Aproximaciones
a la lírica inca:
Viracocha
y el amorCésar Valencia Solanilla
La poesía
lírica del vasto imperio de los incas
representa una de las manifestaciones
poéticas de más alta expresividad en el
mundo precolombino. Los poemas dedicados a
las divinidades tutelares, en especial a
Viracocha -suprema deidad y creador de todo
lo existente- y al amor, condensan
maravillosamente la íntima relación entre
el sentimiento religioso, la efusión
sentimental y el respeto por la naturaleza,
en todas sus manifestaciones. En este texto
se analizan poemas representativos de la
lírica inca- en excelentes traducciones al
español, en especial de Jesús Lara- y se
demuestra cómo es una falacia el lugar
común de considerar la poesía quechua
antigua únicamente como expresión de
tristeza, dolor y melancolía.
Cuando se aborda
el estudio de las literaturas precolombinas una
inquietud se hace evidente: la autenticidad de
los escritos que han llegado a nosotros por
diversos medios fuentes primarias o
secundarias, traducciones- y la génesis misma de
estos medios a través del tiempo. Debido a la
supervaloración que ha tenido la escritura
frente a la oralidad, por mucho tiempo se
consideró que las tradiciones orales
constituían una especie de estado intermedio
entre la antropología y la literatura, que no
eran fuentes suficientemente confiables para la
apreciación plena desde la perspectiva de lo
literario. Pero en el mundo contemporáneo, luego
de los avances de antropología cultural y de los
estudios de Leroi-Gorhnan, Derrida, Walter Ong,
la pretendida diferencia entre oralidad y
escritura con relación a la literatura ha sido
resuelta y los mitos, relatos, leyendas y demás
formas como los pueblos han conservado la memoria
colectiva constituyen fuentes confiables de
aproximación al imaginario simbólico de sus
creaciones verbales. Por eso es más conveniente
hablar de un "arte verbal" para los
pueblos ágrafos, que es un concepto más amplio
aportado por la lingüística moderna, de tal
forma que la noción misma de literatura pueda
ampliarse a "ciertos discursos, breves o
largos, que los miembros de la sociedad
concuerdan en valorar positivamente y en cuya
repetición periódica, en forma esencialmente
idéntica, todos ellos insisten. Tales discursos
constituyen la literatura de esa sociedad". (1)
Con relación al
pueblo inca, el hallazgo de numerosos quipus en
lugares que podrían ser llamados auténticas
"bibliotecas" ha cambiado también de
manera sustancial la noción que sobre estas
singulares formas de "llevar las
cuentas" se tenía, ya que constituyen en
realidad verdaderas y complejas formas de
escritura según lo afirma el boliviano Jesús
Lara (2) , tomando como base
fuentes perfectamente confiables para la
investigación histórica y literaria, como lo
son los testimonios de Antonio de Herrera (3) , Felipe Guamán Poma de
Ayala (4) , Martín de Morúa (5) , testigos excepcionales
y próximos al esplendor y las realizaciones
culturales del gran imperio de los incas.
De esta manera,
las referencias al significado de los quipus
como formas de escritura contradicen lo afirmado
y aceptado como "discurso oficial" por
otros autores como Diego Cieza de León, López
de Gómara y el propio Garcilaso de la Vega,
quienes apenas les concedieron un valor relativo
e instrumental para los cálculos matemáticos o
como ayuda para la memoria. Así mismo, su
carácter de forma verdadera de escritura
ahora perdida en el tiempo- puede deducirse
de numerosos testimonios que se encuentran en
documentos y obras literarias, como es el caso de
las primeras recopilaciones hechas por los
cronistas en donde se refiere explícitamente que
trabajaron ayudados por quipucamayoqs, es
decir, los en cargados de guardar e interpretar
los quipus; o bien como ocurre con el drama Ollantay,
en donde en varias ocasiones se hace mención a
personajes de la obra que los "leen" e
interpretan. El valor cultural y religioso de los
quipus debió haber sido entendido en toda su
dimensión por los extirpadores de idolatrías de
los incas en tanto formas privilegiadas para
guardar la memoria colectiva, la historia y los
dioses antiguos. Tanto es así, que en 1583 un
concilio en Lima ordenó su destrucción,
consolidando de esta manera la persecución a la
que fueron implacablemente sometidos, así como
sus intérpretes .
