Los caracteres como medio de explicación artística según Ramón Menéndez Pidal

Arbey Atehortúa Atehortúa

Ramón Menéndez Pidal dedicó un espacio de su obra teórica a la reflexión sobre los contenidos y las estructuras individuales y colectivas para la explicación de los textos artísticos. Este ensayo, considerando algunos conceptos de la moderna sociocrítica, realiza una revisión a dichas categorías y retoma como objeto de ejemplificación el Poema de Mío Cid.

 

A lo largo de la historia se ha utilizado diferentes modelos teóricos para la explicación de las creaciones artísticas y las manifestaciones de la cultura en general. El modelo sociocrítico, por ejemplo, al establecer la génesis de un producto cultural determinado considera las conductas humanas referidas tanto a un sujeto individual como a uno colectivo. Este modelo parte de la premisa que todo comportamiento humano posee un carácter significativo y termina otorgando una importancia menor a las manifestaciones propias de las experiencias individuales frente a las producidas por los sujetos colectivos.

Las influencias y mediaciones del sujeto individual en el nivel de "comprensión" (1)  del texto poético, son calificadas de limitadas y pobres frente a las estructuras mentales de tipo colectivo. Es de anotar que el método biográfico que privilegia la vida del autor en la explicación fue muy utilizado durante el siglo pasado y aún hoy en día continúa teniendo su importancia relativa (2) . Es por eso que Jorge Fernández afirma que:

"La biografía puede tener una gran importancia, y el historiador de la literatura debe examinarla siempre cuidadosamente a fin de ver, en cada caso específico, los datos y las explicaciones que pudiera suministrar"(3) .

 

Este es el caso de Ramón Menéndez Pidal quien en La España del Cid

"va trazando en ella una biografía del héroe; además ve en ese héroe la representación de un ideal,en este caso el ideal de la colaboración frente a la insolidaridad " (4) .

 

También es cierto que bajo el concepto de hábitus definido por Pierre Bourdieu como "un sistema de disposiciones adquiridas por medio del aprendizaje implícito o explícito que funciona como un sistema de esquemas generadores" (5), se consideran nuevamente las circunstancias individuales de tipo biográfico en el nivel explicativo del texto poético.

Al considerar los comportamientos del sujeto individual es incluso pertinente preguntarse si existe algún individuo que no sea producto de las circunstancias sociales e históricas que le corresponde vivir. Es incluso viable la pregunta ¿existe algún producto humano que sea enteramente individual? En el caso del arte, el concepto de transtextualidad implica un contacto permanente entre una obra considerada como producto de un autor real y toda la historia de ese género. El "autor real"(6)  estaría usando una estructura heredada por lo que el "lector real" sabría que clase de texto es el que lee.

Existe por lo tanto una preocupación sobre el grado de influencia de las experiencias individuales y colectivas en la explicación de las producciones culturales del hombre.

El ensayista español Ramón Menéndez Pidal en Los españoles en la historia y Los españoles en la literatura encara igualmente el tema de lo individual y lo colectivo desde distintas ópticas y aporta conceptos que desarrolla posteriormente la llamada sociología de la literatura. Veamos inicialmente una breve reseña de los textos mencionados.

Ramón Menéndez Pidal (RMP) en los libros citados retoma como objeto de ejemplificación ciertos acontecimientos históricos y productos artísticos a lo largo de la historia española. Los españoles en la historia al describir los caracteres del pueblo español plantea ejemplos desde la España árabe hasta nuestros días, y hace énfasis en ciertos momentos históricos como la España del Cid y la de los reyes católicos, retomando como materia de ejemplificación tanto los acontecimientos históricos como las manifestaciones de la cultura. Los españoles en la literatura en un recorrido igualmente diacrónico retoma los temas literarios españoles hasta el siglo XIX.

Nuestro objetivo es revisar las distintas formas como operan los conceptos de lo colectivo y lo individual en Menéndez Pidal. Igualmente determinar en qué forma estas categorías explican el hecho poético y como se establece la relación entre el individuo autor de obras y la colectividad de la que hace parte. Para el nivel de comprensión nos remitiremos en la mayoría de las veces al Poema de Mío Cid, objeto de otro trabajo de Ramón Menéndez Pidal en su libro La España del Cid y en Castilla, la tradición, el idioma.

