Memoria a
largo plazo y comprensión lectoraRafael Areiza Londoño
Luz Marina Henao Restrepo
Una de las
críticas más acerbas que ha recibido el sistema
educativo tradicional por parte de algunos
pedagogos modernos ha sido la de enrrostrarle la
exagerada importancia que se le daba a la memoria
en el proceso de "adquisición"de
conocimientos. Se consideraba que los estudiantes
(a los que denominaremos "formándose")
tenían que almacenar una serie de informaciones,
como datos, fechas, poemas y hasta largas
lecciones para posteriormente ser reproducidas
frente a un profesor (formador) que exigía
"todo al pie de la letra". Se
consideraba así mismo que el mejor
"formándose" era aquél que
reproducía como un loro las lecciones impuestas
para el otro día; era aquél que lograba evocar
con exactitud la fecha en la que Cristobal Colón
pisó territorio americano, el día en que el
libertador exhaló el último suspiro, etc., etc.
La pedagogía
actual se refiere a este aprendizaje con ciertas
denominaciones peyorativas como: aprendizaje
nemotécnico, memorístico, reproductivo; en todo
caso tratando de demostrar su inutilidad, dado
que, según ellos, el mismo no conducía a nada
distinto que a hacer evocaciones no funcionales,
para lo que hoy se denomina
"formación". Con respecto a la memoria
y dentro de ciertos círculos se escuchan
aparentes definiciones de ella, como la de que la
memoria es la facultad que olvida, es un
apéndice del pensamiento, inclusive a nivel
popular también se oyen expresiones como
"La memoria es flaca", "Si no me
falla la memoria...", "la memoria es
traicionera", para referirse a la fragilidad
de aquella información cuya responsabilidad le
ha sido asignada a la memoria. Es importante
observar que la concepción que tradicionalmente
se ha tenido de ella ha sido la de un reservorio
de informaciones y experiencias que llegado el
momento en que se produzca un estímulo adecuado,
posibilita una evocación con las mismas
dimensiones lingüísticas con las que fue
adquirido o almacenado ese conocimiento.
La crítica
sería válida si se tuviera la certeza de que la
pedagogía tradicional hubiera tenido el
"almacenamiento"como fin, lo que parece
bastante dudoso; en otras palabras, no parece
pausible considerar hoy que el aprendizaje
hubiera carecido de una dimensión creativa y
significativa.
Independientemente
de la aplicación pedagógica que se le pueda
dar, la memoria como facultad humana no se puede
considerar como un mero reservorio de
experiencias almacenadas y "quietas".
Si ello fuera así, se estaría negando la
creatividad en el lenguaje y lo que es peor, el
poder utilizar experiencias y conceptos
anteriores en la adquisición de conceptos y
experiencias nuevas. Ello querría decir que todo
conocimiento que se adquiera tendría que partir
necesariamente de cero, dada la irrepetibilidad
de hechos y experiencias dentro de un contexto de
realidad y porque es bastante improbable que los
hechos de la realidad se repitan en los mismos
contextos y con las mismas características.
Tulving (1972)
citado por Puente (1995:184) distingue tres tipos
de memoria: Una que denomina Memoria Episódica,
otra Memoria Semántica y otra Memoria
Procedimental. La primera está referida a la
percepción de eventos reales, empíricamente
contextualizados, y muy relacionados con
experiencias personales (autobiográficas) en
espacios y tiempos muy específicos los cuales en
últimas constituyen los recuerdos. La memoria
semántica en tanto, está referida a
informaciones relacionadas con el mundo, que han
tenido como punto de partida una elaboración
simbólica, abstracta, genérica, conceptual,
independientemente de una ocurrencia empírica.
La memoria procedimental referida al conocimiento
de cómo, dónde, y por qué, ejecutarse
determinadas acciones para lograr los fines que
se proponen en una relación específica. (Véase
gráfico sobre sistema de memoria integral).
La memoria
semántica si bien es cierto tiene como base la
memoria episódica, traspasa el mundo
experiencial, ella se constituye en la
representación del conocimiento organizado del
mundo en el que se involucran objetos, eventos,
relaciones, códigos, conceptos; constituyéndose
en el fundamento que capacita al usuario de la
lengua para hacer inferencias, abducciones,
generalizaciones y razonamientos, que
materializados en el uso del lenguaje (memoria
procedimental) permiten ejercer la creatividad,
entendida ésta no simplemente como un hecho
combinatorio, sino como un proceso de
construcción de mundos posibles a partir de una
estructura cognoscitiva dada, es decir, de una
"Esquemata" (definida como el conjunto
integrado de conocimientos pertenecientes a un
dominio).
