Introducción
a la fenomenología de Edmund
HusserlAlejandro David García
Valencia
Históricamente
Husserl termina el ciclo filosófico de la
metafísica, pero con Husserl también
comienza una nueva era de la filosofía que
busca ante todo una nueva actividad racional
diferente a la planteada hasta ese entonces:
Husserl hace evidente la crisis de la razón
absoluta y universal, de modo que es
necesario replantear de aquí en adelante la
actividad filosófica con una responsabilidad
social como respuesta a los problemas del
mundo, que ya no se resuelven desde una
razón objetiva, sino que se solucionan en el
encuentro de múltiples puntos de vista.
Otro aspecto
a tener en cuenta de la fenomenología de
Husserl está en la dinámica que le imprime
al sujeto, ahora el sujeto no espera ser
afectado por los objetos del mundo, sino por
el contrario, el sujeto constituye esos
objetos y le da sentido al mundo. Otro
aspecto importante es que el sujeto
trascendental ya no es un sujeto anónimo,
éste es un sujeto activo que constituye el
mundo, que tiene una responsabilidad con ese
mundo y un compromiso histórico con la
humanidad.
1. La
conciencia
Fenomenológicamente
no es posible concebir la conciencia como
estructura interna del sujeto que espera ser
afectada por los objetos. Toda aprehensión que
la conciencia tenga del objeto constituye ya una
actividad de ésta, así sea de manera pasiva la
conciencia pre-constituye objetos.
Desde esta
perspectiva, la conciencia es el punto de partida
de la actividad humana, ya que es indubitable y
necesaria puesto que resulta evidente para sí
misma, como una evidencia apodíctica. Por tanto
la conciencia es incuestionable por cuanto
permanece o se hace presente en toda experiencia
que realice el sujeto. Toda actividad de la
conciencia no puede ser cuestionada, pero lo que
no puede garantizar la conciencia es la
certidumbre de lo que está conociendo, ya que la
cosa es variable y no tiene garantizada su
existencia, por tal motivo, el sujeto impone o
constituye su propia realidad indubitable a lo
contingente de las cosas del mundo. Con otras
palabras, lo inmanente de la conciencia penetra
lo trascendente del mundo y lo realiza.
Husserl define
la conciencia como un conjunto de actos que se
conocen con el nombre de vivencias. Esta
conciencia tiene la peculiaridad de eliminar toda
referencia a una existencia real de las cosas, es
decir la conciencia no percibe objetos reales
sino que aprehende objetos, que se denominan
fenómenos.
«El
fenómeno de la cosa (la vivencia) no es la
cosa aparente, la cosa que se halla frente a
nosotros supuestamente en su propio ser. Como
pertenecientes a la conexión de la
conciencia, vivimos los fenómenos; como
pertenecientes al mundo fenoménico, se nos
ofrecen aparentes las cosas. Los fenómenos
mismos no aparecen; son vividos.»
Esto implica
varias cosas; primero que la conciencia deja de
ser esa especie de receptáculo que espera ser
afectada por los objetos. Esto quiere decir, que
la conciencia cobra un dinamismo que la lleva a
constituir el mismo mundo, es decir, la
conciencia fenomenológica es netamente
constitutiva, es una conciencia que a través de
sus vivencias va aprehendiendo objetos, de modo
que en el acto de aparecer, o sea, en la vivencia
misma, se viven una serie de sensaciones que a su
vez son aprehendidas por la conciencia. Es así
como la conciencia hace aparecer el objeto, y lo
vive. Otro aspecto importante y complementario al
anterior es que la conciencia no es un acto
psíquico, ni se compone de contenidos reales,
ella se compone de múltiples representaciones
que se dan en los actos de percibir, juzgar,
imaginar, recordar, entre otros. «Nada puede ser
juzgado, nada tampoco apetecido, nada esperado ni
temido si no es representado»
Esto implica que
la conciencia mantiene una correlación con el
mundo, pues si existe el acto de percibir es
porque existe el objeto percibido, al acto de
juzgar le corresponde el juicio requerido. Esta
referencia de la conciencia al mundo se conoce
como «intención». De modo que de ahora en
adelante vamos a hablar de la conciencia como
conciencia intencional.
