Escribir la investigación: El informe en el enfoque Cualitativo

Miguel Angel Gómez Mendoza

A partir de una delimitación crítica sobre la racionalidad de los informes de investigación en ciencias sociales, en particular del enfoque cualitativo, se presentan consideraciones sobre los siguientes aspectos teóricos y prácticos: escritura, redacción, validación, estructura, y ética de la publicación.

 

Introducción

La producción del conocimiento pasa por la redacción de un texto que podrán consultar todos aquellos a los que una problemática explorada interese. Esta etapa de la transformación de lo conocido por algunos (los investigadores) es conocido por todos y tiene también una importancia decisiva. Este momento de la preparación del informe de investigación es objeto actualmente de encendidos debates en diversos ámbitos, como el de las disciplinas inclinadas, tradicionalmente, a adoptar una metodología cualitativa como la antropología y la sociología.

Con el fin de prevenir un posible reproche de subversión de la verdad por el trabajo de reconstrucción, los investigadores adoptan habitualmente para la redacción del informe una estrategia de transparencia (Vander Maren,1991; Fortin, 1991; Deslauriers y Kérisit 1997). Así, por ejemplo, éstos dos últimos autores la describen en los siguientes términos (1997:102-103):

- la recolección de los datos y los métodos empleados son explícitos;

- los datos son utilizados para documentar los constructos teóricos;

- los resultados negativos son expuestos y tomados en consideración;

- los sesgos son examinados, incluyendo los intereses personales, profesionales, políticos así como los sesgos teóricos y las presunciones;

- las estrategias de recolección de los datos y del análisis son reveladas;

- las decisiones tomadas en el transcurso del proyecto y que han influido sobre las estrategias de investigación o sobre el objeto de investigación son documentadas;

- las hipótesis rivales son presentadas y analizadas;

- la confidencialidad de la información es preservada;

- la sinceridad de los participantes es establecida;

- el significado teórico y la generalización de los resultados son explícitos.

 

El informe debe permitir a los otros investigadores retomar la investigación con el fin de determinar las fallas o de poner en tela de juicio los resultados obtenidos; al mismo tiempo, el investigador apuesta que su argumentación convencerá al lector. Asistimos aquí a un proceso de racionalización del proceso de producción de la investigación, estructurando un documento en partes enumeradas e independientes. Introducción y conclusión son justamente los momentos más importantes de esta racionalización. Mientras que el proceso de construcción del objeto se hace progresivamente (Deslauriers, 1991: 23-31; Deslauriers y Kérisit, 1997: 90-96), las convenciones de la escritura imponen al investigador presentar de entrada un objeto construido, respaldado por las selecciones teóricas y metodológicas que se han hecho en el curso de la investigación, sin que éstas sean necesariamente previstas. Sin embargo, como veremos, está lógica de la investigación se muestra problemática e inclusive ha sido puesta en cuestión y en entredicho.

No obstante, es necesario destacar que la mayoría de los informes de investigación se ajustan al modelo convencional antes, con todo aquello que implica de reformulación a posteriori del objeto de investigación y en consecuencia de reconstrucción.

En este contexto, y con la intención de conservar el tono práctico de este trabajo, a continuación abordaremos los aspectos fundamentales de concepción de un informe final desde una perspectiva cualitativa de investigación.

La escritura y sus tiempos

Generalmente, se recomienda leer las proposiciones de los otros autores para conocer su ideas. Esta etapa se justifica y es necesaria. La redacción del informe coincide con un período de lectura; de la misma manera que el ratón de biblioteca debe confrontar sus ideas con los problemas cotidianos, el investigador de terreno debe ir a la biblioteca (Arnold, 1982 :58-59).

Es necesario también descubrir el estilo de los otros para encontrar el propio. Es útil ver como los otros autores se las arreglan para presentar una argumentación convincente y como la desarrollan. Es siempre interesante revelar las astucias, ver lo que el autor dice, lo que calla, lo que descuida, esto permite reconocer su estilo propio de escritura. Decodificando la lógica de los otros, es más fácil reconocer la propia, esto es, identificar los estilos de análisis, de presentación y de redacción de los otros (Strauss, 1987:249).

