La concepción del yo en Locke: La crítica a
Descartes y el problema de la identidad personalDiego Fernando
Jaramillo Patiño
El cogito
cartesiano ofrece un substrato firme a la
naciente subjetividad. Pero, tal substrato es
en él de un carácter eminentemente
metafísico, lo cual no tiene en cuenta la
existencia real y empírica del yo. Locke,
entabla un debate con Descartes en torno a la
noción del yo del cual surge la noción de
la identidad personal. En este trabajo, me
propongo establecer los fundamentos de la
polémica, en primer lugar, señalando la
posición de Descartes y los problemas a ella
asociados y, en segundo lugar, el tratamiento
lockeano de éstos, buscando caracterizar el
argumento que da origen a la renovada noción
de identidad personal.
La filosofía
moderna que inaugura Descartes es una filosofía
de la subjetividad. Su primera verdad es un
principio intuitivo que consiste en la
certidumbre -la evidencia- de la propia
existencia por el pensamiento. El supuesto
cartesiano es que no puede haber pensamiento sin
yo pensante. Ahora bien, como la existencia del
yo no resulta problemática, Descartes se hace la
pregunta por la naturaleza de ese yo que ya
existe necesariamente. En primer lugar, pregunta
por el quién, sin embargo, cree que para poder
responder a esto es preciso, previamente,
preguntar y responder por el qué. Semejante
supuesto -heredado sin duda de la tradición de
pensamiento precedente- sólo admite una única
consecuencia, esta es, para no ir más lejos, la
preminencia de un fundamento ontológico sobre el
cual halle soporte toda actividad gnoseológica
cualquiera.
La preocupación
de Descartes está puesta, en buena medida, en la
obtención de un método que le socorra en su
investigación de la verdad. Descartes cree que:
«la
diversidad de nuestras opiniones no proviene
de que unos sean más razonables que otros,
sino solamente de que conducimos nuestros
pensamientos por diversas vías y no
consideramos las mismas cosas. Pues no basta
con tener la mente bien dispuesta, sino que
lo principal es aplicarla bien.»(1).
Lo que Descartes
desea es «aprender a distinguir lo verdadero de
lo falso»(2) y este es, precisamente,
el papel del método pues éste
«enseña a
seguir el verdadero orden y a enumerar
exactamente todas las circunstancias de lo
que se busca»(3).
Pero, ¿qué
busca Descartes? Él mismo lo dice: un primer
principio, un conocimiento cierto y seguro,
indubitable; no obstante,
«habiendo
advertido que los principios de todas las
ciencias debían ser tomados de la
filosofía, en la que no encontraba todavía
ninguno seguro, pensé que, ante todo, era
menester que tratase de establecerlos en
ella»(4).
Descartes se
propone pues investigar la verdad buscando un
principio filosófico enteramente indubitable, lo
cual le lleva a
«rechazar
como absolutamente falso todo aquello en lo
que pudiera imaginar la más pequeña duda»
(5).
El camino de la
duda y el principio indubitable que por medio de
ésta se encuentra nos lo anuncia Descartes así:
«Pero inmediatamente después caí en la cuenta
de que, mientras de esta manera intentaba pensar
que todo era falso, era absolutamente necesario
que yo, que lo pensaba, fuese algo;
y advirtiendo que esta verdad: pienso, luego
existo , era tan firme y segura que las más
extravagantes suposiciones de los escépticos
eran incapaces de conmoverla, pensé que podía
aceptarla sin escrúpulo como el primer principio
de la filosofía que andaba buscando»(6). El método, primera
preocupación del espíritu moderno, lleva a
Descartes al descubrimiento del protagonista de
la época que con él comienza, es decir, el
pensamiento.
Descartes ha
descubierto el Cogito. El cogito, tal
cual, asegura que para pensar es necesario ser,
es decir, la evidencia de la propia existencia
está dada por la existencia del pensamiento. No
obstante, Descartes va un poco más allá en su
argumentación, él encuentra que «siempre que
digo: «Yo soy, yo existo» o lo concibo en mi
mente, necesariamente ha de ser verdad»(7), pero, pese a esta evidencia,
«no
alcanzo, sin embargo, a comprender todavía
quién soy yo, que ya existo necesariamente»
(8).
