El plan de
vida IndígenaOlga Lucía Bedoya
Patricia Granada E.
Victor Zuluaga G.
Pretendemos
mostrar cómo las dificultades que tienen las
comunidades indígenas para definir su
currículo, no sólo están referidas a los
docentes sino que tienen que ver con los
modelos de la escuela occidental y el éxito
alcanzado por todos aquellos funcionarios que
se encuentran vinculados con la burocracia
estatal.
A partir del
momento en que las comunidades indígenas
principiaron a luchar por sus derechos negados en
forma permanente, la «educación bilingüe» se
puso sobre el tapete como un objetivo importante
para ser alcanzado por las organizaciones
indígenas. Al levantar la bandera del
bilingüismo como arma que les permitiría asumir
su propio proyecto educativo, buscaban
simultáneamente desembarazarse de las
comunidades religiosas y de los mestizos, que
tradicionalmente habían sido los rectores de la
educación en los pueblos indígenas.
Se pensó
entonces que los proyectos educativos se
canalizarían hacia el fortalecimiento de la
propia cultura, pero los resultados no fueron, en
este sentido, tan positivos como se esperaban. Al
fin y al cabo se adolecía de un currículo
propio para los diferentes pueblos indígenas y
esto hacía que se siguieran enseñando los
mismos contenidos propuestos por el Ministerio de
Educación Nacional para todo el país,
desconociendo la multiplicidad de culturas
existentes en nuestro territorio.
La
etnoeducación
Tal como lo
reseña un funcionario del Ministerio de
Educación, la Etnoeducación principió a
abrirse camino muchos años antes de que fuera
planteada en la Ley General de Educación:
»A
partir del año de 1978 el Ministerio de
Educación se ha interesado por una
educación que respete la diversidad étnica.
Con este propósito se plantea el Decreto
1142 de 1978, donde se plasman los principios
etnoeducativos que se llevan a cabo en la
educación para las comunidades indígenas.
En el Decreto 85 de 1980 se faculta el
nombramiento en las comunidades indígenas de
personal bilingüe así no reúna los
requisitos académicos exigidos para los
demás docentes». (1)
Fue, sin
embargo, en el año de 1985 cuando el Ministerio
de Educación legalizó los programas de
Etnoeducación, de acuerdo a la reseña que hace
Néstor Jiménez:
»El MEN
ha venido colaborando desde 1985 para hacer
realidad esta propuesta de educación. El
saber institucional ha mostrado la capacidad
de comprender esta necesidad y ha realizado
los aportes correspondientes para conformar
el Programa Nacional de Etnoeducación,
edificado de manera concertada con las
comunidades.
Este
proceso como la exigencia de una educación
que forme desde las particularidades del
pensamiento, reflejado en los significados
del idioma, se originó en el reconocimiento
de la complejidad cultural americana en la
que se encuentra Colombia.» (2)
Se creyó en un
principio que las dificultades que enfrentaban
los maestros indígenas, con la educación
bilingüe, se relacionaban con el desconocimiento
de los saberes occidentales, pero a la postre se
tuvo la certeza de que aquellos maestros que
fueron alfabetizados en castellano por mestizos,
o «blancos» como los indígenas se refieren a
los primeros, prácticamente ignoraban su propia
cultura y se remitían a repetir en su propia
lengua a sus estudiantes, los contenidos de las
disciplinas occidentales.
«La
mayoría de los docentes son indígenas,
quienes hacen una traducción de dichos
contenidos de español a la lengua Embera,
para que, según ellos, puedan ser mejor
entendidos por sus estudiantes.
Aunque la
cultura Embera es totalmente oral, en el
espacio escolar se propicia que el niño
indígena maneje la escritura del español,
no en la lengua materna» (3) .
En estas
condiciones era previsible que los avances dados
en el proceso de construcción de un currículo
que consultara las necesidades de las
comunidades, nunca llegaban.
