Gramáticas y
forma de vida"Nunca es tan
difícil destruir el error como cuando tiene sus
raíces en el lenguaje."
Bentham
Rafael Areiza
Londoño
Olga Leonora Velásquez López
Participar
en los eventos del lenguaje de una comunidad
implica no solo conocer su lengua, sino
también comportarse como ser humano y
consecuentemente someterse a reglas
gramaticales, lógicas, pragmáticas y
socioculturales que condicionan un
comportamiento funcional para el grupo que
los instituye.
Participar
en los juegos de lenguaje imprime esquemas de
comportamiento a todos los participantes, lo
que nos habla de la constitución gramatical
del hombre.
El ser
humano implica nacer con la capacidad de
descubrir la gramática de la lengua y las
leyes que domina la sociedad donde la
inscribe.
En oposición a
las consideraciones más recalcitrantemente
estructuralistas americanas de mediados del siglo
XX que consideraban como único y legítimo
objeto de estudio aquello que del lenguaje fuera
observable, medible y cuantificable, surge en
1957, la corriente Generativa Transformacional,
la que sí se inquietó por esos aspectos no
exactamente asibles, desde el punto de vista
empírico, pero sí evidentemente presentes en
todo evento del lenguaje, como lo son las reglas
y estructuras que subyacen a todo hecho del
habla. A muy grandes rasgos y sin ignorar la
historia de Port-Royal y su inclinación
cartesiana, podríamos decir que moderna mente,
la teoría chomskyana revive los hechos no
empíricamente presentes en la actividad
lingüística pero que sí se encuentran siempre
en el fondo de dicha actividad. Estos hechos
constituyen en última instancia lo que a grosso
modo se denomina la Estructura Profunda. El
planteamiento choms-kyano de este concepto, lo
mismo que el de hablante-oyente ideal incitó a
muchos estudiosos a producir nuevas revoluciones
dentro de la lingüística, quienes reivindicaron
la actuación y al hablante oyente real dentro de
contextos que necesariamente determinan su qué
pensar y cómo actuar.
Es dentro de
este marco donde se dan entonces, otras
tendencias en el estudio del lenguaje como lo son
la sociolingüística, la pragmática y el
análisis del discurso, entre otras.
Se troca así de
punto de vista, al reclamar al lenguaje como un
acto humano determinado no sólo por procesos
internos de naturaleza sicológica pura, sino por
factores de índole extralingüística que se
configuran finalmente en elementos necesarios y
altamente determinantes en la formación de lo
que Hymes denomina competencia comunicativa.
Posiblemente, traicionando el espíritu de Dell
Hymes y desde la atalaya del siglo XX nos
atrevemos a plantear que el autor, al postular su
competencia comunicativa, nunca ignoró el
concepto choms-kyano de la existencia de una
competencia lingüística y osadamente pensamos
que hoy diría que la competencia lingüística
es una premisa sine qua non para darse la
competencia comunicativa.
Otro tanto
podría pensarse con respecto a Patrick
Charaudeau (1986:07) cuando postula que "El
lenguaje no es un objeto en sí,
independientemente de la realidad social. No
existe primero una lengua y después una realidad
social que vendría a agregarse a esta lengua; el
lenguaje por el contrario, es un fenómeno humano
global que integra lo social a través de los
sujetos que lo utilizan".
Al hacer la
lectura de lo anterior tiene que inferirse que la
palabra sujeto implica un ser humano dotado de un
mecanismo de naturaleza sicobiológica cuya
activación le permite adquirir cualquier lengua
del mundo.
La pragmática a
través de uno de sus principales gestores,
Austin, muestra muy claramente la diferencia y
simultáneamente la correlación entre oración y
enunciado. La oración es una construcción
fundada en un sistema de reglas (subyacentes) que
antes que palabras, concatenan categorías y
rasgos sintáctico-semánticos en una armazón
abstracta no socializada. Teniendo en cuenta lo
anterior, no puede existir un criterio empírico
que haga una valoración de la construcción así
formada. Por ello se debe recurrir a juicios
exclusivamente gramaticales, teóricos que
conceptúen sobre la gramaticalidad o
agramaticalidad del producto lingüístico así
armado. Podríamos atrevernos a pensar que ésto
es equivalente a lo que en la Gramática
Generativa Transformacional, Chomsky denomina, la
Estructura Profunda (E.P.).
