Antigüedad
clásica y literatura colonial latinoamericanaArbey Atehortúa
Atehortúa
En este
artículo se estudian diferentes relaciones
transtextuales entre la Antigüedad clásica
y la literatura colonial latinoamericana. El
estudio se ha hecho en varios autores de la
Nueva Granada y se incluye la obra del
dominicano Cristobal de Llerena.
Los referentes
mitológicos e históricos de la Antigüedad
clásica, tanto la latina como la griega, son
frecuentes en los textos culturales
latinoamericanos de los siglos XVI y XVII. Los
héroes, las fábulas, los personajes históricos
como Alejandro y la filosofía estructuran los
textos narrativos, líricos y dramáticos de una
manera significativa en el marco de la
composición barroca de la colonia.
Esta tradición
pertenece a un "campo" determinado,
siendo desarrollada preferencialmente por
clérigos y desde los centros de educación de la
Iglesia. De ahí que los textos postulan autores
y lectores implícitos a personas especializadas,
con la competencia suficiente para actualizar los
referentes y establecer las correlaciones
respectivas.
Los asuntos
tematizados regularmente provienen de la
tradición religiosa; de ahí los numerosos
textos que tratan de santos, clérigos famosos,
pasajes bíblicos, etc.. En caso contrario,
figuras ilustres, respetables y contemporáneas
al autor se convierten en temas de los mismos.
El programa
académico desarrollado por la institución
educativa de la colonia, que estaba a cargo de la
Iglesia, formó en el marco de un espíritu
humanista que era completamente selectivo y
clasista.
La estructura de
los planes de estudio contemplaba la formación
en clásicos y siempre desde la lengua latina. En
el Seminario Mayor de San Bartolomé, por
ejemplo, los cursos se dividían en menores y
mayores. Los menores comprendían los de
gramática que duraban cinco años, tres de los
cuales estaban dedicados a la gramática latina.
Los estudios mayores comprendían filosofía y
teología.
El aprendizaje
de la lengua griega no se contempló en los
planes de estudio, pero sí hubo un gran interés
por conocer la cultura, la historia y la
mitología griega. De los textos literarios se
deduce un amplio conocimiento de la Antigüedad
clásica griega por parte de los escritores de la
colonia a la que accedieron a partir del latín.
La lengua griega
no es, por lo tanto, el punto de partida para
establecer la permanencia de la Antigüedad
clásica en los textos culturales de la colonia.
El latín representa dicho puente pues los
autores interpolan en sus textos poemas, frases,
sentencias, etc. en esta lengua. Incluso cuando
se citaban pasajes de textos griegos se hacía en
latín.
La importancia
del latín como lengua culta durante la colonia
fue tal que los catedráticos de gramática
debían realizar eventos de tipo cultural en los
cuales se presentaban poemas y obras de teatro
creadas total o parcialmente en latín. Dichos
eventos tenían una función pedagógica, lúdica
y ceremonial. Muchas de éstas celebraciones se
realizaban para conmemorar una fecha importante,
como la llegada de un virrey, un clérigo o un
funcionario de alto rango de la corona española.
Francisco
Alvarez de Velasco y Zorrilla, Pedro de Solís y
Valenzuela y Cristobal de Llerena son algunas de
esas personas formadas en el programa educativo
de la colonia, cuyos textos plantean diferentes
tipos de relaciones transtextuales con la
Antigüedad clásica.
Inicialmente nos
interesa la forma como son actualizados los
temas, los referentes, las fábulas y los mitos
de la Antigüedad clásica griega.
Francisco
Alvarez de Velasco y Zorrilla
Los textos
literarios de la Colonia establecen diversas
relaciones transtextuales con la Antigüedad
grecolatina. A nivel intertextual "la
cita" de textos en latín es una de las más
frecuentes y así ocurre tanto en Rhytmica sacra,
moral y laudatoria(1) de Alvarez de Velasco como en El
desierto prodigioso y prodigio del desierto(2) de Pedro de Solís y
Valenzuela.
Los autores
transcriben versos, poemas completos y
expresiones en latín que como en el caso del
extenso poema "A los dolores de la Virgen
Santissima" de Alvarez de Velasco se
interpolan en cada estrofa de las 81 que
comprende la serie. Las citas en latín no
impiden la lectura y comprensión de los textos
pues éstas ocupan una mínima parte y no
aparecen en todos los textos, aunque de hecho son
significativas en el proceso de interpretación.
