Análisis de
contenido cualitativo y
cuantitativo:
Definición,
clasificacion y metodologíaMiguel Angel Gómez
Mendoza
A partir de
la ubicación crítica del análisis de
contenido en el marco de las tradiciones de
investigación cualitativa y cuantitativa, se
presentan sus diversas definiciones y una
tipología de clasificación según criterios
de método, de lo latente y lo explícito. A
continuación, se plantea un modelo técnico
y los criterios de validez y confiabilidad de
esta metodología. Por último, se ofrecen
observaciones críticas sobre los límites y
posibilidades del análisis de contenido en
la intervención social y la investigación
participante.
Introducción
Si bien se le ha
reconocido como un método de investigación con
sus cualidades específicas, el análisis de
contenido de orientación cualitativa, ocupa de
hecho un lugar secundario en el seno de la
jerarquía de los métodos de investigación en
relación con los métodos llamados más
científicos y objetivos, es decir frente a los
métodos cuantitativos. La sobrestimación de los
métodos cuantitativos incide sobre la manera de
llevar a cabo los análisis de contenido que
gradualmente se convierten más en análisis
factoriales y de varianza sobre las categorías
establecidas. En otros términos, en el interior
mismo del análisis de contenido es frecuente que
los datos o la información recogida terminen por
difuminarse detrás de las cifras para
convertirse finalmente en análisis
cuantitativos. La pregunta es: ¿acaso estas
cifras no tienen contenidos como materia prima?
¿Por qué hacerlas desaparecer de un momento a
otro como si ellas no fueran dignas de confianza?
La ambigüedades
persistentes en cuanto a la naturaleza de los
métodos de análisis de contenido, así como la
claridad de las etapas a seguir, constituyen
otras fuentes de inquietudes entre sus usuarios,
mientras simultáneamente los métodos
cuantitativos han conocido una expansión
extraordinario debido a la fuerza y al
confortable sentimiento de la seguridad asociada
a su carácter de exactitud matemática; «es
mucho más fácil hablar de las debilidades del
análisis de contenido que de sus fuerzas,
disimular progresivamente los contenidos detrás
de las cifras más impresionantes y aseguradoras
porque aparentan más objetivas» (L´Écuyer,
1987:49)
Pero, ¿qué es
entonces el análisis de contenido? ¿ Cuáles
son los problemas que lo asedian ? ¿Cuáles
etapas deben seguirse para que el análisis sea
altamente objetivo? ¿ la aplicación de este
método puede dar lugar a resultados tan validos
como los obtenidos con los métodos llamados
objetivos? ¿Qué criterios elegir para
establecer una tipología de análisis de
contenido? ¿En qué radica su confiabilidad y
validez? ¿Cuáles son sus ventajas y
desventajas?.
He aquí una
serie de preguntas importantes a las cuales este
trabajo intenta aportar respuestas. Sin ser
definitivas, estas pretenden ofrecer aclaraciones
útiles y contribuir a alimentar de manera
positiva la reflexión sobre el análisis de
contenido como método y así precisar de mejor
manera sus límites y orientaciones. Se busca
estimular a los investigadores de los diversos
campos de las ciencias sociales, la educación y
la intervención a utilizar el método de
análisis de contenido sin tener la prevención
de utilizar un procedimiento que tiene un aire de
menor de cientificidad.
En
términos generales, el análisis de
contenido es un método que busca descubrir
la significación de un mensaje, ya sea este
un discurso, una historia de vida, un
artículo de revista, un texto escolar, un
decreto ministerial, etc.
Definiciones
y características
En términos
generales, el análisis de contenido es un
método que busca descubrir la significación de
un mensaje, ya sea este un discurso, una historia
de vida, un artículo de revista, un texto
escolar, un decreto ministerial, etc. Más
concretamente, se trata de un método que
consiste en clasificar y/o codificar los diversos
elementos de un mensaje en categorías con el fin
de hacer aparecer de la mejor manera el sentido.
No obstante, es aconsejable precisar un poco más
esta definición genérica.
