El
surgimiento del concepto de lenguaje en el
pensamiento modernoTraducción y adaptación
del inglés del texto de Danilo Marcondes de
Sousa Filho: The emergence of the notion of
languaje in modern thought. (1993). Kart
R.Jan Kowsky (eds). Amsterdam. Pág. 38-45.
Rafael Areiza
Londoño
La idea de una
lengua universal en nuestra tradición
filosófica y científica, se remonta, como
muchas otras cosas relacionadas con estos hechos,
por lo menos a Platón, específicamente a su
diálogo el Cratilo (1). Sin embargo, el desarrollo de
teorías del lenguaje como universal, es decir,
el lenguaje como poseedor de una estructura
formal, con características comunes a todas las
lenguas, solamente se formula en el siglo XIX. Se
pueden distinguir dos tendencias que lideran
estas teorías. La primera las teorías lógicas
de ese período, tales como las de Bolzano y
posteriormente la de Frege, con sus antecedentes
en Leibniz y Kant. La segunda, teorías
filosóficas y lingüísticas tales como las de
Willhelm Von Humbolt, basadas entre otras en
Herder y Hamann y siendo en cierto sentido un
desarrollo de teorías del siglo XVIII y otras
inclusive anteriores sobre el origen y naturaleza
de las lenguas.
En el período
clásico se encuentra o una consideración de las
lenguas naturales tal como se plantea en el
análisis etimológico el Cratilo de Platón , o
una consideración del lenguaje y una
explicación del significado en término de
procesos mentales o de pensamiento como los
presentados por Aristóteles en Peri Hermeneias
(I.16ª 5-10), cuando relaciona signos (Semeia)
con dolencias del alma (Pathemata psychai).
Aunque como consecuencia de su análisis, Platón
concluye que el lenguaje no puede contribuir al
conocimiento, para Aristóteles, por otro lado,
la universalidad de la mente (psique) garantiza
el carácter general y el valor cognitivo del
significado asociado con las palabras. Las
palabras pueden difirir de una lengua a otra pero
las pathemata psychai son las mismas para todas(2). Posteriormente los estoicos
forman esta idea y consideran el lekton en este
sentido, como una entidad abstracta (es decir
incorporéa, asomatos) relacionada a la palabra y
al mismo tiempo a nuestra mente(3). Esta tendencia continúa en la
Edad Media hasta el pensamiento moderno y ello se
debe en gran medida a la influencia de la
concepción agustiniana del lenguaje entre los
filósofos medievales como por ejemplo Peter
Abelard (siglo XII).
Ella representa
la influencia y la continuidad en filosofía de
la forma como es visto el lenguajes en relación
con el conocimiento. La pregunta básica de estos
filósofos siempre ha sido ¿cómo puede
contribuir la comprensión de las palabras a
nuestro conocimiento de la realidad?. Como la
diversidad y multiplicidad de la lengua hace del
todo imposible dar una respuesta válida a esta
pregunta la universalidad y la unidad se
interpretan en términos mentales, hay una
estructura mental o conceptual común a toda la
humanidad la cual es ahistórica y atemporal (4).
El desarrollo
por el interés en el lenguaje desde un punto de
vista gramatical siguió un camino diferente,
sobre todo porque la gramática, era generalmente
vista como una disciplina auxiliar, como una
téchne, relacionada con la retórica y con la
interpretación de textos, es decir consideraba
el lenguaje en sí mismo y no en relación con el
conocimiento; pero también se preocupaba por
lenguas concretas como el griego y el latín.
Sólo en los siglos XIII y XIV se le da
importancia a lo de la universalidad con el
advenimiento de las gramáticas especulativas de
ese período
(5).
