Las
ideologías AmbientalesSamuel Ospina Marín
Tres son los
discursos sobre el medio ambiente que tratan
de ganar identidad y presencia en el espacio
histórico de las ciencias. Son ellos: El
discurso liberal, el culturalista y el
ecosocialista.
Cada uno de
los cuales se debe a una posición
ideológica bien definida y concreta, y
responde a posiciones políticas que se
mantienen como constantes en la historia. Se
trata de las dos ideologías que en los
tiempos modernos han generado dos lecturas
distintas de la realidad: La ideología desde
el poder, y la ideología desde el no-poder y
la réplica. En cuanto a la tercera posición
conciliatoria, tampoco es nueva y es con las
dos anteriores una constante histórica del
siglo xx. (1)
Examinémoslas
por separado, para después reflexionar sobre
sus posibilidades reales en el mundo de la
vida cotidiana.
El
discurso liberal
El discurso
liberal (cuyo adjetivo se toma no en el sentido
político sino filosófico y antropológico),
considera a occidente(2) como el padre de la humanidad y
como su salvador. Y ese occidente es fácilmente
identificable en el mapamundi: se trata de los
Estados Unidos de Norteamérica, Inglaterra,
Francia, Alemania, Italia y Canadá, y en menor
escala, los otros países desarrollados de
Europa.
Desde el poder
de la ciencia y la tecnología y el dominio de
los mercados mundiales, occidente expresa su
hegemonía política y su poder, que alcanza la
esfera de los discursos científicos.
En ese discurso
liberal no hay duda de que la relación entre
naturaleza y sociedad está problematizada. La
expresión identificable de su marco teórico se
encuentra en la introducción del informe
"Nuestro futuro Común", publicado en
1987 con la dirección de Gro Harlem Brutland,
exprimera Ministra de Noruega. Dice así:
"En la
mitad del siglo XX, vimos nuestro planeta
desde el espacio por primera vez. Tarde o
temprano los historiadores encontrarán que
esta visión tuvo un impacto mayor sobre el
pensamiento que la revolución de Copérnico
del siglo XVI, la cual cambió por completo
la imagen de nosotros mismos al revelar que
la tierra no es el centro del universo. Desde
el espacio, vimos una pequeña y frágil
esfera dominada no por la actividad humana,
sino por un patrón de nubes, océanos,
áreas verdes y suelos. La incapacidad de la
humanidad para encuadrar sus actividades
dentro de este patrón está cambiando los
sistemas planetarios en formas fundamentales.
Muchos de estos cambios vienen acompañados
de amenazas letales" (3).
Como puede
verse, la identificabilidad del planteamiento
depende de unos códigos muy específicos y de
definiciones muy precisas frente a las
categorías fundamentales de la economía,
psicología, e historia.
Esa
identificabilidad está en el convencimiento
indudable de que el conocimiento científico
objetivo es del todo posible. Ese conocimiento
objetivo se dirige a un mundo posible, externo al
observador, que lo capta en una visión ocular,
macroscópica, del todo válida y el cual se deja
aprender, conocer y manipular.
Ese discurso
liberal mantiene la posición cartesiana de la
división de sujeto -objeto.
El optimismo de
este discurso lo lleva a mantener la posibilidad
de gestionar la realidad social, de creer en que
se puede planificar el cambio social y a predicar
una cultura económica dada bajo los grandes
caracteres de la democracia liberal y del
capitalismo como expresión, no sólo
ideológica, sino totalitarista y final del
proceso histórico.
Semejante
construcción histórica de esa cultura
económica occidental descansa en estrategias,
expresiones funcionales de la ciencia de la
oferta y la demanda, tales como la expansión del
mercado, la mercantilización de la tierra y el
trabajo; se apoya igualmente en categorías de la
psicología social positivista y de la
psicología industrial, que hablan de nuevas
formas de disciplina en las fábricas, escuelas,
hospitales, etc. sigue su tejido
interdisciplinario con las doctrinas filosóficas
basadas en el individualismo y utilitarismo y
finalmente logra declarar, no sólo en el
concierto científico sino en el de las praxis
histórico-políticas, la constitución de la
economía como una esfera real, autónoma, con
sus propias leyes e independiente de lo
político, lo social, lo cultural.(4)
El discurso
liberal sobre el medio ambiente de esa ciencia
-la económica- afirma que la naturaleza está
compuesta de recursos, que se agotan y son
limitados, que poseen un valor monetario y que
están sujetos a ser poseídos. En un sentido
positivista y materialista, ese discurso
económico expresa que los deseos del hombre son
ilimitados.