Así, desde un
enfoque clásico, cuantitativo, Mayntz et al
(1980:198), define el análisis de contenido como
"una técnica de investigación que
identifica y describe de una manera objetiva y
sistemática las propiedades lingüísticas de un
texto con la finalidad de obtener conclusiones
sobre las propiedades no-lingüísticas de las
personas y los agregados sociales. En este
sentido, el «texto» puede ser tanto un escrito
como un «discurso» oral (y registrado, por
ejemplo, en una cinta magnetofónica). Sin
embargo, en un sentido más amplio, el análisis
de contenido se puede aplicar también a
materiales que no sean puramente lingüísticos;
por ejemplo, películas o anuncios
publicitarios". En la misma dirección de
Mayntz et al, Pinto y Grawitz han retomado la
definición clásica de Berelson (1952), el
análisis de contenido «es una técnica de
investigación para la descripción objetiva,
sistemática y cuantitativa del contenido
manifiesto de las comunicaciones, teniendo como
fin interpretarlos» (1967:459).
Desde una
óptica más amplia, se puede ubi car el
análisis de contenido en el extenso campo
formado por los métodos y técnicas de
investigación sociológica, y definirlo como una
técnica «indirecta». Si se considera que la
investigación y la observación puede hacerse
siguiendo dos métodos diferentes: por un lado,
la observación directa de la realidad social por
medio de entrevistas, encuestas, cuestionarios y
observación participante; por otro lado, la
observación y el análisis de documentos
diversos (entre los que se encuentran libros,
publicaciones diarias y periódicas, series
estadísticas, diarios autobiográficos,
documentos históricos, etc.), y materiales
audiovisuales (como discos y otras grabaciones de
sonidos, películas, fotografías, videos, etc.).
En este contexto, como técnica
"indirecta" «el análisis de contenido
es una técnica de investigación que consiste en
el análisis de la realidad social a través de
la observación y el análisis de los documentos
que se crean o producen en el seno de una o
varias sociedades. Lo característico del
análisis de contenido, y que lo distingue de
otras técnicas de investigación sociológica,
es que se trata de una técnica que combina
intríncadamente, y de ahí su complejidad, la
observación y el análisis documental»
(López-Aranguren 1986 : 366)
Robert Mayer y
Francine y Quelle en su obra de metodología de
investigación «Méthodologie de recherche pour
les intervenants sociaux» (1991), destinada a
profesionales de las ciencias sociales y humanas
que trabajan directamente en el terreno
valiéndose de metodologías participativas o de
intervención, considera que «el análisis de
contenido es un método que apunta a descubrir la
significación de un mensaje, ya sea este un
discurso, una historia de vida, un artículo de
revista, un memorando, etc. Específicamente, se
trata de un método que consiste en clasificar
y/o codificar los diversos elementos de un
mensaje en categorías con el fin de hacer
aparecer de manera adecuada su sentido [...] Si
usted es interventor social en un centro de
jóvenes y trabaja con un grupo de jóvenes
adolescentes y luego de varios meses consigna en
un diario de campo sus observaciones y
comentarios, el análisis de contenido le puede
ser útil para sacar provecho de la riqueza de
este material» (p.473)
Siguiendo a
L´Écuyer (1987:50), Landry (1988:329), Mayer y
Quellet (1991:475), precisamos de las
características generales del análisis de
contenido en los siguientes términos:
(1) Se trata de
una técnica indirecta, porque se tiene contacto
con los individuos solo mediante los sesgos de
sus producciones, es decir, con los documentos de
los cuales se puede extraer información.
(2) Estas
producciones pueden tomar diversas formas:
escrita, oral, imagen o audiovisual, para dar
cuenta de sus comportamientos y de sus fines.
(3) Los
documentos pueden haber sido constituidos por una
persona, por ejemplo las cartas personales, las
novelas, un diario íntimo, o por un grupo de
personas, por ejemplo las leyes, los textos
publicitarios.
(4) El contenido
puede ser no cifrado, es decir, las informaciones
que contienen los documentos no se presentan bajo
la forma de números sino ante todo de
expresiones verbales.
(5) Es posible
una deducción cualitativa o cuantitativa. En
este sentido, los documentos pueden ser
analizados con el objeto de cuantificar o en la
perspectiva de un estudio cualitativo de
elementos singulares, o los dos a la vez.
