Las huellas del sentido y sus efectos en los estudios culturales acerca de lo urbano

El caso de la Avenida Circunvalar. Transformaciones en sus usos.

Alberto Antonio Verón Ospina

En la presente descripción de los usos y transformaciones sobre el escenario de la Avenida Circunvalarnos proponemos aportar elementos a la constitución y especulación acerca de la noción de huella de sentido la cual consideramos puede ayudar y estimular a los estudios locales acerca del tema. El trabajo inicial del cual se desprende este es una tesis de maestría presentada por el autor del artículo a la Maestría en Comunicación educativa de la Universidad Tecnológica de Pereira.

 

La huella de sentido

La huella es la señal que deja una extremidad humana o animal en el lugar por donde pasa, también, aquello capaz de permanecer de un cuerpo, en otro ser o en un objeto. El sentido por su parte es el órgano que recibe y trasmite las expresiones exteriores, la facultad que favorece una comprensión, valoración disfrute, experimentación y preocupación por las cosas. Como transeúntes y habitantes de la ciudad dejamos huellas en los otros y en la urbe misma lo cual se logra gracias a nuestros desplazamientos, a lo que expresamos y experimentamos. Por los sentidos la ciudad y quienes la habitan trasmiten a los sujetos que la viven y transitan una variedad de sensaciones que se traducen en juicios, expresiones afectivas, acercamientos culturales al entorno que nos rodea. En este orden de ideas la ciudad nos importa como huella de sentido en cuanto tiene unos significados comunes que nos acercan y nos llevan a experimentar la sensación de que se vive un espacio común y no solo unas reglas, miedos, obligaciones o incertidumbres; se trata de una aventura vital en la que cada uno es protagonista y en la que todos necesitamos un tanto de todos. Para alguien que sólo llega a tener con la ciudad una relación de paso, lo que llamamos lugar o sitio está desposeído de una huella de sentido profundo en la medida que no ha constituido con este unos lazos o una memoria de intereses.

La huella de sentido puede operar en cualquier espacio urbano sobre el que sus habitantes tejen una red de relaciones desvinculadas de lo estrictamente funcional. En los estudios culturales de fin de siglo el consumo, la exhibición y, el paseo, producidos en un lugar determinado favorecen que la huella de sentido crezca. Tanto en literatura como en estudios de ciudad se ha develado la manera en que el uso frecuente de un lugar lo va llenando con una semántica que lo conduce a convertirse en una enunciación de amplio valor significativo. Miremos dos ejemplos de un par de sectores urbanos de Cali y Nuevayork donde se manifiesta la huella de sentido por medio de la evocación:

"para las mujeres, su barrio es el macro universo que ellas rara vez dejan. Hacedoras y testigos privilegiados - como ningún otro en el barrio - de la construcción y adelanto del lugar, las mujeres saben todo de él: como surgió la primera casa echa de material, quien la construyó. Conocen la historia de cada una de las calles, aun de aquellas que quedan al otro extremo de la vivienda". (1) 

 

Pero si este es el caso de una calle popular de Cali en el Barrio El Diamante, el espacio de la ciudad americana nos plantea los colores de la calle, el nutrido y abigarrado concierto de actividades humanas que se encuentran tocadas por el hálito de una cotidianidad intensa:

"El trozo de la calle Hudson donde vivo es cada día el escenario de un intrincado ballet en la acera... Observo los otros rituales mañaneros: el selor Halpert que abre el dado del carrito de la lavandería atado a la puerta del sótano. El yerno de Joe Cornacchia que apila las cajas vacías de las delicatessen, el barbero que saca su silla plegable a la acera, el señor Goldstein que dispone los rollos de alambre que indican que la ferretería está abierta"(2) 

 

Lo histórico como huella de sentido

Pensar en la identidad de una ciudad como Pereira resulta de sumo complejo cuando el concepto mismo de identidad(3)  ha sido impugnado desde distintos campos del saber. La ciudad a finales del siglo XX se encuentra fragmentada, dividida en sectores que experimentan cada uno sus propias dinámicas. En cada uno de estos territorios las influencias que se viven no son apenas las de lo local sino que se aviva también la presencia de lo internacional. En un mismo anden y provenientes de locales comerciales, apartamentos, discotecas, interiores de automóviles nos enfrentamos con música proveniente de distintas partes del mundo, maneras de vestirse e información múltiples pero que comparten el mismo escenario urbano.