Existe en los textos de RMP una doble aproximación al tema planteado. En primer lugar la reflexión sobre una serie de caracteres propios del hombre español de la Edad Media y que se evidencian tanto en actos históricos como artísticos. Entre estos caracteres el individualismo aparece como uno más junto a la sobriedad, el desinterés y la religiosidad. Al hablar entonces del individualismo estamos aún en el terreno de los caracteres que son de manifestación colectiva e histórica.

En segundo lugar la forma como para el nivel de comprensión y explicación de un texto poético entran en relación los comportamientos, actitudes o estructuras del sujeto individual con el sujeto colectivo. Es decir, la consideración del individuo creador como parte integrante de una sociedad que lo determina y que según Menéndez Pidal está definida por una serie de caracteres. Es por eso que RMP habla del fenómeno de la colaboración y la anonimia en la literatura española. Retomemos inicialmente la relación entre los diferentes caracteres para pasar al nivel de la relación entre las experiencias individuales y colectivas en la creación literaria y terminar finalmente con una aproximación al Poema de Mío Cid.

En Los españoles en la historia RMP pretende

"destacar algunos caracteres hispanos que explican las cimas y depresiones en la curva histórica del pueblo español" (7) .

 

Dichos caracteres son aptitudes y hábitus históricos que pueden y habrán de variar con el cambio de sus fundamentos. Es así como la sobriedad, la colaboración, el desinterés, el humanitarismo, la fama y el individualismo entre otros, han caracterizado el actuar histórico del hombre español. Existe pues una consecuencia colectiva de dichos caracteres y ésta determina tanto el actuar del individuo histórico como sus creaciones. Por ello Los españoles en la literatura (8)  es la visualización de dichos caracteres en diferentes obras artísticas a lo extenso de la historia literaria española. Existe por lo tanto el reconocimiento de una estructura mental y de tipo colectivo que influye en el individuo que crea aunque no se nos explique totalmente como operan, pues el punto de vista de RMP es histórico.

Para RMP dichos caracteres obedecen en parte a las aptitudes predominantes y en parte a circunstancias históricas, cosas ambas mudables con la sucesión de los tiempos. Igualmente sostiene que muchos de estos caracteres prolongan su fuerza tradicional determinando una mayoría de actos semejantes a pesar de los cambios ocurridos en la composición racional de la colectividad y en las circunstancias concurrentes. Estos caracteres no son por lo tanto permanentes y un ejemplo de ello es que cuando Menéndez Pidal expone los caracteres de tradición y modernidad dice que:

"Los mejores ejemplos los hallamos en el Renacimiento, época que fue radicalmente modernista en otras partes, pero que en España pactó con el tradicionalismo, evitando cuanto pudo la ruptura con la Edad Media"(9) .

 

Determinados caracteres por lo tanto operan con mayor fuerza en unas épocas que en otras; no son fenómenos somáticos sino enteramente históricos y sociales. Existe de este modo el reconocimiento de un sujeto colectivo que actúa de acuerdo con circunstancias históricas precisas y en el cual se materializa los caracteres. Pero algunos de ellos pueden atravesar un período más amplio y por eso la sobriedad para RMP es tan general que, partiendo de ella se puede comprender varias de las otras características.

La sobriedad aparece por lo tanto como una de las cualidades de tipo colectivo del pueblo español y que define muchas de las otras características de los españoles, como el desinterés o la abstinencia o la disposición para el trabajo. Esta sobriedad produce la generosidad colectiva y por eso RMP resalta como español

"el no anteponer el cálculo de pérdidas y ganancias a consideraciones de otro orden"(10) 

 

En el capítulo III de Los españoles en la historia RMP plantea el tema del individualismo como otro de los caracteres propios del español y que pareciera contradecir el concepto de sobriedad; afirma además que el español propende a no sentir la solidaridad social, sino tan sólo en cuanto a las ventajas inmediatas. Hablar de individualismo en estos términos, por lo tanto, es tratar de un caracter más de lo español. Este representa una manifestación más del comportamiento en determinados momentos históricos, y aún no estaríamos por consiguiente haciendo una relación entre estructuras colectivas e individuales . Veamos más detenidamente los planteamientos sobre este caracter.

