Una
escritura, un destinoMaría Liliana Herrera
A.
Lo que aquí
exponemos puede considerarse como una
introducción a dos problemáticas que nos
plantea la obra cioraniana: la escritura
fragmentada y la percepción del tiempo que
la articula. Se trata del planteamiento
general el cual es propiamente el horizonte
en el que el fragmento y sus características
y la percepción del tiempo que lo legitima
se van dibujando gracias a su mediación.
"La
interpretación propiamente dicha consiste en
penetrar (al autor) y no subsumirlo. Ella no
sabe nada definitivo, sino que, preguntando y
respondiendo precede todo aquello que nos
conmueve. Con esto la interpretación
comienza un proceso de apropiación cuyas
condiciones y límites ella fija (...). La
interpretación verdadera constituye el medio
que posibilita el propio
sobrecogimiento".
Jaspers.
Podríamos
pensar la obra cioraniana como un mapa equívoco
en el que encontramos señales que nos permiten
construir rutas nunca seguras y que no llevan a
un lugar fijo porque no existe o esta oculto. Un
lugar fijo tiene implicaciones de seguridad,
firmeza, raíces, futuro, en resumen, la
aceptación irrestrica de un orden en un mundo.
Más bien podríamos pensar en lugares de paso
que pueden direccionar o hacer posible una
interpretación. Esto supone ya un movimiento del
texto cuya regulación se encuentra en una
experiencia límite que más tarde nombraremos. Y
como las características más inmediatas de la
obra de Cioran son la ambigüedad, la
asistematicidad, la paradoja y la fragmentación,
debemos hacer surgir de ella misma los rasgos que
nos permiten interpretarla, rasgos que no podemos
considerar en principio como temas de
exposición, pues estrictamente hablando no hay
temas en dicha obra sino fragmentos de ellos,
fulguraciones que señalan hacia un terrreno
desconocido y originario y cuya presencia habrá
que hacer surgir. ¿Cuál es el modo y de qué
disponemos para mostrar esa presencia? Queremos
penetrar indirectamente y paso a paso un plexo
que a pesar de estar constituido por una
escritura fragmentada, parece una totalidad(1) , y esto es decir
también un destino. Y es penetración indirecta
porque el primer equívoco que aparece es la
inmediatez de las afirmaciones y negaciones que
encantan por su ironía(2) y por su excelencia literaria,
pero que consideradas con cierto detenimiento no
se agotan en sí mismas. En este plexo equívoco,
no obstante, podemos escuchar las señales que
parecen dichas al azar, que parecen notas
marginales que, aunque no haya habido
intencionalidad en ello por parte del autor,
podemos reconocer como el horizonte operativo del
cual han surgido sin método al parecer.
La escritura de
Cioran es fragmentaria, sí, aforística ¿Qué
puede significar esto para una comprensión de su
obra y de cierto modo de hacer filosofía? O
también ¿por qué la obra de Cioran no puede
ser considerada únicamente como literatura?
¿Por qué, para decirlo con Gabriel Liiceanu, la
obra de Cioran es excepcional? ¿Es este autor un
ser de excepción, para utilizar el término de
Jaspers?
1. El
aparecer inmediato
Cioran, sin
lugar a dudas, comparte el espíritu de su tiempo
en lo que respecta a su formación filosófica.
Esto quiere decir que se ha formado en la
tradición filosófica y es heredero de las
inevitables rupturas operadas en la filosofía
misma a partir de finales del siglo pasado, tales
como la imposibilidad del sistema, el
descentramiento del fundamento, del yo, y con
ello la crítica a la metafísica en el sentido
de la crítica a la noción de totalidad,
unificación de lo real gracias a ese fundamento
que lo sostiene y, finalmente, el vínculo que se
empieza a establecer entre filosofía y lenguaje
literario.
Así, pues, esta
tradición constituye, como presencia inmediata,
el acervo con el que Cioran cuenta y el cual
puede considerarse como una fuente y quizá, con
más precisión, un motivo exterior que
explicaría su obra. Sin embargo, en ella no
existe un desarrollo discursivo de los temas u
objetos de estudio. El plano de la reflexión, se
sabe, mantiene el régimen sujeto-objeto que
permite tener ante sí un objeto cuyo tratamiento
lo impone tanto el objeto como los motivos de su
consideración. Quizá debamos hablar más bien
de una inmersión en la cosa, lo que nos
obligaría hablar, más que de temas, de
experiencias límite, es decir, experiencias en
las que se supera el ámbito empírico y que
ponen al sujeto frente a un horizonte en el que
se revela lo que por ahora podríamos llamar su
núcleo existencial.
