La calle:Movimientos itinerantes, nomadismo
y prácticas valorativas
Fernando
Romero Loaiza
En el
presente trabajo, el autor realiza un
ejercicio transectorial con categorías
literarias, filosóficas y económicas para
analizar los movimientos que discurren en las
calles de las ciudades latinoamericanas.
Utiliza estudios realizados en Lima,
encuestas sobre el trabajo informal en el
centro de Santafé de Bogotá, y muestreos
realizados en el centro de Pereira. Señala
las maneras como en un espacio público,
noción por lo demás difusa, se construye
valor, se hace" trabajable" y
"vivible" la ciudad. Su intención
es mostrar que "la calles" en las
ciudades del Tercer Mundo son usadas, no solo
para transitar los automotores, pues se le
han conferido nuevos valores.
Mirar la
calle
"En la
conspicua vitrina una pinza de oro con
diamantes para coger billetes, un ajedrez de
oro macizo. Los corredores cubiertos con
alfombras persas para atenuar el paso de los
exquisitos compradores. Bien pago estarían
estos objetos, si un gamín bogotano, pudiera
dormir en las calles alfombradas de este
centro comercial en Ginebra"
De
"Crónicas itinerantes"
Mirar la calle
como un espacio de movimientos sometidos a la
fuerza productiva y semiótica de la
"máquina urbana", es decir, "al
proceso de producción semiótica de
resignificación, de territorialización,
ordenamiento de significados y
agenciamientos"(1). (Calderón y Romero, 1997;25),
es descubrir las maneras de producir valor en el
espacio urbano Pensar la calle como un territorio
construido en el cual coexisten geometrías de la
intinerancia y el nomadismo, es describir en
términos Deleuzianos, las fuerzas que gravitan,
en las márgenes del centro, sea éste político,
económico o administrativo, así como describir
las actividades sociales, de la informalidad y el
rebusque.
Pues según
Velázquez (1994), la calle se ha definido a
partir de un prototipo humano y social que
evidentemente deja en desventaja a grupos
sociales los cuales según ese prototipo,
justifica acciones de rehabilitación o de
exterminio.
"La
ciudad es todo aquello de paredes para afuera
. Pero adentro, en cambio, está nuestro
espacio, nuestra intimidad, lo
privado.......Al cruzar las puertas hacia la
calle quedamos a la intemperie. Entonces por
la calle sólo vamos de pasada, de tránsito,
lo más rápido posible. Tal vez nos quedemos
por ahí, en un cine, un bar o un almacén,
pero con paredes que nos guarezcan del
desamparo callejero. Somos de espacios
sedentarios con sentimientos y reacciones que
expresan la distancia entre las publico y lo
privado "(1994; 42).
Conexión
de los flujos de energía
Según Benévolo
(1978; 27), en los inicios de la ciudad, la calle
era un lindero que demarcaba extensiones
medibles, parcelas; el circuito de distribución
de mercancías (sal, esmeraldas), el cual hizo
que la calle se tornara un espacio de mezcla, de
reconección de procesos productivos. Según el
autor, en la periferia de Nottimghan en
Inglaterra, los bloques habitacionales, siguen la
trama de los cercados de los antiguos terrenos.
Igualmente en el departamento del Cauca, la
topología de la distribución de algunas
parcelas, muestran los árboles y los caminos que
delimitaban las tierras de terrazgeros de los
años sesenta. En las ciudades colombianas más
tradicionales, la calle fue ruta de comercio
indígena, luego huella del nuevo poder que se
instauraba.
Pero la calle
insinúa un movimiento, unos flujos, una
condición que como señala Deleuze (1988, 140),
hace ésta que sea el correlato de la ruta, pues
ella existe en función de una circulación, de
circuitos e interfases. En términos
energéticos, la ciudad se puede definir por los
input y output que como sistema establece con su
entorno; subsecuentemente la calle como espacio
de reconexión hace posible polarizar la materia
inerte, viviente, permite que los flujos
energéticos pasen por aquí y por allá, se
transformen en energía disipativa(2) e induzcan al caos: La
ciudad moderna del capitalismo y las calles,
constituyen un sistema que sugieren caos y
disolución energética pues requiere grandes
consumos de materiales que se transforman en
deshechos, en légamo.
