Aproximaciones a la lírica inca: Viracocha y el amor

César Valencia Solanilla

La poesía lírica del vasto imperio de los incas representa una de las manifestaciones poéticas de más alta expresividad en el mundo precolombino. Los poemas dedicados a las divinidades tutelares, en especial a Viracocha -suprema deidad y creador de todo lo existente- y al amor, condensan maravillosamente la íntima relación entre el sentimiento religioso, la efusión sentimental y el respeto por la naturaleza, en todas sus manifestaciones. En este texto se analizan poemas representativos de la lírica inca- en excelentes traducciones al español, en especial de Jesús Lara- y se demuestra cómo es una falacia el lugar común de considerar la poesía quechua antigua únicamente como expresión de tristeza, dolor y melancolía.

 

Cuando se aborda el estudio de las literaturas precolombinas una inquietud se hace evidente: la autenticidad de los escritos que han llegado a nosotros por diversos medios –fuentes primarias o secundarias, traducciones- y la génesis misma de estos medios a través del tiempo. Debido a la supervaloración que ha tenido la escritura frente a la oralidad, por mucho tiempo se consideró que las tradiciones orales constituían una especie de estado intermedio entre la antropología y la literatura, que no eran fuentes suficientemente confiables para la apreciación plena desde la perspectiva de lo literario. Pero en el mundo contemporáneo, luego de los avances de antropología cultural y de los estudios de Leroi-Gorhnan, Derrida, Walter Ong, la pretendida diferencia entre oralidad y escritura con relación a la literatura ha sido resuelta y los mitos, relatos, leyendas y demás formas como los pueblos han conservado la memoria colectiva constituyen fuentes confiables de aproximación al imaginario simbólico de sus creaciones verbales. Por eso es más conveniente hablar de un "arte verbal" para los pueblos ágrafos, que es un concepto más amplio aportado por la lingüística moderna, de tal forma que la noción misma de literatura pueda ampliarse a "ciertos discursos, breves o largos, que los miembros de la sociedad concuerdan en valorar positivamente y en cuya repetición periódica, en forma esencialmente idéntica, todos ellos insisten. Tales discursos constituyen la literatura de esa sociedad". (1) 

Con relación al pueblo inca, el hallazgo de numerosos quipus en lugares que podrían ser llamados auténticas "bibliotecas" ha cambiado también de manera sustancial la noción que sobre estas singulares formas de "llevar las cuentas" se tenía, ya que constituyen en realidad verdaderas y complejas formas de escritura según lo afirma el boliviano Jesús Lara (2) , tomando como base fuentes perfectamente confiables para la investigación histórica y literaria, como lo son los testimonios de Antonio de Herrera (3) , Felipe Guamán Poma de Ayala (4) , Martín de Morúa (5) , testigos excepcionales y próximos al esplendor y las realizaciones culturales del gran imperio de los incas.

De esta manera, las referencias al significado de los quipus como formas de escritura contradicen lo afirmado y aceptado como "discurso oficial" por otros autores como Diego Cieza de León, López de Gómara y el propio Garcilaso de la Vega, quienes apenas les concedieron un valor relativo e instrumental para los cálculos matemáticos o como ayuda para la memoria. Así mismo, su carácter de forma verdadera de escritura –ahora perdida en el tiempo- puede deducirse de numerosos testimonios que se encuentran en documentos y obras literarias, como es el caso de las primeras recopilaciones hechas por los cronistas en donde se refiere explícitamente que trabajaron ayudados por quipucamayoqs, es decir, los en cargados de guardar e interpretar los quipus; o bien como ocurre con el drama Ollantay, en donde en varias ocasiones se hace mención a personajes de la obra que los "leen" e interpretan. El valor cultural y religioso de los quipus debió haber sido entendido en toda su dimensión por los extirpadores de idolatrías de los incas en tanto formas privilegiadas para guardar la memoria colectiva, la historia y los dioses antiguos. Tanto es así, que en 1583 un concilio en Lima ordenó su destrucción, consolidando de esta manera la persecución a la que fueron implacablemente sometidos, así como sus intérpretes .

