El
pensamiento económico de Jeremy BenthamCarlos Ramiro Bravo
«Que nadie
se sorprenda o escandalice si me encuentra,
en el curso de esta obra valorizando todo en
dinero. De este modo, únicamente, es como
podemos tener partes alícuotas para
medir(1)»
Después de los
sesenta años Bentham (1789), pensaba en
radicarse en América Latina, escogió como
países de su ideal a México y Venezuela. En
particual le atraía el clima tropical, la
vegetación y la posibilidad de asesorar a los
nacientes estados en materia legislativa. Su
actividad intelectual entre 1778 y 1785, la
concentró en la producción de textos Y cartas
en el orden legislativo.
Comenta W. Stark
en el prólogo de los escritos económicos de
Bentham, que «De creyente en la monarquía, se
formó un protagonista del sistema democrático(2)», estructurado en un sistema
jurídico racional, positivamente configurado.
Las experiencias de la vida le enseñaron que
«los reyes eran duros de corazón y sin la menor
disposición para cumplir con su deber sagrado(3)» .
Así mismo,
afirma, que Bentham, «era el producto típico de
la era del despotismo ilustrado(4)».
Bentham, nació
en 1748 y había logrado alcanzar admiración y
aprecio entre cierta élite de ilustrados de
América Latina, quienes veían en él, al
ingeniero social que contribuiría con sus obras
a sacar del escolasticismo la educación y el
pensamiento socioeconómico de los nacientes
estados. El pragmatismo de sus concepciones
jurídico-económicas mecanicistas cautivaba el
entusiasmo de sus seguidores.
«Esta
filosofía pan-mecanicista era tan
característica del siglo XVIII que había
moldeado la mentalidad de Bentham, de la
misma manera que estaban arraigados sus
planes y proyectos de legislación, según
vimos, en la ideología del despotismo
ilustrado. A medida que transcurrieron las
décadas y se acercaba el siglo XIX, el
despotismo ilustrado perdió buena parte de
su influencia sobre el pensamiento europeo y
fue sustituido rápidamente por una
perspectiva más histórica y organológica.
Bentham no cerró por completo su corazón
contra los nuevos movimientos; ciertamente,
su «Ensayo sobre la influencia del tiempo y
del espacio en materia de legislación», que
reconoce que un mismo principio legislativo
no puede aplicarse automáticamente en todas
las situaciones, data de una fecha
relativamente reciente. Pero en el fondo,
Bentham permaneció fiel a la idea de un
mecanicismo congruente».
La época de
Bentham, son los tiempos de la revolución
industrial, de las guerras independentistas y la
formación de los nacientes estados
latinoamericanos. Desde el punto de vista
jurídico y económico es el exponente de la
mentalidad racional del estado y la ideología
burguesa mercantilista, inspirado en un
individualismo ilustrado económico práctico, en
gran parte aquí radicó la incomprensión de su
pensamiento por parte de los sectores
reaccionarios de la Nueva Granada a comienzos del
siglo XIX. Según Stark, quien asumió la tarea
de compilar los escritos de Bentham, comenta que
solamente los escritos económicos, la «Defensa
de la usura y las observaciones sobre el sistema
comercial restrictivo y prohibitivo», vieron la
luz estando él vivo, y aún cuando Browring, en
sus «Obras de Jeremy Bentham», proporcionaron
unas cuantas más, la mayor y mejor parte del
pensamiento económico del gran filósofo
utilitarista, permaneció sin conocerse hasta
1952(5). La primera edición de
los escritos económicos, se hizo en 1965 por el
Fondo de Cultura Económica.
Entre los
artículos y obras económicas escritas por
Bentham se destacan las siguientes:
- La
Psicología del hombre económico
- Defensa de
la Usura. Carga a Crichoff, Rusia Blanca,
Enero de 1787.
- La
verdadera alarma. Un punto de vista sobre el
papel moneda, sus buenos y malos efectos, sus
remedios y su relación con la riqueza real
(1801).
-
Consideraciones preliminares. De la riqueza
considerada en sus modificaciones, su valor y
sus orígenes.
- Defensa de
un máximo, 1801
- Las
colonias y la marina
- Filosofía
de la Ciencia Económica (1795-1795)
-
Precógnita y pre-congnoscenda lugar de la
economía política en el mapa de la Ciencia
Política (1793-1795)
- El arte.
Riqueza (1793-1795)
La Psicología
del hombre económico, es un ensayo, que se
desarrolla en 34 numerales romanos, unas
veintisiete páginas a un solo espacio
aproximadamente en la edición del Fondo de
Cultura Económica. El ensayo en su
encabezamiento afirma que la «noción» de
hombre, es la de un ser que anhela la felicidad,
tanto en el éxito como en el fracaso, y en todos
sus actos continuará haciéndolo, mientras siga
siendo hombre». La visión ontológica de
Bentham, acerca del hombre es la mirada ética de
un ser que sufre y goza, pero que
fundamentalmente sus actos deben producir el
placer, el bienestar y no el sufrimiento, en
consecuencia la felicidad, no es la concepción
aristotélica de la felicidad metafísica, sino
la felicidad terrena, que se logra en la medida
que se accede a la riqueza, al dinero, y en esta
tarea el Estado, las leyes, la economía deben
cumplir su función de velar por la seguridad del
Bienestar Social. La felicidad que proclama
Bentham, es la «mayor felicidad del mayor
número lo que da la me dida de lo justo y lo
injusto».
