Los caracteres como medio
de explicación artística según Ramón
Menéndez Pidal
Arbey
Atehortúa Atehortúa
Ramón
Menéndez Pidal dedicó un espacio de su obra
teórica a la reflexión sobre los contenidos
y las estructuras individuales y colectivas
para la explicación de los textos
artísticos. Este ensayo, considerando
algunos conceptos de la moderna
sociocrítica, realiza una revisión a dichas
categorías y retoma como objeto de
ejemplificación el Poema de Mío Cid.
A lo largo de la
historia se ha utilizado diferentes modelos
teóricos para la explicación de las creaciones
artísticas y las manifestaciones de la cultura
en general. El modelo sociocrítico, por ejemplo,
al establecer la génesis de un producto cultural
determinado considera las conductas humanas
referidas tanto a un sujeto individual como a uno
colectivo. Este modelo parte de la premisa que
todo comportamiento humano posee un carácter
significativo y termina otorgando una importancia
menor a las manifestaciones propias de las
experiencias individuales frente a las producidas
por los sujetos colectivos.
Las influencias
y mediaciones del sujeto individual en el nivel
de "comprensión" (1) del texto poético, son
calificadas de limitadas y pobres frente a las
estructuras mentales de tipo colectivo. Es de
anotar que el método biográfico que privilegia
la vida del autor en la explicación fue muy
utilizado durante el siglo pasado y aún hoy en
día continúa teniendo su importancia relativa
(2) . Es por eso que
Jorge Fernández afirma que:
"La
biografía puede tener una gran importancia,
y el historiador de la literatura debe
examinarla siempre cuidadosamente a fin de
ver, en cada caso específico, los datos y
las explicaciones que pudiera
suministrar"(3) .
Este es el caso
de Ramón Menéndez Pidal quien en La
España del Cid
"va
trazando en ella una biografía del héroe;
además ve en ese héroe la representación
de un ideal,en este caso el ideal de la
colaboración frente a la insolidaridad
" (4) .
También es
cierto que bajo el concepto de hábitus
definido por Pierre Bourdieu como "un
sistema de disposiciones adquiridas por medio del
aprendizaje implícito o explícito que funciona
como un sistema de esquemas generadores" (5), se consideran nuevamente las
circunstancias individuales de tipo biográfico
en el nivel explicativo del texto poético.
Al considerar
los comportamientos del sujeto individual es
incluso pertinente preguntarse si existe algún
individuo que no sea producto de las
circunstancias sociales e históricas que le
corresponde vivir. Es incluso viable la pregunta
¿existe algún producto humano que sea
enteramente individual? En el caso del arte, el
concepto de transtextualidad implica un contacto
permanente entre una obra considerada como
producto de un autor real y toda la historia de
ese género. El "autor real"(6) estaría usando una
estructura heredada por lo que el "lector
real" sabría que clase de texto es el que
lee.
Existe por lo
tanto una preocupación sobre el grado de
influencia de las experiencias individuales y
colectivas en la explicación de las producciones
culturales del hombre.
El ensayista
español Ramón Menéndez Pidal en Los
españoles en la historia y Los españoles
en la literatura encara igualmente el tema de
lo individual y lo colectivo desde distintas
ópticas y aporta conceptos que desarrolla
posteriormente la llamada sociología de la
literatura. Veamos inicialmente una breve reseña
de los textos mencionados.
Ramón Menéndez
Pidal (RMP) en los libros citados retoma como
objeto de ejemplificación ciertos
acontecimientos históricos y productos
artísticos a lo largo de la historia española. Los
españoles en la historia al describir los caracteres
del pueblo español plantea ejemplos desde la
España árabe hasta nuestros días, y hace
énfasis en ciertos momentos históricos como la
España del Cid y la de los reyes católicos,
retomando como materia de ejemplificación tanto
los acontecimientos históricos como las
manifestaciones de la cultura. Los españoles
en la literatura en un recorrido igualmente
diacrónico retoma los temas literarios
españoles hasta el siglo XIX.
Nuestro objetivo
es revisar las distintas formas como operan los
conceptos de lo colectivo y lo individual en
Menéndez Pidal. Igualmente determinar en qué
forma estas categorías explican el hecho
poético y como se establece la relación entre
el individuo autor de obras y la colectividad de
la que hace parte. Para el nivel de comprensión
nos remitiremos en la mayoría de las veces al Poema
de Mío Cid, objeto de otro trabajo de Ramón
Menéndez Pidal en su libro La España del Cid
y en Castilla, la tradición, el idioma.
