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las cartasen el naipe negro:
Sobre la estructura
narrativa en la cuentística de Germán Espinosa
César
Valencia Solanilla
En la
obra cuentística del escritor cartagenero
Germán Espinosa (1938) puede apreciarse la
concurrencia entre el narrador clásico y el
moderno, pues en sus creaciones subsiste una
forma de estructurar el relato que toma como
fuente básica una anécdota para contar y
una idea para plantear, sin que por esto se
limite la posibilidad de la experimentación
formal. Sus cuentos se escriben de acuerdo a
esta concepción artística, ofreciendo una
gama muy variada de posibilidades expresivas,
mediante las cuales su literatura dialoga con
la cultura, transgrede los valores
establecidos, suscita la apertura de sentido
en un mundo que se está inventando en cada
relato. En este ensayo se hace una reflexión
sobre la manera como ese narrar se ha ido
gestando desde hace más de tres décadas y
el nivel de madurez que ha alcanzado con la
publicación de su último libro de cuentos.
La
invención cuentística
De diferentes
maneras los escritores construyen una estética
de la creación verbal: por enconados manifiestos
en donde se vierten las inquietudes teóricas y
filosóficas de su quehacer artístico, por la
práctica de un oficio -el literario- que en su
desarrollo va revelando una serie de aspectos
reiterativos en la elaboración formal, por la
gestación de un universo de ficción basado en
estructuras y visiones del mundo que giran en
torno a elementos constantes. Todas estas maneras
de abordar el trabajo artístico fusionan
elementos conscientes e inconscientes, pero
obedecen por lo general a una manera particular
de construir mundo y de dotarlo de vitalidad: a
través de redes de asociaciones de imágenes, de
metáforas obsesivas(1), de elaboración de cierto tipo
de personajes, de la asimilación de las
distintas formas en que se ha basado el arte en
la tradición de género. La génesis de una
estética -y de una poética-, entonces, no es
simplemente la aplicación de una fórmula
especial para concebir y realizar un arte, sino
una forma compleja para revelarlo, que va
surgiendo con el tiempo, que se va puliendo en el
mismo que hacer.
En los grandes
cuentistas se evidencian ciertos marcadores
estilísticos que producen una factura
distintiva, confiriéndole a la creación
narrativa una singularidad de acuerdo al énfasis
que van adquiriendo ciertos tópicos formales y
ciertas maneras del ver el hombre y el mundo. La
brevedad, la concisión, la tensión, la
intensidad(2), el carácter de la
anécdota, el manejo del tiempo y del espacio, la
recurrencia a ciertas metáforas y a determinados
símbolos, en su conjunto, constituyen
fundamentos estructurales para el cuento, es
decir, maneras especiales de construirlo(3). Por eso hay tantas concepciones
estéticas como grandes cuentistas, aunque el fin
que se persiga sea el mismo: contar, dar cuenta
de algo. Ya bien sean los anónimos relatores de Las
mil y una noche o las extrañas leyendas del
norte de Europa recogidas por los Hermanos Grim,
los cuentos clásicos de Chaucer, Boccacio,
Maupassant, Chéjov, los modernos de Quiroga,
Borges, Rulfo, García Márquez. En todas
aquellas obras y todos estos autores, hay una
constante identificable para armar el relato, una
manera especial de expresar al hombre y el mundo.
En la obra
cuentística de Germán Espinosa, que abarca un
período de más de treinta años y que está
condensada en los libros La noche de la trapa
(1965), Los doce infiernos (1976), Noticias
de un convento frente al mar (1988) y El
naipe negro (1998), recogidos en el volumen Cuentos
completos (Ministerio de Cultura, Arango
Editores, 1998) se puede apreciar una estructura
básica para la construcción de sus relatos,
aunque desde el punto de vista temático la obra
abarque los más diversos aspectos de la
condición humana. Lo esencial, a nuestro juicio,
consiste en la enunciación de una anécdota o de
una pequeña historia que sirve de pretexto para
armar un relato mediante el cual se expresa una
idea. Aunque no se trata de una literatura de
tesis, sí puede afirmarse que es una
cuentística de conceptos, montada sobre
inquietudes históricas y filosóficas, sin el
peso de las disgresiones novelísticas ni el
lenguaje analítico del ensayo, ya que la
anécdota -tan esquilmada y anatemizada por la
modernidad- sirve como mediadora entre el relato
y la narración, entre la historia y la idea.
