Todas las cartasen el naipe negro:

Sobre la estructura narrativa en la cuentística de Germán Espinosa

César Valencia Solanilla

En la obra cuentística del escritor cartagenero Germán Espinosa (1938) puede apreciarse la concurrencia entre el narrador clásico y el moderno, pues en sus creaciones subsiste una forma de estructurar el relato que toma como fuente básica una anécdota para contar y una idea para plantear, sin que por esto se limite la posibilidad de la experimentación formal. Sus cuentos se escriben de acuerdo a esta concepción artística, ofreciendo una gama muy variada de posibilidades expresivas, mediante las cuales su literatura dialoga con la cultura, transgrede los valores establecidos, suscita la apertura de sentido en un mundo que se está inventando en cada relato. En este ensayo se hace una reflexión sobre la manera como ese narrar se ha ido gestando desde hace más de tres décadas y el nivel de madurez que ha alcanzado con la publicación de su último libro de cuentos.

La invención cuentística

De diferentes maneras los escritores construyen una estética de la creación verbal: por enconados manifiestos en donde se vierten las inquietudes teóricas y filosóficas de su quehacer artístico, por la práctica de un oficio -el literario- que en su desarrollo va revelando una serie de aspectos reiterativos en la elaboración formal, por la gestación de un universo de ficción basado en estructuras y visiones del mundo que giran en torno a elementos constantes. Todas estas maneras de abordar el trabajo artístico fusionan elementos conscientes e inconscientes, pero obedecen por lo general a una manera particular de construir mundo y de dotarlo de vitalidad: a través de redes de asociaciones de imágenes, de metáforas obsesivas(1), de elaboración de cierto tipo de personajes, de la asimilación de las distintas formas en que se ha basado el arte en la tradición de género. La génesis de una estética -y de una poética-, entonces, no es simplemente la aplicación de una fórmula especial para concebir y realizar un arte, sino una forma compleja para revelarlo, que va surgiendo con el tiempo, que se va puliendo en el mismo que hacer.

En los grandes cuentistas se evidencian ciertos marcadores estilísticos que producen una factura distintiva, confiriéndole a la creación narrativa una singularidad de acuerdo al énfasis que van adquiriendo ciertos tópicos formales y ciertas maneras del ver el hombre y el mundo. La brevedad, la concisión, la tensión, la intensidad(2), el carácter de la anécdota, el manejo del tiempo y del espacio, la recurrencia a ciertas metáforas y a determinados símbolos, en su conjunto, constituyen fundamentos estructurales para el cuento, es decir, maneras especiales de construirlo(3). Por eso hay tantas concepciones estéticas como grandes cuentistas, aunque el fin que se persiga sea el mismo: contar, dar cuenta de algo. Ya bien sean los anónimos relatores de Las mil y una noche o las extrañas leyendas del norte de Europa recogidas por los Hermanos Grim, los cuentos clásicos de Chaucer, Boccacio, Maupassant, Chéjov, los modernos de Quiroga, Borges, Rulfo, García Márquez. En todas aquellas obras y todos estos autores, hay una constante identificable para armar el relato, una manera especial de expresar al hombre y el mundo.

En la obra cuentística de Germán Espinosa, que abarca un período de más de treinta años y que está condensada en los libros La noche de la trapa (1965), Los doce infiernos (1976), Noticias de un convento frente al mar (1988) y El naipe negro (1998), recogidos en el volumen Cuentos completos (Ministerio de Cultura, Arango Editores, 1998) se puede apreciar una estructura básica para la construcción de sus relatos, aunque desde el punto de vista temático la obra abarque los más diversos aspectos de la condición humana. Lo esencial, a nuestro juicio, consiste en la enunciación de una anécdota o de una pequeña historia que sirve de pretexto para armar un relato mediante el cual se expresa una idea. Aunque no se trata de una literatura de tesis, sí puede afirmarse que es una cuentística de conceptos, montada sobre inquietudes históricas y filosóficas, sin el peso de las disgresiones novelísticas ni el lenguaje analítico del ensayo, ya que la anécdota -tan esquilmada y anatemizada por la modernidad- sirve como mediadora entre el relato y la narración, entre la historia y la idea.

