El
objetivo de este trabajo es abordar, desde una perspectiva
comunicacional y cultural un hecho lingüístico que podría
considerarse lexicográfico inclusive, pero que, a nuestro
parecer es imposible explicarlo sólo desde una perspectiva
descriptiva y/o inmanentista de la lengua.
Se trata justamente del modo específico de hablar de un grupo
de jóvenes pereiranos, en particular, quienes han optado una
forma de vida que en buena parte difiere de las maneras estandarizadas,
al interior de una cultura mediada por prácticas socialmente
aceptadas. Forma de vida ella que conlleva especificidades
de comunicación lingüística con producciones lexicales que
obedecen más que a mecanismos formales de la lengua, a hechos
discursivos que, en esencia, sólo podrían explicarse a partir
de las relaciones intersujetivas y contextuales dadas al interior
de los divergentes grupos urbanos, donde hacen sentido y generan
interesantes dinámicas culturales y de comunicación. Es en
este ámbito donde se evidencia el divorcio con las formas
de hablar de la sociedad legitimada por un poder, al crear
disociaciones en el estilo de vida y consecuentemente en la
forma de hablar de sus actores.
No
sería iconoclástico pensar que un hecho lexicográfico en apariencia,
deba mirarse desde perspectivas discursivas y pragmáticas.
Nada del problema nos explicaría la morfología, por ejemplo,
que estaría centrada en estructuras de palabras y normas de
ubicación morfológica. Ello no pasaría de ser una muestra
un tanto anecdótica que no daría razón del conjunto de hechos
y actos imbricados en la construcción de la palabra, en tanto
que elemento participante de expresión de un acto comunicativo.
En este sentido, sería improcedente desconocer que, en su
conjunto, los contextos específicos, las circunstancias concretas
y el tipo de relación establecida entre los usuarios, determinan
el uso de la palabra y su función dentro del proceso global
de significación del evento de comunicación. En últimas, se
quiere mostrar que si bien la morfología sería una ayuda para
describir los hechos, ella como tal no podría explicarlos
de manera suficiente dada la limitación de su objeto.
Otro
tanto podría decirse de la sintaxis estructuralista, que como
la morfología tiene el objetivo de ubicar categorías y funciones
gramaticales al interior de estructuras lingüísticas. Ya que
su objetivo es la segmentación oracional, ella no podría dar
razón de los fenómenos de combinación de construcciones lexicosemánticas,
cuya segmentación produciría una extinción del sentido, entendiendo
éste como la expresión de una intención comunicativa de un
destinatario en un momento determinado.
Para
ilustrar lo anterior consideremos la oración “Juan me tomó
del pelo”, donde el sentido de “me tomó del pelo” no es la
sumatoria de los elementos lexicales me+ tomó + de + el +
pelo, sino que obedece a una construcción postsemántica donde
posiblemente no se ubique ninguno de estos elementos en una
estructura profunda, por ejemplo. Es decir, segmentar la expresión
antes enunciada, implicaría su extinción en tanto organización
sintáctico-semántica, productora de ese sentido construido
intencionalmente por el usuario, dentro de un contexto y circunstancias
específicos.
El
problema que nos ocupa podría mirarse también desde la Gramática
Generativa Transformacional, preocupada por la base inmanentista
del lenguaje y su sistema formal, con fundamento mentalista,
cartesiano, en el que el comportamiento del hablante-oyente
real de la lengua y su comportamiento dialógico e interrelacional,
no juega en absoluto dentro de la explicación de los hechos
del lenguaje.
El
componente transformacional de la teoría inmanentista tampoco
nos daría razón del hecho ya que éste hace uso de mecanismos
de adición, substitución, permutación y elisión de elementos
lexicales y gramaticales, obedeciendo a criterios sintácticos
para la acomodación que da como resultado una estructura superficial.
Una semiótica integral de la lengua nos diría que dichos procesos
de transformación no son simplemente procesos matemáticos,
si se quiere, sino condiciones lingüísticas determinadas desde
las competencias comunicativa y cultural, hasta unas quiescencias
caprichosas del usuario para expresar su subjetividad, aun
a costa de la perturbación del sistema; ello revela en cierta
forma la no necesaria regularidad en el habla y por ende,
la no absoluta previsibilidad de la construcción de enunciados
a partir del sistema abstracto.