La
intencionalidad es la característica más
importante de la conciencia fenomenológica. Las
vivencias intencionales se dan de diversas modos,
así
«El modo
como una mera representación de una
situación objetiva mienta éste su objeto es
distinto del modo cómo lo hace el juicio,
que considera verdadera o falsa dicha
situación.»
En todo caso, en
la vivencia intencional no importa el modo como
se dé (intuida, juzgada, imaginada, recordada)
existe una tendencia hacia el objeto, es decir,
que en la vivencia intencional, la conciencia
«constituye plena y exclusivamente el
representar este objeto, o el juzgar sobre él».
Pero es de tener en cuenta que esta referencia
objetiva no existe en todos los casos. Con la
representación del "dios Júpiter", el
sujeto posee una vivencia representativa de él
que se verifica en la representación de dicho
dios. Este objeto representado no posee un
contenido real, como tampoco mental en la
vivencia, pero sin embargo existe el
representarse el dios Júpiter. Esto significa
que el objeto al que se dirige la conciencia es
un objeto intencional, en tal sentido no importa
que sea representado, intuido o fingido. Por
ejemplo, puedo representarme un objeto real como
«el palacio de Berlín», «juzgar este
palacio», complacerme con su belleza
arquitectónica, o «abrigar el deseo de poder
hacerlo». Estas vivencias del palacio de Berlín
«tienen de común el ser modos de intención
objetiva, los cuales no podemos expresar
normalmente de otra manera que diciendo que el
palacio es percibido, fantaseado, representado en
una imagen, que es juzgado, o que es objeto de
aquella complacencia, de aquel deseo, etc.»
Como vemos el
objeto intencional se manifiesta de diversos
modos, así la experiencia sea sobre un mismo
objeto, en este caso, el palacio de Berlín.
2. La
conciencia actual y potencial
Husserl define
en Investigaciones Lógicas a la conciencia como
acto. En el libro Ideas relativas a una
fenomenología trascendental se descubre otra
propiedad de la conciencia y es su potencialidad.
Esto da precisión sobre la estructura de la
conciencia y también muestra con claridad el
dinamismo teleológico de ella.
Cuando el sujeto
percibe un objeto, se encuentra dirigido hacia
él y lo aprehende como siendo, en la
aprehensión del objeto quedan una serie de cosas
inactuales en el fondo de la experiencia. Cuando
el sujeto percibe un libro queda un trasfondo
experiencial que no se realiza, a no ser que la
mirada del Yo cambie de objeto. En este sentido,
el libro se encuentra encima de la mesa, también
hay un lápiz, y otros objetos.
Estos otros
objetos también son percibidos de alguna manera
puesto que se encuentran dentro del campo de la
intuición; entonces, la conciencia es conciencia
de libro pero también es conciencia de este
fondo, de ahí que la actividad de la conciencia
intencional no es sólo actual, pues la
conciencia puede dirigirse potencialmente hacia
con tenidos heterogéneos cuando el Yo cambia de
mirada hacia otro objeto, por ejemplo, hacia el
lápiz, entonces, lo actualiza. La intención se
puede volver atención siempre y cuando se haga
objeto de conocimiento, pues el Yo puede
aprehender un objeto determinado, como puede ser
el caso de un deseo que se pueda dar actualmente
a la conciencia sin ser objeto de conocimiento.
La conciencia
intencional tiene tres modos de darse que son: la
conciencia actual que aprehende el objeto, la
conciencia potencial que percibe el horizonte o
fondo de la experiencia en donde encontramos los
objetos inactuales, y la conciencia atencional
que es cuando la conciencia dirige la mirada a un
objeto determinado actualizándolo, la atención
hace que el modo potencial se convierta en
actual, o lo que es lo mismo, el objeto se hace
presente de modo real a la conciencia.