A pesar de la
evidente diferencia entre los tres niveles de
memoria, ellas, se podría decir, que constituyen
un sistema unitario, o lo que es lo mismo, una
memoria integral en la que cada una juega un
papel distinto pero necesario en la adquisición
y construcción del conocimiento.
Configurar
cognoscitivamente un esquema es una función
intelectual realizada por el lector en el
momento de la lectura, en su intento de
producir una interpretación.
La existencia de
un universo unitario de memoria demanda un nivel
elemental de manejo de la experiencia que se
constituye en una puerta de entrada del
conocimiento, si bien es cierto muy importante,
es muy restringida en su capacidad para por sí
configurar la estructura cognoscitiva de un
individuo.
Esto quiere
decir que los conocimientos experienciales
adquiridos por el mero estar o permanecer
subsumido en un contexto de realidad no son
suficientes para llegar a niveles de abstracción
superiores (categoriales) que permitan ejercer la
actividad inferencial; para ello se requiere que
se pase a un nivel superior de memoria (Memoria
Semántica) en el que una vez dada la fase de
acumulación se dan otras de reestructuración y
ajuste de conocimientos (Rumelhart y Norman 1978,
citado por Puente 1995:193).
Veamos en
detalle en qué consiste cada una de dichas
fases:
Fase de
acumulación
Corresponde al
nivel Episódico de la Memoria cuyo papel es
agregar nueva información con fundamento en los
conocimientos previos.
La lectura en la
educación formal es la base para adquirir nuevos
conocimientos. Cuando el formándose los
adquiere, necesariamente tiene que recurrir a una
estructura cognoscitiva dada, a la cual agrega la
nueva información, conformando una estructura
cognoscitiva más completa.
La
existencia de un universo unitario de memoria
demanda un nivel elemental de manejo de la
experiencia que se constituye en una puerta
de entrada del conocimiento.
La fase de
acumulación no es anodina, constituye el momento
sine qua non para las fases posteriores
(reestructuración y ajuste) e insistimos en su
necesidad para que se dé cualquier proceso de
aprendizaje.
Fase de
reestructuración
Constituye la
Memoria Semántica propiamente dicha. Su base es
la acumulación y puede ser un momento dramático
en la adquisición del conocimiento, por cuanto
exige una revisión o recontextualización de lo
ya aprendido o sea de los conocimientos previos
que se tengan con respecto al tema. En esta fase
se ven comprometidos procesos psicolingüísticos
de comprensión, metaforización e inferenciales,
sobre todo.
Al producirse el
hecho de la acumulación, supongámoslo en el
evento de la lectura, puede resultar que la
información nueva sea congruente con la
estructura cognoscitiva del lector-formándose,
caso en el cual esa información es incorporada a
la estructura cognoscitiva, produciéndose una
expansión del esquema cognoscitivo respectivo
con una nueva determinación que posiblemente lo
complete y que simultáneamente se puede
constituir en vía de acceso de nuevos
conocimientos o por lo menos enriquecer la
esquemata. Este mismo hecho cognoscitivo es
analizado en la teoría de la relevancia de D.
Sperber y D. Wilson (1986) y lo denominan efectos
contextualizados de reforzamiento y de
contradicción; los primeros se refieren a que la
información nueva viene a reforzar la ya
existente, como se explicó anteriormente, y la
segunda se refiere al hecho de que una
información nueva debilita o entra en
contradicción con conocimientos previos, caso en
el cual el sujeto debe resolver la contradicción
en favor del concepto que tenga mayor validez.
En el caso de
que el conocimiento nuevo sea incongruente pero
tenga mayor validez, él exige la transformación
de la estructura cognoscitiva existente y en
casos extremos puede producir rupturas de
conocimiento, lo cual hace dramático y hasta
doloroso la adquisición del conocimiento, sobre
todo tratándose de lectores que han construido
una esquemata durante años. Esta crísis es muy
improbable en el caso de lectores-formándose.
