"Jesucristo a dos voces: Mailer y
Saramago"
César Valencia
Solanilla
Dos
grandes novelistas del mundo
contemporáneo, Norman Mailer y José
Saramago, han publicado obras sobre
Jesucristo a manera de
"evangelios" modernos,
ofreciendo perspectivas radicalmente
distintas de uno de los personajes claves
de la historia de la humanidad. Estas
novelas/evangelios proponen una lectura
de Jesús como personaje histórico y
como ser sagrado, destacando sus valores
humanos, su saga personal, en un mundo
obsedido por la culpa y el temor de Dios.
En este texto se analizan las dos obras,
los valores literarios específicos y las
visiones del mundo y del hombre que ellas
revelan.
Sin lugar a
duda, la figura de Jesucristo es una de las
más importantes en la historia de la
humanidad y una de las más controvertidas.
La iglesia católica, desde la época en que
se entronizó en el poder con el emperador
Constantino (siglo IV), se apropió de la
vida de Jesucristo con beneficio de
inventario al decretar como oficiales
los evangelios del Nuevo Testamento de
redacción tardía con relación al Jesús
histórico-, desconociendo al menos una
veintena de evangelios más contemporáneos y
por lo tanto con mayor fiabilidad histórica,
que por lo general son llamados
gnósticos o
apócrifos. De esta forma, para
la tradición judeo-cristiana, la vida de
Jesús ha estado ceñida al canonismo
eclesiástico del Nuevo Testamento, que es
excluyente, pues le quita la dimensión
trágica, humana y cotidiana a un ser clave
en la historia de Occidente.
La
interpretación textual misma de los
evangelios canónicos es problemática, ya
que presenta una serie de imprecisiones o
ambigüedades inadmisibles en la
configuración del héroe cultural,
relacionadas en lo fundamental con su origen
familiar, su muerte, su resurrección, su
misión como maestro, su destino final, su
celibato, sus milagros. Desde el siglo II,
historiadores como Celso(1), pasando por la
crítica bíblica de Hobbes, Spinoza y
Wellhausen, hasta la más reciente y
reveladora obra de Burton L. Mack (2), se ha
procurado indagar sobre lo que podríamos
llamar el verdadero Jesús,
señalando profusamente las inconsistencias
que la iglesia católica ha utilizado para
mantener una tradición acomodada y
utilitarista respecto de este hombre
excepcional. Esto ha sido posible, a pesar de
las reticencias y el silencio de la Iglesia
católica, gracias el descubrimiento de los
rollos del Mar Muerto de la antigua
biblioteca de Qumrán, que datan de los
siglos II a.C. al I de la era actual,
atribuidos a esenios, saduceos y zelotes, los
de la biblioteca copto-gnóstica de Nag
Hamadi, hacia 1940, y en particular el
llamado Documento Q o
evangelio perdido, que contiene ya no la vida
de Jesús como los otros, sino sus dichos y
enseñanzas(3) .
| Al igual que
en los evangelios, el texto de la
novela incorpora sentencias, frases
hechas, parábolas, refranes, que
condensan la capacidad expresiva del
narrador-poeta en la oralidad del
personaje protagónico. |
Con una
libertad más amplia que la investigación
histórica, pero basada en ella, el discurso
literario ha ido construyendo también, desde
perspectivas bien distintas pero con un
interés común la dimensión humana de
Jesús, - una visión de éste más acorde
con su naturaleza trágica y su dimensión
histórica y filosófica. Algunas veces
reivindicando al ser político, otras al
hombre iluminado por la fe y en la mayoría
de los casos participando de un interés
abiertamente iconoclasta que contribuya a
romper el dogma oficial, escritores muy
importantes en las letras de Occidente han
publicado libros claves casi siempre
novelas- sobre su vida y obras, como Vida de
Jesús, de Ernest Renán, Cristo de nuevo
crucificado, de Niko Kazantzakis, La historia
de Cristo, de Giovanni Papini, El evangelio
según el hijo, de Norman Mailer, El
evangelio según Jesucristo, de José
Saramago. O bien, la vida y obra de Jesús es
referencia obligada en disgresiones, ensayos,
poemas y diversas formas de escritura
literaria, en autores tan disímiles como
Jules Michelet, Mark Twain, Thomas Mann,
Jorge Luis Borges, entre otros. Las novelas
contemporáneas que a nuestro juicio ofrecen
matices más interesantes y a la vez
disímiles sobre la vida de Jesús, son las
de Mailer y Saramago, que como sus títulos
lo dicen, son evangelios
modernos, con toda la carga metafórica que
esta expresión representa.
