Dos
perspectivas en la didáctica de la literatura: De
la literatura como medio a la literatura como finMaría Victoria Alzate
Piedrahita
En este
artículo se exponen dos perspectivas sobre
la enseñanza de la literatura. La primera
denominada de orden comunicativo subordina la
enseñanza de la literatura al conocimiento y
dominio de la escritura y lectura de la
lengua materna, caracterizada por un fuerte
acento didáctico. La segunda perspectiva,
apuesta a lo literario como posibilidad de
juicio y goce estético en el ámbito
escolar, sin olvidar las profundas
transformaciones de lo que se puede entender
hoy por leer literatura. Las dos perspectivas
"resumen" la conocida tensión
existente en el campo de la didáctica entre
el qué enseñar y el cómo enseñar.
1.
Introducción
Una de las
características discursivas de lo que podemos
denominar como el campo de la educación, de la
pedagogía, o el de las denominadas
"ciencias" de la educación, es la
presencia evidente de diversos enfoques
teóricos, metodológicos e investigativos, en
ocasiones opuestos, sobre sus objetos y
prácticas.
En este sentido,
la llamada didáctica de la literatura no es la
excepción. Ella se nos presenta como un campo de
debate y de reflexión que engloba problemas
complejos, que presento a continuación a manera
de interrogantes: ¿cuál es la definición misma
de la literatura a enseñar y aprender?, ¿qué
relación establecer entre la escritura, la
lectura y la literatura a la hora de aprender y
enseñar literatura, sin que se
"diluya" la literatura como un medio
más?, la pregunta por el lugar y el papel del
profesor o profesora de literatura es inevitable:
¿debe ser un animador o animadora, facilitador o
facilitadora que se vale de métodos o
estrategias de lectura y escritura para acceder a
la literatura, o por el contrario, debe ser una
figura carismática que debe suscitar pasión y
entusiasmo por la literatura en sus estudiantes?;
o en fin de cuentas, la literatura que se enseña
a los niños y niñas y jóvenes en la escuela es
el resultado de una "transposiciòn"
didáctica que inevitablemente reduce o
esquematiza a la "gran" literatura que
se mueve fuera de ella?, y podríamos agregar, un
tema problemático como pueden ser el siguiente:
¿qué transformaciones está sufriendo en el
lector escolar la lectura y escritura literaria
en este escenario de fin de siglo, caracterizado
por la hegemonía de la imagen, por el lenguaje
rápido, instrumental, además, fuertemente oral,
que parecería no dejar lugar a la reflexión y
al goce estético al que nos acostumbró la
modernidad literaria?.
En este sentido,
considero, que en el campo de la didáctica de la
literatura, se podrían delimitar dos enfoques o
perspectivas, que cada una a su manera, ofrece
elementos para abordar algunas de las cuestiones
planteadas. Me referiré entonces, en primer
lugar, a una didáctica de la literatura que se
define a partir del factor comunicativo tal como
se estudia por las disciplinas que se ocupan de
la lengua, y que apuesta a una enseñanza de la
literatura subordinada a la enseñanza de
la lectura y la escritura de la lengua materna.
Ahora bien, esta
perspectiva tiene un fuerte acento didáctico, en
el sentido de ofrecer un repertorio de elementos,
más o menos elaborado de herramientas que le
permiten intervenir en el ámbito escolar al
profesor o profesora de literatura o, en su
defecto, de literatura. Es posible afirmar que
esta orientación didáctica, en ocasiones, se
convierte en una metódica instrumental para
abordar algunas variables del proceso de
enseñanza y aprendizaje de la literatura.
Además, parece evidente que en didáctica,
preguntas acerca del carácter de lo literario,
del papel del estudiante y del profesor parecen
resueltas. En pocas palabras, una didáctica más
del cómo enseñar.
En este trabajo,
expongo, una segunda opción por la didáctica de
la literatura, que todavía le apuesta a un lugar
principal, protagonista de la literatura. Sería
un enfoque que no se pregunta tanto por los
métodos, las estrategias como finalidad de la
didáctica, sino que mantiene abierta la pregunta
por el sentido de lo literario en la enseñanza
escolar, el papel del profesor o la profesora,
los desafíos de la literatura como goce
estético moderno en la contemporaneidad. Es
decir, una didáctica más interesada en las
preguntas fundacionales de las disciplinas
literarias (teoría, crítica, historia de la
literatura) que apunta a una didáctica en la que
se enseñe y aprenda literatura sin más. Es
decir, una didáctica más del qué enseñar.