Hoy se
sabe que las verdades se tejen en una red
interdisciplinaria y que toca muchas esferas
de la realidad haciéndolas multidependientes
y concomitantes.
Para la
coherencia del marco teórico del discurso de la
economía, en la dimensión liberal en que se
ubica, es lógico y del todo necesario pensar en
la economización de los recursos naturales, en
proceder a que todos los recursos tengan
títulos, y extender el sistema de precios a
todos los aspectos de la naturaleza, incluyendo
el agua, el aire, los genes, etc.
Ese discurso
liberal sobre el desarrollo sostenible, elaborado
desde occidente, obliga a los economistas del
tercer mundo, cuya concepción del mundo es
liberal a buscar una trinchera contestataria, que
sin atacar el basamento teórico de la ciencia
económica liberal, pueda generar una respuesta
beneficiosa para el tercer mundo. Por eso se
aboca a una conceptualización de la ecología
como sujeto político.
Desde la óptica
tercer mundista se requiere diferenciar los
problemas ecológicos por regiones, para no caer
en la homogeneización del ambientalismo global y
poder expresar objetivamente la deuda ambiental
histórica de los países del norte, y la
protección del patrimonio natural y genético de
la región.
Este discurso
del Desarrollo Sostenible, nacido en la
conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente
Humano, de la conciencia del deterioro global del
ambiente por culpa de la industrialización, el
mercado y el consumismo, finalmente fue elaborado
en 1980, por un grupo de agencias de las Naciones
Unidas y ha sido recogido y explicado en 1987 por
la Comisión Mundial Del Medio Ambiente y
Desarrollo. La comisión reflexiona que
"para hacer que el Desarrollo sea
Sustentable es necesario que satisfaga las
necesidades del presente sin comprometer la
capacidad de las futuras generaciones para
satisfacer las propias". El concepto de
desarrollo sostenible implica límites, no
límites absolutos, sino limitaciones que imponen
a los recursos del Medio Ambiente el estado
actual de la tecnología y de la organización
social y la capacidad de la biosfera de absorber
los efectos de las actividades humanas. Un mundo
donde la pobreza es endémica será siempre
propenso a sufrir una catástrofe ecológica de
uno u otro tipo. (5) El intento narrativo incide en la
realidad histórica y produce efectos de verdad.
No es ni verdadero ni falso en si mismo, pero,
dependiendo de quien lo predique y del para qué
se predica, conduce a cambios determinantes en
las estrategias políticas macrosociales,
nacionales, regionales y mundiales (6).
El
discurso culturalista
El argumento
culturalista tiene las trazas del discurso
contestatario. Es la postura ideacional de los
que no ostentan el poder. Es por lo tanto una
teoría sin el respaldo institucional de la
historia y menos de quienes le marcan el rumbo:
occidente.
El fenómeno del
poder invade todas las dimensiones del hombre,
aún las mas objetivas y neutrales como son las
esferas de las ciencias y sus conceptualización
científica.
Hoy se sabe que
las verdades se tejen en una red
interdisciplinaria y que toca muchas esferas de
la realidad haciéndolas multidependientes y
concomitantes. Incluso los discursos
contestatarios entran a jugar su juego en ese
complejo tejido de realidad para hacer mas
objetivo y creíble la semiótica del discurso
que tiene el soporte del poder.
Miremos como
plantea el asunto de la naturaleza y el ambiente
la teoría culturalista.
Este discurso
parte de que la cultura es la instancia
fundamental de la relación del hombre con la
naturaleza. Y afirma que la crisis ambiental es
debido a la objetivación de la natulaleza, y a
su explotación como recurso por las economías
de mercado, instigado por el postulado de la
escasez, y la explotación de los no occidentales
por los occidentales son la causa mayor de los
estragos al medio ambiente.
Desde su marco
teórico prueba que desarrollo y sustentabilidad
ambiental son irreconciliables, incompatibles y
definitivamente imposibles de armonizar.
