La justificación pragmatista de la inducción
José
Fernando Ospina C.
En
el siguiente artículo repasaremos uno de los
primeros intentos por resolver el problema de
la justificación de la inducción,como es
elmodelo pragmático de justificación,
planteado por el filósofo norteamericano
Charles Sanders Peirce en el siglo pasado;
pasando a la elaboración de un examen sobre
la reformulación contemporanea de dicho
programa propuesta por Hans Reichenbach.
1.
Peirce y la justificación pragmatista
El
intento más importante para justificar la
inducción en el siglo XIX está representado por
el llamado enfoque pragmatista que el filósofo
norteamericano Charles Sanders Peirce le dio a
este problema.
La
figura de Peirce ha sido poco estudiada en
nuestro medio, pese a que en su obra encontramos
grandes aportes para la investigación
filosófica; además de sus notables estudios en
el campo de la lógica, hallamos en su
producción apartes dedicados a la crítica y
análisis de diferentes posturas filosóficas y
otros elementos valiosos para el enriquecimiento
de las ideas que podemos hacernos sobre el
método científico y su papel en el proceso del
conocimiento.
El
corte pragmatista de la filosofía de Peirce
incide en el hecho de que, a su parecer, el
concepto de verdad esté ligado al efecto
prácico que nuestros asertos sobre el mundo
provoquen, es decir, que la verdad de una
proposición está determinada por el hecho de
que los efectos que prevemos al enunciarla se
verifiquen o no en la experiencia posible.
Consecuentemente, no podemos hablar dentro del
proceso del conocimiento de un tránsito de un
estado de ignorancia a un estado de conocimiento,
sino que siempre partimos de la duda (la cual
para Peirce es el acicate que nos impulsa a
entrar en el camino del saber) a la creencia;
siendo la creencia el punto de llegada en el
proceso de conocimiento, al obtenerla es inocua
la pregunta de si es verdadera o falsa, pues el
habernos fijado una creencia determinada implica
que tengamos seguridad en su verdad:
Pues
la verdad no es ni más ni menos que aquella
característica de una proposición que
consiste en esto, en que la creencia en la
proposición, con suficiente experiencia y
reflexión nos llevaría a una conducta tal
que tendería a satisfacer los deseos que
tendríamos entonces. Decir que la verdad
significa más que esto es decir que no tiene
en absoluto ningún significado(1)
.
De
esta manera nos damos cuenta de cual será el
cometido final en la empresa del conocimiento:
La fijación de la creencia. Peirce
destaca cuatro métodos para llegar a ella, los
cuales son el método de la tenacidad, el método
de la autoridad, el método apriorístico y el
método científico. Antes de examinar cada uno
de ellos, es importante tener en cuenta el hecho
de que en esta línea de pensamiento el
conocimiento es un producto social que sólo
puede completarse en un lapso de tiempo mucho
mayor al correspondiente a la vida de un hombre y
debe ser complementado generación tras
generación. Después de esta aclaración,
describamos brevemente cada uno de estos
métodos:
a)
Método de la tenacidad:
Este
método es muy frecuente y se verifica cuando
vemos que muchos hombres al tomar como suya
una creencia la defienden de cualquier
creencia contraria y procuran alejarse de
cualquier razonamiento que pueda hacerla
tambalear; todo esto por el sentimiento de
seguridad que nos da el sentirnos afincados
en la verdad y el miedo a la incomodidad
intelectual que la duda produce en nosotros.
Pero es notorio que este método tiene una
base muy débil, pues la constante relación
con la sociedad puede hacernos abrir los ojos
y, así, darnos cuenta de que en este nivel
de la creencia, las creencias de los otros
pueden valer lo mismo que las nuestras.
b)
Método de la autoridad:
No
se trata de la voluntad del individuo sino de
la del estado, y se presenta cuando
determinados gobiernos y jerarquías
religiosas, postulan una ideología que debe
ser aceptada por todo aquel que esté bajo su
dominio, prohibiendo cualquier clase de
pensamiento que rompa el dogma impuesto; pero
sin poder evitar que algunos individuos
comparen la ideología imperante con las de
otras naciones o religiones, dándose cuenta
que todas éstas pueden tener igual valía.
c)
Método apriorístico:
Este
método se diferencia de los anteriores al
apelar en mayor grado a la razón, pero su
problema es que enuncia proposiciones que son
solamente agradables a la razón
haciendo caso omiso a la experiencia,
encerrándose en fortalezas construidas con
base en razonamientos lógicos, que parten de
supuestos aceptados de antemano; para Peirce
este método ha sido utilizado por la
mayoría de los filósofos hasta su época.