Obviamente, una
escritura(3) que surja de ciertas
experiencias, por ejemplo, de corporalidad o de
temporalidad, tendrá características muy
particulares y equívocas. En primer lugar, será
una escritura fragmentada en la que el origen
puede ser indicado pero no revelado, pues estas
experiencias no pueden emerger directamente al
discurso. Son experiencias inefables porque se
sitúan más allá de la facultad teórica. Se
trataría, para decirlo de algún modo, de la
experiencia con el fundamento que como tal se
pone por fuera de la relación sujeto-objeto. Se
trata, pues, de una experiencia que excede el
campo teórico para ubicarse en un tipo de
contemplación, de vivencia y de conocimiento que
por su naturaleza es incomunicable y que al no
dejarse decir, sólo, si se quiere, de manera
indirecta y a modo de una indicación que se
orienta hacia lo que no puede ser dicho, conlleva
de suyo rasgos como la ambigüedad, el
ocultamiento, el movimiento de afecciones, la
discontinuidad y la libertad. Trataremos,
entonces, de explicitar estos rasgos que son
propios de la escritura cioraniana y trataremos
de nombrar la experiencia que les corresponde.
2. El
acontecer del fragmento.
Si nuestro
tratamiento se debe hacer de forma indirecta no
nos es posible nombrar inmediatamente la
experiencia a la que corresponde la escritura.
Este ir paso a paso nos obliga, en primera
instancia, a escuchar las señales y a tejer los
hilos que pueden existir entre ellas. Esto supone
la construcción de un texto sobre el texto
fragmentado; pero no será un texto superpuesto
sino que debe surgir del primero a modo de mapa
y, por lo tanto de guía. Lo primero entonces que
debemos pensar es el por qué del fragmento que
en la historia de la obra cioraniana se va
reduciendo cada vez más hasta alcanzar la forma
del aforismo.
Sabemos que la
escritura fragmentada y más exactamente el
aforismo ha respondido inicialmente a la lucha
contra la voluntad de sistema. Esto ha tenido
consecuencias también conocidas. Una voluntad de
sistema es una voluntad de totalidad que no puede
expresarse de otra forma que bajo una figura
discursiva de entramado especulativo. Supone
además la creencia en un fundamento que debe ser
explicitado coherentemente, justificado y
legitimado con lo cual se legitima, a su vez, un
orden de mundo y un sentido que lo rige. Aquí no
hay lugar al equívoco o al descentramiento.
Sabemos también que frente a lo anterior el
fragmento y el aforismo se muestran como una
crítica conocida bajo el nombre de la crítica a
la metafísica occidental llevada a cabo por
Nietzsche. Nosotros no insistiremos sobre esto.
Lo que queremos buscar son las funciones que
puede tener la escritura fragmentaria en Cioran y
que se encuentran más allá de dicha crítica.
Una
voluntad de sistema es una voluntad de
totalidad que no puede expresarse de otra
forma que bajo una figura discursiva de
entramado especulativo.
En Cioran no nos
encontramos con una voluntad filosófica o con
una tarea sobre el quehacer filosófico. En este
sentido, el acto de escribir responde a
motivaciones y afecciones extradiscursivas. La
escritura fragmentaria, que no obstante permite
ubicar a Cioran de manera exterior en una
tradición lo que no nos interesa aquí por
el momento- tiene como primera función ser
escritura terapéutica. A lo largo de muchas
páginas de la obra, a lo largo de algunas de las
entrevistas, el autor no deja lugar a dudas a
este respecto. Es una terapia porque el ejercicio
de escribir constituye un desprendimiento de lo
vislumbrado o de lo sabido acerca del
acontecimiento de existir como un yo también
fragmentado. Es la experiencia límite de un
hallazgo que trasciende la facultad conceptual
para ubicarse en lo que por el momento y de
manera provisional llamaremos la experiencia con
el ser. Esta experiencia inefable por naturaleza,
deberá expresarse bajo una forma que es
propiamente fórmula indirecta. No hay en ella
nada demostrativo, tampoco descriptivo acerca del
proceso que la hace surgir, y por ello es
dogmática. Pero como fórmula indirecta es,
entonces, ocultamiento: oculta el proceso o la
experiencia y lo sabido por ella, un saber que
agobia tanto más porque no puede ser dicho de
manera transparente, porque tiene el carácter de
lo incomunicable. Con todo, esta escritura se
presenta como la manera de conservar un
equilibrio vital gracias a la expulsión
de lo agobiante, y aligera el padecimiento.
¿Por qué se
nos presenta como fórmula indirecta e inacabada?
En primer lugar, porque ella indica las
experiencias de las cuales es resultado; y una
experiencia con el fundamento o los grandes temas
de la existencia no puede ser descrita. Hay aquí
una afectación de diversos órdenes pero siempre
extremos que podrían catalogarse como
movimientos encontrados. Pero es que esa índole
de experiencias no es unívoca, le pertenece de
suyo la afirmación y la negación a la vez y se
tejen de manera indisoluble. De ahí que las
fórmulas se expresen en cuanto resultado en
sentidos diversos y en direcciones opuestas. Son,
en resumen, paradoja. Lo anterior implica
también que sean inacabadas, pues no son
descriptivas, no pueden expresar de manera total
y transparente su pathos, no agotan el sentido.
Para decirlo con el autor, la fórmula tiene
"prolongaciones" que van más allá de
lo dicho por ella, y esa es una de las razones de
su fuerza y su encanto estilístico.