Lógicamente, se
oponen al desarrollo, tal y como lo define el
discurso liberal y se resisten rotundamente a que
la naturaleza sea tratada como una mercancía.
Son unos
convencidos de que es imposible racionalizar la
naturaleza en términos económicos. Y en una
crítica, desde el humanismo, afirman que la
economía termina tendiendo una sombra sobre la
vida y sobre la historia de la humanidad. Una y
otra vez dicen que no es posible reconciliar el
crecimiento económico y el ambiente; que es
imposible esa armonía porque el individualismo y
cortoplacismo no permiten acomodar las demandas
ambientalistas sin modificar sustancialmente su
cultura.
En cuanto al
círculo vicioso de la pobreza causa y efecto de
los deterioros ambientales, lo consideran una
falacia. Es de verdad un sofisma para respaldar
el crecimiento económico y considerarlo la
solución a los problemas generados por la
pobreza.
Tan difícil son
de encubrir los daños ambientales que causa el
crecimiento económico, que el discurso liberal
se ve abocado a profetizar soluciones -siempre
por venir- a cargo del crecimiento económico.
La confusión de
la noción de pobreza con formas de vida en
comunión con la naturaleza, como la indígena y
la campesina, es aprovechada para construir el
sofisma.
Pero, en
definitiva, el simplismo del argumento liberal no
soporta ningún juicio y se cae por su propio
peso.
La posición de
los culturalistas es radical frente a la noción
de crecimiento. El crecimiento económico no es
bueno para el desarrollo, por el contrario, lo
degrada y agrava la situación. El crecimiento
económico lleva al agotamiento de recursos y
termina advirtiendo sus propios límites.
Para ellos la
naturaleza es un ente autónomo, fuente de vida,
no sólo material sino espiritual.
Y el hombre,
refiriéndose a las poblaciones indígenas y
campesinas del tercer mundo, no es un ser aparte
ni algo externo a la naturaleza, sino que son una
y la misma cosa natural y espiritual. Critican
duramente las diferencias que han ido ganando las
nociones de naturaleza y ambiente. Para el
discurso liberal el ambiente es una visión de la
naturaleza de acuerdo con el sistema urbano
-industrial. La noción de la naturaleza ha ido
languideciendo y su muerte simbólica marcha
paralela con su degradación física.
Protegida por el
discurso y por el poder, en el saber occidental
está la idea fija de que la solución es el
desarrollo sostenible, cuya significación
compleja se le debe al entramado de la
concepción liberal del mundo y de que la
implantación del desarrollo sostenible en las
políticas de Estado que imitan a los padres de
occidente, es el único camino que le queda a los
dos mundos (el desarrollado y el tercero) para
salir de la crisis ambiental.
El poder, los
paradigmas estereotipados, elaborados desde
occidente por el discurso liberal, afectan la
realidad, e inducen a la historia y al hombre a
conducirse de manera condicionada por aquellos y
a leer la realidad con unos lentes construídos
en los laboratorios del pensamiento de occidente.
(7)
Sin embargo,
desde la actitud mental contestataria de los
culturalistas, se elaboran discursos de una
sutileza y de una inteligencia tal, que pasan la
prueba de fuego del poder y del condicionamiento
occidental. Lamentablemente, son extraordinarios
y su poder en la incidencia histórica es
mínima. Una muestra de este pensamiento sutil,
irónico, revolucionario y lleno de un profundo
sentido, lo expresa el pensador Hindú Shiv
Visvanathan. Citémoslo textualmente, porque es
inmejorable:
"Bruntland
busca cooptar los mismos grupos que están
creando una nueva danza de la política, para
la cual la democracia no es solamente orden y
disciplina, donde la tierra es un cosmos
mágico y la vida todavía un misterio a ser
celebrado.....Los expertos del estado
globalizado y globalizante querrían
cooptarlos, convirtiéndolos en un mundillo
de consultores de segunda clase, en un orden
venido a menos de enfermos y paramédicos
condenados a asistir a los verdaderos
expertos... Debemos ver el informe Bruntland
como una forma de analfabetismo letrado y
decir una oración por la energía gastada y
los árboles desperdiciados en publicarlo. Y,
finalmente, decir una pequeña oración, una
apología por el árbol que suministró el
papel para este documento. Gracias árbol.