Existe de este modo el reconocimiento de un sujeto colectivo que actúa de acuerdo con circunstancias históricas precisas y en el cual se materializa los caracteres.

Cuando RMP plantea el ejemplo de Castilla y dice que ésta nace de un fuerte impulso individualista frente al reino de León, nos sugiere que dicho individualismo no es el de un sujeto individual sino el de un grupo social, contradiciendo aparentemente el desinterés, el estoicismo y la sobriedad. Es igualmente por dicho individualismo que surge la envidia, el desconocer los intereses colectivos y la falta de civismo, hechos claramente contradictorios a todo lo que representa la sobriedad.

El concepto de individualismo surge igualmente en la interacción entre minorías y mayorías, pues al arraigarse en la masa comporta el orgullo del inferior que no tolera ser dirigido por el superior. El individualismo aparece así como causante de esa relación que se da entre la minoría rectora y la gran masa. Es esta última movida por intereses individuales que ha determinado la historia de España. En esta parte del trabajo RMP considera al individuo tanto una persona como una minoría.

El sujeto individual y social actúa según unos caracteres colectivos y las obras históricas y culturales reflejan en el nivel estético y extraestético dichos caracteres.

 

El individualismo como caracter contiene por lo tanto cierta ambigüedad, pues parece que se opusiera a otros caracteres nombrados anteriormente. Y es que el desinterés se opondría por ejemplo al débil sentido de lo colectivo, manifestaciones del espíritu individualista. El mismo RMP nos aporta la respuesta cuando afirma que:

"el individualismo español se combina y concuerda con la concepción de altos ideales colectivos" (11).

 

Es el pueblo quien produce individualidades excepcionales y directoras de los procesos históricos o las manifestaciones culturales. Igualmente, como en el caso de Castilla, ese individualismo conduce a logros, victorias y al liderazgo.

Ahora bien, se dice que socialmente operan unos caracteres que explican tanto el comportamiento histórico de los españoles como los productos artísticos. El sujeto individual y social actúa según unos caracteres colectivos y las obras históricas y culturales reflejan en el nivel estético y extraestético dichos caracteres. Cuando Menéndez Pidal nos habla del desinterés nos dice que el hombre español encuentra la fuerza para resistir el apremio de múltiples necesidades. Así que no son raros los casos de generosidad colectiva registrados en relatos históricos. Aparece aquí explicado el desinterés de una manera histórica y se ejemplifica concretamente en el actuar de los soldados españoles cuando se da la batalla de Pavía. Pero un producto cultural como La rendición de Breda también ejemplifica al nivel artístico la experiencia del desinterés y la sobriedad pues el comandante español Spinola ha descendido de su caballo y no humilla a su adversario (Nassau) al recibir las llaves que simbolizan la victoria. Si bien el ejemplo de sobriedad citado pertenece al Barroco español en un texto como el Poema de Mío Cid de la Plena Edad Media podríamos ejemplificar igualmente estos caracteres.

En numerosos pasajes del Poema de Mío Cid el héroe sede sus ganancias y se muestra sumamente generosos con el Rey o con sus cuñados, los Infantes de Carrión (Cap. 40 y 104). Es notorio que tanto en los dos objetos poéticos mencionados existe una gran cercanía entre el acontecimiento histórico y el hecho artístico, fenómeno que permite observar con mayor facilidad cómo se evidencian los caracteres que operan socialmente. Menéndez Pidal nos lo explica con relación al Poema de Mío Cid cuando afirma que éste desarrolla sucesos próximos sobre los que no cabe una libre ficción fabulosa. Pero en ninguno de los casos se puede llegar a un nivel explicativo argumentando que los caracteres identificados socialmente se trasladan mecánicamente a la obra pues caeríamos simplemente en una teoría del reflejo.