En el poema citado, por ejemplo, la loa a la
Virgen se realiza en cada una de las estrofas
compuestas por 4 versos en español. Los dos
últimos versos de cada estrofa, en latín,
aparecen aparte y retoman versos
preferencialmente de Virgilio. Éste fue uno de
los recurso más usados.
A partir
de la cita en latín se retroalimenta un tipo
de sociedad clerical cultivada en una
educación esmerada y se postula igualmente
un tipo de lector implícito erudito
Los poetas
escribían en latín sólo en circunstancias
particulares ya mencionadas; cuando aparecen
estos textos intercaladosen grandes composiciones
como ocurre en El desierto son transcripciones de
poetas latinos o de La Biblia.
El recurso
composicional de la cita en latín actualizaba un
determinado "capital" desarrollado por
la iglesia en la época colonial. La estructura
rígida de la Institución religiosa conservaba
con la formación de algunos miembros de la alta
clase en una educación esmerada, en la cual el
dominio del latín era lo normal.
A partir de la
cita en latín se retroalimenta un tipo de
sociedad clerical cultivada en una educación
esmerada y se postula igualmente un tipo de
lector implícito erudito, de la alta clase, que
era finalmente el objeto y el receptor de este
tipo de textos.
Existe otro tipo
de transtextualidad más importante y usada
ampliamente como son las relaciones de tipo
hipertextual, que implican las referencias a los
mitos, las fábulas y los personajes históricos
de la antigüedad.
La vida y las
anécdotas de los héroes, tanto mitológicos
como históricos son usados como hipotextos. En
muchos de los casos se trata de adjetivizar
positivamente la figura de un santo, llegando
incluso al detrimento del modelo. En la serie de
los sonetos dedicados a los santos en la obra de
Alvarez de Velasco y Zorrilla es donde mejor se
aprecia este tipo de relaciones.
Los personajes
mitológicos son seleccionados de acuerdo a
cualidades o actos del mismo que contribuyen a
realzar la figura objeto de la composición. En
el "Poema a San Fracisco Xavier" de
Alvarez de Velasco, el santo es comparado con
Alcides aludiendo a la excelencia del héroe
griego en la carrera. San Francisco Xavier para
no dejarse burlar de su guía cuando cruzaban una
aldea de infieles "corrió a pie parejas con
el bruto"; por ésto es calificado de ligero
Alcides y de Hipomenes glorioso.
En el poema no
se alude a las figuras griegas como dioses o
seres divinos; es más, no pasa de su mención
como en el caso de Hipomenes y nunca se nos dice
que este personaje cuyo nombre significa
"ánimo de caballo" sea célebre por
haber ganado una carrera a Atalanta utilizando el
artificio de las tres manzanas dadas por Venus.
Es necesario por lo tanto la competencia del
lector para completar el sentido del elogio hecho
al santo al establecer el significado de la
comparación
El mismo santo,
en otro poema, es llamado Xerxes y Religioso
Marte aludiendo al paradigma de héroe. La obra
de San Francisco Xavier se aprecia en la multitud
de infieles que convirtió; ese es su ejército,
esa su batalla. Sus armas eran la oración y la
prédica y sus guerras no fueron físicas como
las de otras figuras de la Iglesia como el obispo
Jerónimo3 . Las comparaciones pasan
por un nivel de transformación pues éstas no se
realizan exclusivamente al nivel de los
contenidos como simples homologías. Si bien
éstas se establecen en algunos casos, existe una
transgresión a la valoración de la Antigüedad
clásica, pues no se pretende establecer una
apología de ella en detrimento de lo presente.
Por supuesto, ninguna figura mítica de la
antigüedad aparece bajo un ropaje divino; son
héroes, personas ilustres.
La figura de San
Francisco sigue siendo objeto de otros poemas y
de nuevas comparaciones. El poema "Soneto A
la singular pintura de San Francisco muerto"
es uno de los más llamativos por el tipo de
relaciones transtextuales y por la singularidad
temática: una pintura de un muerto representado
fielmente.
En este poema el
objeto de comparación no es San Francisco sino
el pintor de la orden calificado de Prometheo
osado y de Ceuxis primoroso.
La relación del
pintor con Prometeo se establece por el tamaño
de la empresa, que es tanto una victoria como un
fracaso: el pintor "ha dado vida" a San
Francisco al pintarlo muerto con un gran nivel de
fidelidad; es indiscutiblemente el grado de
realismo logrado lo que se exalta y lo que
posibilita su comparación con el pintor griego.
Pero la empresa fallida se sugiere en estos
versos: "ya que no pudo, qual Prometheo
osado,/Alma darle el primor de tus
pinceles".
