La autoestima como proceso potencializador del desarrollo humano

María Victoria Alzate Piedrahita
Martha Cecilia Arbeláez G.
Sary Arango Gaviria

Una de las categorías que se aborda con insistencia en el desarrollo humano, es la de la percepción de sí mismo, vista como un proceso esencial que permite dar cuenta de las percepciones y representaciones que logra construir el sujeto durante el transcurso de su vida en la socialización primaria y secundaria. Esta categoría fue abordada en la investigación sobre la Evaluación del Maltrato Institucional1, como un primer abordaje que permitió dar cuenta de las relaciones existentes entre procesos de socialización y la percepción de si mismos, en situaciones de institucionalización. En primera instancia nos detendremos sobre el abordaje teórico de esta categoría, para luego confrontarla con los hallazgos en situaciones concretas.

 

Milivic (1998) sostienen que el concepto de si mismo se refiere a todas las percepciones que un individuo tiene de si, con especial énfasis en su propio valer y capacidad. Es así como esta dimensión afectiva y cognitiva de la imagen personal se relaciona con datos objetivos, con experiencias vitales y con expectativas que el sujeto tiene frente a su microentorno y a la cultura.

La autoestima, entonces, seria el grado de satisfacción consigo mismo, la valorización de uno mismo, frente a sus propias emociones y a lo que espera el entorno de un sujeto como ser social. Por ello el punto de partida de la valorización personal se encuentra en el juicio de los otros, especialmente de los otros significativos. Mientras más importante sea una persona para el niño o niña, mayor valor tendrá su opinión y, por lo tanto, afectará de manera mas decisiva sus percepciones frente a lo que es y lo que hace.

El espacio en que estas valoraciones comienzan a tomar sentido es el de la familia, como microentorno que recrea las relaciones que se dan al interior de la cultura. Es por ello que el clima emocional que exista en este espacio, la expresion del afecto, los espacios para poder pasar momentos agradables juntos, la forma en que se trate al niño o niña y se lo guíe, van a tener una influencia decisiva en su estabilidad emocional futura.

Las mayores dificultades que existen para lograr un buen nivel de salud mental, es no haber contado con aprobación y afecto en a infancia, especialmente de aquellas personas que fueron altamente significativas en los procesos de socialización.

En los niños, niñas y adolescentes institucionalizados esta es una dificultad de base, que obstaculiza los demás procesos de desarrollo. Han tenido además de carencias económicas, serias carencias afectivas, pues se ha educado en espacios coercitivos, donde son maltratados o en el mejor de los casos ignorados. Estas situaciones han lesionado seriamente su autoestima.

Abordamos desde sus propias visiones este proceso y las lecturas desde allí pueden hacerse al desarrollo humano en el contexto de la institucionalización.

Los niños y niñas se reflexionan sobre si mismos

La procedencia inmediata de los niños y niñas institucionalizados es la calle, otras instituciones o la familia, desde estos recuerdos ellos relatan las situaciones previas de violencia, pobreza o abandono a las que han sido sometidos en el transcurso de su vida:

"...mi mamá dejó a mi papá y con lo que el ganaba no alcanza, entonces nos mandó para acá..."

"....es que mi padrastro me pegaba muy duro y la señora de bienestar me mandó pa’ca..."

"Había muchas peleas y me pegaban, no había mucha comida"

 

Las condiciones de este pasado hace que en muchas ocasiones los niños(as) y jóvenes no quieran mencionar a su familia de origen. Pues ha sido un espacio donde han sido acusados, criticados y abusados. Las formas de expresar afecto estuvieron en la mayoría de los casos ausentes o se generó la percepción de que se demuestra afecto a través de la violencia o el abandono.

En fin, son niños y niñas sujetos de protección, que provienen de familias o situaciones que por acción u omisión han sido víctimas de maltrato. Lo cual ha dejado serías huellas a nivel emocional y/o físico.