La ciudad de Pereira hasta los años cincuenta se encontraba reducida a lo que hoy es el centro, mientras el resto eran zonas semi- rurales. La Avenida de la Circunvalar compartía la característica de ser una zona campestre, cuyo eje de referencia eran los parques ubicados sobre vías centrales de las carreras séptima y octava. Sobre este eje se levantaron las actividades comerciales de aquella aldea de principios de siglo; fruto de ese tráfico económico surgieron los apellidos y las familias que hasta finales del siglo XX han tenido incidencia en la hegemonía social de la ciudad. Esta naciente burguesía de origen agrario tuvo una serie de intereses que de lo campesino pasaron lentamente a lo urbano. Como lo presenta Hernan Vasquez Rocha,(4) Pereira fue una de las diez ciudades que más crecieron en el país entre 1938 y 1951, justo en el tiempo en que aparece el sector de la Avenida de la Circunvalar. Fue esta la representación de aquel proceso de urbanización creciente a que se veía abocado el país y que Vasquez Rocha lo analiza así:

"...se crea una fuente migratoria rural urbana debido a la descomposición de la estructura social rural. La lucha partidista política por el poder fomentada por el bipartidismo vertical de la composición capitalista heterogénea, la presión económica de la desocupación rural hacia las propiedades y la consiguiente lucha entre propietarios y campesinos, y el impacto del advenimiento de la economía capitalista moderna quebrantan el equilibrio social de la sociedad rural llevándola a su descomposición.(5) 

 

Entre las obras emprendidas para la conquista de la modernización a una escala local se contó con la Avenida Circunvalar. Sus límites pasaban cerca de la quebrada de Egoyá y debido en parte a su canalización se logró un paso en la conquista para la urbe de las fincas heredadas desde los años de la fundación; tierras sobre las que se proyectaría la zona de barrios aledaños al eje de la avenida Circunvalar.

Las primeras construcciones se destinaron a las viviendas y la educación, y estuvieron caracterizadas por la preocupación en el diseño de interiores, los antejardines y los andenes que operaban como amplios espacios de transición entre la Avenida y las construcciones.

"Cuando yo estaba muy pequeña existían muy pocas casas: las casas de la familia Jaramillo que eran de dos cuadras, la casa de Bernardo Mesa, la casa de Jaime Villegas y la casa que hoy en día es de uno de los señores giraldo en la esquina donde está Conavi. De resto no había casas, se trataba de lotes. Inclusive no estaba pavimentada la Avenida de la Circunvalar.(P) En esa época la Avenida de la circunvalar era en las afueras de la ciudad, mientras hoy vivimos en uno de los centros de la ciudad."(6) 

 

Entre los aspectos que posibilitaron el carácter atractivo de las viviendas se contó con la independencia de unas casas respecto a otras, lo fresco del clima y su localización topográfica en la parte más alta de la ciudad donde se tenían fuentes de agua y de energía inmediatas, así como las vías que se prestaban para generar una buena ambientación urbana debido a la provisión de árboles y de senderos peatonales.

En su orden, los sectores de mayor antigüedad fueron: la zona vecina a la Iglesia de SanJosé (1938), el barrio Popular Modelo (1945), Los Alpes en 1946, El barrio Los Rosales en 1953. El primer edificio horizontal inaugurado fue el del edificio Invico en 1973, posteriormente los apartamentos de "La Riviera" en 1978, mientras que cuando se llega a los años ochenta la tendencia a la construcción de torres de apartamentos crece de manera progresiva influyendo para que esta zona de viviendas pase por un nuevo proceso de usos comerciales.

Sobre la Avenida de la Circunvalar actual se encuentra lo que Gilma Mosquera(7)  clasifica con el nombre de

"El sector terciario, que abarca las redes de distribución, de la producción a los consumidores. Incluye la totalidad del comercio, la distribución y gestión de servicios de interés colectivo, como son los servicios públicos, el sector de las finanzas, el transporte y otras ramas. Se concentra el terciario en la ciudad y genera numerosas clases, segmentos y fracciones de clase, generalmente las llamadas clases medias"

 

En esta transformación importa señalar el papel que tuvo la industria de la construcción e igualmente la aparición de nuevos capitales, algunos provenientes del tráfico de estupefacientes y que afectaron no sólo a gran escala la economía del país sino a distintos sectores de la sociedad colombiana.