Ahora bien, los
motivos para recurrir al análisis de contenido
son muy diversos: «para codificar las respuestas
de las preguntas abiertas de una encuesta,
codificar los resultados de entrevistas no
directivas; revelar los postulados implícitos de
los textos y manuales escolares, determinar los
estereotipos del papel de la mujer presentes en
las revistas o en las novelas; describir las
tendencias de las leyes o de los programas de los
partidos políticos...» (Landry,1983:338)
Como lo subraya
el mismo autor, el análisis de contenido varia
según el tipo de texto analizado y el tipo de
interpretación, entonces «no existe método de
análisis fácilmente transportable a todas las
situaciones. Salvo para las aplicaciones simples,
para la codificación de los temas de respuestas
o las preguntas abiertas de los cuestionarios, el
investigador está siempre más o menos forzado a
hacer adaptaciones a los procedimientos más
apropiados para el estudio del problema que busca
resolver»(1998:339).
Tipos de
análisis de contenido
Existen varias
maneras de clasificar el análisis de contenido.
Pinto y Grawitz (1967: 461) han destacado la
importancia de establecer una primera distinción
entre el análisis que tiene por fin la
verificación de una hipótesis y el que busca en
primer lugar explorar un campo de estudios.
Partiendo de esta distinción básica, autores
como Mayer y Quellet (1991:478); Landry
(1998:335; 1987:119) delimitan seis tipos de
análisis de contenido:
(1) El análisis
de exploración de contenido. Se trata de
explorar un campo de posibilidades, de investigar
las hipótesis, las orientaciones o aún de
servirse de sus resultados para construir
cuestionarios más adaptados.
(2) El análisis
de verificación de contenido. Pretende verificar
el realismo y la fundamentación de las
hipótesis ya determinadas.
(3) El análisis
de contenido cualitativo. Este tipo de análisis
permite verificar la presencia de temas, de
palabras o de conceptos en un contenido.
(4) El análisis
de contenido cuantitativo. Tiene como objetivo de
cuantificar los datos, de establecer la
frecuencia y las comparaciones de frecuencia de
aparición de los elementos retenidos como
unidades de información o de significación (las
palabras, las partes de las frases, las frases
enteras, etc.)
(5) El análisis
de contenido directo. Se limita a tomar el
sentido literal de lo que es estudiado. No se
busca descubrir un eventual sentido latente de
discurso; se permanece al nivel de sentido
manifiesto.
(6) El análisis
de contenido indirecto. En este caso, el
investigador busca extraer el contenido latente
que se escondería detrás del contenido
manifiesto, recurrirá a una interpretación del
sentido de los elementos, de su frecuencia, de su
agenciamiento, de sus asociaciones, etc.
Otros criterios
de clasificación de los tipos de análisis de
contenido están asociados a los debates que han
marcado la evolución de esta metodología, es el
caso de la controversia entre el contenido
manifiesto versus el contenido latente así como
la que opone el análisis cuantitativo al
análisis cualitativo.
(a) Análisis
cuantitativo versus análisis cualitativo (
clasificación según el método). La palabra
«cualitativo» fue largo tiempo desterrada del
análisis de contenido. Nacido de una voluntad de
cuantificación en reacción contra el análisis
literario, el análisis de cuantitativo excluía
la noción cualitativa de sus preocupaciones.
Como lo han señalado Pinto y Grawitz (1967:462),
lo cualitativo y lo cualitativo fueron opuestos
desde diferentes puntos de vista: un fundamento
«impresionista» contra un fundamento
sistemático; la flexibilidad contra la rigidez,
etc. En el análisis cuantitativo, lo importante
es lo que aparece frecuentemente; la frecuencia
es el criterio. En el análisis cualitativo, lo
importante implica la novedad, el interés, el
valor de un tema, es decir su presencia o su
ausencia.