La calle en las
ciudades modernas, se superpone a los circuitos
distributivos de mercancías en una operación de
reconección y juntura. Para Francois Fourquet y
Lio Murard (1978), la ciudad codifica estos
flujos haciendo posible la actividad
protobiótica de la maquina productiva: Estas
operaciones se realizan mediante la
espacialización que efectúa el capital
inmobiliario tanto del entorno natural como de
las reestructuraciones sobre los sedimentos
urbanos de distintas épocas.
No es raro
encontrar que en la bibliografía, la calle se
define generalmente como un espacio de uso
público, como un espacio imaginario que escapa a
las regulaciones del mercado, como un espacio
idílico donde el hombre se expresa y se realiza
el ideal de lo colectivo, es decir como
"ámbito de la expresión, de la
confrontación y la producción cultural"(3) ; sin embargo, la
presencia de una actividad económica importante
como es la informalidad, así como las formas de
apropiación de este espacio, nos señalan lo
difuso de los limites entre lo privado y lo
público. La definición de lo público pretende
establecer, un límite, una frontera entre lo
privado y lo público, un margen que indica el
final de una totalidad jurídica, sin embargo, en
los países latinoamericanos y las ciudades
tercermundistas, lo público aparece como un
espacio de realización de los poderes privados,
como un espacio a territorializar.
La Calle
como margen
Podríamos
pensar que la calle es un límite difuso, un
"margen" en el cual se escrituran
practicas y conflictos dada la pugna por poseer
el espacio o por el control de los circuitos.
Haciendo una transposición conceptual(4) , podemos señalar que el
margen no es un "Vacuum", es un
"Plenumm". (Pineda, 1987) En el margen
se practica el arte de la digresión. Facilita la
expresión del Pensamiento generado
espontáneamente, proporciona un espacio para
demostrar que se está vivo. El margen no
termina, se abandona; significa que en toda obra,
la delimitación y el límite interno carecen de
totalidad. En este margen se puede realizar una
escritura(5) , una marginalia en
cuanto que sobre el espacio de la calle se pueden
hacer inscripciones, dejar huellas que se
convierten en cualidades del espacio urbano.
La marginalia
que se instala en los espacios en blanco de la
calle, sugiere que allí no ha terminado la obra,
que aún es posible seguir. Si una totalidad
busca ser terminante, la marginalia urbana lo
deja abierto e inconcluso. Cada inscripción
requiere otra inscripción, alude a otro
referente. Por eso el espacio del margen nunca
será suficiente, pues la marginalia, hacer
posible una escritura de la dispersión, realizar
unas marcas así sean efímeras, una escritura de
borde que aún lo "descentrada",
sugiere demarcaciones, territorializaciones,
espacializaciones productivas
A la mirada
auscultadora y aun para la desprevenida, sin
entrenar, la calle se asemeja a un torbellino, de
imágenes y caminos. Así, la calle al igual que
la ciudad como dice Gerard Imbert (1995), se
asemeja a un gran escaparate, una panoplia de
objetos para tirar después de usar, un carnaval
de imágenes efímeras, danzibao difuso donde
desfilan textos sin orden ni concierto,
palimpsesto donde un sujeto multiforme reescribe
continuamente el mismo texto
Movimientos
itinerantes y nómadas en la calle
"El
bibliotecario aquel, asediado por el peso de
los libros que cargaba de un lado a otro,
pronto aprendió a fuerza de sudor que el
literato mas excelsamente nómade, es el
poeta que sólo carga su corazón para hacer
unos cuantos versos a la primera mujer que
pasa; todo esto mientras camina con las manos
en los bolsillos"
De:
"Crónicas itinerantes"
En este espacio
se yuxtaponen, colisionan, o se fusionan
distintos movimientos, unos que ingresan en la
geometría cerrada, distribuyéndose en lugares
donde el movimiento es lineal, intinerante. Otros
que van de la curva, al torbellino en espacios
abiertos que son usados sin medirse. Los primeros
son una cualidad topológica de los vendedores
que ocupan temporalmente un lugar, los
transeúntes, los turistas, los vendedores de
tinto, paletas, cosas varias, los estudiantes.
Los segundos, son propios del gamín, nómada por
excelencia(6) , del poeta sin ruta.
Para Deleuze y
Guattari (1989;325), los dos tipos de
movimientos, el intinerante(7) y el
nómada(8), suponen una tipología distinta que
se estructura sobre esta margen, este espacio en
blanco. En este orden de ideas podemos considerar
que el nómada se desplaza en un espacio liso sin
poseerlo, aparece aquí y allá siguiendo sus
propia energética. El itinerante es un
transeúnte, un turista que conoce su ruta, una
flecha en línea recta. El sedentario se
distribuye en un espacio, lo geometriza, lo
habita.