Este carácter
potencial de la conciencia le concede una
actividad que las teorías del conocimiento hasta
ese entonces le atribuían al objeto; así la
conciencia sale de su pasividad cognoscitiva y
entra a cumplir una función dinámica y
primordial en el conocimiento del mundo, más
explícitamente en la constitución del objeto.
La conciencia
fenomenológica es netamente constitutiva,
siempre está actuando en el mundo de una manera
activa y potencial. No es posible concebir una
conciencia vacía, pues el hecho de estar dada en
el mundo la hace perceptiva; por eso la
conciencia fenomenológica es primero que todo
perceptiva, constituye el mundo a través de la
intuición originaria, intuición que entra a
jugar un papel importante en el replanteamiento
que hace la fenomenología de la teoría del
conocimiento.
La
conciencia deja de ser esa especie de
receptáculo que espera ser afectada por los
objetos. Esto quiere decir, que la conciencia
cobra un dinamismo que la lleva a constituir
el mismo mundo.
3. La
intuición
«La cosa
espacial que vemos es con toda su trascendencia
algo percibido, algo dado en su propia persona a
la conciencia»; «La percepción de cosas no
representa algo no presente», «presenta,
aprehende un ello mismo en su presencia en
persona».
Pero esta
percepción de cosas al actualizar el objeto lo
manifiesta como un algo determinado, de tal modo
que en toda percepción de cosas nunca se percibe
el objeto plenamente, sino parcialmente; es
decir, que a la percepción de cosas le es
esencial una cierta inadecuación. Una cosa se da
en meros modos de aparecer, se da en escorzos o
matices, pero no completamente. La cosa la
develamos a medida que el sujeto tiene diversas
percepciones o vivencias sobre lo mismo: la cosa
el sujeto la mira, la toca, la recuerda, la
reflexiona, la vive. La cosa perceptivamente
nunca se agota, en esto consiste su
inadecuación; la cosa no se deja aprehender en
su totalidad, esto hace que la correlación
cosa-percepción de cosa sea infinita e
inagotable. En la percepción de la cosa siempre
quedará «un horizonte de indeterminaciones
determinables».
La percepción
presenta al objeto como el ente que está acá de
una manera originaria y presencial. Además
cuando dirige la mirada a este objeto extenso y
duradero permanece en el sujeto una continuidad
consciente del objeto, que deja de ser intuitivo
para convertirse en una continuidad de
retensiones si son pasadas o una continuidad de
pretensiones si son futuras.
La cosa
percibida siempre la encuentra el sujeto dentro
de un campo perceptivo abierto a otras posibles
percepciones de objetos, de tal manera que si se
habla de la cosa, no es de un ente aislado, sino
más bien de la cosa inmersa en un grupo de
objetos simultáneos y reales que Husserl
denomina «estado de cosas».
Toda vivencia es
primero que todo intuitiva, después puede ser
pensada, imaginada, recordada. En pocas palabras,
toda vivencia se da originariamente en la
intuición. La intuición es la única fuente que
puede dar respuestas a el «cómo» de las
maneras de darse el mundo, cualquier otra manera
de presentación es derivada.
Hasta ahora se
ha hablado de la intuición sensible, pero
también existe una intuición que desborda los
sentidos y que husserl llama intuición
categorial:
"Pues
bien, la intuición categorial sería algo
distinto de la intuición sensible y sin
embargo sería intuición. En la
intencionalidad se nos dan los objetos, las
cosas, las personas, las situaciones, los
sentimientos, no sólo como perceptibles,
sensibles, sino en estructuras que
trascienden lo puramente sensible, empírico,
fáctico."Intuir es un captar, en el
sentido más profundo de quien intuye más
alla de lo meramente sensible, estructuras y
formas de lo que se nos da en la
experiencia".
4.
Experiencia y horizonte de experiencia
Toda experiencia
tiene «un saber y un consaber respecto
precisamente de ese objeto, es decir, de lo que
es peculiar a él y que todavía no ha aparecido
ante su vista.» En la vivencia de la cosa, se
halla un conocimiento real y determinado de ella,
pero como la cosa posee su horizonte, de modo que
siempre va a quedar una serie de conocimientos
que no se realizan, es un pre-saber inagotable de
la cosa experimentada.
