visión positivista prevalente en el último siglo en las escuelas médicas y en la cual nace la nuestra en el año de 1977. Es grato darnos cuenta que las nuevas generaciones de médicos le abren paso al paradigma cualitativo que enriquece la visión de la salud.

Quiero ser humilde ante los expertos en investigación cualitativa y específicamente en etnografía, pues es mi interés fundamental hacer una reflexión desde mi formación médica de las aproximaciones entre la etnografía y la medicina, y el valor de reflexionar la práctica para nutrirnos de problemas que pueden ser abordados por el método etnográfico. Pretendo además, resaltar las bondades que percibo de éste, como un aporte a quienes como yo, están asomándose al campo de la investigación cualitativa para la salud.

Creo que la investigación cualitativa y en ella la etnografía, aporta herramientas útiles al médico que le permiten cualificar su práctica profesional, ser reflexivos y críticos de su actuar, y adquirir información sobre las múltiples situaciones que se generan en la vida cotidiana de sus pacientes y colegas y que pueden enriquecer las explicaciones de las fluctuaciones del bienestar. La etnografía, como análisis de la vida cotidiana, necesariamente abarca lo cultural ya que ésta se crea y recrea en los espacios de encuentro en sus dimensiones y espacios culturales y lingüísticas; entre éstos el acto médico es el espacio de encuentro intercultural cotidiano.

Partimos del supuesto básico de que la medicina no es una ciencia por sí misma. Es un arte en el que confluyen múltiples disciplinas y paradigmas permitiendo al médico ser armonioso en sus actuaciones, acertado en sus decisiones y crítico con el conocimiento que posee, lo cual no excluye todas las posibilidades de construcción y aporte teórico que la medicina hace al desarrollo de la ciencia desde la racionalidad positivista.

Pero además, desde la hermeneútica, podemos considerar que es el arte de quien la ejerce lo que la hace estéticamente hablando, una bella expresión de la solidaridad y de amor al prójimo, haciendo del acto médico una sublime expresión intersubjetiva llena de significado y sentido para el médico y el paciente. En esta relación se requieren las más habilidosas estrategias de interpretación -semiológica y etnográfica- más allá del requisito académico de una historia clínica bien elaborada. Para el médico la semiología interpreta la “cosa” (enfermedad), expresada en signos y síntomas; el médico devela el significado y significante de cada hallazgo: los antecedentes personales y los familiares recuperan la historia, a partir de las huellas que sirven de mojones a partir del cual reconstruir los contextos donde se generan los hechos. El médico es un investigador constante que se apoya en los métodos e instrumentos para el diseño de investigación e intervención en cada caso, así como la forma de recolección de la información. La etnografía, como la semiología, permite además interpretar lo interpretado y el uso de las herramientas de comunicación oral y escrita como el interrogatorio y la historia clínica. Ésta en el sentido de la palabra que la designa: “historia” o “autobiografía” del paciente indaga hechos humanos más allá de la contraposición insostenible entre sujeto y objeto : la historia clínica no halla leyes sino que saca a la luz individualidades, en su proceso de elaboración se gana en el nivel empático de la proximidad entre el que conoce y lo conocido (1) .

El médico más allá del método se mueve entre las dimensiones de la explicación y la comprensión de los fenómenos, en dos momentos con procesos mentales diferentes: un primer momento inductivo, de interpretación a partir de lo empírico y un segundo momento hipotético-deductivo, de explicación del fenómeno a partir de lo teórico, para llegar a un diagnóstico validado por el conocimiento hegemónico. El valor de la etnografía está en la recuperación y afinamiento del primer momento del acto médico, subvalorado y opacado por el segundo, pero que aún en las condiciones actuales, sigue vigente y es reclamado por los pacientes. Como en el arte, en la medicina,

“no existe una interpretación única, mejor que todas las demás: única es sólo la obra, no la interpretación, que siempre es múltiple. Esto no significa, sin embargo que sea arbitraria: el intérprete no deberá agregar o sobreponer su personalidad a la obra, sino servirse de ella como instrumento e intermediario, si bien indispensable y activo”(2).