De todas maneras
el hombre siempre es consciente de su nivel de
conocimiento y en todos los casos puede realizar
un autoanálisis y valorar si a través de la
lectura que realiza se está dando una
reestructuración cognoscitiva, en qué medida,
cuál es el nivel alcanzado o si definitivamente
no logra ninguna cualificación cognoscitiva.
Tulving (1983) denomina noético a ese estado de
conciencia cognoscitivo.
Fase de
ajuste
La fase de
ajuste íntimamente vinculada con las dos
anteriores está referida al conjunto de
realizaciones ejecutadas y con las cuales se han
adquirido algunos beneficios. Referida a la
actividad dialógica y desde una perspectiva
pragmática, es justamente en esta fase donde se
podrían considerar ubicadas las adecuaciones de
un acto lingüístico y por ende sus condiciones
de éxito (Austin). Es en esta fase donde el
formándose tiene la oportunidad de demostrar sus
habilidades conceptuales, adquiridas o
desarrolladas a partir de un acto de acumulación
lectoral o después de un largo proceso de
educación formal. Su práctica profesional está
en relación directa con el conjunto de
conocimientos adquiridos en el acto educativo, el
procesamiento cognoscitivo que de ellos hizo para
posteriormente aplicarlos de un modo eficaz en un
campo para el cual fue formado.
La ejecución de
acciones precisas, eficaces y especializadas,
así como la aplicación de esos conocimientos en
otros campos, es sin duda el parámetro
fundamental a través del cual se evalúa el
conocimiento adquirido.
El siguiente
gráfico ilustra el sistema integral de memoria
tal como fue explicado arriba, en el que se
muestran las diferentes fases que la constituyen
y los procesos que en cada una de ellas se llevan
a cabo:
En el gráfico
es fácilmente observable la forma como se
imbrican y correlacionan, y el grado de
asociación que existe entre ellas, hasta el
punto de que si una de esas fases sufre algún
tipo de problema, éste afecta a la memoria en su
conjunto, dificultando o imposibilitando la
interpretación y/o producción de sentido.
La memoria
semántica, que en nuestro concepto constituye el
núcleo de donde surge la posibilidad de
interpretar y producir sentido, es denominada por
Van Dijk (1989) Memoria a Largo Plazo (M.L.P.);
teóricamente es ilimitada en su capacidad de
almacenar, estructurar y reestructurar
información, lo mismo que en la posibilidad de
diversificarse en cuanto a que en ella tienen
cabida diversas "esquematas": es decir
la Memoria Semántica o de Largo Plazo puede
albergar contenidos diversos, heterogéneos,
dependiendo de las filiaciones conceptuales del
formándose o del usuario de la lengua.
Este conjunto de
conocimientos, de representaciones conceptuales
del mundo o del contexto constituyen la
información semántica o estructura conceptual
del individuo con la cual se configura
cognoscitivamente como ser inteligente y todo
ello es su conocimiento previo, base y guía para
la adquisición de nuevos conocimientos. Es
justamente este mundo conceptual previo el que lo
faculta para la comprensión del discurso.
"Lo que ya sabemos determina en gran medida
lo que tendremos que aprender, recordar y
olvidar". (Woolfolk 1996:241),
Normalmente, el
individuo que ha logrado que la información
adquirida haya accedido a la Memoria Semántica,
muy difícilmente pierde esta información
(Retención) pues se supone que -la información-
se ha transformado en concepto y su poseedor
puede disponer de él para su evocación y/o
aplicación en la Memoria Procedimental.
De lo anterior,
se deduce que es difícil olvidar una Memoria
Semántica (M.L.P.), puesto que la información
allí consolidada tiene una alta fuerza o
durabilidad, y cualquier dificultad en este
sentido surge como consecuencia de una pérdida
de accesibilidad al concepto, y no exactamente
por una deleción de éste. De ahí que sea
necesario cultivar el hábito de la lectura de
textos "que sean verdaderamente una
escritura" (Estanislao Zuleta) como
instancia clave de recuperación de conceptos
adquiridos y de disponibilidad inmediata y eficaz
de macroconceptos y determinaciones que ejerciten
las memorias y activen la capacidad de
racionalizar y producir sentido; es decir, la
competencia cognoscitiva.
La activación
de dicha competencia cognoscitiva es un evento
necesario en el acto de la lectura, sobre todo de
textos expositivos en los que está involucrado
el metalenguaje de una "Esquemata".
