"Comunicación y sociedad. Un espacio
para la reflexión permanente"
Gonzaga Castro Arboleda
Si
la lectura es aquella actividad por medio
de la cual ¨los significados se
organizan en un sentido¨ resulta que en
la lectura- como en el consumo- no hay
sólo reproducción sino producción
también, una producción que cuestiona
la centralidad atribuída al texto- rey y
al mensaje entendido como lugar de la
verdad que circularía en la
comunicación. Poner en cuestión esa
centralidad del texto y el mensaje
implica asumir como constitutiva la
asimetría de demandas y competencias que
se encuentran y negocian en el proceso de
comunicación¨.
Jesus Martin Barbero
Introducción
Generar una
reflexión entorno al espacio comunicativo y
su relación con el desarrollo del contexto
social en sus distintas fases, propuestas y
teorías, es en síntesis, realizar la
descripción de un mapa de la humanidad
incorporando en ello sus intereses, reveses,
manipulaciones, sueños, falencias y
motivaciones generadas en su trasegar,
abordando sus procesos de transformación y
momentos histórico-culturales .
Si
concebimos la comunicación en cuestión de
estrategia metodológica como un proceso (de
tipo social-cultural) completo, como una
intervención recíproca de dos agentes, es
necesario dejar en claro que este proceso
debe ser además dinámico pues pone en juego
una serie de roles, funciones, exigencias,
apegos y desapegos, ilusiones y realidades
que se materializan en la satisfacción o
insatisfacción de sus agentes.
El
fundamento teórico de esta dinámica debe
asumir entonces la reflexión sobre la
estrategia de su propio actuar y los
principios que desde tiempos inmemoriales
circulan y recirculan en los procesos de
transformación socio-cultural, en los cuales
el hombre, como ser social asume un papel de
agente transformador de su propio contexto y
realidad, donde la técnica y la evolución
de la tecnología le han permitido un
desarrollo más adecuado.
El presente
artículo busca abordar el proceso a través
del cual el campo de la Comunicación ha
generado su propio desplazamiento hacia
diferentes espacios y disciplinas del
conocimiento en los cuales ha sido necesario
apropiar su contexto de estudio y análisis
para fortalecer su actuar en el trasegar
histórico, político, tecnológico, social y
cultural.
(El concepto
de desplazamiento se toma no como una
pérdida del espacio del accionar de la
comunicación, sino como el resultado de una
preocupación por su ubicación en los
contextos necesarios para desarrollar su
propia praxis. Se traduce en un modo
diferente de relación con y desde las
disciplinas sociales, más que por empleo de
sus propuestas temáticas y metodológicas y
el intercambio de principios y postulados,
por apropiaciones, desde cuyo contexto, las
prácticas y discursos de la comunicación
presentan a las ciencias sociales un cuadro
de problematización y de nuevos objetos de
estudio. La comunicación pregunta e indaga
permanentemente en los ámbitos sociales y
estas preguntas incorporan dimensiones del
saber histórico, cultural, social,
estético, semiótico, antropológico; y de
igual manera las disciplinas de las ciencias
sociales como la sociología y la psicología
se hacen preguntas sobre los modos de uso,
apropiación y operación de los medios de
comunicación y las industrias culturales).
1.
Referente de inicio
Una vez que
el hombre ha dejado su vida nómada se agrupa
dando lugar a la colectividad, los grupos
comunitarios y la organización que
fortalecen la consolidación de una
estructura social y el surgimiento de la
sociedad. Simultáneamente se genera un
desarrollo del componente tecnológico que le
permite responder de manera
inteligente a los retos y
desafíos de la vida y del medio ambiente;
con todo ello creció la comunicación.