Otro ejemplo que podríamos citar es el relacionado con el desinterés, la religiosidad y la búsqueda de la fama, tratados por Menéndez Pidal en el capítulo II titulado "Idealidad". Estos caracteres podrían explicar tanto el comportamiento de Ruiz Díaz de Vivar como un hecho histórico del siglo XV. Con relación a la religiosidad, por ejemplo, numerosos textos entre los que se cuenta Reconquista y Literatura Medieval: cuatro ensayos de Giorgio Periissinotto hablan de los móviles religiosos en el poema. La literatura mística española del siglo XVI igualmente obedece a esa profunda religiosidad del español mencionada por RMP, lo que demuestra la amplitud de los caracteres para el nivel de las explicaciones pues determinados caracteres se pueden aplicar para la explicación de las actuaciones o las manifestaciones culturales de distintas épocas perdiéndose un poco el nivel de las particularidades. De todas formas Menéndez Pidal concibe este problema pues en el mismo ejemplo de La rendicón de Breda de Diego Velázquez habla del pintor aragonés José Leonardo quien al tematizar el mismo hecho no concibe sino una vulgar humillación del vencido. Es decir, habría que descartar la simple explicación de tipo mecánica pues en dos objetos de la misma época las lecturas de un acontecimiento histórico son distintas. De ahí que uno de los hechos complejos en la explicación a partir de los caracteres es aclarar por qué a pesar que éstos actúan en la mayoría de un pueblo no determinan siempre la acción, y que ni en circunstancias especiales pueden quedar relegados a minorías. Este problema sugiere la consideración de las experiencias individuales de los sujetos que participan en la construcción de contenidos y estructuras históricas y artísticas.

La aproximación sociocrítica moderna centra su explicación de la obra en el nivel de las estructuras mentales y no en el del contenido como inicialmente se observa en Menéndez Pidal. Tratado aunque especialmente al nivel de los contenidos, lo valioso en la teoría de los caracteres de Menéndez Pidal es que muchos años antes que las teorías sociológicas modernas, considera el aspecto de índole colectivo para la explicación poética. Incluso cuando RMP desarrolla el concepto de colaboración afirma que al igual que el autor, los lectores también se entrometen en la obra del autor; pero esta intromisión es directa, no indirecta.

Algunas conclusiones afloran en esta parte del trabajo. Si bien RMP nos habla de la existencia de caracteres en el pueblo español, estos nunca aparecen como leyes o fenómenos atemporales. El individualismo que produce la inselección en España también produce la selección ejercida por los Reyes Católicos. El mismo RMP afirma en Los españoles en la literatura que abundan casos en contra al inventariar el realismo, el populismo y el nacionalismo. Esto lo reafirma la introducción de Los españoles en la historia cuando el autor enuncia que:

"No se trata de ningún determinismo somático o racial, sino de aptitudes y hábitos históricos que pueden y habrán de variar con el cambio de sus fundamentos" (12).

 

Pasamos aquí a un fenómeno de tipo cultural que impide la explicación de los productos artísticos a partir de la mera teoría del reflejo. Una obra artística es producto de su tiempo, de la historia de su tiempo y de cierta manera un caracter en abstracto no podría pasar a cumplir una función explicativa. Es necesario el fenómeno, el hecho particular a nivel social. Esto obedecería al nivel englobante exigido para una explicación textual concreta.

Una obra artística es producto de su tiempo, de la historia de su tiempo y de cierta manera un caracter en abstracto no podría pasar a cumplir una función explicativa.

Se ha revisado una serie de caracteres que según RMP no son somáticos ni atemporales. Entre éstos, el individualismo aparece al lado de la sobriedad, la fama o el desinterés. Lo que nos interesa ahora es plantear las relaciones a nivel estructural entre esos caracteres y el individuo como sujeto creador; como parte integrante de una sociedad caracterizada por una serie de caracteres y la obra artística que se presenta como producto de dicho sujeto individual. Igualmente, establecer las relaciones a nivel de estructura entre los caracteres como manifestaciones interiorizadas colectivamente y el sujeto individual que a su vez produce obras artísticas. Visto desde este ángulo, el autor (en términos literarios) sería el intermediario entre la colectividad y la obra.