Esta
declaración utilitarista de principios choca
directamente con la concepción ontológica
escolástica colonial.
El principio de
autopreferencia, es decir, «el interés de la
propia consideración predomina sobre todos los
demás en conjunto. Más brevemente; prevalece la
propia estimación, o bien, la autopreferencia se
encuentra en todas partes». La felicidad del
mayor número como medida de lo justo y lo
injusto, es resultante de la sumatoria individual
independientemente de la solidaridad social. El
principio de autopreferencia, es inherente a la
naturaleza humana, como propensión en cada acto
que ejecuta el hombre. Bentham afirma que la
existencia de la especie humana es el mejor
ejemplo de autopreferencia, y sin ella no
existiría. El interés en una materia o cosa lo
es para el hombre en la medida que estas le son
susceptibles de placer o exención del dolor. Al
respecto afirma:
«La única
causa eficiente de la acción es el interés, si
tomamos el término en su más amplio sentido; es
decir, según la percepción que, en el momento
de que se trata tenga de su interés más
enérgicamente persuasivo: el interés
determinado por la antipatía y simpatía
sociales, incluyendo de igual modo al que es de
naturaleza puramente autoestimativa. Unicamente
por un sentido de interés, por la eventual
expectativa de placer o dolor, es como puede ser
influida la conducta humana en cualquier caso. Si
es por cualquier opinión, que se supone formada
por otros hombres, como puede ser influida la
conducta de un hombre, en cualquier forma y
cualquier grado, sólo puede producirse la
influencia por medio de la acción esperada, por
tanto, de la voluntad correspondiente de los
individuos en cuestión; la expectativa es que,
por la opinión, favorable o desfavorable, se
producirá la voluntad correspondiente y, con
ella, la acción respectiva en forma de buenos o
malos oficios; y por esos buenos o malos oficios
por una parte el placer y el dolor por la
otra»(6).
La
acción es la consecuencia inmediata, del
proceso sociológico que se realiza en un
tiempo dado que bien puede ir desde un
segundo hasta cualquier número de años.
Según el autor
la sicología del hombre económico se halla
animada por el interés (motivos) por la
posesión de cosas o bienes y le produce la
felicidad, el deseo, la esperanza, la adversión
al dolor, la acción, la voluntad y la
inclinación.
El interés es
el impulso que mueve a la persona a la acción,
quien se apoya en los medios para lograr sus
objetivos.
La acción es la
consecuencia inmediata, del proceso sociológico
que se realiza en un tiempo dado que bien puede
ir desde un segundo hasta cualquier número de
años. Interés, voluntad y acción es la triada
mecánica en los seres humanos para llegar a la
felicidad. Sin embargo la relación no es
mecánica, se requiere de los incentivos o
estímulos, para alcanzar el servicio de los
demás. Esto llevado al campo de trabajo, es de
gran significado en la sicología laboral, al
respecto afirma Bentham:
«Por el
principio de propia estimación, mientras
más urgente es la necesidad que siente un
hombre de obtener la bondad y la buena
voluntad de los demás, más enérgicos y
firmes serán sus esfuerzos para
conseguirlas, y si la necesidad es menor, los
esfuerzos serán menos intensos. La bondad y
la buena voluntad y, por ello, en ocasiones
los buenos oficios, los servicios de otras
personas (en los casos en los que falta el
poder remunerativo), no se pueden obtener de
ninguna otra manera sino por demostraciones
de la misma bon dad, en esfuerzo y en efecto,
por parte del hombre hacia ellos. Mientras
mayor es su necesidad de benevolencia
efectiva de los demás, mayor es el incentivo
que él tiene para manifestar benevolencia
efectiva hacia ellos -estímulo que, de este
modo, la prudencia autoestimativa basta para
proporcionar; si la necesidad es menor, menos
fuerte será este aliciente.
De este
modo, mientras un hombre se sienta
generalmente más expuesto a recibir malos
tratos a manos de otros, más fuerte será el
aliciente que tenga para otorgarles un buen
trato, con el propósito de apartar de él
los efectos de sus malas voluntades»(7)
El principio de
propia estimación, llevado a la práctica en una
sociedad colonial-esclavista, necesariamente
genera resistencias por parte de los sectores
esclavistas y sería bien recibida por los
sectores oprimidos. El principio de la
autopreferencia o de la propia estimación
encierra un contenido universal válido para
todos los individuos. Es claro el plantemiento de
Bentham en la relación que se debe establecer
entre la sicología individual y la riqueza como
baluarte de la felicidad. La concepción
utilitarista del autor entra en confrontación
con la visión metafísica de la austeridad y la
salvación que predica la iglesia. Bentham
concluye:
«Los hombres
que están animados por un sentimiento de
consideración hacia todas las cosas menos hacia
ellos mismo, son tontos; aquellos cuya
consideración está circunscrita a ellos mismos,
son prudentes. Yo me cuento entre el número de
prudentes».