Rumelhart (1997) plantea dos fuentes de
activación; la primera la denomina de
"abajo hacia arriba" y la segunda de
"arriba hacia abajo".
La primera se
refiere a la activación que se hace de los
esquemas cognoscitivos motivada por la
experiencia, la cotidianidad y su activación da
como resultado la puesta en marcha de esquemas
cognoscitivos "elementales", con los
cuales es posible que se formen redes semánticas
de la misma categoría y el individuo pueda
desenvolverse adecuadamente dentro de un contexto
de relación cotidiana y en actividades
dialógicas corrientes para las cuales es
suficiente evocar esquemas cognoscitivos de uso
rutinario.
Sin exagerar,
aquí se podría ubicar la comprensión de textos
de consumo cotidiano como los manejados por
medios masivos de información, a los cuales los
caracteriza la limitada lexicalidad y el uso de
códigos restringidos y de banda ancha
(Bernstein), lo que les impide por esta razón
entrar en explicitaciones estructurales de un
evento. Como se ve, comprender este tipo de
textos no requiere un mayor esfuerzo y su consumo
cotidiano es empobrecedor cognoscitivamente,
sobre todo cuando no se recurre a otro tipo de
lecturas, empleando el término lectura en su
sentido más fuerte.
Una de
las críticas más acerbas que ha recibido el
sistema educativo tradicional por parte de
algunos pedagogos modernos ha sido la de
enrrostrarle la exagerada importancia que se
le daba a la memoria en el proceso de
"adquisición"de conocimientos.
El siguiente
texto ilustra lo expresado:
"La
página de Internet de las tandas de la Mega,
abrirá con sensuales fotografías de
Nathalia París, que con su hablado de chica
consentida y algo despistado los tiene
enloquecidos. De Alejandro Villalobos, su
compañero de set, se dijo que lideraría un
grupo de jóvenes de la radio por la paz y
nada más alejado de esto, porque según
dijo, a la juventud no le importa mucho esto
y está más interesada en la violencia
juvenil, la droga y el sexo sin
condón".
Revista
Cromos 1996 No. 4109 p. 44.
No obstante, no
se quiere significar que este tipo de activación
sea superflua, ni que la calificación de
"elemental" de los esquemas
cognoscitivos accionadas, sea peyorativa. Tanto
éstos como los códigos restringidos y de banda
ancha son fundamentales en la práctica social y
en la identificación con una membresía
determinada, sin los cuales no podrían existir
conocimientos previos. A lo que concretamente nos
referimos es a que un proceso de formación
académica no puede limitarse a la formación y
estimulación de esquemas y códigos de este
nivel y por el contrario debe propender por
acceder a esquemas y códigos de mayor
elaboración conceptual.
Para lograrlo
debe incitarse al estudiante al consumo de
"verdaderas escrituras" que estimulen
la activación de "arriba hacia abajo",
es decir, conceptos accionando conceptos,
conceptos estimulando conceptos, conceptos
enriqueciendo conceptos; en otras palabras
estimular al estudiante para que se forme como un
buen lector a partir de la lectura misma, lo cual
da como resultado el "aprender a aprender
"y por ende a comprender.
Este papel lo
desempeña la Memoria Semántica o Memoria de
Largo Plazo, la cual, una vez hecha la evocación
configura la estructura cognoscitiva requerida a
través de la aglomeración de Determinaciones
Conceptuales (D.C) que organizan un esquema
cognoscitivo dado y simultáneamente teje una red
de relaciones cognoscitivas entre macroconceptos
que de esta forma se representan en el lector, a
la manera de un diagrama del texto escrito.
Configurar
cognoscitivamente un esquema es una función
intelectual realizada por el lector en el momento
de la lectura, en su intento de producir una
interpretación.
Todo poseedor de
esquemas cognoscitivos "ricos", es
aquel que cuenta con un conjunto de D.C., las
cuales tienen una existencia semántica y no
configuran en sí mismas esquemas cognoscitivos
específicos sino que dada una necesidad
interpretativa, el lector las alínea alrededor
de un macroconcepto y configura el esquema dado.
Vemos así cómo
el mundo cognoscitivo es también un mundo
económico y, a la manera de Martinet, podríamos
decir que las D.C. que lo constituyen, son
unidades semánticas utilizables y reutilizables
en diferentes contextos para configurar sintagmas
cognoscitivos.