No existe ninguna receta milagrosa, la mejor manera de aprender a escribir es escribir, escribir y todavía escribir. Para la persona que desea aprender a nadar, nunca es muy temprano para lanzarse al agua; para el investigador que desea redactar su informe de investigación, nunca es muy temprano para comenzar a escribir (Spradley, 1980: 160).

Así como el análisis y la transcripción, la escritura, toma siempre más del tiempo previsto: calculando el tiempo que se puede razonablemente asignar a la redacción, se puede multiplicar por dos y no será todavía suficiente (Hammersley y Atkinson, 1994: 208). Cuando el investigador redacta un informe de investigación, su interés ha llegado al límite mucho antes que su tarea esté completa ; habiendo obtenido respuestas a sus preguntas, sabe que el tema retorna, que el material pierde su novedad y el trabajo llega a ser menos estimulante. Entre más trabaje, más tiene el sentimiento de no avanzar y de dar vueltas. Además, él conoce muy bien las debilidades de sus trabajos, y le ocurrirá desdeñar el conjunto. Al comienzo se trabaja con entusiasmo, pero el fin es en ocasiones tan pesado que más de un investigador está tentado a abandonar.

Una investigación no alcanza siempre el alto nivel que se desea inicialmente; no obstante, la persona que profundiza en una idea conscientemente razonablemente adquiere ciertamente una habilidad y los conocimientos que no poseerá nunca el diletante. Escribir permite descubrir los conocimientos acumulados a espaldas durante el proceso de investigación. El investigador que quiere su tema, que ame su investigación y que ha aprendido, encontrará en este interés la energía que necesita para terminar el informe.

La redacción del informe

El informe es una especie de creación, donde la lógica de base deja lugar a un margen de improvisación. El investigador tiene un tema general en el comienzo, pero no sabe exactamente a donde llegará, y esto es lo atractivo. El informe tiene tanto del tema como de la improvisación, y muestra tanto lo teórico como lo práctico, porque el está escrito en relación con el medio que lo produce y lo influye. El interprete de jazz comienza a tocar buscando la idea musical que desarrollará; de la misma manera, el investigador analiza sus datos buscando el filón director que dará cuenta de sus datos (Van Maanen,1991:20; Van Maanen, 1993:49)

Escribir requiere regularidad, disciplina y conocimiento de sus límites. Cuando se afronta la página en blanco o la pantalla catódica, se termina tarde o temprano por escribir alguna. Como en el deporte, la primera jornada es más dura que la segunda, la tercera menos dolorosa que la segunda. Hay una frase de calentamiento y de puesta en forma, de ahí la utilidad de una planificación del tiempo, de un horario de escritura y de una gran continuidad.

La escritura constituye la trama de fondo del informe de investigación. La redacción del informe se prepara durante mucho tiempo, por la redacción de notas metodológicas, teóricas y descriptivas. En ciertos momentos, el investigador se pensará en la cima del mundo; en otros, él se preguntará porqué se ha lanzado a esta aventura. Tales son las vicisitudes del trabajo intelectual.

Concretamente, ¿cómo se redacta un informe de investigación? Una nota preliminar: ¿En el plan del informe no será al final lo que era al comienzo?. El plan comienza a elaborarse tranquilamente cuando el investigador escribe notas y los fragmentos de análisis, en la medida que avanza la investigación. Un plan provisorio se bosqueja, de ahí surgirá el plan general. El investigador no sabe exactamente lo que será su informe de investigación, lo que contendrá tal o cual capítulo, él conoce solamente el esquema general y los datos que puede allí incorporar. Cualquiera que sea la manera de escribir que se tenga, puede ser preferible comenzar por redactar los documentos de trabajo, los borradores de capítulo, uno por uno, sin buscar la perfección desde el comienzo. Una investigación hecha por inducción se redacta también por inducción, redactando las partes en primer lugar, uniéndolas después de manera lógica. En caso de duda, se debe escribir, olvidar su plan y escribir.

Escribir permite clarificar las ideas y no se debe dudar en parar para consignar las reflexiones que aparecen en la mente en el curso de la investigación, cualquiera que sea el momento; éstas pueden ser la piedra angular del informe. Lo importante es no perder la idea que surge ; ¿dónde se ubicará exactamente esta idea?, esta pregunta se responderá más tarde. Es mucho más simple ordenar a posteriori el material escrito que situarlo a priori en el plan. En la medida que el investigador avanza en su análisis, nuevos procesos emergen, otros son abandonados. Muy rápido se asombra de ver que las ideas vienen y que las relaciones se establecen. Se debe dejar a su cerebro el chance de trabajar y las cosas se ponen en su lugar. Esto parece lo contrario a la lógica pura, pero es preferible escribir la introducción al final: como el investigador no sabe todavía que forma tomará el informe, pensar en la introducción desde el comienzo es un poco aventurado.