Sin embargo, a
pesar de los esfuerzos de la investigación
especializada y ante la inexistencia de un
método que sirva para interpretarlos de manera
inequívoca, ya que esta tradición se perdió
por el afán doctrinario de los conquistadores,
lo que hoy representa como tal el legado
literario del pueblo inca al igual que
entre mayas y aztecas- se halla contenido en los
manuscritos que en lengua quechua fueron
recogidos en el siglo XVI utilizando la fonética
del español. Para estas aproximaciones a la
lírica inca se ha tomado como base la selección
y traducción de Jesús Lara en la obra referida
y la antología de Edmundo Bendezú A. sobre
literatura quechua (6)
Aspectos
generales de la poesía inca
La poesía inca
es una de las más ricas en matices y
particularidades de las expresiones literarias
precolombinas, conforme ha sido señalado por
varios especialistas(7). Esta riqueza no se relaciona,
sin embargo, por el número de creaciones
verbales (es evidente, por ejemplo, que la
poesía náhuatl prehispánica tiene un número
mayor de 2.000 poemas, conforme lo ha demostrado
Garibay) (8) , sino por la
multiplicidad de manifestaciones líricas en una
cantidad relativamente reducida de poemas.
Confrontando los estudios de Carlos Vilanes e
Isabel Córdoba (9), Jesús Lara y José María
Arguedas (10) , se puede colegir que
las formas líricas principales entre los incas
fueron las siguientes:
El jailli,
es el himno ceremonial por excelencia que
describe tres hechos fundamentales del hombre
andino: la religión, el devenir histórico y la
invocación a la naturaleza. Se construían en
forma de versos dialogados, que eran entonados
por grandes coros divididos en grupos de hombres
y mujeres. Aunque la mayoría de los existentes
están dedicados a la invocación de las deidades
titulares, en especial a Viracocha, el dios
principal, existían los que cantaban las
hazañas de los héroes, conocidos con el nombre
de aity jailli. Los jailli
agrícolas cantaban a las siembras, al
crecimiento de las sementeras, a la maduración
de los frutos y a la cosecha. Por su índole
sagrada, cumplían una función fundamental para
la cohesión social, el mantenimiento del
equilibrio cosmogónico y la ritualidad
religiosa, aspectos estos que ilustran la íntima
fusión entre el hombre, la naturaleza y las
deidades tutelares incas.
El wawaki
es un poema erótico propiciatorio del amor y de
la maduración de los frutos. Era entonado por
jóvenes cuando cuidaban los frutos a punto de
ser cosechados para protegerlos de los animales
dañinos, en forma dialogada y con un estribillo
detrás de cada verso. Es una canción galante
que expresa el juego de los enamorados, para ser
cantado en las festividades dedicadas a la Luna o
durante la época en que debían cuidarse las
sementeras.
En el
mundo de incas la voz individual se fundía
en la anonimidad de la comunidad y por ello
las manifestaciones poéticas se acoplaban a
las musicales, tomando en muchos casos su
nombre. El "arte verbal" de los
incas expresa las posibilidades múltiples de
la palabra y no está ceñida a los rigores
de la letra, si por esta entendemos la
grafía escrita...
Los wakaylli
eran cantos laudatorios a las divinidades
tutelares que podían ser los dioses regionales o
los de los ayllus, núcleo social básico
de la sociedad inca. Fueron prohibidos por los
españoles por su contenido religioso.
El waylli
era un himno lírico destinado a rendir culto al
emperador en ceremonias especiales.
El wanka
era el canto destinado a lamentar la
desaparición de los seres queridos o de los
personajes ilustres, que muchas veces tomaba la
forma épica por razón de su naturaleza, cuando
se trataba de héroes históricos, como en el
caso paradigmático y conocido de la elegía
compuesta para la muerte del Inca Atawuallpa. (11)
El taki
era un poema-canción de tono confidente,
picaresco y muy dulce. Se ejecutaba acompañado
de música, para ser bailado. Constituía el de
mayor amplitud temática y se derivaba del verbo takiy,
cantar, porque podía expresar cualquier actitud
del espíritu. (12)
El aya taki
es una variante del taki, que servía para
cantarse en las ceremonias fúnebres.