El
principio de propia estimación, llevado a la
práctica en una sociedad
colonial-esclavista, necesariamente genera
resistencias por parte de los sectores
esclavistas y sería bien recibida por los
sectores oprimidos.
Ser prudente,
implica ser portador y defensor del principio de
autopreferencia y estimación, por que me estimo
me autoprefiero sobre todo lo demás, lo
contrario es ser tonto.
Para ejercitar
el principio de la autopreferencia base de la
propia conservación es indispensable el trabajo,
la laboriosidad y el amor al trabajo, por medio
de los cuales se alcanza la riqueza, en este
sentido Bentham rechaza el ocio improductivo en
el campo material e intelectual. Para él, el
sacrificio de los intereses privados en bien del
interés público, es un sacrificio autosupuesto,
no gratuito que generalmente se halla asociado a
la reputación y el poder. Interés público e
interés privado, son opuestos y contradictorios,
«a tal grado que, si cualquiera de ellos se
persigue exclusivamente, el otro debería ser
sacrificado»(8)
Opuestamente a
Rousseau, Bentham no concibe la solidaridad
social o el interés por el pueblo, como parte de
la conducta del hombre, «Tal vez sí, por un
momento, bajo el estímulo producido por un buen
discurso; pero en algo que sea persistente,
jamás ningún grupo humano está determinado por
ninguna otra consideración que no sea su
concepto de lo que es, en un máximo grado,
beneficioso para sus intereses puramente de
propia estimación»(9). En sus comportamientos los
hombres se ven obligados a hacer resistencia a
los demás, con el fin de favorecer su propia
estimación, de «ahí proviene la sed intensa y
universal de poder, y el igualmente predominante
odio a la esclavitud»(10). «El yo lo es todo»(11), el interés individual predomina
sobre el interés social: «El propio interés
particular de cada persona, sobre los intereses
de todas las demás personas juntas»(12). La virtud pública
frecuentemente se torna como locura. Al leer la
obra de Bentham, uno se pregunta: ¿está el
autor describiendo la cotidianidad que se está
viviendo en la sociedad inglesa o está
predicando un nuevo catecismo del ideario bur
gués?. Al respecto, él dice: «Parece que oigo
decir a alguno de ustedes: «Vaya cuadro el que
se nos está presentando de la naturaleza humana,
este hombre viejo y pesimista! Como si no
existieran tales cualidades como el desinterés,
la filantropía, o la disposición hacia la
abnegación, en toda la especie humana», el
autor se halla convencido que «lo que prevalece
entre los hombres es el hábito de la
autopreferencia, cuya influencia es poderosa,
constante, uniforme, permanente y más
generalizada ente la humanidad»(13). De manera contundente se declara
defensor a ultranza del sistema capitalista: «El
sistema de economía que se construya sobre
cualquier otra base, se edifica sobre la base
falsa».
La pasión por
el cálculo es una de las cualidades de la
psicología del hombre económico, al respecto
dice:
«¿quién
hay que no calcule? Todos los hombres lo
hacen, algunos con menos exactitud y otros
con más; pero todos lo hacen. Yo no podría
decir que hasta un loco no calcule. La
pasión es calculadora más o menos, en todos
los hombres; en diferentes hombres según el
entusiasmo o la frialdad de su disposición;
en otros de acuerdo con la serenidad o
excitabilidad de su ánimo, según la
naturaleza de los motivos por los que
actúen».
La intensidad,
la duración, la certidumbre o incertidumbre, la
proximidad o lejanía son las circunstancias que
se deben considerar al estimar el placer o el
dolor. El dinero es la medida más exacta de la
cantidad de dolor o de placer que cualquier
hombre pueda recibir». «De su dinero es de
donde procede la parte principal de los placeres
del hombre, y es la única que es susceptible de
cálculo». «De esto se deduce que muy
probablemente un hombre rico tenga más
posibilidades de ser más feliz, que un hombre
más pobre». En Bentham se encuentra la
exposición más cruda de apología del dinero
como única fuente de felicidad. En la vida real
los hombres más ricos no necesariamente son los
más felices, ni los hombres que trabajan más
duro, necesariamente son los que ganan más
dinero. Para Bentham como se anotó anteriormente
el dinero es la fuente de la mayor felicidad que
es equivalente a utilidad. Su concepción es la
aritmética del dinero esencial en la economía
política. Para él la máxima igualdad no existe
sino en la física, entre los hombres se habla
únicamente de igualdad practicable, que se puede
expresar en la ley. La igualdad requiere que el
salario del trabajo sea elevado al máximo.
Por utilidad
Bentham entiende:
«Por
utilidad se entiende la propiedad, en
cualquier objeto, por medio de la cual,
tiende a producir beneficio, ventaja, placer,
bien o felicidad (en el presente caso todas
vienen a ser lo mismo), o (lo que igualmente
viene a ser lo mismo) para impedir que le
ocurran: el perjuicio, el dolor, el mal o la
desdicha a la parte cuyos intereses se
consideran; si esta parte es la comunidad en
general, entonces la felicidad de la
comunidad; sí la de un individuo en
particular, entonces la felicidad de ese
individuo.