1.
El discurso poético de Norman Mailer
El escritor
norteamericano Norman Mailer, autor de libros
célebres como Los desnudos y los
muertos, Un sueño americano, Los hombres
duros no bailan (1972), El
prisionero del sexo (1972), Noches
de la antigüedad (1984), El
fantasma de Harlot (1992), ganador en
dos ocasiones del premio Pulitzer con Los
ejércitos de la noche y La canción del
verdugo, y unos de los fundadores de lo
que puede llamarse la novela norteamericana
contemporánea, ha publicado un singular
libro sobre Jesús, El evangelio según
el hijo(4), que aporta un material
novelesco interesante para el análisis
literario e histórico.
El punto de
vista narrativo que adopta Mailer en la
novela es la del narrador en primera persona,
en este caso el mismo Jesús, que relata su
versión de una vida que él reconoce ha sido
tergiversada, porque los evangelios
canónicos de Marcos, Mateo, Lucas y Juan
me dieron palabras que nunca
pronuncié porque fueron escritos
mucho tiempo después de su muerte y porque
los evangelistas, por razones obvias sólo
buscaban incrementar su rebaño.
Este recurso
formal no está exento de problemas, si se
atiende a la importancia histórica y sagrada
del héroe protagónico, pues el autor
intenta al mismo tiempo hacer historia y
literatura, pretendiendo en todo caso la
verosimilitud. Para tal fin, Mailer no se
arriesga mucho en la ficción y por el
contrario se ajusta mucho a esos evangelios
que dice no aceptar del todo, tomando de
ellos los aspectos que considera más
convenientes para armar su relato.
Lo que hace
atractiva la novela de Mailer es la capacidad
de humanizar al héroe a partir de los textos
canónicos, en un trabajo de sincretismo
narrativo en el que concurren las voces del
narrador omnisciente con las del personaje
protagónico, logrando un lenguaje altamente
poético que exalta las virtudes y relativiza
los defectos de quien los profetas
anunciarían como el hijo de Dios
y origen de una de las religiones más
importantes en la historia de la humanidad.
Al igual que en los evangelios, el texto de
la novela incorpora sentencias, frases
hechas, parábolas, refranes, que condensan
la capacidad expresiva del narrador-poeta en
la oralidad del personaje protagónico.
El
contrapunto con los evangelios
Muy próximo
a la biografía novelada, y desde la
perspectiva ya referida de los evangelios
canónicos, el autor norteamericano
selecciona hechos importantes que la
tradición ha consagrado como arquetípicos
de Jesús en su niñez, adolescencia y vida
adulta, para refrescar la memoria histórica
sobre su protagonista, agregando siempre un
componente significativo en el nivel
expresivo que debe destacarse como el logro
central de su propuesta artística:
El conocido
pasaje de Jesús adolescente en el templo de
Jerusalén frente a los sabios es
transformado en una especie de conciencia
poética del verbo y el agua, como si de
allí emanara la fuente de esta sabiduría
sorpresiva que demuestra el niño casi
convertido en hombre:
Yo
me recordaba ahora haberles dicho a estos
sabios ancianos que el Verbo había
vivido primero en el agua, así como el
aliento que emana de nuestra boca sale
como una nube en una fría mañana de
invierno. Sin embargo, las nubes también
traen lluvia, les dije, y por eso el
Verbo vive en el agua de nuestro aliento
(p. 17).
En un
diálogo libre con los evangelios, estas
frases llenas de la mejor poesía tornan
significativas, en un nivel mucho más
trascendente, el virtual diálogo que el
joven Jesús hubiera podido tener con los
sabios del templo de Jerusalén, de acuerdo a
la tradición cristiana, pues ésta ha
resaltado ante todo el carácter mágico o
sobrenatural del joven escogido por la
divinidad, mientras que Mailer nos revela un
adolescente poeta en su manera tan peculiar
de avistar e imaginar el mundo.
Cuando el
narrador protagonista recuerda su trabajo
como aprendiz de carpintero, refiriéndose a
la madera y la íntima compenetración que el
hombre tiene con los elementos de la
naturaleza, piensa que, (
) un
hombre malo no puede pasar junto a bello
árbol sin entristecer sus hojas (p.