El aranway
y la kashwa, de tono festivo, popular y
aptos para el canto y la danza, tienen también
un rasgo humorístico y didáctico, como el de la
fábula.
El jarawi
o urpi es el poema lírico de amor, la
endecha en la que generalmente se canta a un amor
no correspondido. Tiene una variante, el jaray
arawi, que se refiere a las canciones de
ausencia y despedida.
Todas estas
formas poéticas parecen haberse condensado, a
partir del siglo XIX, en los famosos y populares yaraví
tan característicos en la poesía y la música
quechua moderna, como prolongación inicial de
los jarawi.
Estas
reflexiones versan principalmente sobre los
poemas líricos incas referentes a la
religiosidad y al amor, ya que en ellos hemos
encontrado aspectos muy interesantes para
destacar y analizar, para relacionarlos con
elementos definidores de la identidad cultural
que sobreviven en la comunidad quechua
contemporánea, a pesar de la labor devastadora
de varios siglos de dominación y aculturación.
El carácter precolombino de ellos ha sido
estudiado por Jesús Lara, señalando cómo,
gracias a la labor del investigador inglés
Clements R. Markham fueron descubiertas en la
biblioteca Nacional de Madrid, a finales del
siglo XIX, dos obras claves para la comprensión
de la cultura inca y en especial de su legado
artístico: la Relación de antigüedades de
este Reyno del Perú, del indio Juan
Santacruz Pachacuti Yanqui Salkamaywa y la
Relación de las fábulas y ritos de los Incas en
el tiempo de su infidelidad, del religioso
mestizo Cristóbal Molina. (13)
Poesía
lírica: Viracocha y el amor
El universalismo
de la poesía lírica de los incas se deriva de
la intensidad en la expresión del sentimiento,
la hondura filosófica de sus postulados, la
revelación plena del ser en el amor y esa
especie de secreta magia que se manifiesta en sus
creaciones verbales. La poesía no era un
atributo exclusivode una casta social, como en
las sociedades verticales (aunque la inca lo
fuera desde la perspectiva de lo social,
político y religioso), pues los hacedores de
versos o aravikus, así como los amautas
o filósofos, provenían de todas las castas
sociales, de modo tal que los jatunruna
(vasallos) también componían poemas (14) . Este hecho puede
observarse en una buena parte de la lírica inca
antigua y de la quechua de la era colonial y
moderna, en donde se percibe la raigambre popular
desde el punto de vista de lo temático, sin que
por ello pierda su expresividad poética,
confiriéndole por el contrario un tono muy
propio mediante el cual se revela el alma
colectiva: la profundidad del sentimiento
religioso, la exaltación de los dones de los
dioses, la veneración de las fuerzas de la
naturaleza, la vacuidad del ser, la proclividad a
la tristeza mezclada con la ironía, el humor y
la ternura, el uso de diminutivos, la nostalgia,
la incomprensión, la melancolía, la soledad,
aspectos estos que son característicos de la
poesía quechua en su conjunto.
¿Cómo
podría seguirse afirmando, entonces, que la
lírica quechua del Incario es sólo una
canción doliente, triste, melancólica, que
revela únicamente la aflicción y la
desolación?
La poesía
lírica se hacía para ser cantada, porque a
través de la música se podía revelar
melódicamente el sentimiento colectivo en la voz
anónima del poeta, de tal modo que existía
y sigue existiendo- una relación íntima
entre el sonido armónico y la palabra, para
expresar la íntima relación del ser con los
dioses, la melancolía y la tristeza, el amor,
así como también el humor y la ironía. En el
mundo de incas la voz individual se fundía en la
anonimidad de la comunidad y por ello las
manifestaciones poéticas se acoplaban a las
musicales, tomando en muchos casos su nombre. El
"arte verbal" de los incas expresa las
posibilidades múltiples de la palabra y no está
ceñida a los rigores de la letra, si por esta
entendemos la grafía escrita; la palabra
poética nace de la relación del ser con el
entorno, con el esplendor o la oscuridad de sus
sueños, de tal forma que para invocar a los
dioses o para susurrar el amor, para cantar a la
naturaleza o celebrar a los héroes, brota el
sentimiento con la explosión vivificante de la
palabra, esa que se fija y "congela"
luego en la letra escrita.