Por ello la pregunta entorno a si mismo, sus sentimientos, sus proyectos, inicialmente es extraña, poco frecuente, y se duda respecto a lo que se es o se puede llegar a ser,. Nadie se ha preocupado de sus sentimientos. Por ello queda el silencio de la reflexión y de la duda respecto a lo que sería más adecuado responder.

Es así como los niños y niñas inician el relato, desde lo que pasa fuera de ellos, lo que los demás hacen o dicen pero pocas veces lo que sienten, lo que les agrada o disgusta:

 

"..lo que más me gusta de mi es trabajar haciendo patios", "....es que me llevo bien con mis compañeros".

"trabajar y estudiar"

"mis ojos"

Los niños y niñas no hacen referencia a sus sentimientos, pues parecen que ha sido vedados en si mismos, es mejor no mirarlos porque reflejaría realidades que pueden llegar a ser muy dolorosas.

Los niños y niñas llegan a las instituciones precisamente porque las condiciones básicas para el desarrollo de su autoestima fueron precarias o estuvieron ausentes, lo que de hecho genera serias dificultades en el proceso de reconocimiento, de aceptación. Es así como resulta difícil su reconocimiento como personas valiosas y con potencialidades, más bien parece que lo que quieren y desean para sí mismos está fuera de sus manos y no son capaz de controlarlo:

"no me gusta que me da una rabia, entonces por eso a mi no me... la puedo quitar, cojo y briego a controlarme y no soy capaz...grito" "Cuando la gente de afuera me mira mal no se siento una ira, uno se siente como despreciado".

 

Las situaciones por las que han pasado y están pasando, ha generado sentimientos de culpa, de alguna manera se sienten responsables de no haber sido amados y aceptados

"...Pues, nosotros nos manejamos mal, entonces... entonces nos tuvieron que traer acá"

"me gusta más estar aquí, porque aquí uno tiene todo y en la casa uno puede coger vicios cuando uno sale a la calle y después les da a las mamás por irse".

 

Los niños y niñas no hacen referencia a sus sentimientos, pues parecen que ha sido vedados en si mismos, es mejor no mirarlos porque reflejaría realidades que pueden llegar a ser muy dolorosas.

Esta se convierte en la manera como el niño busca una explicación coherente para protegerse a los adultos con quienes han generado, por esta misma situación, sentimientos ambivalentes de amor y rechazo.

Este hecho parece claro para las personas que laboran en algunas instituciones pues gran parte de las actividades educativas van encaminadas a permitirle al niño o niña redescubrir sus potencialidades, sus posibilidades en un medio que brinda muy pocas.

La labor educativa precisamente ha hecho que los niños y niñas de las diferentes instituciones inicien su reconocimiento desde lo que los adultos o pares han dicho que es algo bueno en ellos y que les permite sentirse bien:

"trabajar, estudiar, jugar"

"lo extrovertida que soy y que me la llevo bien con las personas".

 

Esta percepción "positiva" que sienten que los demás tienen de ellos, permite verse en el otro, sentirse reconocido y apreciado, lo cual implica que se tiene algo por lo cual ser valorado y este de hecho es un buen punto de partida en el reconocimiento de la propias habilidades y saberes.

Pero es claro para el niño(a) y para su dinámica de crecimiento emocional, que estas no pueden ser posturas asumidas sólo de manera verbal o esporádica, debe haber en el adulto, el reconocimiento honesto por las potencialidades de los niños y niñas, lo cual se hace evidente en la cotidianidad del proceso formativo. Cuando se cree y se confía en que a pesar de sus dificultades si se le brinda un ambiente con calidad afectiva y educativa puede llegar a superar muchas de sus conflictos.

Para los niños y niñas con algún tipo de limitación el concepto de si mismo, tarda más en construirse porque para ello es necesario el reconocimiento de su cuerpo, de sus capacidades, de sí mismo como ser social.