Este pathos
inefable debe, sin embargo, ser dicho, ser
nombrado, expulsado para ser soportado por el
alma que lo vive. Y debe serlo para hacer posible
la existencia. Esa es su función terapéutica. Y
esta función tiene varios rasgos. No existe en
ella una relación entre el escritor y sus
posibles lectores. Ellos no interesan, y,
precisamente por eso no existe ni la descripción
del proceso ni necesidad de justificación.
Podríamos decir, incluso, que existe una
negación de dicha relación: la negativa a
descubrir ante los posibles lectores una verdad
que se supone debe ser no sólo comunicada sino
enseñada. Es decir, si existe una revelación,
ella queda de lado de la experiencia íntima y
solitaria. Esto lleva a un rompimiento de la
práctica lectura-escritura por parte del lector
ya que la lectura no puede llevarse a cabo
linealmente. Ella debe ser fragmentada, a
impulsos e intermitencias del texto roto que se
muestra en principio en una pluralidad de
sentidos. La pregunta que surge entonces y que
muchos lectores de Cioran se han hecho es la
siguiente: ¿para qué escribir y, sobre todo,
para qué publicar?. Nuevamente nos encontramos
con la función terapéutica de la escritura: el
acto de escribir y publicar permite el
desasimiento de sí mismo. Lo escrito y lo
publicado queda del algún modo objetivado, fuera
de, y ello ya no será responsabilidad de quien
escribió y publicó, pues la responsabilidad es
una nota propia de quien cree en algún orden, en
la necesidad de existir y en la obligación de
comunicarlo para iluminar de alguna manera el
camino a seguir en relación con un sistema de
creencias y de acciones. Así las cosas, el
fragmento y el aforismo niegan toda intención
pedagógica.
En esta misma
perspectiva nos encontramos con un rasgo más: la
negación de la función de escribir y publicar
relacionada con la motivación del éxito. Este
aspecto se presenta como la contrapartida de
aquella intención pedagógica y coexiste con
ella. Existen varios tipos de público de los
cuales depende el éxito de las publicaciones. En
nuestro caso, no podríamos pensar en una
comunidad académica determinada a la cual
estaría dirigida la obra cioraniana, aunque en
ella los "temas" sean filosóficos. Sin
embargo, la negación de la relación
escritor-lector conlleva la negativa a hacer
parte del espectáculo literario en el cual se
espera jugar un papel relevante y el
reconocimiento general del autor. La relación
escritura-reconocimiento impone una noción del
mundo y de sí mismo cuya relación es positiva.
El yo como perspectiva aboluta de relación con
lo otro es así el centro del cual parece
depender todo lo demás y sin el cual lo demás
no se sostendría. La actitud cioraniana se
encuentra, pues, en las antípodas de esta
posición(4) . Lo anterior explica en
parte el rechazo de Cioran a conceder
entrevistas, a dar conferencias y a aceptar los
premios literarios que se le concedieron.
3. La
experiencia
Hemos dicho
inicialmente que la escritura cioraniana y la
actitud negativa respecto al lector, al público
y a la publicidad se articulan en lo que hemos
llamado las experiencias límite y en las que se
vislumbran notas específicas de la existencia.
Estas experiencias pueden ser nombradas como el
tedio y el fracaso. ¿Qué es una experiencia
límite? "Un acontecimiento vivido, una
experiencia profunda que no accede de manera
directa al discurso"(5) y en muchos casos a la
conciencia. Ejemplos de ellas son el nacimiento,
la muerte, la enfermedad, el amor y el fracaso.
La experiencia límite es el modo en que una
realidad esencial se nos muestra y nos habla en
virtud de estados afectivos profundos vividos de
manera involuntaria. Esto significa que dichos
estados rebasan los límites empíricos del yo y
el mundo, sobrepasan al sujeto para sumergirlo en
el ámbito del ser en el cual se descubre aquello
que es común al yo y al mundo. Estos
acotencimientos pertenecen al horizonte
originario tanto en sentido cronológico como en
el sentido del fundamento, y parecen ser los
hilos fundamentales que articulan las señales
que hemos venido escuchando. Dicho de otro modo,
nuestro mapa nos conduce a los hilos
fundamentales que tejen el plexo de la obra
cioraniana.
Tarea imposible
es la de describir la experiencia del tedio.
¿Qué es, qué relación tiene con la del
fracaso, cómo se expresa en la escritura?
El tedio como
experiencia originaria y trascendente es la
experiencia del tiempo. No la del tiempo como
historia, no como intuición que me permite
construir la objetividad a la manera kantiana. Es
la vivencia de la duración pura porque en el
tedio no existe el paso de un instante a otro. En
él parece que la existencia se separara del
tiempo. Pero al caer del tiempo caemos por fuera
de la existencia, pues si hemos de escuchar a
Cioran
"ce que
nous appelons vie et acte, cest
linsertion dans le temps. Nous sommes
temps. Dans lennui nous ne sommes plus
dans le temps. Doù ce frisson, le
setiment de malaise profond..." (6)
.
