Representaciones
de niños y niñas sobre maltrato institucionalMaría Victoria Alzate
Piedrahita
Martha Cecilia Arbeláez Gómez
Sary Arango Gaviria
Este
artículo da cuenta del proceso de
construcción de las representaciones desde
el ámbito cognitivo y social sobre maltrato
y corrección de faltas de los niños y
niñas sujetos de protección, reeducación y
rehabilitación en instituciones contratantes
con el I.C.B.F. seccional Risaralda.
Introducción
Este trabajo
toma en cuenta las entrevistas realizadas a
niños y niñas vinculados a instituciones
contratantes con el ICBF-Risaralda.
Los informantes
se escogieron de manera aleatoria atendiendo a
una muestra teórica (Deslauriers; 1997:159 -
161). Se seleccionó un "medio"
institucional como universo de trabajo para la
constitución del cuerpo empírico. Este se
define como: "el universo de trabajo se
presenta al analista de manera no separada y es
susceptible de una aprehensión en su conjunto.
La muestra de medio no exige necesariamente que
todas las observaciones sean hechas en un solo
lugar, sino simplemente que ellas sean tratadas
como relación global en un mismo medio".
(Pires, 1997:136).
En este
contexto, este trabajo da cuenta del análisis de
las entrevistas. Su carácter cualitativo
contiene datos descriptivos ricos: las propias
palabras pronunciadas por la gente y actividades
observadas. Las descripciones que se presentan a
continuación van acompañadas de un
planteamiento básico de interpretación y
conceptualización, que han permitido extraer
algunas generalizaciones y conclusiones a partir
de los datos.
Para la
presentación de los hallazgos en este artículo,
se elaboraron las siguientes categorías de
análisis de representaciones, a saber: (1) representación de maltrato; (2) procesos de corrección de
faltas.
Las
representaciones y su proceso de construcción
Antes de
proceder al abordaje de los análisis, es
necesario hacer una breve exposición sobre qué
se entiende por representación. En primer lugar,
¿qué dice la sociología contemporánea sobre
las representaciones?. Según Pierre Ansart
(1987: 45-48), se distinguen dos usos de la
palabra: en plural y en singular, y nuevas vías
de aproximación.
En plural (se
podría citar por ejemplo el libro de Henri
Lefebvre, la presencia y la ausencia:
Contribución a la teoría de las
representaciones, 1980). No hay una teoría
sociológica de las representaciones. Cada
teoría sociológica, el estrucuturalismo, el
sistemismo, la sociología dinámica integran las
representaciones sociales en sus análisis y
proponen entonces acentos diferentes.
- El
estructuralismo, de Dumezil a Lucien Goldmann,
han subrayado las constantes en ciertos sistemas
de representaciones y se preguntan por las
relaciones entre estructuras sociales y
estructuras simbólicas;
- Los sistemas
se han propuesto analizar las múltiples
interrelaciones entre representaciones y
controles, regulación de las conductas,
agregación de los apoyos, efectos de sentido;
- La
antropología, la sociología dinámica se han
propuesto comprender como las representaciones
colectivas pueden fa cilitar y apoyar los
procesos de cambio social, aquí se pueden citar
los trabajos de Georges Balandier y Alain
Touraine;
- El
individualismo metodológico de Raymond Boudon,
pretende comprender como una representación
nueva, individual será retomada en un círculo
restringido, luego difundida en un aparato
político, para convertirse finalmente en una
representación y una nueva norma colectiva, una
ideología.
Hay entonces no
sólo una constancia en los problemas sino
también, pluralidad en los tipos de análisis
que tienen remanentes de las definiciones
clásicas. Cuando por ejemplo, el estructuralismo
habla de representaciones sociales, él tiende a
pensar su continuidad, su estabilidad; por el
contrario, cuando la sociología dinámica habla
de representación, tiende a ver, por ejemplo, un
instrumento estratégico o un espacio de
invención por los actores sociales.