La tradición
epistemológica comenzada por Platón y
Aristóteles se consolida en Agustín y puede
encontrarse en su concepción en De Magistro
cuando se asegura que los procesos mentales por
sí solos pueden explicar el significado. El
razonamiento de Agustín es fundamental en la
filosofía moderna y está fuertemente
influenciado en su pensamiento, especialmente por
la tradición racionalista de Descartes y por la
Escuela de Port Royal. Sostiene (en la obra
citada) que, dado que los nombres son términos
generales, sólo una entidad mental puede
explicar su generalidad, de la misma manera como
la mente es capaz de alcanzar conocimientos de lo
universal. El platonismo de Agustín, por lo
tanto, explica como el signo tomado en sí mismo
es insuficiente para dar cuenta de la relación
de las cosas con el mundo, ya que esta relación
no se da en primera instancia entre el signo
individual y los objetos particulares y
concretos, sino entre el concepto (o el lenguaje
interno, verbum cordis, en su terminología) y
tipos generales, de los cuales los objetos son
sinsignos. El lenguaje hablado, por tanto,
depende del conocimiento profundo, el cual surge
de la razón natural en el hombre, la que tiene
su origen en Dios, que crea al hombre como ser
racional. La teoría de Agustín sobre la razón
como una luz natural (lumen naturale) de origen
divino en el hombre, se encuentra casi ipsis
litteris en Descartes.
En efecto, esta
visión que se origina en la tradición clásica
resulta de la imposibilidad conceptual o
metodológica de considerarse al lenguaje como un
objeto de estudio en sí. El lenguaje considerado
como un sistema de signos cuya función es
representar la realidad, sólo se puede ver
satisfaciendo esta función por medio de las
ideas, es decir, a través de la mente ya que no
hay un elemento común entre lenguaje y realidad,
que haga que el lenguaje, como un sistema
arbitrario, se refiera a la realidad, al mundo de
las cosas que existen independientemente. La
relación entre las palabras y las cosas tiene
que ser mediada por las ideas, los procesos de
pensamiento y el trabajo de la mente. La mente ,
por su naturaleza abstracta, fue vista como capaz
de acceder a las características más generales
de la realidad, a su esencia, mientras que los
signos, en tanto que unidades concretas y
particulares, no lo podrían hacer. Este es
precisamente el pun to de vista de Agustín, que
ya se mencionó antes. Es, por lo tanto,
perfectamente comprensible que los filósofos
modernos en general - y Descartes es un buen
ejemplo - deberían preocuparse por estudios de
la mente, de la conciencia, como la principal
preocupación de la filosofía antes que del
lenguaje, ya que es a través de los procesos de
pensamiento que somos capaces de conocer la
realidad. El lenguaje es por lo tanto de
importancia secundaria (6).
Me concentraré
en este análisis del desarrollo de la noción de
lenguaje en la filosofía moderna, examinado como
en esta tradición el significado se explicó en
términos de ideas asociadas con palabras y cómo
y cuándo esta concepción comenzó a cambiar,
dándole importancia cada vez mayor a lo que
caracterizaré como la concepción lógica del
lenguaje. Intento establecer algunos aspectos
principales, no sólo de cómo ocurrió el cambio
de una filosofía de la subjetividad a una
filosofía del lenguaje, sino también y más
especialmente, de porqué ocurrió ese cambio.
Quiero enfatizar en que sólo se puede entender
el surgimiento de la noción de lenguaje en el
pensamiento moderno si se toma en consideración
la crítica, como la que se encuentra en Kant, a
las teorías tradicionales de la mente en ese
período. Me limito a la tradición filosófica,
mencionando sólo indirectamente la tradición
filológica o lingüística, no porque sea
irrelevante o incomprensible, sino porque, como
lo señalé, ella tuvo un origen diferente y
siguió otra línea de desarrollo. El foco en
este análisis serán las nociones de signo y
proposición, examinando brevemente diferentes
concepciones de teorías acerca de ellos.
Consideraré
inicialmente a Locke y la escuela de Port Royal
como representantes de la concepción del
significado como algo mental, explicando así la
generalidad. Kant y el desarrollo de la lógica y
la teoría de la ciencia en el siglo XIX con
Bolzano y Frege(7) pueden tomarse como
representantes de la posición opuesta, es decir,
de que la universalidad del lenguaje debe ser
entendida en términos de una estructura formal
abstracta y no en términos de procesos mentales.
Me concentraré en Kant y trataré de mostrar
que, en cierto sentido, él abre la senda hacia
el desarrollo de la tradición analítica en la
lógica y la filosofía del lenguaje
contemporáneo.