El interés
de la comunidad es una de las expresiones
más generales que pueden encontrarse en la
fraseología de la moral; no es extraño que
su significado se pierda a menudo. Cuando
tiene un significado, es éste. La comunidad
es un cuerpo ficticio, compuesto de personas
individuales que están consideradas como si
fueran sus miembros. El interés de la
comunidad ¿entonces qué és? - la suma de
los intereses de distintos miembros que la
componen
Es en vano
hablar del interés de la comunidad, sin
comprender lo que es el interés del
individuo. Se dice de una cosas que promueve
el interés, o que es por el interés del
individuo, cuando tiende a aumentar la suma
total de sus placeres: o, lo que viene a ser
lo mismo, a disminuir la suma total de sus
penas»(14)
Bentham,
compara que así como el termómetro y
barómetro son los instrumentos para medir la
temperatura y la presión, «el dinero es el
instrumento para estimar la cantidad de dolor
o de placer. Los que no estén satisfechos
con la exactitud de este instrumento deben
buscar algún otro que sea más exacto, o
decir adiós a la política y a la moral«.
En este punto,
Bentham es consecuente con su concepción, a
pesar del extremismo de su forma de pensar acerca
de la «filosofía del dinero», según la cual,
los principios morales, políticos y de justicia
social se hallan descartados. El principio de la
«máxima felicidad» es un principio
fundamental; y el principio de la felicidad
enumerativa es su principio específico:
prefiérase la felicidad de la mayoría a la del
menor número».
Bentham, concibe
que la sociedad debe estar regida por un conjunto
de leyes o Pannomio, voluntad de una persona o
personas, no de la voluntad de la soberanía
popular. El gobierno y las leyes deben garantizar
la seguridad universal, mediante la producción
de materiales, de tal manera que se garantice la
seguridad, la subsistencia e igualdad. El
principio providente de la seguridad tiene como
objetivos, el aseguramiento de la subsistencia,
la elevación al máximo de la abundancia y la
mínima desigualdad. El objetivo de las leyes
civiles y penales es garantizar la seguridad de
las propiedades. Las leyes deben combatir los
delitos contra la población y los delitos contra
la riqueza nacional. Es sistema jurídico está
íntimamente articulado a la economía política.
La concepción
positiva de Bentham con relación a la política
y la moral se sustenta en la investigación
basada en la experimentación y la observación,
afirma al respecto que «una teoría, en verdad,
no es buena hasta en tanto que sus indicaciones
no reciban, en su oportunidad, la confirmación
de la experiencia»(15)
En su
concepción económica utilitarista, Bentham, no
solamente sustenta la filosofía del dinero, la
filosofía de la ciencia económica, las colonias
y la marina, la economía política, la
psicología del hombre económico, sino que
también hace la defensa de la usura, los seguros
económicos, el papel moneda, los bancos y los
monopolios.
La usura
es permitida en cierta medida en especial con
los pródigos que no teniendo como acceder a
créditos normales tiene que acudir al
usurero para poder solventar su situación.
Acerca de la
usura inicia su obra haciendo la siguiente
reflexión:
«Precisamente
ahora me ha dado el capricho de importunarlo
con mis razones, las cuales puede usted
mandar imprimir si las considera dignas de
servir a algún buen propósito o, de lo
contrario, arrojarlas al fuego, lo que sería
menos molesto. En una palabra, el
razonamiento que acostumbro formularme a mí
mismo sobre este tema, es el siguiente:
ningún hombre de edad madura y en su sano
juicio, que actúe libremente y tenga los
ojos abiertos, debe ser obstaculizado para
que pueda, considerarlo su propio beneficio,
realizar una transacción con el objeto de
obtener dinero en la forma que crea
conveniente; ni que nadie le impida (como
consecuencia necesaria), proporcionárselo en
las condiciones que juzgue conveniente
aceptar. Como puede usted ver, si esta
proposición se aceptase, barrería de un
solo golpe con todos los obstáculos que las
leyes de derecho escrito o consuetudinario,
con un buen criterio, han interpuesto contra
el atroz pecado de la usura o contra la tan
duramente calificada y poco conocida
práctica de la Terceria a la que debemos
agregar una parte del cambiante y casi
desconocido delito de la manutención«.(16)
En su reflexión
Bentham, parte del planteamiento tradicional de
que la usura es mala y como tal debe impedirse,
los usureros son malas personas y como tal debe
ser castigados y suprimidos, así piensan las
personas y esta idea se ha trasmitido a sus
descendientes. Si se castiga la usura es porque
existe una ley que fija las tasas de interés
permitida. La usura es permitida en cierta medida
en especial con los pródigos que no teniendo
como acceder a créditos normales tiene que
acudir al usurero para poder solventar su
situación. Bentham es partidario del sistema de
crédito de sacar y más sacar, de vender letras
de cambio a menor precio, préstamos sobre
prendas, el pago de comisiones. En tanto es
partidario de la usura, es partidario también de
préstamos favorables a los proyectistas, o
inversores empresariales, «el dinero se puede
pedir prestado en cualquier condición que puedan
obtenerlo». Este artículo sobre la usura fue
escrito en 1787.