En singular la
cuestión de la representación, es la de saber
como y con que efectos, un líder, un aparato,
una instancia es tenida por representativa de una
población, de un público. Esta pregunta se
sitúa en el cruce de la sociología y la ciencia
política; esta no ha sido objeto de
investigaciones tan numerosas como se podría
desear. Entre los trabajos recientes se puede
citar las Actas del Coloquio de la
Investigación en Ciencias Sociales (Número
36-37 de 1981) tituladas. La representación
política. En ellas Pierre Bourdieu, propone la
construcción política como "campo de
representación" según su expresión; y se
pregunta sobre las ambigüedades esenciales que
atraviesan esta instancia: ambigüedad entre las
leyes específicas del campo con la concurrencia
y sus reglas de promoción- y los fines, demandas
y presiones provenientes de las clases y de las
categorías sociales.
En conclusión,
la sociología de las representaciones se
encuentra actualmente confrontada a fenómenos
nuevos: regresión de sistemas ideológicos
integradores, emergen cia de nuevas
representaciones, más grande rapidez de los
cambios, mundialización de los aparatos de
reproducción. Entre las investigaciones que
parecen fecundas actualmente, se contarían
aquellas que ponen en duda las fronteras entre
sociología y psicología social, aquellas que,
por ejemplo, se proponen analizar las dimensiones
afectivas de las representaciones políticas-
haciendo llamado a los aportes del psicoanálisis
y de la psicología social, ejemplo: problemas de
adhesiones, interiorizaciones, inversiones, etc.
Desde la óptica
de la psicología social, (Jodelet, 1986 ;
Moscovici, 1987), se define la representación
como aquella forma material o simbólica de dar
cuenta de algo real en su ausencia. La
construcción de la representación, conlleva
simultáneamente a dos tipos de problemas: uno de
tipo cognitivo y otro de orden cultural.
Desde el ámbito
cognitivo (Perner, 1994) una representación no
sólo representa algo (contenido), sino que
representa algo como algo, es decir, el todo en
un sistema cuya función sea indicar de qué
manera las cosas están en relación con otro
objeto, condición o magnitud. Es así como la
representación tiene un referente (qué es lo
que se representa) y un sentido (en tanto son de
una determinada manera). Estableciéndose de esta
manera, una relación entre medio y contenido.
Es por ello que
las representaciones representan cosas en tanto
una cierta manera de ser, aquí se evidencia la
respuesta intencionalista, en el sentido de que
se las entiende y se las interpreta como tales y
no de otra manera. De otro lado las cosas
representan algo en virtud de la semejanza entre
ellas, la imagen representa al objeto, porque
este tiene el mismo aspecto, pero la semejanza de
ningún modo es lo mismo que la representación.
Es en este
contexto que podemos entender la función
primaria de las representaciones como la de
reflejar fielmente el objeto o entorno
representado, de tal manera que se utilice como
guía para las acciones, pero esto sólo es
posible en la medida en que se establece el
significado de los elementos representacionales
(Norman, 1995). Por consiguiente las
representaciones sólo pueden formarse en un
nivel primario en una conexión estrecha y de
gran fiabilidad con el mundo representado. Lo que
determina la representación primaria (Perner
1994) es la realidad percibida. Aquí la
percepción se impone como realidad, no se
examina nuestra base de datos perceptivos para
inferir la realidad, sino que utilizamos
directamente esos datos, para dejarnos guiar por
ellos en nuestra relación con la realidad.
Una vez formadas
las representaciones a través del contacto con
lo representado, pueden conformarse las
representaciones secundarias (Perner 1994), ya
que las representaciones del mundo no se utilizan
para representarlo tal como es sino para
representar lo que podría ser. Es así como una
imagen o situación puede tener diferentes
interpretaciones. Por ello las representaciones
secundarias son voluntariamente separadas de la
realidad y constituyen el fundamento de la
capacidad para considerar el pasado, el posible
futuro e incluso lo que no existe. Un tercer
nivel en la construcción de la representación
es la metarepresentación (Perner 1994), como la
habilidad para representar algo que representa
algo. Para metarepresentar es preciso contrastar
lo que sucedió con lo que debería haber
sucedido. Estas a su vez permiten diferenciar lo
real de lo hipotético. Tiene que haber
representaciones primarias para que sean posible
las representaciones secundarias y las
metarepresentaciones, y a partir de estas,
construir modelos que expliquen la realidad y con
los cuales se pueden proyectar estados deseables
de la misma. La ventaja decisiva de un modelo
estriba en que se puede manipular, lo cual
permite que el sistema representacional tenga
distintas alternativas. Pensar esas alternativas
significa comprender lo que sucede y en contrar
una manera de transformarlas o modificarlas. La
mente representa lo que el caso es en realidad,
lo que fue, lo que en el futuro podría ser, todo
esto al mismo tiempo. Por lo tanto se tienen
diversos modelos mentales. Sin embargo, para
planificar una acción simple hay que representar
simultáneamente la situación actual y la
deseada. El modelo cumple así, una función de
razonamiento hipotético, representar una
situación, aun cuando no se trate de una
situación real.