Guardando la
distancia teórica entre Chomsky y Austin y
obviamente, conociendo el objeto de las
tendencias que cada uno de los autores
representa, podríamos concluir que el concepto
de oración en Austin y el de E.P. chomskyana se
asemejan, en el sentido de que a partir de ellos,
es posible producir con palabras, manifestaciones
lingüísticas que se derivan de la elaboración
abstracta, llámese oración o estructura
profunda.
Austin asegura
(1975:121) que "La misma oración se usa al
hacer diferentes enunciados ...", enunciados
en los cuales basa todo su trabajo y su postulado
teórico: "hablar es actuar". Chomsky
por su parte, plantea dentro de la estructura de
su gramática un componente transformacional
encargado de realizar una serie de operaciones
sintáctico-semánticas orientadas a producir,
ulteriormente una o varias Estructuras
Superficiales (E.S.), en función de los
propósitos del emisor en un momento determinado,
lo que quiere decir, que a partir de una misma
E.P. se puede producir un número indeterminado
de estructuras superficiales.
Para ilustrar lo
anterior, traemos a colación un ejemplo muy bien
logrado por el maestro Tito Nelson Oviedo
(1983:25) donde se muestra que de una misma E.P.
surgen varias E.Ss.
E.P. El
niño quiere un caballo
E.Ss.
Papi,
cómprame un caballito, si?
¿Por qué
no me compras un caballito?
A Nancy, el
papá le compró un caballito
Nancy tiene
un caballito
¡Tan bueno
para Nancy que tiene un caballito!
¿Cuánto
costará un caballito?
¿Serán muy
caros los caballitos?
¡Los
caballitos son lindos!
¡A mi me
gustan los caballitos!
¿A ti no te
gustan los caballitos?
¡Qué pesar
que a ti no te gusten los caballitos! etc.
Las anteriores
manifestaciones, materializaciones o enunciados
resultantes de una misma E.P., referidas al deseo
de un niño de obtener un caballo, nos muestran
dos hechos fundamentales:
A pesar de
las transformaciones que ocurren a partir de
una E.P. dada, ésta permanece incólume en
su conformación y significado, hecho
profusamente demostrado a través de la
hipótesis de la inmunidad, propuesta por
Katz y Postal (1964).
Mientras
que la oración está construida a partir de
unas reglas que son parte integral de la
competencia lingüística, los enunciados,
como instrumentos a través de los cuales
materializamos lingüísticamente nuestros
deseos, nuestras esperanzas, sentimientos,
etc.,
- Tiene que
haber, necesariamente, otros factores aparte de
los estrictamente lógico-semánticos que
posibilitan la elaboración de distintos
sentidos, nacidos de un único significado de la
E.P., que no son inherentes al sistema formal de
la lengua pero que inciden en la construcción de
esos sentidos, dependiendo de la perspectiva del
usuario y de su propósito comunicativo, entre
otros hechos.
Sería
interesante cuestionarnos sobre la naturaleza,
función y funcionamiento del componente que
media entre la E.P. y la materialización de la
misma E.S. o enunciado- como prefiera
llamarse; del cual no dudamos en cuanto a su
índole sintáctico-semántica en Chomsky, pero
nos atreveríamos a pensar que la construcción
de estructuras superficiales o enunciados está
determinada además, indispensablemente por la
emotividad, la cognición social y la voluntad
del usuario de la lengua en la producción de una
emisión lingüística que se adecúe a una
situación específica dentro de un contexto
también específico.
En últimas,
consideramos, tanto los mecanismos
sintáctico-semánticos como la ilocutividad
entendida ésta en su sentido más amplio-
y la cognición social como premisas necesarias
en el hecho de hablar, que constituyen un plexo
social en el cual es, inclusive
metodológicamente imposible decir cual o cuales
es/son preponderante(s), aún en instancias
concretas, partiendo de una base sicobiológica
normal.
Retomemos a
Austin cuando planteaba la diferencia y
correlación entre oración y enunciado. Las
derivaciones mostradas en los literales a...k,
corresponden a lo que él denomina enunciado, el
cual entiende, como la realización concreta de
una oración emitida por un hablante-oyente real,
en una si tuación comunicativa específica y
dentro de la cual se socializa un lenguaje
interno, hecho fundamental en la actividad
dialógica.