Toda
vivencia es primero que todo intuitiva,
después puede ser pensada, imaginada,
recordada. En pocas palabras, toda vivencia
se da originariamente en la intuición.
La experiencia
tiene pues, su horizonte de experiencia el cual
permite explicar paso a paso la cosa; la
experiencia al encontrar más y más
determinaciones de la cosa a medida que la vive,
puede conformar un encadenamiento explicativo de
vivencias sobre la misma cosa, unidas por
supuesto en una sola experiencia ilimitada.
El horizonte de
experiencia deja un campo abierto de
posibilidades «donde pre-señala el curso de las
determinaciones más precisas» frente a otras
posibilidades en una experiencia cualquiera.
Si cada
experiencia tiene un "horizonte
experiencial" de la cosa, entonces podemos
agregar que la cosa como horizonte infinito de
determinaciones posee un horizonte interno, que
sería como una inducción o anticipación
original y primaria; es decir que esta inducción
o anticipación va más allá de lo dado en la
primera visión o núcleo de conocimiento real de
la cosa.
Esta inducción
«va más allá de esa misma cosa con todas sus
posibilidades anticipadas de una futura
determinación progresiva, pensando más allá
hacia otros objetos con él a la vez, aún cuando
por lo pronto sean conscientes sólo en el
trasfondo.» Este dirigirse hacia los diversos
objetos que permanecen en el trasfondo de la
experiencia es caracterizado como "horizonte
externo".
Todas las cosas
que se hacen conscientes y anticipadas en el
trasfondo como horizonte externo se conocen como
objetos reales del mundo, esto significa que
existen en un horizonte espacio-temporal, que
pertenecen a un todo o mundo, que como objeto
real hace que esté ocupando algún lugar, ya sea
aquí o allí.
«Por
consiguiente, la existencia de algo real no
tiene jamás otro significado que el de
existencia-en, (Inexistenz) de
ser en el universo, en el horizonte abierto
de la espacio-temporalidad, en el horizonte
de las cosas reales ya conocidas y no sólo
ahora presentes en la conciencia, pero
también de lo no conocido, que posiblemente
se experimentarán y conocerán en el
futuro».
Es decir existe
un horizonte de validez que pre-señala el curso
de los acontecimientos de las cosas.
En la
experiencia o apercepción individual de la cosa
encontramos una trascendencia de sentido;
primero, desde un horizonte externo como
anticipación de posibles cosas reales
individuales que aparecerán en el mundo; segundo
como horizonte interno en cada cosa real con
relación a rasgos o determinaciones no
apercibidas; tercero, todo lo que aparece como
nuevo en la experiencia está inmerso en el
horizonte mundano, que en cuanto tal posee su
horizonte interno que destaca sus rasgos
particulares, y como anticipación de cualquier
explicación de percepción de ese objeto, se
constituye por esencia como lo real, como lo que
realmente se percibe del objeto. Sea el caso
sencillo de una mesa; desde su horizonte interno
podemos destacar ciertos rasgos esenciales tales
como: lo rectangular de su superficie, la forma
de sus patas, grosor, y otros detalles. Sin
embargo en la experiencia de la mesa el sujeto no
posee una percepción total de la mesa, existe
una parte de ella que no ve pero que preintuye o
imagina en cuanto anticipa esa parte que no ve y
le da ciertas características similares a las ya
vistas. Esta pre-intuición de la parte que no
vemos de la mesa se hace conscientemente con el
fin de realizar variantes que correspondan a
ciertos rasgos típicos de la mesa, como lo es su
textura, color, etc.