Así pues,
resulta claro que dado que la existencia del
sujeto no resulta problemática para Descartes,
la pregunta no es por la existencia del yo sino
por su naturaleza. Al advertir que el pensamiento
es un atributo inseparable de la existencia
propia que no puede serle arrebatado, Descartes
concluye que:
«soy por lo
tanto, en definitiva, una cosa que
piensa, esto es, una mente, un alma,
un intelecto o una razón» (9).
La respuesta,
pues, a la pregunta por el quién ha significado
un tránsito del cogito a la res
cogitans, pero un tránsito que lleva
involucrado un supuesto de hondas repercusiones
filosóficas, me refiero al famoso supuesto
substancialista:
«Llamamos
prejuicio substancialista al supuesto de que
la existencia de un fenómeno, actividad,
cualidad, etc., supone la existencia de un
ente substancial que le sirve de sostén. Tal
prejuicio lleva implícito el supuesto de que
no puede haber actividad sin sujeto,
pensamiento -en el sentido cartesiano- sin yo
pensante» (10).
Ese algo,
esa cosa que piensa, va a ser para
Descartes de naturaleza substancial.
El tránsito del
cogito a la res cogitans podemos
verlo en el segundo párrafo de la cuarta parte
del Discurso del Método, transcribamos este
pasaje y tratemos de ver en sus afirmaciones los
problemas a los cuales habrá de enfrentarse
Locke en su doctrina del yo.
Luego,
examinando con atención lo que yo era, y
viendo que podía imaginar que no tenía
cuerpo y que no había mundo ni lugar alguno
en que estuviese, pero que no por eso podía
imaginar que no existía, sino que, por el
contrario, del hecho mismo de tener ocupado
el pensamiento en dudar de la verdad de las
demás cosas se seguía muy evidente y
ciertamente que yo existía; mientras que, si
hubiese cesado de pensar, aunque el resto de
lo que había imaginado hubiese sido
verdadero, no hubiera tenido ninguna razón
para creer en mi existencia, conocí por esto
que yo era una substancia cuya completa
esencia o naturaleza consiste sólo en pensar,
y que para existir no tiene necesidad de
ningún lugar ni depende de ninguna cosa
material; de modo que este yo, es
decir, el alma, por la que
soy lo que soy, es enteramente
distinta del cuerpo, y hasta más fácil de
conocer que él, y aunque él no exisitiese,
ella no dejaría de ser todo lo que es. (11)
La principal
afirmación que nos hace Descartes en el anterior
pasaje es la de que el yo es el alma, la cual a
su vez es una substancia pensante. La primera
concepción del yo en la filosofía moderna va a
ser, pues, la del yo como substancia pensante.
Ahora bien, esta noción es la idea sobre la cual
gira todo el párrafo que consideramos y, sin
embargo, es de vital importancia analizar las
ideas secundarias sobre las cuales se soporta
dado que ellas originan varios problemas de los
que se ocupará Locke.
La concepción
cartesiana del yo como substancia pensante
implica un doble problema, a saber: el de la
permanencia constante del pensamiento, en primer
lugar; y el de la naturaleza substancial del yo,
en segundo lugar. Éstos, a su vez, involucran
otros problemas. Que la condición de la
permanencia de la existencia sea la permanencia
del pensamiento implica que la identidad del yo
está dada por la identidad de la substancia. Por
otra parte, que la existencia del pensamiento
haga evidente la existencia de una substancia
pensante, implica que la substancia puede ser
conocida empíricamente a partir de la existencia
de su atributo esencial. Que la esencia de la
substancia pensante sea el pensamiento, implica
que la substancia es concebida como res per se
subsistens. Finalmente, el hecho de que el
alma sea distinta del cuerpo -que implica la
indivisibilidad del alma- lleva a Descartes a
afirmar que el alma es más cognoscible que el
cuerpo. Locke tendrá que tratar con cada uno de
estos problemas antes de poder plantear el
problema de la identidad personal.