2. La
didáctica de la literatura como actividad
comunicativa
La delimitación
del objeto de estudio de la didáctica de la
literatura implica abordar las siguientes
consideraciones:
(1)
supuestos teóricos que permiten a esta
"disciplina" tener una estructura
interna coherente;
(2) disponer
y sustentar un conjunto de conocimientos para
explicar con criterios de cientificidad
determinados aspectos del fenómeno
educativo;
(3) dar
significados y valores a hechos educativos; y
(4)
establecer relaciones con la teoría
lingüística y la actividad educativa.
Así, según
López (1996), la didáctica de la lengua y la
literatura incluye aquel sector del saber
didáctico que se constituye aunando los
criterios relativos a las características de la
lengua y la literatura y del sujeto discente
considerado en las distintas etapas de su
desarrollo evolutivo. Entonces para el autor, la
Didáctica de la lengua y la literatura "es
una ciencia que elabora los principios teóricos
indispensables para la resolución efectiva de
los asuntos relacionados con los objetivos, los
contenidos, los métodos, los medios, las
actividades y la evaluación de la enseñanza y
del aprendizaje de la lengua y la literatura en
los distintos niveles educativos." (p.
525). Así definida la didáctica de la lengua y
la literatura, intenta responder a las siguientes
preguntas: ¿Por qué enseñar lengua y
literatura?, ¿Qué enseñar?, ¿A quién?,
¿Cómo? y ¿dónde?
El interés por
construir una didáctica de la literatura
supeditada o subordinada a la didáctica de la
lengua, o en ocasiones, a la de la lengua
materna, está asociado al distanciamiento de la
idea dominante según la cual la enseñanza de la
lengua giraba alrededor de la gramática
concebida como la descripción del funcionamiento
de la lengua. Por consiguiente, ahora la
intención primordial en la enseñanza de la (s)
lengua (s) será la de lograr individuos que sean
competentes comunicativamente (Lomas et al. ,
1993; Llobera, 1995). Esta competencia
comunicativa planteada, entre otros, por Hymes,
supone una extensión del concepto chomskiano de
competencia lingüística.
Este
"giro" pragmático, le permite al
profesor de literatura y lengua encausar su
accionar en la perspectiva de unir teoría y
praxis: "se aprende actuando y
haciendo".
El
desplazamiento de la enseñanza de la literatura
como enseñanza de la gramática al de enseñanza
de la literatura como competencia comunicativa en
la lengua, debe entenderse en el marco del
surgimiento de las "ciencias" del
lenguaje, de las tradiciones de una variedad de
disciplinas como la lingüística, la psicología
cognitiva de Ausubel, de Piaget, Brunner, así
como la sociolingüística de Holiday, Bernstein,
Labov y Hymes. (1)
Todas estas
disciplinas resaltan dos ejes fundamentales del
lenguaje, a saber: la comunicación y el uso.
En consecuencia, a partir de aquí, se hablará
cada vez más del uso comunicativo de la lengua
(del enunciado y del discurso o texto) en
detrimento del estudio descriptivo del sistema de
la misma, que planteaban los modelos o paradigmas
anteriores y que tomaban la oración como unidad
de estudio.
Ahora bien, si
se concibe la didáctica de la literatura como
didáctica de la lengua, Fernández (1983),
sugiere algunas exigencias de orden comunicativo
a las que la didáctica debe hacer referencia:
- Al sistema
mismo de la lengua y de su funcionamiento en
cada situación.
- A los
mecanismos de la adquisición del lenguaje en
general y según la edad, evolución y nivel
del alumnado.
- Al medio y
condicionamientos socioculturales donde se
realiza.
- A las
técnicas pedagógicas más adecuadas para
favorecer la adquisición y desarrollo del
lenguaje.