Hacia el
final del siglo XIX y principios del XX el
proceso de desarrollo fue mucho más
acelerado. El cambio de fase en el estado del
arte de la tecnología establecida y la
difusión y popularización de las máquinas
para un usuario final (como la máquina de
coser, el automóvil y la máquina de
escribir) generaron un gran impacto;
igualmente surgen inventos que cambian la faz
del mundo como el motor; mecanismos
generadores, transmisores y transformadores
de energía; la aparición de la química
como un sector industrial importante que dan
como resultado formas más originales de
investigación y aplicación tecnológica.
Hacia el año de 1960 se genera en el
ambiente de las comunicaciones el fenómeno
llamado la euforia tecnológica,
dimensión de carácter instrumental
exclusivista que afectó de manera profunda
la conformación de la sociedad ante la
presencia de intereses antagónicos que
propugnaban abiertamente por una actitud
homogenizante y de exigencias de
participación en los espacios científicos,
sociales, culturales y procesos de
transformación de profundo corte. Muestra
clara de ello es la gran brecha dejada en la
implementación de la frustrada comunicación
para el desarrollo.
Hoy,
después de todo un recorrido por los
distintos espacios del conocimiento e
identificada desde un lado con la utopía de
la sociedad de la información, y desde el
otro con la panacea de todos los males
sociales, la comunicación se apuntala en
nuestro contexto de una manera más amplia y
consolidada como lo plantea J. M. Barbero:
en
todo caso la comunicación nombra hoy a
la vez uno de los más fértiles
territorios de la investigación social y
el espacio social más denso de
ensoñaciones y pesadillas. A las que la
propia investigación no puede sacarles
el cuerpo. Pues en alguna forma debe
enfrentar al síntoma y la paradoja de
que en la era de la
comunicación sea de
incomunicación de lo que más parecen
sufrir tanto la sociedad como los
individuos» (1)
2.
Comunicación y sociedad
Desde la
obra de N. Wiener (2) y sus planteamientos
sobre la incorporación de su teoría de la
cibernética en el ámbito social, se genera
hacia los años ochenta una estrategia de
recuperación de la función del sujeto en el
proceso comunicativo. En sus reflexiones
Wiener se plantea interrogantes sobre el
funcionamiento de lo comunicativo, el
mensaje, el medio y el hombre, como un ser
que se encuentra inmerso en un mundo que
percibe por sus propios sentidos.
Sensaciones, pensares, deseos y sentires se
activan en un permanente proceso de recibir y
retroalimentar información para realizar
ajustes a las condiciones de su contexto con
base en los conocimientos de su pasado y el
fortalecimiento de su experiencia; asi, el
poseer la información necesaria se
convertirá en el argumento de una vida
significativa mediante la comunicación y la
regulación.
De esta
manera se incorpora al campo de la
comunicación la riqueza de la reflexión y
la experimentación de lo cultural en todo lo
relacionado con los universos de intercambio
simbólico dándole cada vez mayor validez al
aporte de la reflexión comunicativa y la
ampliación de sus horizontes.
Con
relación al análisis de la ideología que
contenían los mensajes generados en los
espacios comunicativos, la corriente
semio-lógica intenta demostrar una relación
existente entre el sector hegemónico
(infraestructura económica, social y
política) y los procesos comunicativos.
El
conocimiento de la realidad del mensaje
se mostró como una fase progresista en
el estudio de los medios de
comunicación; así se demostraba que los
mensajes eran portadores de
ideología (3) ;
hecho ante
el cual se consideraba la existencia de un
receptor pasivo que asimilaba los distintos
mensajes atomizados en su cotidianidad. Lo
que motivó a la semiología fue el trabajo
en el develamiento de la presencia de la
ideología dominante, la cual subyacía en la
semántica y estructura de los mensajes y los
contextos comunicativos.