13), y que sus sentidos de aprendiz de hombre
le enseñan que (
) El perfume de un
arca bien hecha me alegraba, y podía sentir
un buen espíritu entre el grano de la madera
y mi mano (p. 14), o bien que (
)
el ángel Gabriel era radiante, y el blanco
de su vestidura era la luz de la luna
(p. 19).
Esta
acumulación de imágenes crea una atmósfera
de encantamiento respecto del protagonista y
refuerza su índole de hombre extraordinario
no sólo por lo que hace, que son los
milagros, sino por lo que dice y piensa y que
representa el aporte ficcional del texto.
Para hacer fidelidad a los intertextos
bíblicos, Mailer los refiere de manera
explícita, señalando la fuente,
comentándola o agregando algo que vaya
permeando lo historiográfico en favor de lo
literario:
María
Magdalena se le aparece como una prostituta, (
)
cuyos labios eran tan púrpura como la hora
postrera de la tarde (p. 176), a pesar
de que como esenio el joven ha sido educado
en las normas rígidas del ascetismo. La
Anunciación, punto clave y controvertido de
la tradición cristiana, se ambienta
expresando que, El aroma del aire era
más dulce que el de ningún jardín (p.
20). Como predestinado por la divinidad,
(
) me sentía como si fuera un
hombre que tenía adentro otro hombre (p.
32).
La voz
narrativa omnisciente se integra con la del
personaje protagónico, creando ese tono
poético, que expresa una intensa admiración
por los seres especiales con los que tuviera
relación, como en el caso de Juan Bautista,
a quien exalta de manera desbordante:
(
)
Sus ojos tenían más luz que el cielo,
eran más pálidos que la luna (p.37)
(
) Y yo aún podía oír a Juan
Bautista, que cantaba. Como no era una
canción, la música de su garganta
brotaba como la voz de un carnero (p.
40)
Era difícil no recordar el
aliento de Juan Bautista cuando me
abrazó, pues estaba lleno de todo lo que
está en el olor de un hombre exhausto
(p. 43)
Ni siquiera
el Diablo, con su encanto transgresor, parece
escapar al lente poético de Mailer, pues el
ángel desterrado por el dios egoísta asedia
al joven predestinado y le hace brotar
palabras de admiración que no concuerdan
exactamente con lo expresado en los
evangelios, para dibujar una imagen exaltada
y claramente profana: El Diablo es
la criatura más hermosa que haya hecho
Dios (p. 49)
Me miró
con afecto. Sus ojos eran negros como el
mármol, pero había luces dentro (p.
50).
A la manera
de lord Byron, el Diablo encarna la voz
iluminada que contradice y recusa, con la
vehemencia propia de su destino, a un Dios
furioso, autista y excluyente, que es su
padre celestial, en unas frases cargadas de
significado:
Mejor
harías en considerar el alcance de su
furia, que es impropia de un gran dios.
Es excesiva y carente de proporción. El
emite demasiadas amenazas. No tolera que
nadie dispute su voluntad. Mientras que
yo te aseguro que una pizca de
desobediencia y un ápice de traición se
cuentan entre los goces de la vida, y han
de ser considerados entre los botines y
no entre males (p. 52-53)
Esa voluntad
de poetizar el discurso mediante una voz
narrativa sincrética en busca de la
ambigüedad expresiva facilita la
transgresión del relato canónico: en la
sinagoga de Cafarnaún, las voces de los
escribas y fariseos en su ritual monocorde de
la lectura de los textos sagrados, expresan, (
)
una monotonía de corazón, como si sus
gargantas, embotadas por años de
concesiones, sólo hablaran como carbones
agonizantes. Sus voces siseaban. Mientras que
mi voz era llena (p. 72).
La
realización de los milagros, punto también
de controversia respecto de la vida de Jesús
en la medida en que en su tiempo existían
muchos magos de grandes poderes, también
considerados así mismos como legatarios del
Dios antiguo, es presentada por Mailer con
esa misma intención enaltecedora del
personaje novelístico, para que adquiera una
dimensión más allá del arquetipo oficial
de la Iglesia. En tal sentido, el autor
insiste en las propias dudas de los poderes
sobrenaturales del recién estrenado Hijo de
Dios, que se prepara con bellas palabras para
el ritual de la sanación:
Cuando
Jairo, uno de los jefes de la sinagoga le
anuncia que su hija se está muriendo, Jesús
piensa: Yo debía tener esperanza de que
la hija no estuviera muerta sino descansando
en esa larga sombra del sueño que es cercana
de la muerte (p. 98), como al efecto
ocurre. Al resucitar a Lázaro, además del
evento evangélico bien conocido, el héroe
agrega: Su voz era como el grito bajo de
un pájaro. Pero estaba vivo (p. 143).