Es decir, el
objetivo final sería favorecer en los
estudiantes el dominio de todos los recursos de
su lengua para expresarse y comunicarse en
cualquier situación que la vida plantee, es
decir, el desarrollo de la competencia
comunicativa.
Si se adopta el
paradigma comunicativo como base de la didáctica
de la lengua y la escritura, es necesario aceptar
que lo que se busca en la enseñanza de la
literatura es que el alumno aprenda a leer,
escribir, a aumentar sus habilidades y destrezas
lingüísticas, tanto orales como escritas, con
miras a obtener una personalidad propia (2) .
El
"giro" comunicativo-lingüístico de la
enseñanza de la literatura, le da a su
didáctica una importante herramienta de
intervención o praxis en la actividad educativa:
"algo puede o debe ser hecho", antes
que "algo puede o debe ser explicado"
cuando se trata de enseñar literatura y lengua
en el acto educativo.
Este
"giro" pragmático, le permite al
profesor de literatura y lengua encausar su
accionar en la perspectiva de unir teoría y
praxis: "se aprende actuando y
haciendo". Esta perspectiva debe ser
intencional, y busca que los profesores tengan
claros los objetivos a lograr. Como afirma López
(1996:526), "nuestro modelo comunicativo
está centrado más en cómo enseñar la lengua,
en cómo aprende el alumnado y en qué
circunstancias. En este sentido, la enseñanza va
dirigida más a que la persona realice su propia
experiencia en el logro del saber que a saber
transmitir conocimientos ya alcanzados o acabados...
"
Ahora bien, esta
concepción comunicativa de la didáctica de la
lengua y la literatura, tiene implicaciones sobre
al papel del alumno, del docente, de la
pedagogía y de la evaluación en el proceso
educativo (3) , a saber:
(a) el alumno o
alumna cuando llega a la escuela tiene un dominio
previo de la lengua y buscará ampliar y
profundizar sus conocimientos en la escuela , con
el intercambio con los otros, con el trabajo
organizado que el docente les propone.
La
planificación escolar en el área de la Lengua
debe tener en cuenta los conocimientos previos
que el niño y la niña, tienen antes de llegar a
la escuela y los que adquiere fuera de ella, para
que pueda potenciar, el proceso natural y
espontáneo del aprendizaje lingüístico. Con lo
anterior se quiere hacer énfasis en que la
enseñanza de la lengua debe tener unos fines
funcionales y contextuales, esto es desarrollar
la competencia comunicativa, siendo esta valida
para las distintas circunstancias o situaciones
en las que un sujeto se encuentre.
(b) El maestro
debe garantizar que el estudiante realice su
propio aprendizaje y propiciar el conocimiento
para que este, obtenga mejores ritmos, y alcance
cada vez su zona de desarrollo próximo,
retomando el concepto de Vigotsky, lo que lleva a
un entendimiento de la enseñanza y el
aprendizaje como procesos activos recíprocamente
interactuantes, concepción que lleva un cambio
de actitud tanto al docente como al estudiante,
de la instrucción -transmisión de conocimientos
propiamente dichas, se pasa a la investigación y
a la discusión compartidas entre estudiantes y
profesores.
(c) Recordemos
que la pedagogía moderna se caracteriza por una
toma de conciencia de la naturaleza real del
niño y de la niña, que dejan de entenderse como
un adulto en miniatura o como el sujeto
empobrecido, disminuido e incapaz que requiere
siempre de la ayuda, igualmente empobrecida del
adulto protector, para vérsele como un sujeto
activo, participativo, capaz de autodeterminarse
con unas características propias y un desarrollo
que hay que respetar y favorecer para que como
ciudadano se le tenga en cuenta en la sociedad.
(d) la
evaluación en este modelo de enseñanza no debe
limitarse a comprobar resultados, debe cumplir
más bien una función de aprendizaje, en donde
se evalúa no solamente al estudiante sino
también al maestro, los contenidos, los métodos
y las maneras de aprender, de relacionarse del
sujeto, con los objetos y con los otros sujetos
interactuantes en el acto natural e intencional
de enseñanza - aprendizaje de la didáctica de
la lengua y la literatura.