Hemos querido
denominar a esta percepción particular del
tiempo "la experiencia original", no
sólo porque es sufrida, no sólo por el momento
histórico de su aparición, sino también porque
ella afecta a las demás experiencias subjetivas
y a los temas si se nos permite el
término- que aparecen en la obra cioraniana. La
experiencia del tiempo es la experiencia del
"ennui", punto determinante de la
estructura de la obra cioraniana (para utilizar
una idea de Bernard Pautrat sobre Nietzsche (7)). En dicha estructura el
"ennui" es universal en tanto que
afecta la totalidad de los "conceptos"
o temas expresados.
El
"ennui", es, pues, la experiencia
del tiempo en dos sentidos: como tiempo que
no transcurre y como tiempo que transcurre y
arrastra al sujeto y al mundo hacia lo que
Cioran llama "lo irrremediable"
(8) .
Ahora bien,
¿qué es el tiempo detenido?, ¿cuáles son las
tesis, conceptos o, más exáctamente,
experiencias relativas a esta suspensión?
"Caer del
tiempo" titula Cioran las últimas páginas
que cierra el libro de breves ensayos "La
Caída en el Tiempo" (9) . De acuerdo con el mismo autor,
son las páginas más significativas que ha
escrito y en ellas podemos encontrar esa primera
forma de discontinuidad:
Je tiens
tout particulièrement aux sept dernières
pages de la Chute dans le Temps qui
représentent ce que jai écrit de plus
sérieux. Elles mont beaucoup couté et
ont été généralement incomprises. On a
peu parlé de ce livre bien qu il soit, a mon
sens le plus personnel et jy ai
exprimé ce qui tenait le plus a coeur. Y
at-il plus grand drame en effet que de tomber
du temps? Peu de mes lecteurs hélas ont
remarqué cet aspect essentiel de ma pensée (10)
El tiempo como
continuidad es la existencia que se articula en
los actos, afirma el autor en Entretiens. Su
sustancia es esa continuidad y por ello es
historia; más propiamente, por dicha continuidad
la existencia se va articulando en un pasado y en
un futuro medidados por la acción. Estar en el
tiempo es estar en la existencia, es realizarla a
través de los actos y los proyectos de los que
ellos resultan, y en esta continuidad radica
necesariamente su sentido del cual la muerte, el
pensamiento de la muerte aparece a la percepción
como excluido (11). Se podría decir que la figura
del tiempo es la existencia.
Ahora bien, si
la sustancia del tiempo es la continuidad de la
existencia, la percepción de su discontinuidad
arroja al sujeto por fuera de la existencia
misma. El tiempo aquí se vacía de su sustancia
e instala al sujeto en una suerte de eternidad
negativa. Esta experiencia del tiempo en sentido
negativo es la experiencia, para Cioran, del ser
y el no ser. Y en ello va implícito un acto de
conocimiento: "el tiempo no esta hecho para
ser conocido, sino para ser vivido" (12). ¿Qué se conoce? La
insustancialidad. Si la sustancia del tiempo es
la existencia, la historia, su percepción
negativa es la de la discontinuidad. Es decir, el
sujeto cae por fuera de la existencia, de la
historia y los actos que la articulan y la
significan. De ahí que a los actos se oponga lo
que Cioran llama la "esterilidad", y a
la perspectiva de futuro se oponga la
"rememoración del futuro". Se anulan
pasado, presente y perspectiva, y la
discontinuidad, que es este caso es suspensión,
rompe la ilusión de realización. ¿Cómo
podría expresarse esta discontinuidad?. Parece
natural pensar que a una discontinuidad tal
corresponda una escritura igualmente discontinua
y repetitiva: el instante se repite o no
transcurre. Las variaciones escriturales serían
así las variaciones de la repetición:
Je
suis lhomme du refrain, en musique,
en philosophie, en tout. Jaime tout
ce qui est obsédant, lancinant,
haunting, tout ce qui fait mal par la
répétition, par cet interminable retour
qui touche aux derniéres profondeurs de
lêtre et y suscite un mal
délicieux et cependant intolérable (13).
¿Es la
agonía la conciencia de la decadencia? Todo
acto, todo proyecto, toda vida se encuentra
signada por no decir condenada- por la
decadencia
La figura más
precisa de esta experiencia de la discontinuidad
la constituye el insomnio. ¿Paradoja? La
continuidad es la existencia que mantiene su
equilibrio gracias al sueño momento
discontinuo- en cual garantiza, no obstante, su
continuidad. La discontinuidad es la repetición
del instante, aquel que no transcurre. Ritmo
invertido de la existencia, experiencia del no
ser de la existencia, sin sustancialidad.
La segunda forma
que adquiere la experiencia del "ennui"
es la de la percepción del tiempo y su
transcurrir hacia lo "irrremediable".
Se trata, sin duda alguna, de la conciencia de la
muerte, y la experiencia que corresponde a esta
conciencia es la de "la agonía"(14). No pensaremos aquí lo que tal
conciencia implica (como por ejemplo, el absurdo,
el temor, sus relaciones con el dolor corporal),
sino en la configuración que adquiere el tiempo
en este transcurrir. Cioran la llama
"agonía". ¿Es la agonía la
conciencia de la decadencia? Todo acto, todo
proyecto, toda vida se encuentra signada
por no decir condenada- por la decadencia.