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la investigación especializada y ante la inexistencia de un método que sirva para interpretarlos de manera inequívoca, ya que esta tradición se perdió por el afán doctrinario de los conquistadores, lo que hoy representa como tal el legado literario del pueblo inca –al igual que entre mayas y aztecas- se halla contenido en los manuscritos que en lengua quechua fueron recogidos en el siglo XVI utilizando la fonética del español. Para estas aproximaciones a la lírica inca se ha tomado como base la selección y traducción de Jesús Lara en la obra referida y la antología de Edmundo Bendezú A. sobre literatura quechua (6) 

Aspectos generales de la poesía inca

La poesía inca es una de las más ricas en matices y particularidades de las expresiones literarias precolombinas, conforme ha sido señalado por varios especialistas(7). Esta riqueza no se relaciona, sin embargo, por el número de creaciones verbales (es evidente, por ejemplo, que la poesía náhuatl prehispánica tiene un número mayor de 2.000 poemas, conforme lo ha demostrado Garibay) (8) , sino por la multiplicidad de manifestaciones líricas en una cantidad relativamente reducida de poemas. Confrontando los estudios de Carlos Vilanes e Isabel Córdoba (9), Jesús Lara y José María Arguedas (10) , se puede colegir que las formas líricas principales entre los incas fueron las siguientes:

El jailli, es el himno ceremonial por excelencia que describe tres hechos fundamentales del hombre andino: la religión, el devenir histórico y la invocación a la naturaleza. Se construían en forma de versos dialogados, que eran entonados por grandes coros divididos en grupos de hombres y mujeres. Aunque la mayoría de los existentes están dedicados a la invocación de las deidades titulares, en especial a Viracocha, el dios principal, existían los que cantaban las hazañas de los héroes, conocidos con el nombre de aity jailli. Los jailli agrícolas cantaban a las siembras, al crecimiento de las sementeras, a la maduración de los frutos y a la cosecha. Por su índole sagrada, cumplían una función fundamental para la cohesión social, el mantenimiento del equilibrio cosmogónico y la ritualidad religiosa, aspectos estos que ilustran la íntima fusión entre el hombre, la naturaleza y las deidades tutelares incas.

El wawaki es un poema erótico propiciatorio del amor y de la maduración de los frutos. Era entonado por jóvenes cuando cuidaban los frutos a punto de ser cosechados para protegerlos de los animales dañinos, en forma dialogada y con un estribillo detrás de cada verso. Es una canción galante que expresa el juego de los enamorados, para ser cantado en las festividades dedicadas a la Luna o durante la época en que debían cuidarse las sementeras.

En el mundo de incas la voz individual se fundía en la anonimidad de la comunidad y por ello las manifestaciones poéticas se acoplaban a las musicales, tomando en muchos casos su nombre. El "arte verbal" de los incas expresa las posibilidades múltiples de la palabra y no está ceñida a los rigores de la letra, si por esta entendemos la grafía escrita...

Los wakaylli eran cantos laudatorios a las divinidades tutelares que podían ser los dioses regionales o los de los ayllus, núcleo social básico de la sociedad inca. Fueron prohibidos por los españoles por su contenido religioso.

El waylli era un himno lírico destinado a rendir culto al emperador en ceremonias especiales.

El wanka era el canto destinado a lamentar la desaparición de los seres queridos o de los personajes ilustres, que muchas veces tomaba la forma épica por razón de su naturaleza, cuando se trataba de héroes históricos, como en el caso paradigmático y conocido de la elegía compuesta para la muerte del Inca Atawuallpa. (11) 

El taki era un poema-canción de tono confidente, picaresco y muy dulce. Se ejecutaba acompañado de música, para ser bailado. Constituía el de mayor amplitud temática y se derivaba del verbo takiy, cantar, porque podía expresar cualquier actitud del espíritu. (12) 

El aya taki es una variante del taki, que servía para cantarse en las ceremonias fúnebres.

El aranway y la kashwa, de tono festivo, popular y aptos para el canto y la danza, tienen también un rasgo humorístico y didáctico, como el de la fábula.