En sus primeros
años, los niños tienen una comprensión
implícita de las representaciones, que pueden
utilizarlas e interpretarlas. Su comprensión no
es explícita en el sentido de que puedan
producir un modelo de la relación
representacional entre imagen y objeto
representado o producir un modelo de una imagen
que necesite ser interpretada. En este contexto,
interpretar una imagen significa formar un modelo
mental de la situación a la cual la imagen se
refiere. Estas comprensiones implícitas le
permiten al niño establecer y comprender
relaciones entre real-posible, ahora-pasado,
realidad-imagen. Inicialmente se tiene un modelo
único del mundo, posteriormente comienzan a
construirse modelos múltiples para proyectar el
estado deseado y los pasos necesarios para llegar
a ello, como resultado, los niños se hacen
capaces de trascender el presente gracias a la
representación de acontecimientos pasados.
También se hacen capaces de evadir la realidad
presente mediante la representación de
alternativas irreales a lo real.
De esta manera
el niño va formando una representación de los
distintos aspectos de la sociedad en la que vive,
y aunque esa representación se construye en un
contexto social, es producto de una actividad
mental constructiva a partir de elementos
fragmentarios que recibe y selecciona de las
experiencias vividas, de tal manera que realiza
una tarea, que no es una actividad de
asimilación pasiva, de copia de la realidad,
sino un proceso continuo de construcción y
reconstrucción, en la que se ponen a prueba las
representaciones y modelos construidos en un
contexto social determinado.
La
representación es una manera de interpretar y de
pensar nuestra realidad cotidiana, una forma de
conocimiento social. Y correlativamente, la
actividad mental desplegada por individuos y
grupos a fin de fijar posición en relación con
situaciones, acontecimientos, objetos y
comunicaciones que les concierne. Lo social
interviene ahí de varias maneras - a través del
contexto concreto en que se sitúan los
individuos y los grupos; a través de la
comunicación que se establece entre ellos; a
través de los marcos de aprehensión que
proporciona un bagaje cultural ; a través de los
códigos, valores e ideologías relacionados con
las posiciones y pertenencias sociales
especificas.
El concepto de
representación social designa una forma de
conocimiento especifico, el saber de sentido
común, cuyos contenidos manifiestan la
operación de procesos generativos y funcionales
socialmente caracterizados. En sentido más
amplio, designa una forma de pensamiento social.
Las representaciones sociales constituyen
modalidades de pensamiento práctico orientados
hacia la comunicación, la comprensión y el
dominio del entorno social, material e ideal. En
tanto que tales, presentan características
especificas a nivel de organización de los
contenidos, las operaciones mentales y la
lógica. La caracterización social de los
contenidos o de los procesos de representación
ha de referirse a las condiciones y a los
contextos en los que surgen las representaciones,
a las comunicaciones mediante las que circulan y
a las funciones a las que sirven dentro de la
interacción con el mundo y los demás. (Jodelet,
1986: 474-475).
La
representación es una manera de interpretar
y de pensar nuestra realidad cotidiana, una
forma de conocimiento social.
Todas las
representaciones son construidas por cada
individuo. Sin embargo no hay una infinita
variedad de representaciones porque los
individuos "reproducen" las
representaciones fundamentales de la sociedad en
la cual viven, del mismo modo que reproducen el
lenguaje, las normas de comportamiento, etc. Es
posible utilizar aquí la noción de
"anclaje social de las
representaciones" según la cual existe una
"red de significación" en torno al
núcleo de la representación social. Esa red de
significación es a la vez un sistema de
interpretación que tiene "función de
mediación entre el individuo y su
universo". En tanto que sistema de
interpretación la representación social tiene
también una función de mediación entre los
miembros de un grupo humano, ella da sentido a
los problemas que se plantean los individuos,
guía su conducta en la realidad. El anclaje es
un fenómeno de elaboración de las relaciones
sociales, en el cual la representación actúa
como "cuadro de comportamiento" y un
instrumento de categorización de la información
determinando la construcción de tipos que sirven
para organizar la realidad y las relaciones
sociales.