Cuando se plantea que los caracteres operan colectivamente y que no son simples manifestaciones individuales, RMP reconoce la existencia de un sujeto que ha interiorizado, consciente o inconscientemente, dichos caracteres. Este, el autor, no es por lo tanto plenamente consciente de todos los procesos que operan en la creación, ni de toda la significación contenida en su obra. El creador a su vez, ya sea un narrador, un pintor, un compositor, etc., igualmente produce objetos artísticos que reflejan determinados tipos de caracteres. Para RMP, por ejemplo, la sociedad del Cid es la que expresa la sobriedad y no sólo Ruy Díaz de Vivar. Igualmente se habla del individualismo como particular de una región española, de Castilla, y específicamente la Castilla de los siglos IX y X que inicia la reconquista. Menéndez Pidal reafirma la estructura colectiva del sujeto creador cuando dice que:

 

"esos elementos psíquicos comunes, aunque dependen siempre de actos individuales, son de elaboración colectiva y tradicional. No podemos quedarnos satisfechos con negar la existencia de una alma colectiva, (...)" (13).

 

Ramón Menéndez Pidal no desconoce por lo tanto la presencia del sujeto individual y sus experiencias que en un caso determinado, como en la tematización del sitio de Breda por José Leonardo, expresan una lectura enteramente distinta a la sustentada por Las lanzas de Diego Velázquez y que estructuralmente actualizaría caracteres típicos de los españoles. La colectividad, manifestándose en un individuo, aparece como creadora. No se limita en este punto el concepto de lo colectivo ni el alcance temporal de tradición. Para RMP estos elementos síquicos dependen siempre de actos individuales e influyen en la construcción de los comportamientos colectivos, de los caracteres comportados por el grupo que a su vez son respuesta de las manifestaciones sociales. Es por eso que al hablar del concepto de sobriedad se expone la figura de Ruy Díaz de Vivar, como para plantear el concepto de selección se menciona a los Reyes Católicos.

Ahora bien, una obra literaria puede considerarse un acto de tipo individual en la medida que existe un autor real responsable de su creación; pero para RMP esto no puede negar la originalidad. El ensayista español incluso va más allá y afirma que el

"pensamiento del hombre más inventivo, debe un ochenta por ciento a esa fuerza vinculatoria externa a él a la existencia de un alma colectiva" (14) .

 

Este planteamiento se convierte en uno de los más importantes pues explicaría la relación entre las experiencias individuales y las colectivas. El sujeto individual es antes que nada la expresión de una fuerza vinculatoria externa a él. El creador, en conclusión, no es un ser aislado sino que él reflejaría unas estructuras o caracteres de tipo social.

Los caracteres mencionados por RMP obedecen a las aptitudes predominantes en la colectividad y a las circunstancias históricas; cosas ambas mudables con el tiempo. Esta afirmación nos elimina una simple aplicación mecánica de los caracteres para la explicación. En reiteradas ocasiones el ensayista español indica que no se trata de ningún determinismo somático o racial, pues admite la continuidad de algunas modalidades síquicas; lo más claro es la remisión a contextos o épocas precisas. El individuo creador, que es el que nos interesa en este momento, comportaría unos caracteres desarrollados en circunstancias propias. Pero el área señalada sigue siendo demasiado amplia y es lo que pone en peligro que una explicación desde este ángulo caiga en un nivel de generalidades. Se le abona a RMP establecer esa relación entre la sociedad y el individuo que produce obras artísticas. Las nuevas posturas teóricas han reducido esa relación a la que se establece entre el individuo y una clase social e incluso a la que media entre el individuo y un grupo o campo determinado. Ahora bien, es importante revisar como en los productos artísticos, en este caso las obras literarias, se proyectan los caracteres; de qué manera, según RMP, se establece dicha conexión entre individuo- obra y sociedad, fenómeno que a su vez incluye al lector.

Inicialmente RMP afirma que existen algunos caracteres en la literatura española. La literatura aparece entonces como un producto en el cual se manifiestan y se proyectan los caracteres. Esta a su vez es producto de un individuo en el cual actúa el individuo colectivo. Pero el hecho que merece especial atención son los caracteres perdurables en dicha literatura descartando que se hable de simple imitación ni determinismo somático.