El pensamiento
económico de Betham, encarna el más crudo
pragmatismo de la mentalidad mercantilista -
capitalista, en un momento de la historia
económica en que este sistema se viene
desarrollando como el modelo de modernización
racionalista en Inglaterra. El ideario
Benthamista venía siendo asimilado por las
élites ilustradas criollas de América Latina,
entre los que se incluye a Simón Bolívar,
Francisco de Miranda, Bernardo O´Higgins, José
de San Martín, Bernardino Rivadavia y Francisco
de Paula Santander.
En la Gran
Colombia, por la ley del 18 de Marzo de 1826 y el
Decreto 3 de Octubre del mismo año, se
reglamentó el estudio de los textos de Bentham
en las Universidades de Quito, Bogotá y Caracas,
así como las obras de Juan Bautista Say,
Montesquieu, Mably y Condillac. Bentham por su
concepción utilitarista burguesa encontró la
más absurda resistencia en 1826 y años
posteriores, convirtiéndose en el motivo de
escándalo de la educación en la Gran Colombia.
Polemica
en torno a Jeremy Bentham en la Nueva Granada
El nombre de
Jeremy Bentham ya era conocido por una minoría
en la Nueva Granada desde 1822, desde entonces ya
se citaba en La Bagatela de Nariño, de ello dan
testimonio Angel y Rufino J. Cuervo(17). Comenta Jaime Jaramillo, que la
popularidad de Bentham entre las clases cultas
era explicable en tanto: «El benthanismo, como
doctrina filosófica, era solo uno de los
aspectos de la tendencia del espíritu moderno
hacia la investigación de la naturaleza, a la
elaboración de los hechos como base de la
elaboración de la ciencia»(18), además continúa el
historiador, el mayor atractivo: «Eran sus dos
rasgos característicos: el racionalismo
jurídico y su ética típicamente burguesa»(19). El doctor Jaramillo no reconoce
en Bentham un perfil democrático burgués,
cuestión que es discutible. Además del aporte
jurídico, tendiente a crear un sistema jurídico
positivo que superara la casuística
colonial-canónica
«Las clases
dirigentes criollas, sobre todo su naciente
clase burguesa, necesitaban un orden legal
simple, sin discriminaciones personales ni de
grupo, que además protegiera la institución
de la propiedad y reglamentase racionalmente
su uso y circulación, y un sistema
económico que permitiera la expansión de
sus energías y proyectos de enriquecimiento
y trabajo. Esa es la explicación que tiene
el hecho de que las instituciones que primero
atacarían los dirigentes de la República
fuesen los monopolios fiscales y económicos,
las vinculaciones y mayorazgos, los bienes de
manos muertas y todo lo que entrabara la
libre adquisición y circulación de riqueza,
que al fijarse en unas manos dejaban
inactivas las muchas que quizá querían
exportarla.
Las
enseñanzas jurídicas y políticas de
Bentham llenaban, pues, esas ambiciones en
momentos en que ninguna otra doctrina
igualmente coherente y sencilla se le
oponía. Pero, además, Bentham brindaba un
código ético de virtudes burguesas,
también racionales, que se acomodaba muy
bien a los impulsos e intereses de una clase
formada por abogados, comerciantes y hombres
de ciudad. Orden, sobriedad, parsimonia,
religiosidad individual, espíritu cívico y
un concepto de bienestar y placer mantenido
dentro de tér minos mundanos secretos,
constituyeron rasgos suyos que, unidos a las
necesidades y tendencias de la época, le
aseguraron el favor de gran parte de las
clases dirigentes neogranadinas durante los
cuatro lustros siguientes a nuestra
Independencia»(20).
Bentham fue uno
de los pensadores que más generó resistencias
en el ámbito de la educación. La posición
antibenthamista fue asumida por civiles y
religiosos. Entre los más furibundos
contradictores sobresalieron: el presbítero
Doctor Francisco Margallo, sacristán de la
parroquia de las nieves de Bogotá, José Eusebio
Caro. Simón Bolívar por decreto del 12 de Marzo
de 1828, prohibió la enseñanza de los tratados
de Legislación Civil y Penal: «En ninguna de
las universidades de Colombia se enseñarán los
tratados de Legislación de Bentham, quedando por
consiguiente reformado el artículo 168 del Plan
General de Estudios». Las desavenencias entre el
presidente Bolívar y el Vicepresidente Santander
en 1827 habían llegado a tal punto que se
generó la ruptura entre los dos protagonistas
político-militares de la Gran Colombia,
repercutiendo inevitablemente en la educación.
La actitud y decisión de Simón Bolívar con
relación a Bentham se ha interpretado como una
posición conservatizante en pro de los intereses
de la educación clerical.