Como Hijo de Dios piensa que es indispensable
consubstanciarse humanamente en la
simplicidad, en busca del asombro pero no del
miedo: Y entendí que ser Hijo de Dios no
era igual a ser Príncipe del Cielo, sino un
aprendiz en el aprendizaje de hablar con
sencillez y con sabiduría, y no dejando
perplejos a los demás con el esplendor de
las palabras (p.136).
La
expulsión de los mercaderes del templo,
genera en el protagonista esta explosión de
imágenes filtradas por un narrador
implicado, inundado de misticismo poético: Pensé
en que los ricos se ahogan bajo el peso del
oro, y que en sus jardines no crece fruto
capaz de satisfacerlos. Hay una opresión en
el perfume del aire, y no hay flores de los
ricos que traigan felicidad (p. 151)
La voz de
Jesús es igualmente conciencia del futuro,
de la historia, de los límites de Dios. En
un juego espacio-temporal propio de la novela
moderna piensa que el amor de Dios cada vez
es más remoto para el hombre, (
)
Pues sus guerras con el Diablo empeoran. Se
han perdido grandes batallas. En el último
siglo de este segundo milenio ha habido
holocaustos, conflagraciones y plagas peores
de la que hubo antes (p. 233)
| la
fundamentación expresiva del
lenguaje no alcanza a comprometer el
arquetipo histórico y divino de la
tradición cristiana, de tal forma
que el Jesús maileriano no gesta
sentido propio para una visión del
mundo. |
A pesar de
estos logros desde la esfera de lo poético,
la propuesta de Mailer no alcanza a
configurar un corpus novelístico que, a
pesar de las obvias limitantes del
encasillamiento canónico, logre un
elemento añadido(5) en beneficio
de una auténtica virtualidad. El problema
reside en que la fundamentación expresiva
del lenguaje no alcanza a comprometer el
arquetipo histórico y divino de la
tradición cristiana, de tal forma que el
Jesús maileriano no gesta sentido propio
para una visión del mundo.
La
aproximación al personaje histórico no
cuestiona en esencia los grandes
interrogantes que la investigación ha estado
planteando. Más bien se queda en la
poetización de la palabra, en la
verbalización relativamente libre de su
conciencia y de su voz, revelando en este
sentido al gran poeta Norman Mailer, pero
dejando un tanto mal plantado a un Jesús que
pudiera imaginarse con una dimensión humana
más allá de los convencionalismos
evangélicos. Una opción narrativa que
descarta la investigación heterodoxa y hace
una especie de pacto de buen vecino con la
tradición ortodoxa de los evangelios
canónicos. Y que descarga en la exaltación
del lenguaje la libertad de Jesús de
imaginar y algunas veces decir unas frases
poéticas que congregan sentido, sin que se
articulen efectivamente en la construcción
de un verdadero personaje desde la
perspectiva literaria.
2.
La visión iconoclasta de Saramago
José
Saramago, quien fuera el justo ganador del
premio Nobel de literatura en 1998, autor de
obras conocidas en la narrativa europea
contemporánea como El año de la muerte
de Ricardo Reis (novela, 1985), Memorial
del convento (novela, 1986), Manual
de pintura y caligrafía (novela, 1988),
Alzado del suelo (novela, 1988), El
cerco de Lisboa (novela, 1989), La
balsa de piedra (novela, 1990), Casi
un objeto (relatos, 1996), Ensayo
sobre la ceguera (novela,1996), Cuadernos
de Lanzarote (novela, 1997), ofrece en
su novela, El Evangelio según Jesucristo(6)
una versión libre, de auténtico novelista
iconoclasta, de un Jesús agobiado por el
peso de la culpa y hondamente humanizado, con
una dimensión trágica muy compleja, como la
de los grandes personajes literarios.
Desde un
comienzo, el lector entiende que no se trata
de una especie de biografía novelada
que es en cierta medida el propósito
de Mailer- sino de una verdadera obra de arte
literario en donde se alternan diversas y
sugestivas técnicas narrativas de la
modernidad, se crea un ambiente y una
atmósfera propios, se despliega un estilo
muy personal, y, sobre todo, se genera un
verdadero espacio de virtualidad expresiva,
que es el mundo de la novela. Un mundo que
utiliza los referentes históricos y
culturales conocidos que informan sobre el
entorno en que vivió Jesús, pero que no
buscan la verdad sino la verosimilitud, pues
de lo que se trata es de una obra de arte
literario y no de una biografía. El
personaje protagónico se va gestando,
entonces, desde la libertad plena del acto
creativo, para enfatizar en ciertos rasgos
individuales y familiares inéditos o al
menos no aceptados por el discurso oficial,
que desde la esfera de lo artístico le van a
conferir una significación propia.