Cerramos
esta idea tratando de explicar cómo la Lingüística Generativa
Transformacional, desde su concepción de una teoría del lenguaje,
que es su propósito, no puede dar razón del comportamiento
lingüístico de los hablantes, dado que su preocupación no
está en el habla-uso, sino en la lengua, no está en el emisor
sino en el hablante, no está en el destinatario sino en el
oyente, y no se preocupa por las relaciones que se dan entre
los interlocutores, las distancias o no que median entre los
mismos y mucho menos por hechos socio-culturales que en gran
manera determinan, necesariamente, el uso de la lengua.
Una
vez descartadas estas perspectivas formales de la lengua,
trataremos de mirar nuestro objeto de trabajo desde lo que
como lingüistas y comunicadores consideramos que es y debe
ser un abordaje legítimo del fenómeno, a fin de dar cuenta
del hecho al interior de una semiótica integral en la que
sin contradecirnos, involucramos también hechos formales de
la lengua, como mojones fundamentales en el proceso de la
producción de significado y sentido.
Por
lo tanto, el hecho de la producción lingüística, cuyo plexo
constitucional resulta imprevisible, estructura sin embargo
juegos de lenguaje a imagen y semejanza de la forma de vida
del grupo social. Ello quiere decir que usar el lenguaje difiere
en su constitución de unos grupos a otros, porque también
difiere la forma como los participantes son actores en la
construcción histórica de la palabra. Construcción que se
rige en gran medida por una serie de prácticas comunicacionales
al interior de las complejas culturas urbanas, mediadas por
prácticas de consumo y por el uso de un lenguaje que resulta
de los acuerdos tácitos con los productos massmediáticos,
que toman la forma de mensajes musicales, televisivos o publicitarios,
exarcebados en las relaciones dialógicas que suscitan entre
sí miembros pertenecientes a los clanes urbanos.
| Desde su inicio la aldea
definió políticas progresistas en función de sus prácticas
comerciales. La fonda se convirtió en la primera forma
comercial por excelencia y en torno a ella la aldea empezó
a caracterizar su fisonomía cultural y lingüística. |
Ahora
bien, detengámonos un poco en Pereira como espacio histórico
y geográfico, que concita a ciertos grupos caracterizados
por sus prácticas comunicacionales. Cruce de caminos, la aldea
se hizo ciudad a partir de 1863, año de su fundación. Gracias
a su privilegiada ubicación geográfica, Pereira motivó el
asentamiento de grupos humanos provenientes de Antioquia y
Cauca, particularmente, acosados por problemas económicos
y de orden político. Desde su inicio la aldea definió políticas
progresistas en función de sus prácticas comerciales. La fonda
se convirtió en la primera forma comercial por excelencia
y en torno a ella la aldea empezó a caracterizar su fisonomía
cultural y lingüística. Frente al desarrollo de Manizales
como ciudad ‘espiritual´ y conservadora -atendiendo a los
imaginarios que ciertos analistas de la cultura del Gran Caldas
han venido sosteniendo-, se destaca el desarrollo acelerado
de Pereira como ciudad que ha tenido en el comercio la posibilidad
de progreso vertiginoso, a nivel de su entramado urbano y
como ámbito de movilidad social.
Si
a esto se agrega que han sido justamente los comerciantes
quienes han determinado el progreso educativo y cultural de
la urbe, se entiende por qué, siendo cruce de caminos, Pereira
ha permitido el asentamiento de grupos variados y complejos
en busca de oportunidades y de un lugar donde sea posible
el hecho de vivir. Es decir, son los grupos migratorios, desde
la época en que los arrieros y los marchantes pernoctaban
en las fondas, epicentros además de variadas prácticas lingüísticas,
ubicadas a la orilla de un camino que conducía a Salamina
y Manizales, los que en realidad han determinado la constitución
de ese grupo social al que se le denomina “pereirano”. Con
ello se resalta una característica bien particular de nuestra
geografía humana, en el sentido en que es visible observar
cómo los migrantes se adecúan y aceptan rápidamente lo que
el nuevo espacio les ofrece. El antioqueño, el caucano, el
tolimense, el bogotano, entre otros, dejan de serlo para convertirse
en “pereiranos”, para hacer parte de la dinámica de una ciudad
que desde sus imaginarios se muestra tolerante, cívica, solidaria
y “ sin forasteros”, puesto que aquí “todos somos pereiranos”,
según reza un eslogan de vieja data.