En este medida,
Espinosa es un cuentista clásico, un narrador de
historias que se vale de su gran conocimiento del
lenguaje -y de un vasto acerbo cultural- para
crear micromundos relativamente autosuficientes,
de tal forma que estos, a su vez, sean contados a
partir de una manera particular de encarar la
anécdota. Es decir, existe una estructura
básica para la concepción del relato a la
manera clásica -una anécdota para contar, un
lenguaje literario para enunciarla- como también
una multiplicidad de posibilidades de narrar, en
donde no se elude la experimentación moderna
sino que se la utiliza con "beneficio de
inventario" para la propuesta artística, ya
que todo confluye a la formulación sugestiva de
una idea, a la configuración de una metáfora, a
la gestación de un símbolo.
Las
primeras cartas
Desde los
comienzos de su carrera literaria como narrador
de ficciones, Espinosa ha dado claras muestras de
su talento artístico para el cuento. Una nueva
lectura -después de más de dos décadas- de su
primer libro de relatos, La noche de la trapa,
nos hace resaltar su interés por lo fantástico,
la curiosidad por los temas góticos, las ideas
esotéricas, la noción del doble, la llamada
"ciencia ficción", la historia, la
filosofía y muchos más temas o aspectos
reiterativos mediante los cuales ha ido
edificando una particular forma de narrar relatos
y de revelar una concepción del hombre y del
mundo.
El principio
básico de construcción formal que ya hemos
mencionado funciona armónicamente en todos los
cuentos que componen el volumen, de tal modo que
las variaciones técnicas que se introducen
respecto del manejo del tiempo o del espacio, del
papel del narrador, de los intertextos culturales
o de cualquiera de los recursos de
experimentación lingüística, giran en torno al
núcleo central, para que una historia sea
contada, para que una anécdota sea relatada con
el propósito de expresar una idea: bien sea una
posesión demoníaca (Fenestella
confessionis), la transmigración (El
crisol), la culpa frente al placer hedonista (La
orgía), la misantropía (Heroísmo),
un suicidio convertido en homicidio por venganza (Ius
in se ipsum), los mundos paralelos (La
libélula), la creación de hombres en un
laboratorio a partir de la experimentación con
animales (La noche de la Trapa), la
supervivencia mítica de la Atlántida (El
hundimiento), la rebelión al determinismo
histórico (El arca de la alianza), para
mencionar los más destacados.
Lo
esencial, a nuestro juicio, consiste en la
enunciación de una anécdota o de una
pequeña historia que sirve de pretexto para
armar un relato mediante el cual se expresa
una idea.
En todos estos
cuentos se evidencia una dosis de humor negro,
una voluntad transgresora de los valores
establecidos, una mirada irónica al hombre y la
naturaleza, ya que son estas las nociones sobre
las cuales se quiere enfatizar mediante la
composición formal del relato. Y desde luego, un
interesante trabajo de experimentación
lingüística, mediante narraciones de variada
extensión, la utilización de intertextos
culturales, el lenguaje cifrado de la ciencia,
los diálogos y la composición teatral. Pero sin
que por esto se pierda ese tono clásico tan
propio de sus creaciones, por la pervivencia de
ese núcleo básico en el que edifica el soporte
formal del relato.