Landry resume
este debate en los siguientes términos: «El
análisis cuantitativo reduce el material
estudiado a las catego rías analíticas a partir
de las cuales se puede producir las
distribuciones de frecuencia, los estudios de
correlación, etc. En comparación, el análisis
cualitativo de contenido interpreta el material
estudiado con la ayuda de algunas categorías
analíticas destacando y describiendo sus
particularidades» (1993:412). De esta manera,
aquellos que favorecen el análisis cuantitativo
«postulan que las semejanzas y las diferencias
cuantitativas que emergen de las categorías
analíticas seleccionadas para analizar los
mensajes constituyen la única manera de
determinar objetivamente el significado de los
mensajes utilizados « (Idem). Cada uno de estos
campos defienden objetivos específicos, los
defensores del análisis cuantitativo quieren
evitar «los extravíos la subjetividad»
mientras que los defensores del análisis
cualitativo quieren destacar las
«particularidades de la subjetividad» (Idem)
¿Qué concluye este debate?. La pertinencia y la
complementariedad de las perspectivas
cuantitativas y cualitativas.
(b) El contenido
manifiesto y el contenido latente (clasificación
según el contenido). Durante mucho tiempo el
contenido manifiesto fue el único contenido
tolerado Algunos autores insisten fuertemente
sobre el contenido manifiesto cuando le objetan a
que aquellos que tienen la tendencia a decir que
tal persona «quiso decir que...», que si
alguien hubiera querido decir eso, lo hubiera
dicho!; en pocas palabras el mensaje es completo
en sí mismo. De esta forma, el contenido
manifiesto «remite a lo que es dicho o escrito
explícitamente en el texto mientras que el
contenido latente refiere a lo implícito, a lo
no expresado, al sentido escondido, en resumen, a
los elementos simbólicos del material
analizado» (Landry,1991:341). Aquellos que
valoran el análisis de contenido manifiesto,
postulan «que el material explícito vehicula la
totalidad del significado» (Idem) y que en
consecuencia no hay lugar a buscar hacer decir
otra cosa al material analizado. De su parte,
aquellos que favorecen el análisis de contenido
latente postulan, por el contrario «que el
significado del contenido reside más allá de lo
explícito y que la interpretación de lo que no
es dicho constituye la única manera de descubrir
el significado real y profundo que subentiende
todo contenido manifiesto» (Idem). Pero para
Landry, esta oposición no es más que aparente
porque un «investigador» que apunte a delimitar
las intenciones escondidas, los valores o las
actitudes implícitas, incluidas las mentiras del
productor de un mensaje no puede evitar acordar
una gran atención al contenido latente del
material analizado. Al mismo tiempo, se debe
también plantear la hipótesis según la cual,
"si el productor de un mensaje es
suficientemente sutil para lograr velar el
contenido de su mensaje explícito, también
puede ser lo suficientemente sutil para velar el
contenido latente" (1993:341). Es por esto
que Landry, concluye que el análisis de
contenido debe al menos «empezar con el examen
del contenido manifiesto» y sugiere el siguiente
esquema de clasificación:
Tabla 1.
Tipos de Análisis de Contenido ( Manifiesto-
Latente) (Landry:1998:335)
| |
Análisis de
contenido |
Análisis de
contenido |
|
| Tipo de análisis
|
Manifiesto (M) |
Latente (L) |
|
| Cuantitativo N |
N, M |
MN, L |
|
| Cualitativo A |
A, M |
A, L |
|
Las
etapas técnicas del análisis de contenido
A partir de
autores como Mayntz et al
(1980:201-206);López-Aranguren (1986:373-383);
Bardin (1986:93 ); L´Écuyer (1990:71); Mayer y
Quellet (1991:478) Landry (1998:335), se pueden
identificar como etapas técnicas generales del
análisis de contenido las siguientes:
1. El análisis
previo o la lectura de documentos. Se trata de
leer atentamente y varias veces los documentos a
estudiar. Esta lectura repetida permitirá una
indispensable familiarización del investigador
con el contenido, con los diferentes temas
posibles. Es lo que se llama generalmente la
«lectura flotante», entendida esta como una
actividad que consiste en familiarizarse con los
documentos de análisis por las lecturas
sucesivas y dejando nacer las impresiones y las
orientaciones. Progresivamente la lectura se hace
más precisa: las hipótesis comienzan a
aparecer, y el investigador puede identificar las
teorías aplicables al material y el uso posible
de técnicas empleadas sobre materiales
análogos. Esta «lectura flotante» como lo dice
Bardin (1977:126) es necesaria para impregnarse
del material; corresponde de alguna manera a la
actitud del psicoanalista que, por su escucha
activo, deja salir las hipótesis.