Mientras que la
oración está construida a partir de unas reglas
que son parte integral de la competencia
lingüística, los enunciados, como instrumentos
a través de los cuales materializamos
lingüísticamente nuestros deseos, nuestras
esperanzas, sentimientos, etc., estos enunciados
decimos, tienen también como sustento un sistema
de reglas que conforman en su conjunto una
gramática del habla; esas reglas se denominan
reglas constitutivas y reglas regulatorias, las
cuales imprescindiblemente se ubican dentro de la
actuación lingüística. Debemos entender con
Searle que las reglas regulatorias como lo indica
el nombre, regulan la forma del comportamiento y
son pre-existentes al acto de habla. Son ejemplo
de estas reglas, las formas de cortesía que
indispensablemente deben observarse antes, en y
durante todo acto de comunicación. Las reglas
constitutivas por su parte, son las que
determinan o definen el desarrollo de la
actividad. Es importante anotar que la ruptura de
alguna de estas reglas implica suspensión
(momentánea o no) de dicha actividad.
Teniendo en
cuenta lo anterior, hay que repetir con Searle
aquello de que
"hablar
una lengua es tomar parte en una forma de
conducta (altamente compleja) gobernada por
reglas. Aprender y dominar una lengua es
haber aprendido y dominado tales reglas"
(1969:22).
A grandes
rasgos, es posible identificar entonces, dos
gramáticas que se imbrican en el acto de la
comunicación: una (la formal), interna al
sistema lingüístico, que centra su objetivo en
la producción de construcciones del sistema
mismo, determina las combinaciones posibles de
las distintas categorías del sistema, así como
el significado en su forma globalizada. Su
conocimiento y manejo es intuitivo y constituye
lo que en Chomsky (1963) se llama, la Competencia
lingüística, la cual es única y uniforme para
todos los hablantes-oyentes ideales de todas las
lenguas del mundo.
La otra
gramática, connatural al hombre social, es la
gramática del uso, gobernada también por un
complejo de reglas, como ya lo dijimos, adquirida
como consecuencia de la participación del hombre
en los eventos de habla que se llevan a cabo al
interior de un grupo cultural histórico
cualquiera; semióticamente, es un conjunto de
reglas cuyos términos están fijados por un
interpretante social; estas reglas son diferentes
a las anteriores en el sentido de que, son
características de la comunidad
lingüístico-cultural de donde surgen y donde se
aprende una "forma de vida".
De la misma
manera entonces, como existe un aparato normativo
gramatical, también existe otro conjunto de
reglas, posiblemente también normativo, pero
más flexible, que constituye su forma de vida.
Tanto el sistema de reglas de la gramática como
el sistema de la forma de vida están atravesados
por el lenguaje, lo que finalmente quiere decir,
que es el complejo lingüístico el que determina
la conducta humana, expresada en una
multiplicidad de actividades sociales en las
cuales se integra el hombre para desarrollar una
serie de acciones lingüísticas o no, en las que
se concretiza el aparato de reglas, tanto
lingüísticas como pragmáticas.
Así como se
puede hablar de una función sintomática, en el
sentido de que la calidad lingüística utilizada
por un hablante, es índice de su mundo
individual, también puede hablarse de que el
conjunto de "juegos de lenguaje"
utilizados por una comunidad puede ser la
expresión de la forma de vida de la misma. En
otras palabras, los juegos de lenguaje de un
conglomerado expresan su forma de vida. Dada la
evolución permanente a que está sometida esta
forma de vida en razón de las necesidades
históricas, es posible intuirse también que los
juegos de lenguaje evolucionan y con ellos sus
formas enunciativas, las cuales a su vez definen
nuevas formas de vida y nuevos juegos de lenguaje
en un mundo de realidad.
La realidad como
tal, para ser aprehendida, requiere ser
transformada en lenguaje y cada uno de los grupos
la concibe y la segmenta en función de sus
posibilidades lingüísticas cosmovisión-,
es decir, la lengua establece parámetros para
subcategorizar al mundo, estableciéndose de esta
manera una íntima relación lengua-cultura, lo
que indica que todo organismo sociocultural
encuentra en su devenir histórico una manera
propia, única y específica de organizar todo
aquello que existe fuera y en torno al hombre.
Así por ejemplo: la cultura Cuna hará una
aprehensión de la realidad muy distinta a como
la haría el hablante del Chamí. Es decir,
frente a un mismo evento de la realidad dos
hablantes nativos de lenguas diferentes no
solamente materializarían sonidos distintos sino
que organizarían con enorme diferencia sus
enunciados y sentidos ya que sus visiones
culturales no coinciden necesariamente pues la
mediación sígnica y la particularidad
simbólica permiten a los grupos identificarse
con sus formas de estar en el mundo, entenderse a
sí mismos y relacionarse con los otros.