La empresa del
pintor es catalogada de osada, de sagaz y hasta
de milagro. El cuadro es nuevamente San Francisco
pero muerto, esa es la forma como se entiende que
el clérigo ha logrado darle nueva vida al Santo.
Su osadía reside en el hecho de pintarlo muerto
y no vivo.
En un segundo
poema dedicado al mismo tema surge otra
comparación: por homología, el pintor es un
Edipo: "ser de tu mismo padre
patricida". El artista pertenece a la misma
orden religiosa y por eso San Francisco es el
padre. Aquel aparece pues como un patricida pero
que no ha incurrido en hybris como Edipo; al
contrario, con su acto le ha dado nueva vida a
San Francisco. Es aquí donde surge el elemento
ambiguo y contradictorio característico del
barroco: "Y hijo fiel, que de muerto, le da
vida".
Las demás
comparaciones en la obra de Alvarez de Velasco
utilizan el mismo esquema. Las referencias a la
Antigüedad clásica siguen realizándose a
partir de cualidades y actuaciones de héroes
míticos que se trasladan a los personajes
tematizados. Es así como en el poema "A
santa Rosa de Viterbo, predicando en las llamas,
sin que la ofendiessen" el Fenix aparece
como paratexto y en "A la conversión y
Llanto de Santa María Magdalena" el
referente fundamental es Helena. En este caso
también se hace una relectura del mito de Helena
pues Alvarez de Velasco retoma de él lo que le
interesa para resaltar el dolor de María
Magdalena. Es en este punto donde existe una
reinterpretación y acomodación del mito
antiguo, pues lo que interesa en este caso es el
dolor y el sufrimiento de Helena(4) para resaltar la imagen
de María Magdalena:
De los ojos
Elena, presumieron
Los
Fabulistas, simples contemptibles,
Nacio el
Elenio, que yo la tierra aborta (
)
(Alvarez de
Velasco,1985, p. 440).
No existe una
restricción en el uso de dichas fábulas, pues
éstas son despojadas de sus hábitos divinos. En
ningún caso los personajes antiguos son
presentados como dioses o seres divinos, sino
como héroes o figuras con ciertas cualidades. En
algunas ocasiones, como en el caso anterior,
sólo se mencionan adjetivos o sustantivos
característicos pero en ningún caso se procede
a contar la fábula. La simple mención implica
un nivel de competencia del lector a nivel
académico. Este es precisamente el receptor de
dichos textos en el siglo XVII.
Si bien la
característica general en la obra de Alvarez de
Velasco y Zorrilla ha sido la utilización de las
cualidades de los héroes y los personajes
míticos antiguos despojados de su dimensión
divina, para resaltar las cualidades de los
santos de la Iglesia, en la introducción al
poema de Augustino ocurre algo muy particular. En
la explicación del título Alvarez y Velasco
describe ampliamente el mito del nacimiento de
Apolo que por comparación dimencionará el
nacimiento de Augustino. La intensión final es
el gran elogio que el poeta desea hacer de
Augustino a quien llama "el Apolo
africano". Pero este nuevo Apolo es superior
y diferente; es un nuevo astro. Para lograr
ésto, el poeta descalifica las connotaciones
dadas a Apolo de Delfos y lo desmitifica. Esto es
parte de la ambigüedad en la obra de Alvarez de
Velasco: Agustino es elogiado al ser llamado y
considerado el Apolo Africano, pero al mismo
tiempo el poeta se cuida de no realizar una
apología del dios griego. Por eso el poema
califica la antigüedad de atrevida al adorar a
Apolo como sol, como adivino y como Dios:
A este,
pues, Joven de valor ardiente,
Adoraron por
Sol, y por su Oriente (
)
"por
Deydad lo adorassen, sin escusa
De las
Sciencias, las artes, y las Musas"
(Alvarez de
Velasco, 1985.p. 463).
En
ningún caso los personajes antiguos son
presentados como dioses o seres divinos, sino
como héroes o figuras con ciertas
cualidades.
Pero luego
vienen las objeciones pues el poema descalifica
todas las cualidades de Apolo para atribuírselas
a Augustino; éste será el nuevo y verdadero
Apolo:
"Llamar
a Apolo Sol, burla fue necia,
Serlo
Augustín ardiente de la Iglesia,
por verdad
lo confirman los mayores
Astros, que
en ella alumbran superiores"
(Alvarez de
Velasco, 1985.p. 463).
