Imre Lakatos
la versión sofisticada del falsacionismo
metodológicoDiego Fernando Jaramillo Patiño
«
...el ofrecer una interpretación severamente
refutable
de una versión en crecimiento de un programa
constituye
una peligrosa crueldad metodológica.»
Imre
Lakatos, MPIC, p. 88
La filosofía de
la ciencia en el siglo XX se ha constituido en
una actividad profesional cuya principal
preocupación ha sido el problema del cambio
científico. Inherente a este problema se
encuentra el no menos importante problema de la
evaluación de teorías científicas. ¿Hay algo
así como un cambio científico? ¿existe
progreso en la ciencia? En caso tal, ¿es
susceptible de una teoría de la racionalidad
científica?
Tres tradiciones
de pensamiento pueden identificarse dentro de la
actual filosofía de la ciencia las cuales
ofrecen diversas respuestas a estas preguntas. El
Escepticismo, que concibe las teorías
científicas como una más de las muchas
creencias, tradiciones e ideologías que
conforman el ámbito de la cultura. Para este
escepticismo, manifiesto en la forma de un
«relativismo cultural», la ciencia no posée
una preminencia epistemológica sobre las otras
creencias culturales; si lo hace, es sólo por la
fuerza de su influjo ideológico. De todas
maneras, aunque es factible reconocer cambios al
interior de los distintos sistemas de creencias,
no hay nada como un progreso. El escepticismo
rechaza, no sólo la posibilidad de dar solución
al problema de la evaluación de las teorías
científicas, sino que, ante todo, lo considera
un problema inútil, al menos en tanto que
problema central para una sociedad libre. El más
sobresaliente defensor de esta tesis es, hoy en
día, Paul K. Feyerabend.
Otra tradición
de pensamiento filosófico-científico la
constituyen aquellos filósofos de corte
racionalista que se resisten a concebir la
ciencia como una actividad corriente y cuya
preocupación fundamental consiste en elaborar un
criterio de carácter universal, y con ello
racional y necesario, con base en el cual sea
factible, en efecto, una evaluación racional de
las teorías científicas tal que nos permita
reconstruír así mismo la historia de la ciencia
mostrándonos su naturaleza progresiva. A tal
tradición, cuya confianza en la racionalidad de
la dinámica científica ha impulsado a formular
desde el colapso del pensamiento
justificacionista, una después de otra, las
diversas teorías de la racionalidad científica,
podemos denominarla como
"Demarcacionismo". En esta tradición
podemos ubicar los pensamientos de Popper y de
Lakatos.
Por último, la
tercera tradición de pensamiento
filosófico-científico es el llamado
Elitismo. A la luz de esta doctrina,
es evidente que la ciencia es una actividad
susceptible de progreso. En consecuencia, no
niega el que sea posible distinguir entre lo
científico y lo no-científico. No obstante la
admisión de la índole progresiva de la ciencia,
los elitistas -Kuhn, en especial- niegan la
existencia de cualquier normatividad (legalidad)
que pudiese servir al propósito de evaluar bien
el progreso, bien el retroceso de alguna teoría
científica, de algún paradigma. Los elitistas
lo son, precisamente, porque someten todo juicio
acerca de la ciencia al arbitrio de cerradas
comunidades científicas y académicas,
rechazando la jurisprudencia de la lógica de la
investigación y sofocando todo conato de
interferencia que pudiese provenir de los legos,
esdecir, en términos del mencionado
escepticismo, de una sociedad que aspira a
extender sus estándares democráticos a la
investigación, y mejor, al «descubrimiento».(*)
Este trabajo se
limita al demarcacionismo. Por tanto,
hace sólo referencia a Popper y a Lakatos. No
obstante, y sin entrar en detalles, es preciso
anotar que éste supone el debate entre Popper y
Kuhn en torno a la racionalidad o la
irracionalidad del cambio científico. Lakatos
afirma la voluntad popperiana de vencer el
irracionalismo y se ocupa en mostrar que una
lectura más cuidada de la obra de Popper,
conduce inexorablemente a avanzar respecto del
falsacionismo en una dirección que, por ningún
motivo, arriba al más mínimo irracionalismo,
sino que, todo lo contrario, permite elaborar
criterios más sofisticados para aceptar y
rechazar racionalmente aquello que hemos decidido
considerar como «científico».
En primer lugar,
haremos referencia al falsacionismo
metodológico, el cual, luego de ubicarlo
problemáticamente con respecto al
naturalismo, trataremos en sus dos
vertientes principales, a saber: el falsacionismo
ingenuo y el sofisticado.