En este enfoque
el profesor de literatura/lengua o el didacta de
la lengua, debe disponer de un marco teórico de
referencia lo más amplio posible, que le permita
observar mejor los problemas reales que se dan en
la escuela, y así poder construir el objeto de
la didáctica, que como hemos visto está fundado
en la intervención psicodidáctica.
Desde estos
supuestos, y si enunciamos de manera esquemática
los problemas que ocupan a la investigación en
la didáctica de la lengua, se constata que la
enseñanza de la literatura, aparece como un
problema más entre otros. Siguiendo a Alvarez
(1996), tenemos:
(a) Los temas
relacionados con la adquisición, la creatividad
del lenguaje infantil y los trastornos del
lenguaje.
(b) La
comunicación verbal y no verbal, el intercambio
verbal, el análisis de la conversación, y el
análisis crítico del discurso (lenguaje e
ideología, lenguaje y poder) en los medios de
comunicación, constituyen otro bloque de temas
de estudio.
(c) Estudios
sobre los procesos de lectura, las funciones de
la escritura hoy, y su incidencia en las
actividades escolares relacionadas con la lectura
y la escritura (literaria o creativa versus la
funcional o utilitaria).
(d) Se puede
encontrar un cuarto bloque de temas relacionados
con la didáctica del texto (comprensión y
producción, planificación-importancia de la
puntuación- situación de producción,
tipología de textos -desde el relato oral o
escrito, la descripción, o el análisis del
diálogo y la conversación, o la argumentación.
Así mismo, tenemos las estrategias de
composición textual tales como el resumen, la
toma de notas, etc.
(e) La
enseñanza de la literatura, incluyendo la
denominada infantil y juvenil, así como los
programas de animación a la lectura constituyen
igualmente temas importantes en la didáctica de
la lengua.
(f) Otro bloque
de temas de investigación se ocupa del análisis
de los currículos (programas, contenidos,
métodos, medios y materiales-recursos
informáticos) y manuales escolares como
elementos decisivos de la cultura escolar, de los
principios de la transposición didáctica que
requiere el paso de los conocimientos
científicos al saber escolar.
En consecuencia,
podemos concluir que en este enfoque comunicativo
de la enseñanza de la literatura como uno de los
aspectos a enseñar en la didáctica de la
lengua, la literatura es un "medio", un
"instrumento" que contribuye a una
didáctica de la lengua que busca centrarse en
tres ejes: (a) la creación de un aparato
conceptual adaptado a alumnos y a profesores; (b)
identificar los principales problemas con los que
se encuentran los alumnos, que a su vez
desemboquen en una lista estructurada de
objetivos de enseñanza; y (c) elaborar las
correspondientes secuencias didácticas.
3. La
didáctica de la literatura como enseñanza de la
lectura literaria
La pregunta por
el objeto, el status teórico y científico de la
didáctica de la literatura, además de su
posible respuesta, suscita una serie de
preocupaciones, que bien podrían enunciarse de
la siguiente manera:
(1) La
preocupación acerca de la literatura como objeto
de conocimiento; es decir, lo que puede y lo que
no puede ser descrito en el fenómeno literario
y, de este modo, objeto de transmisión
pedagógica.
(2) La
preocupación acerca del destino cultural,
social, escolar de la literatura.
(3) La
preocupación acerca del destino de la teoría,
de su estatuto epistemológico y de su función
en la actualidad de los estudios literarios.
(4) La
preocupación por la condición del profesor de
literatura, afectado por los cambios, desarrollos
y crisis de los ámbitos antes mencionados.
La didáctica de
la literatura involucra estos campos de debate, y
en ocasiones, de manera no explícita, por el
problema de la lectura literaria. Tal como
considera Reis (1996:113)
"... desde
cierto punto de vista puede incluso afirmarse
que la didáctica de la literatura está
dominada, en el centro de su campo de
acción, por el problema de la lectura, bajo
cualquier ángulo en que podamos encuadrarla:
lingüístico, psicocultural,
sociocultural, técnico-instrumental, etc."
Conviene
advertir, que no se trata aquí de pasar de una didáctica
de la literatura a una didáctica de la
lectura, aunque con mucha frecuencia, cuando
se enseña literatura se enseña es más bien a
leer literatura.