En este medida, Espinosa es un cuentista clásico, un narrador de historias que se vale de su gran conocimiento del lenguaje -y de un vasto acerbo cultural- para crear micromundos relativamente autosuficientes, de tal forma que estos, a su vez, sean contados a partir de una manera particular de encarar la anécdota. Es decir, existe una estructura básica para la concepción del relato a la manera clásica -una anécdota para contar, un lenguaje literario para enunciarla- como también una multiplicidad de posibilidades de narrar, en donde no se elude la experimentación moderna sino que se la utiliza con "beneficio de inventario" para la propuesta artística, ya que todo confluye a la formulación sugestiva de una idea, a la configuración de una metáfora, a la gestación de un símbolo.

Las primeras cartas

Desde los comienzos de su carrera literaria como narrador de ficciones, Espinosa ha dado claras muestras de su talento artístico para el cuento. Una nueva lectura -después de más de dos décadas- de su primer libro de relatos, La noche de la trapa, nos hace resaltar su interés por lo fantástico, la curiosidad por los temas góticos, las ideas esotéricas, la noción del doble, la llamada "ciencia ficción", la historia, la filosofía y muchos más temas o aspectos reiterativos mediante los cuales ha ido edificando una particular forma de narrar relatos y de revelar una concepción del hombre y del mundo.

El principio básico de construcción formal que ya hemos mencionado funciona armónicamente en todos los cuentos que componen el volumen, de tal modo que las variaciones técnicas que se introducen respecto del manejo del tiempo o del espacio, del papel del narrador, de los intertextos culturales o de cualquiera de los recursos de experimentación lingüística, giran en torno al núcleo central, para que una historia sea contada, para que una anécdota sea relatada con el propósito de expresar una idea: bien sea una posesión demoníaca (Fenestella confessionis), la transmigración (El crisol), la culpa frente al placer hedonista (La orgía), la misantropía (Heroísmo), un suicidio convertido en homicidio por venganza (Ius in se ipsum), los mundos paralelos (La libélula), la creación de hombres en un laboratorio a partir de la experimentación con animales (La noche de la Trapa), la supervivencia mítica de la Atlántida (El hundimiento), la rebelión al determinismo histórico (El arca de la alianza), para mencionar los más destacados.

Lo esencial, a nuestro juicio, consiste en la enunciación de una anécdota o de una pequeña historia que sirve de pretexto para armar un relato mediante el cual se expresa una idea.

 

En todos estos cuentos se evidencia una dosis de humor negro, una voluntad transgresora de los valores establecidos, una mirada irónica al hombre y la naturaleza, ya que son estas las nociones sobre las cuales se quiere enfatizar mediante la composición formal del relato. Y desde luego, un interesante trabajo de experimentación lingüística, mediante narraciones de variada extensión, la utilización de intertextos culturales, el lenguaje cifrado de la ciencia, los diálogos y la composición teatral. Pero sin que por esto se pierda ese tono clásico tan propio de sus creaciones, por la pervivencia de ese núcleo básico en el que edifica el soporte formal del relato.

La baraja completa

Algo similar, pero mediante textos un poco más largos, se revela en Los doce infiernos, que como su nombre lo indica, corresponde a una docena de cuentos que reflejan situaciones paradojales de la existencia humana y en los que los epígrafes estructuran las narraciones de tal forma que dan la impresión de ser variaciones sobre ellos y por lo tanto que funcionen simultáneamente como paratextos en su presentación externa y como intertextos centrales en su composición formal.