La muerte no es solamente un destino ineludible
la desaparición de mi mundo (15)- sino que ella configura su
presencia en la existencia a través de la
decadencia. La historia, colectiva o particular,
se inscribe inevitablemente en ella. Se podría
hablar de un único destino que se cumple en la
temporalidad en virtud de la decadencia hasta
alcanzar su configuración definitiva en la
irremediabilidad.
En resumen: el
"ennui" como experiencia del tiempo en
sus dos percepciones, es esa caída por fuera de
la existencia y el tiempo en la que ya no
coincidimos con su ritmo, pues vivir en el tiempo
es transcurrir inmersos en la existencia, en la
nuestra y en la cual el mundo es una continuidad
permanente gracias a la cual podemos actuar,
hacer, proyectar. Pero cuando ya no se coincide
con nada ni consigo mismo, es inevitable la
incapacidad de actuar, inevitable la pérdida de
interés por el mundo y por sí mismo. En el
"ennui", pues, "on vit dans une
inadhésion profonde aux choses" (16). Es una suspensión en la que la
continuidad se revela insignificante. El tedio
cioraniano se emparenta así con el hastio y con
la melancolía, "el sentimiento por
excelencia" (17).
Pero si el tedio
es la discontinuidad y trae consigo la pérdida
de todo interés que no sea él mismo, de él
surge la otra experiencia profunda que constituye
la justificación de la escritura cioraniana: el
fracaso. A la revelación de la insignificancia
le sigue naturalmente la incapacidad de hacer, ya
que cualquier acción estaría condenada a la
decadencia y por ello sería insignificante,
trivial, por lo tanto, inútil y fracasada. El
fracaso, pues, no es una suerte negativa que
correrían los proyectos emprendidos porque
gracias al tedio no existen proyectos que
realizar. El fracaso es, así, una experiencia
fundamental que surgida del tedio funda la
inactividad. Todo en este caso está malogrado en
principio, toda posible acción es fallida desde
su posibilidad, cualquier motivación, esperanza,
creencia, son presa del tedio: de la
discontinuidad, la insignificancia y la fatiga. O
mejor, todo intento por creer y por actuar nace
fatigado.
¿Cómo se
expresa el tedio a nivel de pensamiento que como
tal es actividad? ¿Cómo se muestra la
decadencia, el fracaso en la escritura? El
abatimiento producto de la conciencia de lo
irrremediable, como fracaso y como destino final,
no permite una elaboración escritural continua
de semejante experiencia. La fatiga se impone a
la idea de su exposición argumentativa. Y ello
porque es precisamente una experiencia no de
índole intelectual. En ella el sujeto esta
inmerso, absulutamente comprometido. A este
respecto podríamos aplicar a Cioran la misma
idea que él expresa refiriéndose a Valery:
Y el
tedio es la discontinuidad, la fatiga que
produce todo razonamiento constante, es la
obsesión pulverizada, la aversión por el
sistema (...), el horror de la insistencia,
de la duración de una idea; el tedio es
también incoherencia, fragmento, nota,
cuaderno, en una palabra diletantismo
producido por una cerencia de vitalidad y
también por miedo a ser o parecer profundo (18).
4. Un
destino
Tedio y fracaso,
dimensiones que articulan la escritura
cioraniana, convierten a ésta en un destino.
¿Cómo podríamos entender esta noción? Como la
inevitabilidad de esos acontecimientos y que son
la expresión del núcleo emocional del sujeto.
Son ellos precisamente los que dan unidad de
sentido al carácter y a la manera en que él
acontece. Se trata, para decirlo en otros
términos, de un destino en la medida en que no
es posible elegir aquello que mejor se avendría
a las capacidades del autor. Se trata, pues, de
un ritmo orgánico esencialmente, tal vez de un
temperamento que por su estructura impide pensar
de manera continua, discursiva. Esto se vincula
con ciertos estados cuyas descargas permiten
concebir la fórmula. Cioran escribe precisamente
a destellos, por esas descargas que se objetivan
en fragmentos; ellas son el contenido aunque su
formulación se matice o en gran parte se oculte:
...jai,
comme la remarqué Saint-John Perse, un
"rythme". Et ce rythme correspond
à ma physiologie, à mon être, cest
ma cadence organique, mon halètement
dhystérique qui réussit à passer
dans mes phrases. (19)
Así, pues, esa
manera del carácter, ese destino es bien
conocido: encontrarse por fuera del tiempo, en la
incoincidencia, en la inadecuación profunda
consigo mismo construyen un destino de apátrida
tanto a nivel de la vida interior como a nivel
empírico. En tanto destino, Cioran expulsado del
tiempo, se expulsa de su país, de su lengua, de
la acción y de la reflexión. Su escritura,
hecha hoy obra y que constituye propiamente su
destino, representa un sentido producido por la
experiencia del tiempo y el fracaso. Podríamos
decir que la obra cioraniana es la obra de la
discontinuidad y la incoincidencia . Y esto no
significa otra cosa que la obra de la libertad.