(8)
Visión
ecosocialista
El discurso
ecosocialista también es contestatario. Tiene
una matrícula ideológica mucho más definida y
precisa que la de los culturalistas, cuyo
espectro ideológico puede ser más amplio. Los
ecosocialistas son Marxólogos mas no marxistas; (9) es decir, se acercan
filosóficamente al discurso marxista y toman
algunos de sus fundamentos para luego incursionar
en la esfera de la economía política.
En el marco
conceptual del discurso marxista, estos
ecosocialistas descubren o recrean una segunda
contradicción del capitalismo; son los elementos
tratados como mercancías, aunque no se produzcan
de acuerdo con las leyes del valor y el mercado.
Tales elementos son: la fuerza de trabajo, la
naturaleza, el espacio urbano; que considerados
en su conjunto se les denomina condiciones de
producción. Y el capitalismo se reestructura y
oxigena gracias a estas condiciones de
producción.
Ahora bien, la
capitalización progresiva de estas condiciones
de producción lleva en sí misma el germen de su
propia destrucción. El carácter social de las
condiciones de producción constituyen una
barrera para el capital y una contradicción
irresoluta para el desarrollo sustentable. Esta
es la suerte de los sistemas que mercantilizan
todos los elementos y los someten a la oferta, la
demanda y la privatización.
Y si hasta la
vida humana y la naturaleza son tratadas como
mercancías (ficticias según Karl Polanyi) (10) la suerte de la especie humana
está echada.
Los
ecosocialistas y la biodiversidad.
Para Los
ecosocíalistas la biodiversidad es una reserva
de valor en si misma. Valor que terminará por
ser liberado por el capital por medio del
conocimiento científico y la biotecnología.
Dentro de este
contexto de pensamiento las comunidades locale
son consideradas guardianes de esos capitales
diversos.
Muy a su pesar,
los ecosocialistas aceptan que todo, tarde o
temprano cae en la dictadura del código de la
producción, de la visión económica y de la ley
del valor. En una palabra, que todo esta
economizado. No hay naturaleza que no termine
estando mediatizada por el signo del dinero y del
valor.
A pesar de todo,
aunque el discurso liberal de occidente se
presente con el poder de la verdad (y la verdad
del poder), tanto este discurso como el
ecosocialista están de acuerdo en que los
conocimientos tradicionales son también muy
útiles en la conquista científica de la
biodiversidad.
No cabe la menor
duda que los conocimientos populares son
complejas construcciones culturales que
involucran procesos profundamente históricos y
relaciónales, que van más allá del dominio de
la razón, pero que respetarlos como procesos
intrincados que comportan una alta dosis de
incidencia y determinación en la relación del
hombre con la naturaleza y con el ambiente, es lo
más inteligente para la suerte del pensamiento y
de la misma historia.
Los
ecosocialistas argumentan no la sustentabilidad
del desarrollo sino de la naturaleza, la cual se
consigue en la creación de espacios autónomos a
nivel local, en donde se desarrollen formas de
democracia ambiental y esquemas participativos de
planificación y gestión ambiental, que
requieran como principios: la descentralización
económica, la autogestión productiva, la
diversidad étnica, la autonomía cultural y la
calidad de la vida.
Y el triunfo
sobre la crisis ambiental se dará si es real la
posibilidad de articular las economías
autogestionarias locales y las economías
nacionales y mundiales.
Hemos visto los
argumentos y críticas de los tres discursos, que
tratan de agotar el tema del ambiente y la
naturaleza. En la práctica histórica, los tres
se tocan, se entrelazan, se mezclan y a veces
consiguen hibridarse sin perder su esencia, ni
atomizarse.
Pero, de
cualquier manera que sea, cada uno de ellos
mantiene unos soportes ideológicos, y
político-económicos, que mantendrán a los tres
en sus respectivos espacios históricos de
expresión de poder; si uno se abre a los otros
es para apropiarse de ciertas categorías, pero
nunca para las alianzas mentales que lleven hasta
las fusiones de identidad. Es una cuestión de
poder que va más allá de las posibilidades
racionales de la inteligencia y de la ciencia. (11)
Los tres
discursos y Colombia
Si nos
preguntamos con cuál de los tres discursos
encaja la realidad colombiana, y con cuál se
identificará el Ministerio del Medio Ambiente
Colombiano, y basado en cuál de los tres, hará
descansar el Estado Colombiano su política medio
ambiental en el futuro, indefectiblemente
concluímos en el discurso liberal.