En todos los
estudios sobre la literatura quechua que
conocemos se destaca la musicalidad, el ritmo y
el encanto de las creaciones verbales de los
antiguos pobladores del Perú y la plasticidad de
su lengua, llamada runasimi, "lengua
general" o lengua del común. (15)
Cantar es
componer cantos, dotar a la palabra de música,
facilitar que los sentimientos de la colectividad
se eleven a lo más alto para congraciar a los
dioses, implorar sus favores, rendirles el culto
que merecen, como hacedores de todo lo existente.
Es también la armoniosa melodía de los seres
unidos o distanciados por el amor que en la
tonada hacen vibrar la vida, estremecer la
muerte, convertir la noche en día, aproximar lo
imposible. En estas reflexiones podremos
demostrar cuán cerca está Viracocha del amor,
cómo es una misma sensibilidad la que transporta
al hombre a los dioses o lo aferra a la tierra.
Las traducciones ya mencionadas nos brindan, a
pesar de nuestro desconocimiento del quechua,
valores literarios significativos para así
enunciarlo.
Viracocha
Los poemas
religiosos, que giran esencialmente en torno a
Viracocha, el dios supremo del panteón inca,
ofrecen imágenes de exultante belleza para
expresar lo sagrado y condensar sus cosmogonías:
Viracocha es el gran hacedor de todo lo
existente, dios inmanente y omnipresente que
congrega a las demás deidades, fuente de la
vida, creador de los hombres. Los jaillis
sagrados le invocan para mantener la vida y
ahondar en los misterios profundos de la
existencia:
Oración
primera al hacedor
Causa del
ser, Viracocha,
Dios siempre
presente,
Juez que en
todo está,
Dios que
gobierna y provee,
Que crea con
sólo decir:
Sea hombre, sea mujer,
Que viva
libre y en paz
El ser que
pusiste
Y criaste.
¿Dónde
estás? ¿Afuera,
O adentro,
en la nube
O en la
sombra?
Oyeme,
contéstame
Haz que viva
muchos días,
Hasta la
edad en que deba
Encanecer.
Entonces,
levántame
Tómame en
tus brazos
Y si me
canso, auxíliame
Doquiera
estés, Padre Viracocha (16)
El hombre,
epígono de los dioses, sin embargo acude a ellos
para que le concedan la libertad, bien supremo
para la vida y la paz. No es la deidad terrible
que infunde miedo como en la tradición
judeocristiana- sino el creador de los hombres y
las mujeres, "causa del ser
dios que
gobierna y provee
Padre Viracocha", el
que habita en la sombra y en la nube, en el
afuera y el adentro: filosofía y palabra sagrada
para celebrar la trascendencia. Para el lector
profano y desconocedor de las cosmogonías
precolombinas que se construyeron con el
esplendor del verbo poético, este puede ser un
ejemplo rotundo de esa fusión entre la
religión, la poesía y la metafísica entre los
incas.
Lo que podemos
llamar el ciclo de poemas de Viracocha, que Lara
traduce con tanta belleza, enfatizan en estos
mismos atributos sagrados. El dios es,
"poderoso cimiento del mundo",
"señor de la fuente sagrada",
"gobierno del mundo" supremo bien del
hombre y del cosmos, pues, "
permaneces en el océano del cielo" y
"
también vives en los mares de la
tierra". Imágenes espléndidas de una
profundidad sin par que el hombre, sabiéndose
contingente y mortal, invoca para congraciarse
con esa deidad vital, visible, objetiva, que
mantiene el incesante movimiento del universo.
Palabra poética
que sacraliza la vida, verbo profano tocado por
la música misteriosa de lo sacro para que el
hombre se integre a la maravilla de todo lo
creado:
Tijsi
Viracocha
Dios, origen
del universo,
Creador de
todo,
Oro que arde
tan solo entre la noche
Del
corazón.
Que la
alegría de tus ojos
Venga en el
alba,
Que el calor
de tu aliento
Venga en el
viento.
Que tu mano
magnánima
Siempre se
extienda
Y que la
sempiterna voluntad
Sea la
última que florezca.