La baraja
completa
Algo similar,
pero mediante textos un poco más largos, se
revela en Los doce infiernos, que como su
nombre lo indica, corresponde a una docena de
cuentos que reflejan situaciones paradojales de
la existencia humana y en los que los epígrafes
estructuran las narraciones de tal forma que dan
la impresión de ser variaciones sobre ellos y
por lo tanto que funcionen simultáneamente como
paratextos en su presentación externa y como
intertextos centrales en su composición formal.
La complicidad
de un juez racista en el asesinato de un negro
ejecutado por un matrimonio que lo ha usado como
empleado no sólo en los oficios domésticos de
la casa sino en los eróticos de alcoba en "En
casa ha muerto un negro" que puede
entenderse como una variación metafórica de
unos versos de Oscar Wilde tomados de La
balada de la cárcel de Reading según la
cual todo hombre mata aquello que más quiere. La
invocación al bovarismo como única posibilidad
de despertar la pasión en la mujer que recibe
esquelas misteriosas y provocadoras de su propio
marido, aunque sueña con un admirador
desconocido en "Una esquela para María
Victoria", ya que cuando el amor se va "callamos
los volcanes florecidos" en las
reveladoras palabras de Quevedo que anteceden el
texto. La impotencia varonil y la definitiva
frustración femenina ante la pasión hedonista
en "El ángel caído" como un
desarrollo sarcástico de Los salmos, 22,
en que David se duele por su destino desgarrador
ya que su "vigor se ha secado como un
tiesto" y lo han "puesto en el
polvo de la muerte", para relatar la
trágica historia de un matrimonio entre una
joven aristócrata y un nieto del pirata de la
Tortuga, en el que la mujer llega al final de su
días virgen porque su marido se le murió en una
noche de bodas sin sexo. La aparición en una
vieja casa familiar de una fantasmal habitación
en donde viviera un niño mutilado que murió a
los cuatro años en el cuento "La
alcoba" para recabar sobre la frágil
memoria de los hombres como una forma de "tenebrosa
luz que alumbra un sórdido museo de la
vergüenza" tomado de El túnel
de Sábato. La frustración de un gran pintor al
ser ignorado en su tiempo a pesar de su
reconocimiento en el pasado, por la acción
nefasta de la crítica oficial, en "Los
suplicantes", un texto con referentes
histórico-culturales colombianos identificables
que trata sobre la simulación en el mundo del
arte. La noción del doble en el cuento "El
rebelde Resurrección Gómez" que gira
en torno de un enigmático verso de Apollinaire.
El homenaje a la acción de escribir en "El
río de los salmones sagrados" que se
construye alrededor de la figura de Marcel Proust
como variación del mismo tema del doble.
Así mismo, la
narración poemática del hombre y el mar, en "Fábula
del pescador y la sirena", que es una
imprecación lastimera a un dios desconocido
sobre el dolor por la muerte de los hermanos de
un pescador que asesinó a una mítica ballena
blanca y termina enloquecido por el desborde
erótico que le ha causado el acople sexual con
un manatí que ha confundido entre brumas marinas
con una mujer, en un texto que toma como
referencia la angustia de Polifemo.
La recurrencia a
los epígrafes va más allá, entonces, de su
ilustración paratextual, porque no funcionan
únicamente como interpolaciones que digan algo
sobre el texto, sino como verdaderos núcleos
estructurales de los relatos, revelando el
diálogo con la tradición para problematizar las
historias y desarrollar ideas sugestivas sobre el
hombre y la cultura.