El
falsacionismo metodológico:
El
derrumbamiento del «justificacionismo»
significó, para la filosofía de la ciencia, una
vuelta al escepticismo. Si la ciencia teórica
era «indefinible a base de términos
observacionales y no susceptible de prueba a base
de enunciados observacionales»(1), entonces, la ciencia teórica no
era más que «sofistería e ilusión» y, por
ende, el conocimiento científico era una empresa
imposible e inútil. No obstante, tan severa
conclusión fue de inmediato rechazada por los
así llamados neojustificacionistas,
quienes respondieron a los escépticos elaborando
la teoría probabilista de la ciencia. Si bien
era verdad que ninguna teoría científica podía
ser probada, era igualmente verdad que las
teorías tenían un grado de probabilidad. Pero
muy pronto resultó que, dado el número infinito
de casos posibles respecto del número en extremo
limitado de casos reales, la probabilidad de toda
teoría era cero.
En este estado
de cosas, hace aparición el llamado
«falsacionismo dogmático (o naturalista)».
«El
falsacionismo dogmático admite la
falibilidad de todas las
teorías científicas sin cualificaciones,
pero retiene una clase de base empírica
infalible. Es estrictamente empirista sin ser
inductivista; niega que la certeza de la base
empírica pueda se transmitida a las
teorias»(2).
Así, el
falsacionismo dogmático aceptando que ninguna
teoría científica es justificable, pues todas
son por igual indemostrables e improbables,
afirma que todas ellas son
conjeturales y que si bien no se
puede demostrar su verdad, si se puede demostrar
su falsedad mediante una base empírica
infalible. No obstante, los supuestos sobre los
que se asienta y su criterio de demarcación,
hacen del falsacionismo dogmático una respuesta
insostenible. En primer lugar, porque, como lo
vió Popper, toda observación involucra
expectativas; en segundo lugar, porque de ninguna
proposición fáctica es posible establecer su
valor de verdad de manera concluyente, pues si
toda observación involucra una cierta «teoría
observacional» no es difícil ver el que toda
proposición científica es teórica y por tanto
irremediablemente falible; por último, el
criterio de demarcación del falsacionismo
dogmático, según el cual: «sólo son
«científicas» las teorías que excluyen
ciertos acontecimientos observables y que, por
ello, pueden ser refutadas por los hechos.»(3), parece no tener en cuenta que
precisamente las teorías tenidas por
científicas no prohíben, en verdad, ningún
hecho, ningún acontecimiento observable.
Aquellas teorías que prohíben un determinado
fenómeno observable, lo hacen sólo a condición
de que sobre él no influya ningún factor
desconocido. Pero estas teorías no son sino
teorías que incluyen una cláusula ceteris-paribus,
siendo su forma lógica la de una conjunción
entre un enunciado fáctico y un enunciado
universal de no-existencia: «en tales casos lo
que puede ser refutado es una teoría científica
con esta cláusula»(4). De esta manera, el falsacionismo
dogmático que sólo aceptaba teorías refutables
mediante un número finito de observaciones,
tendría que eliminar de la ciencia toda teoría
probabilista así como toda teoría que incluyera
una cláusula ceteris-paribus. Así pues,
el resultado del falsacionismo dogmático no es
el menos desalentador:
"No
sólo son las teorías científicas
igualmente incapaces de ser probadas e
igualmente improbables, sino que también son
igualmente irrefutables". (5)
En esta
situación, en la cual no sólo se ha derrumbado
el «justificacionismo» sino también el
«falsacionismo dogmático», el falibilismo
parece entronizarse y la vía del escepticismo
(el irracionalismo o el «relativismo cultural»)
parece ser la única posible.
Pero, entonces,
¿es posible elaborar una teoría alternativa de
la racionalidad científica? o, ¿concederemos al
irracionalismo su triunfo?. El falsacionismo
metodológico habrá de constituirse en una
teoría alternativa de la racionalidad
científica. Veremos las dos variantes del
falsacionismo metodológico, cada una a su vez.
1. El
Falsacionismo
Metodológico
Ingenuo
El falsacionismo
dogmático se hunde precisamente por su carácter
«naturalista», el cual no le permite, en
realidad, superar el empirismo psicologista
heredado de Hume puesto que, en el fondo, no
representa una nueva y atrevida concepción de la
«observación». Al igual que el
«justificacionismo», el falsacionismo
dogmático presume la objetividad intachable de
la experiencia: sabemos de manera fiable el valor
de verdad de un enunciado fáctico por la
experiencia. En este sentido, el falsacionismo
dogmático no es sino una especie de
«justificacionismo negativo»: no se puede probar
la verdad de una teoría, pero si se
puede probar su falsedad.