Para Gagliardi
(1988), el autor que ha elaborado inicialmente
las concepciones sobre las representaciones es
Serge Moscovici (1987) quien indica que los datos
de la experiencia corriente no son solamente
interpretados, sino "transformados" por
el sujeto. Una vez que han sido llevados a un
principio de significación son convertidos en
organizaciones anexas que forman parte de la
representación social. De esta manera, la
significación y la interpretación se
transforman, y al mismo tiempo transforman las
constataciones y las percepciones, engendrando
esquemas de conversión de las percepciones, de
los conceptos, de las imágenes en función de la
significación atribuida al objeto de
representación.
De esta manera
se constituye una "tipología" de
personas o de sucesos, y la aparición de estos
tipos ligados a una representación no sólo
refuerza su presencia social, sino que también
orienta las relaciones con un grupo o con otro
individuo.
En las
representaciones más elementales tiene lugar
todo un proceso de elaboración cognitiva y
simbólica que orientará los comportamientos. Es
en este sentido que la noción de representación
constituye una innovación en relación con los
otros modelos psicológicos, ya que relaciona los
procesos simbólicos con las conductas. Pero a
partir de ahí, también se puede presentar que
las representaciones que circulan en la sociedad
desempeñaran un papel, adquirirán autonomía y
tendrán una eficacia especifica.
En resumen, y
siguiendo a Jodelet (1986, 478), del análisis
del hecho de representar se desprenden varias
características fundamentales de
representación: (1) siempre es la representación de
un objeto; tiene un carácter de imagen y la
propiedad de poder intercambiar lo sensible y la
idea, la percepción y el concepto; tiene un
carácter simbólico y significante; tiene un
carácter constructivo; tiene un carácter
autónomo y creativo. ; (2) se impone otra característica de
importancia. Incluso cuando nos situamos a nivel
social cero para analizar el acto del sujeto que
se representa o representa un objeto, la
representación siempre conlleva algo social: las
categorías que la estructuran y expresan,
categorías tomadas de un fondo común de
cultura. Estas categorías son categorías del
lenguaje.
Las
representaciones construidas por los niños y
niñas institucionalizados
La sociedad en
la que nacemos moldea la manera de ser de los
sujetos mediante los procesos de socialización
primaria y secundaria ( Berger y Luckmann, 1983),
de los cuales los niños/as son parte activa, de
manera paradójica, de un lado no tiene
elección, está en esa sociedad y ni siquiera
puede concebir estar en otra, y de otro lado
tiene que construirse a sí mismo como individuo
de esa sociedad.
En las
representaciones más elementales tiene lugar
todo un proceso de elaboración cognitiva y
simbólica que orientará los
comportamientos.
Es en estos
procesos donde los adultos juegan un rol
fundamental, pues es a través de ellos que los
niños aprenden a relacionarse con su cultura,
dándose cuenta desde muy temprano de sus
relaciones de dependencia.
Con los
elementos proporcionados por los adultos y los
que selecciona a través de vivencias, el niño/a
va construyendo una representación de la
organización social y de las actividades
sociales y pronto interioriza una serie de normas
sobre lo que debe y no debe hacerse, sobre lo que
es deseable o indeseable en su comportamiento. Lo
cual permite construir explicaciones del porque
es necesario y deseable hacer o dejar de hacer
ciertas cosas, en el contexto en que se
desenvuelve.
En el caso de
los niños institucionalizados, estos han
construido en los procesos de socialización
primaria, a partir de las vivencias con los
adultos y pares, representaciones de adulto, buen
trato, mal trato, autoridad, disciplina, entre
otras.
Cuando llegan a
las instituciones (en las que generalmente
permanecerán por largos períodos o incluso
hasta que cumplan la mayoría de edad o sean
adoptados) estas representaciones son
reconstruidas confirmándose las que se traían o
transformándose en las nuevas relaciones que
establecen con estos adultos o pares que habitan
en el escenario institucional.
