| Modelos
inductivos de justificación de la inducción José Fernando Ospina
C.
En el
siguiente articúlo describiremos brevemente
las principales propuestas del llamado modelo
inductivo de justificación de la inducción
los cuales tienen como principal
característica la defensa de la posibildad
del ser humano de construir asertos y
predicciones sobre problemas de tipo
empírico utilizando la experiencia pasada
sin incurrir en falacias evadiendo asi las
acusaciones de irracionalidad formuladas por
doctrinas escepticas sobre la inducción.
Dentro de los
diferentes modelos de justificación de la
inducción se destacan los modelos inductivos por
su claridad y sencillez en el analisis del
problema, es asi como encontramos en estas
propuestas grandes concesiones a lo que el
sentido común y la observación pueden discernir
sobre las proposiciones que los seres humanos
enunciamos acerca de lo empírico, alejandose de
aproximaciones abstrusas y racionalistas acerca
del mundo que nos rodea; este tipo de
justificación encuentra sus mayores
representantes en los modelos analítico y
predictivo los cuales explicaremos a
continuación.
Modelo
analítico de justificación
Las dudas
escépticas sobre la inducción se basan
principalmente en el hecho de preguntarnos si
tenemos buenas razones o, en otras palabras, si
es razonable esperar que las regularidades que
siempre han sido verificadas, como el hecho de
que los cuerpos pesados, en determinadas
circunstancias, caerán siempre hacia el suelo,
se seguirán verificando, por lo menos, en la
póxima oportunidad que nos encontremos con un
ejemplo de dicha clase.
Desde el sentido
común podríamos decir que tenemos buenas
razones para esperar que, a título de ejemplo,
si suelto una piedra en el aire esta caerá, pero
un escéptico, partiendo desde las tesis de Hume,
puede negar esta afirmación y decirnos que no
estamos seguros de la verificación de tal hecho
en el futuro, y por lo tanto, no tenemos buenas
razones para esperar que una conclusión
inductiva se realice, y en apoyo a sus
afirmaciones podría hacer uso de estos tres
argumentos:
A) Sólo hemos
tenido experiencia de lo que podríamos llamar
"futuros pasados", en otras palabras,
no podemos apoyarnos en el hecho de que en
momentos en el tiempo que fueron futuros de
determinados pasados se haya continuado una
realidad para afirmar que ésta se verificará en
los "futuros futuros" por venir.
B) Se han dado
casos en que repeticiones de hechos durante
largos lapsos de tiempo han sido seguidos por
hechos contrarios a nuestras suposiciones (como
el conocido ejemplo de Russell sobre el pollo que
es sacrificado por el mismo hombre que lo ha
alimentado todos los días).
C) Las
condiciones para que un hecho se verifique son
innumerables, por lo tanto no podemos preveer la
existencia de factores inusuales, y en algunos
casos sobrenaturales (demonios cartesianos), que
se inmiscuyan en la posibilidad de la
persistencia de un hecho percibido en numerosas
ocasiones.
Estas objeciones
al sentido común y, por consiguiente, cualquier
posición de escépticismo extremo sobre la
inducción, son el blanco de las críticas del
modelo de justificación análitica; cuyos
principales tópicos esbozaremos a continuación.
La
justificación análitica hace una defensa del
sentido común, en cuanto la experiencia nos ha
mostrado siempre o casi siempre que la
repetición constante de acontecimientos en el
pasado, y bajo ciertas circunstancias estándar,
nos permite esperar de una forma razonable que
dichos acontecimientos se repetirán, por lo
menos, la próxima vez que las circunstacias sean
propicias. Ahora bien, la pretensión de que la
experiencia no nos permite tener buenas razones o
una creencia razonable en que ciertos
acontecimientos se repitan se basa en una mala
utilización de la expresión "buena
razón", y caería en lo que Paul Edwards en
su artículo "Las dudas de Russell acerca de
la inducción" llama una falacia de ignoratio
elenchi por redefinición, la cual, consiste
en cambiar el significado normal de algún
vocablo para hacer más fuerte una
argumentación, pues, en el caso que nos ocupa no
podríamos entender, dentro del significado
común, lo que el escéptico pide de algo que sea
una buena razón para aceptar conclusiones
inductivas, a menos, que lo que se les esté
pidiendo a las conclusiones inductivas sea que el
término "razonable" implique que la
inducción lleve a conclusiones lógicamente
concluyentes, lo cual desde todo punto de vista
es inaceptable, como lo dice Paul Edwards en su
artículo ya citado:
"...