d)
Método científico:
Este
es el método que para Peirce, puede producir
frutos más duraderos y precisos que los
anteriores, pues sólo con este podemos
llegar a un conocimiento satisfactorio de la
realidad, y dice:
Su
hipótesis fundamental, expresada en un
lenguaje más familiar, es esta: Hay cosas
reales cuyas características son enteramente
independientes de nuestras opiniones sobre
las mismas; estos reales afectan a nuestros
sentidos siguiendo unas leyes regulares, y
aun cuando nuestras sensaciones son tan
diferentes como lo son nuestras relaciones
con los objetos, con todo, aprovechándonos
de las leyes de la percepción, podemos
averiguar mediante el razonamiento cómo son
real y verdaderamente las cosas; y
cualquiera, teniendo la suficiente
experiencia, y razonando lo bastante sobre
ella, llegará a la única conclusión
verdadera (2).
Como
ya hemos advertido, entonces, el planteamiento de
la realidad como una hipótesis y la búsqueda de
una creencia aceptada por todos los componentes
de una sociedad, implican que el alcance del
conocimiento científico no puede ser logrado por
un número predeterminado de individuos, sino que
está determinado a ser alcanzado tarde o
temprano por la comunidad científica en el
tiempo; por esto, la realidad sería:
...
Al hablar de la realidad, no se referiría
Peirce a los hechos concretos, a la
efectividad fenoménica de la experiencia,
sino a las teorías e hipótesis explicativas
del cosmos real que, aún dependiendo del
pensamiento de los hombres, se irían
acercando progresivamente a una verdad
objetiva y trascendente (3).
Dentro
del desarrollo del método científico
encontramos tres tipos de razonamientos: el
inductivo, el deductivo y el abductivo. Es claro
que desde el punto de vista empirista utilizado
por Peirce, el comienzo del método científico
se da con el hecho del enfrentamiento del hombre
con los interrogantes que la naturaleza le ofrece
a través de la experiencia, interrogantes a los
cuales, el hombre, en principio, trata de
buscarles explicación mediante la postulación
de hipotesis, y el mecanismo que poseemos para
formular dichas hipótesis será la abducción,
teniendo esta operación la virtud de escoger
determinadas hipótesis, las cuales actuarán
como hipótesis explicativas al tener el poder de
producir en nosotros determinadas creencias
positivas en sus resultados, los cuales,
asimismo, deben ser susceptibles de tener una
verificación experimental; ya al contar con la
hipótesis postulada mediante la abducción,
entra en juego la deducción, la cual actúa
infiriendo hechos determinados, que podrían
verificarse si la hipótesis tomada fuese
verdadera; ya en un último nivel, hará su
aparición la inducción, para tomar muestras de
la clase total de los hechos que se encuentren
cobijados por la hipótesis, para comprobar la
veracidad en la experiencia de dicha enunciado
formulado en primera instancia.
La
justificación de la abducción se encuentra en
la inducción, ya que mediante ésta podemos dar
fe de la capacidad del ser humano para proponer
hipótesis correctas que produzcan predicciones
acertadas sobre la realidad, la cual ha sido
verificada incontables veces durante la historia
del desarrollo científico, al observar los
descubrimientos verdaderos que hemos
logrado con el conocimiento científico:
Un
hombre tiene que estar categóricamente loco
para negar que la ciencia ha hecho muchos
descubrimientos verdaderos. Pero cada uno de
los ítems particulares de la teoría
científica que hoy se encuentran asentados
lo deben a la abducción (4).
Ahora
bien, la justificación del razonamiento
inductivo parece desde todo punto de vista más
complicada que la justificación de la
abducción; aún más, si partimos del hecho de
que Peirce, al igual que Hume, cree en la
invalidez de los razonamientos que parten de la
experiencia pasada a la experiencia futura, pero
para evitar esta dificultad, Peirce afirma que la
inducción está íntimamente ligada a la
probabilidad, y
bajo
este supuesto, es evidente que a una
proposición dada sólo podrá asignársele
un grado de probabilidad si se la computa
como un miembro de una clase de
proposiciones, y ese grado vendrá expresado
por la proporción entre las proposiciones
verdaderas y el número total de las que
componen la clase considerada (5).