Comprender estas
representaciones posibilita entender los
comportamientos actuales y futuros de los niños,
niñas. Para ello se analizaron los relatos de
los niños y niñas y adultos confrontados con
sus vivencias cotidianas en el escenario
institucional.
Representaciones
de maltrato
Las
representaciones de maltrato construidas por los
niños, niñas están vinculadas con fuertes
agresiones físicas, ocasionadas en el ámbito
familiar, de hecho han llegado a las
instituciones por haber sido víctimas de algún
tipo de maltrato (activo o pasivo). Las
agresiones "leves" no son representadas
como maltrato, de hecho estas han sido cotidianas
durante sus vivencias y para los niños y niñas
constituyen estilos "adecuados" de
crianza. Las pelas, los regaños y humillaciones,
tanto como la falta de contacto físico (como
caricias), de una comunicación afectuosa, de
reconocimiento de sus habilidades y
potencialidades son ha sido la manera en que los
adultos se han relacionado con ellos/as, esta han
sido la únicas formas, según el niño/a en que
sienten que los adultos les han expresado afecto.
Por ello y
aunque parezca contradictorio, aunque el niño/a
acepta que en el ámbito familiar ha sido
maltrado y que en la institución no, desea
regresar el primero. De hecho la institución en
ningún caso se percibe y describe como
maltratante, aunque después en los relatos se
describan los castigos físicos, humillaciones e
indiferencia con que los adultos los tratan. Para
los niños y niñas estas aparecen como formas
adecuadas de castigo frente a sus faltas. Es por
ello que siguen vinculando a las familias o a
otros actores sociales lejanos con maltrato.
Los niños y
niñas responden:
"...que
le mantengan pegando a uno, que lo castiguen,
que lo pongan a uno hacer cosas, que no le
gustan...".
"...maltrato
es que le mantengan pegando a uno, que lo
dejen en la casa sin llaves y encerrado a
uno, o que lo dejen así sin ropa... que le
metan una pela y todo...".
"...es
cuando por ejemplo cogen a un niño y lo
violan, o una niña menor...".
"...que
a uno le pegan mucho entonces lo maltratan,
le dan mucho palo, entonces eso es maltratar
a los niños...".
"...maltrato,
si es como maltratar a una persona, a toda
hora estar dándole mal castigo. Poniéndolo
a hacer muchas cosas fuertes
pesadas...".
"...cuando
a uno lo golpean, le dejan morados y lo dejan
a uno llorando...".
"...cuando
una persona le pega a alguien, a un hijo o a
un allegado, le da mucho palo, le pega por
cualquier cosa, le pega en la cara, en todo
el cuerpo y lo trata muy feo..."
"...a
toda hora está dándole castigos,
poniéndolo a hacer cosas fuertes y
pesadas..."
"...cuando
le pegan a uno y no lo tratan bien... y a
cada hora uno tiene que mantener haciéndole
caso a los padres, por que sino y por
cualquier cosa que uno haga lleva su
regaño...".
"...maltrato
es que los castiguen muy horrible como con
garrotes, que los quemen, porque hay muchos
padres que queman a los niños... hay muchas
formas de castigarlos, por ejemplo con algo
que a ellos les guste, para mi eso es mejor
que coger una correa o un palo y
pegarles...".
"...que
les pegan muy horrible, que les sa can
sangre, que les pegan con correas, con
látigos, con la escoba, o yo me imagino que
les... los cogen del pelo, y los mandan
contra la pared, yo creo que eso es
maltrato...".
"...que
le pegan a uno muy duro... con cables, que le
dan patadas y que no lo atienden...".
"...no
haber, tal vez es cuando a una se siente como
cuando a una le pegan a toda hora... y que le
dan duro, porque creen que tienen la razón,
pero a uno no le deben pegar...".
Si la idea de
sentirse maltratado por la institución ha pasado
por su mente, la desecha rápidamente, en esa
mezcla de sentimiento de soledad, temor y
agradecimiento los niños y niñas no se atreven
a cuestionar lo que el adulto hace con ellos. Es
aquí donde aparecen dos representaciones
categóricas bien distintas entre sí para el
niño(a): maltrato y castigo.