El sujeto en la
pre-intuición no pierde el sentido de mesa,
antes lo complementa. Lo que sí es de rescatar
es que estas anticipaciones pre-intuitivas son
indeterminaciones generales de la cosa, y son
diferentes de las determinaciones captadas
perceptivamente. Lo que sí es cierto, es que
tanto las apercepciones como las pre-intuiciones
de la cosa se realizan en el mundo de lo
pre-dado, así el conocimiento se origine a
partir de un horizonte interno dado, es decir,
que sólo un núcleo de rasgos típicos penetra
en el conocimiento fáctico y verdadero de la
cosa.
La cosa en su
horizonte externo permanece potencial en la
conciencia, como posibilidad de experiencias de
otros objetos reales que acompañan
simultáneamente a la cosa actualizada. Se va
constatando que cada objeto inactual mantiene a
priori sus rasgos típicos.
Ya sea desde un
horizonte interno o externo, las cosas permanecen
en un horizonte mundano que es uno e infinito:
desde el horizonte interno la cosa posee rasgos
particulares inagotables, desde el horizonte
externo la cosa está acompañada de una serie de
objetos que a medida que se amplía el sentido de
objeto se hace infinito. Volvamos a la mesa: la
mesa se encuentra acompañada de una silla, de
libros, y otros objetos dentro de un cuarto;
aquí ampliamos nuestro sentido a cuarto de
estudio; el cuarto de estudio es uno de los
cuatro cuartos de la casa, que además tiene dos
baños. Ahora se amplía el sentido a casa, y
así sucesivamente.
La cosa
en su horizonte externo permanece potencial
en la conciencia, como posibilidad de
experiencias de otros objetos reales que
acompañan simultáneamente a la cosa
actualizada. Se va constatando que cada
objeto inactual mantiene a priori sus rasgos
típicos.
El mundo como
correlato de la conciencia ya trae consigo una
familiaridad en general de las cosas
particulares, es decir, el objeto existe pre-dado
en general en la aprehensión originaria del
objeto, pero el objeto en cuanto es un núcleo de
determinaciones adquiere validez y es ahora una
cosa X. Pero la cosa como tal es
producto de una actividad de la conciencia, esto
significa que la cosa no la extrae la conciencia
de la nada, pues esta familiaridad en general de
la cosa donada por el mundo "pre-da" al
objeto mismo, hace que la conciencia tenga un
pre-conocimiento de la cosa. Así, los objetos
inactuales que completan el estado de cosas son
objetos potenciales de posibles experiencias, de
modo que lo que afecta a la conciencia desde el
trasfondo pasivo:
«no es un
algo del todo vacío, un dato cualquiera, que
todavía carece de cualquier sentido, un dato
de absoluto desconocimiento. Más bien, el
desconocimiento es siempre también un modo
de conocimiento».
De modo que
cuando la conciencia aprehende un objeto, posee
de entrada un horizonte vacío y abierto de
explicaciones de él.
«La
aprehensión del objeto en general -todavía
enteramente sin determinar ni conocer- trae
pues consigo ya un momento de lo conocido,
precisamente como de un algo que "es de
alguna manera", que es explicable y que
puede ser conocido de acuerdo con lo que es;
a saber, como un algo que se encuentra dentro
del horizonte del mundo en cuanto totalidad
de lo que es y que incluso es tan ampliamente
conocido que es un "ente en el
mundo"».
entonces,
aquello que afecta a la conciencia del trasfondo
lo aprehende poseyendo un conocimiento o
pre-conocimiento mucho más amplio del objeto.
«Significa
que ha sido captado ya pasivamente en el
trasfondo no solo como "objeto",
como algo experimentable y explicable, sino
como cosas, como hombre, como obra humana, y
así sucesivamente en diversas
particularidades.»
El mundo como
horizonte de experiencia es un «trasfondo de»,
en el que permanecen los objetos actuales e
inactuales de las vivencias. Pero en lo que
respecta a cada objeto o cosa individual, cada
una guarda sus posibles rasgos que se actualizan
en la retención vivencial.
5. La
epojé
Con la actitud
natural el sujeto tiene una posición implícita
en la cual encuentra la realidad del mundo como
"estando ahí" y la acepta como
existente. Este mundo no está "ahí como un
mero mundo de cosas, sino, en la misma forma
inmediata, como un mundo de valores y de bienes,
un mundo práctico". Con esta actitud los
sujetos siempre mantienen una posición
incuestionada del mundo y lo toman como se les
presenta, que hace que se sientan parte de este
mundo.