El
verdadero avance sobre el
«justificacionismo», es decir, la teoría
de la racionalidad científica que, en
efecto, se opone significativamente al
escepticismo es el falsacionismo
metodológico.
Basta una
consideración menos extrema y, por ende, menos
estrecha de la observación para mostrar la
inconveniencia de cifrar la base empírica(6) en un conjunto de enunciados
observacionales, verdaderos por experiencia, «a
partir [del] cual la falsedad probada puede
transmitirse, por medio de la lógica deductiva,
a la teoría objeto de contrastación.»(7)
El verdadero
avance sobre el «justificacionismo», es decir,
la teoría de la racionalidad científica que, en
efecto, se opone significativamente al
escepticismo es el falsacionismo metodológico.
El falsacionismo
metodológico renuncia a toda pretensión
naturalista del carácter empírico de la ciencia
natural. En su lugar, intenta resolver los
problemas de una teoría de la racionalidad
científica desde la arena metodológica. Según
lo que precede, no es en primera instancia la
confirmación experimental ni la refutación
experimental -en el sentido en el cual lo
experimental significa una suerte de confesión
pulcra de la naturaleza ante nuestras preguntas-,
aquello que decide en una evaluación cualquiera
de una teoría científica. En realidad, postula
el falsacionista metodológico, la evaluación de
las teorías depende, no del carácter empírico
de lo natural, sino de su ineludible carácter
convencional. En realidad, la base empírica así
como el criterio de demarcación, no son más que
el producto de nuestras «decisiones
metodológicas».
El falsacionismo
metodológico ingenuo supera las falencias del
falsacionismo dogmático, mediante una serie de
decisiones de orden metodológico y no
ontológico, que permiten construír una «base
empírica» intersubjetiva y adoptar un criterio
de demarcación que sea capaz de incluir en el
rango de la cientificidad teorías que para el
dogmatismo falsacionista eran inaceptables -en
verdad, no asimilables- por carecer de base
empírica, tales como las teorías
probabilísticas y las teorías que incluyen una
cláusula ceteris-paribus.
El falsacionismo
metodológico ingenuo construye su «base
empírica» por medio de dos decisiones
metodológicas. En primer lugar, considerando que
un enunciado básico no es nunca una proposición
fáctica psicologísticamente decidible,
selecciona metodológicamente los enunciados
básicos aceptados. El criterio de selección y
aceptabilidad viene dado por la existencia de una
técnica experimental que garantiza la replica.
En segundo lugar, a sabiendas de que no hay
observación sin expectativas, el falsacionista
metodológico debe adoptar una segunda decisión
que le permita separar la teoría que está
siendo sometida a contrastación del conocimiento
fundamental no problemático, constituido por el
conjunto de enunciados básicos aceptados y por
la «teoría observacional» en uso. Estas dos
primeras decisiones metodológicas superan los
impedimentos que para una teoría de la
racionalidad científica comportan los dos
supuestos del falsacionismo dogmático a la hora
de instaurar una «base empírica» como
referencia para la demarcación. En principio, no
basta para decretar la falsedad rechazable de una
teoría su conflicto con algún enunciado básico
experimentalmente establecido: «un enunciado
básico no tiene poder para refutar nada sin el
apoyo de una hipótesis falsadora bien
corroborada.»(8). Aquí, el falsacionismo
metodológico ingenuo representa un cambio
progresivo en la medida en que la falsabilidad no
depende ya de un enunciado desnudamente
observacional, sino de un enunciado observacional
«reforzado».
El falsacionismo
metodológico supera el falsacionismo naturalista
puesto que, la base empírica es reemplazada por
una «base empírica»; es decir, el conjunto de
los falsadores potenciales de una teoría no lo
aporta la experiencia, como si ésta fuese fiable
de manera inmediata, sino que tal conjunto es
sólo posible por medio de alguna decisión
metodológica sobre la cual están de acuerdo los
científicos. Por referencia a tal «base
empírica» queda establecido el alcance de la
falsación, así como la «teoría de partida»,
el «conocimiento básico» con base en el cual
se llevan a cabo las contrastaciones, es decir,
se evalúan las teorías pretendidamente
científicas.