Podríamos
pensar que la calle es un límite difuso, un
"margen" en el cual se escrituran
practicas y conflictos dada la pugna por
poseer el espacio o por el control de los
circuitos.
Desde ésta
perspectiva, la topología y la etnografía de
los habitantes de la calle se complejiza, pues
nos encontramos con distintos flujos y
geografías. Las bandas de raponeros, jugadores
saltimbanquis, trabajadores de la suerte,
trabajadores ambulantes, se distribuyen
geométricamente en el espacio de la calle; los
transeúntes, oficinistas, empleados apenas posan
sus ojos sobre las vitrinas pues una fuerza
inexpugnable los guía a sus lugares de trabajo o
compra. En cambio, los gamines van de un lugar a
otro, rehuyendo la elipse o el cuadrado.
El movimiento
del nómada, es por ejemplo extensivo y de
velocidad instintiva, llenan el espacio fijo a la
manera de un torbellino, surgen en cualquier
punto, su movimiento es absoluto, no tiene
puntos, trayectos ni tierra. La tierra es un mero
soporte. En tal sentido, escapa a la
territorialización que se puede hacer, a la
espacialización que establece la maquinaria
urbana: la circula entre las márgenes señalando
que el centro es una globalidad con fisuras. El
itinerantes es una línea recta, un vigía que
conoce su ruta, el espacio es para el un camino,
un lugar conocido, un punto a habitar.
Prácticas
de valorización espacial en la calle
La máquina del
estado desterritorializa la calle para
territorializarla en lo que se denomina interés
común, espacio público. Así saca de la esfera
de la circulación, a esta mercancía y la coloca
en el "sin lugar" de los equipamientos
(agua, luz, teléfonos). Sin embargo, por su
condición de margen hacia ella fluyen energías
que no tienen otros ámbitos de realización, por
ejemplo, la informalidad. Según estadísticas,
se estimaba que Bogotá en el año de 1993,
podría registrar una informalidad cercana al
60%. El Tiempo (31 de octubre de 1993. Pág.
1C).En un censo realizado por IDIPRON (Instituto
Distrital de Protección de la Niñez y la
juventud) en el centro de Santa Fé de Bogotá se
encontró un total de 5.550 trabajadores
ambulantes y con lugar fijo como vendedores
ambulantes, artesanos, vendedores de frutas,
lustrabotas. loteros, tarjeteros, dulceros. Así
mismo, Arango (1998) señala que el subempleo,
del cual se alimenta el trabajo informal, para
Manizales y Pereira en el año de 1996 era de
6.453 mujeres y 13.986 hombres
Los rápidos
procesos de innovación, competencia y adopción
tecnológica determina una serie de impactos
difíciles de manejar. Segmentos de la fuerza
laboral se vuelven rápidamente obsoletos frente
a los requerimientos de nuevos conocimientos y
destrezas. El desempleo que genera la
incorporación de las nuevas tecnologías
desplaza gran parte de la población hacía
esferas donde los requerimientos tecnológicos
son menores, sumado a ello los desplazamiento
forzoso inducido por las máquinas de guerra.
En el espacio de
la calle, los trabajadores sedentarios y aquellos
en proceso a serlo imprimen una huella, una
«rugosidad». Según Milton Santos (citado por
Roberts ,1990), la rugosidad es una
sobredeterminación del espacio de la vida
económic: La sobredeterminación se vuelve una
cualidad del lugar en la medida que el trabajo
crea espacio que se adiciona el anterior. Los
edificios que se construyen sobre las ruinas de
otros, todo aquello que se adiciona al suelo se
torna en trazas de una historia territorial.
Significa lo anterior que la calle como hecho
urbano no escapa al proceso económico de
construcción del espacio urbano. El espacio al
modificarse, al adicionarse nuevo valor, se
convierte en un componente del proceso
productivo, pues ingresa como valor del espacio
como un recurso indispensable para que las
operaciones productivas se realicen.
En efecto, sobre
el espacio de la calle surgen casetas, las cuales
están bien adheridas al suelo, regularizan sus
tamaños y alturas, apeñuscándose de tal manera
que no dejan sino junturas para el paso de los
potenciales compradores. El valor que aquí se
cristaliza y espacializa, está expresado en
términos del trabajo invertido y los materiales
que se emplean pues la construcción de estas
casetas, constituyen maneras de mejorar el
espacio y configurar nuevos usos. Se ha mejorado
el espacio en cuanto se invierte trabajo para
hacerlo "trabajable".