Nosotros nos negaríamos a considerar un gran
conjunto de casos exclusivamente positivos y
muy variados de un fenómeno como una buena
razón para predecir que el siguiente caso
será también positivo, si en todos, o en la
mayoría de los casos anteriores, grandes
conjuntos de casos exclusivamente positivos y
muy variados resultaron ser una base poco
confiable para la predicción, Sin embargo,
dado un gran conjunto de casos exclusivamente
positivos y ampliamente variados de un
fenómeno, sería suficiente para una
correcta aplicación del término razón que,
en todos o en la mayoría de casos
observados, grandes conjuntos de casos
exclusivamente positivos y muy
variados resultaran ser base segura para la
predicción. Cualquier opinión acerca de lo
contrario descansa en la creencia, de que
según el uso común, ´razón para una
conclusión inductiva significa
´razón deductivamente concluyente para la
conclusión inductiva."(1)
Continuando con
esta idea vemos como los tres argumentos que
podría esgrimir el escéptico se basan en el uso
inadecuado del término "razón" y la
pretensión espúrea de cobijar al razonamiento
inductivo bajo cánones deductivos, tenga esto
como consecuencia, ya la recusación de la
inducción o la búsqueda de principios a priori
que sirvieran como premisa mayor en cualquier
argumentación inductiva para hacerla
demostrativa. Consiguientemente, este modelo de
justificación exije que esta tarea sea hecha
exclusivamente desde un punto de vista empírico.
Resumiendo,
podemos afirmar que la inducción es justificable
porque es racional, y este término en su
significado común lleva inmiscuido los cánones
inductivos mismos, pues, el término
"racionalidad", implica, así mismo, el
buen utilizamiento de hábitos inductivos.
2. Modelo
predictivo de justificacion
El criterio
mediante el cual usualmente se ha aceptado la
corrección de reglas inductivas determinadas ha
sido, el apelar a la eficacia que dichas reglas
han tenido en el pasado, eficacia que en la
ciencia ha significado, en muchas oportunidades,
la capacidad de predicción de que dichas reglas
seguirán siendo eficaces en su aplicación
futura, o dicho en otras palabras, la fiabilidad
que poseen estas reglas determinadas como fruto
de sus logros en pasadas oportunidades en que han
sido aplicadas.
El modelo
predictivo de justificación propone que es
lícito apoyarse en dichos criterios de
fiabilidad o eficacia, ya que , si se da el caso
de que las predicciones hechas mediante el uso de
normas inductivas fallen, esto no puede quitarle
su validez; ni hará menos razonable la creencia
que habiamos depositado en ellas en primera
instancia, pues, como dice R.B. Braithwaite, no
se sigue lógicamente que el éxito pasado de un
"criterio de eficacia inductivo"
implique su éxito en el futuro al ser ésta una
proposición empírica.
Dichos criterios
de eficacia inductivos hacen válida una
inferencia que los utilice puesto que dan una
condición "suficiente" a la inferencia
(a diferencia de la condición
"necesaria" que supone la aplicación
de normas deductivas a las inferencias
demostrativas), sobre esto nos dice Braithwaite:
"... si
la norma P es eficaz, su uso para
inferir una conclusión inductiva a partir de
datos empíricos convierte la inferencia en
´válida y la creencia de ella en
´razonable; pero si no es eficaz, nos
callamos. Para justificar la inducción se
requiere un criterio de validez de las
inferencias inductivas, pero no se requiere
criterio alguno de no validez de estas
inferencias"(2) .