Veamos por qué:
La complejidad
real del acontecer histórico, que desborda toda
posibilidad subjetiva y voluntarista lleva a
plantear la cuestión de la opción por una y
otra teoría, en el terreno multifactorial, que
consulta más los procesos que las voluntades
protagónicas de los líderes y dirigentes del
mundo de la política y de la economía mundial,
nacional y local.
En los procesos
se tejen las definiciones. Y los procesos
históricos son más complejos de lo que puede
pensarlo una ciencia cualquiera, una política y
una economía por separado.
En los procesos
en los cuales se compromete la historia de la
especie humana, definitivamente es el poder
político-económico el que termina imponiendo
sus condiciones y entregando los lentes para leer
la realidad histórica.
Lo cual no
quiere decir que ese poder, a estas alturas de la
historia, pueda construir su realidad a capricho.
Mientras más democrático es el poder (en
nuestro caso hablamos del poder de occidente)
más sensato, inteligente y racional será. Pero
la vida del hombre es más que sensatez,
inteligencia y racionalidad y eso también cuenta
en el ejercicio del poder.
Así las cosas,
a Colombia se le impone, tanto por la fuerza del
poder de occidente como por la fuerza de los
procesos que vive, la teoría liberal del
desarrollo sustentable; aunque deseara una
política de Estado híbrida, entre la
culturalista y ecosocialista, a Colombia le toca
dejar esos discursos para las Organizaciones No
Gubernamentales, que por lo regular son
contestatarias, como ocurre en el mismo seno del
eje central del poder: occidente. Un ejemplo
claro de estas Organizaciones No Gubernamentales
es Green Peace.
NOTAS
(1) ESCOBAR,
Arturo "El desarrollo Sostenible.
Diálogo de Discursos" Jorge A. Bernal
(coordinador), Integración y equidad,
Tercer Mundo Editores, Santafé de Bogotá. p.
139-162.
(2) Cuando se
habla de occidente nos estamos refiriendo a la
cultura que nació en la Grecia de los clásicos:
Platón, Sócrates y que marcó el pensamiento de
Europa y luego del descubrimiento de América, el
de sus colonias, entre ellas la nación que hoy
se llama Estados Unidos de Norteamérica.
(3) World
Commission on Environment and Development, Our
Common Future,Oxford University Press, Nueva
Yurk,1987. p. 1
(4) ESCOBAR,
Arturo, "El Desarrollo Sostenible:
Diálogo De Discursos" Jorge A. Bernal
(coordinador) Integración y Equidad,
Tercer Mundo Editores, Santafé De Bogotá, 1994.
p. 140-4.
(5) CARRIZOSA
Umaña, Julio, La política Ambiental en
Colombia, Cerec, Santafé de Bogotá, 1992.
p. 163.
(6) ESCOBAR,
Arturo, "El Desarrollo Sostenible:
Diálogo de discursos" Jorge A. Bernal
(Coordinador), Integración y Equidad,
Tercer Mundo Editores, Santafé de Bogotá,1994.
p. 142.
(7) Ibíd.
p.150-152
(8) Visvanathan,
Shiv, "Mrs. Brutland´s Disenchanted
Cosmos", en Alternatives, Vol. 16, No. 3,
1991. p. 384.
(9) Idem.
(10) Citado por
ESCOBAR, Arturo. "El Desarrollo
Sostenible:Diálogo de discursos", Jorge
A. Bernal (coordinador), Integración y
Equidad, Tercer Mundo Editores, Santafé de
Bogotá. 1994. p. 148
(11) Ibid.
p. 147-152.
(12) CARRIZOSA,
Umaña, Julio. La política Ambiental en
Colombia, Cerec, Santafé de Bogotá,1994.p.
142.
(13) ESCOBAR,
Arturo, "El Desarrollo sostenible dialogo
de discursos" Jorge A Vernal
(coordinador), Integración y Equidad, Tercer
Mundo Editores, Santafé de Bogotá,1994. p. 142.
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