El punto de
vista de la actitud natural es un punto de vista
dogmático y enajenado que concibe al mundo de
una manera aislada y absoluta. Este punto de
vista parte de un a priori injustificado, ya que
no explica el origen de la realidad, sino que la
asume de hecho. Los principios de las ciencias
físico-matemáticas se fundan en esta actitud
natural puesto que postulan la existencia del
mundo real del cual ellas hacen parte. Estas
ciencias en una actitud práctica terminan
objetivando la naturaleza.
Por el
contrario, la Epojé o Reducción, se realiza con
la finalidad de re-descubrir el a priori
subjetivo que subyace a las teorías de la
física-matemática. A priori que se da en la
correlación originaria de la conciencia que en
su intencionalidad evidencia el mundo de la vida.
Para la
fenomenología, los principios de los que se
valen las ciencias no son los adecuados para
interpretar el mundo, pues el mundo considerado
por la física-matemática no es el mundo de la
vida sino que es un mundo idealizado como
producto de un método.
De ahí que la
conciencia en la epojé ponga entre paréntesis
todos los valores de las ciencias objetivas y
devela correlativamente a priori el mundo de la
vida, y lo proponga como su principio primordial.
De esta manera la epojé pone al descubierto la
incomprensibilidad de los principios científicos
cuando salen a flote los valores del mundo de la
vida que anteceden a los establecidos por la
actitud natural.
Con esta nueva
perspectiva la fenomenología dirige la mirada a
la conciencia misma, en su génesis del mundo.
Significa un
regreso a los orígenes en el mundo de la vida.
Es un regreso al mundo de la actitud natural,
caracterizada ahora como mundode la vida, no para
legitimar su ingenuidad y dogmatismo con respecto
a lo dado, sino para descubrir su génesis
estructural ante la falta de credibilidad de la
ciencia objetiva, relegando a un segundo plano
los objetos en cuanto tales.
La conciencia de
la actitud natural toma el mundo tal como
aparece; la conciencia en una actitud teórica
cuestiona ese mundo, es decir, la conciencia al
reflexionar sobre el mundo deja de lado todos los
valores legados por la actitud natural y no opera
para nada con ellos, puesto que ahora la
conciencia reflexiona sobre el mundo y establece
nuevos valores para ese mundo. En tal sentido se
neutraliza la enajenación de la conciencia ya
que acaba con los «supuestos» o puntos de vista
sobre el mundo. El «supuesto» que establece la
epojé nace del mismo comienzo del mundo de la
vida. Es así, como la epojé no es supuesta en
el mundo, sino al contrario, es el mundo el que
es supuesto en el punto de vista de la epojé.
El punto de
vista del que parte la actitud natural es
supuesto en el mundo, por tanto sólo tiene una
perspectiva del mundo, la suya, perspectiva
enajenada que va en deterioro del ser humano
puesto que lo limita a una sola visión del
mundo. La epojé libera al sujeto de la miopía
del mundo natural, permite que el sujeto se eleve
por encima del olvido de sí y lo neutraliza,
acabando con la enajenación del sujeto.
La epojé como
la transición de los valores de la actitud
práctica a una teorética de la conciencia es la
conceptualización dinámica que va del concepto
mundo pre-dado de la actitud natural al fenómeno
mundo. Si la actitud natural le daba un valor
absoluto y único al mundo, ahora el fenómeno
mundo no es más que la representación que
permite tantos sentidos como valores se le puedan
atribuir. Desde este aspecto el mundo es
infinito, pues posee una potencialidad que
permite al sujeto asumir todas las perspectivas
de mundo posibles. He aquí pues la pobreza
(ingenuidad) de la actitud natural que impuso un
solo sentido al mundo y he aquí el sentido
dinámico y liberador de la epojé.