Reconocer y valorar sus habilidades no es fácil, pues en muchos casos su limitación misma dificulta estos procesos, además genera situaciones de discriminación a nivel social, familiar y educativo, y es aquí donde estas instituciones desarrollan uno de sus énfasis.

Sin embargo existen cuatros variables que desde las familias de estos niños/as han ayudado a que se fortalezca su autoestima y por ende su desempeño académico y integración social:

- Cohesion del grupo familiar.

- Aceptacion de la discapacidad.

- Apoyo emocional.

- Compensacion activa de las areas deficitarias.

 

Específicamente los niños y niñas sordas pueden identificar claramente su cuerpo y apreciar lo valioso del mismo

"lo que más me gusta son mis ojos"

Y lo importantes que ellos pueden ser para otros

"lo que más me gusta es la forma como yo soy especial para mis papás y para mi seres queridos".

 

Pero el mundo del oyente no se añora, todo lo contrario, no se desearía pertenecer a el

"...no, no me gustaría ser oyente".

 

El mundo del oyente se ve como algo ajeno y poco comprensible.

Los niños y niñas con limitaciones de carácter cognitivo, hacen mayor referencia a sus habilidades como algo que les da seguridad y que su medio ha valorado.

 

"lo que más me gusta es dibujar"

"hacer tareas"

"..que soy muy bueno"

"me siento muy contenta de aprender a leer y a escribir y esto es muy importante para mi que la institución me ayude"

 

Pero estos niños y niñas, tienen la gran ventaja, sobre las demás instituciones, de tener, en la mayoría de los casos familias a las que regresan diariamente, y que le brindan las condiciones de seguridad y afecto que necesitan.

Es claro entonces que desde la infancia se inicia el reconocimiento personal, pero que para su adecuado desarrollo es necesaria la presencia de personas adultas estables que se comprometan con los niños y niñas, que los amen.

"El reconocimiento propio empieza con el suceso fundamental de que nos reconozca alguien más, es decir, necesitamos un progenitor como el aire que respiramos".

Por ellos es necesario construir ambientes que de alguna manera cumplan una doble función a nivel del desarrollo psicoafectivo, de un lado terapéutica para que el niño y la niña vayan elaborando los serios conflictos interiores que traen al llegar a las instituciones y de otro lado un ambiente familiar que permita reconstruir la imagen de si mismo y del mundo que lo rodea. Un escenario y unos actores que se asemejen a en la medida de lo posible a una familia, que permitan establecer relaciones de vínculo, singularidad, poder y pautas claras pero afectivas.

Las expectativas respecto al futuro

Las expectativas respecto al futuro se convierten en el sueño, que les permitirá vivir mejor, donde se halla lo que nunca se ha tenido, lo que se sigue añorando. Es así como el futuro se convierte en la posibilidad deser feliz o de hacer feliz a las personas que se ama, papá, mamá, hermanos.

Es por excelencia el espacio de los sueños donde se compensan las carencias, se sanan las heridas y se construye un mundo ideal. Persistiendo el sueño de hadas donde se obtiene lo que se quiere y se vive feliz por siempre jamás.

"pues yo espero encontrar, por ejemplo, el apoyo de mi familia, de que si yo quiero una cosa como trabajar... porque yo aspiro trabajar en algo, así pues sea muy común, como trabajar en una casa de familia, sino yo colocarme en algo, en un hotel, si trabajar, o en una panadería, pastelería, o algo que a mi me guste, si uno siempre tiene que aspirar, uno siempre empieza con lo más pequeño y termina con algo mas alto, si porque haber... a mi me gusta salir afuera y por ejemplo, si estoy trabajando ayudar a mis hermanos que están acá, ayudándole a mi hermana con los cuadernos, en lo que necesitan ellos si, y ayudarles a mis hermanos a salir adelante"

"irme para la casa a ayudarle a mi mamá".