(Lara,
p. 160)
Como dador de la
vida, guarda el equilibrio de las fuerzas de la
naturaleza, permite el nacimiento del día, las
luces de la aurora, manda las lluvias para hacer
renacer la vida. En el poema "Runa
Kamaj", los animales del monte, las
aves, los lagos, las flores, los perfumes, la
tierra que habita y hace feliz al hombre, forman
un concierto de voces para invocarlo y
reconocerlo como supremo dios, pues el propio
dios Sol se postra a sus pies:
El rey de
las estrellas
Y padre
nuestro, el Sol,
Su cabellera
extiende
A los pies
de él.
Y el viento
junta
Las copas de
los árboles
Y sacude sus
ramas
Y las yergue
hacia el cielo.
Y en el
regazo de los árboles
Los
pajarillos cantan
Y rinden el
fervor de su homenaje
Al
regidor del mundo.
(Lara,
p. 160)
Viracocha
convoca la poesía, la intimidad del ser, habita
en los sentimientos cristalinos de la
colectividad para mantener el equilibrio entre el
hombre, la naturaleza y el cosmos.
El amor
La popularidad
que en la época republicana y en el mundo
contemporáneo lograron los yaraví como
paradigmas de la endecha amorosa, de la
melancolía y la nostalgia, simplificaron un poco
la noción de la poesía quechua como sinónimo
de la tristeza, el dolor y la soledad que puede
expresar el amor no correspondido. Para la
lírica inca más antigua, sin embargo, esta
especie de lugar común no funciona, ya que el
sentimiento amoroso traspasa los límites de la
endecha, extendiéndose a un universo de sentido
más amplio, enraizado en una visión de mundo en
la que el amor está asociado a la vida, la
naturaleza y la religión. Las formas poéticas
que se usaron, como el arawi, el
wawaki, el taki, que constituían las
principales manifestaciones de los poemas
cantados, y el aránway, el wanka,
que no requerían de la música, pero sobre todo
el jarawi formas remotas del
yaraví- a pesar de su sencillez y brevedad,
revelan una exquisita sensibilidad para el amor,
de un amor que es fuerza vital y se confunde con
los poderes mismos de la naturaleza.
La intensidad de
la pasión amorosa se relaciona más bien con el
enternecimiento hacia el otro, la delicadeza en
la palabra, la dulzura que podía acompañar el
canto. El tono de nostalgia, tan propio en la
música y la poesía de los pueblos amerindios de
los Andes, evidentemente tiene sus referentes
históricos y culturales en la lírica de los
incas, que con una extraordinaria sensibilidad
integraron la alegría y la tristeza, el gozo y
el dolor como manifestaciones no contradictorias
sino integradoras de amor humano. Por ello es
preciso ampliar nuestro espacio de recepción a
esta poesía para sentirla y estudiarla desde la
dimensión de lo ontológico y lo sensual,
eliminando la estrechez de los arquetipos
occidentales con los que generalmente apreciamos
la literatura.
Para fundamentar
estos enunciados, se transcribe en su integridad
uno de los jaray arawi más conocidos, "Canción
de ausencia", recogido por Felipe
Guamán Poma de Ayala en El primer Nueva
Corónica y Buen Gobierno. Poema de singular
belleza, es a la vez una endecha y un canto de
esperanza, de alegría y felicidad en medio de la
nostalgia:
Canción
de ausencia
¿La
desventura, reina,
Nos separa?
¿La
adversidad, infanta,
Nos aleja?
Si fueras
flor de chincherkoma,
Hermosa
mía,
En mi sien y
en el vaso de mi corazón
Te
llevaría.
Pero eres un
engaño, igual
Que el
espejo del agua.
Igual que el
espejo del agua, ante mis ojos
Te
desvaneces.
¿Te vas,
amada, sin que nuestro amor
Haya durado
un día?
He aquí que
nos separa
Tu madre
desleal
Para
siempre.
He aquí que
la enemistad de tu padre
Nos sume en
la desgracia.
Mas, mi
reina, tal vez nos encontremos pronto
Si dios,
gran amo, lo permite.
Acaso el
mismo dios tenga que unirnos
Después.
Cómo el
recuerdo
De tus ojos
reidores
Me embelesa.
Cómo el
recuerdo
De tus ojos
traviesos
Me enferma
de nostalgia.
Basta ya, mi
rey, basta ya.
¿Permitirás
Que mis
lágrimas lleguen a colmar
Tu corazón?