Es preciso
anotar que el plano en el cual discute Locke
estos problemas no es otro que el plano
gnoseológico. En el caso de la substancia, Locke
aclara que su crítica no se refiere a la
substancia misma sino a la idea de
substancia. Descartes afirma en su tercera
meditación que la idea de substancia es una idea
innata(12), por tanto, una idea
simple. Ahora bien, tenemos de ella un
conocimiento empírico, es decir, un conocimiento
de su existencia sólo por medio de la existencia
de su atributo(13). Esto parece contradictorio si se
tiene en cuenta que para Descartes la substancia
es concebida por nosotros como algo que existe de
tal modo que no no necesita más que de sí mismo
para existir (14). Pues bien, Locke
reaccionará contra estas afirmaciones: en primer
lugar, niega que la substancia sea una idea
innata pues no la poseemos ni por vía de
sensación ni por vía de reflexión:
«puesto que
esta idea no la tenemos por las vías por
donde llegan a la mente las otras, en
realidad no la poseemos como una idea clara;
de tal suerte que la palabra substancia no
significa nada, a no ser una incierta
suposición de no sabemos qué (es decir,
alguna cosa de la cual no tenemos ninguna
particularidad distinta y positiva) idea, que
consideramos ser el substratum o
sostén de aquellas ideas que sí conocemos»
(I, IV, §18, 71).
La
filosofía moderna que inaugura Descartes es
una filosofía de la subjetividad. Su primera
verdad es un principio intuitivo que consiste
en la certidumbre -la evidencia- de la propia
existencia por el pensamiento.
De aquí se
desprende que, no conocemos de manera inmediata
la existencia de la substancia y que ésta no es
una idea simple. ¿Cómo pues, tenemos la idea de
substancia y qué clase de idea es? La respuesta
de Locke es como sigue:
§1. Cómo
se forman las ideas acerca de las
substancias. La mente estando abastecida
(...) de un gran número de ideas simples que
le llegan por vía de nuestros sentidos,
según se encuentran en las cosas exteriores,
o por vía de reflexión sobre sus propias
operaciones, advierte, además, que un cierto
número de esas ideas simples siempre van
juntas; y que presuponiéndose que pertenecen
a una sola cosa, se les designa, así unidas,
por un solo nombre, ya que las palabras se
acomodan a la aprehensión común, y su
utilidad consiste en expeditar la expresión
de las ideas. De allí viene que, por
inadvertencia, propendemos a hablar y a
considerar lo que en realidad constituye una
complicación de ideas juntas, como si se
tratase de una idea simple. Porque, como ya
he dicho, al no imaginarnos de qué manera
pueden subsistir por sí mismas esas ideas
simples, nos acostumbramos a suponer algún substratum
donde subsistan y de donde resultan; el cual,
por lo tanto, llamamos substancia.
(II, XXIII, §1, 275-276)
Así pues,
tenemos la idea de substancia por complicación
de ideas simples, lo cual, propiamente, quiere
decir que la idea de la substancia es una idea
compleja. No obstante, Locke diferencia entre la
idea de la substancia en general y las ideas de
substancias particulares. La idea de la
substancia en general es para Locke un supuesto
soporte de las cualidades secundarias o
accidentes y de ésta no tenemos más que una
idea obscura y relativa. Con respecto a las
sustancias particulares, tales como hombre,
caballo, oro etc., provienen del supuesto de que
la substancia es algo además de las cualidades
sensibles algo así como un sujeto en y por el
cual se sostienen. La idea de substancia en Locke
pasa de ser una cosa que existe de tal modo
que no necesita más que de sí misma para
existir, es decir, una res per se
subsistens, a ser un supuesto y desconocido
soporte de cualidades, un no sé qué, es decir,
a ser un substans acidentibus .