El
evangelio según Jesucristo es uno de
los más intensos y significativos libros que
se han escrito sobre Jesús en Occidente y al
que pertenecen obras esenciales como Vida
de Jesús, de Ernest Renán, Cristo
de nuevo crucificado, de Niko
Kazantzakis, La historia de Cristo,
de Giovanni Papini. Estructurada en 24
episodios de variada extensión como
las 24 horas que comprenden el día y noche
de los hombres- y utilizando propuestas
formales narrativas como la metaficción, la
intertextualidad, la polifonía, la novela
revela una dimensión múltiple del héroe
visto desde la complejidad existencial y
religiosa, que es la base de su verosimilitud
artística.
A lo largo
de todo el texto, el autor insiste en el
sentido pleno de su libro, que es un
«evangelio» sobre Jesús, en el que no se
desconocen ni se niegan los demás
evangelios, sean estos canónicos, gnósticos
o apócrifos, sino que se trata de un
«evangelio» escrito desde la
modernidad histórica y por lo tanto una
novela en el nivel más amplio del término.
En este sentido, la metaficción es el
instrumento más eficaz de esta ruptura en la
que el propio autor habla con la narración,
es personaje implicado y conciencia del
relato.
En esta
novela/evangelio de Saramago, una serie de
hechos adquieren eficacia fundamental para
configurar la imagen del héroe que
transgrede el arquetipo religioso histórico,
ya que el propósito central es construir un
libro abierto a la discusión ideológica,
sociológica, filosófica y teologal. Estos
aspectos, que constituyen núcleos narrativos
estructurantes, se refieren en especial a su
origen, a la culpa que hereda de su padre, al
aprendizaje de la vida, al amor sensual y a
su destino como conductor de hombres.
El
origen
Lo
sobrenatural no pierde su índole en el mundo
de lo histórico, sino más bien se oculta,
para que permanezca en el misterio, como en
el caso de la aparición del ángel en forma
de mendigo, que anuncia a María el haber
sido escogida para engendrar un hijo que
sería el Hijo del Señor. El origen de
Jesús, a pesar de la sacralidad de estas
señales, ocurre en la simplicidad del amor y
de la cópula de José y María, que el
escritor trasciende con un lenguaje altamente
poético:
Dios,
que está en todas partes, estaba allí,
pero, siendo lo que es, un espíritu
puro, no podía ver cómo la piel de uno
tocaba la piel del otro, cómo la carne
de él penetró en la de ella, creadas
una y otra para eso mismo y,
probablemente, no se encontraría allí
cuando la simiente sagrada de José se
derramó en el sagrado interior de
María, sagrados ambos por la fuente y
copa de la vida, en verdad hay cosas que
el mismo Dios no entiende, aunque las
haya creado (p. 27).
Al igual que
respecto de su origen y del difícil viaje
que deben hacer sus padres para cumplir con
la obligación del censo, Jesús es mostrado
desde su nacimiento como otro cualquiera de
los mortales que habitan en su región en
tiempos de Herodes, en un consciente proceso
de desacralización del personaje histórico
en busca de una dimensión más significativa
desde lo humano. Nace en una cueva, asistida
María en su parto por la esclava Zelomi,
pues El hijo de José y María nació
como todos los hijos de los hombres, viscoso
de sus mucosidades y sufriendo en silencio
(p. 91).
La
culpa
La novela de
Saramago, si bien tiene como núcleo la vida
y las obras de Jesús, pues se trata de un
evangelio, es también la
historia de una culpa, la de José, que al
enterarse anticipadamente de que los niños
menores de tres años de Belén irían a ser
asesinados por los soldados romanos
cumpliendo la fatídica orden de Herodes, no
da aviso a sus padres, pues decide salvar el
suyo y refugiarse en la cueva donde ha nacido
y a donde no llegan los soldados. José será
atormentado hasta el día de su muerte por
horribles pesadillas en las que se ve
asesinando a su propio hijo y tendrá que
cargar esta culpa hasta el final de sus
días, crucrificado como supuesto combatiente
del pueblo judío contra el poder romano. Una
muerte expiatoria pero insuficiente, ya que
será transferida simbólicamente por las
sandalias que recoge el adolescente Jesús,
cuando penosamente viaja con su madre a
Séforis para reclamar el cadáver de su
padre.
