Popol Vuh: el
libro de la sabiduríaCésar Valencia
Solanilla
Los libros
sagrados de los pueblos confieren sentido a
todo lo existente y son la base para la
explicación del origen de la vida, de la
naturaleza, del hombre, de los dioses. Son la
sabiduría hecha palabra, porque nombran al
mundo. El Popol Vuh, libro sagrado de
la cultura maya-quiché, es el monumento a la
sabiduría y a la poesía mesoamericana. En
este artículo se estudian los relatos
cosmogónicos, antropogónicos, etiológicos,
lúdicos y didácticos en los que se halla
contenido ese saber, fuente primordial de las
letras de nuestro continente.
Antecedentes
En las
creaciones literarias precolombinas, sin duda
alguna el Popol Vuh representa la más importante
obra producida por los pueblos mesoamericanos y
el punto de partida para la historia de la
literatura de nuestro continente. Aunque se
tienen informaciones fragmentarias y algunas
veces contradictorias sobre su origen, es claro
que el texto que ahora conocemos en los idiomas
modernos proviene del manuscrito que recogiera
entre 1701 y 1703 en lengua maya-quiché el
sacerdote dominico fray Francisco Jiménez, cura
doctrinero en Santo Tomás Chuilá -hoy
Chichicastenango- en Guatemala. El manuscrito, de
autor o autores anónimos, estaba redactado en
lengua maya-quiché y databa aproximadamente de
la mitad de siglo XVI -cuando había sido escrito
por indígenas letrados en su idioma original
utilizando la escritura fonética prestada del
español- y estuvo oculto y guardado celosamente
por el pueblo en Chichicastenango por cerca de
siglo y medio.
El texto que hoy
se conoce no corresponde a la versión original
escrita por los indígenas anónimos, sino a la
copia manuscrita hecha por fray Francisco
Jiménez, que fuera recogida luego por el ilustre
abate francés Charles Etienne Brasseur de
Bourbourg -a quien se debe también haber
recuperado la más auténtica pieza de teatro
precolombino, el Rabinal Achí- y adquirida luego
por Edward E. Aller, quien la cedió a la
Biblioteca Newberry, donde se encuentra
actualmente.
La más conocida
y aceptada de las traducciones al español
proviene de Adrián Recinos, publicada en 1947
por el Fondo de Cultura Económica de México,
con el título de Popol Vuh. Las antiguas
historias del Quiché y tiene como base inicial
la copia que reposa en la Biblioteca de Newberry,
que Recinos visitara en 1941. En esta biblioteca,
Recinos descubrió un tanto incidentalmente, en
la colección de Edward E. Aller, un manuscrito
intitulado Arte de las tres lenguas, Cacchiquel,
Quiché y Tzutuhil, compuesto a principios
del siglo XVIII por fray Francisco Jiménez, que
es el mismo recogido por Brasseur de Bourbourg y
traducido al francés en 1861 con el título de
Popol Vuh, le livre sacré et les mythes de
lantiquité americaine. El abate francés
señaló en su traducción algunos errores en que
había incurrido Jiménez y ofreció su propia
versión, dividiendo el texto corrido original
-que Jiménez había respetado- en cuatro partes
y éstas, a su vez, en capítulos.
La traducción
al español de Recinos tiene como fuente,
entonces, el original de la colección de la
Biblioteca Newberry y la traducción al francés
de Brassseur de Bourbourg y por eso aparece
dividida en cuatro partes y capítulos de variada
extensión. El parecido en su organización
externa e interna con la Biblia es explicable,
pero en nada altera su autenticidad y valor
históri co, religioso y literario. Tal vez por
ello fue llamado por Miguel Angel Asturias -quien
también hizo su traducción al español- la Biblia
americana.
Existe una
traducción moderna al español que toma
directamente el texto original de Jiménez,
elaborada por Adrián I. Chávez y que difiere
substancialmente de las demás conocidas, que
merece un estudio especializado, ya que tiene el
mérito de pertenecer a una autoridad en su
lengua materna y ofrecer por primera vez el texto
no sólo en la versión de Jiménez -que según
Chávez alteró en muchas partes el texto desde
el punto de vista fonético- sino en una versión
especial que corresponde fielmente a la fonética
del quiché -con caracteres tipográficos únicos
creados por una fundación alemana que apoyó al
investigador-, además de una traducción literal
al español y la propia de Adrián I. Chávez que
es en cierta medida radicalmente diferente a las
conocidas(1). Sin embargo, como la
más difundida y hasta ahora aceptada es la de
Recinos, la tomamos como fuente en español para
estas reflexiones.