El jarawi o urpi es el poema lírico de amor, la endecha en la que generalmente se canta a un amor no correspondido. Tiene una variante, el jaray arawi, que se refiere a las canciones de ausencia y despedida.

Todas estas formas poéticas parecen haberse condensado, a partir del siglo XIX, en los famosos y populares yaraví tan característicos en la poesía y la música quechua moderna, como prolongación inicial de los jarawi.

Estas reflexiones versan principalmente sobre los poemas líricos incas referentes a la religiosidad y al amor, ya que en ellos hemos encontrado aspectos muy interesantes para destacar y analizar, para relacionarlos con elementos definidores de la identidad cultural que sobreviven en la comunidad quechua contemporánea, a pesar de la labor devastadora de varios siglos de dominación y aculturación. El carácter precolombino de ellos ha sido estudiado por Jesús Lara, señalando cómo, gracias a la labor del investigador inglés Clements R. Markham fueron descubiertas en la biblioteca Nacional de Madrid, a finales del siglo XIX, dos obras claves para la comprensión de la cultura inca y en especial de su legado artístico: la Relación de antigüedades de este Reyno del Perú, del indio Juan Santacruz Pachacuti Yanqui Salkamaywa y la Relación de las fábulas y ritos de los Incas en el tiempo de su infidelidad, del religioso mestizo Cristóbal Molina. (13) 

Poesía lírica: Viracocha y el amor

El universalismo de la poesía lírica de los incas se deriva de la intensidad en la expresión del sentimiento, la hondura filosófica de sus postulados, la revelación plena del ser en el amor y esa especie de secreta magia que se manifiesta en sus creaciones verbales. La poesía no era un atributo exclusivode una casta social, como en las sociedades verticales (aunque la inca lo fuera desde la perspectiva de lo social, político y religioso), pues los hacedores de versos o aravikus, así como los amautas o filósofos, provenían de todas las castas sociales, de modo tal que los jatunruna (vasallos) también componían poemas (14) . Este hecho puede observarse en una buena parte de la lírica inca antigua y de la quechua de la era colonial y moderna, en donde se percibe la raigambre popular desde el punto de vista de lo temático, sin que por ello pierda su expresividad poética, confiriéndole por el contrario un tono muy propio mediante el cual se revela el alma colectiva: la profundidad del sentimiento religioso, la exaltación de los dones de los dioses, la veneración de las fuerzas de la naturaleza, la vacuidad del ser, la proclividad a la tristeza mezclada con la ironía, el humor y la ternura, el uso de diminutivos, la nostalgia, la incomprensión, la melancolía, la soledad, aspectos estos que son característicos de la poesía quechua en su conjunto.

¿Cómo podría seguirse afirmando, entonces, que la lírica quechua del Incario es sólo una canción doliente, triste, melancólica, que revela únicamente la aflicción y la desolación?

 

La poesía lírica se hacía para ser cantada, porque a través de la música se podía revelar melódicamente el sentimiento colectivo en la voz anónima del poeta, de tal modo que existía –y sigue existiendo- una relación íntima entre el sonido armónico y la palabra, para expresar la íntima relación del ser con los dioses, la melancolía y la tristeza, el amor, así como también el humor y la ironía. En el mundo de incas la voz individual se fundía en la anonimidad de la comunidad y por ello las manifestaciones poéticas se acoplaban a las musicales, tomando en muchos casos su nombre. El "arte verbal" de los incas expresa las posibilidades múltiples de la palabra y no está ceñida a los rigores de la letra, si por esta entendemos la grafía escrita; la palabra poética nace de la relación del ser con el entorno, con el esplendor o la oscuridad de sus sueños, de tal forma que para invocar a los dioses o para susurrar el amor, para cantar a la naturaleza o celebrar a los héroes, brota el sentimiento con la explosión vivificante de la palabra, esa que se fija y "congela" luego en la letra escrita.