La construcción
de la base empírica mediante decisiones
metodológicas muestra que el falsacionismo
ingenuo «propone un nuevo criterio de
demarcación: sólo son científicas aquellas
teorías (...) que prohíben ciertos
acontecimientos observables y que por ello pueden
ser «falsadas» y rechazadas; o dicho de forma
más breve, una teoría es «científica» (o
«aceptable») si tiene una «base empírica»(9)
El falsacionismo
dogmático no logra justificar el carácter
científico ni de las teorías probabilísticas,
ni de las teorías que incluyen una cláusula
ceteris-paribus. A la luz de esta modalidad del
falsacionismo, «las teorías probabilísticas,
como las que tienen una cláusula ceteris-paribus,
carecen de base empírica.(10). No obstante, desde el
falsacionismo metodológico es posible convertir
una teoría probabilística en una teoría
falsable mediante una tercera decisión
metodológica:
«propongo
que adoptemos la decisión metodológica de
no explicar nunca efectos físicos -esto es,
regularidades reproducibles- como
acumulaciones accidentales«(11).
De esta manera
el falsacionismo metodológico mediante una
decisión asimila las teorías probabilísticas a
teorías refutables.
Queda todavía
el problema de « falsar » - mejor, de «hacer
falsables»- teorías que incluyen cláusulas ceteris-paribus.
El falsacionista dogmático fracasa aquí pues no
puede asumir que una teoría semejante contradiga
un enunciado básico. Por su forma lógica, una
teoría tal es una conjunción de un enunciado
básico y un enunciado universal de no-existencia
-la cláusula ceteris-paribus - que, en manera
alguna, puede hacer parte de la base empírica
-ya que es el enunciado de un factor oculto- y,
por tanto, no puede ser observado ni probado
experimentalmente. El falsacionismo metodológico
resuelve este problema relegando la cláusula ceteris-paribus
al conocimiento fundamental no problemático.
Lakatos se
refiere todavía a una quinta clase de decisión
metodológica mediante la cual el falsacionista
ingenuo puede falsar o eliminar teorías
«sintácticamente metafísicas» del estilo:
«todos los metales tienen un disolvente», o
«existe una sustancia que puede convertir a
todos los metales en oro»(12), las cuales por su forma lógica
carecen de falsadores potenciales
espacio-temporalmente singulares.
Finalmente,
una consideración crítica del falsacionismo
ingenuo puede mostrar que una teoría tal de
la racionalidad científica está en
contradicción con la historia real de la
ciencia.
No obstante, las
decisiones metodológicas involucran riesgos. El
falsacionista metodológico está consciente de
estos riesgos pero los asume, precisamente porque
rechaza tajantemente la vía del irracionalismo.
Para él, la tensión entre racionalismo e
irracionalismo se resuelve optando por alguna
clase de falsacionismo metodológico pues, la
posibilidad de progresar en ciencia depende -casi
exclusivamente- del hecho de disponer de una
guía racional, de un método, para la
confrontación de la teoría con los hechos.
Finalmente, una
consideración crítica del falsacionismo ingenuo
puede mostrar que una teoría tal de la
racionalidad científica está en contradicción
con la historia real de la ciencia. El
presupuesto ingenuo de que una contrastación es
una confrontación bilateral entre teoría y
experimento contradice la sugerencia histórica
de que una contrastación es una confrontación,
por lo menos, trilateral entre teorías rivales y
experimentos. Igualmente, el presupuesto de que
de la confrontación entre teoría y experimento
el único resultado de interés es la falsación
ignora el hecho, sugerido por la historia, de que
el resultado de muchos experimentos interesantes
es una confirmación en vez de una falsación.
Lakatos, que se resiste ante esta situación a
abandonar la empresa de una teoría racional del
progreso científico, se propone sustituir la
versión ingenua del falsacionismo metodológico
por una versión sofisticada.
2. El
Falsacionismo
Metodológico
Sofisticado
El
convencionalismo descubrió que cualquier teoría
científica, supuestamente falsada, puede
salvarse del peso de los contraejemplos mediante
ajustes teóricos, con la mera inclusión de
hipótesis auxiliares. Es el caso, por ejemplo,
de teorías que incluyen una cláusula ceteris-paribus
como hipótesis auxiliar. Estos ajustes teóricos
son posibles sólo en virtud de una decisión
metodológica: relegar las hipótesis auxilia res
a la esfera del conocimiento fundamental no
problemático -o, conocimiento de partida(13)-. Sin embargo, aun aceptando el
papel de las hipótesis auxiliares en el ajuste
de teoría y enunciados fácticos, el problema
consiste en elaborar criterios racionales que
permitan diferenciar entre ajustes científicos
y, por ende, cambios teóricos racionales; y
ajustes pseudo-científicos, o sea, cambios
teóricos irracionales. En el primer caso, puede
decirse que el cambio constituye un progreso
científico; las hipótesis auxiliares cumplen
ciertas condiciones. En el segundo caso, en el
cual las hipótesis auxiliares se introducen ad
hoc, el cambio no constituye un progreso sino
un retroceso. Lakatos extrae de aquí la
siguiente conclusión:
"Pero
entonces cualquier teoría científica debe
ser evaluada en conjunción con sus
hipótesis auxiliares, condiciones iniciales,
etc., y, especialmente, en unión de sus
predecesoras, de forma que se pueda apreciar
la clase de cambio que la originó.