El uso del computador simplifica mucho la redacción; es posible cortar, corregir, revisar, volver a arreglar sin dificultades. Esta herramienta ahorra un tiempo enorme aún si, para algunos, representa una complicación que retarda la redacción y los hace echar de menos la época de la máquina de escribir manual. Pero cualquiera que sea su herramienta, se debe preparar para redactar varias versiones de su informe. La casa de edición Wiley & Sons pretende que deben escribirse cinco versiones de un texto, luego cuestionarlos, para fabricar un bello producto (Werner y Schoepfle,1987:299-300):

Primera versión : ¿todo está ahí? Agregar lo que falta, quitar las repeticiones, las redundancias, lo superfluo. El autor a menudo tiene dificultades por resolver, es difícil cortar lo que ha demandado grandes esfuerzos.

Segunda versión: ¿todo está claro? ¿Todo está bien organizado? Aclarar los puntos obscuros, quitar todavía una vez más lo que está de sobra.

Tercera versión: ¿el estilo fluye bien? ¿Hay rupturas, los pasajes sin transición que no se explican? Las frases cortas son preferibles a las largas, la forma activa a la pasiva.

Cuarta versión: ¿hay muchas palabras? Se puede decir lo mismo de más sucintamente? Resumir según las necesidades, pero no hasta el punto en que la concisión perjudique la comprensión.

Quinta versión : ¿es el estilo uniforme? En ocasiones es difícil conservar el mismo estilo en un documento tan largo ; algunas partes son redactadas en momentos diferentes y la escritura puede afectarse. El leer todo de un jalón ayuda a veces a descubrir los cambios de tono.

¿Todos los investigadores pasan por estas cinco versiones que recomienda el editor? Muy probablemente, pese a que los estilos de escritura difieren. Unos escriben lenta pero regularmente, todos los días; una página escrita para ellos es casi una página final. Otros reflexionan y maduran el plan en su cabeza; cuando se sientan para escribir, todo está casi listo. Otros todavía escriben rápidamente para aclarar las ideas, y redactan su informe por toques repetidos. Algunos escriben por sedimentaciones sucesivas, como la marea, otros de un tiro, como un volcán. A cada uno su manera.

Cualquiera que sea, es necesario revisar un texto varias veces para verificar la uniformidad del estilo, las ideas, la organización, la concisión, o las mismas ideas.

El investigador puede evaluar su informe siguiendo algunos criterios sugeridos por Strauss (1987 :259). Tanto como sea posible, él debe "vivir" con su análisis durante algún tiempo. El debe estar satisfecho de lo que ha escrito, o cambiar los puntos que le parecen problemáticos y débiles. Se debe pensar en la claridad de la presentación: es limpia, ¿sin ambigüedad? ¿Los resultados de la investigación han sido comunicados en buena forma? ¿El investigador convocará la audiencia a la cuál se destina su traba jo? Cuando la repuesta a estas tres preguntas son claras el fin se aproxima.

No se puede producir todo el tiempo al mismo ritmo: se debe aceptar con la misma serenidad las pequeñas y grandes jornadas. Algunos días, la obstinación puede ser contraproductiva; sería mejor abandonar momentáneamente el trabajo. Se debe también guardar tiempo para pensar, leer, encontrar a los otros y discutir sus problemas. Cambiar las ideas ayuda a sacar a la mente y contribuye a una eficacia más grande. Se debe dar confianza a su inconsciente, a su cerebro, a su intuición, a su energía, y al tiempo.

Redacción y validación

Una vez redactado el informe en su versión preliminar, es aconsejable someter este texto a las personas entrevistadas u observadas, al menos a algunas de ellas. Para el investigador se trata de validar su investigación: puede corregir los errores de interpretación y mejorar su análisis. Este procedimiento no puede ser interpretado como una prueba absoluta de la validez de los resultados de la investigación, pero los participantes pueden ofrecer informaciones valiosas (Lafortune, 1990). De otra parte, las personas entrevistadas han puesto su tiempo, sus ideas, y menudo parte de su vida a disposición del investigador, es normal que ellas sepan lo que se ha hecho con su trabajo.