| La
comunicación pregunta e indaga
permanentemente en los ámbitos
sociales y estas preguntas incorporan
dimensiones del saber histórico,
cultural, social, estético,
semiótico, antropológico |
Un caso
especial de retorno del sujeto
ocurre cuando desde la perspectiva
latinoamericana, más exactamente en Chile,
los investigadores preocupados en los
análisis de los espacios comunicativos
proponen una estrategia en la cual el
receptor se incorpore a su desarrollo
retomando los productos presentados por la
industrial cultural y en una actitud
refuncionalizadora revertirlos con su propia
lectura para incorporarla a su proceso
experiencial. Esta propuesta establece que la
relación concreta que se construye por la
interacción entre un texto (producto) y un
receptor históricamente situado (significado
existencial), es diferente al significado
intencional propuesto por el emisor, y
diferente al significado subyacente en el
mensaje. En este sentido anota J. M. Barbero,
frente
al racionalismo Frankfurtiano y el
mecanismo psicologista del análisis de
efectos, se rescata el carácter complejo
y creativo de la recepción: lugar de uso
de mediaciones, conflictos y
reapropiaciones, de producción oculta en
el consumo y la vida cotidiana (4)
.
Con esta
propuesta se abre al receptor el
conocimiento, apropiación y manejo de la
noción de Unidad Social, que planteada desde
una lógica comercial con una fuerte
incidencia en la formación de modelos
culturales y políticos a través de los
medios de comunicación los vuelve el eje de
su estrategia, pues
cuando
los medios de comunicación se introducen
en el espacio social se convierten en
importantes fuentes (agencias) de
información y generación de
nuevos conocimientos;
estableciendo una serie de
interrelacio-nes con sus receptores y
originando una secuencia de sentimientos
y emociones provocada por los
tratamientos dados a la producción de
los mensajes que se emiten (5) .
| La
globalización y el concepto de
transnacional desborda los
contextos en los que se movían
las propuestas de diversidad
cultural. |
La
estrategia unificadora propuesta por sectores
hegemónicos busca crear patrones de
uniformidad, remodelación de hábitos
sociales y la subordinación a estilos
modernos de trabajar, entretenerse y vestir,
participando aparentemente de las
oportunidades de la modernidad y la propiedad
privada: vivir en un centro urbano con la
disponibilidad de todos los servicios
necesarios (públicos, transporte, salud,
educación). Al respecto de la gran ciudad
García Canclini aclara:
sin
embargo, la homogenización del consumo y
la sociabilidad, propiciada por los
formatos comunes con que se organizan
esos servicios, no borra las
particularidades(6) .
Desde esta
propuesta de formateado de los principios de
una sociedad y de la necesidad de redefinir
sus usos y consumos a partir de unas lógicas
de producción, se genera un cambio en la
definición de la noción de cultura que los
estudiosos requieren abordar con la
apropiación de otras disciplinas para
posibilitar su análisis y explicar la
función que tienden a cumplir los medios
como formadores de opinión y aquella que
cumplen inmersos en el mundo de la
producción y consumo de la industria
cultural.
La crítica
a los modelos establecidos busca romper con
los esquemas lineales fortalecidos en la
propuesta informacional y presentar
alternativas de recuperación del receptor a
través de un rol de carácter dinámico en
la comunicación: la participación de la
sociedad civil en la construcción de los
espacios públicos de la democracia y la
actividad de interrelación con los medios.
La
recuperación de un sujeto(activo) en el
espacio de la recepción resalta la fractura
profunda que se genera en la diferenciación
entre cultura ilustrada y cultura popular
(una cultura de gustos, vivencias y
placeres); diferenciada y negada
por
una intelectualidad de derecha que en
esos otros gustos no ha visto sino mal, o
lo que es peor, ausencia de gusto; y
también por una izquierda que al exaltar
la moral del esfuerzo ha declarado
sospechoso el placer (7) .
El mismo
autor es enfático en señalar como esta
diferencia que la intelectualidad mantiene en
relación con la cultura, de cuya
movilización se encargan los medios, no es
otra cosa que la esquizofrenia que padece con
relación a su sociedad y a la profundidad de
los cambios generados en la cultura popular
frente a la producción masiva de los medios
de comunicación, lo cual creó la necesidad
de abordar una doble lectura que permitiera
desde el espacio de la mediación la
apropiación de nuevas propuestas de vivir la
cotidianidad.