Por lo tanto lo que evaluamos es una serie
de teorías y no las teorías aisladas".(14)
Es,
precisamente, la consideración de que la
evaluación del cambio o progreso científico no
debe restringirse al campo de las meras teorías
-como sucedía en la evaluación llevada a cabo
por el falsacionismo ingenuo-, sino, antes bien,
extenderse al ámbito de series de teorías -como
sucede en el falsacionismo sofisticado. «El
falsacionismo sofisticado transforma así el
problema de cómo evaluar las teorías en el
problema de cómo evaluar las series de
teorías»(15)
Lakatos muestra
que las diferencias entre el falsacionismo
ingenuo y el falsacionismo sofisticado son
esencialmente metodológicas. Y, considera que
éste representa un progreso frente a aquél.
Ambos difieren en sus reglas de «aceptación»
-razón por la cual el falsacionismo sofisticado
deberá elaborar un nuevo criterio de
demarcación-; y, difieren también en sus reglas
de falsación o eliminación -razón por la cual
deberá su perar la idea de refutaciones
concluyentes, es decir, superar la
racionalidad instantánea formulando el problema
del rechazo en términos de cambios progresivos y
regresivos de problemáticas para series de
teorías.
El falsacionismo
ingenuo tenía una única regla de
«aceptabilidad»: una teoría era
científica o aceptable
si era susceptible de interpretarse como
experimentalmente falsable. Por el contrario, el
criterio de demarcación del falsacionismo
sofisticado considera que: «una teoría es
«aceptable» o «científica» sólo si tiene un
exceso de contenido empírico corroborado con
relación a su predecesora (o rival); esto es,
sólo si conduce al descubrimiento de hechos
nuevos.»(16). Este criterio implica
una doble «aceptabilidad». Por una parte, la
teoría en evaluación debe tener un exceso de
contenido empírico: «aceptabilidad1». De otra
parte, algo de ese exceso de contenido debe
resultar verificado(17): «aceptabilidad2». Lakatos
refina el criterio de «aceptabilidad»
aplicándolo, como se dijo, no a teorías sino a
series de teorías, lo cual le permite evaluar el
progreso científico en términos de
cambios de problemáticas. No son ya
las teorías las que «aceptamos» como
«científicas», por el contrario, «aceptamos»
como «científicos» los cambios de
problemáticas, es decir, los programas de
investigación científica.
"Tomemos
una serie de teorías T1, T2, T3... en la que
cada teoría se obtiene añadiendo cláusulas
auxiliares, o mediante reinterpretaciones
semánticas de la teoría previa con objeto
de acomodar alguna anomalía, y de forma que
cada teoría tenga, al menos, tanto contenido
como el contenido no refutado de sus
predecesoras. Digamos que una serie tal de
teorías es teóricamente progresiva (o
que «constituye un cambio de la
problemática teóricamente progresivo») si
cada nueva teoría tiene algún exceso de
contenido empírico con respecto a su
predecesora; esto es, si produce algún hecho
nuevo e inesperado hasta entonces. Digamos
que una serie de teorías teóricamente
progresiva es también empíricamente
progresiva (o que «constituye un cambio de
la problemática empíricamente progresivo»)
si ese exceso de contenido empírico
resulta, además, corroborado; esto es, si
cada nueva teoría induce el descubrimiento
real de algún hecho nuevo. Por fin
llamaremos progresivo a un cambio de
la problemática si es progresivo teórica y
empíricamente, y regresivo si no lo
es. «Aceptamos» los cambios de
problemáticas como científicos, sólo si,
por lo menos, son teóricamente progresivos;
si no lo son, los rechazamos como
pseudocientíficos. El progreso se mide por
el grado en que un cambio de problemática es
progresivo, por la medida en que la serie de
teorías origina descubrimientos de hechos
nuevos. Consideramos «falsada» a una
teoría de la serie cuando ha sido superada
por una teoría con mayor contenido
corroborado" (18).