Libre de sí mismo y del mundo porque no existe
en él un sentido de pertenencia ni al tiempo ni
a la existencia; libre también porque la obra se
encuentra plegada a un destino revelado en la
experiencia originaria. Pero en ella persiste, no
obstante, el secreto de lo vivido. El fragmento y
el aforismo son fórmulas a las que accedemos
sólo en parte:
"on
accéde á ce qui est formulé, mais ce qui
est importantat cest ce qui nest
pas formulé, ce qui est implicite, le
secrete dune attitude ou dun
propos" (20).
Y en ello, como
lo decíamos más atrás, radica el encanto y en
parte el estilo de su escritura y que la
diferencia de otras escrituras aforísticas
contemporáneas (21) (muchas de estas últimas, afirma
Cioran, son confesiones sin secretos (22)). De ahí el carácter
"prolongado" de sus aforismos,
"prolongaciones" que indican pero que
no nos descubren ni el proceso ni el drama.
Ahora bien,
¿cómo se presentan, respecto al cambio de
lengua efectuado por Cioran, estas
características que hemos señalado?, ¿dicho
cambio está en relación íntima con ese destino
ineludible del tedio y el fracaso. Al parecer, el
cambio de lengua viene a dar coherencia interna a
las señales indicadas. Si el destino cioraniano
es precisamente ese estar por fuera de, y de no
coincidir con nada ni consigo mismo, su
expresión definitiva se advierte en el abandono
de su lengua materna. ¿Qué ocurre en la
adopción de la lengua francesa?. Nos
encontramos, en primer lugar, con el rasgo
fundamental que dibuja su escritura: el
ocultamiento. El cambio de lengua obliga
necesariamente al abandono de la espontaneidad
que impone naturalmente escribir en la lengua
materna, y a buscar en la nueva expresión una
forma no sólo convencional y abstracta sino
también neutral. Esto conlleva, como es obvio,
una educación si se nos permite el
término- del instinto y del sentimineto cuyo
vehículo de expresión más inmediato y natural
es la lengua rumana. Y como educación, es o
represión o enmascaramiento del sentimiento
originario, lo que implica su desviación a
través de una expresión que se formula sin
espontaneidad y sobre todo indirectamente y que
se prolonga en direcciones secretas. Pero si
utilizamos aquí el término educación es porque
la adopción del francés impone, como el mismo
autor lo ha señalado, una acto de civilización.
Frente a la escritura rumana, la francesa alcanza
un grado, por decirlo de alguna manera, de
refinamiento: nada en ella del desbordamiento
lírico y de confesiones excesivas que ignoran el
pudor del secreto y que encontramos en la
primera. Pero como una acto de civilización es,
pues, precisamente, ocultamiento de "la
desgarradura". Esta característica se
articula, si seguimos la necesidad interna del
plexo, con el estar por fuera de y con el
sentimiento de incoincidencia. Un cambio de
lengua tan radical significa "une
émancipation. Cest se libérer de son
propre passé "(23). En este caso, esa liberación
puede interpretarse como la aceptación real y
efectiva de la incoincidencia , pues si existiera
coincidencia existiría el arraigo.
El
cambio de lengua obliga necesariamente al
abandono de la espontaneidad que impone
naturalmente escribir en la lengua materna.
El carácter
neutral repecto a sí mismo que muestra Cioran en
la obra francesa guarda el secreto de la
experiencia. Entre ella y su formulación existe
un abismo: no hay entre la una y la otra una
continuidad que revele aquella experiencia.
¿Podríamos imaginar, por ejemplo, qué fue la
primera versión de Breviario de Podredumbre,
primer libro en escritura francesa, respecto a su
cuarta y última versión? O también y como
ilustración, los "Cahiers" parecen
constituir una primera formulación. Sin embargo,
en los libros publicados aparece una
transformación de lo escrito en aquellos. ¿Qué
es lo dicho, entonces; qué es lo callado?
Volvemos entonces a las
"prolongaciones" en las cuales radica,
al menos en parte, y como ya lo hemos dicho, el
éxito de su estilo. El texto que se lee se
superpone a otro que no obstante se manifiesta de
alguna manera. Podríamos pensar en un
palimpsesto. Existe una hipertextualidad
recordando aquí a Gerard Genette- en el
sentido de la alusión, e incluso una
transformación. ¿Qué significa la
transformación que sufren los aforismos desde
los "Cahiers", los cuales no estaban
destinados a su publicación, a los libros
publicados? Dice Genette: "la
transformación de un texto produce siempre otro
texto y, por tanto, otro sentido"(24). Así, parece que nos encontramos
ante una decisión de decir, más exáctamente,
de publicar lo que contiene el secreto (25).
Si entre la
experiencia y su formulación hay un abismo que
hace que lo formulado impacte al ser leído, el
mismo lector podría llevar a cabo un ejercicio
de imaginación que vaya de lo formulado a la
experiencia originaria. Este ejercicio
provocaría quizá resonancias que indicarían
decididamente que el autor, con su experiencia y
visiones fundamentales, se nos escapa. La
"excepción", para utilizar una idea de
Jaspers, es él y no nosotros.