Y el elogio de
Augustino y su superioridad frente a Apolo se
completa en la pintura a la que se refiere el
poema, en la cual aparece Augustino con una pluma
en vez de flechas. Augustino es "Un
verdadero Sol" sacado de un "Sol
fingido" que es Apolo.
La Antigüedad
clásica es, en conclusión, el paradigma
fundamental en la obra de Alvarez de Velasco y
Zorrilla. Existe una gran valoración y estudio
del pasado clásico en el programa académico de
la colonia, importancia que ya le había dado el
mundo europeo dos siglos atrás(5) . Para la colonia, la
Antigüedad grecolatina es el modelo fundamental
con la que se comparan y exaltan las figuras de
la Iglesia y las personas de altos rangos en el
mismo siglo XVII. Pero el elogio al pasado
clásico, a sus héroes, a sus dioses, es
contrarrestado para no desdibujar la tradición
católica a favor de la pagana, en la medida que
lo generalmente tematizado de la antigüedad es
el mito. Las nuevas figuras, los nuevos héroes,
por consiguiente, son superiores y se llega
incluso a la descalificación de lo antiguo. Esto
no deja de ser una situación ambigua pues existe
un amplio reconocimiento del esplendor clásico,
que parte del conocimiento de la lengua latina y
a través de ella de la mitología y la historia
de Grecia y Roma. Pero la mayoría de los grandes
poetas de la colonia son los clérigos, los
miembros de la Iglesia, que deben anteponer su
tradición, su religiosidad y sus creencias a los
paradigmas antiguos. Se elogia el pasado en
cuanto sirve para exaltar la tradición de la
Iglesia y se descalifica cuando se deben
presentar hechos moralizantes o didácticos. La
Antigüedad grecolatina es considerada durante la
colonia como modelo pero en ningún caso superior
a la tradición creada por la Iglesia(6) .
Pedro de
Solís y Valenzuela
Pedro de Solís
y Valenzuela es uno de los clérigos ilustres de
Santafé de Bogotá formado en los centros
educativos de la colonia. Con una excelente
preparación en latín, a los 14 años elabora un
manual de gramática titulado Thesaurus lingua
latinae (7) . Pero es
indiscutiblemente El desierto prodigioso y
Prodigio del desierto la obra por la que se le
recuerda hoy en día. Este texto barroco
descubierto en la década de los setenta, es
considerado la primera novela hispanoamericana.
Esta novela plantea una relación de carácter
transtextual con la obra de Longo y de Aquiles
Tacio muy particular. En la "Mansión
I" la relación transtextual surge con la
descripción del contacto de un individuo con la
naturaleza y en especial con los elementos que
participan de la historia: una caverna, una cabra
que conduce a alguien hacia ella y unas imágenes
grabadas en la piedra que evocan una historia
como en Dafnis y Cloe. En esta novela las
imágenes halladas son las de las Ninfas y en El
desierto temas de la tradición católica como un
grabado del calvario y la imagen de San Bruno.
Como un recurso de la composición barroca, de
Solís y Valenzuela no describe la imagen como lo
hace Longo o como aparece en Leucipa y Clitofonte
cuando se referencia una pintura en Sidón, sino
que anexa las imágenes, las cuales son tomadas
de grabados ya realizados como uno de Michael van
London.
Esta
transtextualidad es parte compositiva de un
tipo de textos eruditos, excluyentes,
integrantes de la mentalidad religiosa de la
época, que coloca lo antiguo al servicio de
la tradición católica.
El recurso del
ciervo o la cabra también está presente en el
inicio de la obra de de Solís y Valenzuela al
igual que en la obra de Longo. Si en ésta la
cabra lleva a Lamón a descubrir un niño y a
Diantre una niña, en El desierto una serie de
inscripciones de poemas y de imágenes. La gruta
que descubre el joven en la novela de de Solís y
Valenzuela, al igual que la vista por Diantre es
sagrada, pues una serie de objetos mitológicos y
ceremoniosos la adornan. No son pues grutas
vírgenes, sino transformadas por alguien en
algún momento desconocido, y adquieren la
calidad de un espacio sagrado.
Estas relaciones
al nivel de la estructura sólo se plantean en el
inicio de la "Mansión I", aunque otro
tipo de contactos serán abundantes, como las
referencias a divinidades griegas y numerosos
poemas de autores latinos transcritos en dicha
lengua. Esta transtextualidad es parte
compositiva de un tipo de textos eruditos,
excluyentes, integrantes de la mentalidad
religiosa de la época, que coloca lo antiguo al
servicio de la tradición católica a la que
pertenece el autor.