El as en
la manga
En Noticias
de un convento frente al mar, la cuentística
de Espinosa va a alcanzar sus niveles expresivos
más altos, tal vez porque su concepción está
antecedida de la escritura de otros libros suyos
tan significativos como las novelas Los
cortejos del diablo (1970), La tejedora de
coronas (1982), El signo del pez
(1987) y el escritor ha llegado a un punto de
plenitud y madurez artística(4). El interés por los más
variados asuntos intelectuales, por la
filosofía, la historia y el esoterismo como
fundamentos temáticos en su literatura a partir
de una concepción del relato gestada en el
quehacer mismo de la escritura que hemos venido
señalando, se decanta aún más en este libro,
pues no sólo se mantiene la misma estructura
clásica en el proceso creador con un mayor
bagaje cultural y una probada experiencia
artística, sino porque se introducen algunas
variantes formales tales como la acentuación en
el núcleo de composición(5), el carácter abierto de los
relatos y una mayor experimentación narrativa.
Desde el punto de vista temático, la presencia
del erotismo asociado a la transgresión y la
formulación de lo paradojal a partir de una
visión carnavalesca del mundo. Como lo formal y
lo temático constituyen un concepto artístico
integral, se indicará esta concurrencia.
La presencia del
erotismo en el formidable cuento -especie de
nouvelle- que le da título al volumen y que
puede entenderse como extensión de los notables
logros alcanzados en la creación de ese
magnífico personaje literario femenino que es
Genoveva Alcocer en La tejedora de coronas6
está asociado casi siempre a la noción de la
transgresión, de la aventura humana para
alcanzar la libertad, de tal forma que el amor y
la sexualidad gestan sentido en el mundo, abren
infinitas posibilidades a los hombres y las
mujeres de alcanzar los más altos ideales y de
expresar las más ardientes pasiones. La
estructura interna de este cuento presenta
desplazamientos del núcleo composicional, de tal
forma que el erotismo -en las complejas y
formidables relaciones sexuales que tiene la
protagonista- confieran intensidad no sólo a su
desbordante despertar en la homosexualidad con la
monja que la seduce, sino a su propia ansiedad de
seducida no totalmente satisfecha y enamorada,
para culminar en la relación heterosexual un
tanto desquiciada con el joven médico que la
arroja de la torre, y transformar una sexualidad
gozosa en una manifestación culpable cuando es
asumida como "normalidad". Hay allí
una metáfora de la culpa, un símbolo de
búsqueda de la libertad plena en el erotismo. Y
un trabajo de elaboración formal que corresponde
a las exigencias de lo narrado.
En lo que atañe
a lo paradojal de la existencia derivada de una
visión carnavalesca del mundo, puede afirmarse
que este libro de cuentos es una interesante
síntesis de las preocupaciones artísticas y
filosóficas del autor en sus libros anteriores,
tanto en la narrativa, la poesía y el ensayo. En
particular, de sus novelas Los cortejos del
diablo y La tejedora de coronas y de
los libros de cuentos La noche de la trapa
y Los doce infiernos, como una forma de
relativizar el sentido trascendental de la
historia oficial e inaugurar sentido a través de
la ironía. En los relatos que componen Noticias
de un convento frente al mar, para facilitar
lo lúdico y lo carnavalesco, la formula secreta
de construcción cuentística se diversifica para
cada caso como unidad independiente,
introduciendo un recurso formal que va a servir
como núcleo en la estructuración del cuento
-por lo general intertextos culturales-, con la
cual se da paso a una literatura intelectualizada
-en el mejor de los sentidos- totalmente moderna,
que tiende a lo universal, pero conservando el
molde clásico en su estructura interna.
En varios
de los textos de este libro de cuentos se
aprecia ese sentido de lo paradójico que se
elabora a partir de historias relativamente
complejas, pero en los que una especie de
elemento añadido funciona como detonante
para la expresividad.