3.
Ciudad global - modernización
Los cambios
estructurales en la sociedad y la economía
contribuyeron a reordenar el concepto de
ciudad en el mundo, y para muchas urbes
incluso se modificó su distribución
espacial y la de sus residentes, generando
así una estrategia de adaptación a las
condiciones cambiantes del proceso.
Algunas son
ciudades mundiales sin ambiguedades, porque
son los nodos de mando del sistema mundial
-Londres, Nueva York y Tokio- no sólo son
mercados financieros líderes en el mundo
sino también productores punteros y
exportadores en contabilidad, publicidad,
consultoría en gestión, servicios legales
internacionales, y otros servicios de
negocios... Este es un recordatorio de como
los sistemas avanzados de telecomunicaciones
y de gestión logística de la producción,
pueden separar casi por completo, en
términos espaciales, los procesos de
producción de quienes los administran y los
financian (subrayado mío) (8) .
De igual
manera, para la comunicación se corren los
linderos del campo de estudio que la
demarcaban. La globalización y el concepto
de transnacional desborda los contextos en
los que se movían las propuestas de
diversidad cultural, lo que unido a la
pérdida de la capacidad reguladora del
Estado desligitima la noción de lo público
y lo desdibuja de la realidad nacional frente
al fenómeno de la privatización.
El espacio
del libre comercio se fortalece en la
estrategia de la innovación tecnológica de
la información y la comunicación, lo que
significa para todos los países incluyendo
los menos industrializados, que el concepto
de desarrollo y su apropiación incorpora el
salto tecnológico a las nuevas propuestas de
informatización y comunicación
transna-cional.
En este
panorama el mercado abre su escenario hacia
el diseño de procesos globaliza-dos de
consumo generando un fenómeno de
segmentaciones y fracturas dentro de cada
nación y de fluidos programados en los
órdenes transnacionales de la información,
de la moda y el saber, ante el cual hacen su
presencia diversidad de códigos que nos
permiten de alguna manera entendernos;
códigos compartidos que cada vez obedecen
menos a las caracterizaciones de la etnia, la
clase, de lo nacional y del lugar de origen.
El concepto de Nación ya no se define en los
límites territoriales y espacios
geográficos, es la especificidad de la
comunidad como grupo consumidor que la lleva
a relacionarse con los objetos de consumo en
un modo de información permanente a través
de redes internacionales.
Con
relación a las identidades en el contexto de
la globalización en el consumo García
Canclini agrega:
como
los acuerdos entre productores,
instituciones, mercados y receptores -que
constituyen los pactos de lectura y los
renuevan periódicamente- se hacen a
través de esas redes internacionales,
ocurre que el sector hegemónico de una
nación tiene más afinidades con el de
otra que con los sectores subalternos de
la propia (9) .
Por lo
tanto, las políticas culturales nacionales
que hasta hace poco se concebían en
contextos nítidamente definidos en el ser
nacional se diluyen dando lugar al complejo
proceso de la monoidentidad y
complejizando aún más la relación
sociedad-comunicación en un espacio donde la
comunicación confundida con el concepto de
innovación tecnológica se ha convertido en
punta de lanza del desarrollo del proceso
modernizador.
La presencia
de estas tecnologías en los lugares propios
del receptor han demandado una
redistribución de su modo de vida, de sus
intereses y de sus espacios, incorporando en
ello los propios espacios físicos y
contribuyendo a la consolidación del
concepto cultura de lo
transnacional, que atiende a unas
lógicas estandarizadas de producción y
consumo (donde la participación de su
destinatario final es nula), para generar una
imagen supuesta de la realidad.
El concepto
de «modernización» generalizó la idea de
innovación tecnológica como motor de
desarrollo, dando por resultado que el
escenario de la comunicación sea concebido y
protagonizado por lo que comunmente se ha
denominado Nuevas Tecnologías de la
Comunicación y la Información (televisión,
satélite, cable, video, telecomunicación,
internet, y actualmente multimedia e
hipermedia) que se han convertido en el
mecanismo acelerador de la modernidad social.