Este criterio de
eficacia podría ser tachado como muy débil,
pues, con su utilización dado su carácter de
condición "suficiente" mas no
"necesaria", la naturaleza de sus
predicciones es bastante falible lo cual nos
podría hacer dudar de sus virtudes pragmáticas
y, por ende, cuestionarnos sobre la factibilidad
de usar otros métodos distintos a los inductivos
para asentar nuestras predicciones; mas, aunque
es posible utilizar otros métodos, no podemos
afirmar que haya una mayor probabilidad de éxito
con su utilización, pues,
"... No
hay normas generales, aparte de las
inductivas, acerca de las cuales tengamos
buenas razones para creer en su eficacia
anterior; esto es, que en cualquier intervalo
de tiempo de duración fija -a partir de
cierta fecha anterior prefijada- hayan
asentado muchas hipótesis que hayan quedado
confirmadas y no refutadas (siendo iguales
dichos intervalos y aquella fecha que los
empleados al emplear el criterio de eficacia,
según el cual no cabe duda de que las normas
inductivas científicas reputadas han sido
anteriormente eficaces)"(3).
... la inducción
es justificable porque es racional, y este
término en su significado común lleva
inmiscuido los cánones inductivos mismos,
pues, el término "racionalidad",
implica, así mismo, el buen utilizamiento de
hábitos inductivos.
Aún más, al
afirmar que cualquier criterio de fiabilidad es
aceptable, estamos postulando, así mismo,una
hipótesis inductiva, la cual sólo puede
proponerse siguiendo un principio de inducción
por enumeración simple (o regla directa).
Braithwaite
resume la propuesta de la justificación
prediccionista así:
"Podemos
expresar sin gran precisión la tesis de este
capítulo diciendo que lo que justifica la
inferencia inductiva consiste en el hecho de
que unas normas que nos hagan pasar, de
acuerdo con un principio inductivo, de
creencias verdaderas a creencias en
hipótesis generales, nos permiten
frecuentemente aceptar hipótesis que están
confirmadas por la experiencia y no refutadas
por ella"(4) .
La cual ha sido
atacada por numerosos críticos al afirmar que
ella cae en una falacia de petitio principii, lo
cual se basa en el siguiente argumento:
La razón para
creer una conclusión inductiva tiene dos
premisas:
1) "Los
datos en favor de la conclusión apropiados a
cualquier principio inductivo".
2) "La
proposición según la cual, la norma de
realizar inferencias de acuerdo con tal
principio es una norma eficaz".
El aceptar el
carácter razonable de una conclusión inductiva
implica que existe una creencia razonable en
estas dos premisas. Pero, se aduce que la segunda
premisa es una hipótesis general que debe
asentarse por inducción, a la cual debe
unírsele otra premisa análoga a la anterior, y
así ad infinitum; o llegaremos a una tal
que para "... asentar su eficacia se
requiera que esté asentada su propia
eficacia"(5) . Por tanto, cualquier norma
inductiva necesitaría cobijarse por la eficacia
de otra norma inductiva hasta llegar a la norma
de inducción por enumeración simple,
necesitándose, entonces, el hecho de que para
aceptar la eficacia de la norma de inducción por
enumeración simple deba tomarse como premisa a
la eficacia de la misma norma de inducción por
enumeración simple.
Para hacer
frente a esta acusación de circularidad se debe
probar que la inferencia inductiva que lleva a la
afirmación de la eficacia de la inducción por
enumeración simple no utiliza dicha norma como
premisa. Para lo cual Braithwaite argumenta de la
siguiente forma con la utilización de símbolos:
"P
equivaldría a la norma inductiva de adjuntar
la creencia de una hipótesis h a la
creencia de un conjunto de proposiciones que
conforman unos datos en p a favor de h,
o sea, unos datos adecuados para inferir h
de acuerdo con el principio de inferencia
p, de inducción por enumeración
simple".
"Sea e
la proposición de que la norma P es
eficaz".
"Decir
que la verdad de e justifica el empleo
de la norma inductiva P, no es decir
que el principio p exija que se
adjunte e como premisa adicional a los
datos a favor".
"Pero
al no funcionar e como premisa que
deba ser creida con las demás premisas, el
razonamiento que pasa de los datos en p a
favor de e a e (por medio del
principo p) no comete petitio principii,
sino que en esta inferencia se adquiere la
creencia en una proposición que antes no se
creía".