El maltrato en
la institución no se da, lo que se da es el
castigo y este en la mayoría de los casos se
percibe como merecido, pues tanto en su familia
como en la institución los adultos han
justificado el castigo en los comportamientos
inadecuados de los niños y niñas
"...tal
vez por lo que nosotras somos muy cerradas, o
sea en el modo de que si nos dicen alguna
cosa... nosotras aunque sabemos que está
mal, la seguimos haciendo...".
"...El
padre hay unas veces que... que él dice...
que los que se manejan mal por la noche en el
dormitorio, cuando se acuestan... entonces
los sacan para el patio o lo llevan para la
cancha de allá a correr...".
"...cuando
nos portamos mal nos peguen, nos regañen,
nos pongan a hacer cuclillas..".
"...a
los niños los llevan a la piscina de noche
cuando se manejan mal en el comedor, donde
nosotros entonces nos ponen en la piscina de
cuclillas en el murito...".
"...cuando
uno se maneja mal al otro día, cuando está
amaneciendo lo ponen a hacer currucas y les
dan una pela...".
"...Las
Monjas nunca nos han pegado, nos jalan las
orejas y nos pellizcan, y ya.... aunque la
Hermana xxx nos da coscorrones...por ejemplo,
ayer me dieron un chancletazo y me cogieron
de la mano... y me llevaron allá... en la
pieza que hay arriba...".
"...los
profesores, de todas maneras ellos a veces
tienen que tratarlos durito pues debes en
cuanto nos dan durito... de pronto hablarles
con fuerza, pero en ningún momento he visto
maltrato de ellos..."
El maltrato como
categoría es negada de plano por los niños y
niñas de estas instituciones, el castigo es
aceptado y justificable. Necesita negarse porque
de lo contrario no habría esperanza, fueron
traídos a ellas porque sus padres eran
"maltratadores", porque fueron
abandonados, entonces como justificar que esta
situación se siga dando, sería tanto como
admitir que se vino a un sitio más bonito y
ordenado a lo mismo. El castigo si puede ser
admitido porque en su historia personal ellos son
merecedores del mismo, porque su objetivo es
educar y corregir, no violentar. Se necesita
creer en las buenas intenciones del adulto, se
necesita representar unos mundos posibles donde
ser amado y aceptado sea una realidad.
Procesos
de corrección de las faltas
La institución
ha elegido algunos castigos como la manera de
"corregir las faltas" de los niños y
niñas dentro de la misma. Esta tarea es asignada
a los adultos que están en contacto directo con
ellos, estos pueden ser: las monjas, el muchacho
más grande que el adulto a elegido y otorgando
el permiso, el sacerdote, las profesoras y en
general todo adulto que los "cuide" o
"eduque". Es claro para las
intituciones que no se puede vivir sin normas, el
problema se centra en cómo y cuáles se
enseñan, para qué se enseñan, cuándo y por
qué las aceptamos y las ponemos en práctica.
Cuando se
realizan acciones contrarias a las normas, se
reprime su repetición. Esta es la función al
corregir las faltas que se consideran violatorias
de las normas establecidas en las instituciones.
Pero para que este castigo o formas correctivas
tengan efecto es fundamental que, por un lado se
conozcan las razones por las que un determinado
comportamiento deba reprimirse y por el otro se
tenga en cuenta al niño, la niña en su
dimensión psicoafectiva ya que muchos de estas
violaciones a las normas no se hacen a propósito
sino que tienen una relación con su procesos de
desarrollo y a las maneras de ver el mundo en ese
momento. El castigo o la corrección de faltas se
convierte con frecuencia en situaciones de
injusticia, de dolor, y silencio.
Como lo expresan
los diferentes niñas, niños:
"...con
una correa en las piernas...",
"..cuando
es de noche nos sacan del dormitorio una rato
y nos vuelven a meter a la pileta... hasta
que el capitán (un compañero)
diga...",
"...haciendo
cuclillas, lo paran a uno en la
pileta...",
"...lo
ponen a uno a desyerbar...",
"...de
noche lo paran en la piscina...",
"...una
vez pararon a uno en la cancha y a otro en la
piscina, toda la noche, y los dejaron acostar
cuando estaba amaneciendo...",
"...el
Padre con una correa (La Negra)...".