En todos los estudios sobre la literatura quechua que conocemos se destaca la musicalidad, el ritmo y el encanto de las creaciones verbales de los antiguos pobladores del Perú y la plasticidad de su lengua, llamada runasimi, "lengua general" o lengua del común. (15)

Cantar es componer cantos, dotar a la palabra de música, facilitar que los sentimientos de la colectividad se eleven a lo más alto para congraciar a los dioses, implorar sus favores, rendirles el culto que merecen, como hacedores de todo lo existente. Es también la armoniosa melodía de los seres unidos o distanciados por el amor que en la tonada hacen vibrar la vida, estremecer la muerte, convertir la noche en día, aproximar lo imposible. En estas reflexiones podremos demostrar cuán cerca está Viracocha del amor, cómo es una misma sensibilidad la que transporta al hombre a los dioses o lo aferra a la tierra. Las traducciones ya mencionadas nos brindan, a pesar de nuestro desconocimiento del quechua, valores literarios significativos para así enunciarlo.

Viracocha

Los poemas religiosos, que giran esencialmente en torno a Viracocha, el dios supremo del panteón inca, ofrecen imágenes de exultante belleza para expresar lo sagrado y condensar sus cosmogonías: Viracocha es el gran hacedor de todo lo existente, dios inmanente y omnipresente que congrega a las demás deidades, fuente de la vida, creador de los hombres. Los jaillis sagrados le invocan para mantener la vida y ahondar en los misterios profundos de la existencia:

Oración primera al hacedor

Causa del ser, Viracocha,

Dios siempre presente,

Juez que en todo está,

Dios que gobierna y provee,

Que crea con sólo decir:

‘’ Sea hombre, sea mujer’’,

Que viva libre y en paz

El ser que pusiste

Y criaste.

¿Dónde estás? ¿Afuera,

O adentro, en la nube

O en la sombra?

Oyeme, contéstame

Haz que viva muchos días,

Hasta la edad en que deba

Encanecer.

Entonces, levántame

Tómame en tus brazos

Y si me canso, auxíliame

Doquiera estés, Padre Viracocha (16) 

 

El hombre, epígono de los dioses, sin embargo acude a ellos para que le concedan la libertad, bien supremo para la vida y la paz. No es la deidad terrible que infunde miedo –como en la tradición judeocristiana- sino el creador de los hombres y las mujeres, "causa del ser… dios que gobierna y provee… Padre Viracocha", el que habita en la sombra y en la nube, en el afuera y el adentro: filosofía y palabra sagrada para celebrar la trascendencia. Para el lector profano y desconocedor de las cosmogonías precolombinas que se construyeron con el esplendor del verbo poético, este puede ser un ejemplo rotundo de esa fusión entre la religión, la poesía y la metafísica entre los incas.

Lo que podemos llamar el ciclo de poemas de Viracocha, que Lara traduce con tanta belleza, enfatizan en estos mismos atributos sagrados. El dios es, "poderoso cimiento del mundo", "señor de la fuente sagrada", "gobierno del mundo" supremo bien del hombre y del cosmos, pues, "… permaneces en el océano del cielo" y "… también vives en los mares de la tierra". Imágenes espléndidas de una profundidad sin par que el hombre, sabiéndose contingente y mortal, invoca para congraciarse con esa deidad vital, visible, objetiva, que mantiene el incesante movimiento del universo.

Palabra poética que sacraliza la vida, verbo profano tocado por la música misteriosa de lo sacro para que el hombre se integre a la maravilla de todo lo creado:

Tijsi Viracocha

Dios, origen del universo,

Creador de todo,

Oro que arde tan solo entre la noche

Del corazón.

Que la alegría de tus ojos

Venga en el alba,

Que el calor de tu aliento

Venga en el viento.

Que tu mano magnánima

Siempre se extienda

Y que la sempiterna voluntad

Sea la última que florezca.