Esta extensa
cita, resume muy bien el proceder del
falsacionista sofisticado al evaluar el progreso
científico a la luz de los cambios progresivos y
regresivos de problemáticas para series de
teorías científicas.
Uno de los
aspectos más interesantes que ofrece el
falsacionismo sofisticado frente al ingenuo es el
reconocimiento del carácter histórico de la
falsación, el cual convierte a la crítica en
crítica positiva, superando de esta manera el
rasgo eminentemente negativo que tenía en el
falsacionismo ingenuo para el cual el resultado
de la contrastación debía ser la falsación
concluyente dado su convencimiento de que «(los
únicos) descubrimientos (auténticos) son
refutaciones de hipótesis científicas»(19).
A la luz de esta
versión sofisticada del falsacionismo
metodológico, desaparece también la
racionalidad instantánea implicada en la noción
de «experimento crucial». Es nuevamente la
historia, y más precisamente, la reconstrucción
racional de la historia de la ciencia la que
derrumba tal noción. Es sólo la emergencia de
teorías mejores la que propicia la falsación
-ya hemos dicho que una contrastación es una
confrontación multilateral entre teorías y
experi mentos- y no un experimento o enunciado
observacional. Es por ello que un «experimento
crucial» sólo puede ser reconocido como tal
posteriormente y a la luz de la teoría
superadora ya que, corrientemente es la nueva
teoría la que predice el hecho que se habrá de
constituir en contraevidencia crucial para la
teoría precedente. El que esto sea así, deja
muy mal parado al criterio de honestidad
intelectual del falsacionismo ingenuo, según el
cual, «...la honestidad científica consiste en
especificar, por adelantado, un
experimento tal que, si el resultado contradice a
la teoría, ésta ha de ser abandonada»(20). La falsación no constituye para
el falsacionismo sofisticado un estándar
metodológico para la toma de decisiones
racionales respecto de las teorías y su
aceptación tentativa o su rechazo concluyente,
tal que garantice instantáneamente la
racionalidad de las decisiones. La falsación en
sentido ingenuo es puramente negativa. Aprender
de los errores no es más que aprender
prohibiciones. El falsacionismo ingenuo sólo
permite elaborar una heurística negativa. La
falsación en sentido sofisticado no es una regla
metodológica para decidir instantáneamente la
eliminación. No hay refutación sin
corroboración. El que la refutación de una
teoría sea la corroboración de otra de mayor
contenido, muestra que «...la falsación no
puede preceder a la teoría mejor.»(21) que tiene una utilidad
metodológica positiva en la corroboración del
exceso de contenido y, por tanto, en el progreso
científico, a condición de que se entienda para
series de teorías. En realidad, lo
verdaderamente importante, lo decisivo para la
falsación en sentido sofisticado «...son los
pocos y cruciales casos de verificación del
exceso«(22); es útil para la
reconstrucción racional en series de teorías,
pero el criterio de evaluación lo constituyen
ahora los cambios de problemáticas, y
especialmente, los cambios progresivos de
problemáticas. La utilidad metodológica de la
falsación para la construcción de una
heurística positiva constituye un progreso, un
cambio progresivo en la explicación racional del
cambio científico. Para Lakatos, la ciencia no
progresa «meramente a través de conjeturas y
refutaciones, sino a través de conjeturas
(audaces), verificaciones y refutaciones.»(23)
Las
reconstrucciones racionales
de la
ciencia:
Lakatos llama la
atención sobre la mutua dependencia entre la
filosofía de la ciencia y la historia de la
ciencia. La filosofía de la ciencia aporta
metodologías que permiten las reconstrucciones
racionales de la historia. Por tanto, cada
metodología suministra una particular
reconstrucción racional según sea su criterio
de demarcación entre la historia interna y la
externa.
En sentido
moderno, las metodologías antes que ser reglas
para encontrar soluciones son conjuntos de reglas
para evaluar teorías, es decir, soluciones ya
existentes(24). No obstante, a los ojos
de Lakatos, las evaluaciones metodológicas de
teorías, tienen un carácter histórico:
"La metodología es inseparable de la
historia, puesto que la metodología no es otra
cosa que la reconstrucción racional de la
historia, del desarrollo del conocimiento"(25).
En la filosofía
de la ciencia contemporánea pueden identificarse
al menos cuatro metodologías rivales, a saber:
el inductivismo, el convencionalismo, el
falsacionismo metodológico y la metodología de
los programas de investigación científica.