"...coscorrones
en la cabeza, haciendo cuclillas y
currucas...",
"...nos
llevan por la noche a la cancha a
correr...",
"...las
monjas con San Martín Moreno, después lo
llevan y le hacen curaciones...".
"...Nos
paran en una pileta o nos pegan un correa en
la espalda y los pies.... Los profesores con
una regla, cuando nos regañan uno sienten
miedo, como si nos fueran a pegar...".
"...los
maestros nos ponen de pie y nos ponen dos
ladrillos en cada mano...".
"...si
que la hermana a veces amanece enojada y nos
regaña, y yo no se porque me
regañan...".
"...a
veces me amenaza que me va entregar donde mi
mamá y eso a mi no me gusta...".
"...a
algunos no los dejan entrar a la piscina,
otros no los dejan ir a paseos, cuando hay
paseos...".
"...casi
siempre me dicen que si, me va a entregar, si
ella dice que aliste la ropa que se va con su
mamá, pero al fin al cabo no me
entregan...".
"...cuando
hay veces me castigan, entonces... eh hay
veces que yo hago mal oficio o algo...
entonces me mandan a desyerbar o si estoy
jugando en el dormitorio, me paran allá en
la pileta...".
"...las
monjas nos pegan, porqué íbamos disque era
a traer balastro... y porqué yo no tenía
botas de una fue sacando la correa y me
pegó...".
"...lo
que me gustaría es que no le peguen a uno
tanto...".
El
castigo o la corrección de faltas se
convierte con frecuencia en situaciones de
injusticia, de dolor, y silencio.
Es importante
establecer una relación en tre la norma y la
corrección coherente de la falta, cuando el
castigo es excesivo, donde no hay correspondencia
entre la magnitud del castigo y la falta, es
absurdo e inaceptable, en últimas se convierte
en una forma de maltrato, justificable por el
adulto como corrección para "educar".
Existen muchas
modalidades de castigo o corrección de faltas.
Se castiga terriblemente con la indiferencia, se
castiga violentamente con la burla y el
desprecio, se castiga con el silencio y la
distancia, se castiga con el marginamiento y con
el encierro, así como también con los gritos y
las amenazas.
Algunas personas
son más sensibles a las burlas que a los golpes.
Por eso la o el desprecio pueden, en ocasiones,
ser más violentas que las mismas formas físicas
de castigo y dejar huellas más profundas, veamos
otras expresiones del castigo que expresan los
niños, las niñas.
"...por
ejemplo, ayer me castigaron, porque me puse a
pelear con una amiga mía...".
"...a
pues, a ella también la castigaron y a mi me
dejaron en una pieza sola o en patio, allá
donde lo castigan a uno...".
"...por
ejemplo, ayer me dieron una chancletazo, y me
cogieron de la mano y me llevaron
allá...".
"...me
regañan porque me porto mal o me ponen a
ver, limpiar las mesas... estas se deben
limpiar con jabón y agua, y después secar
con un trapo... y yo lo hago con una
trapo...".
"...a
veces lo castigan a uno, porque no hace las
cosas como son, por ejemplo a uno lo mandan a
lavar baños y uno hace otras cosas, entonces
a uno lo castigan y lo dejan a uno en
cualquier parte y le dicen a uno que no se
mueva...".
"...me
dicen que porqué de la ropa allá... y
entonces uno le dice la verdad, y lo regañan
y uno debe lavar la ropa porque sino lo
regañan...".
"...a
no, a mi la primera vez que llegué me
pegaron por que no me quise tomar una sopa de
sidra, y me pego una palmada... y es muy
aburridor que le peguen a uno...".
"...no,
con correa no, más que todo le pegan era
cachetadas en la cara...".