De esta manera, la infraestructura de la
organización de la comunicación y de los
medios se ha visto afectada en su función
social, para convertirse en estrategia
comercializadora de consumo, homogenización
y legitimación cultural modificando
permanentemente los espacios de
comunicación, los medios y la forma de estos
influir en la producción y manejo de la
información generada desde las estrategias
aplicadas por los distintos sectores del
mercado y la industria.
4.
Comunicación y realidad
Para la
última década el escenario de estudio y
reflexión de la comunicación se sitúa en
el contexto de la problemática planteada por
la relación modernidad-identidad.
En esta
reflexión se da una identificación de la
modernización no sólo con el desarrollo de
las tecnologías de la información y las
teorías de la comunicación, sino también
con la importancia que estas tienen en la
redefinición de la vigencia de la modernidad
y en la prospección de la postmodernidad.
La búsqueda
de un concepto racional, diferente al
concepto de instrumentalidad hasta ahora
manejado reubica la razón comunicativa en el
centro del debate ocupando un espacio en la
reflexión social y fortaleciendo los
procesos contestatarios desde los étnicos,
ecologistas, ambientales, de identidad, sin
desconocer el manejo que de la técnica se ha
hecho y de la mediación que han jugado las
tecnologías de la comunicación en la
configuración del lazo social, la
generación de espacios de reconocimiento del
sujeto y la construcción de un mundo en
imágenes, diferentes a un mundo de valores
como era de esperarse.
Cada vez
todo se parece más en Londres, Nueva York,
Tokio, París; las manifestaciones y
repertorios de tipo folclórico
proporcionados por el arte se mantienen pero
su peso va disminuyendo frente al crecimiento
de las propuestas transnacionales de las
culturas electrónicas; la vida social de
nuestras comunidades se desplaza del centro
histórico a la periferia donde se ubican los
grandes centros comerciales; la historia y el
arte ya no está en los museos y las salas
sino que va en busca de su
público y lo acompaña en su paseo peculiar
que ha cambiado de lugar (el parque), y se
moviliza hacia los shoppings,
todos parecidos entre sí
alrededor del mundo.
| lo que ocurre
en la sociedad de la tecnologización
es que no se pregunta ni indaga por
aquellos que no quieren o no pueden
participar en los modelos
socio-culturales. |
Los lugares
tradicionales de encuentro han desaparecido.
En las iglesias, las plazas, los bares, no se
genera el contacto con la memoria histórica
de la ciudad. Entre los jóvenes las
preferencias se dan hacia las estaciones del
metro y los centros comerciales, allí donde
se encuentran todas las condiciones del
aceleramiento de la modernidad; es un gusto
por lo que en su momento llamó Marc Augé,
los no lugares (10)
El
desplazamiento de los lugares públicos y los
espacios de encuentro ha coincidido con un
incremento en el consumo de radio,
televisión y video en el hogar. La conexión
a la telaraña informática y de
comunicación ha generado su propio proceso
de articulación con el receptor donde la
falta de comunicación entre lugares alejados
geográficamente es compensada por los
enlaces massmediáticos, y así, los nuevos
vínculos electrónicos que buscan
reconstruir de un modo más abstracto la
interrelación entre los
conectados, los está articulando
a su vez a la simbólica transnacional a
través de las tecnologías de la
información y de la imagen.
El impacto
sobre los medios de comunicación, la
comunicación misma y sobre la formación de
imágenes y representaciones en las
sociedades es un resultado directo de las
nuevas tecnologías de la comunicación y la
información que obligan al reconocimiento de
la interacción comunicación -tecnología.