La distinción
entre la idea general de substancia y las ideas
de substancias particulares, le permite a Locke
oponerse a la afirmación cartesiana de que el
alma es más cognoscible que el cuerpo. De la
substancia en general en cuanto substancia
inmaterial no tenemos un conocimiento claro, sino
uno oscuro y relativo; igualmente sucede con las
sustancias particulares en cuanto substancias
corporales o materiales, Locke nos dice:
Además de
las ideas complejas que tenemos de las
substancias materiales sensibles (...),
también podemos forjar la idea compleja de
un espíritu inmaterial por medio de las
ideas simples que hemos recibido de aquellas
operaciones de la mente (...), como
existentes en alguna substancia (...) si
juntamos las ideas de pensar y de volición,
o de la potencia de mover o aquietar un
movimiento corporal, todo ello unido a la
substancia, de la cual carecemos de una idea
distinta, tenemos así la idea de un
espíritu inmaterial; y juntando las ideas de
partes sólidas y coherentes y de la potencia
de ser movido, unidas a la substancia, de la
cual, asimismo, carecemos de una idea
positiva, tenemos la idea de materia. La
primera es una idea tan clara y distinta como
la otra (...) porque nuestra idea de
substancia es igualmente obscura, o
inexistente en ambos casos; no es sino un
no-sé-qué que suponemos como soporte de
esas ideas que llamamos accidentes. (II,
XXIII, §15, 286)
El problema de
la permanencia constante del pensamiento (15), derivado directamente de la
concepción de que la substancia y su atributo
principal coexisten en estrechísima relación,
tiene -éste sí- un tratamiento eminentemente
gnoseológico. Al considerar de dónde provienen
todos nuetros conocimientos, Locke asegura que
proceden o bien de la sensación o bien de la
reflexión. Las ideas de reflexión, por el hecho
de que necesitan de la atención, puesto que
ellas son ideas que adquiere la mente cuando
reflexiona sobre sus propias operaciones o
estados internos, aparecen en el hombre
posteriormente a las ideas de sensación. Locke
nos dice que: «el alma comienza a tener ideas
cuando empieza a percibir» (II, I, §9, 87),
esto significa que ninguna idea es innata, sino
adquirida por vía de la experiencia; ahora bien,
el hecho de que ninguna idea sea innata implica
en términos lockeanos que el alma no puede
pensar siempre pues, como tener ideas y percibir
son lo mismo, sólo con la percepción comienza
el alma a pensar.
Dos razones
aduce Locke para combatir la permanencia
constante del pensamiento: el hecho de que no hay
ideas innatas implica que el pensamiento tiene un
comienzo y, por tanto, el alma no siempre piensa;
de otra parte, la afirmación de que el alma
siempre piensa no puede ser probada sugiriendo
que el pensamiento es, antes que la esencia del
alma, una de sus operaciones. En II, XIX, §§
3-4, Locke, al reflexionar sobre los distintos
estados del alma cuando piensa, hace notar que la
atención de la mente cuando piensa varía de
grado de atención lo cual le hace pensar que tal
vez el pensar sea la acción propia del alma y no
su esencia:
Pero lo que
yo quiero concluir de eso es que, en vista de
que en distintos momentos la mente puede
emplear distintos grados de pensar (...); y
de que, en fin, en el tenebroso retiro de un
dormir profundo la mente pierde de vista toda
idea; puesto que, digo, todo esto está
confirmado como un hecho por una constante
experiencia, pregunto si no es acaso
probable que el pensar es la acción y no la
esencia del alma, puesto que las
operaciones de los agentes admiten
fácilmente aumento o disminución; pero las
esencias de las cosas no se las concibe como
capaces de semejante variación. (II, XIX,
§4, 209)
Lo que nos
muestra la experiencia es que algunas veces
pensamos y de aquí sólo podemos inferir que
algo en nosotros puede pensar, no obstante, más
allá de lo que nos muestra la experiencia no
podemos afirmar que ese algo, esa substancia que
piensa, piense siempre. Esto es algo que debe
demostrarse mediante experiencia sensible; Locke
afirma categóricamente que no se puede pensar
sin ser sensible de que se está pensando, hecho
que efectivamente no ocurre mientras dormimos:
«Este ser
sensible no es necesario respecto a ninguna
cosa, salvo respecto a nuestros pensamientos,
para los cuales es y siempre será necesario,
mientras no podamos pensar sin tener
conciencia de que pensamos» (II, I, §10,
88).
Locke introduce
aquí, pues, una condición para el pensamiento y
es la conciencia de ese pensamiento a la cual
relaciona con la identidad personal:
«porque si
privamos completamente nuestras acciones y
sensaciones de toda conciencia de ellas (...)
será difícil saber en que parte radica la
identidad personal» (II, I, §11, 89).
La
distinción entre la idea general de
substancia y las ideas de substancias
particulares, le permite a Locke oponerse a
la afirmación cartesiana de que el alma es
más cognoscible que el cuerpo.
A esta altura
del problema Locke insinúa una distinción que
habrá de ser del todo importante para su
doctrina del yo, me refiero a la distinción
entre hombre y persona: «quienes creen que el
alma puede pensar aparte algo de que el hombre no
es consciente hacen del alma y del hombre dos
personas distintas» (II, I, §12, 90).