La complicidad de un juez racista en el asesinato de un negro ejecutado por un matrimonio que lo ha usado como empleado no sólo en los oficios domésticos de la casa sino en los eróticos de alcoba en "En casa ha muerto un negro" que puede entenderse como una variación metafórica de unos versos de Oscar Wilde tomados de La balada de la cárcel de Reading según la cual todo hombre mata aquello que más quiere. La invocación al bovarismo como única posibilidad de despertar la pasión en la mujer que recibe esquelas misteriosas y provocadoras de su propio marido, aunque sueña con un admirador desconocido en "Una esquela para María Victoria", ya que cuando el amor se va "callamos los volcanes florecidos" en las reveladoras palabras de Quevedo que anteceden el texto. La impotencia varonil y la definitiva frustración femenina ante la pasión hedonista en "El ángel caído" como un desarrollo sarcástico de Los salmos, 22, en que David se duele por su destino desgarrador ya que su "vigor se ha secado como un tiesto" y lo han "puesto en el polvo de la muerte", para relatar la trágica historia de un matrimonio entre una joven aristócrata y un nieto del pirata de la Tortuga, en el que la mujer llega al final de su días virgen porque su marido se le murió en una noche de bodas sin sexo. La aparición en una vieja casa familiar de una fantasmal habitación en donde viviera un niño mutilado que murió a los cuatro años en el cuento "La alcoba" para recabar sobre la frágil memoria de los hombres como una forma de "tenebrosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza" tomado de El túnel de Sábato. La frustración de un gran pintor al ser ignorado en su tiempo a pesar de su reconocimiento en el pasado, por la acción nefasta de la crítica oficial, en "Los suplicantes", un texto con referentes histórico-culturales colombianos identificables que trata sobre la simulación en el mundo del arte. La noción del doble en el cuento "El rebelde Resurrección Gómez" que gira en torno de un enigmático verso de Apollinaire. El homenaje a la acción de escribir en "El río de los salmones sagrados" que se construye alrededor de la figura de Marcel Proust como variación del mismo tema del doble.

Así mismo, la narración poemática del hombre y el mar, en "Fábula del pescador y la sirena", que es una imprecación lastimera a un dios desconocido sobre el dolor por la muerte de los hermanos de un pescador que asesinó a una mítica ballena blanca y termina enloquecido por el desborde erótico que le ha causado el acople sexual con un manatí que ha confundido entre brumas marinas con una mujer, en un texto que toma como referencia la angustia de Polifemo.

La recurrencia a los epígrafes va más allá, entonces, de su ilustración paratextual, porque no funcionan únicamente como interpolaciones que digan algo sobre el texto, sino como verdaderos núcleos estructurales de los relatos, revelando el diálogo con la tradición para problematizar las historias y desarrollar ideas sugestivas sobre el hombre y la cultura.

El as en la manga

En Noticias de un convento frente al mar, la cuentística de Espinosa va a alcanzar sus niveles expresivos más altos, tal vez porque su concepción está antecedida de la escritura de otros libros suyos tan significativos como las novelas Los cortejos del diablo (1970), La tejedora de coronas (1982), El signo del pez (1987) y el escritor ha llegado a un punto de plenitud y madurez artística(4). El interés por los más variados asuntos intelectuales, por la filosofía, la historia y el esoterismo como fundamentos temáticos en su literatura a partir de una concepción del relato gestada en el quehacer mismo de la escritura que hemos venido señalando, se decanta aún más en este libro, pues no sólo se mantiene la misma estructura clásica en el proceso creador con un mayor bagaje cultural y una probada experiencia artística, sino porque se introducen algunas variantes formales tales como la acentuación en el núcleo de composición(5), el carácter abierto de los relatos y una mayor experimentación narrativa. Desde el punto de vista temático, la presencia del erotismo asociado a la transgresión y la formulación de lo paradojal a partir de una visión carnavalesca del mundo. Como lo formal y lo temático constituyen un concepto artístico integral, se indicará esta concurrencia.

La presencia del erotismo en el formidable cuento -especie de nouvelle- que le da título al volumen y que puede entenderse como extensión de los notables logros alcanzados en la creación de ese magnífico personaje literario femenino que es Genoveva Alcocer en La tejedora de coronas6  está asociado casi siempre a la noción de la transgresión, de la aventura humana para alcanzar la libertad, de tal forma que el amor y la sexualidad gestan sentido en el mundo, abren infinitas posibilidades a los hombres y las mujeres de alcanzar los más altos ideales y de expresar las más ardientes pasiones. La estructura interna de este cuento presenta desplazamientos del núcleo composicional, de tal forma que el erotismo -en las complejas y formidables relaciones sexuales que tiene la protagonista- confieran intensidad no sólo a su desbordante despertar en la homosexualidad con la monja que la seduce, sino a su propia ansiedad de seducida no totalmente satisfecha y enamorada, para culminar en la relación heterosexual un tanto desquiciada con el joven médico que la arroja de la torre, y transformar una sexualidad gozosa en una manifestación culpable cuando es asumida como "normalidad". Hay allí una metáfora de la culpa, un símbolo de búsqueda de la libertad plena en el erotismo. Y un trabajo de elaboración formal que corresponde a las exigencias de lo narrado.