Es en otras
palabras lo que Quillian (1969) denomina:
"Economía Cognoscitiva" y que Puentes
(1995:201) ejemplifica con el siguiente texto:
"... el
significado de la palabra canario se deriva
del hecho de que, entre otras propiedades,
son amarillos y pueden cantar. Así, las
características "amarillo" y
"cantar" se almacenan directamente
a partir del dato de entrada
"canario". Por otra parte, los
canarios tienen otras propiedades: tienen
alas, plumas y pueden volar. Sin embargo,
estas propiedades no se almacenan con la
unidad conceptual "canario", sino
con la de "ave". En consecuencia,
las propiedades se almacenan sólo en el
concepto más general al que se aplican. Así
las características generales de las aves
tales como "tener plumas",
"tener alas", se almacenan sólo
con el concepto "ave" y no con cada
tipo de ave (por ejemplo, canario, petirrojo,
etc.); de esta manera se economiza el espacio
de almacenamiento en la memoria".
El hecho de
darse la economía cognoscitiva implica la
necesidad de la existencia de un mecanismo, por
lo menos psicolingüístico, que permita hacer la
activación de estas determinaciones a partir de
un estímulo lectoral, por ejemplo. Esta
activación cognoscitiva de D.C. -movimiento
inferencial implicativo- podríamos imaginarla
como una onda expansiva multidireccional que se
propaga desde una memoria de corto plazo hasta
espacios semánticos relativos-dependiendo del
lector- de la memoria a largo plazo. Es de esta
manera como se activa la capacidad inferencial,
la cual difiere entre los individuos en relación
directa con el acervo cultural y científico que
cada uno posea. Esto quiere decir que la onda
inferencial se propagará de manera distinta en
un especialista que en un lector formándose o de
otro lector profano.
Ello nos afirma
más en el concepto de que no existe
"La" estructura cognoscitiva, sino que
ésta se organiza en función de los manejos
conceptuales que cada persona tenga y de la
calidad de la red que intelectivamente se pueda
tender en el momento de la interpretación de un
texto.
Cuando en
artículo anterior tratamos el concepto de
movimiento inferencial implicativo nos
referíamos precisamente a ese movimiento que
ocurre al interior del manejo cognoscitivo que
hace cada lector en el proceso de
interpretación. Se supone que el evento de la
lectura provoca un estímulo en una D.C. de un
esquema cognoscitivo o en el propio esquema
cognoscitivo tomado como una globalidad,
estímulo éste que producirá efecto en otro
esquema cognoscitivo próximo conceptualmente o
específicamente en alguna de sus
determinaciones. Al mismo tiempo este efecto
activará otros esquemas u otras determinaciones
formándose así una red semántica dentro de un
mismo campo semántico, configurada por las
conexiones o mejor relaciones que cada individuo
establezca. Estas relaciones que se hacen entre
esquemas cognoscitivos o entre D.C. varían en su
dimensión, es decir, se encontrarán relaciones
más fuertes entre conceptos próximos y/o
semejantes y relaciones no tan fuertes entre
conceptos muy disímiles; sin embargo la
fortaleza de la relación no está dada entre los
conceptos per se, sino que el lector la establece
de acuerdo con el manejo conceptual que tenga de
la esquemata o de varias esquematas de campos
disímiles pero correlacionados
interdisciplinariamente por él- competencia
intertextual-.
Como se vio en
el párrafo anterior las conexiones conceptuales
son de dos tipos: unas que podríamos
denominarlas de macroconcepto a macroconcepto, en
las cuales el lector relaciona conceptos globales
con otros conceptos globales, trazando redes
semánticas gruesas sin preocuparse por penetrar
en sutilezas conceptuales que necesariamente
tendrían que ser dadas por las D.C. Este tipo de
lectura que denominaríamos Lectura Gruesa es
característico de lectores de textos no
especializados, poco profundos, y en general de
la cultura "ligth", donde los conceptos
antes que ser interpretados, son decodificados
como estereotipos, que sin embargo no carecen de
D.C., sino que las mismas están en el sentido
común resultantes de la experiencia directa en
la vida diaria y son en cierta forma
espontáneas; por ejemplo, veamos en el esquema
que se presenta a continuación las
determinaciones conceptuales que un lector no
especializado recuperaría para los
macroconceptos ciencia y lenguaje.