Existe en los
textos de RMP una doble aproximación al tema
planteado. En primer lugar la reflexión sobre
una serie de caracteres propios del hombre
español de la Edad Media y que se evidencian
tanto en actos históricos como artísticos.
Entre estos caracteres el individualismo
aparece como uno más junto a la sobriedad, el
desinterés y la religiosidad. Al hablar entonces
del individualismo estamos aún en el terreno de
los caracteres que son de manifestación
colectiva e histórica.
En segundo lugar
la forma como para el nivel de comprensión y
explicación de un texto poético entran en
relación los comportamientos, actitudes o
estructuras del sujeto individual con el sujeto
colectivo. Es decir, la consideración del
individuo creador como parte integrante de una
sociedad que lo determina y que según Menéndez
Pidal está definida por una serie de caracteres.
Es por eso que RMP habla del fenómeno de la
colaboración y la anonimia en la literatura
española. Retomemos inicialmente la relación
entre los diferentes caracteres para pasar al
nivel de la relación entre las experiencias
individuales y colectivas en la creación
literaria y terminar finalmente con una
aproximación al Poema de Mío Cid.
En Los
españoles en la historia RMP pretende
"destacar
algunos caracteres hispanos que explican las
cimas y depresiones en la curva histórica
del pueblo español" (7) .
Dichos
caracteres son aptitudes y hábitus
históricos que pueden y habrán de variar con el
cambio de sus fundamentos. Es así como la
sobriedad, la colaboración, el desinterés, el
humanitarismo, la fama y el individualismo entre
otros, han caracterizado el actuar histórico del
hombre español. Existe pues una consecuencia
colectiva de dichos caracteres y ésta determina
tanto el actuar del individuo histórico como sus
creaciones. Por ello Los españoles en la
literatura (8) es la visualización de
dichos caracteres en diferentes obras artísticas
a lo extenso de la historia literaria española.
Existe por lo tanto el reconocimiento de una
estructura mental y de tipo colectivo que influye
en el individuo que crea aunque no se nos
explique totalmente como operan, pues el punto de
vista de RMP es histórico.
Para RMP dichos
caracteres obedecen en parte a las aptitudes
predominantes y en parte a circunstancias
históricas, cosas ambas mudables con la
sucesión de los tiempos. Igualmente sostiene que
muchos de estos caracteres prolongan su fuerza
tradicional determinando una mayoría de actos
semejantes a pesar de los cambios ocurridos en la
composición racional de la colectividad y en las
circunstancias concurrentes. Estos caracteres no
son por lo tanto permanentes y un ejemplo de ello
es que cuando Menéndez Pidal expone los
caracteres de tradición y modernidad dice
que:
"Los
mejores ejemplos los hallamos en el
Renacimiento, época que fue radicalmente
modernista en otras partes, pero que en
España pactó con el tradicionalismo,
evitando cuanto pudo la ruptura con la Edad
Media"(9) .
Determinados
caracteres por lo tanto operan con mayor fuerza
en unas épocas que en otras; no son fenómenos
somáticos sino enteramente históricos y
sociales. Existe de este modo el reconocimiento
de un sujeto colectivo que actúa de acuerdo con
circunstancias históricas precisas y en el cual
se materializa los caracteres. Pero algunos de
ellos pueden atravesar un período más amplio y
por eso la sobriedad para RMP es tan general que,
partiendo de ella se puede comprender varias de
las otras características.
La sobriedad
aparece por lo tanto como una de las cualidades
de tipo colectivo del pueblo español y que
define muchas de las otras características de
los españoles, como el desinterés o la
abstinencia o la disposición para el trabajo.
Esta sobriedad produce la generosidad
colectiva y por eso RMP resalta como español
"el
no anteponer el cálculo de pérdidas y
ganancias a consideraciones de otro
orden"(10)
En el capítulo
III de Los españoles en la historia RMP
plantea el tema del individualismo como
otro de los caracteres propios del español y que
pareciera contradecir el concepto de sobriedad;
afirma además que el español propende a no
sentir la solidaridad social, sino tan sólo en
cuanto a las ventajas inmediatas. Hablar de individualismo
en estos términos, por lo tanto, es tratar de un
caracter más de lo español. Este representa una
manifestación más del comportamiento en
determinados momentos históricos, y aún no
estaríamos por consiguiente haciendo una
relación entre estructuras colectivas e
individuales . Veamos más detenidamente los
planteamientos sobre este caracter.