Imaginar un
lenguaje entonces, o más exactamente, imaginar
una lengua, como consecuencia de lo dicho
anteriormente, es imaginar mundos culturales
diversos con necesidades de simbolización
diferentes que estructuran una visión de la
realidad en la cual se determina una forma de
vida. De esta manera, por tanto, se puede
fácilmente deducir que el lenguaje se constituye
en el elemento vertebrador de la vida en sociedad
dentro de la cual es posible vivir distintos
contextos juegos de lenguaje- y
materializar actos de habla cuyo conjunto dice,
al fin, cuales son las características
culturales del grupo social, en el seno del cual
es imposible sustraerse a los conflictos que
surgen. Dichos conflictos posteriormente,
desencadenarán necesariamente en convenios que
emergen de la concordancia entre las competencias
cognitiva (social) y emotiva que se hayan
implicadas en una forma de vida común.
Adicionalmente,
la forma de utilización del lenguaje se
constituye en un barómetro que mide
inequívocamente la salud de la sociedad, la que
frente a sus patologías tiene en el lenguaje la
posibilidad de plantearse e implementar terapias
o asepsias, si se acepta el postulado pragmático
de que "lenguaje es acción". Las
sociedades que presentan dolencias
comportamentales entre sus miembros no tienen que
recurrir obligatoriamente a propuestas foráneas
a no ser como fuentes de enriquecimiento-
pues en sus mismas formas de vida o juegos de
lenguaje puede encontrar o encuentra, si se lo
propone, la solución para salir exitosamente de
sus conflictos, caso Colombia.
El lenguaje
así, deja de ser un simple instrumento aislado
de la realidad para pasar a concebirse como una
institución moldeadora de conductas y prácticas
vinculadas, no solamente al individuo sino
también a la comunidad. Dicho de otra manera, el
lenguaje es un organismo vivo dentro del
entramado social que fija, no sólo una
normatividad lingüística sino además, una
serie de patrones de conducta que deben ser
aceptados por todos los miembros para llegar a
acuerdos dentro de una misma forma de vida. El
segundo Wittgenstein lo sugiere al asegurar que
hablamos de una forma y no de otra porque vivimos
la forma que vivimos.
De la relación
existente entre lengua y forma de vida habla
también Carnap, citado por Schaff (1974:317),
cuando define la lengua como
"un
sistema de actividades, o más bien, de
hábitos, es decir, de disposiciones para
ciertas actividades, que sirve principalmente
para fines de comunicación y de
coordinación de actividades entre individuos
de un grupo".
El mismo Schaff
(1974:119) hablando acerca de la relación del
hombre con su realidad, de la función del
lenguaje y su poder cohesivo y coercitivo,
comenta que, "Luciano de Samosata refiere
que los galos representaban a Hércules, símbolo
de la fuerza, como un patriarca que llevaba a los
hombres tras él, con los oídos ligados a su
lengua con cadenas de oro. Aquellas gentes, dice
Luciano, seguían a su subyugador VOLUNTARIA Y
ALEGREMENTE (subrayado nuestro), aunque
fácilmente podían liberarse. Parece, a juzgar
por esa extraordinaria descripción, que para los
galos la fuerza física no era nada comparada con
el poder de la palabra y las cadenas que unían a
los individuos a la lengua de Hércules no eran
sino las palabras que fluían de sus labios a las
mentes de aquellos".
La imagen
descrita por Luciano nos muestra cómo en toda
sociedad existe una institucionalidad que encarna
el poder y se manifiesta a través de la palabra,
"palabra" ésta que debe entenderse
como ese conjunto de reglas que anotábamos
arriba y que considerábamos como barómetro o
moldeador de la conducta.
¿Qué significa
para los hombres, según los galos, desligar sus
oídos de la lengua de Hércules? ¿por qué si
lo podían hacer tan fácilmente, no se
desconectaban? ¿por qué se sigue tan dócil y
subyugadamente la lengua de Hércules?. La
respuesta a estos interrogantes es intuitiva; sin
duda se perdería el norte y es evidente que el
propósito mancomunado de los hombres es seguir
las reglas "impuestas" por la
"fuerza" (Hércules), a fin de no
desviar la direccionalidad funcional que en
últimas es la que posibilita la construcción de
una "forma de vida" dentro de contextos
elaborados por una realidad objetiva y el
conjunto de reglas que estructuran la cultura.