La historia clínica, se asemeja a la historia de vida o al diario de campo métodos de recolección de información en la investigación cualitativa, que analizada bajo el método etnográfico sirve como registro del conocimiento cultural; los datos de la historia clínica son fundamentales para la etnografía, cuando en ella deberían quedar plasmadas los signos con sus significados y significantes en el contexto cultural del paciente y de la interpretación sígnica del médico en el contexto de su actuar.

Aproximaciones a la etnografía desde la medicina

La etnografía como método fortalece la “atención integral” que se busca en la actualidad. El objeto de la práctica médica es el ser humano con toda su complejidad existencial, por lo tanto debe ser comprendido, abordado e intervenido como “sujeto”, lo cual implica otros compromisos interaccionales entre el personal de salud y los pacientes, que supere la visión instrumental que se ha impuesto en los últimos tiempos, que “inscriben el dato bajo la ley y alcanzan una verdad incuestionable en relación con los parámetros que han sido asumidos como verdaderos”(3), afirmando la objetivación en la que ha caído la medicina en el último siglo.

Se ofrece la etnografía al médico general como un método aplicable a los múltiples contextos de la práctica profesional, desde el consultorio, pasando por los diferentes servicios de un hospital, hasta grupos humanos en los escenarios sociales y comunitarios. Los objetos de estudio son variados: Las actitudes y actividades de las personas, lo que abre un interesante campo para la implementación de la promoción y prevención. Las interacciones humanas en la relación médico paciente, aporte sustancial para la calidad en el servicio. La cultura institucional como un componente vital a los procesos gerenciales, la cultura de grupos humanos, como minorías étnicas como aporte en los planes de desarrollo en salud a nivel local o regional, entre otros.

Desde el punto de vista del objeto del conocimiento se ha considerado la etnografía como “registro del conocimiento cultural” (Spradley, 1980), o el análisis holístico de sociedades” o la investigación detallada de patrones de interacción (Gumpterz, 1981)(4). en la primera consideración, la medicina se beneficia de su aporte en la comprensión de los aspectos culturales que determinan la salud y la enfermedad. Los hábitos, costumbres y creencias que los diferentes actores producen y reproducen en la vida cotidiana y que llegan hasta nosotros expresadas en signos y síntomas que como dijimos antes, merecen una interpretación más profunda del simple hecho de encontrar una explicación causal y plasmarlo en una historia clínica.

En la segunda consideración, el análisis holístico permite al médico el conocimiento de las comunidades de las cuales provienen sus pacientes, tal y como si cada uno fuera una muestra de la cultura, ya que cada individuo, cada núcleo familiar, desde la perspectiva de la salud integral representa en sus acciones la cultura que ha internalizado. El médico deberá agudizar su mirada interpretativa en cada gesto y acto de palabra para tener la información que pueda enriquecer su problema de investigación cualitativo durante la consulta. El análisis holístico permite adelantar proyectos educativos que respondan a las necesidades cognitivas, culturales y educacionales de las personas.

El estudio de los patrones de interacción es todo un campo por explorar desde la medicina y es la clave para rescatar el rol del médico en ésta época del desencanto que tuvo su origen a principios de los 70, época en la que se recomendaba a los médicos “guardar distancia con el paciente”. El no involucrarse afectivamente con el dolor y la muerte, daba garantía de calidad en la medida en que los juicios profesionales y las decisiones se podían considerar “objetivos”. A partir de los 80 se consolida una propuesta que se venía gestando con anterioridad, la cual rescata la complejidad de las interacciones humanas y su relación con la salud teniendo como fundamento la teoría de sistemas, y es la salud Familiar: una estrategia de atención en busca de la salud integral.