(Lara, p. 160)

Como dador de la vida, guarda el equilibrio de las fuerzas de la naturaleza, permite el nacimiento del día, las luces de la aurora, manda las lluvias para hacer renacer la vida. En el poema "Runa Kamaj", los animales del monte, las aves, los lagos, las flores, los perfumes, la tierra que habita y hace feliz al hombre, forman un concierto de voces para invocarlo y reconocerlo como supremo dios, pues el propio dios Sol se postra a sus pies:

El rey de las estrellas

Y padre nuestro, el Sol,

Su cabellera extiende

A los pies de él.

Y el viento junta

Las copas de los árboles

Y sacude sus ramas

Y las yergue hacia el cielo.

Y en el regazo de los árboles

Los pajarillos cantan

Y rinden el fervor de su homenaje

Al regidor del mundo.

(Lara, p. 160)

Viracocha convoca la poesía, la intimidad del ser, habita en los sentimientos cristalinos de la colectividad para mantener el equilibrio entre el hombre, la naturaleza y el cosmos.

El amor

La popularidad que en la época republicana y en el mundo contemporáneo lograron los yaraví como paradigmas de la endecha amorosa, de la melancolía y la nostalgia, simplificaron un poco la noción de la poesía quechua como sinónimo de la tristeza, el dolor y la soledad que puede expresar el amor no correspondido. Para la lírica inca más antigua, sin embargo, esta especie de lugar común no funciona, ya que el sentimiento amoroso traspasa los límites de la endecha, extendiéndose a un universo de sentido más amplio, enraizado en una visión de mundo en la que el amor está asociado a la vida, la naturaleza y la religión. Las formas poéticas que se usaron, como el arawi, el wawaki, el taki, que constituían las principales manifestaciones de los poemas cantados, y el aránway, el wanka, que no requerían de la música, pero sobre todo el jarawi –formas remotas del yaraví- a pesar de su sencillez y brevedad, revelan una exquisita sensibilidad para el amor, de un amor que es fuerza vital y se confunde con los poderes mismos de la naturaleza.

La intensidad de la pasión amorosa se relaciona más bien con el enternecimiento hacia el otro, la delicadeza en la palabra, la dulzura que podía acompañar el canto. El tono de nostalgia, tan propio en la música y la poesía de los pueblos amerindios de los Andes, evidentemente tiene sus referentes históricos y culturales en la lírica de los incas, que con una extraordinaria sensibilidad integraron la alegría y la tristeza, el gozo y el dolor como manifestaciones no contradictorias sino integradoras de amor humano. Por ello es preciso ampliar nuestro espacio de recepción a esta poesía para sentirla y estudiarla desde la dimensión de lo ontológico y lo sensual, eliminando la estrechez de los arquetipos occidentales con los que generalmente apreciamos la literatura.

Para fundamentar estos enunciados, se transcribe en su integridad uno de los jaray arawi más conocidos, "Canción de ausencia", recogido por Felipe Guamán Poma de Ayala en El primer Nueva Corónica y Buen Gobierno. Poema de singular belleza, es a la vez una endecha y un canto de esperanza, de alegría y felicidad en medio de la nostalgia:

Canción de ausencia

¿La desventura, reina,

Nos separa?

¿La adversidad, infanta,

Nos aleja?

Si fueras flor de chincherkoma,

Hermosa mía,

En mi sien y en el vaso de mi corazón

Te llevaría.

Pero eres un engaño, igual

Que el espejo del agua.

Igual que el espejo del agua, ante mis ojos

Te desvaneces.

¿Te vas, amada, sin que nuestro amor

Haya durado un día?

He aquí que nos separa

Tu madre desleal

Para siempre.

He aquí que la enemistad de tu padre

Nos sume en la desgracia.

Mas, mi reina, tal vez nos encontremos pronto

Si dios, gran amo, lo permite.

Acaso el mismo dios tenga que unirnos

Después.

Cómo el recuerdo

De tus ojos reidores

Me embelesa.

Cómo el recuerdo

De tus ojos traviesos

Me enferma de nostalgia.

Basta ya, mi rey, basta ya.

¿Permitirás

Que mis lágrimas lleguen a colmar

Tu corazón?

Derramando la lluvia de tus lágrimas

Sobre las kantutas

Y en cada quebrada,

Te espero, hermosa mía.