De esta lectura
es posible avanzar en la formulación de las
hipótesis. Una hipótesis es una afirmación
provisional que nos proponemos verificar, para
confirmarla o no por el análisis. Sin embargo,
no es obligatorio tener hipótesis para guiar el
análisis. Algunos análisis se hacen sin ideas
preconcebidas. No obstante, en muchos casos, las
hipótesis implícitas orientan el trabajo de
análisis.
El análisis
previo, consiste en recoger el material a
analizar, organizarlo y proceder a varias
lecturas. Estas últimas apun tan a lo que el
lector pueda «adquirir una visión de conjunto
del material recogido, familiarizarse con sus
diferentes particularidades [....], presentir el
tipo de unidades de información a retener para
una clasificación posterior y la manera de
desglosarlas en enunciados específicos»
(L'Écuyer, 1985:73).
De manera
general, la etapa de análisis previo apunta a
tres objetivos: la selección de los documentos
para someter al análisis, la formulación de las
hipótesis y los objetivos, y la determinación
de indicadores sobre los cuales se apoyará la
interpretación final.
2. La
preparación del material. Los documentos deben
ser desglosados en unidades de significación,
que son luego clasificadas en categorías bien
definidas. Se agruparan en estas categorías las
unidades de información que se han extraído de
los documentos. Es en esta etapa que importa
determinar la unidad de cuantificación, si
hubiera lugar. Esta unidad puede ser un tema, una
palabra, un concepto, una frase, una idea o una
frecuencia de aparición de palabras o de frases.
La unidad de
registro es utilizada para permitir contar los
elementos del contenido. En ciertos casos, se
tratará de una palabra o de un tema (grupo de
palabras, de frases, de imágenes, etc. teniendo
un significado intelectual o afectivo único). En
una misma categoría pueden entrar varios temas,
cada uno teniendo una frecuencia diferente.
De manera
general, la etapa de análisis previo apunta
a tres objetivos: la selección de los
documentos para someter al análisis, la
formulación de las hipótesis y los
objetivos, y la determinación de indicadores
sobre los cuales se apoyará la
interpretación final.
En cuanto a la
unidad de enumeración, se trata de una unidad de
medida que permite diferenciar los elementos
seleccionados en cada categoría. De esta forma,
en un discurso, en lugar de limitarse a contar el
número de veces que aparecen por ejemplo ciertas
palabras o ciertos temas, se notará los tiempos
que el orador consagra a cada uno de ellos. El
empleo de esta unidad supone que es posible y
útil cuantificar el análisis de los resultados;
y no necesariamente está presente en todos los
tipos de análisis.
Esta etapa se
subdivide a su vez, en tres momentos que son:
(a)la constitución del corpus; (b) la
transcripción del material; (c) la escogencia de
un método de análisis.
(a) la
constitución del corpus. El corpus, palabra
tomada del latín, que significa
"cuerpo" corresponde a un conjunto de
textos, de documentos, privados o publicados que
son reunidos para los fines del estudio. El
material de partida puede entonces ser dado a
priori, como es el caso de análisis de las obras
literarias, o en el caso donde deben ser reunidos
para los fines de un análisis particular; por
ejemplo documentos dejados por diversas personas
e instituciones.
(b)
transcripción. Una vez se han seleccionado los
documentos, o las entrevistas realizadas, se debe
transcribir el material para darse una
herramienta de análisis claro, completo y lo
más significativo posible. En el caso de una
entrevista, es la etapa de «verbatim», o sea la
transcripción con ayuda del procesador de
textos, lo más exacta posible, del contenido
real del intercambio. Es importante en esta etapa
consignar a la vez el contenido como el contexto,
es decir una transcripción lo más holística
posible.