En su calidad de
libro sagrado de los quichés, el Popol Vuh es el
compendio de los saberes cotidianos básicos, de
los mitos de la creación de todo lo existente,
de los dioses del mundo visible y del inframundo,
de los héroes civilizadores que realizan su
gesta para ordenar y conferirle sentido al
universo, del origen remoto de las tribus que
poblaron el mundo maya-quiché. Por esta razón,
es el libro mayor de la sabiduría quiché y
contiene relatos míticos de índole
cosmogónica, antropogónica, etiológica,
lúdica y didáctica(2) que son la fuente fundamental del
universo religioso e histórico de este pueblo.
Los diferentes
nombres que ha recibido, esto es, Manuscrito de
Chichicastenango, El Libro del Consejo, Libro del
Común, Historias del origen de los indios de
estas provincias de Guatemala, Libro Nacional de
los Quichés, o el Pop Wuj: poema
mito-histórico kiché (Libro del tiempo o de
Acontecimientos), como lo llama Adrián I.
Chávez, le confieren un carácter sagrado, pues
representa la génesis más remota de la historia
mítica de los quichés. La concurrencia de
relatos míticos e históricos de diferente
índole, dotan al texto de un sentido
trascendente y expresan la idea de la totalidad y
del equilibrio, que son nociones esenciales para
entender el simbolismo de sus manifestaciones
religiosas.
Los
relatos de origen: la sabiduría de los dioses
Desde el llamado
Preámbulo y en las tres partes iniciales que
componen el libro -la cuarta está dedicada a las
genealogías de las tribus y tiene un valor
principalmente histórico- se introduce al mundo
de lo sagrado: en la homogeneidad de la nada
sólo está la calma, el mar y el cielo, la
inmovilidad y el silencio en la oscuridad de la
noche. Las deidades mayores, el Creador, el
Formador, los Progenitores, Tepeu y Gucumatz(3), que son los grandes sabios
pensadores, el Corazón del Cielo, disponen
entonces la creación del hombre y la naturaleza:
Entonces
dispusieron la creación y crecimiento de los
árboles y los bejucos y el nacimiento de la
vida y la creación del hombre. Se dispuso
así en las tinieblas y en la noche por el
Corazón del Cielo, que se llama Huracán.
(...)
¡Hágase
así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta
agua se retire y desocupe [el espacio], que
surja la tierra y que se afirme! Así
dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el
cielo y en la tierra! No habrá gloria ni
grandeza en nuestra creación y formación
hasta que exista la criatura humana, el
hombre formado. Así dijeron. (4)
La
creación del hombre, fin último de la
creación, es tal vez la metáfora mayor de
la búsqueda de la perfección, por cuanto
los dioses debían asegurar su inmortalidad
en la memoria de los hombres.
Como en los
mitos de creación de las religiones mayores, los
cielos, la tierra y la naturaleza preceden al
hombre y la obra de los dioses sólo tendrá su
feliz culminación cuando éste aparezca.
Representa el acto supremo de los dioses, pues
una vez perfeccionado el hombre las deidades
aseguran su eternidad, en la medida en que exista
una boca que los invoque, una palabra que los
alabe, un corazón que los sienta y espere.
La creación del
hombre, fin último de la creación, es tal vez
la metáfora mayor de la búsqueda de la
perfección, por cuanto los dioses debían
asegurar su inmortalidad en la memoria de los
hombres. Por eso el hombre es creado luego de
varios intentos y consultas entre los dioses:
primero se crea a los animales, se les pide que
hablen y al no conseguir que lo hicieran como los
hombres, se les deja su lenguaje de cacareos,
chillidos y graznidos:
Pero no
se pudo conseguir que hablaran como los
hombres; sólo chillaban, cacareaban y
graznaban; no se manifestó la forma de su
lenguaje, y cada uno gritaba de manera
diferente.