Debemos
admitir que todas estas clases se prolongan
indefinidamente, bajo el supuesto de la
inagotabilidad de la experiencia, estando así la
inducción justificada en su definición, pues,
si ésta es la frecuencia relativa de
una propiedad existente en una clase de objetos a
través de la toma de muestras aleatorias de la
misma, entonces la repetición de este mecanismo
inductivo en el curso ilimitado de la experiencia
hará que sea cierto desde un punto de vista
matemático, que la repetición en la
utilización del mecanismo, a la larga, nos
acercará indefinidamente a la verdad, si es que
de hecho existe una verdad alcanzable. Mas es
pertinente aclarar el hecho de que cuando
hablamos de probabilidades en el razonamiento
inductivo, no podemos estar seguros del valor de
verdad probable de la conclusión que a la larga
podemos obtener (el cual sólo es precisable en
los argumentos análiticos con premisas
verdaderas) sino que sólo podemos tener
confianza en el procedimiento que en el caso
estamos empleando, y para reafirmar lo que hemos
dicho anteriormente:
...
el que la regla de la inducción sea
válida a la larga, puede deducirse del
principio de que la realidad es únicamente
el objeto de la opinión final a la que
conduciría una investigación suficiente.
Que la creencia tiende gradualmente a fijarse
bajo la influencia de la indagación es,
ciertamente, uno de los hechos con los que la
lógica se pone en marcha(6).
Este
método pragmatista de la justificación de la
inducción, basado esencialmente en la
probabilidad como sostén de la argumentación
inductiva, fue desarrollado en nuestro siglo por
Hans Reichenbach y retomado así mismo por
filósofos como Wesley C. Salmon, llevando este
intento de justificación a niveles más
complicados que los alcanzados por Peirce en sus
estudios sobre el asunto. Aunque debemos advertir
que el mismo Peirce abandonaría el enfoque
probabilístico como frecuencia de la inducción,
posteriormente consideraría confiable este tipo
de razonamiento porque al prolongarlo
suficientemente estaríamos en la capacidad de
corregir los errores concernientes a la
experiencia futura, a los cuales en su desarrollo
temporal pudiera conducirnos; este cambio de
actitud puede explicarse por el deseo del
filósofo de alejarse del idealismo incipiente
que puede encontrarse en la apelación a la
probabilidad, y el deseo de acercarse de una
forma más efectiva a la realidad, la cual es al
final, la meta de la inducción en su función de
comprobar la veracidad de las hipótesis en sus
explicaciones sobre los hechos del mundo.
2.
Modelo contemporaneo de justificación
pragmática de la inducción
Este
tipo de justificación, parte de las ideas
dejadas por Peirce en sus obras y esta
representado principalmente en nuestra época por
los escritos de Hans Reichenbach y,
posteriormente, por Wesley C. Salmon y tiene
entre sus principales características la de
negar el intento de resolver el problema de la
inducción mostrando que éste no es un verdadero
problema , además de no intentar llegar a una
validación de las reglas inductivas estandar
sino, a una vindicación de las mismas.
Expliquemos ahora cual es la diferencia entre
estas dos metas.
Es
claro que al hablar de forma general de las
argumentaciones de tipo deductivo e inductivo,
debemos llegar a plantear unas reglas
fundamentales de las mismas, las cuales, en
cierto sentido deben ser auto-conscientes; pero,
al encontrarnos con dichas reglas fundamentales
no podemos pretender encontrar una validación de
las mismas, pues, en el significado del término
validación vemos que este implica el apoyarse en
leyes más fundamentales; por lo tanto, debemos
tratar de vindicarlas, lo cual, según las ideas
de Herbert Feigl, equivale a encontrar argumentos
para demostrar que dichas reglas cumplirán los
propositos que se supone deben cumplir; dada esta
aclaración, nos es lícito describir este modelo
de justificación.
Reichenbach
comparte la opinión de que es imposible probar
deductiva o inductivamente que las inducciones
con premisas verdaderas tengan siempre, o casi
siempre, una conclusión verdadera, al igual, que
estas sean probables en sentido frecuencial. Mas,
afirmaba que podría ser demostrable que un
cierto programa inductivo lograría extender el
conocimiento, aduciendo el hecho de que si
cualquier método lograra esta meta, entonces, su
programa inductivo también lo haría,
...
Esto no quiere decir que el método de
inducción tenga éxito al establecer
conclusiones verdaderas con base en premisas
verdaderas, ni que el método de inducción
sea el único que tenga éxito. Su tesis es
que la inducción tendrá éxito, si lo tiene
cualquier otro método (7).