El doctor
Vicente Azuero en su Exégesis de Jeremías
Bentham (1826), afirma que el presbítero
Francisco Margallo: «En la iglesia de la Orden
Tercera ha dirigido ejercicios espirituales a
cosa de cuarenta personas en que dijo con el
mayor acaloramiento que «el Colegio de San
Batolomé era un semillero de impunidad y
herejía, que profetizaba que sería incendiado y
que ojalá fuese aquella misma noche en que
hablaba», se pronunció particularmente contra
la cátedra de derecho público y contra la
enseñanza por Bentham, cuyas doctrinas aseguró
"ser injurias, y excomulgados los que la
adoptaran; me designó particularmente como un
hombre que, después de haber sido su discípulo
en teología, me había pervertido con malas
compañías y malos libros; y pintó al expresado
colegio como una escuela de costumbres
corruptas»(21). En su Exégesis, el
doctor Vicente Azuero, argumentó que la
enseñanza de Bentham se reglamentó por la ley
de 28 de julio del año de 1821 y por decreto del
8 de Noviembre de 1825. Además de Bentham se
autoriza estudiar las obras de Constant, Lepage y
Vattel. El doctor Margallo acudió a la bula In
Coena Domini, publicada por el papa Paulo III,
doscientos años antes de que naciese Bentham.
Desde los tiempos de España, Bentham había sido
estudiado por Camilo Torres, los Camachos, los
Pombos y fundadores de la independencia. Nariño
lo citaba en La Bagalela. Según el doctor
Azuero, la obra de derecho de Bentham es
«El primer
tratado ordenado que tenemos de la ciencia
penal, y el único en que la parte civil
está cimentada sobre principios y razones
fundamentales. Estos tratados son un curso
excelente de la lógica de la legislación,
de los verdaderos elementos del arte social,
y al propio tiempo de exquisitas nociones de
la economía política; en ellos se aprenden
a la vez los elementos del derecho público,
del derecho privado, del derecho
internacional y de la moral más acendrada y
más conforme a los principios evangélicos.
Se aprende más en esa sola obra de Bentham
que en millares de volúmenes de muchas
librerías y bibliotecas»(22).
Se
pregunta el Doctor Azuero:
"¿Y de
dónde ha provenido esa repentina
persecución contra las obras de Bentham? De
la ignorancia más vergonzosa, de un
fanatismo estúpido y de una indigna
parcialidad. Ha muchos años que Bentham es
conocido, citado, copiado y venerado por
varios escritores nacionales, aún desde el
tiempo de la dominación española y de la
infame Inquisición. En la mayor parte de las
librerías en manos de todos los juristas
está el discurso sobre los delitos y las
penas, escritos por Marco Gutiérrez y puesto
al fin del primer tomo de su Práctica
Criminal de España: allí se cita con elogio
a Bentham, se adoptan y se explican sus
doctrinas. En el tiempo de las Cortes
Españolas se han traducido y comen tado sus
tratados de legislación, para la enseñanza
pública, y han circulado libremente, sin que
obtase que según la Constitución de aquel
gobierno, la religión católica fuese la del
Estado y la única y exclusiva.
Bentham ha
recibido tributos de admiración, por sus
apreciabilísimas obras, de las Cortes
portuguesas, de los primeros literatos de
Francia y España, del cuerpo legislativo de
la Suiza, de varias legislaturas y sabios de
los Estados Unidos, de los miembros de la
Cámara de los Comunes de Inglaterra, y hasta
del difunto Alejandro emperador de las
Rusias. El ha sido excitado, rogado y
estimulado por los sabios o los gobiernos de
estos diferentes Estados para que emplee sus
utilísimas tareas en trabajar sus
respectivos códigos; acaso no ha habido
sabio alguno que haya recibido tantos y tan
repetidos homenajes de las primeras
sociedades de Europa y América y de los
hombres eminentes de los pueblos
civilizados»(23)
La exégesis de
Azuero, es un documento de combate ideológico en
donde se exalta la importancia de Bentham, con
conocimiento de causa, afirma que sus obras se
han escrito para todos los gobiernos, para todas
las religiones, no ridiculiza ninguna creencia,
no combate sus fundamentos, ni sus dogmas. Es
partidario de la sanción natural, la sanción
religiosa, la sanción política y la sanción
moral, cuatro instrumentos valiosos para todo
legislador.
El doctor
Azuero, califica al presbítero Margallo como un
religioso fanático, ignorante de las obras de
Bentham, falso apóstol, predicador de chismes y
cuentos. Margallo pasa por alto al Colegio del
Rosario, en donde se ha enseñado a Rousseau,
Montesquieu, Vattel y Lepage y ataca con
vehemencia y fanatismo al Colegio de San
Bartolomé.
«Así las
máximas de este hombre y su conducta están
en directa contracción con los del
evangelio... este sacerdote sólo ama al
antiguo servilismo; la base fundamental de la
religión es la caridad, pero el doctor
Magallo enseña el furor, la persecución y
el terror«(24)
En la opinión
contraria a Azuero, se halla José Eusebio Caro,
quien lideró el antibenthamismo a ultranza como
expresión de un conservatismo dogmático
clerical, actitud que fue continuada por Miguel
Antonio Caro y Marco Fildel Suárez
posteriormente.