(c) la
selección de un método de análisis. Diversos
caminos se le ofrecen a los investi gadores para
esta actividad: el método tradicional, la
utilización de un programa de texto o el uso de
un programa de análisis de contenido.
El método
tradicional consiste en desglosar el contenido y
agruparlo en temas, luego en categorías o
subcategorías. Otros investigadores utilizan
ahora su programa de tratamiento de textos para
efectuar las operaciones de desglose, collage,
reunificación y de esta manera constituir los
archivos de análisis temático. En el curso de
los últimos años se han desarrollado algunos
programas de análisis de contenido, estos
permiten un análisis muy interesante y muy
útil, a manera de ejemplo, mencionamos el
programa The Ethnograph o el Nud Ist.
3. La selección
de la unidad de análisis. La unidad de análisis
refiere al espacio y el tiempo en los cuales se
retendrá la recurrencia de los elementos de
investigación. Se puede tratar del número de
apariciones por página o por texto, por
paragrafo o por línea, por unidad de tiempo (en
una película, un discurso, etc.).
En cuanto a la
definición de las unidades de análisis, esta se
hace habitualmente según uno u otro de los
siguientes tres métodos: «1) de manera
inductiva a partir de las similitudes de sentido
del material de análisis; 2) de manera deductiva
derivándolas de una teoría existente; 3)
finalmente, siguiendo una formula mixta en donde
una parte de las categorías es derivada de una
teoría mientras que la otra parte es inducida en
el curso del análisis» (Landry, 1998:348). Por
otro lado, la determinación de las reglas de
enumeración remite a la manera de contar las
palabras, las frases, los temas, etc. Todas estas
precisiones deben permitir la elaboración de una
guía de codificación que permite «determinar
de manera valida y fiable todas las observaciones
que responden a la definición de la unidad de
análisis escogida y responder de manera valida y
fiable a las pre guntas planteadas a cada una de
las observaciones» (Landry, 1998:351).
Así mismo, la
cuestión de la codificación de las unidades de
análisis, es central en los procesos de
análisis de contenido por varias razones,
especialmente de orden teórico. En efecto, la
codificación plantea el problema del sentido.
Por ejemplo, codificar las palabras en función
de su frecuencia de aparición en el texto puede
constituir una operación neutra; pero
implícitamente se asocian un cierto número de
hipótesis a la frecuencia y se postula que esta
palabras tienen un sentido particular que le
habría dado su autor.
El código del
investigador depende entonces de las preguntas
que este quiere plantear, y es indispensable que
estas preguntas hayan sido suficientemente
precisas en la formulación de la investigación
para que la rejilla de lectura pueda ser
pertinente. La descripción del contenido de un
mensaje ganara de esta manera en rigor lo que
ella pierde en riqueza. Es sin duda el precio a
pagar en la perspectiva de un análisis
metódico, en oposición a un análisis más
clínico o intuitivo. En resumen, la
construcción de un código de análisis obedece
a dos tipos de exigencias provenientes
respectivamente del campo de referencia impuesto
por la investigación, o del grado de generalidad
que nos proponemos lograr en la descripción del
contenido.
Pinto y Grawitz
recuerdan que las categorías deben provenir de
dos fuentes principales: «del documento mismo y
de un cierto conocimiento general del campo de
donde provienen» (1967:476). Estos autores
subrayan además cuatro escollos principales a
vencer en su formación: (1) imponer un esquema
muy rígido a priori, que no alcance la
complejidad del contenido; (2) elaborar este
esquema de manera superficial, para no clasificar
sino los elementos manifiestos de la comunica
ción sin tocar el contenido más o menos
latente; (3) escoger las categorías más
detalladas y más numerosas, lo que tiene por
efecto reproducir el texto casi entero bajo el
pretexto de no perder nada; (4) tomar categorías
muy «burdas» que no permiten distinguir
suficientemente entre ellas los elementos a los
cuales reagrupan (1967:477). A decir verdad, todo
análisis se sitúa entre dos posibilidades, pero
también entre dos escollos: «adoptar las
categorías de manera fina, dando cuenta de la
realidad, reproduciéndola muy cerca; en una
lista de temas donde cada uno no tendrá que una
frecuencia débil, o reagrupar los datos en un
número limitado de categorías, pero
sacrificando una información, esencial, que se
perderá en el resultado final» (Pinto y
Grawitz, 1967:463).