En lo que atañe a lo paradojal de la existencia derivada de una visión carnavalesca del mundo, puede afirmarse que este libro de cuentos es una interesante síntesis de las preocupaciones artísticas y filosóficas del autor en sus libros anteriores, tanto en la narrativa, la poesía y el ensayo. En particular, de sus novelas Los cortejos del diablo y La tejedora de coronas y de los libros de cuentos La noche de la trapa y Los doce infiernos, como una forma de relativizar el sentido trascendental de la historia oficial e inaugurar sentido a través de la ironía. En los relatos que componen Noticias de un convento frente al mar, para facilitar lo lúdico y lo carnavalesco, la formula secreta de construcción cuentística se diversifica para cada caso como unidad independiente, introduciendo un recurso formal que va a servir como núcleo en la estructuración del cuento -por lo general intertextos culturales-, con la cual se da paso a una literatura intelectualizada -en el mejor de los sentidos- totalmente moderna, que tiende a lo universal, pero conservando el molde clásico en su estructura interna.

En varios de los textos de este libro de cuentos se aprecia ese sentido de lo paradójico que se elabora a partir de historias relativamente complejas, pero en los que una especie de elemento añadido funciona como detonante para la expresividad.

En varios de los textos de este libro de cuentos se aprecia ese sentido de lo paradójico que se elabora a partir de historias relativamente complejas, pero en los que una especie de elemento añadido funciona como detonante para la expresividad: en "La mona bajo el ceibo", de corte más bien humorístico, que narra la irresponsabilidad de un hombre para entregar un dinero que le ha sido confiado, el recurso formal del pie de página del cuento se convierte en elemento estructurante para expresar la relación realidad-ficción como idea principal, relativizando así la aparente trivialidad de la anécdota. En "El gesto de profeta" la noción del sueño como un laberinto y de la complejidad para asimilar las enseñanzas del Maestro por el discípulo, están mediadas por un epígrafe misterioso y sabio al que en cierta medida se traslada la esencia del texto, para mostrarnos que el conocimiento absoluto es una ficción y el sueño siempre una ilusión. En "El duelo" el anacronismo de un duelo entre un poeta y un militar, con pistolas, marido engañado y todo el entrame tragicómico en una ciudad moderna, gira en la sutileza de dos versos interpolados que en cierta medida revelan el secreto de la muerte del militar, pues el victimario sabe del silencio y la amistad. En "Los predestinados", el frustrado asesinato del dictador boliviano Melgarejo, en un relato de una destacable ambientación histórica, sirve ante todo para desarrollar el principio de la premonitio physica como impulso o moción de Dios. En "La píxide", el asalto a Montségur en el siglo XIII y la preservación del Santo Graal o píxide como símbolo fundamental del cristianismo, es un motivo para exponer la idea del cambio del dogma de la religión del Dios cristiano por la de Satanás.

En cada uno de estos relatos -y en los demás del libro- este núcleo de estructuración formal corresponde a una clara concepción artística del cuento moderno en donde subyace el interés por la experimentación narrativa pero que al mismo tiempo remite al molde clásico en que la anécdota tiene un peso muy importante, generando en el lector esa especie de sensación ambigua de estar frente a una escritura tradicional pero con una visión totalmente moderna en la composición del texto literario.

Todas las cartas en el naipe negro

El libro que puede considerarse una síntesis de toda la cuentística de Espinosa es El naipe negro, nombre que corresponde al primer breve texto, en el que se establece una forma de diálogo con la tradición: un bello epígrafe de Victor Hugo -Nous n’avons que le choix du noir- al que un profeta parece responder: -Al que pone el alma en el envite lo acecha un naipe negro, que podría ser la ampliación del famoso verso de Mallarmé, Un coup de dés jamais n’abolira le hazard, con la idea central del inescrutable destino que aguarda a los seres en el juego del azar, bien sea en las cartas del naipe negro o del golpe de dados que se lanzan al vacío.