La
tradición en Cristobal de Llerena
La tradición
dramática en el llamado Nuevo mundo no se
inició con el descubrimiento. Obras como El
Rabinal Achí, El Guenguense, Ollantay (8) y el himno a Tlaloc
representan algunas de estas manifestaciones
precolombinas, bien sea originales o parcialmente
tanto al nivel de la forma arquitectónica como
composicional. Con la llegada de la cultura
europea y especialmente española, se da inicio a
una corriente literaria distinta que parte de la
utilización de las formas, los contenidos y la
tradición clásica heredada y desarrollada por
la cultura española. Pero este discurso
adquirirá a su vez matices novedosos en el
"Nuevo mundo" debido a la influencia de
un suelo, de una cultura totalmente distinta que
entra en contacto con el sustrato dominante.
Una de las
instituciones que acompaña la proyección de la
cultura española en América es sin duda el
teatro. Este se instaura como un medio
pedagógico en el marco de una educación
clásica en los centros educativos de los
jesuitas e igualmente como una forma lúdica y
protocolaria.
José Juan Arrom
clasifica las corrientes dramáticas del nuevo
mundo en tres modalidades: un teatro misionero,
uno criollo y otro escolar. Esta clasificación
es cuestionada por Kathleen Shelly en su
artículo "Teatro hispanoamericano
colonial" (9) , pues considera que encasilla las
distintas prácticas que se dieron y se pudieron
dar en el Nuevo mundo. Lo que sí es cierto es
que el teatro fue una gran herramienta
pedagógica en las instituciones educativas
religiosas, y que éstas exigían sobretodo a los
profesores de gramática latina el montaje de una
pieza o dos al año completa o parcialmente en
latín. Es de anotar que el hecho teatral aparece
dentro de un gran proyecto educativo de corte
humanista transportado desde España.
El dominicano
Cristobal de Llerena catedrático de latín en la
Universidad de Dijón pertenece a esta
tradición, aunque de él sólo se conserve un
entremés. Es aquí donde el cuestionamiento de
Kathleen puede cobrar vigencia, pues si bien su
entremés fue representado en un espacio abierto,
y contiene un lenguaje popular sin expresiones
eruditas y unos personajes cotidianos, existen
algunas figuras de la tradición clásica que
cobran su verdadero sentido cuando se conocen los
referentes. Igualmente la pieza va más allá del
simple aspecto lúdico o pedagógico. Lo popular
y lo culto entran así en una relación
particular aunque no se puede perder de vista la
calidad de la pieza. Veamos detenidamente cual es
el sentido de la pieza y como se produce la
inserción y el desarrollo de los recursos
clásicos.
La pieza de
Cristobal de Llerena titulada Entremés(10) fue representado por
primera vez en 1588 y contiene una crítica al
establecimiento político y social de la
Institución colonial en República Dominicana.
La corrupción social de la que es parte el
pueblo se revela en la propuesta del gracioso:
"Que llevéis un talegón de estos cuartos
para trocar tostones, que se venden allá a
cuatro reales conforme a la Cédula, y acá valen
a ocho. ¿Qué mejor pesquería queréis" y
en la interpretación del monstruo por parte de
Proteo que alude directamente a la República
afectada por "mujeres descompuestas",
por los escríbanos, letrados y teólogos, y
finalmente por la usura de los "capitanes de
naos". La alusión directa a los estamentos
de la sociedad colonial y al estado de desamparo
a que se refiere Calcas es tan evidente que
Cristobal de Llerena fue detenido, intercediendo
la Iglesia para su liberación.
Los recursos
clásicos del entremés de Llerena están
seleccionados de manera que transtextualmente se
refieran a la corrupción de las altas esferas.
La presencia de un personaje llamado Edipo que se
revela como intérprete de enigmas conecta de
hecho con el personaje de la tragedia de
Sófocles. Las pestes y desgracias que azotaban
Tebas se producen como castigo de la hybris de
Layo y de Edipo posteriormente, desmesura en la
que caerá Creonte. En la pieza de Llerena los
dos alcaldes intentan dilucidar lo que sucede con
el monstruo a partir de los consejos de los
videntes y son ellos quienes cierran el entremés
buscando soluciones. Sin embargo, como en la
pieza de Sófocles, son ellos mismos los aludidos
por el monstruo parido por Cordellate.