"...una familia, sería feliz y uno le haría caso en todo"

"unos padres me gustaría tener", "y que mi mamá se encuentre bien y mi familia"

"...este es el sitio que me gusta, porque yo quiero tener unos padres y ellos vienen por uno y después que no se va con los padres".

 

Estos son sueños necesarios porque pueden constituir el motor que alienta las búsquedas de vinculación y pertenencia.

Sin embargo estos sueños no crean de la nada, se construyen desde lo ya vivido en el ambito familiar y social:

"trabajar... ponerme a trabajar en construcción", "me gustaría ser una madre adoptiva", "ser un buen trabajador y manejar carro" o desde la ilusión construida por los medios "siempre me ha llamado la atención lo que es de oficiales, si... entrar a un batallón o a la marina" "yo siempre he soñado con ser un futbolista, vamos a ver si lo puedo lograr"

 

Las expectativas de los niños y niñas con algún tipo de limitación no difieren de las de los demás niños

"todavía no sabe que quiere estudiar, pero el gran deseo, es la universidad", "ser médica"

"ser psicóloga infantil o fonoaudiologa"

"un policía de transito, de esos que paran los carros".

 

La pregunta sería como reconciliar esos sueños con lo que se está viviendo, con lo que la institución hace día a día, de tal manera que no lleguen a convertirse en otra frustración que genere más resentimiento y por ende no lesione más la visión de si mismo como una persona incapaz de salir de su condición actual.

Este es el reto que tiene día a día las instituciones, rescatar a los niños y niñas para sí mismos, para que confíen en sus potencialidades, para que sanen sus heridas y rescaten sus posibilidades de vida.

Una mirada a la autoestima desde la adolescencia

Los procesos de identidad no concluyen en la infancia, por el contrario se continúan durante el estadio denominado culturalmente como "adolescencia". Los y las adolescentes institucionalizados no son la excepción en este proceso, igual que los demás jóvenes colombianos, atraviesan las paradojas que este período implica, sin embargo, sus dificultades por construir una identidad que los fortalezca como seres humanos es mucho más compleja, debido, en la mayoría de los casos a las situaciones de maltrato y en general a las carencias emocionales.

En este momento ya se ha vivido el proceso de identificación primaria con algún adulto, de los que ha interiorizado esquemas de comportamiento, de normas, de valores, de modos de relación. Pero el gran reto ahora, consiste en dejar de ser lo que otros ha querido o quieren, para ser lo que él mismo decida ser.

"...De mi mismo podrá ser que soy una persona muy abierta y muy dada a las demás personas, a nivel como de personalidad, a nivel físico vivo tranquilo con lo que estoy dotado, me siento como soy y eso me encanta de mi"

 

María Luisa García (1996), define estos procesos de identidad como "la capacidad de saber quién se es y qué se quiere ser, la cual se construye a lo largo de la vida".

Este proceso en la adolescencia, agudiza la crisis que suscita el esfuerzo por lograr una identidad propia, singular y diferente del adulto. Es una etapa donde los cimientos, fuertes o débiles, construidos hasta el momento, según lo que ya se ha vivido, en la infancia, se revalúan. Es el momento de construir nuevos pilares y estructuras que exigen todo el acopio de fortaleza para alcanzar a construir algo en cada instante.

El primer desequilibrio surge con la llegada de los cambios puberales, que hacen que la identidad se vuelva nuevamente difusa, los jóvenes ya no saben exactamente como es su cuerpo, debe por lo tanto revisar sus ideas y sentimientos frente a si mismo para adaptarse a el.

Las expectativas respecto al futuro se convierten en el sueño, que les permitirá vivir mejor, donde se halla lo que nunca se ha tenido, lo que se sigue añorando. Es así como el futuro se convierte en la posibilidad de ser feliz o de hacer feliz a las personas que se ama, papá, mamá, hermanos.

Estos cambios físicos llevan apareados cambios en el trato que reciben de los adultos, no se es niño o niña, ni hombre o mujer. O en muchos casos se es una cosa u otra a conveniencia de los adultos.