Existe de
este modo el reconocimiento de un sujeto
colectivo que actúa de acuerdo con
circunstancias históricas precisas y en el
cual se materializa los caracteres.
Cuando RMP
plantea el ejemplo de Castilla y dice que ésta
nace de un fuerte impulso individualista frente
al reino de León, nos sugiere que dicho
individualismo no es el de un sujeto individual
sino el de un grupo social, contradiciendo
aparentemente el desinterés, el estoicismo y la
sobriedad. Es igualmente por dicho individualismo
que surge la envidia, el desconocer los intereses
colectivos y la falta de civismo, hechos
claramente contradictorios a todo lo que
representa la sobriedad.
El concepto de
individualismo surge igualmente en la
interacción entre minorías y mayorías, pues al
arraigarse en la masa comporta el orgullo del
inferior que no tolera ser dirigido por el
superior. El individualismo aparece así como
causante de esa relación que se da entre la
minoría rectora y la gran masa. Es esta última
movida por intereses individuales que ha
determinado la historia de España. En esta parte
del trabajo RMP considera al individuo tanto una
persona como una minoría.
El sujeto
individual y social actúa según unos
caracteres colectivos y las obras históricas
y culturales reflejan en el nivel estético y
extraestético dichos caracteres.
El individualismo
como caracter contiene por lo tanto cierta
ambigüedad, pues parece que se opusiera a otros
caracteres nombrados anteriormente. Y es que el
desinterés se opondría por ejemplo al débil
sentido de lo colectivo, manifestaciones del
espíritu individualista. El mismo RMP nos aporta
la respuesta cuando afirma que:
"el
individualismo español se combina y
concuerda con la concepción de altos ideales
colectivos" (11).
Es el pueblo
quien produce individualidades excepcionales y
directoras de los procesos históricos o las
manifestaciones culturales. Igualmente, como en
el caso de Castilla, ese individualismo conduce a
logros, victorias y al liderazgo.
Ahora bien, se
dice que socialmente operan unos caracteres que
explican tanto el comportamiento histórico de
los españoles como los productos artísticos. El
sujeto individual y social actúa según unos
caracteres colectivos y las obras históricas y
culturales reflejan en el nivel estético y
extraestético dichos caracteres. Cuando
Menéndez Pidal nos habla del desinterés
nos dice que el hombre español encuentra la
fuerza para resistir el apremio de múltiples
necesidades. Así que no son raros los casos de
generosidad colectiva registrados en relatos
históricos. Aparece aquí explicado el desinterés
de una manera histórica y se ejemplifica
concretamente en el actuar de los soldados
españoles cuando se da la batalla de Pavía.
Pero un producto cultural como La rendición
de Breda también ejemplifica al nivel
artístico la experiencia del desinterés y la
sobriedad pues el comandante español Spinola ha
descendido de su caballo y no humilla a su
adversario (Nassau) al recibir las llaves que
simbolizan la victoria. Si bien el ejemplo de
sobriedad citado pertenece al Barroco español en
un texto como el Poema de Mío Cid de la
Plena Edad Media podríamos ejemplificar
igualmente estos caracteres.
En numerosos
pasajes del Poema de Mío Cid el
héroe sede sus ganancias y se muestra sumamente
generosos con el Rey o con sus cuñados, los
Infantes de Carrión (Cap. 40 y 104). Es notorio
que tanto en los dos objetos poéticos
mencionados existe una gran cercanía entre el
acontecimiento histórico y el hecho artístico,
fenómeno que permite observar con mayor
facilidad cómo se evidencian los caracteres que
operan socialmente. Menéndez Pidal nos lo
explica con relación al Poema de Mío Cid
cuando afirma que éste desarrolla sucesos
próximos sobre los que no cabe una libre
ficción fabulosa. Pero en ninguno de los casos
se puede llegar a un nivel explicativo
argumentando que los caracteres identificados
socialmente se trasladan mecánicamente a la obra
pues caeríamos simplemente en una teoría del
reflejo.
Otro ejemplo que
podríamos citar es el relacionado con el
desinterés, la religiosidad y la búsqueda de la
fama, tratados por Menéndez Pidal en el
capítulo II titulado "Idealidad".