Cuando el
Creador y el Formador vieron que no era
posible que hablaran, se dijeron entre sí:
No ha sido posible que ellos digan
nuestro nombre, el de nosotros, sus creadores
y formadores. Esto no está bien ,
dijeron entre sí los Progenitores. (p.
8)
Como castigo, se
ordena que habiten los bosques y los barrancos,
sus carnes fueran devoradas y sirvieran para el
alimento, en una perfecta combinación entre el
relato cosmogónico y el etiológico, que explica
el origen inmediato de las cosas y de los seres:
Entonces
se les dijo: Seréis cambiados porque
no se ha conseguido que habléis. Hemos
cambiado de parecer: vuestro alimento,
vuestra pastura, vuestra habitación y
vuestros nidos los tendréis, serán los
barrancos y los bosques, porque no se ha
podido lograr que nos adoréis ni nos
invoquéis.
(...)
Luego
quisieron probar suerte nuevamente; quisieron
hacer otra tentativa y quisieron probar de
nuevo a que los adoraran.
Pero no
pudieron entender su lenguaje entre ellos
mismos, nada pudieron conseguir y nada
pudieron hacer. Por esta razón fueron
inmoladas sus carnes y fueron condenados a
ser comidos y matados los animales que
existen sobre la faz de la tierra. (p. 9)
Luego se intenta
con el lodo, pero tampoco se logra crear al
hombre, porque su carne se deshacía, no lograba
moverse, se le nublaba la vista, y aunque al
comienzo hablaba, no tenía entendimiento, se
humedeció dentro del agua y no se pudo
mantenerse en pie:
(...) De
tierra, de lodo hicieron la carne [del
hombre]. Pero vieron que no estaba bien,
porque se deshacía, estaba blando, no tenía
movimiento, no tenía fuerza, se caía,
estaba aguado, no movía la cabeza, la cara
se le iba para un lado, tenía velada la
vista, no podía ver hacia atrás. Al
principio hablaba, pero no tenía
entendimiento. Rápidamente se humedeció
dentro del agua y no se pudo sostener. (p.
10)
De modo que
deben acudir al consejo de los sabios abuelos
Ixpiyacoc e Ixmucané (5), quienes después de echar la
suerte en los granos de maíz y de tzité deciden
crear al hombre de madera, que pobló la tierra,
se mutiplicó, pero sólo tuvo hijos e hijas a
muñecos de madera que no tenían alma ni
entendimiento ni se acordaron de sus dioses:
Entonces
hablaron y dijeron la verdad: Buenos
saldrán vuestros muñecos hechos de madera;
hablarán y conversarán vuestros muñecos
hechos de madera, hablarán y conversarán
sobre la faz de la tierra.
¡Así sea! contestaron, cuando habla
ron.
Y al
instante fueron hechos los muñecos labrados
en madera. Se parecían al hombre, hablaban
como el hombre y poblaron la superficie de la
tierra.
Existieron
y se multiplicaron; tuvieron hijas, tuvieron
hijos los muñecos de palo; pero no tenían
alma, ni entendimiento, no se acordaban de su
Creador, de su Formador; caminaban sin rumbo
y andaban a gatas. (p. 11-12)
Por esto fueron
destruidos y una gran lluvia de resina vino del
cielo, les fueron arrancados los ojos, cortadas
sus cabezas, devoradas sus carnes, magullados y
molidos sus huesos, y hasta los animales
pequeños, los comales, los platos, las ollas,
las piedras de molar, les golpearon sus caras y
de ellos se vengaron, convirtiéndose finalmente
en los monos que habitan en los bosques.
Por último,
Tepeu y Gucumatz, cuando faltaba poco para que el
sol, la luna y las estrellas aparecieran,
decidieron crear al hombre de maíz, de tal forma
que el maíz blanco y el amarillo penetraron en
la carne de los hombres, infundiéndoles vida y
fortaleza, descubriendo entonces una tierra llena
de deleites y abundantes alimentos.