La Medicina Familiar fue naciendo como una reacción contra ciertos hechos como la fragmentación, la despersonalización, el desplazamiento de los pacientes de un profesional a otro (5). La salud familiar encontró fundamentos en los que el estrés y la falta de apoyo familiar tienen que ver con el desarrollo de muy diferentes tipos de problemas médicos. La Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (ASCO-FAME), ha liderado este propuesta en el país, y hace énfasis en el modelo relacional como paradigma del médico generalista integral. A continuación presento algunos aspectos que sirven de pista para la mirada del étnografo médico ya que son condiciones y quejas que según Gayle Stephens (1975) requieren las habilidades de manejo especial de un médico sabio y comprensivo(6):

1. Quejas que son vagas oscuras o indiferenciadas.

2. Quejas que se originan de una enfermedad que amenaza la vida.

3. Quejas que parecen fuera de proporción con los hallazgos físicos o de laboratorio.

4. Quejas que son raras o muy extrañas, que no coinciden con lo esperado anatómica y fisiológicamente.

5. Quejas que son persistentes e incapacitantes.

6. Quejas asociadas con marcada ansiedad o cambio de talante.

7. Quejas que resultan de cambios de vida, conflictos o estréss.

8. Condiciones que tienen que ver con los hábitos y el estilo de vida del paciente.

9. Condiciones que requieren decisiones morales o éticas.

Durante el proceso inductivo del acto médico se da la búsqueda de las propiedades emergentes, es decir, que debemos estar atentos a las propiedades que los mismos elementos organizados e interrelacionados van creando como condiciones regulares, como totalidades o como funciones diferentes que merecen una distinta forma de estudio. He aquí la importancia de la etnografía, ya que permite no sólo identificar estas propiedades y analizarlas sino que además ofrece opciones metodológicas para superar la fragmentación y facilitar la integración.

Esta aproximación al conocimiento de las interacciones fortalece los marcos teóricos de la medicina familiar, la psiquiatría, la rehabilitación entre otras subespecialidades, y aún más los del médico general.

Es necesario fortalecer el pensamiento como generalistas, pues estamos empezando a comprender que nuestro obsesivo afán sobre el detalle cuantificado sin atención al contexto, sobre la medición progresivamente más precisa de problemas más pequeños, no hace sino dejarnos sabiendo cada vez menos cosas sobre cada vez menos cosas”(7).

A partir de este enriquecimiento teórico se pueden generar propuestas de intervención en problemáticas específicas como son la violencia en nuestro medio, el papel de grupos de apoyo en la mejoría de pacientes farmacodependientes o que padecen SIDA, de la familia en los pacientes de Alzheimer, por citar algunos ejemplos.

Complementariedad del método etnográfico para la salud

Uno de los aspectos más importantes del acto médico es la construcción de teoría por medio de la inducción a partir de datos empíricos, y el análisis simultáneo que debe hacer pues al terminar su exámen, el médico debe tener una respuesta en cualquier nivel de aproximación bien sea como intuición o como hipótesis diagnóstica y cultural del paciente:

la importancia de la inducción se encuentra en la simultaneidad del análisis y la recolección de la información claro, como en todo proyecto de investigación el análisis se hace sobre todo al final pero en la investigación cualitativa se inicia desde un principio”(8)

Tal y como lo hace el médico en cada caso que estudia. El poder que tiene esta primera aproximación es tal, que direcciona todas las decisiones posteriores de ayudas complementarias y remisión a otros expertos si es del caso.

El médico no puede basar sus análisis en un modelo de estudio único. Reconociendo esto, estamos mejor preparados para apreciar la contribución que la etnografía puede hacer a la práctica médica. Debe quedar claro que no entendemos la etnografía como un “paradigma alternativo” a la investigación experimental, de encuestas o documental(9). Más bien se trata de un método que permite abordar otras dimensiones poco tangibles por los métodos experimentales empírico-analíticos. Ahora que está en moda la “medicina basada en evidencia”, se hace más necesario hacer “evidentes” los actos y rutinas que condicionan la calidad de vida de las personas, y que explican en gran medida el origen de las enfermedades y dan las claves para la intervención más adecuada.