Estos caracteres podrían explicar tanto el
comportamiento de Ruiz Díaz de Vivar como un
hecho histórico del siglo XV. Con relación a la
religiosidad, por ejemplo, numerosos textos entre
los que se cuenta Reconquista y Literatura
Medieval: cuatro ensayos de Giorgio
Periissinotto hablan de los móviles religiosos
en el poema. La literatura mística española del
siglo XVI igualmente obedece a esa profunda
religiosidad del español mencionada por RMP, lo
que demuestra la amplitud de los caracteres para
el nivel de las explicaciones pues determinados
caracteres se pueden aplicar para la explicación
de las actuaciones o las manifestaciones
culturales de distintas épocas perdiéndose un
poco el nivel de las particularidades. De todas
formas Menéndez Pidal concibe este problema pues
en el mismo ejemplo de La rendicón de Breda
de Diego Velázquez habla del pintor aragonés
José Leonardo quien al tematizar el mismo hecho
no concibe sino una vulgar humillación del
vencido. Es decir, habría que descartar
la simple explicación de tipo mecánica pues en
dos objetos de la misma época las lecturas de un
acontecimiento histórico son distintas. De ahí
que uno de los hechos complejos en la
explicación a partir de los caracteres es
aclarar por qué a pesar que éstos actúan en la
mayoría de un pueblo no determinan siempre la
acción, y que ni en circunstancias especiales
pueden quedar relegados a minorías. Este
problema sugiere la consideración de las
experiencias individuales de los sujetos que
participan en la construcción de contenidos y
estructuras históricas y artísticas.
La aproximación
sociocrítica moderna centra su explicación de
la obra en el nivel de las estructuras mentales y
no en el del contenido como inicialmente se
observa en Menéndez Pidal. Tratado aunque
especialmente al nivel de los contenidos, lo
valioso en la teoría de los caracteres de
Menéndez Pidal es que muchos años antes que las
teorías sociológicas modernas, considera el
aspecto de índole colectivo para la explicación
poética. Incluso cuando RMP desarrolla el
concepto de colaboración afirma que al
igual que el autor, los lectores también se
entrometen en la obra del autor; pero esta
intromisión es directa, no indirecta.
Algunas
conclusiones afloran en esta parte del trabajo.
Si bien RMP nos habla de la existencia de
caracteres en el pueblo español, estos nunca
aparecen como leyes o fenómenos atemporales. El
individualismo que produce la inselección en
España también produce la selección ejercida
por los Reyes Católicos. El mismo RMP afirma en Los
españoles en la literatura que abundan
casos en contra al inventariar el realismo,
el populismo y el nacionalismo. Esto lo reafirma
la introducción de Los españoles en la
historia cuando el autor enuncia que:
"No
se trata de ningún determinismo somático o
racial, sino de aptitudes y hábitos
históricos que pueden y habrán de variar
con el cambio de sus fundamentos"
(12).
Pasamos aquí a
un fenómeno de tipo cultural que impide la
explicación de los productos artísticos a
partir de la mera teoría del reflejo. Una obra
artística es producto de su tiempo, de la
historia de su tiempo y de cierta manera un
caracter en abstracto no podría pasar a cumplir
una función explicativa. Es necesario el
fenómeno, el hecho particular a nivel social.
Esto obedecería al nivel englobante exigido para
una explicación textual concreta.
Una obra
artística es producto de su tiempo, de la
historia de su tiempo y de cierta manera un
caracter en abstracto no podría pasar a
cumplir una función explicativa.
Se ha revisado
una serie de caracteres que según RMP no son
somáticos ni atemporales. Entre éstos, el
individualismo aparece al lado de la sobriedad,
la fama o el desinterés. Lo que nos interesa
ahora es plantear las relaciones a nivel
estructural entre esos caracteres y el individuo
como sujeto creador; como parte integrante de una
sociedad caracterizada por una serie de
caracteres y la obra artística que se presenta
como producto de dicho sujeto individual.
Igualmente, establecer las relaciones a nivel de
estructura entre los caracteres como
manifestaciones interiorizadas colectivamente y
el sujeto individual que a su vez produce obras
artísticas. Visto desde este ángulo, el autor
(en términos literarios) sería el intermediario
entre la colectividad y la obra.