"...un
día me acuerdo que yo era la encargada de
las llaves de quinto... y a mí se me
perdieron, yo no le había dicho nada a la
hermana porque me daba miedo... pues si le
digo me pega, cuando ya llegó... ¿ Porqué
no han abierto el salón de quinto?... y
dije, hermana lo que paso fue que se me
perdieron las llaves... ¿Cómo así?, me
cogió a regla, a pellizcos a cachetadas
horribles, yo no podía entender porque me
pegaba, por una llaves. La otra hermana le
decía que no me pegara, que no más, que las
llaves estaban en la pieza de ellas, pero yo
no había visto, yo podía entrar a la pieza
de ellas, pero no... yo no había
visto.....yo le había dicho que no me pegara
más, que yo no tenía la culpa. Y ella dice:
no, pero porque no me dice la verdad y
hubiéramos buscado, entonces la portera me
ayudo a buscarlas y me dijo... pero es que
mira las llaves acá, pero es que yo no las
había visto...".
Estas
situaciones justifican en los niños y las niñas
los sentimientos ambivalentes en los adultos de
agradecimiento, temor y resentimiento. Se sienten
mal por los regaños y castigos, los justifican-
en sus propias faltas, pero al mismo tiempo no
tienen claridad de que es lo que han hecho para
merecerlos. Se sabe que es necesario
"portarse bien" y que de no hacerlo
habrán castigos por parte de los adultos, pero
los procesos de reflexión frente a los mismos y
su sentido no se dan.
"...no
pues, los cogen de las manos a los niños
cuando ellos hacen daños...".
"...que
la profesora se pone brava en el re creo
cuando salen a jugar, entonces la profesora
le dice: Ya, a clase. Entonces la profesora
dice: ya es tiempo, ya es tarde y ustedes no
han llegado, que esperen y se ponen a tomar
gaseosa, se le derraman entonces la profesora
se pone brava por eso...".
"...pues
la hermana le dice a uno... vea esta boba,
tonta... a mí me parece, que esas palabras
no son necesarias y no me gustan... por que
mi mamá nunca me ha llegado a decir boba, ni
tonta. Porque usted sabe que uno nunca es
bobo, que el bobo es el que no sabe nada, el
que no entiende. En cambio ellos son los que
a uno le dicen... quédese callada que soy la
que está hablando"
"...que
si la regañan es porque es perezosa, pero
que es normal, porque ella es así, ella es
así siempre...".
"...cuando
peleamos nos regaña y nos peleamos... dice
que está mal que... que por que se pelean si
no hay ninguna razón porque... y así... por
si fuera poco que sí... si estuvieran
peleando jugando no... le gustaría que los
viera peleando de esa manera y dándose pata,
ni pegándose en la mejilla ni a...".
"...me
siento mal porque me regañan mucho... hay
veces... yo no sé por qué... pues que hago
cosas malas...".
"...cuando
uno se porta mal, le mandan una nota a las
mamás...".
Es claro en los
relatos de los niños y niñas que en las
instituciones se viven situaciones cotidianas de
maltrato, que ni ellos, ni los adultos admiten,
para ambos estas son castigos que se justifican
en un comportamiento inadecuado y que buscan
mejorar su actitud y educarlo para que sea mejor.
Tanto los niños
y niñas como los adultos han construido una
representación de maltrato a partir de
situaciones de extrema violencia física, pues el
castigo físico, los regaños y en ocasiones los
insultos habían sido hasta hace muy poco,
estilos aceptados de corrección en nuestro
medio. Transformar estas representaciones implica
construir en las vivencias cotidianas relaciones
de buen trato, mediadas por el respeto a los
derechos de los niños y niñas como seres
humanos, a su reconocimiento como protagonistas
de sus propios procesos educativos, de tal manera
que la autoridad y la disciplina tengan el
sentido de la reflexión y la construcción de
pautas morales claras y no el de la retaliación
frente a normas construidas por los adultos de
manera inflexible y vertical.
Es así como en
el escenario institucional los niños, niñas y
adultos entretejen redes complejas de relaciones
en las que se construyen o reconstruyen las
representaciones sociales de maltrato y castigo
que determinan los comportamientos y
justificaciones frente a los mismos. Una y otra
están de tal manera interrelacionadas que se
confunden. Los adultos no desean maltratar con el
castigo pero no tienen la apertura para
transformar esta situación. Los niños y niñas
han sido tan maltratados en su vida que no
reconocen otros tipos de maltrato pasivos y
activos a los que cotidianamente son sometidos.
La institución, los adultos y los niños/as
niegan de plano el maltrato, aunque en sus
vivencias y relatos lo vivan y lo justifiquen.
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