Lakatos considera que su propuesta metodológica
ofrece no sólo una nueva reconstrucción
racional sino, ante todo, ella constituye un
avance frente a las otras tres reconstrucciones
coexistentes en la actual filosofía de la
ciencia. La razón de ello la constituye, según
Lakatos, el hecho de que "la metodología de
los programas de investigación convierte en
internos a muchos problemas que habían sido
externos para otras historiografías"(26), entre ellos el de relegar al
externalismo las influencias sociales,
intelectuales o metafísicas; el de la
simultaneidad de los descubrimientos y las
disputas en torno a prioridades; y, finalmente,
el problema de la así llamada "falsa
consciencia".
La
reconstrucción racional ofrecida por la
metodología de los programas de investigación
científica, concibe el "progreso
científico como una proliferación de programas
de investigación rivales, y de cambios
progresivos y regresivos de problemáticas"(27). Ahora bien, como es la
intención del autor en el primer capítulo de su
MPIC, el mostrar la racionalidad de las
revoluciones científicas, entonces su
reconstrucción racional, las entiende como la
superación progresiva o el reemplazo de un
programa de investigación por otro:
"Si un
programa de investigación explica de forma
progresiva más hechos que un programa rival,
"supera" a este último, que puede
ser eliminado (o archivado, si se
prefiere)"(28).
Finalmente, me
gustaría llamar la atención sobre la
definición que da Lakatos de una reconstrucción
racional:
"Todos
los historiadores de la ciencia que
distinguen entre progreso y regresión,
ciencia y pseudociencia, tienen que usar una
premisa perteneciente al "tercer
mundo" para explicar el cambio
científico. Lo que yo he llamado
reconstrucción racional de la historia de la
ciencia, es el uso de tal premisa en los
esquemas explicativos que describen el cambio
científico. Hay distintas
reconstrucciones racionales rivales para
cualquier cambio histórico y una
reconstrucción es mejor que otra si explica
más de la historia real de la ciencia; esto
es, las reconstrucciones racionales de la
historia son programas de investigación cuyo
centro firme es una evaluación normativa y
que poseen hipótesis psicológicas (y
condiciones iniciales) en el cinturón
protector" (29).
Contra los
externalistas Lakatos dice que la psicología de
la ciencia, aunque útil, no es autónoma -frente
a la autonomía de la historia interna, la
historia externa es completamente secundaria: a
causa de que la reconstrucción racional de la
historia de la ciencia debe ser completada con
una historia externa (empírico externa). Lakatos
quiere mostrar que con sólo un criterio de
evaluación no se puede explicar la historia real
de la ciencia. El esquema deductivo para la
explicación del cambio científico, en la
metodología de los programas de investigación,
consiste en premisas pertenecientes al tercer
mundo y premisas psicológicas, es por esto que
también su historiografía debe ser
complementada con teorías empírico-externas:
"Pero
la psicología de la ciencia no es autónoma,
el crecimiento (reconstruido
racionalmente) de la ciencia esencialmente
tiene lugar en el mundo de las ideas, en el
"tercer mundo" de Platón y de
Popper, en el mundo del conocimiento
articuado que es independiente de los sujetos
que conocen (...) No es posible comprender la
historia de la ciencia sin tener en cuenta la
interacción de los tres mundos" (30).
Lakatos señala
como el principal problema epistemológico de la
metodología de los programas de investigación:
"Es
necesario postular un algún principio inductivo
extrametodológico para poner en relación el
juego científico de aceptaciones y rechazos [las
reglas de evaluación] pragmáticos con la
verosimilitud. Solo con tal "principio
inductivo" podemos convertir el mero juego
de la ciencia en un ejercicio racional desde un
punto de vista epistemológico"(31).
Tal principio
sería:
"Mi
metodología de los programas de
investigación científica ...: permite
que la gente haga su propia cosa, pero sólo
mientras admita públicamente cuál es el
saldo de cuentas entre ellos y sus rivales. Hay
libertad de creación y de elección de
programa en el que trabajar, pero los
productos han de ser juzgados. Evaluar
no implica dar consejos (32).
Lakatos concluye
afirmando que la premisa crucial sobre el
"tercer mundo", que es una premisa de
índole "interna", resuelve
racionalmente el problema epistemológico de dar
una explicación racional "interna" de
la selección de problemas, que las anteriores
-historiografías relegaban al externalismo.
Ahora son criterios internos los que definen el
problema para la historiografía externa.
"El esqueleto interno de la historia
racional de hecho define los problemas
externos", y esta demarcación entre
historia externa e historia interna, me parece
que representa ya un cambio progresivo en la
problemática de una metodología
historiográfica.