Cuando el investigador redacta un informe de investigación, su interés ha llegado al límite mucho antes que su tarea esté completa ; habiendo obtenido respuestas a sus preguntas, sabe que el tema retorna, que el material pierde su novedad y el trabajo llega a ser menos estimulante.

Siempre me conmuevo por los prefacios de las monografías publicadas sobre América latina, donde el autor reconoce expresamente su agradecimiento a Don Simpático, Doña Gracia y a otros serviciales habitantes de San Pedro o de San Miguel (o cualquier otro nombre de barrio o de poblado) sin cuya colaboración y hospitalidad su estudio no hubiera podido nunca ser escrito. En consecuencia, cuántas veces estas comunidades y sus útiles informantes, cuyas vidas son cuidadosamente desnudadas por los investigadores competentes, terminan por tomar conocimiento de los resultados de la investigación? Se hacen esfuerzos por hacerles llegar las conclusiones científicas y los descubrimientos de la investigación? ¿Se intenta traducir nuestra jerga profesional en conceptos ordinarios que las gentes puedan comprender ellas mismas y gracias a los cuales ellos podrían aprender alguna cosa? (Stavenhagen, 1973:181-182).

Como lo plantea León Bernier (1987 :13), las informaciones son un don que llaman a la reciprocidad. En comprender, hay un tomar y también un dar : el investigador toma los datos, intenta comprender, pero él debe también devolver, lo que permite la producción de su informe.

¿Las personas entrevistas se reconocen en el informe? Aún si el marco de referencia del investigador es probablemente diferente del de ellos, ¿la investigación les sugiere una perspectiva que los ayude a explicarse su propia vida? (Schatzman y Strauss, 1973 : 135 ). Si eso es así, el investigador aquí encontrará una confirmación frente a un auditorio privilegiado. Si no es así, y los autores de sus datos no se identifican, deberá tener cuidado: el análisis está, quizás, en proceso de deslizarse hacia la teoría formal. Esto no significa que el análisis sea falso: un investigador puede proyectar un retrato poco halagüeño, pero no obstante verdadero. Idealmente, las dos partes llegan a la misma conclusión, pero esto no siempre es posible. En un caso como en el otro, el investigador debe estar en capacidad de fundamentar, de justificar y defender su análisis: que las personas entrevistas estén o no de acuerdo con las conclusiones, el investigador es el responsable.

Puede ser útil hacer leer la versión preliminar por pares que conocen el tema y por otros que no conocen nada. A veces, el investigador se convierte en prisionero de su propio texto y ya no puede salir más del espiral de su razonamiento. Tomando un poco de distancia, se está evaluando el mismo manuscrito. Claro está, esta gestión demanda tiempo, los comentarios en ocasiones tardan en llegar y es necesario insistirles a los comentaristas, pero ello es rentable: los otros descubrirán debilidades de lógica, omisiones, imprecisiones que hay que aclarar. Esta consulta tiene una gran ventaja porque permite en primer lugar identificar los puntos fuertes y los puntos débiles de sus trabajos; normalmente, los comentarios convergen de manera sorprendente. Se agrupan en algunos puntos principales. Esta consulta permite tomar un poco de distancia frente al documento, escoger mejor el plan general, las articulaciones, las relaciones y las transiciones.

El contenido del informe

Un buen informe de investigación debe ofrecer al lector las informaciones que le permitan saber como se ha llevado a cabo la investigación, con la finalidad de que el lector esté en capacidad evaluar el proceso seguido y los resultados obtenidos. En investigación cualitativa, el informe de investigación contiene los elementos generales acostumbrados, en primer lugar, el enunciado de la pregunta de investigación. Este punto es capital desde varios puntos de vista: en primer lugar porque esta será la primera en ser leída por los lectores, además, porque es aquí cuando el autor demuestra su capacidad de debatir y de evaluar las investigaciones efectuadas sobre el tema estudiado anteriormente. La claridad del estado de la pregunta es un indicador del dominio del tema y de la capacidad del investigador de organizar su material y de orientarse. En investigación cualitativa, la pregunta de investigación evoluciona al mismo tiempo que el proyecto y se aclara a menudo al final. El estado de la pregunta puede contener la revisión de la documentación o tratarla separadamente. En el primer caso, el enunciado de la pregunta irá a la par con la presentación de otros autores ; en el segundo, se puede presentar la pregunta de investigación en sus elementos más generales antes de pasar a la revisión de la documentación.