De la más variada índole y extensión, pero sobre todo ensayando el relato corto, en este libro se percibe el nivel de condensación que el escritor ha alcanzado en el género cuentístico, la voluntad de búsqueda(7) y sobre todo esa fusión entre lo particular y lo universal, entre la ficción y el ensayo, que nos remite a ese gran maestro del género que es Jorge Luis Borges. Porque los cuentos de Espinosa son borgesianos en el mejor sentido del término: expresan una idea, sirven de marco para la discusión de un problema filosófico, rescatan un pensamiento clave inmerso en un texto literario, dialogan con la tradición, tienen afinidades selectivas con la alquimia y el esoterismo, presentan una situación paradójica de los hombres que tiende al universalismo por la transformación de la anécdota en motivo para la reflexión estética y filosófica.

La noción del doble y del paralelismo unida a la ruptura de las categorías temporales y espaciales, que es una constante tanto en Borges como en Espinosa, se revela como centro para la composición cuentística en textos muy breves como "La visión del sufi", "La trinidad", "Der Doppelgänger", "Capgras, Gelineau..." con referentes culturales implícitos que funcionan como intertextos con variaciones sugestivas: en "La visión del sufi", la posible relación dual entre un sultán de Persia y el doctor Andy Flanagan, declarado loco y recluido en un asilo; en "La trinidad" el hallazgo en una exposición pública de un desnudo fotográfico hecho por la mujer que aparece en la obra, aunque no ha posado antes para nadie, que deriva en la suplantación del arte por el amor porque el hombre abandona a su mujer y se prenda de la fotografía; en "Der Doppel-gänger", una variación de la anécdota de Gérard de Nerval, quien estando en prisión creyó que sus amigos se llevaban a su doble, para plantear los universos paralelos que pueden reflejarse en una fotografía; en "Capgras, Gelineau..." la narcolepsia de una mujer que ha tenido relaciones incestuosas con su hermano y que elabora la imagen del doble para ocultar su pecado, con la evidente intención de ilustrar una inquietud sicoanalítica.

El interés por lo histórico, que ha consolidado al autor como uno de los escritores más representativos en hispanoamérica en esta tendencia que propone una reescritura del pasado a través de la invención literaria(8) , también focaliza el núcleo de composición del relato en intertextos a veces implícitos, para revelar una posición crítica frente al discurso oficial y ofrecer una imagen paródica y transgresora de aquello que encara. Con procedimientos literarios similares a los de sus novelas La tejedora de coronas, El signo del pez o Sinfonía desde el Nuevo Mundo, en estos cuentos el referente histórico es un instrumento para la parodia y el fino humor cuestionador del pasado.

En "La loxuria adoquier", la pena de reclusión por trece años de don Juan Ruiz, archipreste de Hita, se ha originado por un incidente non santo en el que el célebre personaje decidió invitar a folgar a unas mujeres en la propia iglesia, con la excusa de tenerlas en un lugar seguro; en "Orika de los palenques", la hija del mítico líder negro Benkos Biojo se enamora de un soldado español y puede más el amor que la identidad negra de su padre y de su raza; en "La máscara amorosa de la muerte", el héroe venezolano de la independencia americana José María Anzoátegui, conocido por su puritanismo y fidelidad, sucumbe a los encantos de Cecilia Gómez, una hermosa mujer de la que se ha enamorado de manera tormentosa y culpable y muere de una supuesta apoplejía ocasionada por el poderoso impacto que le representó poseer carnalmente tan sólo una vez a esa mujer de sus sueños.

Esta voluntad irónica para mirar la historia se aplica también a las variantes sobre temas mitológicos o sobrenaturales, como en "El hombre", una poética narración sobre un anciano vampiro abandonado en un altillo por su familia, que sobrevive a las miserias del tiempo y del olvido, especie de homenaje del escritor a los seres fantasmales que habitan la tierra; en "La danza de los letrados" que revela sugestivas propuestas relacionadas con el tema de Prometeo; en "Las pastorales de Longo" sobre el incesto al que son conducidos indefectiblemente una pareja de hermanos que han sido encerrados en un caserón al morir sus padres; en "El señor Shunan", sobre la idea china del universo como un huevo de gallina, y el carácter inacabado de la creación del mundo y del hombre.