(Lara, p. 163-164)

Es indiscutible el lirismo de las imágenes con las que construye esa sensación de desventura del enamorado, que no renuncia a la felicidad del encuentro futuro, aunque siente que la figura de su amada se desvanece, "igual que el espejo del agua". Que se fascina en la esplendidez evocadora de "tus ojos reidores", de "tus ojos traviesos" que lo llenan de nostalgia, pero no de desolación. Y no hay desolación porque resplandece la luz de la esperanza, para que la tristeza no hunda al enamorado en las tinieblas del abatimiento, pues elabora no un duelo sino una expectativa, no una pérdida sino un reencuentro "en cada quebrada", tal vez para que el agua que corre y salta, con su fuerza vivificante, sea el emblema que borre ese "espejo del agua" engañoso y fugaz que puede romper el simple agitar del viento.

Y qué no decir de los arawis que celebran abiertamente el amor, que designan a la mujer con magníficas imágenes y metáforas de la más alta sensibilidad, revelando la placidez de la pasión, la alegría que une a los seres y los funde con la naturaleza: la mujer que es manjar, sonrisa, corazón:

Morena mía,

Morena,

Tierno manjar, sonrisa

Del agua,

Tú corazón no sabe

De penas

Y no saben de lágrimas

Tu ojos.

 

La amada sintetiza el resplandor del mundo, provoca una cascada de imágenes refulgentes, profundamente humanas, telúricas, de un lirismo casi místico en el que el amor es una pasión inagotable, de modo tal que todo objeto que se aproxime o roce levemente al otro genera admiración, ya que es una prolongación de los sentidos del enamorado:

Porque eres la mujer más bella,

Porque eres reina mía,

Porque eres mi princesa,

Dejo que el agua del amor

Me arrastre en su corriente,

Dejo que la tormenta

De la pasión me empuje

Allí donde he de ver la manta

Que ciñe tus hombros

Y la saya resuelta

Que a tus muslos se abraza.

Cuando es de día, ya no puede

Llegar la noche;

De noche, el sueño me abandona,

Y la aurora no llega.

(Lara, p. 164-165)

A través de los taki, igualmente, con ese tono burlón tan característico, la emoción amorosa puede reflejar la paradoja de la pasión, el corazón afligido que secretamente mantiene la esperanza del cariño exaltando las virtudes del otro y congraciándose con los defectos propios, en un delicioso juego de oposiciones, de una ternura admirable. Como se trata de un poema que congrega una multiplicidad de significados y particularidades líricas de la literatura inca, de tal forma que cualquier aproximación no será del todo completa para descifrar su extraordinario encanto y sencillez, preferimos hacer su transcripción completa:

Canción

Hermosa flor eres tú,

Punzante espina soy yo.

Tú eres ventura hecha vida

Pensar que cunde soy yo.

Tú eres virginal paloma,

Odiosa mosca soy yo.

Luna de nieve eres tú,

Noche de pena soy yo.

Tú eres el árbol frutecido,

Carcomido tronco yo.

Tú eres mi sol, mi sol eres,

Noche de pesar soy yo.

Tú eres vida de mi vida,

Eres amor de amor.

Alfombra a tus pies tendida

Seré eternamente yo.

Blando helecho que despliega

Su traje de verde nuevo;

Vestida de blanco, eres

La estrella de mi mañana.

Blanca nube, la más leve,

Clara fuente de agua pura,

Tu serás mi dulce engaño,

Yo seré tu oscura sombra.

(Lara, p. 171)

En todas estas estrofas se trasluce la bondad del hombre que ama, el sentido paradójico y contradictorio de la oposición, la abundancia de recursos metafóricos, pero también la alegría burlesca que le canta al amor en ese remate formidable, que hace de la pasión una deliciosa huella compartida: "Tu serás mi dulce engaño/ yo seré tu oscura sombra"

Después de estas evidencias, y dentro del margen despejado de una visión del mundo no signada por el dolor y abatimiento que, con beneficio de inventario ha querido instaurar de manera esquemática el discurso oficial, ¿Cómo podría seguirse afirmando, entonces, que la lírica quechua del Incario es sólo una canción doliente, triste, melancólica, que revela únicamente la aflicción y la desolación? ¿Cómo no escudriñar en la mirada taciturna de los indios de hoy la pervivencia de una actitud burlona que expresa hondos sentimientos existenciales para que la tristeza pueda ser también una dulce alegría cuando la alimenta el verdadero amor?