Los caracteres como estructuras de pensamiento arraigados en una colectividad histórica, se plasman por consiguiente en las manifestaciones culturales. Es indiscutible que la literatura, una de las expresiones del ser humano más significativas, debe contener explícita o implícitamente los caracteres desarrollados en un momento preciso. Y aunque el creador de una obra artística es un individuo, ya se planteó que a través de todo sujeto individual actúa un sujeto colectivo. La obra literaria aparece así como expresión de una mentalidad.

Los caracteres, en conclusión, se perciben en las expresiones literarias al ser éstas producto de una manifestación social. Ramón Menéndez Pidal así lo precisa cuando afirma que:

"la trayectoria del pasado, determinada por multisecular impulso, prevalece, por más que mucho se desvíe como resultado de las nuevas fuerzas que se le suman" (15)

 

haciendo presencia de esta manera la tradición. En este punto es nuevamente necesario hacer la aclaración que en la mayoría de los casos RMP evidencia esta relación entre la obra y la vida social al nivel de los contenidos y no al nivel de las estructuras.

Es decir son las acciones y los comportamientos de los personajes los que se asimilan a tipos de caracteres que a su vez se presentan en un contexto preciso.

Es evidente que una equiparación al nivel de los contenidos puede llevar a desprender mentalidades y visiones de mundo. Pero la relación no puede ser de simple homología o reflejo. Es tal vez esta conceptualización, a partir de los contenidos, lo que lleva a RMP a afirmar que la

"literatura y la vida del pueblo (en España) se aúnan más que en otras partes, pues el hom bre hispano es elementalmente idealista, poético (...). Se multiplican con gran originalidad las narraciones que idealizan el tipo del hombre de esfuerzo y de aventura" (16) .

 

De esta apreciación se deducen dos hechos: visualizar la relación entre literatura y sociedad más estrechamente en el pueblo español por la homologación de contenidos; y una segunda, más importante, que afirma que ese prototipo idealista, aventurero del hombre español (ejemplificado históricamente con la actitud de los soldados que participan en la batalla de Pavía) se evidencia y plasma en la literatura.

El Poema de Mío Cid y la llamada "España del Cid" representan indiscutiblemente otro valioso ejemplo de esa estrecha relación entre literatura y vida mediada por los caracteres. Pero antes de retomar el Poema de Mío Cid como materia de ejemplificación, algunas consideraciones son indispensables.

No debemos pasar inadvertido el tipo de texto que es el Poema de Mío Cid, ni las condiciones de su producción que lo conectan directamente con la realidad. Ramón Menéndez Pidal es plenamente consciente de ello cuando en Castilla, la tradición, el idioma expone que el texto heroico nace contemporáneo a los sucesos que canta y surge impregnado en los intereses políticos-sociales. Este tipo de texto, por consiguiente, entra en una relación más estrecha y explícita con la realidad que referencia.

El Poema de Mío Cid como manifestación colectiva expresa en el nivel de la historia caracteres asignados al pueblo español y que obedecen históricamente a dicha época como la sobriedad, el individualismo, la anonimia, la improvisación, la benevolencia y la malevolencia. El poema resalta constantemente la sobriedad a través de la mesura del héroe y el desinterés de sus huestes. El individualismo aparece constantemente en el texto y adquiere una connotación positiva pues se traducen en actos heroicos. Por eso, el poema resalta en numero sos pasajes la valentía de Ruy Díaz de Vivar tanto como la de Minaya, Alvar Fañez y el Obispo Jerónimo. Ese individualismo, que se traduce en liderazgo, lleva incluso a actos de desobediencia como ocurre con Pedro Bermúdez en la toma de Alcocer, al romper filas sin la orden del Cid e iniciar la batalla. Pero cuando este individualismo amenaza con la desintegración del ejército, el Cid debe tomar medidas severas. Así lo hace aconsejado por Minaya cuando constata que sus vasallos ya son ricos hombres y que en cualquier momento pueden desertar:

"Esto mandó mío Çid, Minaya lo ovo aconssejado:/ que ningún omne de los sos(...)./ que le non spidiés´,o nol´besás´la mano,/sil´ pudiessen prender o fuesse alcançado,/ tomássenle el aver e pusiéssenle en un palo" (V.1251-1254).