La exigencia de
claridad que tiene la lengua francesa para
Cioran, no sólo lo obliga a desprenderse
progresivamente de lo dicho inicialmente para
dejar la fórmula, sino que esta forma conciente
queda reducida al aforismo en virtud, claro
está, de esa claridad y de la neutralidad. Lo
que en ello se nos revela como rasgo es la
negativa a explicar, a justificar, a discurrir.
La experiencia de la que surge el aforismo, en
este sentido, no parece darse entonces de manera
sucesiva y serena. Es intempestiva,
contradictoria y agobiante. De ella no podría
emerger la necesidad de un decir continuado
explicativo ni demostrativo. La figura, pues, de
una verdad dicha indirectamente y vivida en las
sombras, no puede ser otra que la del aforismo:
"un
ouvrage de longue haleine, soumis aux
exigences dune construction, faussé
par lobsession de la continuité, est
trop cohérent pour être vrai" (26).
Si la voluntad
de totalidad exige la forma del sistema, como lo
afirmó Hegel, aquí lo que se niega es esa
posibilidad de totalidad que une subjetividad y
objetividad y de la que da cuenta el yo, para
privilegiar, al contrario, un tipo de
pensamiento, un tipo de experiencia y una
escritura intermitente, fragmentada.
NOTAS
(1) La obra de
Cioran puede considerarse como un todo en tanto
es material. Sin embargo, desde el punto de vista
de su interpretación, el todo será para
nosotros más bien un presupuesto o una
hipoétesis, pues partirmos de la evidencia de
que la escritura de Cioran es fragmentada y por
ello rota. Respecto a la relación del todo y el
fragamento, Cfr. Calabrese, O. La era Neobarroca.
Madrid. Cátedra. 1987. p. 84 a 93. Por otra
parte, si el todo esta supuesto en el texto mismo
, jugaría un papel parecido al que juega la
suposición en la certeza sensible hegeliana:
supuesto e inefable.
(2) La ironía
es un rasgo esencial de la escritura cioraniana y
que merece un tratamiento detallado. Téngase en
cuenta, pues, la nota aclaratoria. Sin embargo,
aquí podemos anotar que la función fundamental
de la ironía en el fragmento es la de
representar lo real como inadecuado, desfigurado
o mostrarlo como siendo él mismo invertido. En
ese sentido , cumple algunas de las funciones que
asigna Gadamer a la sátira. Ver: Gadamer, H.
Hegel y el mundo invertido, en: La Dialéctica
de Hegel. Madrid. Cátedra. 1994. p. 66 a 74.
(3) Utilizamos
esta expresión pues es más conveniente que la
de "discurso" ya que, hablando en
rigor, "discurso" indica precisamente
un discurrir generalmente argumentativo que
enlaza metódicamente los pensamientos objeto de
una reflexión discursiva. Así, el discurso se
encuentra bajo el régimen sujeto-objeto del cual
debe hacer parte alguna noción de objetividad la
que garantizaría su verdad o algún tipo de
legitimidad ante la comunidad a quien esta
destinado. Así las cosas, el discurso tendrá en
cuenta también al público, y en ello no deja de
mostrarse una voluntad de persuación y un poco
de adoctrinamiento. Esta relación autor-público
obviamente direcciona el discurso, lo que implica
escribir para persuadir a, y para situarse en un
espacio público y de reconocimiento. Este tipo
de escritura privilegia, pues, la relación con
un mundo donde la aceptabilidad y la situación
que se ocupe son rasgos que determinan una
concepción de la existencia de cualquier modo
positiva.
(4) Recuérdese
que los tirajes iniciales de los libros de Cioran
fueron muy reducidos y que sólo vino a ser
conocido ampliamente mucho más tarde cuando
fueron publicados en edición de bolsillo.
(5) Rubio,
Jaime, en conversaciones.
(6) (Lo que
llamamos vida y acto, es la inserción en el
tiempo. Somos tiempo. En el tedio no
estamos más en el tiempo. De ahí ese
estremecimiento, el sentimiento de malestar
profundo. Traducción nuestra-). Cioran. Entretiens.
Paris. Gallimard.1995. p. 70. (Entretien avec
Léo Gillet).
(7) Cfr.
Pautrat, B. Versiones du Soleil. Figures
et systemes de Nietzsche. Paris. Seuil. 1971.
(8) Esta forma
de percibir el tiempo es anotada por Constantin
Zaharia aunque no es analizada por el autor,
quien afirma que estas dos formas de percibir y
sufrir el tiempo y que son inseparables
representan la misma cosa: es decir, las dos
constituyen la percepción de la discontinuidad.
Cfr. Zaharia C. Lécriture fragmentaire
de la mélancolie. Paris. Critique. #
617.1998. p. 645 a 657.