El valor de la etnografía tal vez se torne más obvio en relación al desarrollo de la teoría, en el sentido de que se ha privilegiado en la formación médica el dotar al profesional de un arsenal teórico que oriente sus acciones, pero que se torna en un problema cuando esta teoría previa se transfiere a la práctica con una tendencia homogenizadora de los pacientes y de su cultura. La etnografía le permite al médico como investigador etnográfico contrastar su teoría previa con los hallazgos durante el trabajo de campo tal y como afirma Schutz (1964), citado por Hammersley:

es difícil para un etnógrafo mantener por mucho tiempo tales prejuicios durante un contacto directo y prolongado con la gente y el lugar investigados. Además mientras la respuesta inicial a este contacto puede ser su sustitución por otras concepciones erróneas, con el tiempo, el etnógrafo tiene la oportunidad de verificar su comprensión de los fenómenos estudiados”(10).

Una de las características de la etnografía es su flexibilidad, de gran utilidad para el médico quien difícilmente puede predecir qué tipo de pacientes y de casos clínicos le llegarán durante un día de consulta, durante el cual se enfrenta con situaciones imprevistas. Al no requerir de un diseño extensivo previo al trabajo de campo, la etnografía puede incorporarse a la práctica médica cotidiana no como un método adicional sino simultáneo con otras habilidades médicas como es la semiología clínica, cuyas estrategias y orientaciones pueden cambiarse, superponerse y sinergizarse con relativa facilidad, de acuerdo con las necesidades cambiantes requeridas por el proceso de elaboración teórica o de afinamiento diagnóstico. “En este sentido la etnografía permite proseguir a través del desarrollo teórico de una forma altamente efectiva y económica” (11).

Sin embargo, la contribución de la etnografía no se limita a la fase de desarrollo teórico. Puede ser también utilizada para la verificación teórica. Casos que son cruciales para la teoría -aquellos donde parece que está fallando- pueden ser examinados a través de la etnografía(12). En medicina por ejemplo, una buena oportunidad para la etnografía es estudiar las variables intervenientes de los diseños experimentales, convirtiéndolas en categorías para un estudio, de todas formas la etnografía basa su práctica en la búsqueda de lo inesperado, con lo cual la teoría se conecta nuevamente con lo empírico, en la vida cotidiana.

Una ventaja del método etnográfico para el médico es que el consultorio o el hospital pueden ser considerados como los lugares naturales para la práctica médica cotidiana:

La etnografía al investigar situaciones humanas en lugares cotidianos y no en ambientes experimentales, minimiza el peligro de que los resultados sólo sean aplicables a situaciones de investigación, lo que le da mayor validez a los resultados”(13).

Pero el médico también puede salirse de “su” escenario natural para observar, analizar y desentrañar el sentido de situaciones humanas, accediendo a los escenarios naturales de los pacientes. Es así como se está volviendo a la visita domiciliaria, bien acogida por los usuarios de salud, y que puede ser aprovechada para el fin que nos interesa.

Adicionalmente, el uso que la etnografía hace de múltiples fuentes de información es también una gran ventaja, y es un proceso similar al que debe hacer el médico para llegar al diagnóstico o al definir la conducta.

El carácter multi fácetico de la etnografía proporciona la base para la triangulación en que diferentes clases de información pueden ser sistemáticamente comparadas. La triangulación de las fuentes de información conlleva la comparación de la información referente a un mismo fenómeno pero obtenida en diferentes fases del trabajo de campo, en diferentes ciclos temporales, existentes en aquel lugar o, comparado los relatos de diferentes participantes (incluido el etnógrafo)” (14).

Podría considerarse que los médicos hacemos triangulación cotidianamente, cuando pedimos la opinión de nuestros colegas o cuando buscamos fuentes de información bibliográfica complementaria.

El diseño de la investigación

El diseño de la investigación debe ser un proceso reflexivo, operando en todas las etapas de la investigación, se construye en el proceso de aproximación en el trabajo de campo en donde lo inesperado perfila el diseño así como las condiciones del investigador. Así como el médico no sabe exactamente que problemas tendrá que resolver durante su turno en el servicio, su solución dependerá de cada caso en particular, igualmente diseñará las estrategias de aproximación a su objeto de estudio etnográfico.