José Eusebio
Caro, rechaza el contenido positivo de la moral,
«porque en moral no van a estudiarse los hechos,
sino a buscar un principio que los califique»(25), anterior a la experiencia. Sobre
este tema escribió la obra: Sobre el principio
utilitario enseñado como teoría moral en
nuestros colegios y sobre la relación que hay
entre las doctrinas y las costumbres. José
Eusebio Caro refuta la moralidad de los
resultados de Bentham, en los siguientes
términos:
«En los
resultados de todo lo que hacemos entra el
azar. Nadie puede prever todo lo que
resultará de lo que haga. Nadie puede
responder el resultado definitivo. El
principio de la utilidad, pues, que hace
consistir en el resultado definitivo la
moralidad de nuestras obras, abandona la
moral y la casualidad, hace responsable al
hombre aun de aquello que no ha querido,
absuelve o condena según el viento que
sopla, y, abriendo para la humanidad un
inmenso juego de dado, solo puede hallar el
crimen en la pérdida, y la virtud en la
ganancia. Si los resultados futuros y
contingentes, su cálculo por fuerza habrá
de ser incierto y variable: para que la
moral, pues, no se convierta en veleidad e
incertidumbre, es de necesidad buscarla, no
en el cálculo falaz de los resultados, que
son dudosos, sino en una ley fija que
absuelva o condene las intenciones, que son
ciertas. Esta ley es la ley moral. Esta ley
fija necesita en cada hombre un juez que la
aplique, un oráculo permanente que la haga
hablar. Ese juez es la conciencia»(26)
El doctor Jaime
Jaramillo, retomando a José Eusebio Caro,
comenta:
«Desde muy
pronto, Caro se dio cuenta de que la doctrina
ética utilitarista estaba basada en una
sicología elemental, mecánica y tosca. El
utilitarismo hablaba de hacer el balance de
gozos y sufrimientos producidos por la
acción, y de sumar placeres y sufrimientos.
Es decir, aplicaba un criterio cuantitativo,
una medida, una magnitud matemática como la
de más y menos, a una realidad que por su
naturaleza no era mesurable: «Digo, pues, en
segundo lugar, que el principio de la
utilidad es una regla impracticable: porque
hace consistir la moralidad de los actos
humanos en el resultado definitivo que no
puede hallarse sino calculando todos los
resultados parciales, todos los placeres y
todas las penas, para encontrar el excedente;
y, siendo el placer y el dolor por esencia
simples, indivisibles e inconmesurables, el
principio de la utilidad, que requiere el que
se les divida, se les conmesure y se les
calcule, es una regla impracticable".
Y llevando hasta
sus últimas consecuencias lógicas este
raciocinio, agrega:
«En efecto,
toda medida supone dos cosas en las
cantidades que se miden: que son divisibles,
y que sean homogéneas y análogas. Estos son
axiomas que se enseña a todo el que empieza
a estudiar aritmética. Aun esto no basta; es
preciso, en toda medida, que las dos cosas
coexistan para poder sobreponerlas o
equipararlas. Aún hay más, todo cálculo
supone que las cosas que se calculan tienen
un término definido, para poder contarlas.
Ninguna de estas condiciones cumple la famosa
aritmética moral de los placeres y de las
penas».
Luego agrega con
ironía y humor:
«Y en
efecto, yo querría que Bentham me dijese
cuál es la mitad de un dolor de cabeza o la
tercera parte de un dolor de muela. En
trabajos me parece que se hallaría para
responder nuestro sabio. Qué digo,
¿trabajos? Solo de burlas puede hacer uno la
pregunta, solo un loco puede hacerla de
veras. ¿Quién ha dicho que el dolor y el
placer tienen partes? ¿Quién ha dicho que
una sensación puede cortarse en dos como un
pan?»(27)
En el artículo:
«La polémica de los Rojos», documento extenso,
publicado en la civilización, número 9, de 4 de
Octubre de 1849, Caro califica de loco a Bentham:
«O ese loco era Bentham, o ese loco no ha
existido». A los liberales los desafía en los
siguientes términos: «deja de justificar las
enseñanzas más disolventes, la enseñanza del
sensualismo en Tracy, la del materialismo en
Cabanis, y en Broussaus; dejad de alabar a
vuestro culpable e inmoral partido, que dió esas
enseñanzas, que publicó y publica esos
periódicos, que hizo la rebelión de 1840, y que
cometió el atentado del 7 de marzo«(28)
José Eusebio
Caro, políticamente es extremista en su
posición conservadora y en su antiliberalismo,
es partidario de combatir a los rojos
desacretidándoles sin descanso, hasta el punto
de hacerle desaparecer como partido. Les acusa de
defender, enseñar y propagar las doctrinas más
irreligiosas y más inmorales. A continuación se
transcribe una de sus declaraciones:
«Vamos a
demostrar en segundo lugar:
Que los
rojos en sus enseñanzas y en sus periódicos
han defendido y propagado las doctrinas más
irreligiosas y más inmorales; que, mientras
han gobernado, han sostenido con el poder de
que disponían la enseñanza de esas
doctrinas, en despecho de los conservadores
que reclamaban contra ellas; y, sin descender
a la vida privada, demostraremos que los
rojos con actos públicos, notorios,
históricos, evidentes, inmensos, han probado
que siguen y aplican prácticamente la
máxima infame de que en el seno de la
libertad universal, y bajo una constitución
republicana, es lícito, para apoderarse del
poder público, valerse de toda especie de
medios.