Cuando se
plantea que los caracteres operan colectivamente
y que no son simples manifestaciones
individuales, RMP reconoce la existencia de un
sujeto que ha interiorizado, consciente o
inconscientemente, dichos caracteres. Este, el
autor, no es por lo tanto plenamente consciente
de todos los procesos que operan en la creación,
ni de toda la significación contenida en su
obra. El creador a su vez, ya sea un narrador, un
pintor, un compositor, etc., igualmente produce
objetos artísticos que reflejan determinados
tipos de caracteres. Para RMP, por ejemplo, la
sociedad del Cid es la que expresa la sobriedad y
no sólo Ruy Díaz de Vivar. Igualmente se habla
del individualismo como particular de una región
española, de Castilla, y específicamente la
Castilla de los siglos IX y X que inicia la
reconquista. Menéndez Pidal reafirma la
estructura colectiva del sujeto creador cuando
dice que:
"esos
elementos psíquicos comunes, aunque dependen
siempre de actos individuales, son de
elaboración colectiva y tradicional. No
podemos quedarnos satisfechos con negar la
existencia de una alma colectiva,
(...)" (13).
Ramón Menéndez
Pidal no desconoce por lo tanto la presencia del
sujeto individual y sus experiencias que en un
caso determinado, como en la tematización del
sitio de Breda por José Leonardo, expresan una
lectura enteramente distinta a la sustentada por Las
lanzas de Diego Velázquez y que
estructuralmente actualizaría caracteres
típicos de los españoles. La colectividad,
manifestándose en un individuo, aparece como
creadora. No se limita en este punto el concepto
de lo colectivo ni el alcance temporal de
tradición. Para RMP estos elementos síquicos
dependen siempre de actos individuales e influyen
en la construcción de los comportamientos
colectivos, de los caracteres comportados por el
grupo que a su vez son respuesta de las
manifestaciones sociales. Es por eso que al
hablar del concepto de sobriedad se expone la
figura de Ruy Díaz de Vivar, como para plantear
el concepto de selección se menciona a los Reyes
Católicos.
Ahora bien, una
obra literaria puede considerarse un acto de tipo
individual en la medida que existe un autor
real responsable de su creación; pero para
RMP esto no puede negar la originalidad. El
ensayista español incluso va más allá y afirma
que el
"pensamiento
del hombre más inventivo, debe un ochenta
por ciento a esa fuerza vinculatoria externa
a él a la existencia de un alma
colectiva" (14) .
Este
planteamiento se convierte en uno de los más
importantes pues explicaría la relación entre
las experiencias individuales y las colectivas.
El sujeto individual es antes que nada la
expresión de una fuerza vinculatoria externa a
él. El creador, en conclusión, no es un ser
aislado sino que él reflejaría unas estructuras
o caracteres de tipo social.
Los caracteres
mencionados por RMP obedecen a las aptitudes
predominantes en la colectividad y a las
circunstancias históricas; cosas ambas mudables
con el tiempo. Esta afirmación nos elimina una
simple aplicación mecánica de los caracteres
para la explicación. En reiteradas ocasiones el
ensayista español indica que no se trata de
ningún determinismo somático o racial, pues
admite la continuidad de algunas modalidades
síquicas; lo más claro es la remisión a
contextos o épocas precisas. El individuo
creador, que es el que nos interesa en este
momento, comportaría unos caracteres
desarrollados en circunstancias propias. Pero el
área señalada sigue siendo demasiado amplia y
es lo que pone en peligro que una explicación
desde este ángulo caiga en un nivel de
generalidades. Se le abona a RMP establecer esa
relación entre la sociedad y el individuo que
produce obras artísticas. Las nuevas posturas
teóricas han reducido esa relación a la que se
establece entre el individuo y una clase social e
incluso a la que media entre el individuo y un
grupo o campo determinado. Ahora bien, es
importante revisar como en los productos
artísticos, en este caso las obras literarias,
se proyectan los caracteres; de qué manera,
según RMP, se establece dicha conexión entre
individuo- obra y sociedad, fenómeno que a su
vez incluye al lector.
Inicialmente RMP
afirma que existen algunos caracteres en la
literatura española. La literatura aparece
entonces como un producto en el cual se
manifiestan y se proyectan los caracteres. Esta a
su vez es producto de un individuo en el cual
actúa el individuo colectivo. Pero el hecho que
merece especial atención son los caracteres
perdurables en dicha literatura descartando que
se hable de simple imitación ni determinismo
somático.
Los caracteres
como estructuras de pensamiento arraigados en una
colectividad histórica, se plasman por
consiguiente en las manifestaciones culturales.