La ley
general de educación
Con la nueva
Constitución Política y la Ley General de
Educación, se posibilitaban aún más todos
aquellos proyectos tendientes al reconocimiento y
reafirmación de la multiculturalidad por medio
de la educación. En este contexto se debe
analizar la aparición del PROYECTO EDUCATIVO
INSTITUCIONAL, que presionaba a los distintos
centros educativos para la elaboración de unos
planes de estudio en donde participaran los
docentes, estudiantes y padres de familia con el
fin de garantizar unos objetivos en concordancia
con los intereses del medio.
Las comunidades
indígenas, por medio de sus organizaciones se
opusieron a la elaboración de Proyectos
educativos en el seno de sus comunidades, pues
consideraban que la intervención de sus
autoridades tradicionales y las de los Cabildos
no serían lo suficientemente importante como
para que dichos Proyectos fueran ordenados de
acuerdo con la cosmovisión indígena y no con la
orientación del Ministerio y de los maestros
indígenas.
Tanto el
Ministerio de Educación como las organizaciones
indígenas coinciden en señalar al maestro
indígena como uno de los mayores obstáculos
para que se desarrolle una educación acorde con
la tradición de sus comunidades. Esto no deja de
ser cierto en la medida que la inmensa mayoría
de maestros indígenas han sido el producto de
una alfabetización en castellano y con
contenidos de las disciplinas que circulan en las
escuelas occidentales, fenómeno que conlleva una
forma de mirar el mundo de una manera diferente a
la del indígena.
En alguna
ocasión le decíamos a un indígena
Embera-Chamí que nos tradujera una frase de
español a Embera y al final respondió:
»Es que
cuando uno habla en castellano es como si
estuviera caminando hacia adelante, pero
cuando se traduce al Embera, es como caminar
hacia atrás, como devolverse, como al revés».
Este tipo de
respuesta nos llevó a reafirmar el hecho de que
los maestros indígenas, al menos en el caso de
los Embera-Chamí, se desenvuelven mejor con el
castellano, que en su propia lengua cuando se
trata de escribir y reproducir los contenidos de
las asignaturas que se cubren en la escuela.
La nueva
propuesta indígena
Las evaluaciones
realizadas por las organizaciones indígenas y
por los organismos internacionales que han
apoyado los procesos de desarrollo educativo en
las comunidades indígenas, son realmente
desalentadoras ya que en algunas comunidades se
han elaborado Proyectos Educativos
Institucionales, totalmente en contravía de los
Planes o Proyectos de Vida y en otros casos, los
procesos para la formulación de estos últimos
se mueven con una lentitud pasmosa.
Por esta razón
se ha planteado que es necesario abandonar el
concepto de Etnoeducación, puesto que con él se
designa cualquierproyecto que se elabore teniendo
en cuenta las particularidades de un pueblo o una
comunidad. Entonces las organizaciones indígenas
proponen que se hable de EDUCACIÓN ENDÓGENA, es
decir, una educación basado en lo fundamental en
la reproducción y recreación de los valores
propios de las distintas comunidades indígenas.
No se trata entonces del viejo concepto de
bilingüismo, ni de Etnoeducación, sino de uno
que posibilite la enseñanza de sus propios
valores, saberes, como fundamento importante para
la supervivencia de la propia cultura. Se trata
de superar la
»escuela
Embera que sigue el modelo occidental, aunque
la comunidad plantea que le gusta el
profesor bilingüe porque les enseña en su
propia lengua, sin ser conscientes que lo
transmitido en su lengua no es lo propio sino
lo de afuera.».(4)
A pesar del
énfasis que quieren colocar las organizaciones
indígenas a la educación propia, a la
formación dentro de los valores de su propia
cultura, lo cierto es que siguen predominando,
como ya lo hemos dicho, los modelos de la escuela
occidental, de la escuela formal, que no tienen
ninguna tradición dentro de algunas comunidades
en donde la oralidad sigue siendo el soporte
fundamental en la transmisión de sus valores
culturales, como es el caso de los Embera-Chamí.