A
continuación entraron en pláticas acerca de
la creación y la formación de nuestra
primera madre y padre. De maíz amarillo y de
maíz blanco se hizo su carne; de masa de
maíz se hicieron los brazos y las piernas
del hombre. Unicamente masa de maíz entró
en la carne de nuestros padres, los cuatro
hombres que fueron creados. (p. 86)
Este es el
origen de los primeros hombres, Balam Quitzé,
Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam(6), que ocurre cuando el sol
aparece, cuando la luz plena de la vida inunda la
tierra y el universo. Han sido creados como seres
espléndidos, dotados de belleza inteligencia y
sabiduría, y su vista alcanza más allá del
horizonte:
Fueron
dotados de inteligencia; vieron y al punto se
extendió su vista, alcanzaron a ver,
alcanzaron a conocer todo lo que hay en el
mundo. Cuando miraban, al instante veían a
su alrededor y contemplaban en torno a ellos
la bóveda del cielo y la faz redonda de la
tierra. Las cosas ocultas [por la distancia]
las veían todas, sin tener primero que
moverse; en seguida veían el mundo y
asimismo desde el lugar donde estaban lo
veían.
Grande
era su sabiduría; su vista llegaba hasta los
bosques, las rocas, los lagos, los mares, las
montañas y los valles. En verdad eran
hombres admirables Balam-Quitzé, Balam-Acab,
Mahucutah e Iqui-Balam. (p. 87)
Pero hombres
así son demasiado perfectos y compiten con los
dioses por su poder y entendimiento, y por ende
sobrepasan la misma intención de sus creadores
-los dioses necesitan hombres que los adoren, los
alaben y los invoquen para así permanecer en la
memoria colectiva-, por lo que es preciso
limitarles la visión y reducirles sus poderes,
ya que no es bueno para el equilibrio del mundo
unos seres tan parecidos a los dioses:
Entonces el
Corazón del Cielo les echó un vaho sobre
los ojos, los cuales se empañaron como
cuando se sopla sobre la luna de un espejo.
Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo
que estaba cerca, sólo esto era claro para
ellos.
Así fue
destruida su sabiduría y todos los
conocimientos de los cuatro hombres, origen y
principio [de la raza quiché]. (p. 89)
El
triunfo del bien sobre el mal, mediante el
cual los dioses cumplen con la tarea de
organizarlo todo, tanto del mundo visible
como del invisible, es la acción demiúrgica
suprema para que el hombre viva feliz sobre
la tierra.
Como se trata
del libro del conocimiento y la sabiduría, en
él se explican también aspectos básicos de la
naturaleza, como lo que hoy pudiéramos llamar la
«cadena ecológica» respecto del mundo animal,
en el que los organismos vivos complejos y más
poderosos contienen a los menores y más
elementales, que es un principio clave en la
armonía del universo de lo viviente. En los
divertidos pasajes que se refieren al temor de la
abuela Ixmucané (7) de dar la noticia a sus nietos
Hunahpú e Ixbalanqué sobre la invitación o el
reto para el juego de la pelota que le traen los
mensajeros de los señores de Xibalbá -Ixmucané
tiene muy presente que sus hijos Hun-Hunahpú y
Vucub-Hunahpú murieron por las tretas de los
dioses del inframundo- se advierte este serie de
eslabones:
El encargo lo
recibe un piojo, que al iniciar su viaje se
encuentra con un sapo, el que enterado de la
prisa del piojo decide tragárselo y se pone a
caminar; sin gran prisa, el sapo encuentra a una
gran culebra, Zaquicaz, que también se lo traga,
y ésta, al ser divisada por Vac, el gavilán,
igualmente es tragada por el pájaro. El gavilán
vuela y llega rápido a dar aviso a Hunahpú e
Ixbalanqué, diciéndoles que trae el mensaje en
su vientre, pero que deben curarle el ojo antes
de vomitar la culebra, que a su vez vomita al
sapo, el que requerido para arrojar al piojo no
puede hasta que le abren la boca y descubren que
el piojo se ha quedado pegado a los dientes del
sapo; la burla al sapo hace que se desconozca su
alimentación y sea condenado a ser comido por la
culebra, que sirve de alimentación al gavilán,
que tiene un ojo muy poderoso por agradecimiento
de los dioses... El carácter lúdico y
didáctico de estos relatos encierra un gran
simbolismo y funcionan como relatos etiológicos
para explicar la cadena alimenticia en el mundo
animal, así como las nociones de conjuntos en
que los seres más pequeños hacen parte de los
más grandes, como podría deducirse de la
poética infinitud del planeta tierra en el
espacio inconmesurable del universo.