Fuentes de problemas cualitativos a partir de la práctica profesional

La principal habilidad que debe desarrollar un investigador desde cualquier paradigma en que se ubique, es la de problematizarse y problematizar La teoría, la práctica profesional, las experiencias vitales o a partir de otras estructuras de investigación, generar diseños para otros grupos o contextos. Debe quedar claro que la etnografía reconoce en la teoría un importante banco de preguntas con las cuales podemos perfilar nuestro problema de investigación. Al respecto Malinowsky afirma :

Estar bien preparado teóricamente no equivale a cargar con “ideas preconcebidas”. Si una persona que se embarca en una expedición está determinada a verificar ciertas hipótesis y es incapaz de cambiar cuantas veces sean necesarias su punto de vista y deshacerse de aprioris cuando las evidencias así lo aconsejan, innecesario es decir que su trabajo no será de ningún valor. Sin embargo, cuantos más problemas lleve consigo al campo, más propenso será a moldear la teoría de acuerdo con los hechos en relación a la teoría, y mejor preparado estará en el trabajo. Las ideas preconcebidas son perniciosas en cualquier tipo de trabajo científico, pero aventurar problemas preliminares es la principal cualidad de un científico, y esos problemas se revelan por primera vez al observador a partir de sus estudios teóricos” (15).

Malinowski, 1922:8-9

La práctica profesional reflexionada aporta los más variados problemas de investigación en diferentes escenarios. Les voy a dar algunos ejemplos que pueden ser útiles para la búsqueda de problemas de investigación: durante mi experiencia en las salas de urgencias del hospital universitario observé con regularidad como los pacientes seniles con fracturas de fémur, presentaban después de varios días de hospitalización algunas señales de desorientación, empecé a explorar la esfera mental de éstos y otros pacientes hospitalizados en la sala y noté que esto mismo sucedía a otros pacientes que pasaban largos períodos en el hospital, me interesé entonces por los cambios en la percepción del tiempo de los pacientes hospitalizados, dimensión que al ser explorada fui encontrando estrechamente ligada a la dimensión espacial, pues seguía siendo más frecuente la desorientación en los pacientes “inmovilizados”, cuya espacialidad se había visto alterada por su enfermedad que aquellos que podían movilizarse así fuera por la estrecha sala del hospital. De esta manera los propios eventos profesionales pueden estimular la investigación, proporcionando una oportunidad para explorar acontecimientos poco usuales o comprobar la validez de una teoría. Para ilustrar lo anterior, Hammersley, en su texto de Etnografía presenta algunas Ilustraciones interesantes a este respecto como son los trabajos de Roth sobre pacientes (1963) y el de Kotarba sobre acupunturistas (1975).

También se pueden desarrollar problemas de investigación mediante el transplante de una estructura de investigación de un área sustantiva a otra. En mi caso por ejemplo, a partir de un estudio cuantitativo empírico-analítico realizado en 1994 sobre “caracterización de familias de Risaralda”(16) , se utilizó la teoría de Olson cuyas dimensiones a trabajar eran la cohesión y la adaptabilidad del sistema familiar articulados por la comunicación. Revisando bibliografía se encontró que su origen teórico estaba de acuerdo con las teorías de la dinámica de pequeños grupos expuesta por Marvin E. Shaw(17), la cual era aplicable a otras formas de organización humana como por ejemplo: los estudiantes de medicina o los grupos de trabajo docente o administrativo. Esto permite entonces problematizar los diferentes escenarios de nuestra práctica profesional utilizando estructuras de investigación transplantadas de otros estudios.

En este momento puede resultar interesante a nivel organizativo, investigar por ejemplo, las rearticulaciones entre instituciones y actores que se han generado a partir de la ley 100, y su aplicación en el momento actual. Uno de los principales procedimientos del estudio de la escuela médica de Kansas realizado por Becker y otros (1961) utilizan este tipo de transplante :

Ellos adoptan una perspectiva de la sociología industrial -los trabajadores industriales intentan establecer su propio “nivel y organización de trabajo”- y aplicarlo a la situación típica de los estudiantes de medicina que, superados por las demandas académicas, intentan negociar niveles razonables de esfuerzo, y establecer una dirección apropiada a su trabajo” (18).