Creemos que el
problema estriba no sólo en los maestros sino
que está relacionado íntimamente con el modelo
exitoso que el maestro muestra ante su comunidad,
muchas veces de manera inconsciente. Vamos a
referirnos a algunos aspectos que hemos podido
observar durante nuestro contacto con los
maestros indígenas de la región del Chamí.
(...) la
inmensa mayoría de maestros indígenas han
sido el producto de una alfabetización en
castellano y con contenidos de las
disciplinas que circulan en las escuelas
occidentales, fenómeno que conlleva una
forma de mirar el mundo de una manera
diferente a la del indígena.
En primer lugar
habría que hablar del hecho de que los maestros
reciben un salario que les permite tener un nivel
de vida muy superior al de cualquier indígena
promedio de la comunidad. Este nivel de vida se
expresa en la manera de vestir, sus adornos, su
vivienda, los electrodomésticos en aquellas
zonas en donde existe luz. Todo ello sobresale y
por ello constituyen modelos a imitar por parte
de sus estudiantes.
El segundo
aspecto se relaciona con la facilidad que tienen
los maestros para comunicarse, ya sea por medio
de la escritura o del discurso oral, en
castellano, con las autoridades políticas o
educativas de las Entidades Territoriales con las
cuales tiene relación el Cabildo indígena. Esta
mayor competencia lingüística les permite ser
actores de primera o protagonistas en todos los
procesos de negociación y también de
orientación para la comunidad.
Finalmente
podríamos decir que en los últimos años, el
cargo de Gobernador ha estado, en la mayoría de
las veces, en manos de maestros que terminaron el
proceso de profesionalización y obtuvieron el
título de Bachilleres Pedagógicos.
Todos los
factores anteriores han producido unos
enfrentamientos permanentes entre los maestros y
los dirigentes tradicionales, ya sean los
jaibanás o los líderes políticos o «mayores»
o ancianos de la comunidad. Estos últimos se
quejan abiertamente de que su autoridad
tradicional ha sido suplantada por la de los
jóvenes maestros, lo que explicaría la difícil
situación que viven las comunidades en el campo
político y económico.
Más allá
del problema de los maestros
Podríamos decir
que los maestros se encuentran entre dos fuegos,
entre dos puntos de vista diametralmente
diferentes: de un lado sus organizaciones le
presionan para que realicen una enseñanza en
donde los saberes tradicionales ocupen un espacio
fundamental, y por esa razón se insistió en el
PLAN DE VIDA O PROYECTO DE VIDA, pues se
garantizaba que la comunidad y sobre todo las
autoridades tradicionales irían a tener una
participación importante dentro de ese proceso,
que sería fundamental para la construcción del
currículo.
Por otro lado se
encuentra la comunidad de base, el indígena
común y corriente, que ve en el modelo de la
escuela occidental el modelo digno de imitar y
por lo tanto, considera que si envía a sus hijos
a la escuela es para que aprenda los saberes de
la cultura occidental, pues son esos saberes los
que le reportan más beneficios y gozan de mayor
jerarquía que los saberes de su propia cultura.
Así, el maestro
se encuentra, como decíamos antes en una
situación ambigua, pues la comunidad y la
Secretaría de Educación le exigen un modelo de
escuela occidental y las organizaciones, una
escuela que consulte con la tradición. Incluso
los padres de familia, consultados sobre las
expectativas que tenían sobre la Escuela,
respondían que en ella se debe enseñar español
y matemáticas porque la cultura propia, ellos la
enseñan en la casa.
(...) en
los últimos años, el cargo de Gobernador ha
estado, en la mayoría de las veces, en manos
de maestros que terminaron el proceso de
profesionalización y obtuvieron el título
de Bachilleres Pedagógicos.