 

El héroe del Poema no es el único que expresa su individualismo, sino que éste se extiende a los subalternos y aparece como un caracter de dicha época. Claudio Sánchez Albornoz definió el perfil del hombre castellano hecho que históricamente nos explica en parte la visión dada en el Poema:

"individuo altanero, dinámico y batallador, que no aceptaba el papel pasivo y tangencial de asombrado y temeroso espectador de la vida pública sino que combatía como los nobles y junto a ellos y hacía y deshacía sus hombres (...)" (17).

 

Este es por lo tanto el papel histórico exigido al hombre castellano de la época. Es pues una exigencia histórica concreta que obliga al hombre castellano a actuar tal como idealmente lo expresa el Poema.

Cuando Ramón Menéndez Pidal se refiere a este caracter, afirma que el español en su actitud ermitaña encuentra la fuerza para resistir al apremio de múltiples necesidades y no antepone el cálculo de pérdidas y ganancias a consideraciones de otro orden. El Poema de Mío Cid ejemplifica dicho desinterés cuando Minaya renuncia a su botín o cuando el Cid envía valiosos regalos al monarca. Pero lo real en esta época es que la búsqueda de honra equivalía a riqueza y por eso Francisco Abad Nebot citando a RMP resalta que

"La guerra (...) se hacía para poseer riquezas ya producida y acopiada, y por eso entiende que Rodrigo Díaz no renuncie a los tesoros de Ben hehhaf (...)" (18).

 

Este ejemplo es significativo y no contradice la teoría de Menéndez Pidal, pues ya se describió el carácter histórico y no somático de los caracteres. El interés y la sobriedad se manifiestan, en conclusión, en la mesnada del Cid, pero el juglar no compone un texto afirmativo, pues igualmente aparece el desinterés y el apetito de medro. La relación no puede por lo tanto plantearse al nivel del contenido sino de las estructuras.

La ejemplificación de los caracteres pidalinos en el Poema de Mío Cid es aún mucho más clara cuando se describe la benevolencia e invidencia. Son nuevamente conceptos contradictorios, pero forman parte de la dialéctica histórica. Menéndez Pidal afirma que la estimación benevolente del mundo tiene por reverso la invidencia y la ceguera intelectual que no es capaz de percibir el valer de los otros. El Cid es envidiado por los infantes de Carrión y por el mismo Rey. Su salida del reino y la pérdida de los favores es debida a esa invidencia de los que lo rodean. El héroe por su parte no pierde su benevolencia y en ningún momento atenta contra el orden monárquico; es más, renuncia a su derecho de guerrear y colmará de regalos a su Señor. Posteriormente cuando el Rey perdona al Cid y se produce el encuentro, Díaz de Vivar se arrodilla y besa la mano del monarca en señal de vasallaje. Una actitud como esta es explicable históricamente por el sentido de pertenencia y vasallaje que le daba sentido a la vida. La misma mesnada del Cid es fiel al Rey, pero tienen en el Cid a su señor y es a él a quien prometen vasallaje.

Y es que esta "despreocupación" por la autoría estructuralmente plantea el desinterés y la sobriedad mejor que otros contenidos.

El concepto de anonimia tratado en Los españoles en la literatura, también es aplicable al poema. Este fenómeno está presente particularmente en los textos medievales. Y es que esta "despreocupación" por la autoría estructuralmente plantea el desinterés y la sobriedad mejor que otros contenidos. Menéndez Pidal afirma que es el goce del autor y el de los demás lo que interesa al creador y lo ejerce con una anegada complacencia. El Poema de Mío Cid es ciertamente un texto anónimo aunque existen hipótesis sobre su autoría. El juglar es un focalizador constante en el texto y terminado el canto tercero se autonombra, pero en la mayoría de los casos aparece como recurso estilístico y la mención final no es suficiente para una certeza en cuanto a la autoría.

La forma de gestarse el texto épico aclara su producción de tipo colectivo. Los juglares cantaban las historias de los grandes héroes ante grupos de personas y en variados recintos. El proceso de producción era en parte colectivo pues los juglares retomaban historias ya cantadas y así como eliminaban partes del poema igualmente agregaban.