Mientras
que el lector especializado retrotraería otras
determinaciones como se muestra en esta otra
ilustración, también presentada de manera
esquemática:
Las
conexiones conceptuales o redes semánticas
también se pueden propagar de una D.C. de un
esquema cognoscitivo a otra D.C. de otro esquema
cognoscitivo y en este caso hablamos de una
lectura fina.
La denominación
obedece al hecho de que el lector de un texto que
se supone "verdadera escritura" y
preferencialmente de modalidad expositiva, tiene
la suficiente habilidad para penetrar en
sutilezas conceptuales que le permiten llegar a
implicaturas que infiere a partir del texto hasta
el punto de hacer abducciones y por ende
construir redes semánticas que pueden diferir en
su trayectoria de las trazadas por el escritor
como consecuencia de su competencia
intertextual-.
Este tipo de
lectura es característico, y necesariamente
tiene que serlo, de lectores con educación
formal especializada, cuando se ocupan de
lecturas de su campo de formación, ilustremos
con un ejemplo:
"La
ciencia es un conjunto que conforma una
manera específica de entender y vivir la
vida natural y socialmente, distinta y
peculiar frente a la forma artística o
religiosa. La ciencia es una tradición
construida dentro de unos marcos culturales e
institucionales que han hecho posible y le
han impreso el sello de sus inquietudes y
esperanzas. Con ello quiero decir que la
ciencia es un proceso que se gesta y
desarrolla a través de procesos
relativamente prolongados. Precisa de un
cúmulo de actitudes y disposiciones, tanto
en los individuos como en los grupos, para
que sea posible. La ciencia, por
consiguiente, es un producto
histórico".
Manuel
Elkin Patarroyo.
Este texto como
cualquiera otro, tendrá indudablemente tantas
lecturas cuantos lectores lo aborden, por cuanto
cada uno de los usuarios del texto puede tener o
esquematas distintas o diferentes niveles de
profundización dentro del mismo campo del
conocimiento lo que en últimas determina la
formación de redes semánticas también
diferentes.
¿Y cuál es el
papel de la Memoria Semántica en la formación
del lector?
Sería
importante cuestionarnos acerca del papel que
desempeña la Memoria Semántica ( o de Largo
Plazo) en el proceso de formación del lector,
entendido como el que aprende a prender; es en
otras palabras preguntarnos con respecto a qué
redes semánticas debe construir y efectivamente
construye el lector- formándose y sobre todo
qué incidencia tiene la pedagogía en la
construcción de estructuras cognoscitivas en
él, tendientes a una conciencia de lo
metacognitivo en pro de la construcción de redes
semánticas cada vez más cualificadas dentro de
lo que hemos denominado lectura fina, ya que,
consideramos que el interés por mejorar la
calidad de la educación debe entre otras cosas,
preocuparse por la estructura y la calidad del
conocimiento adquirido.
Se dice que los
objetivos del aprendizaje son aumentar el saber
del educando y que podemos tomar estos objetivos
como apropiados, y también se supone que lo que
hace el formador es preparar una serie de
contenidos que son el conjunto de los valores que
la generación anterior ha preparado como
pertinentes para que aumente el saber del
educando. Si tomamos el nivel máximo de
aprendizaje, que es el nivel universitario o
incluso podríamos tomar el nivel terciario, el
de los graduados que se preparan para una nueva
actividad; en este caso, de lo que se trata es de
que las personas que están cursando estos
niveles deben hacer su propia conceptualización,
su propio saber, que luego lo van a aplicar en la
práctica profesional o eventualmente lo podrán
aplicar a su vez en la docencia o en la
investigación. Es decir, que ellos tienen que
construir sus propios conceptos a partir de la
información semántica que reciben, vía verbal,
o vía lectoescrita a partir de los libros,
artículos, fotoduplicados, etc.
El papel del
lenguaje en este nivel es altamente significativo
en la medida en que viene a actuar sobre la
Memoria Semántica acumulada a lo largo de todo
el ciclo pedagógico para operar cambios en esos
procesos de conceptualización y alcanzar niveles
cada vez más altos de saber, de manera que todo
lo que significa el procesamiento semántico en
este nivel es extremadamente importante para el
proceso de conceptualización propiamente dicho.