En varios de los
textos de este libro de cuentos se aprecia ese
sentido de lo paradójico que se elabora a partir
de historias relativamente complejas, pero en los
que una especie de elemento añadido funciona
como detonante para la expresividad: en "La
mona bajo el ceibo", de corte más bien
humorístico, que narra la irresponsabilidad de
un hombre para entregar un dinero que le ha sido
confiado, el recurso formal del pie de página
del cuento se convierte en elemento estructurante
para expresar la relación realidad-ficción como
idea principal, relativizando así la aparente
trivialidad de la anécdota. En "El gesto
de profeta" la noción del sueño como
un laberinto y de la complejidad para asimilar
las enseñanzas del Maestro por el discípulo,
están mediadas por un epígrafe misterioso y
sabio al que en cierta medida se traslada la
esencia del texto, para mostrarnos que el
conocimiento absoluto es una ficción y el sueño
siempre una ilusión. En "El duelo"
el anacronismo de un duelo entre un poeta y un
militar, con pistolas, marido engañado y todo el
entrame tragicómico en una ciudad moderna, gira
en la sutileza de dos versos interpolados que en
cierta medida revelan el secreto de la muerte del
militar, pues el victimario sabe del silencio y
la amistad. En "Los predestinados",
el frustrado asesinato del dictador boliviano
Melgarejo, en un relato de una destacable
ambientación histórica, sirve ante todo para
desarrollar el principio de la premonitio
physica como impulso o moción de Dios. En "La
píxide", el asalto a Montségur en el
siglo XIII y la preservación del Santo Graal o
píxide como símbolo fundamental del
cristianismo, es un motivo para exponer la idea
del cambio del dogma de la religión del Dios
cristiano por la de Satanás.
En cada uno de
estos relatos -y en los demás del libro- este
núcleo de estructuración formal corresponde a
una clara concepción artística del cuento
moderno en donde subyace el interés por la
experimentación narrativa pero que al mismo
tiempo remite al molde clásico en que la
anécdota tiene un peso muy importante, generando
en el lector esa especie de sensación ambigua de
estar frente a una escritura tradicional pero con
una visión totalmente moderna en la composición
del texto literario.
Todas las
cartas en el naipe negro
El libro que
puede considerarse una síntesis de toda la
cuentística de Espinosa es El naipe negro,
nombre que corresponde al primer breve texto, en
el que se establece una forma de diálogo con la
tradición: un bello epígrafe de Victor Hugo -Nous
navons que le choix du noir- al que un
profeta parece responder: -Al que pone el alma
en el envite lo acecha un naipe negro, que
podría ser la ampliación del famoso verso de
Mallarmé, Un coup de dés jamais
nabolira le hazard, con la idea central
del inescrutable destino que aguarda a los seres
en el juego del azar, bien sea en las cartas del
naipe negro o del golpe de dados que se lanzan al
vacío.
De la más
variada índole y extensión, pero sobre todo
ensayando el relato corto, en este libro se
percibe el nivel de condensación que el escritor
ha alcanzado en el género cuentístico, la
voluntad de búsqueda(7) y sobre todo esa fusión entre lo
particular y lo universal, entre la ficción y el
ensayo, que nos remite a ese gran maestro del
género que es Jorge Luis Borges. Porque los
cuentos de Espinosa son borgesianos en el mejor
sentido del término: expresan una idea, sirven
de marco para la discusión de un problema
filosófico, rescatan un pensamiento clave
inmerso en un texto literario, dialogan con la
tradición, tienen afinidades selectivas con la
alquimia y el esoterismo, presentan una
situación paradójica de los hombres que tiende
al universalismo por la transformación de la
anécdota en motivo para la reflexión estética
y filosófica.