Es la tendencia simultánea hacia la
globalización e individualización en la
difusión imagen/sonido: de una parte el
planeta desigualmente conectado en una red
global de información e imágenes que se
desplazan por todo el mundo de manera
simultánea e instantáneamente; y de otra,
los medios y las estrategias que son cada vez
menos orientadas hacia las masas.
La
emergencia de redes especializadas, a
través de la televisión por cable o la
transmisión satélite, dependiendo de
las sociedades, no es sólo un desafío a
las redes de la televisión tradicional,
es una forma nueva de distribución de la
imagen y de recepción (11) ;
lo que
ocurre en la sociedad de la tecnologización
es que no se pregunta ni indaga por aquellos
que no quieren o no pueden participar en los
modelos socio-culturales.
Martín
Barbero afirma frente al fenómeno de una
realidad concreta:
lo
que en esta tardomodernidad llamamos
mundo ya no es ni la realidad
en el pensamiento empiricista ni aquella
otra de la conciencia del
sujeto autocentrado del
racionalismo, sino el tejido de discursos
e imágenes que producen
entrecruzadamente la ciencia y los
medios (12).
La
tecnologización de la sociedad, producto del
desarrollo científico-tecnológico, se
convierte en uno de los interrogantes más
fuertes para la reflexión comunicativa. Las
nuevas propuestas confunden el desarrollo
tecnológico (en cuestión de avance y
especialización de las nuevas tecnologías)
con la comunicación, que se convierte en el
escenario propicio para asumir el proceso
modernizador desde el contexto de las
mediaciones tecnológicas; a lo que es común
pensar, una sociedad tecnologizada no es más
que eso, un espacio social en el cual la
presencia es la tecnología y no el hombre
como ser que demanda satisfacción de
necesidades. En este sentido, Román Gubern
caracteriza este fenómeno como un caso de
hipertrofia tecnológica de nuestro siglo
frente al cual argumenta:
La
caracterización del hombre actual como
simio informatizado sirve para
recordarnos que, a pesar de su
espectacular progreso tecnológico, el
hombre sigue siendo un hijo de la
naturaleza -a la que ha sabido
transformar con enorme eficacia-, dotado
de un capital genético instintual que se
manifiesta en actos reflejos y en
actividades hormonales, con unas
necesidades fisiológicas comunes a las
de otros mamíferos, sujeto de pasiones y
de depresiones como cualquier primate y
con unas limitaciones que son las propias
de su condición animal... Es un mono que
ya no está desnudo, sino envuelto en un
caparazón tecnológico que se está
convirtiendo en su segunda naturaleza
(13) .
Hablar de
una sociedad de la comunicación implica
ampliar las referencias acerca de la
argumentación que plantea que la
intensificación de los fenómenos
comunicativos, la acentuación de la
circulación de las informaciones hasta
llegar a la contemporaneidad de la hipermedia
y la globalización técnica, no es solamente
un componente más de la modernidad, sino de
cierta manera, el centro y el sentido mismo
de este proceso.
De esta
manera se concebirá una sociedad moderna
como la sociedad de la comunicación y las
ciencias sociales, aquella que no desconoce
en ningún momento el papel que también
juegan las ciencias de la naturaleza y las
tecnologías que estas mismas han hecho
posible, en la determinación de la
estructura de lo social.
Conclusion
Teniendo en
cuenta los diferentes planteamientos
esbozados es imposible dejar de pensar que es
el hombre, como ser humano, a quien debe
ubicarse en el centro de esta reflexión,
pues reconózcase o no, el desarrollo, la
técnica y la tecnología incursionan en los
espacios de transformación que mueven las
dinámicas de la interacción entre los
sujetos; que el interés, las ansías de
poder y el deseo insuperable de control haya
cambiado estos propósitos es otra cosa.
Así, es importante reconocer que vivimos
inmersos en una cultura que desvaloriza las
emociones desde la supervaloración de lo
racional, y que al mismo tiempo se centra
tanto en la desconfianza que busca
certidumbre en el control, como en la codicia
que lleva a apropiarse del todo.