De
otra parte, a Pereira se la promociona como ciudad sin puertas,
es decir, abierta a lo foráneo, acaso sin intimidad, a la
expectativa de lo que otros pueden hacer por ella. De ahí
que fenómenos como el del narcotráfico, que en los años ochenta
determinaron en buena medida la economía regional y las prácticas
culturales de las “nuevas clases emergentes”, se haya presentado
con tal fuerza en la ciudad de Pereira.
Se comprende por ello que sin dejar de ser una ciudad intermedia
y bastante joven, Pereira haya enfrentado los cambios de la
modernización sin muchos contratiempos. ¿Pero qué han implicado
esos cambios para el desarrollo de la ciudad? En primer lugar,
una actitud mental abierta y tolerante ante los riesgos que
supone el fenómeno de la globalización, el libre mercado,
la toma de lugar de los modernos grupos migrantes, la asunción
de clases sociales permeadas por los medios masivos de comunicación
y el fortalecimiento de unas nuevas generaciones cada vez
más intercomunicadas y empeñadas con las exigencias éticas
y culturales del mundo global.
De modo que resulta inevitable no hablar de ciertas prácticas
urbanas, no ajenas a este espacio concreto que se denomina
Pereira y en cuyo ámbito, para el estudio que nos ocupa, prevalecen
grupos caracterizados social y culturalmente, con formas de
vida que privilegian a su vez formas particulares de hablar,
maneras específicas de hacer uso de un lenguaje que, en sí
mismo, consigue asumirlos como ghettos o comunidades cerradas,
pero nunca aislados de un contexto cultural de donde enriquecen
sus visiones de mundo y sus maneras de ser urbanos.
| De otra parte, a Pereira
se la promociona como ciudad sin puertas, es decir, abierta
a lo foráneo, acaso sin intimidad, a la expectativa de
lo que otros pueden hacer por ella. |
Expongamos ahora un poco la condición de ser de estos grupos
o ghettos asentados en Pereira. Quizá por ser una ciudad aún
pequeña, si se la compara con Medellín o Bogotá, aquí se sigue
privilegiando la noción de “centro”, que en buena medida corresponde
al casco urbano alrededor de la Plaza de Bolívar y el sector
de la antigua galería central, esto es, la zona comercial
que convoca diariamente a miles de personas en torno a prácticas
comerciales de todo orden, incluyendo a las informales, como
actividades cada vez más fuertes y necesarias, con las que
muchos sectores deprimidos enfrentan la crisis económica nacional.
De esta informalidad surge, por ejemplo, el grupo de los artesanos,
ubicados en la Peatonal de la dieciocho, entre carreras sexta
y séptima, alrededor de los cuales hacen presencia miembros
de otros grupos, vinculados por intereses comunes en torno
a la música, a las modas, al consumo o a las maneras de ser
en el ámbito citadino, donde toman cuerpo las historias de
vida, como la de ‘Colacho´ (1) , un
parcero más:
El
mundo de Nicolás o ‘Colacho´, como le gusta hacerse llamar,
forma parte de una manera de ser y estar en la vida. Fieles
a sus propias normas, los artesanos se vinculan a grupos
que se niegan a vivir bajo las imposiciones rígidas de una
sociedad homogénea. Pertenecientes a familias citadinas,
más bien de escasos recursos, deciden separarse de ellas
muy pronto para asumir sus vidas de manera autónoma, así
las proyecciones académicas se vean entorpecidas a mitad
de camino o el calor familiar les indique otros rumbos aceptados
por la colectividad.
De
ahí su trashumancia, su desapego ante las cosas materiales.
Permanecen temporadas largas o cortas, dependiendo de las
demandas de su labor informal, en ciudades a las cuales
no los apega nada, salvo la conformación de una familia
o una relación sentimental que les haga cambiar de paracer.
Viven por lo general en hoteles baratos o en inquilinatos.