Por lo demás,
en materia de categorización, dos situaciones
extremas pueden presentarse. En un primer caso,
«se busca verificar una o varias hipótesis; las
categorías han sido entonces previstas y es
entonces una verdadera pregunta que se le plantea
la material en función de lo que se busca
(actividad deductiva)» En un segundo caso, «se
trata de contar los elementos sin hipótesis
preestablecidas [...] se busca entonces
simplemente establecer un especie de inventario
de diversas opiniones expresadas o los argumentos
utilizados (actividad inductiva)»
(Ibidem:1967:474). En síntesis, concluyen Pinto
y Grawitz (1967 :478), «no hay respuesta única
al problema de la estandarización de las
categorías de análisis de contenido».
4. La
explotación de los resultados (análisis
cuantitativo y/o análisis cualitativo). Si las
diferentes operaciones del análisis previo han
sido cuidadosamente cumplidas, la fase de
análisis propiamente dicha no es más que la
administración sistemática de las decisiones
tomadas. Esta fase larga y fastidiosa, consiste
esencialmente en operaciones de codificación,
descuento o enumeración en función de las
instrucciones previamente formuladas [...] Tratar
el material es codificarlo. La codificación
corresponde a un tratamiento de los datos brutos
del texto. Transformación que, por desglose,
agregación o numeración permite llegar a una
representación del contenido, o de su
expresión, susceptible de aclarar al analista
sobre las características del texto»
(Bardin,1986:101-102).
Todo análisis
de contenido, supone la descomposición del
material tratado en elementos de análisis. Estos
elementos deber ser clasificados en categorías.
Un análisis de contenido, dice Berelson (1952),
vale lo que valen las categorías. Su
determinación es por lo tanto más delicada
cuando el número y la forma de las categorías
pueden ser variables según los objetivos de la
investigación y las hipótesis de trabajo.
La explotación
del material es una etapa de reorganización del
material «en la cual son reagrupados en
categorías o temas más amplios bajo un título
genérico todos los enunciados cuyo sentido se
agrupan» (L'Écuyer,1987:74). Según autores
como L'Écuyer (1987) y Landry (1998) esta etapa
de categorización puede ser abordada según tres
modelos. En un modelo abierto, no hay categorías
preestablecidas, las categorías son entonces
inducidas de los textos analizados. En un modelo
cerrado, las categorías están predeterminadas
por un investigador desde el comienzo, por una
teoría de la cual se quiere testar las
predicciones (o las hipótesis). Finalmente, en
el caso de un modelo mixto, una parte de las
categorías preexistente desde el comienzo y el
investigador deja lugar a la posibilidad que
cierto número de hipótesis sean inducidas en el
curso del análisis.
L'Écuyer (1990)
y Landry (1998), privilegian un análisis que sea
a la vez cuantitativo y cualitativo. El análisis
cuantitativo, comprende habitualmente la
realización de análisis ligados a la
verificación de hipótesis. Por lo que respecta
al análisis más cualitativo, aún si los
procedimientos son menos codificados, todos los
autores están de acuerdo, para decir que ellos
deben ser llevados a cabo de manera rigurosa y
sistemática. En resumen, que técnicas diversas
y complementarias, tanto de naturaleza
cuantitativa como cualitativa, pueden ser
utilizadas en un mismo proyecto de
investigación.
Confiabilidad
y validez de un análisis de contenido
En efecto, el
análisis de contenido, a excepción de las
aproximaciones fundadas únicamente sobre el uso
del computador, debe contar con las fuerzas y las
debilidades del juicio humano. También debe
vigilar la confiabilidad de los mismos
investigadores: si son varios para un análisis,
su juicio debe ser uniforme frente a los mismos
datos a categorizar. De otra parte, cada
investigador debe demostrar la constancia en sus
propios juicios. La validez muestra sobre todo la
pertinencia de las categorías y las unidades
escogidas en relación tanto al documento como a
los objetivos de la investigación; ningún
esquema de análisis tiene validez en sí mismo,
el principal criterio para evaluar la validez de
un modelo de análisis es el de la «coherencia
interna del modelo obtenida bajo el entendido que
todos los elementos del corpus deben encontrar un
lugar en el esquema» (Landry,1998:347), es
siempre la exigencia la exhaustividad la que
prevalece.