El pensamiento
de la comunidad Chamí, sus aspiraciones, quedó
plasmados en el PROYECTO DE VIDA realizado
durante tres años con coinvestigadores
indígenas. Cuando se les pedía, por ejemplo,
que listaran sus necesidades en el campo de la
economía, hacían alusión a actividades no
tradicionales, como la caña panelera,
ganadería, siembra de café, cacao y yuca.
Incluso se hablaba de explotación maderera y de
la actividad minera, temas sobre los cuales no
han tenido ninguna tradición.
Así las cosas,
cuando el maestro, por ejemplo, resuelve que las
clases las va a orientar en el campo y no en el
aula, de inmediato los padres de familia se
quejan porque el maestro está «perdiendo el
tiempo»; cuando el maestro lleva a los ancianos
a las aulas para que les hable de las plantas
medicinales y les cuenten sus leyendas,
igualmente se quejan de «perder el tiempo».
Pero si los
padres de familia piensan y actúan así frente a
sus valores culturales, lo cierto es que los
jóvenes adoptan las mismas posiciones, pues se
observa un mayor interés por los conocimientos
de la cultura hegemónica, que por los de su
propia cultura.
Lo mismo
podríamos decir de la salud, en lo tocante al
PROYECTO DE VIDA: a la vez que las organizaciones
enfatizan en la medicina tradicional, la
comunidad solicita como prioridad en este campo,
la actualización del censo de la comunidad
indígena según adscripción municipal de
acuerdo con la Ley 100, construcción y dotación
de puestos de salud, establecimiento de farmacias
comunitarias y nombramiento de equipos
extramurales médicos y odontológicos.(5)
El proceso
educativo quedó plasmado en la priorización de
los proyectos sobre educación considerados
dentro del Plan de Vida Embera-Chamí, citado
anteriormente. Primero que todo se plantea la
necesidad de reflexionar sobre la concepción de
hombre Embera y Escuela; la relación educación
propia y educación escolar ajena; el manejo del
tiempo y el espacio en las escuelas y la
introducción de la lecto-escritura en Embera y
español en dichos centros educativos. Todo esto
con el fin de perfilar nuevamente el papel de la
escuela en la comunidad. De todas maneras, serán
los propios agentes comunitarios, a saber,
maestros, padres de familia y cabildo, quienes
deben decidir sobre el rumbo que debe tomar la
comunidad en los próximos años.
Creer que en las
escuelas indígenas se está realizando una
educación intercultural y bilingüe como lo
proponen sus organizaciones, es ignorar la
realidad cotidiana del ejercicio docente. Nuestra
experiencia nos ha mostrado cómo, de los
maestros que están realizando la Licenciatura
Indígena, algunos insisten en que los contenidos
de las asignaturas se orienten hacia saberes de
la cultura hegemónica en detrimento de los
saberes propios, mientras que otros están de
acuerdo en que se profundice sobre su propia
cultura.
En síntesis,
mientras no se refuerce un proceso educativo
mediante el cual el indígena aprenda a valorar
su cultura y aún más, que el asumir sus valores
le reporte los mismos beneficios que le reporta
el comportarse y actuar como «blanco», el
conflicto educativo seguirá presente y el
enfrentamiento entre las autoridades
tradicionales y los maestros y promotores de
salud, continuará.
NOTAS
(1) MEN.
Documento de trabajo: La educación, realidad
y esperanza de los pueblos indígenas y
afrocolombianos. Santafé de Bogotá, 1996.
(2) JIMÉNEZ,
Néstor. La Etnoeducación ayer y hoy. En:
Serie Documentos especiales. Bogotá, Ministerio
de Educación Nacional, 1996.
(3) BEDOYA, Olga
Lucía y GRANADA, Patricia. Proyecto de vida
de la comunidad Embera Chamí en el departamento
de Risaralda. Pereira, Gobernación del
Departamento, 1997, p. 34
(4) Ibidem.
(5) Ibid,
p. 36
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