Es indiscutible que la literatura, una de las
expresiones del ser humano más significativas,
debe contener explícita o implícitamente los
caracteres desarrollados en un momento preciso. Y
aunque el creador de una obra artística es un
individuo, ya se planteó que a través de todo
sujeto individual actúa un sujeto colectivo. La
obra literaria aparece así como expresión de
una mentalidad.
Los caracteres,
en conclusión, se perciben en las expresiones
literarias al ser éstas producto de una
manifestación social. Ramón Menéndez Pidal
así lo precisa cuando afirma que:
"la
trayectoria del pasado, determinada por
multisecular impulso, prevalece, por más que
mucho se desvíe como resultado de las nuevas
fuerzas que se le suman" (15)
haciendo
presencia de esta manera la tradición. En este
punto es nuevamente necesario hacer la
aclaración que en la mayoría de los casos RMP
evidencia esta relación entre la obra y la vida
social al nivel de los contenidos y no al nivel
de las estructuras.
Es decir son las
acciones y los comportamientos de los personajes
los que se asimilan a tipos de caracteres que a
su vez se presentan en un contexto preciso.
Es evidente que
una equiparación al nivel de los contenidos
puede llevar a desprender mentalidades y visiones
de mundo. Pero la relación no puede ser de
simple homología o reflejo. Es tal vez esta
conceptualización, a partir de los contenidos,
lo que lleva a RMP a afirmar que la
"literatura
y la vida del pueblo (en España) se aúnan
más que en otras partes, pues el hom bre
hispano es elementalmente idealista, poético
(...). Se multiplican con gran originalidad
las narraciones que idealizan el tipo del
hombre de esfuerzo y de aventura" (16) .
De esta
apreciación se deducen dos hechos: visualizar la
relación entre literatura y sociedad más
estrechamente en el pueblo español por la
homologación de contenidos; y una segunda, más
importante, que afirma que ese prototipo
idealista, aventurero del hombre español
(ejemplificado históricamente con la actitud de
los soldados que participan en la batalla de
Pavía) se evidencia y plasma en la literatura.
El Poema de
Mío Cid y la llamada "España del
Cid" representan indiscutiblemente otro
valioso ejemplo de esa estrecha relación entre
literatura y vida mediada por los caracteres.
Pero antes de retomar el Poema de Mío Cid
como materia de ejemplificación, algunas
consideraciones son indispensables.
No debemos pasar
inadvertido el tipo de texto que es el Poema
de Mío Cid, ni las condiciones de su
producción que lo conectan directamente con la
realidad. Ramón Menéndez Pidal es plenamente
consciente de ello cuando en Castilla, la
tradición, el idioma expone que el texto
heroico nace contemporáneo a los sucesos que
canta y surge impregnado en los intereses
políticos-sociales. Este tipo de texto,
por consiguiente, entra en una relación más
estrecha y explícita con la realidad que
referencia.
El Poema de
Mío Cid como manifestación colectiva
expresa en el nivel de la historia caracteres
asignados al pueblo español y que obedecen
históricamente a dicha época como la sobriedad,
el individualismo, la anonimia, la
improvisación, la benevolencia y la
malevolencia. El poema resalta constantemente la
sobriedad a través de la mesura del héroe y el
desinterés de sus huestes. El individualismo
aparece constantemente en el texto y adquiere una
connotación positiva pues se traducen en actos
heroicos. Por eso, el poema resalta en numero sos
pasajes la valentía de Ruy Díaz de Vivar tanto
como la de Minaya, Alvar Fañez y el Obispo
Jerónimo. Ese individualismo, que se traduce en
liderazgo, lleva incluso a actos de desobediencia
como ocurre con Pedro Bermúdez en la toma de
Alcocer, al romper filas sin la orden del Cid e
iniciar la batalla. Pero cuando este
individualismo amenaza con la desintegración del
ejército, el Cid debe tomar medidas severas.
Así lo hace aconsejado por Minaya cuando
constata que sus vasallos ya son ricos hombres y
que en cualquier momento pueden desertar:
"Esto
mandó mío Çid, Minaya lo ovo aconssejado:/
que ningún omne de los sos(...)./ que le non
spidiés´,o nol´besás´la mano,/sil´
pudiessen prender o fuesse alcançado,/
tomássenle el aver e pusiéssenle en un palo"
(V.1251-1254).