El estado de la pregunta comprende diferentes elementos, como un enunciado conciso de la pregunta que el proyecto intentará aclarar, la relación entre esta pregunta y los resultados de otras indagaciones que la investigación se esforzará en verificar, completar o refutar. Se debe asegurar también que el lector comprenda bien las investigaciones que son presentadas y evaluadas; la selección de las citas es importante. Luego de presentar la orientación general, se pasa al objeto de investigación: mientras el enunciado de la pregunta es sobre todo general, el objeto de investigación es más preciso.

A continuación vienen los fines y objetivos de la investigación. El fin da la orientación general del proyecto: es habitualmente abstracto, más bien amplio, menos mensurable y orientado a largo plazo. Por el contrario, el objetivo es más específico, más concreto, más mensurable, y centrado en un término corto. El objetivo hace operativo el fin. Se debe evitar ocultar los fines y los objetivos bajo una ola narrativa de suerte que el lector se extravíe en ella..

Es necesario evitar la confusión del objeto de investigación (¿qué ?) con el fin ( ¿por qué?) y la metodología (¿cómo ?). Esta última parte del informe contiene la descripción de la metodología utilizada, los procedimientos y técnicas empleadas, las relaciones establecidas con las personas que han participado en la investigación, los dilemas que el investigador ha debido solucionar. En esta parte el lector percibirá la otra cara del proyecto. La manera como el investigador ha intentado responder a la pregunta, es a veces más importante que la pregunta misma, o que su respuesta (Deslauriers, 1992:24).

Es aconsejable asegurarse que los objetivos y la metodología concuerden, nada choca más que unos objetivos grandiosos acoplados a una metodología tímida. La metodología contiene las etapas seguidas, la repartición del trabajo (qué, cuándo, dónde) y el cronograma ; es cada vez más corriente adjuntar la metodología como anexo del informe de investigación.

El corazón del informe es la presentación de los resultados (descripción y presentación). Las diferentes partes del informe van a catalizarse alrededor de las preguntas que el investigador se planteaba al comienzo, o alrededor de las principales categorías que han surgido en el desarrollo del proyecto. El informe articula los elementos de análisis en un orden lógico que da una impresión de continuidad (Deslauriers; Kérisit, 1997:86).

En investigación cualitativa, es usual dejar hablar las personas entrevistadas y citar los fragmentos más significativos y ejemplares. Estas ilustraciones sirven para dar el punto de vista de las personas, en sus propias palabras tanto como sea posible. Los fragmentos pueden también ser utilizadas para dar más peso a los comentarios teóricos, para dar una especie de evidencia, de apoyo, en fin, estos datos descriptivos tienen por función ayudar al lector a comprender la actividad, el sitio, y el fenómeno estudiado.

Las notas son útiles, pero no deben ocupar mucho espacio. Las citas no sirven para demostrar la erudición del investigador ni para ocultarse detrás de los grandes maestro; ellas sirven para demostrar que el investigador no es el único que trabaja este tema. Las referencias constituyen un aspecto importante de toda redacción, es primordial reconocer las deudas contraidas con los autores que han alimentado la redacción. El método alfanúmerico, llamado también americano, es el modo de presentación bibliográfico que está en proceso de imponerse. Se mete entre paréntesis el nombre del autor, el año de publicación y el número de la página, en la medida en que los autores son citados en el texto ; en la bibliografía, se encuentra la lista alfabética de los autores utilizados. Este método de presentación bibliográfica se encuentra en muchos libros y en casi todas las revistas porque es simple y eficaz. Su principal mérito es el de permitir conocer inmediatamente el autor de la referencia o de la idea.