Experto en
estos avatares de la culpa, el autor no sólo
relata de manera reiterativa el incidente del
silencio cobarde de José, sino pondrá en
boca del ángel anunciador esta grave
omisión a María, señalándolo como
culpable, con unas duras frases que lo
designan como responsable del crimen de los
otros y por lo cual no será nunca perdonado:
(
)
Dijo María, Qué hemos hecho nosotros. Dijo
el ángel, Fue la crueldad de Herodes la que
hizo desenvainar los puñales, pero vuestro
egoísmo y cobardía fueron las cuerdas que
ataron los pies y las manos de las
víctimas
el carpintero podía haberlo
hecho todo, avisar a la aldea de que de
venían de camino los soldados para matar a
los niños
(p.130).
| (...) la
novela reivindica al Diablo y a
Jesús, liberándolos del
maniqueísmo religioso católico
sobre el Mal y el Amor, al mismo
tiempo que relativiza la imagen
omnipotente de Dios, en busca de la
trascendencia humana. |
Y no tendrá
perdón por los designios injustos pero
irrefutables de una divinidad muy
complaciente con el mal de los malos pero
radicalmente severo con las flaquezas u
omisiones de su pueblo, de los hombres buenos
y creyentes, como José:
(
)
Dijo el ángel, Ya te he dicho que no hay
perdón para este crimen, antes sería
perdonado Herodes que tu marido, antes se
perdonará a un traidor que a un renegado
(p. 130).
De modo que
los sueños, como vestigos del espíritu de
un cuerpo que soporta el mal propio y el
ajeno, serán la presencia incesante de un
incidente que funciona como núcleo
estructural en la novela, tanto en el padre
como en el hijo, pero que reivindican en su
dramatismo a José y le dotan de una
dimensión trágica muy particular(7).
Sueños y pesadillas que siempre ocurren en
medio de la luz incierta de la aurora, que el
autor refuerza metafóricamente, porque ellos
llegan con su sobresalto a inquietar al pobre
hombre cuando (
) Era la hora en que
el crespúsculo matutino cubre de un gris
ceniza los colores del mundo (p. 23)
Los
ritos de paso:
- El aprendizaje de la vida
Apenas
cumplidos los 13 años y como símbolo del
ingreso del hombre judío al mundo de los
adultos, Jesús decide abandonar a su madre
viuda y a sus hermanos, con una
determinación y una madurez precoz que
pregifuran el futuro que le aguarda, pero que
en el momento apenas vislumbran su
desconcierto. Luego de confrontar duramente a
María en el desierto sobre las
circunstancias de su nacimiento y de
corroborar la falta de su padre con los
niños de Belén, el aprendiz de carpintero
se convierte en aprendiz de una vida
solitaria que va moldeando a través de ritos
de paso: los encuentros sucesivos con Pastor,
a la vez ángel y demonio, Juan Bautista, los
escribas y fariseos, Dios, Satanás, María
de Magdala, los pescadores y campesinos que
fungirán luego de apóstoles y otros
personajes claves en la vida del Jesús
histórico.
La
invención narrativa alcanza en este
aprendizaje niveles significativos en la
gestación de un héroe cultural
profundamente humanizado, problemático, que
debe descubrir el mundo por sus propios
medios y temores. El carácter enigmático y
sobrenatural de Pastor, que cuida unas ovejas
que no le pertenecen a nadie y que puede
simbolizar la ambigüedad del bien y el mal
por la posesión de saberes ocultos,
representa el primer encuentro iniciático
del joven en la búsqueda de sus raíces y el
comienzo del desciframiento de un destino que
no logra entender. Como material
novelístico, los largos diálogos y
confrontaciones de Jesús con Pastor sirven
igualmente para cuestionar muchos principios
de la tradición, como el temor a la
divinidad, la omnipotencia y justicia del
dios judío, la noción de la libertad, la
rebelión del demonio, el amor, la
solidaridad y otros principios fundamentales
de la religión católica.
El
enfrentamiento ético y teológico de este
Jesús adolescente experto en las sagradas
escrituras y el misterioso hombre que se hace
llamar Pastor, representa la confrontación
de Saramago con la tradición religiosa
cristiana, que ha estigmatizado al Diablo y
supervalorado a Dios, siempre en detrimento
del hombre, de la libertad, de sus sueños.