De esta manera
concluye Locke que no es la unidad de la
substancia la que hace toda clase de identidad.
La identidad es un término relativo que
significa diferentes cosas según a lo que se
aplique. Locke se ocupa de lo significado por la
palabra persona con el objeto de mostrar que el
pensamiento no es una cosa que sólo necesite de
sí misma para existir, es decir, que no es una
substancia -como pensó Descartes-, sino que, al
contrario, el pensamiento necesita de la
conciencia de este mismo pensamiento.
El
substancialismo cartesiano convirtió al yo en un
ente inmutable, simple e independiente y de esta
forma proscribió para él el ámbito de su
historia personal. Locke distingue los nombres de
substancia, hombre y persona y busca en cada caso
qué es lo que hace su identidad. Locke afirma
que la idea del alma del hombre en cuanto que
substancia inmaterial -independiente de toda
materia e indiferente a ésta- no permite
entender la idea del mismo hombre ni, por ello,
la identidad personal pues, de tal concepción se
sigue el absurdo de que la misma alma puede estar
unida en diferentes tiempos a diferentes cuerpos
formando un mismo hombre.
Locke ha
aceptado que el yo es una substancia que piensa
pero que, a diferencia de Descartes para quien la
substancialidad del yo es de carácter esencial y
por ello no sólo nos da a conocer su existencia
sino también su naturaleza, para Locke es una
necesidad del pensamiento que requiere de algo en
qué sostener las cualidades y los accidentes.
En Descartes la
identidad del yo es la identidad de la sustancia
y la unidad del ser es la permanencia constante
del pensamiento -la identidad personal estaría
garantizado por la identidad de la substancia-.
Para Locke el pensamiento, como ya se dijo, no es
lo esencial pues es esencial al pensamiento la
conciencia. Locke acepta que pensamos pero sólo
porque tenemos conciencia de que pensamos, es
decir, la conciencia siempre acompaña al
pensamiento y es la conciencia de que esos
pensamientos -como la conciencia de que
determinados actos- son nuestros lo que
constituye el yo. Para Locke la persona es el ser
pensante que se sabe siendo el mismo «como una
misma cosa pensante en diferentes tiempos y
lugares» (II, XXVII, §9, 318), de tal suerte
que la identidad personal no consiste en la
identidad substancial sino en la mismidad
(yoidad) de un ser racional. Locke nos dice:
«Tomo la palabra persona como el nombre para
designar el sí mismo (el yo). Dondequiera que un
hombre encuentre aquello que él llama su sí
mismo (yo), otro puede decir que se trata de la
misma persona» (II, XXVII, §26, 331). Así
pues, al yo lo constituye la conciencia de que
los pensamientos son nuestros; la personalidad es
la conciencia de un yo y la identidad personal
consiste, por lo tanto, en la conciencia que es
inseparable del pensamiento.
NOTAS
(1) DESCARTES,
R. Discurso del Método. Ed. Orbis,
Barcelona, 1983, I parte, p. 43. Cada una de las
citas de Descartes se ha confrontado con:
Descartes. uvres et Lettres,
Bibliothéque de la Pléiade, vol. 40, Librairie
Gallimard, Paris, 1949. Textes présentés par
André Bridoux. El texto citado, dice: «la
diversité de nos opinions ne vient pas de ce que
les uns sont plus raisonnables que les autres,
mais seulémente de ce que nous conduisons nos
pensées par diverses voies, et ne considérons
pas les mêmes choses. Car ce nest pas
assez davoir lesprit bon, mais le
principal est de lappliquer bien» p.
92.
(2) Cfr.
DESCARTES. op. cit. p. 50. En uvres...
: «Et javais toujours un extrême
désir dapprendre à distinguer le vrai
davec le faux...», p. 97
(3) DESCARTES,
op. cit. II parte, p. 62. En uvres...
: «enseigne à suivre le vrai ordre et à
dénombrer exactemente toutes les circonstnces de
ce quon cherche», p. 105
(4) DESCARTES,
op. cit. p. 62. En uvres...: «ayant
pris garde que leurs principes devaient tous
être empruntés de la philosophie, en laquelle
je nen trouvais point encore de certains,
je pensai quil fallait avant tout que je
tâchasse dy en établir», p. 106
(5) DESCARTES,
op. cit. IV parte, p. 71. En uvres...