La visión
prevaleciente en los principios del pensamiento
moderno se puede ilustrar con una carta enviada
por Descartes (de noviembre 20 de 1629) al padre
Mersenne, antiguo compañero e interlocutor por
mucho tiempo. Aunque Descartes nunca escribió
algo sistemático sobre el lenguaje, hablaba en
su carta sobre la propuesta de una lengua
artificial universal, -una entre otras tantas en
esa época- sostenía que tal lengua no debería
tener ninguna utilidad para el conocimiento
científico, sino que por el contrario, la
posibilidad de desarrollar tal lengua presuponía
el logro de un verdadero conocimiento científico
que por si sólo podría acarrear los criterios
de corrección en el lenguaje.
El lenguaje se
entiende por lo tanto, como la expresión de un
pensamiento formado previa e independientemente.
Es un sistema de signos cuya capacidad de
significar se deriva de su asociación con ideas
en la mente de los hablantes. Las ideas
representan la realidad y las palabras
representan ideas, las palabras por tanto
representan la realidad a través de las ideas.
Los dos mejores ejemplos de esta concepción se
encuentran en la teoría lógica de Port Royal y
en la exposición de Locke acerca de la
importancia del lenguaje.
«La logique ou
l'art de penser» de Port Royal (Arnauld 1981
[1662]) fue un manual de mucha influencia en la
lógica usado en Francia bien entrado el siglo
XIX (8). Allí se lee:
«No podemos
expresar nada con nuestras palabras sino
cuando entendemos lo que decimos, hasta no
estar seguros de la idea de lo que
significamos con nuestras palabras» (I.1).
Por lo tanto las
palabras como signos presuponen ideas como
representaciones de cosas significadas. Más
adelante en el mismo libro dice:
«En fin,
hay una gran equívocación en la palabra
«arbitrario», cuando se dice que la
significación de las palabras es arbitraria.
Es verdad que es una cosa puramente
arbitraria la que asocia las ideas a tal
sonido más que otro; pero las ideas no son
cosas arbitrarias [...] y en consecuencias su
razonamiento no ha sido un conjunto de
nombres según una convención surgida de las
fantasías de los hombres, sino un juicio
sólido y efectivo de la naturaleza de las
cosas dependiendo de las ideas que hay en la
mente, que hay en el espíritu, de las cuales
se han valido los hombres para asignar a
determinadas palabras».
Encontramos en
este párrafo una síntesis de las principales
ideas sobre la concepción que sobre el lenguaje
plantea Port Royal. La relación entre las ideas
y las cosas no es arbitraria, por lo tanto el
significado de las palabras no es arbitrario en
tanto que tiene una relación con las ideas. Sin
embargo las ideas no tienen una relación
puramente arbitraria o convencional con la
realidad, sino que más bien son unas
representaciones que llegan a ser casi igual a la
naturaleza real de las cosas.
La concepción
de Locke es similar a esa. En un famoso pasaje de
su obra «Ensayo sobre el entendimiento humano»
(1690), define la semiótica (IV.cap.21, Sec.4)
como la doctrina de los signos. Y en su tratado
«De la conducta del entendimiento» (1697) hay
un pasaje muy explícito en este aspecto
(sección 29):
«Los que
quieran manejar bien el entendimiento, no
deben tomar ninguna palabra como
representación de algo, hasta que no tengan
una idea exacta de lo que significa. Una
palabra puede usarse como si representara
algún ser real, pero si el que lee no puede
formarse una idea clara de ese ser, para él
es sólo un sonido vacío sin significado».
De acuerdo con
Kretzmann (1977) esta es precisamente la
principal teoría semántica de Locke. Las ideas
son signos de las cosas y las palabras son signos
de las ideas. Sin embargo, en muchos aspectos,
esto no es muy diferente de la caracterización
Aristotélica de Semeia en Peri Hermeneias (I,
16ª 5-10). Se puede decir que las tesis de Locke
y Port Royal son un desarrollo casi en línea
directa de Aristóteles. En cierto sentido llenan
muchos vacíos de la formulación un tanto
superficial de Aristóteles. Lo que se añade es
el énfasis de la epistemología, sobre el
problemas del conocimiento como prioridad, así
como la noción de idea como representación con
un contenido cognitivo. La idea puede entenderse
como desarrollo de la pathemata psychai, pero el
hecho epitemológico se puede encontrar desde el
Cratilo de Platón, como se señaló arriba.