Con un tono sarcástico, Pastor es la
conciencia de una humanidad que se niega a la
sumisión y al dogmatismo y que por tanto
cuestiona el carácter falaz de su poder:
(
)
lo que sí te puedo decir es que no gustaría
verme en la piel de un dios que al mismo
tiempo guía la mano del puñal del asesino y
ofrece el cuello que va a ser cortado (p.
266)
Algo similar
ocurre cuando el joven Jesús enfrenta al
escriba del templo, sólo que en este caso la
conciencia crítica está en cabeza del
protagonista, que rebate implacablemente el
dogma de la culpa porque es víctima de ella,
en varios pasajes de una trastocada y lúcida
mayéutica en la que el interrogado es el
maestro de las escrituras y el contradictor
el joven alumno de la vida.
- El
amor sensual: María de Magdala
Jesús se
convierte en adulto cuando conoce a María de
Magdala, camino a Nazareth, luego de que Dios
se le ha aparecido por primera vez y de ser
expulsado de su rebaño por Pastor porque ha
sacrificado una de sus ovejas al Señor en
señal de agradecimiento. El aprendizaje ha
durado cuatro años, y ya el joven ha dado
muestra de ciertos poderes adivinatorios o
premonitorios, como el de la pesca abundante
cuando acompaña a Simón y Andrés en el
lago de Genesaret. Un aprendizaje que no
incluye, claro está, el mundo de los
sentidos, pues su condición de esenio le
ordena apartarse de las mujeres. Pero el
encuentro con esta espléndida mujer en
Magdala cambiará radicalmente su vida,
haciéndolo hombre por el disfrute del amor
sensual, en unos de los episodios más
significativos en la novela.
Mediante un
simbolismo sutil, la novela muestra cómo
María de Magdala cura la herida en un pie
que Jesús se había hecho en el desierto,
justo luego del encuentro con Dios y que poco
a poco se ha ido convirtiendo en una llaga,
que las manos de la mujer aliviarán
amorosamente. Como si las manos impuras de lo
humano aliviaran las llagas de lo sagrado,
como si el descubrimiento de los sentidos
curaran las heridas del desierto de la
divinidad.
El encuentro
con esta dulce mujer, que hasta entonces
funge de prostituta, es otro de rito de paso,
una ceremonia iniciática en la que Jesús
será preparado para el disfrute del cuerpo y
donde el erotismo será exaltado a su nivel
más alto por la magia expresiva del
lenguaje. Con la ternura propia de una mujer
que hace conocer por primera vez las delicias
de la intimidad a un hombre joven, María
repite suavemente: Aprende, aprende
mi cuerpo, Aprende,
aprende tu cuerpo". Y este
encuentro de los cuerpos ocurre en una
atmósfera hedonista maravillosa, como la del
Cantar de los Cantares de Salomón, que es el
referente bíblico intertextual con el que la
novela dialoga. La mujer lo ha desnudado,
bañado y llevado al lecho y cuando ella
aparece, también desnuda, le pide que la
mire:
(
)
Eres hermoso, pero para ser perfecto tienes
que abrir los ojos. Dudando los abrió
Jesús, e inmediatamente los cerró,
deslumbrado, volvió a abrirlos y en ese
instante supo lo que en verdad querían decir
aquellas palabras del rey Salomón, Las
curvas de tus caderas son como joyas, tu
ombligo es una copa redondeada llena de vino
perfumado, tu vientre es un monte de trigo
cercado de lirios, tus dos senos son como dos
hijos gemelos de una gacela (p. 323)
El hallazgo
de su cuerpo y del cuerpo de la mujer, por el
tono poético en que está narrado y la sutil
belleza del entorno, enaltecen y en cierta
medida sacralizan el erotismo, liberándolo
del pecado, en una escena en donde la
transgresión abre las puertas del sentido,
inaugura al hombre en el placer de su
intimidad, rescata lo profano sensual como
uno de los aspectos fundamentales de lo
humano:
Calma,
no te preocupes, no te muevas, déjame a mí,
entonces sintió que una parte de su cuerpo,
ésa, se había hundido en el cuerpo de ella,
que un anillo de fuego lo envolvía, yendo y
viniendo, que un estremecimiento lo sacudía
por dentro, como un pez agigantán-dose, y
que de súbito se escapaba gritando,
imposible, no puede ser, los peces no gritan,
él, sí, era él quien gritaba, al mismo
tiempo que María, gimiendo, dejaba caer su
cuerpo sobre el de él, yendo a beberle en la
boca el grito, en un ávido y ansioso beso
que desencadenó en el cuerpo de Jesús un
segundo e interminable estremecimiento (p.