Hay en estos
pasajes del Popol Vuh espléndidas imágenes del
existir, del carácter inacabado de la creación,
de la falencia de los dioses, de la búsqueda de
la perfección en la creación de los hombres,
del castigo que tuvieron los que no alcanzaron el
entendimiento, del trabajo conjunto de las
deidades para realizar mejor su obra, y desde
luego de la explicación del origen de las cosas
a través de la palabra poética: los animales
son los hombres primigenios que no pudieron
hablar, los monos los hombres de palo que fueron
castigados por su ineficiencia, el hombre de
ahora el hijo del maíz, fuente de toda
alimentación y de alegría en el mundo, la
sabiduría plena y la vista ilimitada un atributo
exclusivo de los dioses. Existe en estos relatos
la fusión indisoluble entre el mito y el
pensamiento, entre la filosofía y la pedagogía,
de los relatos cosmogónicos con los
etiológicos, reveladora de la armonía y el
equilibrio que sacraliza el mundo y transmite a
los hombres el legado sapiente de sus dioses.
Los
héroes civilizadores
El conjunto de
relatos que integran la saga heroica de los
héroes civilizadores, Hunahpú e Ixbalanqué,
también revela el sentido integral de las
narraciones míticas de origen como
manifestación de la sabiduría de los Formadores
y Progenitores, y sirve además para conectar el
mundo de lo mítico con el mundo de lo
histórico, en busca del equilibrio. ³Al
analizar algunos de los microrrelatos que
componen la historia de los héroes civilizadores
puede verificarse el carácter sagrado pero al
mismo tiempo profundamente humano de su saga
heroica:
La tarea
principal que les ha sido asignada es la de
vencer a los terribles señores de Xibalbá, los
dioses del inframundo, que derrotaron en el juego
de la pelota a sus padres -Hunahpú y
Vucub-Hunahpú (8), para verificar el triunfo del
bien sobre el mal e iniciar así su labor
civilizadora. Para el efecto, los jóvenes
hermanos deben superar mediante la astucia, la
malicia y la inteligencia, diferentes pruebas que
les son tendidas por los dioses del inframundo,
como una especie de premonición sagrada de las
acciones que deben emprender los hombres para
dominar el mal mediante el sentido común,
oponiendo la inteligencia a la fuerza, la astucia
a la trampa.
El triunfo del
bien sobre el mal, mediante el cual los dioses
cumplen con la tarea de organizarlo todo, tanto
del mundo visible como del invisible, es la
acción demiúrgica suprema para que el hombre
viva feliz sobre la tierra. El juego de la
pelota, en este sentido, simboliza la
confrontación en que ellos deben vencer a los
dioses del inframundo, ya que para hacerlo no
deben emplear su fuerza física, sino sus dones
mágicos para descubrir los engaños, superar las
duras pruebas a las que son sometidos y demostrar
a los señores de Xibalbá su poder mediante la
astucia y la inteligencia: llegan inclusive a
sacrificarse en la hoguera y morir juntos, en un
acto de simulación, permitiendo que los de
Xibalbá molieran sus huesos, para luego volver a
la vida. Y lo hacen en forma de dos pobres viejos
vestidos de harapos, que sin embargo ejercitan la
magia, para convencer a los Xibalbá de sus
grandes poderes, facilitando así, a través del
engaño, su destrucción definitiva. Los héroes
civilizadores, transubstanciados en viejos
harapientos,
(...)
obraban muchos prodigios. Quemaban las casas
como si de veras ardieran y al punto las
volvían a su estado anterior. Muchos de los
de Xibalbá los contemplaban con admiración.
Luego se
despedazaban a sí mismos; se mataban el uno
al otro; tendíase como muerto el primero a
quien habían matado, y al instante lo
resucitaba el otro. (p. 77)
De esta forma,
los señores de Xibalbá son inducidos a
experimentar ellos mismos la acción mágica de
los viejos, solicitando ser sacrificados para
luego resucitar. Hun-Camé, rey de Xibalbá, y
Vucub-Camé (9), los poderosos dioses
del inframundo, son así derrotados y muertos
para siempre por el prodigio de los jóvenes
dioses, consolidando la primacía de bien sobre
el mal.