La verdad, su trabajo informal sólo les permite ganar el
dinero suficiente para pasar el día. Les gusta la música,
la cerveza y una gran mayoría consume marihuana, porque
ella les despierta la sensibilidad y las emociones y los
hace habitar un mundo amable, lleno de imágenes y de “alegría”,
quizá porque han sido heridos por esos destellos y ritmos
sugerentes que provienen del rock. Cuando se refieren a
la música que escuchan con frecuencia, suelen utilizar interjeciones
como “¡Qué descarga tan hijueputa!”, “¡Ese tema
es una chimba!”, con las cuales manifiestan sentimientos
que los aproxima e identifica como grupo. Son muy amantes
de la ecología y todo lo que tiene que ver con la naturaleza
les parece una razón de vida. Tal vez por eso algunos se
inclinan por practicar doctrinas hindúes u orientales. Practican
una vida vegetariana para mantenerse en forma, acaso porque
se saben sedentarios y evitan enfermarse. Se inician en
los rituales de los vedas, piden favores a Krishna, a Visnú
y mezclan un tanto sus creencias con las prácticas de la
culturas aborígenes.
Algunos de los objetos que exhiben en su cuello o brazos
son símbolos de formas de vida. Es común verlos con la figura
del Yin y el Yan, con rostros expresivos de estados emocionales.
Poseen amuletos, piedras, semillas y objetos precolombinos,
regalos de un chamán o brujo que conocieron en una de sus
correrías por alguna tribu indígena.
En
Pereira frecuentan sitios donde el licor resulta muy barato.
Se los ve en bares como El Pavo, El Corcho o La Chisga.
Y cuando quieren compartir con sus parceros en lugares más
propios y marcados, pasándola bien, como ellos dicen, entonces
se reúnen en Zeppellin, La Cueva o Buziraco.
¡Quiubo llave !. Fue el saludo que expresó ‘Colacho´. Lleva
veinte años desempeñándose como artesano, diez de los cuales
los ha pasado en la peatonal de la dieciocho, entre carreras
6 y 7 de Pereira -sitio que en la época de los años veinte
lo llamaban “La calle del miadero”-. Su apariencia física
delimita muy bien el entorno en el que se desempeña, pues
al igual que muchos de sus compañeros artesanos, luce una
larga y desarreglada cabellera, una espesa barba, botas
gruesas, camiseta y jeans un poco sucios y tanto en el cuello
como en el pulso de su mano exhibe variados collares y pulseras
de tipo artesanal, además de la infaltable candonga en su
oreja izquierda y un enorme tatuaje en su antebrazo.
“Parce, hágame un cruce ahí, présteme tres luquitas hasta
ahorita”. Fue lo que dijo un compañero suyo que interrumpió
la conversación con Colacho. Pero no sólo él, también los
incontables clientes que querían comprar o simplemente curiosear
alguno de los productos que él elabora y expende.
Hombre
de 33 años, descomplicado y espontáneo, Colacho posee un
magnífico sentido del humor. Afirmó que Pereira se iba a
inundar debido a una leve llovizna que caía en ese instante
y que podía estropear su mercancía extendida en el suelo.
Además aseveró, que sí tenía descendencia, que contaba 14
hijos con igual número de mujeres. Luego, un poco más serio,
expresó que tenía tres hijos, fruto de la unión con una
pelada con la que convivió un tiempo y a los que
aún hoy les colabora económicamente.
Colacho
reconoce que ha llevado una vida de aventurero que le ha
permitido viajar por distintos lugares del país y del exterior,
como el año en que vivió en Venezuela, “Siempre llevando
mi arte”.
A
pesar de no tener estudios secundarios, Colacho ha realizado
varios cursos en el SENA, todos referentes al comercio y
al mercadeo, que ha aplicado en su trabajo con mucha utilidad,
sobre todo para afinar el trato con la gente. El y sus colegas
están agrupados legalmente y cuentan con personería jurídica,
lo que les permite laborar con tranquilidad.
Con relación a su grupo de compañeros de trabajo, confiesa
que casi todos meten yerbita y escuchan metal,
lo cual está muy asociado con su particular manera de hablar.
De vez en cuando se reúne con ellos para, como dice él,
“Tomarse unos chorritos con el combo”, pues realmente, afirma,
no le “jala a la cannabis, no hace falta, ¿sí?, todobien”.
| Es meternos en su contexto
e historia de grupo para interpretar la propia dinámica
de la cultura y el mundo de vida que lingüísticamente
nos afecta como pereiranos, dado que nos implicamos
en la misma red de sentidos, en virtud de la convivencia
dentro de un mismo contexto socio-cognitivo. |
Pero
también se desplazan por la ciudad de diálogos fragmentados
y rumores sugestivos, los llamados raperos, los metaleros,
los punkeros, los gomelos, los basuriegos, los voceadores,
los delincuentes comunes, los alternativos e inclusive estudiantes
universitarios que usan, viven, padecen y representan el entramado
urbano con su carga simbólica, con sus lugares oficiales (las
plazas, las iglesias, los estamentos gubernamentales, las
corporaciones), pero también con aquellos no-lugares,
que al decir de Marc Augé, serían aquellos sitios usados de
manera itinerante, aunque con cierta regularidad, por usuarios
en constante tránsito, desapegados de lo que en su momento
pudo haber sido la noción de casa o de hogar. No-lugares propios
de ciudades en permanente obra negra, en constante trasformación.