La noción del
doble y del paralelismo unida a la ruptura de las
categorías temporales y espaciales, que es una
constante tanto en Borges como en Espinosa, se
revela como centro para la composición
cuentística en textos muy breves como "La
visión del sufi", "La trinidad",
"Der Doppelgänger", "Capgras,
Gelineau..." con referentes culturales
implícitos que funcionan como intertextos con
variaciones sugestivas: en "La visión
del sufi", la posible relación dual
entre un sultán de Persia y el doctor Andy
Flanagan, declarado loco y recluido en un asilo;
en "La trinidad" el hallazgo en
una exposición pública de un desnudo
fotográfico hecho por la mujer que aparece en la
obra, aunque no ha posado antes para nadie, que
deriva en la suplantación del arte por el amor
porque el hombre abandona a su mujer y se prenda
de la fotografía; en "Der
Doppel-gänger", una variación de la
anécdota de Gérard de Nerval, quien estando en
prisión creyó que sus amigos se llevaban a su
doble, para plantear los universos paralelos que
pueden reflejarse en una fotografía; en "Capgras,
Gelineau..." la narcolepsia de una mujer
que ha tenido relaciones incestuosas con su
hermano y que elabora la imagen del doble para
ocultar su pecado, con la evidente intención de
ilustrar una inquietud sicoanalítica.
El interés por
lo histórico, que ha consolidado al autor como
uno de los escritores más representativos en
hispanoamérica en esta tendencia que propone una
reescritura del pasado a través de la invención
literaria(8) , también focaliza
el núcleo de composición del relato en
intertextos a veces implícitos, para revelar una
posición crítica frente al discurso oficial y
ofrecer una imagen paródica y transgresora de
aquello que encara. Con procedimientos literarios
similares a los de sus novelas La tejedora de
coronas, El signo del pez o
Sinfonía desde el Nuevo Mundo, en estos
cuentos el referente histórico es un instrumento
para la parodia y el fino humor cuestionador del
pasado.
En "La
loxuria adoquier", la pena de reclusión
por trece años de don Juan Ruiz, archipreste de
Hita, se ha originado por un incidente non santo
en el que el célebre personaje decidió invitar
a folgar a unas mujeres en la propia iglesia, con
la excusa de tenerlas en un lugar seguro; en "Orika
de los palenques", la hija del mítico
líder negro Benkos Biojo se enamora de un
soldado español y puede más el amor que la
identidad negra de su padre y de su raza; en "La
máscara amorosa de la muerte", el
héroe venezolano de la independencia americana
José María Anzoátegui, conocido por su
puritanismo y fidelidad, sucumbe a los encantos
de Cecilia Gómez, una hermosa mujer de la que se
ha enamorado de manera tormentosa y culpable y
muere de una supuesta apoplejía ocasionada por
el poderoso impacto que le representó poseer
carnalmente tan sólo una vez a esa mujer de sus
sueños.
Esta voluntad
irónica para mirar la historia se aplica
también a las variantes sobre temas mitológicos
o sobrenaturales, como en "El
hombre", una poética narración sobre
un anciano vampiro abandonado en un altillo por
su familia, que sobrevive a las miserias del
tiempo y del olvido, especie de homenaje del
escritor a los seres fantasmales que habitan la
tierra; en "La danza de los
letrados" que revela sugestivas
propuestas relacionadas con el tema de Prometeo;
en "Las pastorales de Longo"
sobre el incesto al que son conducidos
indefectiblemente una pareja de hermanos que han
sido encerrados en un caserón al morir sus
padres; en "El señor Shunan",
sobre la idea china del universo como un huevo de
gallina, y el carácter inacabado de la creación
del mundo y del hombre.
En estos textos
se aprecia el inherente gusto por las narraciones
clásicas y góticas de Espinosa y el permanente
diálogo que en su obra existe sobre asuntos
fundamentales de la tradición cultural
occidental. La intertextualidad, en este caso no
es una simple interpolación: constituye el
centro composicional del relato.
Si a estos temas
que pueden seleccionarse como elementos
recurrentes del libro y de toda la narrativa del
autor cartagenero se agregan historias de
personas que han sido enterradas vivas, de
narcotraficantes, de homosexuales vergonzantes,
de intelectuales farsantes, de mitómanos
trágicos y muchos más aspectos de la pobre
condición humana, podemos inferir la búsqueda
del universalismo mediante la revelación de lo
particular y el tránsito del mito a la historia
y viceversa, que a manera de gran fresco del
devenir ofrece su obra cuentística.