Imaginar
un lenguaje entonces, o más exactamente,
imaginar una lengua, como consecuencia de lo
dicho anteriormente, es imaginar mundos
culturales diversos con necesidades de
simbolización diferentes que estructuran una
visión de la realidad en la cual se
determina una forma de vida.
Vemos así, la
cultura como un establecimiento de reglas que se
erige con base en costumbres o hábitos,
consagrados en el tiempo, y dentro de los cuales
se adiestran todos y cada uno de los individuos
para que reaccionen de una manera específica
frente a un determinado estímulo sígnico. El
signo así juega un papel primordial dentro de
los hechos de una sociedad, mostrando caminos
comportamentales a la manera como lo indica
Hércules en la referencia hecha. Queda así
dicho, con otras palabras, que desde el punto de
vista semiótico, el signo se institucionaliza
convencionaliza- en la medida en que como
lo plantea Carnap, se constituye en una costumbre
establecida para todos los usuarios. De esta
forma se descarta el uso individual y único del
signo o de la regla; esto nos autoriza a decir
que seguir una regla es someterse
"voluntaria y alegremente" a los
parámetros macrolingüístico-pragmáticos sobre
los cuales se funda una sociedad.
Wittgenstein
hace una hermosa relación entre el uso del
lenguaje en un "juego de lenguaje" y
los juegos o entretenimientos, en donde, así
como para jugar al ajedrez es indispensable
obedecer sus reglas, también se requiere conocer
y seguir reglas para insertarse y desempeñarse
adecuadamente en contextos pragmalingüísticos
que permiten entrar en relación con otras
personas y desarrollar actos de habla en los que
necesariamente se aplican reglas de actuación
como las denomina Sellars, citado por Habermas
(1989:62) las cuales orientan la acción y se
encuentran estampadas a ella de manera tal que no
se da alternativa distinta a aceptarla
incuestionablemente. De igual manera piensa
Wittgenstein (1988:211) al afirmar que
"cuando
sigo la regla, no elijo. Sigo la regla
ciegamente..." ya que (213)
"...siempre nos dice lo mismo y hacemos
lo que nos dice".
Adoptar un
comportamiento distinto, es decir, no obedecer
las reglas de actuación, ubica al hablante (A)
por fuera del ámbito social; rompe o
desestructura la relación dialógica al aplicar
reglas privadas que obligan al interlocutor (B) a
hacer uso de las "reglas de crítica"
(Sellars) mediante las cuales evalúa el
comportamiento lingüístico-pragmático de (A)
lo que da como resultado posible el ridículo o
la marginación por haber seguido un
comportamiento no cooperativo. Al fin y al cabo
el grupo social es el que tiene la tarea o la
responsabilidad de mantener el establecimiento
del sistema pues todos sus miembros están en
capacidad de utilizar esas "reglas de
crítica" para, en un momento determinado,
intervenir y evitar que dicho sistema sea
desbordado por extralimitaciones de alguno de
ellos.
Lo anterior sin
embargo no se contradice con el hecho de que a
pesar del obedecimiento obligatorio e intuitivo
de la regla, dada su obviedad, en donde hay un
embebimiento total de las estructuras de la
personalidad de los hablantes, cada usuario de
las reglas debe seguir y efectivamente sigue una
línea, que de todas maneras responde a la
interiorización tanto de las reglas del sistema
formal de la lengua competencia
lingüística- como de las de uso reglas de
actuación. Dicho de otra manera, los individuos
se mueven dentro de estructuras regladas que
toleran transformaciones y adaptaciones que hacen
los usuarios con cierta libertad pero siempre
sujetos al anclaje impuesto por un macrosistema
de reglas. Por tal razón este macrosistema se
constituye en el factor favorecedor del consenso
en la medida en que todos los miembros de una
sociedad se sirven de él como orientador de su
comportamiento, hecho primordial en consensos de
envergadura cada vez mayor, lo que nos ratifica
en la posición de que hablar una lengua es
participar consensualmene en una "forma de
vida", torbellino en el cual se amalgaman
las dos gramáticas para constituir lo que
Habermas (1989:62) denomina "Competencia
generalizada".
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