En estos textos se aprecia el inherente gusto por las narraciones clásicas y góticas de Espinosa y el permanente diálogo que en su obra existe sobre asuntos fundamentales de la tradición cultural occidental. La intertextualidad, en este caso no es una simple interpolación: constituye el centro composicional del relato.

Si a estos temas que pueden seleccionarse como elementos recurrentes del libro y de toda la narrativa del autor cartagenero se agregan historias de personas que han sido enterradas vivas, de narcotraficantes, de homosexuales vergonzantes, de intelectuales farsantes, de mitómanos trágicos y muchos más aspectos de la pobre condición humana, podemos inferir la búsqueda del universalismo mediante la revelación de lo particular y el tránsito del mito a la historia y viceversa, que a manera de gran fresco del devenir ofrece su obra cuentística.

Por las razones expuestas, este libro que cierra el volumen representa esa síntesis tan bien lograda de toda su concepción artística respecto del cuento: como un prestidigitador y excelente creador de las palabras, los textos del libro parecen tener las cartas marcadas de un misterioso naipe negro en donde los lectores -como en el microrrelato que le da su nombre- ponemos toda el alma en el envite, sabiendo que nos aguarda el inefable acecho de una baraja que sabe de antemano nuestro destino.

NOTAS

(1) MAURON, Charles. Des métaphores obsédantes au mythe personnel. Introduction à la psychocritique, Corti, Paris, 1963.

(2) Estos aspectos han sido estudiados por varios autores como constitutivos del cuento moderno. Cabe destacar, en este sentido, los textos de Juan Bosch, Eugenio Matus, M. Glowinski y Julio Cortázar, recogidos en: REDONET, Salvador (compilador). Selección de lecturas de investigación crítico literarias, La Habana, Universidad, 1983. Así mismo, LASSO, Luis Ernesto. El cuento. Su relectura (Manual teórico práctico). Universidad Surcolombiana, Neiva, 1988.

(3) Sobre teoría del cuento literario en América Latina, ver SERRA, Edelweiss. Tipología del cuento literario. Madrid, Cupsa, 1978. ANDERSON IMBERT, Enrique. Teoría y técnica del cuento. Buenos Aires, Marymar, 1979; LANCELOTTI, Mario De Poe a Kafka. Para una teoría del cuento. Buenos Aires, Eudeba, 1974. LASSO, Luis Ernesto. Señas de identidad en la cuentística hispanoamericana. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1990.

(4) Germán Espinosa es uno de los escritores colombianos contemporáneos más completos y su obra ya tiene un amplio reconocimiento internacional, por la traducción de sus textos al italiano, alemán, francés, danés, chino y coreano. Ha publicado una veintena de libros en los diferentes géneros, entre los que cabe destacar, además de los citados en este artículo, los siguientes: En poesía: Letanías del crepúsculo (1954), Reinvención del amor (1974) , El libro de los conjuros (1991); en ensayo: Tres siglos y medio de poesía colombiana (1984), La liebre en la luna (1990), La aventura del lenguaje (1992).

(5) POE, Edgar Allan. Filosofía de la composición, en Ensayos y críticas. Traducción e introducción de Julio Cortázar, Alianza Editorial, Madrid, 1987. p.65-79.

(6) Reflexiones especializadas sobre esta novela han sido publicadas en el libro 6 estudios sobre La tejedora de coronas de Germán Espinosa, Fundación Fumio Ito, Universidad Javeriana, Bogotá, 1992. Contiene ensayos muy interesantes de Cristo Rafael Figueroa, Clara Lucía Calvo, Blanca Inés Gómez, Luz Mery Giraldo, Carolina Torres y Sarah González de Mojica.

(7) MORENO DURAN, R.H. , Cuentos completos de Germán Espinosa. Una baraja de 69 naipes, en Trazas sobre la figura de Germán Espinosa, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogotá, 1998, p. 40, dice al respecto: "En cualquier caso, cabe atribuir el elocuente laconismo de la mayor parte de los textos de El naipe negro a la voluntad de búsqueda de Espinosa"

(8) Una reflexión más amplia sobre esta tendencia de la narrativa colombiana contemporánea puede consultarse en nuestro ensayo: Tres décadas de novela colombiana : balance y perspectivas, Revista de Ciencias Humanas, Universidad Tecnológica de Pereira, No.13, septiembre de 1997, p. 21-30.


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