En este
contexto, Reis (1996) plantea algunos postulados
que pueden servir para ilustrar la cuestión de
fondo de este enfoque de la didáctica de la
literatura, con su correspondiente status y
objeto.
(a) La
literatura que se enseña es pesada, ha perdido
levedad (4) porque lo secundario (5) tiende a anular su
presencia luminosa.
(b) En las
condiciones actuales, la enseñanza de la
literatura es una falacia, y no puede llegar a
ser lo que es: porque, según Reis, la literatura
es un fenómeno que no soporta la prueba de la
masificación.
(3) Cuestionarse
la enseñanza de la literatura es una forma
indirecta de cuestionar a la literatura en sí
misma y en su legitimidad social. Es decir,
poniendo en tela de juicio un modelo de cultura
humanista y de una concepción kantiana del arte
que se contrapone al prestigio de las ciencias
exactas y a los argumentos económicos que éstas
generan.
Ahora bien, el
autor, avanza varias tesis para sostener su idea
de que la preocupación que subyace en la
didáctica de la literatura es la de la lectura,
y ésta debe estar en el centro del debate de la
mencionada didáctica. Me permito citar y
comentar brevemente cada una de ellas.
La primera tesis
dice: "una enseñanza renovada de la
literatura cuestiona el poder de prácticas
discursivas no literarias, que interfieren
indirectamente en la recepción del discurso
literario." (Reis, 1996:115).
No se trata de
poner en tela de juicio la posición central que
ocupa el texto literario como objeto de trabajo
de la didáctica de la literatura, sino de
preguntarse por la validez de una determinada
concepción de la literatura, entendida como
ejercicio de las belles lettres, de una
parte, y de relativizar el poder canónico de lo
literario, de otra parte, y esto último teniendo
en cuenta que un contexto finisecular, nos
hallamos inmersos en diversidad de prácticas
discursivas que tiene a su vez, sus respectivos
soportes.
Se trata de
abrir el fenómeno literario a la penetración de
discursos ideológico-culturales diversificados.
Es decir, aceptar que el discurso literario
occidental acepta, desde finales del siglo
pasado, y sobre todo, desde las épocas de las
vanguardias, discutir y su condición de entidad
lineal y puramente verbal, para aceptar los
desafíos de la denominada poética de los
medios, y esto implica, en opinión de Reis a
la lectura:
"una
poética de la lectura que implique una
revisión de la práctica de ver, ya que
los soportes enfatizan altamente la
visión y el carácter sintetizador de la
percepción" (p. 115).
Conviene
advertir, que no se trata aquí de pasar de
una didáctica de la literatura a una
didáctica de la lectura, aunque con mucha
frecuencia, cuando se enseña literatura se
enseña es más bien a leer literatura.
Esta apertura
tiene una serie de implicaciones de profundo
alcance para una didáctica de la literatura y la
lectura didáctica. Veamos algunas de ellas:
- las
prácticas poéticas del discurso
publicitario, del discurso fílmico, los
comics, el discurso del vídeo constituyen
modalidades que además de seducir, requieren
una percepción sintetizadora o integradora,
que obligan a aprender de nuevo a leer, a
entender, y obviamente a ver.
- Podríamos
estar en presencia de un nuevo paradigma de
la lectura, que se caracteriza por la
tendencia a asignar un papel secundario a la
palabra-concepto (o al signo verbal), a favor
de la globalización del mensaje y de
procedimientos de lectura no lineal; la
tendencia a cultivar procedimientos de
lectura minimalista e instantánea,
justificados por la reducida extensión de
los mensajes y por la multiplicación de
estímulos visuales fulminantes; la tendencia
a ignorar la sintaxis compleja,
sustituyéndola por una sintaxis elemental de
la sucesividad y de la acumulación de
elementos fragmentados.
La segunda tesis
se enuncia así:
"La
enseñanza de la literatura acepta una
reformulación del concepto de lectura, en
función de la utilización de auxiliares
pedagógicos de naturaleza hipertextual."
(Reis, 1996:115).