Con lo cual
quedará demostrado que no es la libertad,
sino la moral la que está en cuestión; y
que por consiguiente no cesará la lucha,
esta última lucha, hasta que el partido que
profesa esas máximas, y que ha ejecutado
esos actos, no deje de existir
políticamente, como partido; lo cual de
ninguna manera significa que deba conspirarse
contra él mientras domine, ni que deba
exterminárselo o proscribírsele mientras
sea dominado, sino que, dominador o dominado,
debe desacreditársele sin descanso, hasta
que se le haga cambiar de máximas, cosa
difícil, o hasta que se le haga perder la
audacia de manifestarlas y practicarlas, cosa
que sí es posible para una opinión
pública, enérgica y sana«(29)
Las posiciones
de Azuero, Margallo y Caro, son pruebas
suficientes acerca del calor que alcanzó el
problema del Benthamismo, acti tudes
ideopolíticos de corte positivista y clerical
que inevitablemente incidieron en la
construcción y desarrollo de un proyecto
modernizante de la educación. En esta época el
radicalismo fanático de los conservadores,
bloquea cualquier intento de transformar la
educación como contrapartida a las políticas
educativas del gobierno liberal de turno que
emprendió la tarea de promover la educación
pública incluyendo escuelas y colegios a
expensas de los bienes eclesiásticos, en cierta
forma se estaba atentando contra el monopolio de
la educación que tradicionalmente había
detentado la Iglesia a lo largo de la sociedad
colonial.
NOTAS
(1) Jeremy
Bentham. Filosofía de la Ciencia Económica.
p. 190
(2) BENTHAM,
Jeremy. Escritos económicos. Selección y
prólogo de W. Stark. Fondo de Cultura
Económica. México, 1965. p. VIII
(3) Op. Cit.
p. VIII
(4) STARK, W. Op.
Cit. p. VIII
(5) STARK, W. Op.
Cit. p. XXXI
(6) BENTHAM, J, Op.
Cit. p. 5
(7) BENTHAM, J.
p. 6
(8) BENTHAM, J. Op.
Cit. p. 9
(9) BENTHAM, J. Op.
Cit. p. 10
(10) BENTHAM, J.
Op. Cit. p. 11
(11) BENTHAM, J.
Op. Cit. p. 12
(12) BENTHAM, J.
Op. Cit. p. 13
(13) BENTHAM, J.
Op. Cit. p. 13
(14) BENTHAM, J.
Filosofía de las Ciencias Económicas.
En: Escritos Económicos. Fondo de Cultura
Económica. México, 1965. p 179
(15) BENTHAM, J.
Op. Cit. p. 181
(16) BENTHAM, J.
Defensa de la Usura. En: Escritos
Económicos. Fondo de Cultura Económica.
México, 1965. p. 195
(17) JARAMILLO
URIBE, Jaime. Pensamiento colombiano en el
Siglo XIX. Editorial Tunis. Bogotá, 1982. p.
135
(18) JARAMILLO
URIBE, Jaime. Op. Cit. p. 136
(19) JARAMILLO
URIBE, Jaime. Op. Cit. p. 136
(20) JARAMILLO
URIBE, J. Op. Cit. p. 142-143
(21) Documento
reimpreso en 1944 en documentos sobre el Doctor
Vicente Azuero, comp. Guillermo Hernández de
Alba y Fabio Lozano y Lozano. Bogotá, Biblioteca
de Historia Nacional, Vol, 71. Imprenta
Nacional. p. 282-302
(22) EXEGESIS DE
JEREMIAS, BENTHAM. Op. Cit. p. 236-237
(23) EXEGESIS DE
JEREMIAS, BENTHAM. Op cit. p. 235
(24) EXEGIS. Op.
Cit.
(25) CARO, José
Eusebio. Sobre el principio utilitario enseñado
como teoría moral en nuestros colegios y sobre
la relación que hay entre las doctrinas y
costumbres. Biblioteca Popular de Cultura
Colombiana. Bogotá, 1951. p. 223. Citado por
Jaime Jaramillo. Op. Cit. p. 356
(26) En
JARAMILLO URIBE, Jaime.Op. Cit. p. 357
(27) JARAMILLO
URIBE, J. Op. Cit. p. 359-360
(28) ALJURE
CHALELA, Simón. Escritos históricos
políticos de José Eusebio Caro. Bogotá,
Ediciones Fondo Cultural Cafetero, 1981. p. 96
(29) ALJURE
CHALELA, Simón. Op. Cit. p. 60-61
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