Para
reafirmar su argumentación, nos dice también
que se desprende de las obras de Hume, el afirmar
que la inducción puede fracasar en su función
de establecer conocimientos de lo inobservado a
partir de lo observado; por lo tanto, antes de
poder establecer la existencia de uniformidades
en la naturaleza debemos justificar la
inducción. Ante este desideratum, podemos tomar
dos posibilidades, la existencia o no existencia
de dicha uniformidad, y ver los resultados que
tendría la aplicación del método inductivo y
la de cualquier otro método dentro de dichas
posibilidades; con el fin de visualizar los
resultados de la aplicación de dicho método en
dichas circunstancias, me permito transcribir,
esta tabla presente en el artículo de Salmon ya
citado:
| |
Naturaleza
Uniforme |
Naturaleza
No Uniforme |
| Empleo
de la Inducción |
Exito |
Fracaso |
| Empleo
de otro Método |
Posible
Exito o Fracaso |
Fracaso |
Vemos
entonces cómo la existencia de una naturaleza
uniforme nos garantiza, a la larga, el éxito en
la aplicación de la inducción, mientras que
esta afirmación no puede hacerse acerca del
empleo de métodos diferentes al inductivo, pues
existe la posibilidad de que estos fracasen; por
otro lado, si no existiera una tal uniformidad en
la naturaleza tendríamos como resultado el
fracaso en la utilización del método inductivo
o de cualquier otro distinto a él;
consecuentemente, el éxito de cualquier método
diferente al inductivo presupondría la
existencia de una uniformidad en la naturaleza a
la que podríamos aplicar la inducción,
...
De este modo si un método alternativo
tuviera éxito, también la inducción
tendría éxito en proporcionar conocimiento
de lo inobservado. Por tanto, tenemos todo
por ganar y nada que perder utilizado la
inducción. Si la inducción falla,
posiblemente ningún otro método podrá
tener éxito (8)
Con
todo, este argumento requiere una formulación
más precisa, la cual puede ser alcanzada
restringiendo el significado de los términos
utilizados originalmente, de este modo, sabremos
que al hablar del método inductivo haremos
alusión a la regla de inducción por
enumeración (o regla directa), adicionándole el
sentido de probabilidad como frecuencia
relativa; definiendo la regla de inducción
por enumeración como aquella que nos permite
inferir a partir de una muestra tomada de una
clase, una conclusión sobre la clase total,
podemos afirmar que la información sobre la
clase total equivale a la que nos da la muestra
observada; y a la probabilidad, como el
límite de la frecuencia relativa de un atributo
en una secuencia infinita.
Podemos
afirmar ahora que sería posible aproximar el
límite de un atributo en la secuencia infinita,
al valor de la frecuencia relativa de tal
atributo que tomemos de la secuencia, si la
muestra es lo suficientemente extensa. La ventaja
en la utilización de dicho mecanismo se
encuentra en que esta noción de probabilidad se
adecua a las normas de cálculo matemático sobre
probabilidades, siendo permitido, entonces,
utilizarlo como soporte en las conclusiones a las
que podemos llegar en cuanto a probabilidades
empíricas, lo cual sería, para el pragmatista,
el principal objetivo del conocimiento
científico.
Consecuentemente,
nos es posible ahora tratar de justificar
(vindicar) la regla de inducción que deseamos
utilizar, agregando antes un cambio en el
concepto de uniformidad de la naturaleza,
precisando que cuando hablemos de éste, nos
referimos a la existencia o no existencia de una
secuencia con límite, o sea, la existencia o no
de una regularidad estadística que nos
posibilite la utilización de la probabilidad
como frecuencia relativa. De este modo, podemos
presentar la tabla citada anteriormente con estas
modifcaciones:
| |
Secuencia
con límite |
Secuencia
sin límite |
| Adopción
de la regla de inducción por
enumeración |
Determinación
del valor límite. |
No
se determina el valor del límite. |
| Adopción
de otra regla |
Puede
o no determinarse el valor del límite. |
No
se determina el valor del límite. |
Donde
se muestra que con la repetición adecuada de la
regla de inducción por enumeración, se podrá
determinar el valor del límite en la secuencia
infinita, si es que de hecho existe un límite;
y, en el caso de que dicho límite no existiera,
podemos estar seguros, de que ni la regla de
inducción por enumeración ni cualquier otro
método podrá tener éxito en su determinación.