No-lugares que responden a las necesidades de los grupos o
guetthos antes enunciados y cuyas prácticas urbanas los llevan
a utilizar las esquinas, los parques, las entradas de los
estanquillos, los postes como lugares refugio, como sitios
de todos y de nadie, apropiados para intercambiar diálogos
y para socializar situaciones.
Estos
guetthos llaman la atención por sus formas de vida, ligadas,
tanto por sus atuendos como por su visión de mundo, al movimiento
beatnik de los años sesenta, por el tipo de música
que se consume, y por los sentimientos contestarios de los
jóvenes estudiantes de entonces, cuando abrazar ideales revolucionarios
parecía ser una consigna universal, destacando a la vez los
discursos en torno a la ecología y a la liberación sexual.
Sin
llegar a ser hippies en extremo, pero con claras tendencias
en su ideología y en sus maneras de asumir el entorno cultural,
los miembros de estos clanes se definen como artesanos independientes,
portadores de mensajes culturales bastante cercanos, en virtud
de su oficio manual, a las representaciones simbólicas de
la cultura ancestral; de ahí los objetos y mercancías que
ofrecen a la venta: réplicas de objetos precolombinos, esculturas
en piedra y tejidos en cuero, objetos tallados a mano, etc.
No
obstante, el uso del lenguaje en estos grupos está, de hecho,
muy unido a las prácticas comunicativas contemporáneas y a
los eventos discursivos presentes en el ámbito de nuestros
espacios, aún en tránsito entre lo rural y lo urbano, donde
los diálogos del rebusque, las relaciones interpersonales,
la urgencia de comunicar a los otros en medio del ruido vehicular
y los rumores urbanos, hacen posible el surgimiento de modos
de hablar y de formas de vida.
Es ese lenguaje el que ahora nos interesa estudiar y que ha
sido bautizado, por algunos sectores intelectuales, como el
"Parlache", término que puede resultar peyorativo y
excluyente, pero que da cuenta de la existencia de una manera
de establecerse en el mundo, a través de la puesta en escena
de un discurso renovado y plurisignificante.
En
esta línea, se entiende la lengua como un conjunto de procesos
de variada naturaleza, siempre en funcionamiento sincronizado
que debe responder a las expectativas de un agente-actor de
comunicación en sus juegos de lenguaje, que sustenta una forma
de vida, sujeta a esas mismas prácticas de comunicación, manifestación
y esencia de mundo de vida de los grupos y de los seres individuales
que la constituyen, así como de la historia de la sociedad
que los enmarca. De esta manera, la historia se convierte
en el apalabramiento de la vida que se comparte en lo cotidiano,
sin decisión consciente de pertenencia y sin la reflexión
de un querer estar de sus miembros, lo que constituye el fundamento
del vivir y del pensar, es decir, la matriz integradora desde
donde se estructura el conocimiento de la realidad, donde
se da el entendimiento social y donde los hombres se hacen
cómplices del sentido que subyace en sus prácticas discursivas.
Centremos
ahora la atención en el análisis de un diálogo común e inherente
a los grupos que utilizan el "parlache" como constructo
comunicativo y cultural, en sus relaciones dialógicas e intersujetivas,
de modo que pueda inferirse las implicaciones discursivas
y comunicativas pertinentes, enmarcadas en la historia de
vida, advirtiendo, eso sí, que no se trata de ‘deshuesar´
el texto, sino de llegar a su sentido, para comprender la
vida. Es meternos en su contexto e historia de grupo para
interpretar la propia dinámica de la cultura y el mundo de
vida que lingüísticamente nos afecta como pereiranos, dado
que nos implicamos en la misma red de sentidos, en virtud
de la convivencia dentro de un mismo contexto socio-cognitivo.