De igual manera,
la idea del castigo a la soberbia y a la vanidad,
que es una especie de hilo conductor paralelo al
propósito central de domeñar el Mal, revela la
expresa voluntad de los héroes civilizadores de
rechazar las ofensas a los dioses y eliminar el
peligro que pueda derivarse de unos seres
poderosos que atentan contra el equilibrio del
universo. En los pasajes en que tanto Vucub
Caquix (10) como sus hijos Cabracán
y Zipacná son derrotados, se infiere este celo
de los dioses en busca de la armonía:
Cuando aún no
había sol -es importante destacar que el
advenimiento de la aurora, es decir, la
aparición del sol, asociado a la creación del
hombre de maíz representan la culminación de la
creación- Vucub Caquix, que es un ser orgulloso,
se vanagloriaba de ser el sol, la claridad, la
luna. Para castigar esta pretensión, Hunahpú e
Ixbalanqué envían el diluvio que arrasa a los
hombres de palo, y Vucub Caquix muere, «porque
su única ambición era engrandecerse y dominar»
Lo mismo ocurre
con Zipacná y Cabracán, los hijos de Vucub
Caquix, en los que la acción ejemplarizante es
la misma de castigar la soberbia y la ambición,
pues con ellas se pone en peligro el equilibrio
cósmico. Utilizando la astucia y el sentido
común de inducir al error al adversario, los
dioses civilizadores derrotan a estos falsos
dioses, en unos relatos llenos de colorido y
aventura.
Puede afirmarse,
entonces, que Hunahpú e Ixbalanqué congregan el
símbolo de la sabiduría colectiva, pues toda la
gesta heroica tiende a la sacralización del
equilibrio, a la observancia estricta de las
normas en el mundo de lo mítico, del que se
deriva lo histórico. Esto puede comprobarse en
muchos pasajes del libro que hemos referido, como
también en los que el respeto a los padres está
unido a la humildad y la cordura, como aspectos
claves para el ser individual, que deben
contribuir con su acción y su actitud para la
marcha armónica de la sociedad y la
preservación de las instituciones, como sucede
con Ixquic (11) y sus hijos Hunahpú e
Ixbalanqué, ignorados radicalmente por su abuela
a pesar de su condición de dioses y rechazados
por sus medios hermanos por celos, pero que saben
guardar la paciencia hasta ser reconocidos,
ofreciendo así un vehemente ejemplo de
admiración y veneración con los mayores.
Todas estas
acciones de los dioses tienen una inspiración
claramente pedagógica en las que se manifiesta
la sabiduría de los seres sobrenaturales, pero
que buscan integrarse de manera simple a la vida
cotidiana de los individuos.
Los hermanos
Hunahpú e Ixbalanqué, aunque eran verdaderos
dioses y tenían grandes poderes sobrenaturales,
guardaban siempre la humildad y el respecto por
sus padres y abuelos, ya que mediante su ejemplo
debían demostrar que tanto hombres como dioses
no deben ser vanidosos ni soberbios. Ellos eran
los encargados de combatir las fuerzas negativas
y las malas acciones para preservar a la
comunidad y mantener el equilibrio.
El carácter
hondamente humanizado de estos héroes
civilizadores los presenta como muy próximos a
su pueblo, de tal forma que las enseñanzas
morales y éticas fueran inherentes al individuo
mismo, sin que por estos los dioses perdieran su
gloria y divinidad. Todas las acciones que
emprenden para castigar la vanidad y la soberbia,
desde la perspectiva de acciones humanas simples
que priorizan la imaginación, la habilidad y la
astucia, son formas eficaces para vencer el mal,
la violencia y la fuerza bruta y mantener el
equilibrio cósmico, al mismo tiempo que
enseñanzas eficaces en las que el pueblo
aprendía tanto el origen sagrado de todo lo que
integra la naturaleza y el cosmos, como los
patrones de conducta que debían asumir a lo
largo de su vida.
(...)
Hunahpú e Ixbalanqué congregan el símbolo
de la sabiduría colectiva, pues toda la
gesta heroica tiende a la sacralización del
equilibrio, a la observancia estricta de las
normas en el mundo de lo mítico, del que se
deriva lo histórico.