Esta situación genera conflictos por el disgusto de no hacer o ser como se quiere o de no gustarle a los demás, viviendo situaciones de vergüenza y de desprecio hacia sí mismo.

"pues no, me siento... yo no sé, yo me pongo a mirarme y no se, como una cosa que a mi no me gusta, o un defecto que a mi no me gusta.... que tengo por ejemplo.... que a veces me siento mal con mi cuerpo, pues yo me digo a mi misma que yo parezco muy fea, pues eso es lo que a mí no me gusta de mi misma.... en mi forma de ser, es estar por ejemplo bien... a veces me dicen que hay, que yo tan fea, y yo me siento... porque es que yo no puedo cambiar mi cuerpo por otro....pues yo me siento bien, lo que a mi me agrada es que todos me dicen...hay vea, usted como está de bonita, como está de cambiada ... porque antes cuando yo llegué al hogar de Cuba yo era muy fea, a mi me decían "cuerpo de hombre" y a mi no me gustaba, pues yo de alguna manera tenía que cambiar,... que cuerpo de hombre o tan feo ese motilado... yo tenía ... me motilaba de hombre, pues a mi me gustó, porque me gustaba mochármelo cada ratico, pero ahorita que me dicen a mí que soy una niña ya preparada, pues me siento bien, así con mi cuerpo.... Que me parezco muy bonita.... Uno cuando tiene novio le dicen, hay que ese novio tan feo, pero la cosa es que uno no se los consigue por lo feos, sino por los sentimientos, por el amor que a uno le dan, no más, no por interés, ni nada, sino el cariño y el amor que a uno le deben dar y pues, uno se siente bien así, con la persona con la que uno va a estar"

 

Es así como los problemas de identidad se expresan con sensaciones de incomprensión frente a lo que sucede, malestar cuando se ve involucrado en una situación que va contra sus principios, de su desarraigo al no saber exactamente de donde proviene, de la angustia a la hora de tomar decisiones, de la incertidumbre cuando no logra visualizar qué futuro le espera:

"me desagrada que de pronto manejo como a veces una intolerancia, a nivel pues emocional, y una serie de desconfianzas a muchas personas que simplemente conozco así y uno lo analiza, entonces uno dice este señor que o que, pero soy muy abierto, si me entiende, soy muy dada a conversar con las personas, me gusta enfatizar con las demás personas, y físicamente no me gusta mi barriga".

"más o menos, no.... no sé como me siento conmigo misma"

 

Es por estas situaciones que el adolescente vive la tensión entre ser reconocido como sujeto individual y a la vez social y entre ser lo que será y representará para la sociedad en el futuro.

Es así como se enfrenta al derrumbe de su anterior forma de ver la vida, de su definición de si mismo y de la concepción de los fenómenos de mundo, tratando de reevaluar los esquemas que hasta ahora le fueron útiles, debe construir otros, pero mientras lo hace enfrenta la incertidumbre porque es lo único que tiene, esto lo llena de ansiedad y de miedo a quedarse en el vacío.

Estas ansiedades y temores permanentes, llevan al adolescente a cambios permanentes de identidades que caracterizan sus estados emocionales como transitorios.

"me gusta que soy sincero conmigo mismo, me gusta o sea la forma de ser mía, en ocasiones si, o sea como la forma de yo querer salir adelante, la forma de proponerme a salir más adelante de lo que tenía pensado por fuera, antes de llegar acá a esta institución y pues si, hasta el momento yo creo que lo estoy lo grando y le pido a dios que ojalá así sea. Y que entre más días vaya mejorando, vaya aportando un granito de arena para salir adelante"

 

Cuando de alguna manera se siente que se están superando las dificultades, que se están logrando construir mundos positivos, la sensación de satisfacción lleva a seguir adelante con mayor energía, aunque esto puede significar decaer, es necesario recordar que es un proceso y como tal no se logra de un día a otro.