A diferencia, el
gamín, no adiciona valor cuando construye un
cambuche, ni agrega una nueva cualidad a la
calle. el territoriliza temporalmente la calle,
hace un uso al igual que grupos como los Nukab
Maku, que cargan el espacio habitacional
sometiéndolo al flujo de sus desplazamientos.
Dispositivos
de Captura de la actividad productiva en la calle
¿Cuál es el
mecanismo que hace sedentarizar, inmovilizar los
vendedores ambulantes o los nómadas?.
La búsqueda de
un mayor ingreso, y en consecuencia de mayores
ventas, encamina al vendedor, u otras
actividades, a la consecución de un espacio
favorable a la actividad que se desempeña. La
presencia potencial
El
movimiento del nómada, es por ejemplo
extensivo y de velocidad instintiva, llenan
el espacio fijo a la manera de un torbellino,
surgen en cualquier punto, su movimiento es
absoluto, no tiene puntos, trayectos ni
tierra.
de clientes, la
"faborabilidad" de la ubicación en el
espacio, es analizada por Topalov (1984; 131)
desde el concepto de "renta
diferencial". La cercanía de compradores,
la existencia de mercancías o materias primas al
alcance así como la aglomeración de empresas
del mismo tipo que regulan los precios,
constituyen valores de diferenciación del costo
de las mercancías que el vendedor pone a
disposición del comprador y que hacen posible la
"plusganancia". Esta plusganancia
configura lo límites para determinar la
rentabilidad de cualquier empresa en la calle
Para Robert
Moraes (1990), el movimiento global sobre el
espacio y espacialmente realizado de personas,
objetos no son cualidades del espacio sino de la
distribución de los recursos. La circulación se
espacializa en las distancias absolutas o
relativas de los productos y los productores.
Aquí no se trata de un valor que se confunde con
el producto como ocurre con el valor del espacio
o, las rugosidades., ni la tierras agregadas al
valor final del producto, sino una
característica de la circulación y una
imanencia del espacio real, la distancia, que
participa de un proceso real especifico. En el
capitalismo, la producción de mercancías está
íntimamente asociada con una intensificación de
la circulación pues es en éste donde aquella se
realiza.
Este mecanismo
actúa entonces como una "Máquina de
Captura" que atrae tanto trabajo como
mercancías, las cuales se desplazan hacia el
lugar donde la actividad es más favorable y
rentable, pero también la máquina de captura
significa un proceso de codificación y
comparación de la actividad. Según Deleuze el
aparato de captura está formado por dos
operaciones que aparecen en modos convergentes:
comparación directa, apropiación
monopolística. La comparación siempre supone la
apropiación: el trabajo supone el sobretrabajo,
la renta diferencial supone la absoluta, la
moneda de comercio supone el impuesto. El aparato
de captura constituye un espacio general de
comparación y un centro móvil de apropiación.
(1989; 451)
Ahora bien,
¿cuál es la etnografía de esa sedentarización
de la actividad?. A este respecto Hernando de
Soto, dice: refiriéndose a la actividad informal
en el Perú:
»lo primero
que hace un ambulante que trata de invadir un
lugar fijo de la vía pública, es valorizar
la ubicación. Para el efecto tiene que
apreciar el mínimo de clientes potenciales
que lo podrán favorecer ahí claramente.
Ello le permite determinar, además la
magnitud en que el ingreso neto esperado
excederá al salario que se haya designado
así mismo o a su ayudante". (1987;
68-69)
Esta
valoración, este cálculo económico es
característico en actividades que van desde la
colocación de un puesto de dulces, hasta el
ejercicio de la prostitución. Sin embargo, el
valor que aquí se adiciona es poco perecedero o
inestable, pues se hace sobre un territorio
fluctuante y a veces inhóspito. Para fijarse en
un territorio, se debe hacer perenne el trabajo,
especializarlo, pensar a largo plazo, esperar el
cliente, rehuir la incertidumbre.
La sujeción,
restricción de esos movimientos, se realiza
gracias al proceso de captura que realiza la
renta diferencial, pero a ello se agrega la
sujeción que se establece bajo la forma de
permisos, impuestos de trabajo. Decía así un
articulista del Tiempo, al referirse a los
conflictos con los propietarios de casetas en
Santa Fé de Bogotá "lo mínimo que se
podría esperar de los propietarios de casetas es
que pagaran los impuesto y el consumo de
luz". (Gutiérrez. 1995 Sección E). Pero
este impuesto por el uso del espacio público,
sólo se puede producir a condición de que el
estado se declare monopolio de segmentos
sociambulantes de la ciudad a través de los
circuitos fiscales que instauran una forma de la
renta absoluta.