Contra
la justificación pragmática se han dirigido
gran cantidad de reparos, mas a mi parecer,
éstos pueden resumirse en tres críticas
fundamentales:
a)
Al lado de la regla de inducción por
enumeración (o regla directa) pueden imaginarse
un número infinito de reglas inductivas que
compartan con ella su carácter
asintótico, y dentro de la
justificación pragmática no es posible
encontrar algún canon que nos obligue a preferir
la regla inductiva planteada por Reichenbach a
cualquier otra.
b)
El planteamiento pragmático se reduce a postular
el estudio de frecuencias relativas a un muy
largo plazo, y dentro de su desarrollo nos es
imposible tener una idea de la extensión que
deba tener la muestra que tomemos de la secuencia
infinita para que nos sea posible determinar el
valor de dicha frecuencia relativa. Por lo tanto,
la ciencia sólo podría trabajar con
predicciones a un plazo demasiado extenso, lo
cual, es totalmente impráctico, pues, la
mayoría de las veces se requieren predicciones a
corto o mediano plazo, las cuales, utilizando el
método pragmático no podrían ser estimadas
como correctas, aún más, ni como probablemente
correctas.
c)
Así mismo, el modelo pragmatista ha intentado
demostrar la imposibilidad de justificar la
inducción mediante planteamientos de tipo
analítico (en otras palabras tomar el problema
de la justificación de la inducción como un
pseudo-problema) los cuales entienden a la
probabilidad como el agrado de creencia racional
que una persona estaría justificada en darle a
una proposición determinada, concepto que puede
ser atacado con base en el supuesto pragmático,
según el cual, sólo se pueden utilizar reglas
en función de la metas que se desee alcanzar con
las mismas, meta que en este caso sería la
preservación de la verdad; por consiguiente, la
noción de la probabilidad como aceptabilidad
racional no podrá hacernos preferir una
conclusión probable a otra improbable, pues, no
podemos afirmar que las nociones probables sean
verdaderas más a menudo que sus contrarias; todo
esto por el deseo explícito del pragmatista por
encontrar elementos de juicio inductivos que
permitan elegir las reglas inductivas más
adecuadas entre el número infinito de reglas
posibles, tarea que según ellos no cumple el
modelo analítico.
Pero
en este sentido vemos como los defensores de
modelo pragmático incurren en la falacia de
ignoratio elenchi por definición, la cual
consiste en cambiar el significativo normal de
algún vocablo para hacer más fuerte una
determinada argumentación, pues, el tratar de
negar que sea aceptable creer las conclusiones
probables, o en otras palabras preguntar ¿ por
qué debemos preferir las conclusiones probables?
es inaceptable, pues al afirmar que una
conclusión es probable aceptamos de una forma
implícita la acción de creer en ella misma;
esta pregunta sería similar al cuestionamiento
¿ por qué la belleza de una cosa es una razón
para admirarla? u otras similares. La pregunta
interesante sobre la inducción radica en la
cuestión de la crítica sobre la preferencia de
ciertos patrones inductivos, para establecer la
ascendencia de unos sobre otros, pero esta
posibilidad no implica el hecho de cuestionar el
razonamiento inductivo en general.
Con
todo, no podemos negar la importancia del enfoque
pragmatista sobre el problema de la
inducción,pues, este hace hincapié en una de
las principales características del conocimiento
científico, como es la predictibilidad, tratando
de encontrar cánones que justifiquen el
establecimiento de predicciones exitosas las
cuales contribuyen a crear una mayor confianza en
el avance del conocimiento humano.
Además
del hecho de acercar la noción de probabilidad a
las matemáticas a través del cálculo de
probabilidades y la estadística, disciplinas que
en la actualidad resultan imprescindibles para la
correcta formulación y solución de problemas en
diferentes ciencias particulares.
Notas
(1)
PEIRCE, Ch. S. La Fijación de la Creencia en
El Hombre un Signo; p. 183, nota 12.
(2) Ibid.
p. 194-195.
(3)
PEIRCE, Ch. S. Deducción, Inducción e
Hipótesis, Prólogo de Juan Martin Ruiz
Werner, p. 20.
(4)
PEIRCE. Ch. S. Algunas categorías de la
razón sintética enn El Hombre un Signo; p.
137.
(5)
PEIRCE, Op. Cit. Prólogo, p.
26.
(6)
PEIRCE, Ch. S. Deducción, Inducción e
Hipótesis. p. 63.
(7)
SALMON, Wesley; La justificación pragmática
de la inducción en La Justificación del
Razonamiento Inductivo, p. 106.
(8) Ibid.,
p. 107
|