El monstruo como
una nueva esfinge, aparece como símbolo del
estado de corrupción. Pero el elemento paródico
surge desde la primera interpretación dada por
Edipo quien, al igual que el personaje de
Sófocles, se revela como aquel que solucionó el
enigma de la Esfinge que alude al hombre en
general. Pero la respuesta de Edipo en la pieza
de Llerena se reduce exclusivamente a la mujer y
sus propiedades, alusión a la que se opone Delio
y que Proteo particulariza en las mujeres
descompuestas: "cuyas galas, apetitos y
licencias van fuera de todo orden natural".
Se realiza de
esta manera un llamado a la cordura, a la mesura
de las mujeres por parte de un clérigo, al
comportamiento exigido por la Iglesia en un
estado sumamente rígido. Edipo es totalmente
afirmativo cuando dice:
"Es la
mejor mujer instable bola.
La más
discreta es bestia insana;
aquélla que
es más grave, es más liviana,
y al fin
toda mujer nace con cola."
El monstruo
parido por Cordellate y descrito por Edipo, sin
embargo, no es el de la mitología griega sino
copia del descrito por Horacio en su Arte
poética(11) . El monstruo de Horacio
es el producto de los malos pintores y de los
malos escritores. Es la forma como Horacio habla
de la libertad de invención pero sujeta al
concepto de unidad: "siempre existió para
los pintores y los poetas la justa libertad de
atreverse a cualquier cosa" (Horacio, 992,
31). Horacio se refiere a una crisis de tipo
artística y Llerena a una social. Es la forma
como sujetos y hechos de distintas culturas son
reinterpretados a finales del siglo XVI para
servir a nuevas intensiones.
No deja de ser
especial que no sea la Esfinge la imagen
utilizada por Llerena que indiscutiblemente, al
nivel del contenido, está más próxima al
cuestionamiento querido por el autor. Puede ser
al mismo tiempo una razón, en busca del
encubrimiento, pues el significante de Horacio
cobra nuevos valores sémicos. A esto contribuye
la interpretación hecha por Delio y Proteo.
La
interpretación de Delio basada en los cuatro
elementos, con las alusiones a Ovidio y Terencio,
alejan los referentes del contexto y de ahí la
queja de Proteo: "no hay que divertir a otra
cosa su significación". La interpretación
de Delio encara una lectura filosófica del
monstruo a partir de referentes latinos y
pareciera decirnos sobre las ambigüedades de las
interpretaciones, posibilitando una sensación de
posibilidades, sabiendo que la interpretación la
aclara Proteo. Delio extrae la interpretación
del monstruo del contexto colonial más como un
recurso formal de la pieza que como si se
quisiera realmente desarrollar dicho tema.
Seguidamente
Proteo será el encargado de comparar el monstruo
con su sociedad: cada una de sus partes será
símbolo de distintos sectores corruptos de la
misma. Las mujeres licenciosas aparecen como uno
de esos estamentos degradados y que merecen
castigo. Aunque se retoma esta parte de la
interpretación hecha por Edipo, se aclara que no
son las mujeres en general. El hecho que Delio
salga en defensa de las mujeres, y que el
monstruo parido por Cordellate tenga figura
femenina, es un índice del nivel de culpabilidad
asignado a las mujeres en la degradación de la
época. Proteo habla de "mujeres
descompuestas, cuyas galas, apetitos y licencias
van fuera de todo orden natural".
Calcas realiza
la última interpretación del augurio y
nuevamente remite a otros hechos de la tradición
clásica: la astrología. Afirma que el monstruo
nació con ascendente Marte, bajo el signo de
piscis y que por lo tanto pronostica guerra. Las
características del monstruo son las
prevenciones que debe guardar la ciudad y es al
mismo tiempo una crítica a los gobernantes de
Santo Domingo por la desidia ante la amenaza de
saqueo por parte de Francis Drake, quien ya lo
había hecho dos años atrás.
El
cuestionamiento a los gobernantes queda planteado
en estos términos. De éste se salva la iglesia
que no es mencionada en la pieza. Una referencia
biográfica explica dicha actitud y crea nuevos
interrogantes: Cristobal de Llerena era clérigo
y catedrático de gramática latina de la
Universidad de Dijón y ejerció además como
organista de la Catedral. Los elogios que usó el
arzobispo de Santo Domingo en carta al Rey son
prueba de sus excelentes relaciones con la
Iglesia y explican la no alusión ni
cuestionamiento de la Institución en el desorden
social y moral de Santo Domingo. No deja de ser
curiosa la mención a la cultura pagana con los
videntes o zahoríes y con el astrólogo Calcas.