Estas manifestaciones fueron en un principio orales. Cuando se habla del Poema de Mío Cid se hace referencia a un texto que pertenece a la épica literaria, que fue puesto por escrito y que por lo tanto posee un nivel de convencionalidad mayor que un texto oral. Pero incluso un discurso acabado como éste sufrió alteraciones debido a la intromisión de distintos juglares que contribuyeron a la conservación del Poema. Este fenómeno es catologado por RMP como propio de la literatura española y por eso examina la participación que la colectividad toma en la obra individual.

El colectivismo del que habla Pidal es por supuesto formal pues analiza aquellas obras compuestas por varias personas, fenómeno unido al mismo concepto de anonimia. Cuando se afirma que una obra es un producto de un sujeto colectivo se alude a algo muy distinto. Menéndez Pidal de todas formas entiende los individuos como productos históricos.

El cambio en la producción y la recepción de los textos épicos es un ejemplo del nivel contextual de los caracteres expuestos por RMP. Ciertos caracteres se evidencian con más fuerza en unas épocas que en otras. Igualmente, algunos de ellos aparentemente contradictorios pueden influir en una misma época. El sujeto como individuo con experiencias particulares, con unas mediaciones hasta cierto punto originales, influye en la creación de los caracteres.

La teoría de RMP sobre los caracteres representa por lo tanto una aproximación crítica al hombre español en una dimensión histórica y a sus producciones culturales. La manifestación de los caracteres está sujeta a las circunstancias espacio-temporales y de ahí que en ciertas ocasiones se muestren como aparentemente contradictorios. La teoría de los caracteres de RMP igualmente explica el proceso de creación y describe algunos mecanismos de la forma como operan los hechos sociales en el sujeto creador. Ramón Menéndez Pidal considera que la creación artística obedece tanto a las experiencias individuales como colectivas; en este sentido existe una valoración de algunos elementos de tipo biográfico aunque lo fundamental son los procesos de carácter social. Autor, obra y lector, en el caso de la literatura, entran en una relación dialéctica, teniendo sus particularidades en el pueblo español, donde se producen con mayor fuerza algunos caracteres como la anonimia y la colaboración.

Resaltamos finalmente que una teoría de tipo sociocrítica debe considerar indiscutiblemente las consideraciones de Ramón Menéndez, en cuanto sus constructos teóricos y sus aplicaciones constituyen un valioso aporte para el desarrollo de esta teoría crítica.

NOTAS

(1) Utilizamos este término en el sentido de desprender una estructura significativa a nivel intra-textual. El concepto de "explicación" lo usamos al nivel de las estructuras extraestéticas que sirven para la comprensión.

(2) Para Francisco Abad Nebot La concepción biográfica de la historia, y el tener a los héroes como representativos de ideales, son caracteres de un pensamiento romántico. ABAD, Francisco. Literatura e historia de las mentalidades. Cátedra, Madrid, 1987, p. 16.

(3) FERNÁNDEZ, Jorge. Lucien Goldmann: Creaión literaria, visión del mundo y vida social. En: Recherches dialectiques. Gallimard, París, 1959.

(4) ABAD, Francisco. Op. cit. p. 15

(5) BOURDIEU, Pierre. Sociología y cultura. Grijalbo, México, 1990, p. 141.

(6) Término tomado según: Chatman, Seymour. Historia y discurso. Taurus, Madrid, 1992.

(7) MENÉNDEZ Pidal, Ramón. Los españoles en la historia. Espasa Calpe, Madrid, 1982, p. 72.

(8) MENÉNDEZ Pidal, Ramón. Los españoles en la literatura. Espasa Calpe, Madrid, 1971.

(9) Los españoles en la historia. Op.cit, p. 95.

(10) Ibid., p. 76.

(11) Ibid, p. 145.

(12) Los españoles en la historia. Op. cit. p. 72.

(13) Los españoles en la literatura. Op.cit. p.18.

(14) Los españoles en la literatura. Op.cit. p..19.

(15) Ibid. p. 23.

(16) Ibid. p. 49.

(17) SÁNCHEZ Albornoz, Claudio. En: Rico, Francisco. Historia y Crítica de la literatura española. p.28.

(18) A propósito de un comentario sobre Ramón Menéndez Pidal. Abat Nebot, Francisco. Literatura e historia de las mentalidades. Cátedra, Madrid, p. 59.


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