El héroe del
Poema no es el único que expresa su
individualismo, sino que éste se extiende a los
subalternos y aparece como un caracter de dicha
época. Claudio Sánchez Albornoz definió el
perfil del hombre castellano hecho que
históricamente nos explica en parte la visión
dada en el Poema:
"individuo
altanero, dinámico y batallador, que no
aceptaba el papel pasivo y tangencial de
asombrado y temeroso espectador de la vida
pública sino que combatía como los nobles y
junto a ellos y hacía y deshacía sus
hombres (...)" (17).
Este es por lo
tanto el papel histórico exigido al hombre
castellano de la época. Es pues una exigencia
histórica concreta que obliga al hombre
castellano a actuar tal como idealmente lo
expresa el Poema.
Cuando Ramón
Menéndez Pidal se refiere a este caracter,
afirma que el español en su actitud ermitaña
encuentra la fuerza para resistir al apremio de
múltiples necesidades y no antepone el cálculo
de pérdidas y ganancias a consideraciones de
otro orden. El Poema de Mío Cid
ejemplifica dicho desinterés cuando Minaya
renuncia a su botín o cuando el Cid envía
valiosos regalos al monarca. Pero lo real en esta
época es que la búsqueda de honra equivalía a
riqueza y por eso Francisco Abad Nebot citando a
RMP resalta que
"La
guerra (...) se hacía para poseer riquezas
ya producida y acopiada, y por eso entiende
que Rodrigo Díaz no renuncie a los tesoros
de Ben hehhaf (...)" (18).
Este ejemplo es
significativo y no contradice la teoría de
Menéndez Pidal, pues ya se describió el
carácter histórico y no somático de los
caracteres. El interés y la sobriedad se
manifiestan, en conclusión, en la mesnada del
Cid, pero el juglar no compone un texto
afirmativo, pues igualmente aparece el
desinterés y el apetito de medro. La relación
no puede por lo tanto plantearse al nivel del
contenido sino de las estructuras.
La
ejemplificación de los caracteres pidalinos en
el Poema de Mío Cid es aún mucho más
clara cuando se describe la benevolencia e
invidencia. Son nuevamente conceptos
contradictorios, pero forman parte de la
dialéctica histórica. Menéndez Pidal afirma
que la estimación benevolente del mundo
tiene por reverso la invidencia y la ceguera
intelectual que no es capaz de percibir el valer
de los otros. El Cid es envidiado por los
infantes de Carrión y por el mismo Rey. Su
salida del reino y la pérdida de los favores es
debida a esa invidencia de los que lo rodean. El
héroe por su parte no pierde su benevolencia y
en ningún momento atenta contra el orden
monárquico; es más, renuncia a su derecho de
guerrear y colmará de regalos a su Señor.
Posteriormente cuando el Rey perdona al Cid y se
produce el encuentro, Díaz de Vivar se arrodilla
y besa la mano del monarca en señal de
vasallaje. Una actitud como esta es explicable
históricamente por el sentido de pertenencia y
vasallaje que le daba sentido a la vida. La misma
mesnada del Cid es fiel al Rey, pero tienen en el
Cid a su señor y es a él a quien prometen
vasallaje.
Y es que
esta "despreocupación" por la
autoría estructuralmente plantea el
desinterés y la sobriedad mejor que otros
contenidos.
El concepto de
anonimia tratado en Los españoles en la
literatura, también es aplicable al poema.
Este fenómeno está presente particularmente en
los textos medievales. Y es que esta
"despreocupación" por la autoría
estructuralmente plantea el desinterés y la
sobriedad mejor que otros contenidos. Menéndez
Pidal afirma que es el goce del autor y el de los
demás lo que interesa al creador y lo ejerce con
una anegada complacencia. El Poema de Mío Cid
es ciertamente un texto anónimo aunque existen
hipótesis sobre su autoría. El juglar es un
focalizador constante en el texto y terminado el
canto tercero se autonombra, pero en la mayoría
de los casos aparece como recurso estilístico y
la mención final no es suficiente para una
certeza en cuanto a la autoría.
La forma de
gestarse el texto épico aclara su producción de
tipo colectivo. Los juglares cantaban las
historias de los grandes héroes ante grupos de
personas y en variados recintos. El proceso de
producción era en parte colectivo pues los
juglares retomaban historias ya cantadas y así
como eliminaban partes del poema igualmente
agregaban.
Estas
manifestaciones fueron en un principio orales.