No es de hecho nuevo este fenómeno de inserción
y aceptación de la cultura pagana, que en la
cultura europea ocurre durante la Edad Media. Es
especial que ya forme parte de la cultura
colonial americana del siglo XVI. Estas
divinidades griegas cobran vida en la pieza de
Llerena totalmente transformadas. Edipo, Proteo y
Calcas nunca son presentados como seres divinos,
sino como personajes que interactúan con otros
típicos del XVI como los alcaldes, el bobo y el
gracioso. Los alcaldes escuchan sus
interpretaciones pero nunca las asumen como
respuesta de dioses, sino de consejeros a quienes
hay que escuchar; la respuesta del Alcalde 1º al
pronóstico de guerras por parte de Calcas así
lo demuestra: "A nada deso tenemos miedo,
buen caballero". Al término de buen
caballero usado por el Alcalde 1º para referirse
a Calcas se agrega el de "señores
aríolos" y el de "doctísimo
Calcas" empleado por el Alcalde 2º. Ellos
tampoco hablan como dioses sino como personas de
la época, con los términos y las ex presiones
propias. Delio sede la palabra a Calcas
diciéndole: "tome la mano primero" y
Proteo usa expresiones como: "¿Qué me
mirais de puntería?. Este negocio basta se
sienta, no se diga".
No existe por lo
tanto, en este sentido, ninguna profanación de
la Iglesia al usar elementos que pertenecían a
una cultura pagana. De otra parte, los videntes
son tres y entre ellos mismos se refutan, lo que
los hace aparecer como consejeros y no como
semidioses. Cuando el Alcalde 1º pide que hable
primero Delio, éste le sede a Calcas la palabra
y éste a Edipo quien realiza la primera
interpretación no aceptada por Delio. La
profecía se pone en duda pues no la realizan
dioses sino personas que han asumido un rol
partiendo del nombre característico de tipos
griegos. La terrenalidad se afirma en las
palabras de Edipo cuando contesta a Delio:
"Pues decí vos lo que entendéis, que yo no
alcanzo otra cosa".
Los personajes
son del XVI pero creados a partir de lo clásico,
hecho que lo explica la erudición del autor y la
corriente criolla del teatro de Llerena realizado
pensando en la clase más influyente: europeos
arraigados y sus descendientes. Es un teatro,
como lo dice José Juan Arrom, con una
ascendencia europea pero nacido en América. La
erudición del teatro criollo no se expresa en
este entremés mediante las expresiones en latín
que fue la lengua de interés en las
instituciones coloniales sino mediante la
mención de los zahoríes. El público
"culto" de la época, debía realizar
las asociaciones pertinentes para que los mismos
nombres fueran materia significativa. Sin embargo
cierto carácter popular aflora en la pieza,
explicable por su calidad de entremés y su
representación popular en el atrio de la
Catedral de Santo Domingo.
El espacio, el
tiempo y los referentes tanto de la cultura como
de la lengua son los americanos. El elemento
clásico exportado por la cultura europea cobra
nuevos matices y nuevas formas tal como ocurrió
en Europa al producirse la inserción del mundo
antiguo.
La clase noble
incluyendo los zahoríes, hablan con las palabras
y los giros de la época, pero el lenguaje los
distancia de los "simples" realizando
Llerena, de esta manera, una buena
caracterización. De hecho las expresiones
populares del Gracioso y el bobo Cordellate son
abundantes: "¿Cómo venís de trocado?,
"preguntadlo al maese del argadijo, que me
ha metido este hocico a pulgadas". A las
formas y modales cortesanos de los alcaldes y los
zahoríes que emplean con frecuencia títulos
como "señor", "doctísimo",
"vuesa merced", la otra clase opone el
de bobo y una serie de expresiones de insulto que
funcionan como elementos lúdicos: "y ¿que
paristéis?, algún monstruo?. Porque de tal
tronco no se espera otra cosa".
La misma
presencia del agüero, que no tiene carácter
divino es un ejemplo de la utilización de
elementos clásicos pero completamente
transformados: el monstruo es parido por el bobo
Cordellate.
En el entremés
de Llerena aparece una frase en latín "vade
retro", que es obviamente una expresión muy
común, y lo que termina teniendo realmente
significación son otros hechos como la alusión
indirecta a Horacio y las menciones a Lucrecio y
Ovidio. Pero al nivel de lo que conforma el
hábitus del autor se debe recordar que Cristobal
de Llerena fue catedrático de gramática latina.