324).
-
Dios y el Diablo
Uno de los
capítulos más estremecedores de la novela
de Saramago es el encuentro de Jesús con
Dios y el Diablo, en una barca en medio de la
densa niebla del mar de Galilea, en el que el
mismo Dios le anuncia su muerte en la cruz y
le relata el futuro terrible que le espera a
la humanidad con sus guerras, hambrunas,
mártires, Cruzadas, Inquisición, como
destino irremediable que él mismo gesta,
padece y disfruta. El intenso diálogo entre
Jesús y Dios inmersos en la bruma del mar y
la luz en círculo que los encierra es
también una imagen revestida de gran
simbolismo, en donde que el Padre se confiesa
ante el Hijo, en el que Dios como conciencia
inefable del tiempo manifiesta su poder y su
eterna soledad, pero también su contingencia
y dependencia. Y es allí en donde la
presencia del Diablo adquiere un dimensión
significativa, pues el Mal no es un engendro
sino la consecuencia del Bien, para que la
obra asignada al hombre cumpla los designios
de ese Dios todopoderoso pero inmensamente
cruel con el hombre, como él mismo lo
reconoce.
| Saramago,
crítico inexorable de los mitos
judeocristianos, crea un ser
maravilloso, solitario, culpable, en
el que se congrega simbólicamente la
búsqueda del hombre por la libertad
y se reivindica la dialéctica de la
transgresión. |
Este
encuentro es otro rito de paso, en el cual
Jesús, asediado por Dios y vigilado por el
Diablo, podrá confrontar plenamente las
fuerzas que lo asedian y elaborar sus propias
conclusiones. Escuchará la lógica severa de
Dios sobre el destino de la humanidad, la
necesidad del Mal y de la obediencia, el
sacrificio de su Hijo, así como la
dialéctica implacable y sabia del Diablo
que, ya cansado por el estigma que se le
endilga, propone a Dios cambiar el tiempo,
conceder al hombre la felicidad en el bien
absoluto, eliminando para siempre el mal,
así él deba renunciar a su búsqueda. Y
recibiendo, como es de esperarse, la negativa
rotunda de Dios, pues el Mal que debe
soportar para siempre el hombre es su propia
supervivencia.
En este
sentido, la novela reivindica al Diablo y a
Jesús, liberándolos del maniqueísmo
religioso católico sobre el Mal y el Amor,
al mismo tiempo que relativiza la imagen
omnipotente de Dios, en busca de la
trascendencia humana.
Coda
non santa
Los
evangelios de Mailer y Saramago
son visiones literarias disímiles en las que
es evidente el propósito de desmitificar la
imagen utilitarista que de Jesucristo ha
manejado la tradición católica y cristiana,
al tiempo que procuran humanizarlo en su
auténtica dimensión histórica y trágica.
Son novelas modernas que buscan una
virtualidad más allá de los esquemas, más
acá de la humanidad del héroe cultural,
dignificando su significación individual y
colectiva. Mailer, desde la perspectiva de
una breve biografía novelada en primera
persona que no logra romper el cerco de los
evangelios canónicos, aunque con tonos y
atmósferas llenos de la mejor poesía,
creando la ilusión de un ser alucinado por
su propia mística y realidad. Saramago, a
partir de una auténtica novela moderna con
recursos formales como la metaficción, la
polifonía, la intertextualidad,
perfectamente acordes con su propósito
iconoclasta, en una obra vibrante,
desbordante de humanidad y de expresividad
literaria. Mailer, complaciente con la
tradición, no alcanza a gestar una
virtualidad propia para ambientar a su
protagonista y al mundo en el que éste
realiza su búsqueda. Saramago, crítico
inexorable de los mitos judeocristianos, crea
un ser maravilloso, solitario, culpable, en
el que se congrega simbólicamente la
búsqueda del hombre por la libertad y se
reivindica la dialéctica de la
transgresión. Mailer, poeta de la
ensoñación de un Jesucristo sacrificado en
vano cuando el mundo todavía era joven.
Saramago, evangelista ateo de la modernidad,
visionario del ser escindido y del peso de la
culpa. Jesucristo a dos voces, para que los
que no crean en los dogmas religiosos al
menos crean en la magia de la literatura.