: «que je rejetasse comme absolument faux
tout ce en quoi je pourrais imaginer le moindre
doute», p. 113
(6) DESCARTES,
op. cit. IV parte, p. 72. En uvres...
: «Mais aussitôt après je pris garde que,
pendant que je voulais ainsi penser que tout
était faux, il fallait nécessairemente que moi
qui le pensais fusse quelque chose; et remarquant
que cette vérité: Je pense, donc je suis ,
était si ferme et si assurée que toutes les
plus extravagantes suppositiones des sceptiques
nétaient pas capables de lébranler,
je jugeai que je pouvais la recevoir sans
scrupule pour le premier principe de la
philosophie que je cherchais», pp. 112-113
(7) DESCARTES. Meditaciones
Metafísicas, 2ª Medit., p. 36. En uvres...
: «Je suis, je existe , est nécessairement
vraie, toutes les fois que je la prononce, ou que
je la conçois en mon esprit», p. 167
(8) DESCARTES,
op. cit. p.36. En uvres... : «Mais
je ne connais assez clairement ce que je suis,
moi que suis certain que je suis», p. 167
(9) DESCARTES,
op. cit. p. 37. En uvres... : «je
ne suis donc, précisément parlant, quune
chose qui pense, cest-à-dire un esprit, un
entendement ou une raison», p. 169
(10) FRONDIZI,
Risieri. Substancia y Función en el Problema
del Yo. Ed. Losada, Buenos Aires, 1952. p.
22, nota 11.
(11) DESCARTES. Discurso
del Método. IV parte, p. 72. En uvres...
: «Puis, examinant avec attention ce que
jétais, et voyant que je pouvais feindre
que je navais aucun corps et quil
ny avait aucun lieu où je fusse, mais que
je ne pouvais pas feindre pour cela que je
nétais point, et quau contraire, de
cela même que je pensais à douter de la
vérité des autres choses, il suivait très
évidemment et très certainement que
jétais; au lieu que, si jeusse
seulement cessé de penser, encore que tout le
reste de ce que javais imaginé eût été
vrai, j navais aucune raison de croire que
jeusse été, je connus de là que
jétais une substance dont toute
lessence ou la nature nest que de
penser, et qui, por être, na besoin
daucun lieu ni ne dépend daucune
chose matérielle; en sorte que ce moi,
cest-à-dire lâme, par laquelle je
suis ce que je suis, est entièrement distincte
du corps, et même quelle est plus aisée
à connaître que lui, et quencore
quil ne fût point, elle ne lairrait point
dêtre tout ce quelle est», p.
114
(12) DESCARTES. Meditaciones
Metafísicas. Ed. Orbis, Barcelona, 1986,
p.49. Allí Descartes nos dice que existe «en
mí la idea de substancia por el mismo hecho de
que soy substancia». En uvres... : «car,
encore que lidée de la substance soit en
moi, de cela même que je suis une substance...»,
p.185
(13) DESCARTES, uvres
et Lettres, Gallimard. «le néant ne peut
avoir aucund attributs, ni propriétes ou
qualités: cest pourquoi, lorsquon en
rencontre quelquun, on a raison de conclure
quíl es lattribut de quelque substance, et
que cette substance existe» Princ. Phil. §
52, p. 457; y en seguida: «Mais encore que
tout attribut soit suffisant pour faire
connaître la substance, il y en a toutefois un
en chacune qui constitue sa nature et son
essence, et de qui tous les autres dépendent. A
savoir, lètendue en longueur, largeur et
profondeur, constitue la nature de la substance
corporelle; et la pensée constitue la nature de
la substance qui pense», Princ. Phil. § 53,
p. 457
(14) DESCARTES, Op.
cit. «Lorsque nous concevons la
substance, nous concevons seulement une chose qui
existe en telle façon quelle na
besoin que de soi-même pour exister».
Princ. Phil. § 51, p.456
(15) Para un
seguimiento de la crítica de Locke a la
permanencia constante del pensamiento,
consúltese: Locke, John. Ensayo sobre el
Entendimiento Humano: II, I, §§ 9-21
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