Si el informe está destinado a una institución que financia la investigación, o a las personas que no tendrán mucho tiempo para consagrarse a su lectura, se comienza por un corto resumen. Se encuentran estos resúmenes en la mayor parte de los buenos informes, en las conferencias de prensa en donde son presentados a los periodistas, y en un número creciente de revistas en donde cada artículo está precedido de un resumen, y algunos lectores no leerán nada más. Con esta síntesis, se intenta picar la curiosidad del lector apremiado esperando llevarlo más lejos. De lo contrario, retendrá al menos las ideas generales y volverá quizás más tarde. La redacción de este resumen es entonces importante porque determina si será comprendida o no la investigación. El lector deberá encontrar aquí la pregunta que el investigador se planteaba y la respuesta que ha encontrado (Werner y Schoepfle, 1897:294-295).

La presentación del informe

La cultura científica nos ha acostumbrado a una escritura severa que cada vez es más criticada; la aridez ya no es más sinónimo de objetividad. Actualmente algunos piensan que una escritura interesante, bonita, variada y cautivante no es incompatible con la ciencia social. Al contrario, la ciencia social está en la búsqueda de un estilo que traduciría su nueva orientación, la sensibilidad y la praxis de las personas (Van Maanen, 1991:15-34; Van Maanen,1993: 47-78; Anderson,1993:69-85). Lincoln y Guba (1985) pretenden que la época post-positivista, o post-científica, tiene necesidad de un nuevo estilo. Si se quiere aprender de sus contemporáneos, se debe más que nunca producir informes concretos, complejos, empáticos (Van Maanen,1991:34; Van Maanen,1993:50). Esta búsqueda de renovación es muy evidente en la corriente etnográfica de investigación. La etnografía produce una descripción de la cultura, o más precisamente, un texto cuyo fin es evocar en la mente de su autor y del lector la emergencia de un mundo posible salido de la realidad cotidiana (Harvey,1993: 5-12; Harvey, 1993:13-32; Hammersley; Atkinson, 1994). De hecho, esta corriente crítica el discurso científico cerrado que se basta a si mismo y se justifica por su propia lógica, independientemente de la realidad definida por los sujetos. Para los partidarios de esta tendencia, la etnografía es el medio de superar el discurso científico tradicional, de renovar el "género" científico integrando en él las preocupaciones éticas, poéticas, políticas.

Algunos antropólogos consideran que la poesía misma y la política son inseparables (Edmondson,1993; Andersen,1993). Según ellos, la ciencia se encuentra en los procesos históricos y lingüísticos, los géneros académicos y literarios se influencian recíprocamente y la descripción cultural es propiamente ética y experimental (Morin, 1991;Van Maanen,1991; Van Maanen, 1993). La poesía también formaría parte de la ciencia: más allá de la manera de presentar los hechos, el análisis y la comprensión también pueden inspirarse.

Un buen informe de investigación se sitúa entre la conceptualización etérea y la descripción pura y simple. De una parte, la gran importancia que se concede al desarrollo conceptual hará perder al material el color que le confiere la observación de la rica y tornasolada realidad. Por otro lado, el exceso en la descripción hace que el lector olvide la relación entre los datos y su explicación. Taylor y Bogdan (1994:160);Schatzman y Strauss (1973:110) hablan de la "descripción" analítica como si fuera el sello distintivo de un buen informe en donde son vecinos los fragmentos de entrevista, las observaciones y los datos teóricos. El informe debe ser tan empírico para ser creíble y tan analítico para ser interesante. Mucho de lo uno o de lo otro puede matar el interés. Debido al material vivo que utiliza, un informe de investigación cualitativo es generalmente interesante de leer.

El informe de investigación se sitúa en la frontera de la ciencia y la literatura; no existe una sola manera adecuada de presentar el análisis de sus datos. Van Maanen (1991);Van Maanen (1993) y Hammersley y Atkinson (1994), distinguen tres modos mayores (realista, confesión, impresionista) y cuatro menores (crítico, formal, coautores investigador/informador, polifónico). Y la lista no está cerrada: todo el mundo puede agregar su propio modo. Sin embargo, hay algunas reglas generales de las cuales se puede inspirar. Autores como Hammersley y Atkinson (1994) recomiendan que los investigadores intenten superar lo que todo el mundo sabe, y sacar a la luz lo que hace la novedad de la situación; lo que parece evidente no lo es siempre. Ellos aconsejan evitar la tentación de neologismos que nadie comprende. No que no se deba crear un nuevo vocabulario, la transformación de la realidad pasa por la aparición de nuevas palabras, pero la claridad de un texto debe ser preocupación permanente.