Derramando
la lluvia de tus lágrimas
Sobre las
kantutas
Y en cada
quebrada,
Te espero,
hermosa mía.
(Lara,
p. 163-164)
Es indiscutible
el lirismo de las imágenes con las que construye
esa sensación de desventura del enamorado, que
no renuncia a la felicidad del encuentro futuro,
aunque siente que la figura de su amada se
desvanece, "igual que el espejo del
agua". Que se fascina en la esplendidez
evocadora de "tus ojos reidores", de
"tus ojos traviesos" que lo llenan de
nostalgia, pero no de desolación. Y no hay
desolación porque resplandece la luz de la
esperanza, para que la tristeza no hunda al
enamorado en las tinieblas del abatimiento, pues
elabora no un duelo sino una expectativa, no una
pérdida sino un reencuentro "en cada
quebrada", tal vez para que el agua que
corre y salta, con su fuerza vivificante, sea el
emblema que borre ese "espejo del agua"
engañoso y fugaz que puede romper el simple
agitar del viento.
Y qué no decir
de los arawis que celebran abiertamente el
amor, que designan a la mujer con magníficas
imágenes y metáforas de la más alta
sensibilidad, revelando la placidez de la
pasión, la alegría que une a los seres y los
funde con la naturaleza: la mujer que es manjar,
sonrisa, corazón:
Morena mía,
Morena,
Tierno
manjar, sonrisa
Del agua,
Tú corazón
no sabe
De penas
Y no saben
de lágrimas
Tu ojos.
La amada
sintetiza el resplandor del mundo, provoca una
cascada de imágenes refulgentes, profundamente
humanas, telúricas, de un lirismo casi místico
en el que el amor es una pasión inagotable, de
modo tal que todo objeto que se aproxime o roce
levemente al otro genera admiración, ya que es
una prolongación de los sentidos del enamorado:
Porque eres
la mujer más bella,
Porque eres
reina mía,
Porque eres
mi princesa,
Dejo que el
agua del amor
Me arrastre
en su corriente,
Dejo que la
tormenta
De la
pasión me empuje
Allí donde
he de ver la manta
Que ciñe
tus hombros
Y la saya
resuelta
Que a tus
muslos se abraza.
Cuando es de
día, ya no puede
Llegar la
noche;
De noche, el
sueño me abandona,
Y la
aurora no llega.
(Lara,
p. 164-165)
A través de los
taki, igualmente, con ese tono burlón tan
característico, la emoción amorosa puede
reflejar la paradoja de la pasión, el corazón
afligido que secretamente mantiene la esperanza
del cariño exaltando las virtudes del otro y
congraciándose con los defectos propios, en un
delicioso juego de oposiciones, de una ternura
admirable. Como se trata de un poema que congrega
una multiplicidad de significados y
particularidades líricas de la literatura inca,
de tal forma que cualquier aproximación no será
del todo completa para descifrar su
extraordinario encanto y sencillez, preferimos
hacer su transcripción completa:
Canción
Hermosa flor
eres tú,
Punzante
espina soy yo.
Tú eres
ventura hecha vida
Pensar que
cunde soy yo.
Tú eres
virginal paloma,
Odiosa mosca
soy yo.
Luna de
nieve eres tú,
Noche de
pena soy yo.
Tú eres el
árbol frutecido,
Carcomido
tronco yo.
Tú eres mi
sol, mi sol eres,
Noche de
pesar soy yo.
Tú eres
vida de mi vida,
Eres amor de
amor.
Alfombra a
tus pies tendida
Seré
eternamente yo.
Blando
helecho que despliega
Su traje de
verde nuevo;
Vestida de
blanco, eres
La estrella
de mi mañana.
Blanca nube,
la más leve,
Clara fuente
de agua pura,
Tu serás mi
dulce engaño,
Yo seré
tu oscura sombra.