Esto no quiere
decir que las tesis de Locke y de Port Royal en
nada contribuyen, ni tampoco que sean
irrelevantes; por el contrario, tuvieron una gran
influencia en su tiempo, pero desde mi punto de
vista, se pueden ver como pertenecientes a la
misma tradición de la filosofía clásica. Hay
una terminología que surge como consecuencia de
la importancia de la sicología y de la
subjetividad, típica de la filosofía moderna,
lo cual es una nueva perspectiva.
La contribución
de la filosofía moderna parece ser el desarrollo
de una teoría de la mente, o mejor , de una
teoría sicológica más empírica de la mente,
dentro de la escuela empirista, y una concepción
racionalista, innatista en la escuela cartesiana,
pero en cuanto al lenguaje y al problema del
significado, ésta es perfectamente compatible
con el pensamiento clásico y aunque Locke
representa el empirismo y Port Royal el
racionalismo cartesiano (9), el primero estuvo fuertemente
influenciado por Descartes y aunque no coinciden
en cuanto a la naturaleza y al origen de las
ideas, si adoptan el mismo esquema de relación
entre palabras e ideas y entre ideas y cosas.
La primera
ruptura importante de esta manera de pensar se
encuentra en Leibniz. El fue probablemente el
primero en criticar el subjetivismo en la
filosofía moderna. Escribió contra Locke en su
«Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano»
(escrito en 1700, publicado póstumamente sólo
en 1750) y también lo hizo contra los
cartesianos. Pensaba que la epistemología no
debería fundamentarse en una concepción
subjetiva de la mente, sino en la lógica, ya que
la naturaleza humana, esencialmente limitada, no
podría dar los fundamentos para la universalidad
y las necesidades requeridas por la ciencia,
especialmente de las ciencias formales como las
matemáticas. Para Leibniz, en oposición a
Descartes, (véase arriba ) un lenguaje adecuado
debería ser una parte esencial de un proyecto de
avance de una ciencia y su aprendizaje desde un
punto de vista heurístico y sus characteristica
universalis es precisamente desempeñar este
papel. Sin embargo, Leibniz nunca trató de
formular este lenguaje debido quizá en parte a
que no tenía el concepto de lenguaje en tanto
que estructura abstracta formal y aún mantenía
la visión de lenguaje como un sistema de signos.
Así que, dentro
de esta tradición, es Kant quien debe ser
considerado como el líder en este primer paso
del desarrollo de lo que se podría llamar una
visión lógica del lenguaje. Kant criticó
precisamente la concepción del conocimiento como
una relación entre las ideas y la realidad,
refutando de este modo la postulación de que las
ideas pueden ser signos de las cosas y que el
conocimiento está construido de esta manera. Por
lo tanto aunque Kant nunca formuló una teoría
Semántica como la de Locke y no escribió mucho
sobre el lenguaje, mi punto de vista es de que
encontramos en su filosofía, particularmente en
su teoría del conocimiento, una cantidad de
elementos con los cuales se abre la vía para el
cambio en el punto de vista del lenguaje como un
sistema se signos.
Estos elementos
son:
A. Su
Teoría del juicio, especialmente el concepto
de que los juicios lógicamente son
anteriores a los conceptos (Begriffe).
B. Su
rechazo a la intuición intelectual
(Anschauung) como un medio para captar la
esencia.
C. Su
crítica a la noción cartesiana de mente
como una sustancia del pensar, una res
cogitans.
Aunque todos
ellos son parte de una estrategia común de
razonamiento contra la metafísica tradicional y
el racionalismo dogmático, propongo que cada uno
de estos elementos se considere por separado.
A. Primero tomo
en consideración la Teoría del Juicio de Kant
tal como se encuentra en la Deducción
trascedental en la Crítica de la razón pura
(1781). En cierta manera los otros elementos
pueden verse como aspectos de esta teoría o al
menos como presupuesto. En este aspecto, enfatiza
en la importancia de la lección I, parte 4 de la
lógica trascendente. Allí sostiene que «la
cognición del entendimiento humano es una
cognición que se hace a través de la
concepción no intuitiva, sino discursiva, y
agrega:
«Ahora, la
comprensión no puede hacer uso de estas
concepciones más que para juzgar por medio
de ellas. (...) pero se pueden reducir todos
los actos de la comprensión a los juicios,
de tal manera que la comprensión puede ser
representada como la facultad del juicio.