La Avenida de la Circunvalar y los barrios cercanos a esta se vieron bajo la mira de la nueva situación. Las amplias casas de estilo californiano serían reemplazadas por edificios de varios pisos ; las extensiones de tierras baldías entre el barrio de los Alamos y los Alpes se hicieron unidades residenciales cerradas para estratos altos. La ciudad de Pereira estuvo dispuesta a la recepción de los grupos humanos y los modelos de vida que llegaban. El sector de la construcción vivió en los años ochenta y la primera mitad de los años noventa una intensa activación. Los tradicionales habitantes de la Avenida de la Circunvalar percibieron como la calma y cierto aislamiento que por años lograron preservar terminaron alterados por una ola de comercio y de construcción de la que ellos mismos se vieron afectados. El ideario de la nueva cultura era el de la ostentación, el rápido enriquecimiento y el culto al poder. En torno a la presencia visible del narcotráfico en la ciudad contemporánea colombiana, Rogelio Salmona(8)  plantea:

"Se ha insistido en que la preeminencia durante años de una economía del narcotráfico influyó en la degradación de la arquitectura como arte. Lo que ha hecho el narcotráfico es acentuar un viejo fenómeno. El capital no ha creado espacios públicos, escuelas, lugares de esparcimiento.El estado por su parte lo ha echo en muy malas condiciones, muy lentamente. El narcotráfico en un acto desesperado por blanquear su dinero, empezó a financiar grandes construcciones, sin tener en cuenta la ciudad y abocándola más que a un enrriquecimiento de su naturaleza vital, a la fatalidad de un vacío."

 

Los efectos culturales de la existencia urbana se introducen y transforman a la ciudad de Pereira en cuanto nuevas huellas de sentido; esta, a pesar de su cercanía con el orden de lo rural, reproduce las experiencias de la vida urbana moderna.

Entre los más jóvenes este modelo de vida tuvo rápido éxito y marcó en general a toda la sociedad pereirana y colombiana. A ojos de José Antonio Malaver los tipos de personas que aparecen del seno de esta cultura del consumo y el tráfico de drogas resultan

"igualmente desadaptadas y desarraigadas, sin lugar definido y que se toman el espacio urbano con la exclusión activa del otro diferente. Para este tipo de personas no hay lugar para el otro diferente y por esta razón procede a eliminarlo. En este producto humano se da de manera nítida lo que hemos señalado como el odio y el rechazo al otro diferente como una proyección del odio a si mismo."(9) 

 

El fragmento de un testimonio puede introducirnos al cambio radical que experimento la otrora apacible y burguesa Avenida de la Circunvalar :

"Una vez estábamos tomando cerveza con varios amigos y amigas. Llegaron tres sicarios y mataron a uno de los que estaban hablando con nosotros y a una persona que estaba enseguida. Un amigo nuestro tenía allí el carro, llevamos a Ronald y lo montamos junto a otro herido, pero Ronald murió mientras lo llevábamos. (P) Al que verdaderamente iban a matar era a un traqueto con muchos problemas. Pero fuera de él mataron a gente que nada tenía que ver con estos problemas.

 

A muchos conocidos míos los han matado por ahí por problemas con el narcotráfico, por ejemplo haber salido con la novia de un traqueto. Recuerdo la historia de un amigo que le pasó una peor: el tenía una novia y esta empezó a salir con un traqueto, pero ella quería mucho al amigo mío y el traqueto para que él la dejara lo mandó a matar a todo el frente de el buho. La ironía es que la misma novia del otro está viviendo con el que lo mandó a matar en los Estados Unidos."(10) 

 

El otro aspecto que transformó la vida de la Avenida Circunvalar fue el proceso de renovación urbana que socavó gran parte de la vida que por décadas se hizo alrededor del edificio del mercado municipal. Inseguridad, prostitución, drogadicción, marginación social florecieron en esas calles de la ciudad sirviendo de frontera imaginaria en la que decenas de marginados hallaron un circuito dentro del cual establecerse. Con la destrucción de este hábitat en los sectores aledaños empezaron las avanzadas del ejercito de mendigos, drogadictos y delincuentes. Hacia la Avenida de la Circunvalar, vecina de este sector, se dirigió la peregrinación de las ya habituales a nuestros ojos figuras de la miseria y la marginación del tercer mundo. La que fuera por años una zona no sometida a la visión de la miseria terminó conviviendo con ella. En uno de los apartes de testimonios recogidos para la presente investigación se anota al respecto:

"...es bastante aburrida la transformación que ha tenido la Avenida de la Circunvalar. Como queda tan cerca a la galería aparecen muchos indigentes. Resulta super molesto que donde para uno caen dos o tres a pedir limosna. Ellos creen que uno tiene la obligación de darles plata para comer o para el vicio. Es más que todo por vicio esa gente que anda por ahí...el bazuco es un problema social muy duro en la Avenida de la circunvalar a nivel de los indigentes puesto que a nivel de la gente adulta se dan más que todo otros vicios como el alcohol y la marihuana" (11) 

 

Consumo y exhibición en la avenida Circunvalar

Los efectos culturales de la existencia urbana se introducen y transforman a la ciudad de Pereira en cuanto nuevas huellas de sentido; esta, a pesar de su cercanía con el orden de lo rural, reproduce las experiencias de la vida urbana moderna. La llamada Industria Cultural se encarga de divulgar, imponer, sugerir, estimular estos modelos de vida, los cuales son asumidos y usados por los diversos grupos humanos que habitan una urbe. Nos encontramos con una situación característica de la comunicación que se produce en la ciudad, por la cual los habitantes de esta recepcionan(12)  un repertorio de mensajes y los involucran en el espacio urbano que viven. Esta recepción cambia la imagen física de la ciudad, pero también la visión cultural de quienes la habitan. Los jóvenes tanto como aquellos que buscan demorar al máximo una imagen de juventud(13)  despliegan una serie de signos que la industrial cultural les proporciona, dándoles la ilusión de que allí la modernidad es posible; que la pobreza, y todos los traumas del llamado "tercer mundo" se disuelven bajo los efectos de la diversión, la armonía urbanística del entorno, la publicidad o la moda. Los jóvenes son un grupo que desde sus tiempos para el ocio le otorgan a esta zona de la ciudad un uso lúdico que deja nuevas huellas. Como bien lo señala uno de nuestros registros

"La Circunvalar siempre ha jugado el papel de punto de encuentro debido a que se trata de una calle más amplia, con andenes también más amplios y que posee una mayor arborización. La circunvalar invita a montar en patines, a salir en Bicicleta." (14) 

Pero también las personas de mayor edad ofrecen a este trabajo la noción de una memoria que nos permite construir una Avenida Circunvalar residencial, desde la cual es posible registrar y pensar las profundas transformaciones que viven nuestras ciudades Latinoamericanas.

"Cuando yo estaba muy pequeña existían muy pocas casas: las casas de la familia Jaramillo que eran de dos cuadras; la casa de Bernardo Mesa, la casa de Jaime Villegas y la casa que hoy en día es de uno de los señores Giraldo... En esa época la Avenida de la Circunvalar eran las afueras de la ciudad..."(15) 

 

En una sociedad que experimenta una gran precariedad en su espacio público la Avenida de la Circunvalar aparece como uno de los pocos lugares de la ciudad que cuenta con un ambiente de equilibrio urbano que invita a pasear, a caminar, a detenerse y mirar los alrededores, a encontrarse con la gente y hacer vida social. Frente a la pobreza del espacio público en las ciudades Colombianas es bueno recordar la crítica que hacen quienes piensan esta espacialidad:

"La incongruencia morfológica de la mayoría de las ciudades colombianas, su eclecticismo tipológico, la desolación de su patrimonio edificado y sobre todo la pobreza de su espacio público, así como la insuficiencia y precariedad espaciales que caracterizan el interior de la vivienda y el entorno de la gran mayoría de los barrios, sectores y comunes de los habitantes más pobres de esas urbes, constituyen el resultado más evidente, y genuino, de la preeminencia de la visión meramente economicista sobre el desarrollo urbano que las creó"(16) 

 

La Avenida fue en sus inicios un agradable corredor residencial y hoy comercial que conserva todavía unas cualidades difíciles de hallar en buena parte de la ciudad. Al respecto, lo que podría considerarse un "deber ser" o un modelo urbanístico a tener en cuenta se encuentra todavía en esta zona:

"La ciudad debe ser construida morfológicamente para garantizar en los recorridos la contemplación de sus paisajes y de su edificación; para permitir la identificación de su patrimonio arquitectónico y de sus monumentos; para prohijar y potenciar el encuentro y el discernimiento colectivo, para que el transporte, más allá de cumplir su itinerario funcional, le entregue al ciudadano una posibilidad de contemplación de la estética y del medio ambiente de su ciudad para que lo introyecte como parte de su cotidianidad y le permita hacer una inspección diaria de su calidad"(17) 

 

El papel de la Avenida Circunvalar como espacio para la exhibición de las transformaciones en lo cultural se encuentra influído por el prestigio social que en un tiempo tuvo la zona y posteriormente por el cambio en usos experimentado por esta, lo cual ha marcado a los habitantes del sector, a sus usuarios y los habitantes de la ciudad en general quienes entran a participar de los efectos que la globalización produce en el orden mundial.

Ciudad y representaciones imaginarias

¿Pero que qué representa la Avenida de la Circunvalar en cuanto huella de sentido en el Imaginario de quienes la frecuentan?; ¿existen una serie de ritos o prácticas simbólicas gracias a los cuales podamos identificar como discurre la vida en la Avenida de la Circunvalar?; ¿como se experimenta el paso de un uso residencial de la zona a otro comercial?; ¿existe un cambió de los usos que en el día se le dan a esta zona de aquello que acaecen en la noche?. Para las gentes, en especial los jóvenes, la Avenida de la circunvalar es un escenario de "roce", entendida esta palabra bajo las figuras de la "comunicación" y el encuentro. Un espacio agradable en que las personas pueden exhibirse a ellas mismas, a sus conquistas, sus autos, su moda, o simplemente dejarse ver para ser reconocidos y acercarse a otros. A la segunda pregunta podemos conquistar que el rito dominante en la Avenida de la Circunvalar es "El paseo". En su sentido elemental los jóvenes hablan de "la vuelta de la circunvalar"; en este ritual de la vuelta se generan toda usa serie de prácticas como la repetición del paseo con cierta frecuencia, la necesidad de ver y ser visto por otros. Los paseantes más asiduos de la Avenida Circunvalar exhiben su presencia, tienen ciertos lugares obligados para aminorar la marcha y detenerse; acción esta que los diferencia de quienes no tienen la práctica de la vuelta y el roce. La tercera pregunta se responde señalando que el paso del uso residencial al comercial nace con el desmantelamiento de la mayoría de las residencias familiares de la Avenida. Las casas se convirtieron en locales de comercio y de finanzas en cuyas fachadas o en los andenes se exhiben huellas de su nuevo uso: avisos en neón, vallas publicitarias o avisos pegados en las paredes. Desde el hotel Meliá hasta el parque de la Rebeca las otras residencias de la Avenida de la Circunvalar exhiben los rasgos de una existencia comercial agitada, que se matiza con el ruido, el movimiento de transporte público, de empleados, de ejecutivos, de sitios de comida rápida. La cuarta pregunta trata acerca de el cambio en los usos de la Avenida durante las horas del día y en las horas de la noche. En el día bulle en el sector un movimiento de labores comerciales: bancos y oficinas financieras abiertas, ejecutivos que se mueven de un lado a otro, pero a medida que cae la tarde y se acerca la noche, especialmente los fines de semana un nuevo ritmo se apropia del sector: la música en las tabernas y los lugares de comida, la gente que se mueve a un paso más sosegado, los automóviles repletos de gente y que detienen la marcha en lugares como el Parque del Prometeo o "Monos".

Los jóvenes son un grupo que desde sus tiempos para el ocio le otorgan a esta zona de la ciudad un uso lúdico que deja nuevas huellas.

 

El ritual

Existe cierto ritual de quien visita la Avenida. En la voz de los que fueron adolescentes a mediados de la década de los setenta el ritual se manifestaba así :

"El viernes y el sábado uno se comprometía con la Avenida de la Circunvalar. Las características de la zona facilitaban el cumplimiento del ritual. La amistad se concebía como si fuéramos accionistas de la ciudad, copropietarios de ella, una amistad y una copropiedad que partían de las maneras de habitar la ciudad"(18) 

 

El ritual es una formula que se repite en el tiempo, gracias a su realización se refuerzan los lazos de un grupo. Para Auge(19)"este es reiterado, regular, sin sorpresa". Aunque la reiteración y la regularidad se da en las vueltas sobre la Avenida, la detención en sus nodos, la noción de que el "Lock", "la pinta", la manera de entrar en escena juega un papel sustancial. Allí el consumo, el paseo, la exhibición son rituales que ofrecen una cohesión una huella de sentido a sus usuarios más frecuentes. Así estas tres instancias pueden encontrarse unidas o separadas y son huellas de sentido que transforman la experiencia del simple paso en prácticas de experimentación, de sentimiento, de vivencia que pueden quedar grabadas de manera contundente en la memoria de una generación fortaleciendo los recuerdos de algunos individuos así como esa identidad precaria pero necesaria a un espacio urbano.