A veces, el investigador se convierte en prisionero de su propio texto y ya no puede salir más del espiral de su razonamiento. Tomando un poco de distancia, se está evaluando el mismo manuscrito.

Evite las operaciones bizantinas que consisten en asociar y disociar los conceptos, evite el manierismo de la palabrería. Oblíguese y obligue a los otros a la simplicidad del enunciado claro. No recurra a los términos complicados salvo si usted cree firmemente, que su empleo, amplia el registro de vuestra sensibilidad, la precisión de vuestras referencias, la profundidad de vuestro razonamiento. Evite buscar en la obscuridad un medio de suprimir simplemente los juicios sobre la sociedad y de suprimir simplemente el juicio de vuestros lectores (Mills, 1967:227).

El estilo empleado debe ser claro y a la altura de todos aquellos que se interesan en el tema. Se debe escribir pensando que el lector no conoce absolutamente nada del tema y que sus únicos conocimientos en este campo dependerán de la lectura del informe. Una idea brillante, mal desarrollada y presentada de manera obscura, tendrá menos efecto que una idea simple pero argumentada agradablemente. Entre más dificultad tenga el lector para descifrar las frases, aun las más elegantes, menos tiempo tendrá para comprender las ideas. En las ideas como en la cocina: la presentación es importante. No se debe nunca subestimar el conocimiento técnico de los lectores. Para algunos, claro está, el informe será nítido, pero para otros será arduo. Se debe escribir pensando en el lector inteligente que posee algunos buenos conocimientos generales, no en el especialista agudo (Werner y Schoepfle,1987:295). Como Des Rivieres (1991:87) y Trembaly (1991:72) lo recuerdan, la investigación es importante para todo el mundo y el investigador debe pensar en escribir para otro auditorio y no solamente para el medio académico. La lectura del informe de investigación debe ser cautivante, si el investigador toma verdaderamente su tema a pecho, su interés será evidente en el informe y tocará al lector..

La ética de la publicación

Una pregunta que con frecuencia se plantea por la publicación del informe es: ¿debe publicarse un informe de investigación desfavorable a las personas, aún a nombre de la ciencia? Estas personas exigen el anonimato antes de aceptar participar en una investigación, la confidencialidad de las opiniones emitidas no debe sufrir alteración. Si la divulgación de las los resultados amenaza a cualquiera, de una forma u otra, es preferible no divulgarlos. Se debe medir el efecto de la investigación sobre los movimientos sociales: la crítica puede ser estimulante tanto como ella puede ser asesina. Toda actividad contraria a los intereses de las personas observadas, en consecuencia, a la comunidad científica misma, debería ser abandonada.

También puede surgir otra cuestión que genera un serio problema de ética: el informe por debajo de la realidad. Se llega a la situación en que el investigador sea tan exigente que subinterprete los datos; desconfía de la acción y se refugia en una definición de la situación que planea a tal altura que todo se ve uniforme. El se pregunta de tal manera que todo lo que no se aproxime a lo ideal es descartado. Este investigador define la realidad de una manera alejada, como Zeus que mira desde lo alto del Olimpo los inútiles esfuerzos de los mortales que se debaten. Mills (1967:28) ha caricaturizado esta tendencia denominándola Suprema-Teoría. Esta forma de ciencia social abstracta y general delimita la realidad de manera lógica pero arbitraria, sin ofrecer el origen de sus conceptos, sin decir cómo se imponen a la consciencia, sin tomar en consideración los conflictos sociales y las situaciones que hacen nacer las ideas.

Otra versión de la misma posición consiste en proponer que las ciencias sociales no tienen que pronunciarse sino solamente aclarar la controversia (Soulet, 1989). Pero cómo limitarse a la descripción de los hechos ? Acaso delimitarlos, ¿no es ya escoger ? Esta posición semeja a aquella que considera que el papel de las ciencias sociales no consiste en formular la política social sino en medir sus resultados. No debe preocuparse de los fines sino solamente de los hechos y los medios, y aún, de manera pasajera. El in vestigador que publique participa en el debate pese a él; sin caer en el maniqueísmo, sus ideas traicionan una concepción de la sociedad, de las definiciones, de las presuposiciones. Este vacío ético plantea una pregunta ética.

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