6. La
reflexión
No se puede
abordar el conocimiento de las cosas de la misma
manera que el sujeto se conoce a sí mismo. Con
los actos trascendentes el sujeto aprehende las
cosas del mundo a través de la percepción
externa, con los actos inmanentes el sujeto
aprehende las vivencias del yo a
través de una representación, como es el caso
de una reflexión, pues una vivencia interna
necesita de un soporte que le muestre su realidad
y dicha vivencia la construye el sujeto en las
reflexiones que hace.
Por ejemplo,
cuando una persona siente miedo, no sabe qué es
el miedo, sólo sabe que tiene miedo. Es
necesario para que su reflexión del miedo sea
válida, que su vivencia del miedo siga siendo la
misma a través de las experiencias cotidianas,
así el sujeto retiene su vivencia de miedo para
que permanezca idéntica en el transcurso de las
vivencias venideras. Puede recordar el miedo de
ayer, imaginarlo y reflexionar sobre él todas
las veces que sea necesario, esto porque la
vivencia sobre la cual se reflexiona -en este
caso el miedo- no tiene variación alguna, la
vivencia del miedo sigue siendo la misma. La
retención de la vivencia en la reflexión impide
que la vivencia del miedo sea arrastrada por el
torrente de vivencias de la conciencia.
La reflexión
fenomenológica del miedo se caracteriza porque
pone entre paréntesis todas las vivencias fruto
de la actitud natural, toda racionalización,
toda apreciación y sentimientos hasta llegar a
la evidencia originaria de la intuición del
miedo con el fin de reconstruir una
significación subjetiva de dicha experiencia.
De esta manera
es posible la reflexión fenomenológica que
tiene como finalidad reconstruir las vivencias
describiéndolas adecuadamente. Esto significa
que la reflexión fenomenológica hace una
descripción de las diversas vivencias sobre lo
mismo, hasta llegar a la vivencia originaria.
Mantiene ante sí el fenómeno realmente vivido
sin dejarse enajenar por ulteriores vivencias
sobre lo mismo.
La reflexión
fenomenológica libera a los sujetos de
prejuicios y tomas de posiciones que conciernen a
la esfera de la actitud natural. En este sentido
lo que primero debe hacer es reflexionar sobre la
vivencia X anterior a toda racionalización,
imaginación o conceptualización con el fin de
reconstruir su nuevo sentido o valoración. De
esta manera es posible sobreponerse a cualquier
presupuesto o posición que pretenda dar una
explicación única y verdadera del mundo, ya que
existe un mundo que anticipa toda actividad
científica, ética o estética, mundo originario
e intuitivo que Husserl llama «mundo de la
vida».
El
«supuesto» que establece la epojé nace del
mismo comienzo del mundo de la vida. Es así,
como la epojé no es supuesta en el mundo,
sino al contrario, es el mundo el que es
supuesto en el punto de vista de la epojé.
Mundo de la vida
que emerge de la epojé que realiza la conciencia
intencional en sus vivencias del mundo. Epojé
que deja al descubierto la correlación a priori
conciencia-mundo. De esta manera la
fenomenología muestra los a prioris o supuestos
injustificados por las ciencias, base fundamental
de todo conocimiento. La fenomenología devela la
enajenación del mundo natural
des-ontologizándolo y neutralizando dicha
perspectiva.
7.
Conclusiones
Con el
planeamiento de la intencionalidad, Husserl
incluye el mundo en la conciencia (inclusión que
no es real sino intencional); esto significa que
no existe una realidad del mundo y otra de la
conciencia o sujeto que conoce, sino que existe
una correlación entre mundo y conciencia de
mundo, pues el objeto como fenómeno aparece como
referencia directa a la conciencia y ésta a su
vez en la vivencia del fenómeno mundo, lo hace
consciente.
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Madrid.1985. p. 478.
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comunicativa como nuevo paradigma de las ciencias
sociales. Icfes-ascun. Santafé de Bogotá.
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Autónoma de México. México. 980, p. 33.
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Ibid. p.
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Ideas II. Op.
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