NOTAS

(1) MUÑOZ Sonia, Barrio e identidad, comunicación cotidiana entre las mujeres de un barrio popular, Editorial Trillas, p.69, Méjico, 1984.

(2) BERMAN Marshall, Todo lo sólido se desvanece en el aire, p.332.

(3) Al respecto están los trabajos de Renato Ortiz y de Néstor García Canclini.

(4) VASQUEZ Rocha Hernan, Op. cit. p.99

(5) VASQUEZ Rocha Hernan, Op. cit. p.86

(6) Testimonio de la Señora Ana María Mejía quien desde hace 45 años vive en la zona de la Avenida de la Circunvalar.

(7) MOSQUERA Gilma, La ciudad colombiana de hoy, viejos y nuevos problemas, p. 23. Tomado de la Revista Universidad del Valle, No. 14, agosto de 1996.

(8) SALMONA Rogelio, La memoria del agua, P. 6, En: Magazín dominical, No.708, 8.de diciembre de 1996.

(9) MALAVER José Antonio, La ciudad son los hombres, los hombres son la ciudad, p. 259, artículo tomado del libro "Pensar la ciudad", compilado por Fernando Viviescas y Fabio Giraldo, Tercer mundo editores, segunda reimpresión 1998, Santafé de Bogotá.

(10) Testimonio ofrecido por Felipe Ormaza Giraldo. Edad 28 años, habitante de la zona de la Avenida Circunvalar desde hace 14 años.

(11) Testimonio de Felipe Ormaza Giraldo. Edad 28 años y habita desde los catorce en la Avenida de la Circunvalar.

(12) Según la teoría de la recepción en comunicación, los mensajes que reciben los habitantes de una ciudad no son asumidos de una manera ingenua o acrítica, sino que pasan por una mediación en la cual los ciudadanos adaptan los mensajes a su propio universo de intereses. La teoría de la recepción ha tenido varios espacios de discusión académica, tanto en antropología como en teoría de la comunicación. Mientras en las teorías de Shanon y Weaber se planteaba que la fuente informacioón producía unos mensajes que el receptor codificaba y reproducía no obstante los ruidos tecnológicos o semánticos, la teoría de la recepción criticaba al modelo anterior el supuesto de cierta pasividad en el receptor que recibía los mensajes. La teoría de la recepción por el contrario otorga a quien decodifica el mensaje un papel de transformación mayor.

(13) PIERRE, Bordieu en su texto de "Sociología y Cultura" plantea que el término juventud es una concepción que se manipula ideológicamente a lo largo de la historia de la cultura. Mientras hasta el siglo XIX las personas intentaban parecerse tempranamente a los mayores para acceder a las posiciones de estos en el siglo XX ha sucedido un fenómeno inédito: la explosión de los símbolos y las actitudes juveniles. En esto ha tenido mucho que ver la Industria Cultural que despliega una variedad de películas, música, estilos de vida que imponen a la juventud como un modelo de vida a seguir.

(14) ANDRES. Testimonio del Conversatorio realizado con personajes protagonistas de la Avenida de la Circunvalar.

(15) Ana María Mejía, quien hace 45 años vive en la Avenida de la Circunvalar.

(16) VIVIESCAS, Fernando, "La ciudad: la calidad del espacio para la vivencia", tomado de: Pensar la ciudad, p. 143, Tercer mundo editores, segunda reimpresión, agosto de 1998.

(17) VIVIESCAS, Fernando, "La ciudad: la calidad del espacio para la vivencia", Tomado de Pensar la ciudad, p. 167, Editado por Tercer mundo Editores, Santafé de Bogotá, Segunda reimpresión, agosto de 1998.

(18) Testimonio del arquitecto Jorge Enrrique Osorio.

AUGÉ Marc, el viajero subterráneo, un etnólogo en el metro, colección el mamífero parlante, p. 51, Editorial Gedisa, Bacelona, febrero de 1998, segunda edición.


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