Los pueblos que
aman su pasado y sienten verdadero respeto de sus
libros sagrados, guardan celosamente esos legados
de los dioses, porque allí se explica el origen
de todo cuanto existe, su palabra poética redime
la contingencia y es apertura de mundo, se
confiere trascendencia a los hechos y los actos
más elementales del hombre y la naturaleza: es
la sabiduría hecha palabra. El Popol Vuh, con su
belleza exultante, su profundo sentido de lo
religioso y esa especie de atmósfera simbólica
que todo lo inunda para que exista el equilibrio
y la armonía cósmica, es el libro mayor de la
sabiduría de la cultura mesoamericana y la
fuente inagotable de conocimiento a la que todos
los latinoamericanos debemos acudir para la
celebrar la vida y rastrear nuestras huellas de
identidad.
NOTAS
(1) Pop-Wuj.
Poema mito-histórico ki-ché. Traducción
directa del Manuscrito por Adrián I. Chávez,
Centro Editorial Vile, Quetzaltenango, 1981. Esta
edición, en caracteres tipográficos de máquina
de escribir, presenta en cuatro columnas las
versiones anotadas: dos en quiché y dos en
español, para facilitar la comprensión del
erudito trabajo de Chávez.
(2) Se denomina
narrativa cosmogónica la que tiene
un tono épico y mítico, y sirve para explicar
los orígenes tanto de los dioses como de todas
las cosas que existen en la naturaleza. Antropogónica:
la que tiene una naturaleza mítica y legendaria
y sus protagonistas son semidioses o engendros de
seres celestes, como también héroes
civilizadores y hombres dotados de poderes
sobrenaturales; en estos relatos aparecen los
héroes fundando ciudades, se cuentan hazañas y
aparece la figura mítica del hombre con ciertas
características divinas. Etiológica los
relatos que sirven para explicar la existencia de
alguna cosa o hecho especial, y sirvieron de base
para la escritura de muchos de los libros de los
cronistas de indias. Lúdica y didáctica,
las narraciones para entretener, enseñar y
obtener una moraleja que pueda servir para la
vida; sus personajes son seres corrientes, aunque
en las fábulas aparecen en forma de animales
convertidos en arquetipos de las acciones
humanas.
(3) Tepeu,
el rey soberano; Gucumatz, serpiente
cubierta de plumas verdes. Es la versión maya de
Quetzalcóatl, dios azteca en Yucatán durante el
período del Nuevo Imperio Maya. (Notas
explicativas de la traducción de Adrián
Recinos)
(4) Popol
Vuh, Las antiguas historias del Quiché.
Traducción de Adrián Recinos, Fondo de Cultura
Económica, México, 1980. p. 6. Las demás citas
serán tomadas de esta edición y remitirán al
número de página correspondiente.
(5) Ixpiyocac
e Ixmucané, el viejo y la vieja (en maya ixnuc
es vieja), equivalentes de los dioses mexicanos Cipactonal
y Oxomoco, los sabios que según la leyenda
tolteca inventaron la astrología judiciaria y
compusieron la cuenta de los tiempos, o sea el
calendario (Idem.)
(6) En la
edición de Albertina Saravia E.: Popol Wuj.
Antiguas historias de los indios quichés de
Guatemala, Editorial Porrúa, México 1982,
se explican los nombre de estos primeros hombres
míticos: Balam-Quitze: el jaguar de la
dulce risa; Balam-Acab: el jaguar de la
noche; Mahucutah: no acepillado; Iqui-Balam:
tigre de la luna.
(7) Ixmucané
e Ixpiyacoc fueron los padres de
Hun-Hunahpú y Vucub-Caquix, abuelos de los
héroes civilizadores.
(8) Hun-Hunahú,
1 Hunahpú; Vucub-Hunahpú, 7 Hunahpú, son
dos días del calendario quiché.
(9) Hun-Camé
y Vucub-Camé son los jueces supremos del
reino de Xibalba, el inframundo.
(10) Vucub-Caquix,
el Siete Guacamayas, el primero de los soberbios;
Cabracán, dos pies; Zipacná, el
que hacía las montañas, otro de los grandes
soberbios (SARAVIA, E. Op. cit.)
(11) Ixquic,
la doncella, hija de Cuchumaquic, señor de
Xibalbá; su acción transgresora es fundamental
en el mundo mítico.
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