Porque es (...) una facultad del pensamiento.
Ahora, el pensamiento es cognición mediante
conceptos, pero conceptos como predicados de
posibles juicios, relacionados a algunas
representaciones de un objeto aún
indeterminado»
Para Kant, por
lo tanto un concepto (el equivalente en su
terminología a la idea de un objeto en la
concepción tradicional) debe ser considerado
como un predicado de un posible juicio. Es la
tesis de Kant sobre la (lógica) prioridad de los
juicios sobre los conceptos ,lo cual hace posible
superar la visión tradicional de lenguaje como
un sistema de signos. El pensamiento es de
naturaleza discursiva y esta naturaleza
discursiva la expresa a través de sus funciones
de enjuiciar. Es la estructura del juicio la que
define el pensamiento y hace posible la
definición de los objetos a través de los
conceptos. Por lo tanto un concepto depende de un
juicio para cumplir su función representativa.
Esto se puede constatar por ejemplo, con la
definición de lógica de Port Royal como
compuesto por las facultades de «concebir,
juzgar y razonar», en ese orden.
B. El rechazo de
Kant a la intuición intelectual (intuitus,
Anschauung) como la facultad que nos permite
comprender la naturaleza absoluta de la realidad,
se basa en su idea de que sólo se puede conocer
directamente lo que producimos; por lo tanto,
conocemos la realidad como nos la representamos,
no exactamente como ella es (el Ding-an-sich).
Entonces ya no es válida la presuposición de
una relación entre las ideas y las cosas. El
conocimiento es entonces posible como una
representación y ésta debe ser discursiva, como
resultado de un acto de juicio.
C. El rechazo de
Kant a la teoría de la men te de Descartes como
una sustancia del pensamiento sigue una línea
similar de argumentación. Es imposible explicar
la relación entre la sustancia del pensamiento
(res cogitans) y la naturaleza del mundo (res
extensa) sin la intervención de Dios, ya que
ambas pertenecen a diferentes clases de realidad.
Si consideramos, como lo dice Kant, la mente como
la facultad del conocimiento, siendo el
conocimiento el resultado de la sensibilidad y la
comprensión, podemos decir entonces que es la
estructura del juicio la que es isomórfica a la
estructura del fenómeno tal como se aparece ante
nosotros y que por lo tanto son de la misma
clase, en tanto que estructuras.
Creo que se
puede decir que casi un siglo después G.Frege en
su «Fundamentos de Aritmética» (1884),
defiende la posición de que es sólo a través
de definiciones, las cuales son proposiciones,
que podemos determinar objetos abstractos tales
como los números, siguiendo una vía iniciada
por Kant
(10). En
este sentido, el punto crítico que da origen a
la concepción del lenguaje como un sistema
formal, estructura mediante la cual se puede
representar la realidad, también vista como una
estructura formada por los objetos y sus
propiedades, se puede considerar que arranca en
Kant en la teoría del juicio.
NOTAS
(1) Véase la
hipótesis del nomothetes (8388 e 7-389ª3).
Aunque hay diferentes lenguas, el nomothetes
tiene como punto de partida una lengua ideal, la
forma del nombre, «El Legislador
debe[...]hacer y dar todos los nombres con la
visión del nombre ideal [...] (389e). Véase
también a Goldschmidt (1982:68-69).
(3) Véase Mater
(1973), principalmente capítulos II y III.
(2) Para un
análisis de la influencia de la visión de
Aristóteles sobre este aspecto, véase Arens
(p.84).
(4) En la
filosofía del lenguaje actual, Davidson sostiene
una posición similar, por ejemplo en su
artículo «On the very idea of a conceptual
schema» (1985).
(5) Para conocer
la importancia de las gramáticas especulativas y
su tradición resultante, véase Buzzetli y
Ferriani (1987).