Esto marca
entonces la importancia que tiene la red
semántica para condicionar precisamente este
proceso de conceptualización, que en este nivel
ya no se limita a lo sensoperceptivo, sino
exclusivamente a lo nocional y, en este caso, eso
que llamamos proceso de conceptualización es el
descubrimiento de relaciones nuevas que integran
nuevos niveles conceptuales.
En nuestro
propio desarrollo, precisamente el aumento de
nuestro saber es el dominio de nuevas relaciones
que hasta este momento aparecían invisibles,
aparecían como desconocidas y el descubrimiento
de esas nuevas relaciones es información
semántica que puede aumentar la riqueza de
relaciones en la Memoria Semántica, aumentar la
riqueza de relaciones en la red semántica.
(...) en
la escuela media, se lee por obligación, se
lee por indicación del profesor, pero no
porque se estimule el amor a la lectura y a
la utilización del lenguaje o de la
información semántica en el código
lectográfico como redacción.
¿Y qué pasa
con el lenguaje y el aprendizaje en la enseñanza
media?
El adolescente
no tiene la posibilidad de conceptualizar; la
enseñanza media, por lo menos en nuestro medio,
no le da muchas posibilidades al adolescente para
que conceptualice, más bien se le ofrecen los
conceptos ya perfectamente elaborados,
recortados, y hasta podría decirse
"recortados" en el doble sentido; no
recortados en el sentido de que tienen fronteras,
sino, recortados porque se han recortado de otros
textos para pegarlos en "el texto
nuevo", y el formándose no tiene muchas
opciones para elaborar su proceso de
conceptualización, es decir, que aquí, el
lenguaje es un instrumento utilizado no en
beneficio del aumento del proceso de
conceptualización, sino como vehículo de la
transmisión pasiva de ese conjunto de valores
que el sistema pedagógico ha elegido para el
adolescente y que según los diferentes planes de
estudio están próximos a las necesidades del
mismo.
No tiene
tampoco, el adolescente, muchas posibilidades
para operar con el lenguaje bajo la forma del
código lectográfico. Efectivamente, las
incitaciones que pueda recibir para leer son
escasísimas; en la escuela media, se lee por
obligación, se lee por indicación del profesor,
pero no porque se estimule el amor a la lectura y
a la utilización del lenguaje o de la
información semántica en el código
lectográfico como redacción; el adolescente
tiene que redactar solamente cuando tiene los
exámenes parciales o cuando se le propone en
clase de lengua que haga una redacción sobre lo
que el profesor ha determinado que se redacte; de
manera que literalmente hay un desperdicio de la
información semántica puesto que no se utiliza
suficientemente en el proceso pedagógico y por
lo tanto el objetivo del saber queda confinado a
los que los profesores dispongan para el
adolescente.
En cuanto a la
enseñanza primaria tenemos que destacar la
importancia que debería tener en esta fase, el
desarrollo del lenguaje interno. La enseñanza
primaria puede ser un poco más flexible que la
enseñanza media, que es extremadamente rígida.
La escuela primaria debería estimular la
actividad del lenguaje interno del alumno de 3º.
o 4º. nivel en adelante, porque eso
condicionaría que el alumno apetezca saber,
desee tener conocimiento porque tiene la
posibilidad de dialogar y plantear sus preguntas
e inquietudes, con la esperanza de que van a ser
respondidos, no desalentadas.
En este caso, o
este período que desde el punto de vista
neuropsicológico coincide con el desarrollo del
lenguaje interno debería ser aprovechado por el
proceso pedagógico, lo cual, por supuesto
determinaría o debería determinar la
posibilidad de que los alumnos puedan formular
preguntas, dudas e inquietudes que deberían ser
escuchadas y atendidas convenientemente por los
maestros. Se ha señalado también el papel que
tienen los códigos del lenguaje en el
aprendizaje del código lectográfico en este
caso se trata de una preparación para lo que
luego el código lectográfico va a seguir
aportando. Diríamos que lo que podría ser el
amor a la lectura en el adolescente, debería ser
estimulado porque el alumno de primaria ha
logrado saber por sus maestros que realmente la
lectura es una actividad interesante, que sirve
para la comunicación, incluyendo la
comunicación con gente que se ha muerto hace
muchos siglos; este descubrimiento puede llegar a
ser importante siempre y cuando se lo favorezca.
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