Los escenarios de la práctica médica y la etnografía

La formación y desarrollo de los problemas de investigación en la etnografía depende de la naturaleza del lugar elegido para el estudio. Lugares como el hospital y las diferentes dependencias, el consultorio privado, puestos o centros de salud o el medio familiar del paciente. Estos diversos escenarios le ofrecen al médico un sinnúmero de problemas de investigación que serán desarrollados y enriquecidos en el trabajo de campo.

Para el médico, quien tiene la forma de hacer estudios en escenarios naturales, el problemas de selección del lugar prácticamente no existe, pues el problema de investigación y el lugar donde se lleva a cabo aparecen en estrecha interdependencia. Es importante recordar que el proceso de identificación y definición del objeto de estudio está lado a lado con el refinamiento del problema de investigación, el desarrollo teórico y los hallazgos en el trabajo de campo.

Hammersley afirma que:

una de las limitaciones frecuentemente planteadas en relación al trabajo etnográfico es que, como lo que se estudia es un caso, o como mucho un pequeño número de casos, la representatividad de los resultados siempre se pone en duda”(19).

Para el médico esto no es un problema, pues cada caso ofrece sus propios problemas de investigación y en la medida que se vaya agudizando la mirada etnográfica se podrán ir encontrando las regularidades que le permiten ir haciendo generalizaciones y enriqueciendo sus conclusiones. En todo caso la etnografía no pretende construir leyes universales aplicables a cualquier contexto, sino comprensiones de los fenómenos en contextos espacio-temporales e históricos determinados.

De todas formas, el problema de la representatividad muestral también se presenta en la investigación experimental y para el cual no existe una respuesta fácil. Aunque las técnicas de muestreo no resuelven el problema, se puede decir que cuántos más resultados similares se obtengan de los casos estudiados, más podremos confiar en nuestras conclusiones”(20).

Los muestreos pueden ser aleatorios de los casos disponibles para el estudio. Pero pueden adoptarse otras formas, como son el muestreo teórico. Glasser y Strauss recomiendan dos estrategias complementarias : “minimizar las diferencias entre los casos con el fin de sacar a la luz propiedades básicas de una categoría particular y posteriormente, maximizar las diferencias entre los casos de forma a incrementar categorías y acortar la incidencia de teoría. Como ilustración ellos citan su investigación sobre el contexto que rodea a los pacientes terminales en los hospitales:

Las visitas a varios servicios médicos fueron programados de la siguiente manera: primero quería considerar los servicios en los que la conciencia del paciente es mínima (así, observé en primer lugar los servicios dados a los nacimientos prematuros y después la sección de neurología, donde los pacientes suelan estar en coma). Después quería observar muertes rápidas, en situaciones donde existe una gran expectación por parte del personal del hospital e incluso de los pacientes, por eso centré mi observación en una unidad de cuidados intensivos. Después quería ver los servicios donde la expectación del personal sobre los pacientes terminales era grande, pero donde la muerte suele ser lenta. Así observé una sección de enfermos cancerígenos. Después mi interés se centró en las condiciones donde la muerte era inesperada y rápida, entonces observé un servicio de emergencias. Mientras observaba a diferentes tipos de servicios hospitalarios, observaba también las situaciones mencionadas arriba en otros hospitales. Así nuestra programación de diferentes tipos de situaciones fue dirigida por un esquema conceptual general - que incluía hipótesis sobre estructuras conceptuales incluyendo aspectos no considerados en principio. A veces volvíamos a los mismos servicios después de dos o cuatro semanas de haberlos observado intensamente, para comprobar aspectos que necesitaban mayor información o que estaban confusos” (21).