Por las razones
expuestas, este libro que cierra el volumen
representa esa síntesis tan bien lograda de toda
su concepción artística respecto del cuento:
como un prestidigitador y excelente creador de
las palabras, los textos del libro parecen tener
las cartas marcadas de un misterioso naipe negro
en donde los lectores -como en el microrrelato
que le da su nombre- ponemos toda el alma en el
envite, sabiendo que nos aguarda el inefable
acecho de una baraja que sabe de antemano nuestro
destino.
NOTAS
(1) MAURON,
Charles. Des métaphores obsédantes au mythe
personnel. Introduction à la psychocritique, Corti,
Paris, 1963.
(2) Estos
aspectos han sido estudiados por varios autores
como constitutivos del cuento moderno. Cabe
destacar, en este sentido, los textos de Juan
Bosch, Eugenio Matus, M. Glowinski y Julio
Cortázar, recogidos en: REDONET, Salvador
(compilador). Selección de lecturas de
investigación crítico literarias, La
Habana, Universidad, 1983. Así mismo, LASSO,
Luis Ernesto. El cuento. Su relectura (Manual
teórico práctico). Universidad
Surcolombiana, Neiva, 1988.
(3) Sobre
teoría del cuento literario en América Latina,
ver SERRA, Edelweiss. Tipología del cuento
literario. Madrid, Cupsa, 1978. ANDERSON
IMBERT, Enrique. Teoría y técnica del
cuento. Buenos Aires, Marymar, 1979;
LANCELOTTI, Mario De Poe a Kafka. Para una
teoría del cuento. Buenos Aires, Eudeba,
1974. LASSO, Luis Ernesto. Señas de identidad
en la cuentística hispanoamericana.
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1990.
(4) Germán
Espinosa es uno de los escritores colombianos
contemporáneos más completos y su obra ya tiene
un amplio reconocimiento internacional, por la
traducción de sus textos al italiano, alemán,
francés, danés, chino y coreano. Ha publicado
una veintena de libros en los diferentes
géneros, entre los que cabe destacar, además de
los citados en este artículo, los siguientes: En
poesía: Letanías del crepúsculo (1954),
Reinvención del amor (1974) , El libro
de los conjuros (1991); en ensayo: Tres
siglos y medio de poesía colombiana (1984), La
liebre en la luna (1990), La aventura del
lenguaje (1992).
(5) POE, Edgar
Allan. Filosofía de la composición, en Ensayos
y críticas. Traducción e introducción de
Julio Cortázar, Alianza Editorial, Madrid, 1987.
p.65-79.
(6) Reflexiones
especializadas sobre esta novela han sido
publicadas en el libro 6 estudios sobre La
tejedora de coronas de Germán Espinosa,
Fundación Fumio Ito, Universidad Javeriana,
Bogotá, 1992. Contiene ensayos muy interesantes
de Cristo Rafael Figueroa, Clara Lucía Calvo,
Blanca Inés Gómez, Luz Mery Giraldo, Carolina
Torres y Sarah González de Mojica.
(7) MORENO
DURAN, R.H. , Cuentos completos de Germán
Espinosa. Una baraja de 69 naipes, en Trazas
sobre la figura de Germán Espinosa,
Instituto Distrital de Cultura y Turismo,
Bogotá, 1998, p. 40, dice al respecto: "En
cualquier caso, cabe atribuir el elocuente
laconismo de la mayor parte de los textos de El
naipe negro a la voluntad de búsqueda de
Espinosa"
(8) Una reflexión más
amplia sobre esta tendencia de la narrativa
colombiana contemporánea puede consultarse en
nuestro ensayo: Tres décadas de novela
colombiana : balance y perspectivas, Revista
de Ciencias Humanas, Universidad Tecnológica
de Pereira, No.13, septiembre de 1997, p. 21-30.
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