En consecuencia,
la didáctica de la literatura debe aceptar la
incorporación pedagógica de los denominados
instrumentos multimedia. Utilizar estos
instrumentos implica conceder importancia a
procesos de lectura no secuencial: el hipertexto
da privilegio a la articulación de bloques de
texto producidos electrónicamente y
posibilitadores de su propia autonomía en
relación al todo; el acceso a estos bloques de
texto establece sinuosos trayectos de lectura,
construidos por el mismo lector, de manera
relativamente libre, desde el punto de vista
sintáctico. En este contexto, la lectura puede
ser realizada en contexto hipermedia, es decir,
asociando a los bloques verbales informaciones
visuales (estáticas o en movimiento) e
informaciones sonoras.
En un horizonte
positivo y complementario de palabra e imagen,
nos encontraríamos en condiciones de superar en
alguna medida el agudo conflicto entre palabra e
imagen, conflicto según el cual la imagen
supondría una amenaza para la supervivencia de
la palabra. Así pues, el CD Rom no sólo
facilitaría una cantidad impresionante de
informaciones con cierta economía de medios,
sino que contribuye a redinamizar los actos de
lectura: el carácter lúdico e inventivo de esta
lectura, así como los movimientos interactivos
que ésta estimula, contribuyen a anular la
frontera entre lector y escritor, tendiendo a
hacer del primero un participante activo en la
enunciación de los mensajes. Este hecho sería
posible en una didáctica renovada de la
literatura.
Es
necesario saber reconocer y respetar el valor
del punto de vista del estudiante, de sus
particularidades de edad, socioculturales, de
su concepto y apreciación de lo literario,
de su capacidad o incapacidad de aceptación
de un texto.
La tercera tesis
dice así:
"la
enseñanza de la literatura recurre de manera
accesoria a cuadros de referencia
(histórica, social, política, económica,
etc.) que convocan al trabajo de la memoria"
(Reis, 1996:116).
Se trata de
proponer de recurrir a las considerables
potencialidades informativas de instrumentos de
trabajo multimedia. Son estos, y otros más por
supuesto, los que posibilitan que se establezcan
cuadros de referencia muy amplios, desde la
historia general a la historia literaria pasando
por la historia de la cultura, la historia de las
ideas, la historia social, etc., Al mismo tiempo,
se procede a la recuperación del autor como
entidad históricamente situada, capaz, por ello,
de confirmar el amplio significado de los
contextos y su poder de motivación de lectura.
Se trata, en resumen, de un proceso de volver a
recuperar los contextos y la memoria del lector.
La cuarta tesis
trata del volver a la educación del sentimiento
estético, y se plantea así:
"anulada
la hiperbolización de la teoría, la
enseñanza de la literatura recupera el texto
literario como entidad que llama al goce
estético." (p. 116).
Cuando se habla
de hiperbolización de la teoría, se hace
referencia a una concepción de la teoría como
poder, especialmente como poder ejercido por el
metalenguaje de los estudios literarios; en los
años 60 y 70, este poder se enraizó en la
consolidación y divulgación escolar de
corrientes de pensamiento teórico de carácter
formalista y estructuralista y dio lugar a los
conceptos-clave de la época: estructura,
función y comunicación.
¿Qué significa
este giro de la metodología de la enseñanza de
la literatura a la lección de literatura?
Realzar la importancia de otros puntos de vista
diferentes de los esta blecidos tradicionalmente,
como son los del punto de vista del profesor, el
del sistema de enseñanza, el de la escuela.
Significa, así mismo, instaurar el punto de
vista de las obras y de los autores (así como
los de los géneros y los de los movimientos
literarios), en cuanto que estos puntos de vista
siguen una especificidad de lo literario que no
puede ser apreciada por todos los lectores, por
todas las lecturas y en todos los ejemplos. Es
necesario saber reconocer y respetar el valor del
punto de vista del estudiante, de sus
particularidades de edad, socioculturales, de su
concepto y apreciación de lo literario, de su
capacidad o incapacidad de aceptación de un
texto. Se trata, entonces, de instituir el valor
pedagógico de la diferencia de gusto, de las
diferencias, incluso conflictos, entre
generaciones.
No obstante,
quedan todavía quedan pendientes algunos
componentes problemáticos de ese contexto
específico de la enseñanza de la literatura que
es la de su didáctica. Haré referencia sumaria
solo a dos de ellos: el cómo enseñar
literatura, y el papel de profesor.