Cuando se habla del Poema de Mío Cid se
hace referencia a un texto que pertenece a la
épica literaria, que fue puesto por escrito y
que por lo tanto posee un nivel de
convencionalidad mayor que un texto oral. Pero
incluso un discurso acabado como éste sufrió
alteraciones debido a la intromisión de
distintos juglares que contribuyeron a la
conservación del Poema. Este fenómeno es
catologado por RMP como propio de la literatura
española y por eso examina la participación que
la colectividad toma en la obra individual.
El colectivismo
del que habla Pidal es por supuesto formal pues
analiza aquellas obras compuestas por varias
personas, fenómeno unido al mismo concepto de
anonimia. Cuando se afirma que una obra es un
producto de un sujeto colectivo se alude a algo
muy distinto. Menéndez Pidal de todas formas
entiende los individuos como productos
históricos.
El cambio en la
producción y la recepción de los textos épicos
es un ejemplo del nivel contextual de los
caracteres expuestos por RMP. Ciertos caracteres
se evidencian con más fuerza en unas épocas que
en otras. Igualmente, algunos de ellos
aparentemente contradictorios pueden influir en
una misma época. El sujeto como individuo con
experiencias particulares, con unas mediaciones
hasta cierto punto originales, influye en la
creación de los caracteres.
La teoría de
RMP sobre los caracteres representa por lo tanto
una aproximación crítica al hombre español en
una dimensión histórica y a sus producciones
culturales. La manifestación de los caracteres
está sujeta a las circunstancias
espacio-temporales y de ahí que en ciertas
ocasiones se muestren como aparentemente
contradictorios. La teoría de los caracteres de
RMP igualmente explica el proceso de creación y
describe algunos mecanismos de la forma como
operan los hechos sociales en el sujeto creador.
Ramón Menéndez Pidal considera que la creación
artística obedece tanto a las experiencias
individuales como colectivas; en este sentido
existe una valoración de algunos elementos de
tipo biográfico aunque lo fundamental son los
procesos de carácter social. Autor, obra y
lector, en el caso de la literatura, entran en
una relación dialéctica, teniendo sus
particularidades en el pueblo español, donde se
producen con mayor fuerza algunos caracteres como
la anonimia y la colaboración.
Resaltamos
finalmente que una teoría de tipo sociocrítica
debe considerar indiscutiblemente las
consideraciones de Ramón Menéndez, en cuanto
sus constructos teóricos y sus aplicaciones
constituyen un valioso aporte para el desarrollo
de esta teoría crítica.
NOTAS
(1) Utilizamos
este término en el sentido de desprender una
estructura significativa a nivel intra-textual.
El concepto de "explicación" lo usamos
al nivel de las estructuras extraestéticas que
sirven para la comprensión.
(2) Para
Francisco Abad Nebot La concepción
biográfica de la historia, y el tener a los
héroes como representativos de ideales, son
caracteres de un pensamiento romántico.
ABAD, Francisco. Literatura e historia de las
mentalidades. Cátedra, Madrid, 1987, p. 16.
(3) FERNÁNDEZ,
Jorge. Lucien Goldmann: Creaión literaria,
visión del mundo y vida social. En: Recherches
dialectiques. Gallimard, París, 1959.
(4) ABAD,
Francisco. Op. cit. p. 15
(5) BOURDIEU,
Pierre. Sociología y cultura. Grijalbo,
México, 1990, p. 141.
(6) Término
tomado según: Chatman, Seymour. Historia y
discurso. Taurus, Madrid, 1992.
(7) MENÉNDEZ
Pidal, Ramón. Los españoles en la historia.
Espasa Calpe, Madrid, 1982, p. 72.
(8) MENÉNDEZ
Pidal, Ramón. Los españoles en la
literatura. Espasa Calpe, Madrid, 1971.
(9) Los
españoles en la historia. Op.cit, p. 95.
(10) Ibid.,
p. 76.
(11) Ibid,
p. 145.
(12) Los
españoles en la historia. Op. cit. p. 72.
(13) Los
españoles en la literatura. Op.cit. p.18.
(14) Los
españoles en la literatura. Op.cit. p..19.
(15) Ibid.
p. 23.
(16) Ibid.
p. 49.
(17) SÁNCHEZ
Albornoz, Claudio. En: Rico, Francisco. Historia
y Crítica de la literatura española. p.28.
(18) A
propósito de un comentario sobre Ramón
Menéndez Pidal. Abat Nebot, Francisco.
Literatura e historia de las mentalidades.
Cátedra, Madrid, p. 59.
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