(Lara,
p. 171)
En todas estas
estrofas se trasluce la bondad del hombre que
ama, el sentido paradójico y contradictorio de
la oposición, la abundancia de recursos
metafóricos, pero también la alegría burlesca
que le canta al amor en ese remate formidable,
que hace de la pasión una deliciosa huella
compartida: "Tu serás mi dulce engaño/
yo seré tu oscura sombra"
Después de
estas evidencias, y dentro del margen despejado
de una visión del mundo no signada por el dolor
y abatimiento que, con beneficio de inventario ha
querido instaurar de manera esquemática el
discurso oficial, ¿Cómo podría seguirse
afirmando, entonces, que la lírica quechua del
Incario es sólo una canción doliente, triste,
melancólica, que revela únicamente la
aflicción y la desolación? ¿Cómo no
escudriñar en la mirada taciturna de los indios
de hoy la pervivencia de una actitud burlona que
expresa hondos sentimientos existenciales para
que la tristeza pueda ser también una dulce
alegría cuando la alimenta el verdadero amor?
Viracocha,
síntesis máxima de las fuerzas cosmogónicas,
ilumina el destino del hombre finito hasta los
confines del universo infinito. El amor,
sentimiento supremo de los seres ante la vacuidad
de la existencia, canción de la voz humana que
descubre su intimidad en la alegría y tristeza
del otro, para congraciarse también con los
dioses y la naturaleza. Viracocha y el amor, el
legado precioso de los incas, inagotable poesía
de los espacios sagrados para que el hombre tenga
una dimensión universal, para que Pachamama,
la madre tierra, le albergue todas las esperanzas
de un mundo mejor.
NOTAS
(1) HOCKETT,
Charles F. Curso de lingüística moderna,
Trad. De Emma Gregores y Jorge Alberto Suárez,
Buenos Aires, 1971. Citado por Edmundo Bendezú
A. Literatura quechua. Biblioteca
Ayacucho, Caracas, 1980.
(2) LARA,
Jesús. Poesía quechua. Fondo de Cultura
Económica, México, 1979.
(3) HERRERA,
Antonio. Historia General de los hechos de los
Castellanos en las islas y tierra firme de el Mar
Océano, Madrid, 1730. Citado por LARA,
Jesús, Op. cit.
(4) GUAMAN POMA
DE AYALA, Felipe. El Primer Nueva Corónica y
Buen Gobierno, La Paz, 1944. Idem.
(5) MORUA,
Martín de. Historia del origen y genealogía
real de los reyes incas del Perú, de sus hechos,
costumbres, trajes y manera de gobierno, S/d.
Idem.
(6) BENDEZU,
Edmundo. Op. cit.. Esta es una antología
muy interesante y completa para el investigador
literario, pues ofrece diferentes versiones de la
poesía quechua de sus más reconocidos
especialistas.
(7) Ver LARA,
Jesús. Op. cit.; BENDEZU, Edmundo. Op.
cit.; ARGUEDAS, José María. Poesía
quechua, Editorial Universitaria, Buenos
Aires, 1965. VIDAL M., Leopoldo. Poesía de
los incas, Lima, 1947.
(8) GARIBAY,
Angel María. Historia de la literatura
náhuatl, Porrúa, México, 1992.
(9) VILANES,
Carlos y CORDOBA, Isabel. Literaturas de la
América Precolombina, Itsmo, Colección
Fundamentos, Madrid, 1990.
(10) ARGUEDAS,
José María. Op. cit.
(11) Ver CASTRO,
Oscar, Textos indígenas sobre la conquista,
en Lingüística y literatura,
Departamento de Lingüística y literatura,
Universidad de Antioquia, Año 13, No. 22, 1992,
p. 63-90. LARA, Jesús, Op. cit., WACHTEL,
Natan. Los vencidos. Los indios del Perú
frente a la conquista española (1530-1570),
Alianza Universidad,, Madrid, 1976. La índole de
este poema como elegía de los vencidos, se halla
también relacionada en nuestro trabajo Literatura
precolombina: la visión de los vencidos, en
C.V.S., La escala invertida. Ensayos sobre
literatura y modernidad, Fondo Mixto de
Cultura del Tolima, 1996.
(12) LARA,
Jesús. Op. cit., p. 84.
(13) Ibid.
p. 61.
(14) Ibid.
, p. 26.
(15) Ver
VALENCIA SOLANILLA, César. Relatos míticos
incas: visión de mundo y educación, Revista
de Ciencias Humanas U.T.P., Año 6, No. 22,
noviembre de 1999, p. 37-46.
(16) LARA,
Jesús. Op. cit., p. 158. Selección de
poemas quechua de la época precolombina. Las
demás referencias a la selección de este autor
remitirán a la página correspondiente.
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