Lo anotado no
debe conducir a ignorar la relevancia del
problema de cómo enseñar literatura, es
decir, cómo motivar, orientar y establecer
métodos de lectura del texto literario en el
contexto escolar. Estos componentes están
relacionados con factores de condicionamiento
complejos como son los escenarios materiales (la
escuela, los instrumentos de que está dotada,
etc.) en que se desarrolla la enseñanza de la
literatura o los antecedentes escolares y
curriculares del estudiante de literatura, así
como su entorno económico y social.
Respecto al
profesor, es casi obvio afirmar, que un profesor
de literatura, como el de cualquier otro campo de
conocimiento escolar, debe poseer una consistente
preparación científica, en el terreno de la
historia literaria, en el de la teoría literaria
y en el de las metodologías. Incluso, para
algunos, a estas competencias, se le debe
agregar, la idea de un profesor carismático:
un profesor que supone un ejemplo de compromiso
con la literatura, un testimonio de placer que no
niega, sino que refuerza, reacciones de pasión y
en ocasiones de rechazo a la literatura.
No se puede
ignorar que las respuestas de los estudiantes,
también están condicionadas por la imagen de
sus profesores, por el entusiasmo y por las
decepciones que proyecta. Ahora bien, los
estudiantes ofrecen respuestas positivas o
negativas frente a la literatura, las negativas,
incluidas en la no lectura, tomar cuerpo
en dos formas:
(a) la
clandestina, cuando el estudiante de
literatura falsifica la lectura y recurre a
auxiliares (resúmenes, fichas, etc.) que, en
lugar de ser realmente soportes de lectura,
son efectivamente su sustituto precario; y
(b) cuando
el profesor es visto en la clase como un
representante de requisitos extraños, de
obstáculos difíciles de superar, y es
cuando el estudiante expresa la frase:
"Todavía no me he enterado de lo que
quiere que responda".
A manera de
conclusión, podemos afirmar que desde el punto
de vista de este enfoque de la didáctica de la
literatura, se procura ahora superar la instancia
del cómo enseñar. Dicho de otra manera:
al disminuir el poder imperativo de las
metodologías, la didáctica de la literatura
intenta eliminar un cierto reduccionismo
pedagógico que podía llegar a dañar la lectura
del texto como diferencia. Al mismo tiempo, se
afirma la inversión de un procedimiento
aparentemente irreversible: se le concede ahora
supremacía a la lección de la literatura
sobre la enseñanza y no a la lección de la
enseñanza sobre la literatura.
NOTAS
(1) A partir de
mediados de este siglo se produce una
convergencia de enfoques y temas relacionados con
el estudio del lenguaje; de este modo coinciden
disciplinas como la psicolingüística, la
ciencia cognitiva, la neurolingüística, la
etnometodología de la comunicación, el
análisis del discurso, la lingüística textual,
etc.
(2) A manera de
ilustración, cito como ejemplos de textos
didácticos que contribuyen a la innovación de
los métodos de enseñanza de la escritura y la
lectura los libros de D.H. Graves (1991); T.H.
Carney (1992). Los dos trabajos nos ofrecen
capítulos en donde la literatura se concibe como
medio para que los niños y niñas sean activos
constructores de textos literarios y expositivos.
(3) Para una
presentación amplia y detallada de una
didáctica que tome en consideración los
aspectos señalados, y que además subordina la
enseñanza de la literatura a la enseñanza de la
lectura, se puede ver el texto didáctico de
Isabel Solé (1992). Estrategias de lectura.
(4) Tomando como
referencia a Italo Calvino (1990:29), la levedad
se concibe como "la tendencia para hacer del
lenguaje elemento un elemento sin peso, que flota
sobre las cosas como una nube, o mejor dicho,
como un polvo finísimo, o todavía mejor, como
un campo de impulsos magnéticos"
(5) Lo
secundario, según George Steiner (1991), designa
a lo prolijo de las reflexiones críticas,
metacríticas y epistemológicas, de las
propuestas teóricas y de los debates
metateóricos, de las exclusiones y cruces de
paradigmas.
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