Estas situaciones se concretan en los hogares Claret

"me gusta haber llegado aquí, haber forjado mi personalidad, ahora estoy contento de ser como soy".

"mi alegría", "mi amabilidad".

"me siento bien porque acepto mi problema de drogadicción".

"me siento muy bien... muy contento de salir adelante, desde que yo usaba drogas, eso a mi no me dejaba nada, pero... pues yo quiero salir adelante".

"uno aquí viene a cambiar su personalidad, que uno cambia porque antes hacia de todo, y pues.... yo tengo cosas buenas, pero entre esas cosas buenas también hay malas... o sea, por eso aquí existe una terapia de grupo y uno expone las fallas que uno tiene, en la terapia de grupo".

 

Pero la incertidumbre y el miedo se vuelven más críticos en adolescentes donde las pautas de los adultos han sido violentas o inexistentes, generalmente en su pasado no hay elementos que añoren o que les sirvan como cimiento del cual echar mano en este proceso de construcción y reconstrucción de su identidad.

"lo que más me agrada es como el genio, o sea, si, el genio y que por ejemplo yo soy una persona que no soy recochero, ni nada.... si soy más bien, aislado de la gente, o sea he estado... desde muy pequeño he estado muy apartado, aislado, entonces si, soy como más bien penoso.

"con mi forma de ser hay veces me siento mal"

"soy cansón, muy cansón.."

 

Es así como el adolescente debe contactar con la realidad pero desde otro vértice y aunque no tiene los elementos para hacerlo, debe construirlos. Esta situación de desconcierto lo lleva a realizar intentos de definirse, de establecer una versión de si mismo que logre integrarlo, aunque en ocasiones parezca contradictoria.

"algunos piensan que soy un poco rebelde, malgeniado, que soy muy serio, y otros dicen que soy muy buena gente, tienen varios conceptos de mí". Y tú que piensas? "pues sí, algunos tienen razón, que soy muy serio y también malgeniado"

"Como le dijera yo, no soy como muy grosero, no me gusta ser grosero, me gusta ser amable y cariñoso, pero a veces soy grosero, no sé que me pasa".

"Conmigo mismo me siento muy bien y me siento muy satisfecha de lo que estoy haciendo, me siento conforme con lo que tengo"

 

Los pares, juegan un papel esencial en estos procesos pero paradogicamente, si bien el escenario institucional se convierte, por la situación de "internado", en un espacio donde más se necesitan las relaciones con los otros, es tambien el espacio donde es más difícil hacerlas y mantenerlas. Es por ello que a veces se ve en actitudes agresivas una forma de identidad, que permite ganarse el respeto de los demás pero sobre todo de sí mismo(a)

"lo que más me gusta es que no me la dejo montar de nadie".

"...que soy pelión"

"...soy grosero".

"... me hago respetar"

 

Es claro entonces, que una de las formas de construcción de identidad se basa en la fuerza física, en la capacidad de dominio sobre los otros, no importa cómo tenga que ejercerse.

Las expectativas repecto al futuro

Al igual que en los niños y niñas las expectativas para el futuro, son sueños no cumplidos, carencias que desean llenarse, con la particularidad de saberse más cercano su logro o no logro, lo cual genera incertidumbre y temor. Si bien son sueños, estos son más realistas, porque casi que se pueden palpar en un futuro muy cercano:

"yo espero encontrar una familia y todo, pero si yo voy a la casa, yo no sé si seguir, pues uno llega y ah!, usted por qué se vino y que tal, entonces lo va a represar es contra uno, pues más bien uno se queda acá".

"pues yo tengo pensado después de los dieciocho, si aquí no me han dado estudio, pues estudiar y irme a pagar servicio, y apenas pague servicio, hacer el curso o la carrera para policía judicial"

"compartir con una familia... trabajar uno y ayudarle uno a la familia".