(Glasser y Strauss, 1967:59)

En este caso, el fenómeno a estudiar se ubica en diferentes escenarios de uno global que los contiene, o sea trata de develar subculturas dependiendo de la situación característica del paciente en cada contexto. La percepción del tiempo es también fundamental para el análisis de las categorías identificadas.

Prestar atención a las variaciones existentes en un contexto es tan importante como realizar muestreos de lapsos temporales y de personas, por ejemplo: la información que el paciente da al médico puede no ser tan completa como la que puede dar un paciente a otro en la sala de espera, pues es una relación más horizontal y espontánea. Otro ejemplo, puede ser observar el comportamiento del personal de auxiliares de enfermería, pudiendo notar la diferencia cuando está la enfermera jefe y su relación con la calidad en la atención en el servicio. Es importante no confundir los lugares con los contextos , pues este último variará en función de las relaciones, formas de poder y de comunicación de las personas.

Conclusiones

Antes de preocuparnos de cómo hacer etnografía, debemos hacer más énfasis en lo epistemológico del acto médico desde el paradigma cualitativo, con el fin desensibilizar a los profesionales de la salud en su aplicación investigativa, asistencial y académica, cómo un método más humano.

Es importante aclarar que la investigación cualitativa, al igual que otros aportes a la medicina, no excluye los estudios empírico-analíticos, sino que complementa la práctica profesional, abriendo nuevas y ricas posibilidades de comprensión, explicación y análisis de los problemas de salud.

La etnografía es apenas uno entre varios métodos de investigación disponibles dentro de la investigación cualitativa. Es un método que como otros tiene puntos sólidos pero también ciertas debilidades características. Para el médico es una importante herramienta para la comprensión a través de la observación de las actividades cotidianas, en vez de, únicamente, confiar en las explicaciones que los actores, -pacientes, familia, personal de salud, comunidad, instituciones- nos dan de sus comportamientos, o en las simulaciones experimentales sobre ellos.

La etnografía es la forma más básica de investigación cualitativa. La medicina por su función eminentemente social tiene puntos de encuentro en los intereses y problemas que puede plantearse un etnógrafo y un médico. Por lo tanto, proponemos a los médicos no esperar a que investigadores sociales exploren nuestro campo profesional, sino que nos apropiemos de él, y conjuntamente avancemos en la reflexión y búsqueda de soluciones para la construcción de un modelo de atención en salud, no impuesto por la crítica ajena, sino enriquecido por la autocrítica. Esta autocrítica puede ser abordada mediante el método etnográfico en busca de entender la manera cómo la gente otorga sentido a las cosas de la vida cotidiana.

Notas

(1) VATTIMO, Gianni. Hermenéutica y Racionalidad. Norma, Santa Fé de bogotá, 1994. p. 13

(2) Ibid, p. 21

(3) Ibid, p

(4) HAMMERSLEY, Martyn. Etnografía, métodos de investigación. Paidós, Barcelona, 1994.

(5) MEJÍA G., Diego. Salud Familiar para América Latina. ASCOFAME, 1991, p. 23.

(6) Ibíd. p. 27

(7) Ibíd. p. 30.

(8) DESLAURIERS, Jean Pierre. El análisis en investigación cualitativa. En : Revista de Ciencias Humanas, Universidad Tecnológica de Pereira. Traducción de Miguel Angel Gómez Mendoza, año 5, No. 15, Marzo de 1998

(9) HAMMERSLEY, Martyn y otro. Op cit. p. 38

(10) Ibidem.

(11) Ibídem.

(12) Ibíd. p. 39

(13) Ibíd. p. 24.

(14) Ibid. p. 39.

(15) Ibíd. p. 42.

(16) GRANADA, Patricia y otros. Caracterización de Familias de Risaralda, en: La Familia de Hoy en Colombia. Tomo I. Unicef, Presidencia de la República, 1995.

(17) SHAW, Marvin. Dinámica de Grupo. Psicología de la conducta de pequeños grupos. Herder, Barcelona, 1986.

(18) Hammersley. Op cit. p. 50.

(19) Ibíd. p. 58.

(20) HAMMERSLEY, Op cit.

(21) Ibíd. p. 59


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