De su obra sólo se conserva el entremés objeto
de este trabajo, por lo que no es posible saber
la forma como la lengua latina participa de su
obra. Pero la corriente del teatro escolar y otra
clase de géneros como la lírica y la poesía
narrativa lo aclaran ampliamente.
La enseñanza
del latín era obligatoria en los centros
educativos de la colonia y a los catedráticos se
les exigía anualmente la representación de una
o dos obras total o parcialmente en latín. Esta
tradición explica en parte lo que sucede en el
entremés de Llerena: Edipo al igual que Calcas y
Proteo son figu ras de la tradición griega pero
el augurio al que se enfrentan no es la Esfinge
de Tebas sino la descrita por Horacio.
Kathllen Sheley
con respecto a la creencia de que las
representaciones escolares en América eran en
latín con el fin de enseñar las reglas de la
retórica clásica, afirma que "aún en
España son muy pocas las obras de esta
naturaleza escritas en latín enteramente".
La tradición
clásica hace parte de la estructura mental del
hombre letrado de la Colonia. Esta se expresa en
los productos culturales como una forma de
permanencia de un capital como es el caso de la
institución religiosa y como un signo de la
tradición clásica transmitida y actualizada por
los grupos eruditos de los siglos XVI y XVII. Las
diferentes manifestaciones transtextuales con la
Antigüedad clásica expresada en los textos de
la colonia demuestran la importancia y el
interés del siglo XVI y XVII en Latinoamerica
por dicho pasado.
Pero la
Antigüedad clásica en los textos estudiados
está despojada de una dimensión mítica y
sagrada en la medida que en la mayoría de los
casos son clérigos y personas relacionadas con
la institución religiosa quienes utilizan dichos
hipotextos. La tradición pagana se contraresta
de esta manera y los clérigos pueden insertar de
esta forma los seres míticos de la antigüedad
en beneficio de la religión católica. La
Antigüedad es la época de donde procede,
inicialmente, una tradición literaria y una
serie de héroes históricos que sirven como
elementos comparativos para engrandecer las
nuevas figuras por lo regular religiosas.
La crítica de
tipo social, la exhortación religiosa y los
fines moralizantes induce a los escritores a una
reinterpretación de la Antigüedad. Se
transgrede de esta manera las cualidades y
características de los héroes para hablar de
sus desmesuras, de sus pecados según la nueva
tradición.
NOTAS
(1) ALVAREZ de
Velasco y Zorrilla, Francisco. Rhytmica Sacra,
moral y laudatoria. Instituto Caro y Cuervo,
Bogotá, 1985.
(2) SOLIS y
Valenzuela de, Pedro. El desierto prodigioso y
prodigio del desierto. Instituto Caro y
Cuervo, Bogotá, 1984.
(3) Del obispo
Jerónimo, de sus combates y de los muchos
infieles que dio muerte habla el Poema de Mío
Cid.
(4) Para Alceo
por ejemplo: mientras que por culpa de Helena
murieron/ Troya y los frigios. Recordemos
igualmente la defensa hecha por Safo y el juicio
que le hacen Electra y Clitemnestra en Electra
de Eurípides.
(5) Como lo
explica Jean Seznec, la Antigüedad siguió viva
durante la Edad Media pero con un nuevo ropaje.
Aquí me refiero al nuevo interés que suscitó
la antigüedad y en especial la griega en el
Renacimiento. Ver: SEZNEC, Jean. Los dioses de
la Antigüedad en la Edad Media y el Renacimiento.
Taurus, Madrid, 1983.
(6) Los poemas
de Juan del Valle Caviedes rechazan la poética
antigua, la cual ya no es símbolo de admiración
y respeto.
(7) Su Thesaurus
contiene una exposición sistemática de
sintaxis, un repertorio de vocablos y de frases,
una colección de adagios, otra de sentencias de
autores antiguos y modernos sobre varios temas y
una lista de sinónimos ordenados
alfabéticamente.
(8) Sobre una
aproximación a estos textos ver: VALENCIA
Solanilla, César. Teatro precolombino: el
ritual y la ceremonia. En: Revista de
Ciencias Humanas. UTP, Pereira, no. 17
sep.1988,p.29-38.
(9) IÑIGO
Madrigal, Luis. Historia de la Literatura
Hispanoamericana colonial. Cátedra,
Madrid,1982.
(10) RIPOLL,
Carlos y Andrés Valdespino. Teatro
Hispanoamericano. Antología Crítica.
Anaya-Book. New York,1972.
(11) Horacio. Obras
completas. Planeta, Barcelona, 1992, p.331
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