Para garantizar
la confiabilidad y validez del análisis, ciertas
reglas deben ser respetadas. Varios autores como
Bardin (1986: 122), Landry (1998: 354), Mayer y
Quellet (1991: 495), indican cinco reglas
esenciales.
(1) La
exhaustividad. Una vez que los documentos a
analizar están determinados (entrevistas de una
encuesta, respuestas a un cuestionario,
editoriales de un diario, fragmentos de un texto
escolar, etc.), se deben considerar todos los
elementos. La exhaustividad supone que las
categorías establecidas permiten clasificar el
conjunto del material recogido.
(2) La
representatividad. Se puede garantizar cuando el
material se presta para efectuar el análisis
sobre la muestra. El muestreo es riguroso si el
constituye una parte representativa de todos los
datos iniciales.
(3) La
homogeneidad. Los documentos elegidos deben ser
homogéneos, es decir escogidos en función de
criterios precisos y no presentar mucha
singularidad en relación a estos criterios. Por
ejemplo, las entrevistas de encuesta efectuadas
sobre un tema dado deben todas referir a este
tema y haber sido obtenidas por técnicas
idénticas frente a individuos comparables. La
homogeneidad está asociada a la clasificación
del material, que como lo subraya Bardin, debe
hacerse según «un mismo principio de
clasificación» (1986: 121).
(4) La
pertinencia. Los documentos escogidos deben
corresponder al objetivo del análisis. Una
categoría es pertinente cuando ella hace posible
el estudio del material obtenido ante las
preguntas y el marco de análisis seleccionados.
(5) La
univocación. Significa que una categoría tiene
el mismo sentido para todos los investigadores.
Ventajas y
desventajas del análisis de contenido
El análisis de
contenido, como cualquier otra técnica, tiene
sus límites. Un análisis de contenido no
permitirá jamás restituir la totalidad de los
significados posibles de un material; implica
necesariamente una elección y el instrumento de
análisis adoptado no hace más que traducir esta
determinación. Para Landry (1998), las
principales ventajas del análisis de contenido
son las siguientes: "constituye
contrariamente a otras técnicas, un método «no
reactivo» de recolección de datos. Además, se
muestra muy apropiada para analizar el «material
no estructurado" [...] permite tratar con el
recurso a la informática, una gran cantidad de
textos. La riqueza de la interpretación es
variada: «las palabras, las expresiones, los
estilos artísticos, simbolizan la manera de
hacer y de pensar de las gentes de un lugar, de
una época y de una cultura dadas». Es entonces
una herramienta de profundización de las
diversas producciones que son las huellas de la
vida individual y colectiva". Las
principales desventajas del análisis del
análisis de contenido son resumidas por el mismo
autor así: «la codificación de los datos es a
veces compleja y toma tiempo; la realización de
los tests para establecer la fiabilidad y la
validez de los datos no es siempre fácil y
finalmente el análisis cuantitativo atribuye
generalmente la misma importancia a cada
observación, ya se trate de una palabra, de un
tema o de una proposición cuando el emisor del
mensaje puede acordar una peso que varía según
las palabras, los temas o las proposiciones.»
(p. 353-354),
Finalmente el
análisis de contenido es una técnica útil en
la intervención e investigación social. En
efecto, puede servir de instrumento para
comprender mejor las realidades vividas por los
individuos y medir los efectos de la
intervención social y del uso de las
metodologías de investigación participante,
efectos que se manifiestan también en el plano
de los discursos, y así distinguir las nuevas
realidades o problemáticas, y evaluar la
evolución de los discursos en un grupo. De otra
parte, el análisis de contenido, se presta para
estudios de caso único, lo que parece
particularmente útil a las necesidades de la
práctica social.
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