NOTAS
(*) Para ésta
taxonomía me he basado en: LAKATOS, I. Matemáticas,
Ciencia y Epistemología. Alianza
Universidad, 294. Cap. 6: El problema de la
evaluación de teorías científicas: tres
planteamientos. § 1: Las tres principales
escuelas de pensamiento sobre el problema
normativo de evaluar teorías científicas. p.
147-153
(1) LAKATOS,
Imre. Matemáticas, Ciencia y Epistemología.
Alianza Universidad, 294. Alianza Editorial.
Madrid, 1981. Cap. 8, § 2, p. 179.
En adelante, las
referencias a este texto se harán como: LAKATOS,
I., M.C.E.
(2) LAKATOS,
Imre. La Metodología de los Programas de
Investigación Científica. Alianza
Universidad, 349. Alianza Editorial. Madrid,
1983. Cap. 1. § 2, a), p. 22.
En adelante, las
referencias a este texto se harán como: LAKATOS,
I., M.P.I.C.
(3) LAKATOS, I.,
MPIC. p. 25.
(4) Idem.
p. 29.
(5) Idem.
p. 31.
(6) «La base
empírica de una teoría es el conjunto de sus
falsadores potenciales: el conjunto de aquellas
proposiciones observacionales que pueden
refutarla.» Lakatos, I., M.P.I.C., p. 25, n18.
(7) Idem.
p. 25.
(8) Lakatos, I.,
M.P.I.C., p. 36, n53.
(9) Idem.
p. 38.
(10) Idem.
p. 30.
(11) POPPER,
K.R., La Lógica de la Investigación
Científica. Ed. Tecnos. Madrid, 1971. p.
186.
(12) Cfr. MPIC,
p. 41, n79.
(13) Popper se
refiere al conocimiento de partida como
conocimiento básico, el cual define
como: «todo lo que aceptamos (tentativamente)
como indudable mientras testamos la teoría.»
[C&R, pág. 465] . LAKATOS, en M.C.E, Cap. 8,
§ 6, a), pág. 229, discutiendo las nociones de
«aceptabilidad», usa la expresión
«conocimiento de partida», la cual distingue de
manera radical de la de Popper en la nota 149, en
términos de consistencia e inconsistencia.
(14) LAKATOS,
I., M.P.I.C., p. 48.
(15) Idem.
p. 50.
(16) Idem.
p. 46.
(17) LAKATOS usa
el término «verificación» en el sentido de
«corroboración adicional». Cfr. M.C.E, p. 243,
n186.
(18) LAKATOS,
I., M.P.I.C., p. 48-49
(19) Idem.
p. 45. Cfr., la n92 en donde Lakatos apunta la
denominación de Agassi de la idea de la ciencia
en Popper como «scientia negativa».
(20) Idem.
p. 42. (el subrayado es mío).
(21) Idem.
p. 53.
(22) Idem.
p. 52.
(23) LAKATOS,
I., MCE, p. 243.
(24) Cfr.
LAKATOS, I., MPIC, p. 135, n.2.
(25) LAKATOS,
Y., MCE, p. 239-240, n.177. El texto continúa:
"Debido a la imperfección de los
científicos, parte de la historia real es una
caricatura de su reconstrucción racional; debido
a la de los metodólogos, algunas metodologías
son caricaturas de la historia real. (Y, podría
añadirse, debido a la imperfección de los
historiadores, ciertas historias de la ciencia
son caricaturas, tanto de la historia real como
de su reconstrucción racional.) Lakatos, repite
lo que él llama su broma favorita en otras
partes, p.ej., en este mismo texto, pág. 16, y
en MPIC, p. 178-9
(26) LAKATOS,
Y., MPIC, p. 152.
(27) Ibid.
p. 121-122. En MCE, cáp. 8. p. 175, n.2 y n.3,
Lakatos nos ofrece ejemplos de cambios
progresivos y regresivos: "Un ejemplo
sencillo de "cambio de problemas
progresivo" se dá cuando explicamos algo
más que, o incluso algo inconsistente con,
aquello que nos habíamos propuesto
explicar.", y, "También podemos
ilustrar qué es un "cambio de problemas
degenerativo" con el ejemplo de los
problemas explicativos. Una explicación da lugar
a un cambio de problemas degenerativo si se
consigue por medio de "estratagemas
convencionalista"
(28) LAKATOS, I.
MPIC., p. 146-147.
(29) Ibid.
p. 245.
(30) Ibid.
p. 122-23
(31) Ibid.
p. 148.
(32) LAKATOS,
I., MCE, p. 152-53
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