"La
verdad de e justifica el empleo de la
norma P no porque esta sea una premisa del
argumento sino porque es el fruto de una
proposición empírica verdadera, por esto,
podemos decir que si e es verdadera
está justificado que adjuntemos la creencia
de e a la creencia razonable de los
datos en p a favor de e".
La circularidad
de este argumento consiste en que la verdad de la
conclusión de una inferencia inductiva es una
condición suficiente para creer en la validez de
la inferencia:
"...Llamemos
´circularidad eficaz a la de este
tipo, ya que en los casos en los que estamos
interesados la condición suficiente es la
eficacia de la norma inferencial"(6) .
El carácter de
la "circularidad eficaz" se
circunscribe a la posibilidad de aceptar su
aplicación en la validación de las inferencias
inductivas, donde podamos pasar de la creencia
(sea razonable o no) en la premisa a la creencia
(sea razonable o no) en la conclusión, mediante
un principio de inferencia inductivo, donde la
validez de la inferencia se equipara "al
carácter razonable de la creencia apoyable por
medio de una inferencia".
Para visualizar
esto digamos que existen tres elementos en juego
representados por los siguientes símbolos:
p = premisa
de la inferencia.
r = creencia
en el principio de inferencia a utilizar
q =
conclusión de la inferencia.
Obtenemos los
criterios de validez partiendo de la creencia de
un sujeto B en p, combinado con la verdad de r o
con la creencia o creencia racional en r.
Advirtiendo, que dentro de estos criterios puede
darse que la creencia en r sea acompañada por la
creencia en q, con la condición de que la
creencia en r no sea una creencia razonable;
pero, para el caso de que la inferencia sea de
carácter inductivo debemos partir de una
creencia racional en p. Si aplicamos esto a una
inferencia inductiva que trate de afirmar en q a
la norma de inducción por enumeración simple a
través de un principio de inducción por
enumeración simple, sólo podrá verificarse si
la creencia en r no es razonable, pues, en caso
contrario la creencia razonable en q formará
parte de la creencia racional en la eficacia de
la norma inferencial utilizada, haciendo a la
inferencia circular. Dadas estas advertencias,
resultan tres criterios de validez que nos
permitan asentar la eficacia de la norma de
inducción por enumeración simple como
conclusión, utilizando esta misma como principio
de inferencia sin circularidad. Así:
I. B cree
razonablemente p y cree r.
II. B cree
razonablemente p y r es verdadera.
III. B cree
razonablemente p y cree r y r es verdadera.
En los cuales
vemos que a partir de la creencia en I y III y la
no creencia de II en r, podemos llegar a tener
una creencia razonable en la norma de inferencia
como conclusión, siendo evidente que la
conclusión no hace parte de las premisas,
evitando así incurrir en petitio principii.
La importancia
de este modelo de justificación, radica
principalmente, en hacer evidente el hecho de que
las normas inductivas no son leyes acabadas e
inmutables, pues, a través de su uso encontramos
que estas mismas se autoregulan, posibilitando
así, que en la aplicación de dichas normas
podamos llegar a tener progresivamente una mayor
confianza en aquellas que han demostrado ser
eficaces durante lapsos de tiempo cada vez más
extensos, aunque, sin llegar a afirmar que
determinadas normas inductivas sean infalibles,
dado su carácter de ser condiciones suficientes
para incrementar nuestra creencia en su eficacia.
Vemos así como
las imputaciones de circularidad viciosa en esta
autoregulación obedecen principalmente a la
exigencia, la cual es absolutamente inaceptable,
de aplicar las condiciones del argumento
deductivo a la inducción.
NOTAS
(1) EDWARDS,
Paul; "Las dudas de Russell acerca de la
inducción" en La Justificación del
Razonamiento Inductivo, p. 56.
(2) BRAITHWAITE,
R.B., "La justificación prediccionista
de la inducción" en La
Justificación del Razonamiento Inductivo, p.
131
(3) Ibid.
p.132.
(4) Ibid.
p.134.
(5) Ibid.
p. 135.
(6) Ibid.,
p. 137.
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