(6) Por su
puesto que hay filósofos que aún reconocen la
importancia del lenguaje. Locke es un buen
ejemplo de esto cuando dice "hay una
relación muy intima entre las ideas y las
palabras. (...) hasta el punto de que es
imposible hablar clara y significativamente de
nuestro conocimiento el cual consta de
proposiciones), sin considerar primera la
naturaleza, uso y significancia del
lenguaje" (Ensayo, 1960,2,33,19)- sin
embargo, esto no es suficiente para caracterizar
los principios de una filosofía del lenguaje,
propiamente dicha, como se verá más adelante.
(7) Bolzano en
su Wissenschaftslehre (1937) le da gran
importancia a la Semántica y tiene a la
proposición como uno de sus conceptos funda
mentales (Satz an sich, 48). Frege en su
introducción a su «fundamentos de la
aritmética» (1884) defiende la necesidad de
separar estrictamente la lógica de la
sicología. Véase también A. Coffa (1991)
primera parte.
(8) Para un
análisis de las teorías de Port Royal . véase
Pariente (1985).
(9) En términos
generales, el racionalismo se puede entender como
una concepción filosófica que le da a la razón
natural un papel central en el proceso de
conocimiento y considera que algunas de nuestras
ideas básicas son innatas. El empirismo defiende
los sentidos como un punto de partida del
conocimiento y considera todas las ideas como
originadas por la sensibilidad, refutando el
innatismo.
(10) Véase
especialmente la «Introducción», así como la
paarte IV; «la concepción de número» 60 es
particularmente relevante.
BIBLIOGRAFIA
ARENS,
Hans.1984. Aristotle´s theory of Language and
its Tradition. Amsterdam & Philadelphia:
John Benjamins.
ARISTOTLE. 1985.
De Interpretatione. Oxfford: Clarendon Press.
ARNAULD, Antoine
& Pierre Nicole. 1981[1962]. La Logique ou
l´art de penser. Paris: Vrin.
AUGUSTINE. 1975.
De Magistro. (=Os pensadores) Sao Paulo:
Abril.
BOLZANO,
Bernard, 1929-1931 [1837]. Wissenschaftslehre.
4 vols. Ed. By Wolfgang Schultz. Leipzzig:
Meiner.
BUZZETTI, Dino
& Maurizio Ferriani, eds. 1987. Speculative
Grammar, Universal Grammar, and Philosophical
Analysis of Languaje. Amsterdam &
Philadelphia: John Benjamins.
COFFA, Alberto.
1991. The Semantic Tradition from Kant to
Carnap ed. By Linda Wessels. Cambridge
Univ.Press.
DAVIDSON,
Donald. 1985. On the very idea of a conceptual
schema. Inquiries into Meaning and Truth.
Oxford: Clarendon Press.
DESCARTES,
René. 1965. Oeuvres. Paris: Gallimard.
FREGE, Gottlob.
1968 [1884]. The Foundations of Arithmetic: A
logico-mathematical enquiry into the concept of
number. 2nd ed.Evanston, III: Northwestern
Univ.Press.
GOLDSCHMIDT,
Victor. 1982 [1940]. Essai sur le «Cratyle»:
Contribution a l´histoire de la pensée de
Platon. París: Vrin.
KANT, Immanuel.
1953 [1781]. The Critique of Pure Reason.
(=Great Books of the Western World, 39:1-250)
Chicago, III: Encyclopedia Britannica, Inc. 2nd
ed.
KRETZMANN,
Norman. 1977. The Main Thesis of Locke´s
Semantic Theory. Locke on Human
Undestanding de. Ian C. Tipton, 123-140.
Oxford & New York: Oxford Univ.Press.
LEIBNIZ,
Gottfried Wilhelm. 1962 [1750]. Nouveaux
essais sur l´entendement humain. Paris:
Vrin.
LOCKE, John.
1990 [1690]. An Essay Concerning Human
Understanding. (=Great Books of the Western
World, 33:85-400) Chicago, III: Encyclopedia
Britannica, Inc. 2nd de.
MATES, Benson.
1973 [1953]. Stoic Logic. Berkeley &
Los Angeles: Univ. Of California Press.
PARIENTE, Jean
Claude. 1985. L´Analyse du langage á
Port-Royal: Six études logico- grammaticales.
Paris: Minuit.
PLATO, 1975. Cratylus.
Oxford: Clarendon Press.
|