(9) Libro
compuesto por 9 ensayos y publicados en francés
en 1964, según cronología de Cioran que aparece
en la traducción española del libro "Con
versaciones" (Tusquets, segunda edición
1997). Esta cronología no aparece, sin embargo,
en su edición francesa (Gallimard, 1995). Por su
parte, en el prólogo a "La caída en el
tiempo", (Caracas. Monte Avila. 1977)
Esther Seligson también traductora- afirma
que el libro fue"publicado originalmente en
1966".
(10) (Aprecio
particularmente las últimas páginas de La
Caída en el Tiempo y que representan lo que he
escrito de más serio. Ellas me han costado mucho
y generalmente han sido incomprendidas. Poco se
ha hablado de este libro aunque él sea a mi
juicio el más personal y en el que he expresado
lo que más cerca estaba de mi corazón. En
efecto, ¿hay un drama más grande que el de caer
del tiempo? Pocos lectores han notado este
aspecto esencial de mi pensamiento. -Traducción
nuestra- ). Cioran. Entretiens. Op. Cit.
p. 233. (Entretien avec Sylvie Jadeau.).
(11) Para una
caracterización amplia del pensamiento de la
muerte con relación a su percepción y sentido,
Cfr. Nagel, T. La Muerte en Cuestion.
Mexico. F. C. E. 1981. p. 19 a 50.
(12) Cioran. La
Caída en el Tiempo. Op. Cit. p. 150
(13) (Soy el
hombre del estribillo, en música, en filosofía,
en todo. Amo todo aquello que es obsesivo,
lancinante, haunting, todo aquello que
hace mal por la repetición, por ese interminable
retorno que toca las últimas profundidades del
ser y suscita en él un mal delicioso y sin
embargo intolerable. (Traducción nuestra).
Cioran, citado por Zaharia. C. En Lécriture
Fragmentaire de la Mélancolie. Op. Cit. p.
652
(14) Para
ampliar el tema de la agonía, ver: Cioran. En
las Cimas de la desesperación. Barcelona.
Tusquets, 1991.
(15) Cfr,
nuevamente, Nagel, T. En últimos capítulos de Una
Visión de Ningún Lugar. Mexico. F. C. E.
1996.
(16) (Se vive en
un desapego profundo de las cosas. (Traducción
nuestra) . Cioran. Entretiens. Op. Cit. p.
55. (Entretien avec Léo Gillet).
(17) La
melancolía es un tema relevante en la obra de
Cioran . Sin embargo no lo trataremos aquí.
(18) Cioran.
Valery frente a sus ídolos, en Ensayo sobre
el pensamiento reaccionario y otros textos.
Colombia. Tercer mundo. 1985. p.94.
(19) (Como lo ha
advertido Saint-John Perse, tengo un ritmo y ese
ritmo corresponde a mi fisiología, a mi ser, es
mi cadencia orgánica, mi jadeo de histérico que
alcanza a pasar a mis frases. -Traducción
nuestra-). Cioran, citado por Zaharia C. En Lécriture
Fragmentaire de la Mélancolie. Op. Cit. p.
646..
(20) (Se accede
a lo que está formulado, pero lo importante es
lo que no lo está, lo que está implícito, el
secreto de una actitud o de una idea.
Traducción nuestra-). Cioran. Entretiens.
Op. Cit. p. 300.(Entretien avec Michael Jakob).
(21) Aunque este
es también un tema que merce un tratamiento
especial, queremos al menos anotar aquí que la
obra de Cioran ha sido considerada como
perteneciente al género moralista francés y
vinculado particularmente a La Rochefoucauld,
Chamfort y Joubert. A este respecto nos dice
Nicolae Popescu: "Cioran a, de fait,
amplement practiqué ces trois auteurs dans son
apprentissage de la langue et de la littérature
françaises. Il ne les a pas abordés en
historien, mais en écrivain", (Cioran, de
hecho ha estudiado ampliamente a estos tres
autores en su aprendizaje de la lengua y la
literatura francesas. Él no los ha abordado como
historiador sino como escritor. -Traducción
nuestra- ). Popescu Nicolae. LÉcriture
du Crépuscule selon Emil Cioran.
Tesis doctoral. Universidad de Yale. Noviembre
1993.
(22) Cfr.
Cioran. Entretiens. Op. Cit. p. 302.
(Entretien avec Michael Jakob).
(23) (Una
emancipación. Es liberarse de su propio pasado.
Traducción nuestra- ). Ibid. p. 143.
(Entretien avec Gerd Bergfleth).
(24) Genette, G.
Palimpsestos. Madrid. Taurus, 1989. p. 64.
(25) ¿Cómo
interpretar, entonces, la relación que existe
entre lo dicho y lo callado que esta allí pero a
menera de una ausencia y de una alusión? Para
responder a esto se deben considerar varios
aspectos que van desde lo estructural a lo
temático.
(26) (Una obra
de largo tiempo y esfuerzo, sometida a las
exigencias de una construcción, falseada por la
obsesión de continuidad, es demasíado coherente
para ser verdadera. Traducción nuestra-).
Cioran. Entretiens. Op. Cit. p. 232.
(Entretien avec Silvie Jaudeau).
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