No obstante, en
la socio producción ambulante, el vendedor,
desarrolla su actividad en medio de continuos
desplazamientos, unos derivados de la energética
del mercado, otros derivados de los conflictos
socio espaciales de lucha territorial:
«Ocasionalmente ese mundo ese mundo de alborota
con una voz de alarma. El camión........ el
camión! Entonces los vendedores de cachivaches,
agarran las cuatro puntas de las telas en que
exhiben la mercancía, cierran las maletas de
perfumes y relojes y desaparecen por las calles
que bajan a la carrera décima, para reaparecer
cuando ha pasado el peligro» (El Tiempo. Idem.)
Así mismo muestra un ámbito de los conflictos
rentísticos: . «Tampoco me preocupó por las
licencias que piden los policías cuando se
asoman por el barrio.......... No tenía tiempo
para hacer interminables filas y obtener un
permiso para su funcionamiento (de una
sastrería). Además pensaba que si el gobierno
no le daba nada era además justo que lo dejara
trabajar sin molestarle la vida, sin quitarle
nada.» (El Espectador." Y del toque
informal, de la apertura qué?....". 6 de
octubre de 1991).
Las
segmentaciones
La fijación y
captura de los cuerpos y objetos significa una
distribución geométrica en el espacio
conformando un estriaje, unos segmentos. La
segmentación se establece gracias a la
"renta de posición", la cual varía
según la favoravilidad de la posición.
Según Deleuze
la renta diferencial asociada al uso del suelo
implica una desterritorialización, "puesto
que en lugar de que los hombres se distribuyan en
un territorio intinerante, las porciones de
tierra se reparten entre los hombres en función
de un criterio cuantitativo ( fertilidad a igual
superficie). Por eso la tierra está en el origen
de un estriaje que procede por geometría,
comparación - contrariamente a los otros
elementos el agua, el aire y los vientos
".(1989; 448)
En el estriaje
que se realiza en el espacio de la calle también
intervienen los otros vendedores, las redes
comerciales que homogeneizan, e igualan los
espacios a disponer. Las porciones se distribuyen
entonces se gún criterios cuantitativos de mayor
o menor rentabilidad.
Así la calle se
convierte en una gran fábrica, en un
supermercado, laboratorio, escuela, en un gran
circuito de intercambio de fuerza y mercancías.
Pero estos circuitos productivos y comerciales
actúan en consonancia con la circulación de
mercancías y la moneda que tiene las actividades
que se realizan en el centro: el mundo
socioambulante se halla conectado a Taiwan,
bodegas mayoristas y comerciantes que los proveen
de artículo. Por ello no es extraño encontrar
en el centro de los Angeles USA, locales y
negocios de anden, callejones administrados por
mexicanos cuyos productos son similares a los
expuestos en los andenes de la carrera décima en
Santafé de Bogotá y la octava en Pereira.
NOTAS
(1) En esta
máquina se pueden identificar dos procesos: Uno,
de producción de usos y valores culturales,
otro, la interconexión del trabajo productivo,
del trabajo social mediante operaciones de
junturas, de mezcla y reconexión de los
procesos.(Calderón y Romero,1997; p. 25-26)
(2) Aquí
aludimos al modelo de Prigogini: las estructuras
disipativas sugieren el caos, pues son sistemas
capaces de mantener su identidad sólo si
permanecen continuamente abiertas a los flujos
del medio externo Ver Calderón y Romero (1997)
(3) Viviescas
Fernando (1997) "Espacio público:
imaginación y planeación urbana", p.
10.
(4) Pineda
aplica el concepto de margen y marginalia al
análisis de la novela, por extensión hacemos
una transposición del concepto al espacio
urbano. La escritura urbana es una práctica que
deja una huella
(5) No se
concibe aquí la escritura como un espacio de
significaciones, sino como un sistema de
significantes que aluden a otros significantes
asociados al valor del suelo.
(6) Según
IDIPRON en la ciudad de Santa Fé de Bogotá hay
cerca de 9000 menores de edad en las calles
(7) El
itinerante recorre un camino, una ruta, un lugar:
es un potencial sedentario
(8) Errante, sin
domicilio, es decir sin lugar.
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