"...que le brinden ese apoyo a uno, si me entiende?..., yo quiero como... salir y que no me vuelvan a ver como una lacra, que me tenían antes sino como una persona ya de bien, y... una sociedad que me acepte"

"lo que yo quiero... lo que me voy a proponer, cuando tenga la mayoría de edad, es estudiar y terminar mi primaria y bachillerato, y si tengo la posibilidad de hacer alguna carrera, 1pues que rico fuera y todo lo que se pueda hacer".

"ir a Bogotá y hacer la carrera que yo quiero"

"encontrar un trabajo"

"ser secretaria"

"se psicóloga o policía porque me gusta mucho".

Predomina el deseo, en las adolescentes, de tener una familia ideal, en la cual sentirse amada o ser el soporte de la misma

"yo espero salir adelante, espero cumplir con mis estudios y sacar a mi madre adelante"

"afuera espero encontrar a mi familia feliz, sin peleas, sin nada"

"tener como mi familia, y pues tener como un buen esposo"

 

Es importante anotar que en las madres embarazadas este hecho de por si cambia sus expectativas:

"antes de quedar embarazada quería hacer una carrera para ser policía, pero ahora pienso trabajar y estudiar para ver por mi hija, pero no sé más adelante que"

 

Esta situación genera confusión y algunas veces rechazo de su condición femenina y de la responsabilidad que ello implica.

"....claro a los hombres les toca más fácil, como ellos no tienen que encartarse".

 

Se cambian las expectativas, por unas más acordes con su situación, pero no se sabe con claridad que se quiere para el futuro.

"trabajar en lo que resulte"

 

La claridad que los adultos y la institución como tal, tengan de estos procesos, facilitaran su acercamiento a la realidad que viven los adolescentes, llevándolos a replantear algunas de las prácticas educativas, pues llegar a ser adulto, requiere además de la satisfacción de necesidades básicas, un acopio de lo construido en la infancia, elementos y herramientas que deben haberse construido en el ámbito familiar, pero que de hecho en estos jóvenes son muy pocas.

Le corresponde entonces a la institución brindarlas y aceptar que ellos y ellas las transformen en situaciones nuevas, pues tanto las normas como los adultos pierden su "poder" y se convierten en figuras susceptibles de ser cuestionadas. El adulto debe entender que esta perdida es necesaria para el crecimiento, pero no debe quedarse allí, ha de implicar la revaluación de sus relaciones y la reconstrucción de éstas desde una nueva perspectiva, de tal manera que se conviertan en los puentes para una adecuada integración a su medio.

Los adolescentes no se quedarán en las instituciones, de hecho a los dieciocho años deben abandonarlas, y para ello deben tener fortalezas en la construcción de su identidad, no como un proceso ya acabado, sino con elementos afectivos y éticos que les permitan seguir construyendo su vida.

NOTAS

(1) ALZATE, Maria Victoria et als. Procesos de formación: actores e instituciones desde una perspectiva educativa, psicológica y pedagógica. ICBF-UTP. Bogotá. 1998.

BIBLIOGRAFIA

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ALZATE, Maria Victoria et als. Procesos de formación: actores e instituciones desde una perspectiva educativa, psicológica y pedagógica. ICBF-UTP. Bogotá. 1998.

BERGER, Peter y Lucman, Tomas. (1983). La construcción social de la realidad. Amorrortu ediotores. Buenos Aires.

CASTAÑEDA, Elsa. (1995). Adolescentes de final de siglo: fragmentación de sensibilidades. En: Proyecto Atlántida. Adolescencia y escuela. Fundación FES. Santafé de Bogotá.

GARCIA, María Luisa (1996). La visión psicológica de la adolescencia. En Proyecto Atlántida. Adolescencia y escuela. Fundación FES. Santafé de Bogotá.

MILIVIC, Neva. (1998). Memorias: IV Encuentro Andino de trastornos del aprendizaje. Santafé de Bogotá.


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