Viracocha, síntesis máxima de las fuerzas cosmogónicas, ilumina el destino del hombre finito hasta los confines del universo infinito. El amor, sentimiento supremo de los seres ante la vacuidad de la existencia, canción de la voz humana que descubre su intimidad en la alegría y tristeza del otro, para congraciarse también con los dioses y la naturaleza. Viracocha y el amor, el legado precioso de los incas, inagotable poesía de los espacios sagrados para que el hombre tenga una dimensión universal, para que Pachamama, la madre tierra, le albergue todas las esperanzas de un mundo mejor.

NOTAS

(1) HOCKETT, Charles F. Curso de lingüística moderna, Trad. De Emma Gregores y Jorge Alberto Suárez, Buenos Aires, 1971. Citado por Edmundo Bendezú A. Literatura quechua. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1980.

(2) LARA, Jesús. Poesía quechua. Fondo de Cultura Económica, México, 1979.

(3) HERRERA, Antonio. Historia General de los hechos de los Castellanos en las islas y tierra firme de el Mar Océano, Madrid, 1730. Citado por LARA, Jesús, Op. cit.

(4) GUAMAN POMA DE AYALA, Felipe. El Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno, La Paz, 1944. Idem.

(5) MORUA, Martín de. Historia del origen y genealogía real de los reyes incas del Perú, de sus hechos, costumbres, trajes y manera de gobierno, S/d. Idem.

(6) BENDEZU, Edmundo. Op. cit.. Esta es una antología muy interesante y completa para el investigador literario, pues ofrece diferentes versiones de la poesía quechua de sus más reconocidos especialistas.

(7) Ver LARA, Jesús. Op. cit.; BENDEZU, Edmundo. Op. cit.; ARGUEDAS, José María. Poesía quechua, Editorial Universitaria, Buenos Aires, 1965. VIDAL M., Leopoldo. Poesía de los incas, Lima, 1947.

(8) GARIBAY, Angel María. Historia de la literatura náhuatl, Porrúa, México, 1992.

(9) VILANES, Carlos y CORDOBA, Isabel. Literaturas de la América Precolombina, Itsmo, Colección Fundamentos, Madrid, 1990.

(10) ARGUEDAS, José María. Op. cit.

(11) Ver CASTRO, Oscar, Textos indígenas sobre la conquista, en Lingüística y literatura, Departamento de Lingüística y literatura, Universidad de Antioquia, Año 13, No. 22, 1992, p. 63-90. LARA, Jesús, Op. cit., WACHTEL, Natan. Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570), Alianza Universidad,, Madrid, 1976. La índole de este poema como elegía de los vencidos, se halla también relacionada en nuestro trabajo Literatura precolombina: la visión de los vencidos, en C.V.S., La escala invertida. Ensayos sobre literatura y modernidad, Fondo Mixto de Cultura del Tolima, 1996.

(12) LARA, Jesús. Op. cit., p. 84.

(13) Ibid. p. 61.

(14) Ibid. , p. 26.

(15) Ver VALENCIA SOLANILLA, César. Relatos míticos incas: visión de mundo y educación, Revista de Ciencias Humanas U.T.P., Año 6, No. 22, noviembre de 1999, p. 37-46.

(16) LARA, Jesús. Op. cit., p. 158. Selección de poemas quechua de la época precolombina. Las demás referencias a la selección de este autor remitirán a la página correspondiente.


Derechos Reservados Revista de Ciencias Humanas - UTP
Copyright © Pereira -Colombia - 2000
Ultima Modificación, Mayo de 2000.
Webmaster :
Ingrid Galeano Ruiz
Diseño:
César Augusto González