Deténgamonos
ahora en el análisis del microcontexto conversacional:
Hemos escogido un caso específico de diálogo sostenido por
cuatro amigos que se encuentran en un andén del Barrio Cuba,
cerca de la antigua carrilera, sitio que por décadas ha sido
estigmatizado como lugar peligroso y ‘nido de delincuentes´.
Esto se debe quizá, en buena parte, a la topografía del lugar
y a la configuración laberíntica del barrio. Las dinámicas
de participación de estos guetthos produce la demarcación
de territorios de exclusivo dominio. No se trata en esta situación
de la cantina, del estanquillo, de la casa o del establecimiento
oficial, cuyos usos responden a prácticas socialmente aceptadas,
en virtud de que ellos existen para la administración pública
y para un accionar urbano regido por las normas. En nuestro
caso, se trata de una esquina, de una banca o de un poste,
es decir lugares públicos que no llevan en sí la forma de
las estancias, pero que están cargados de significaciones,
al interior de las cuales se llevan a cabo juegos del lenguaje
aparentemente asistemáticos, lo cual no es cierto, dado el
sistema de reglas que los interlocutores deben seguir, en
caso contrario de lo cual se caería en el terreno de la incomunicabilidad.
Estos
no-lugares entonces, cargados de sentido y constituidos en
microespacios de comunicación, se encuentran a su vez demarcados
por una serie de símbolos que dicen mensajes y señalan, en
buena medida, la visión de mundo de sus gestores. Tales sitios,
propios de dinámicas urbanas, de mundos complejos e interactivos,
son custodiados por jóvenes con formas de vida donde prevalecen
los afectos de hermandad, el interés por compartir un mismo
consumo musical y el deseo de exhibir una serie de atuendos
llamativos (pantalones bombachos, camisetas anchas, estampados
evocadores de una imagología cercana a la muerte y a sus formas
rituales, colores que sugieren un estado anímico, gorras,
brazaletes, botas), que en sí mismos los identifican como
actores sociales, a la vez que trazan los límites de su accionar
y de su territorio. Y es en este territorio donde se anima
la existencia de unas prácticas discursivas polivalentes y
singulares, por la serie de sentidos que sugieren. No se trata
entonces de un simple diálogo2 , sino de una forma de vincularse
con el mundo, de estar en él y de resignificarlo:
Tonny:
Entonces qué, parce, ¿Todo bien ?
Rolando:
Sisas...niño.
Joe:¿Quihubo
muchacho ?
Tonny:¿Qué
haces, parce ?
Rolando:
No...acá dándome en la cabeza.
Tonny: ¿Dándosen en la cabeza ? ¿Verdad ?
Rolando:
¡Golpiándonos !
Tonny:
Cómo así parce que dándose en la cabeza, ja, ja...niño.
Rolando: Sisas, breve...
Joe:
¿Usted qué, muchacho ?
Tonny:
No, camellando.
Rolando:
¿En la 14 no hay camellito pa’, pa’ ver si... ?
Tonny:
Allá no se reciben gamines, parce.
Joe : ¿Es que ya no está chambiando?
Rolando:
Como que gamín, loco...Toes qué, Joe...¿Vamos a darnos unos
pases hoy ?
Tonny: No...bestia, vamos a meter es cannabis.
Rolando:
Me va a tirar las piolas breve, y va a chupar huele, huele.
Joe: ¡Nos cayeron los tombos, mosca !
Tonny:
¡Uy ! no...pues tenaz ! Oiga parcero es que esto por aquí
es un visaje.
Rolando:
Sisas, esto es el güiro.
Tonny: La capi...
Rolando:
¡Esto es el verdadero güiro! ¿Sí o no, Tonny? Cuando menos
piense caen los judíos y breve que va es aniquilando.
Joe:
A estos chinos los totiaron igual. A mí casi me matan, me
estropean también. Es que usted se tiene que ir adaptando
así, breve.
Rolando: El desatín más horrible.
Tonny:
¿Y qué va a hacer ahora, parce?
Rolando:
¿ Ahora? Lo mismo que todas las noches. Tratar de conquistar
las niñas.
Joe: Ir a ver a las chochas a ver qué dicen.
Tonny: Ir a ver las nenas.
Rolando: Ir a ver las chochitas, breve...
Tonny:
A enredarlas, parce, ¡qué bandera!
Rolando: Cagada, ¿ Sí o no, Tonny?
Tonny:
Y parce dragos... ¿Y usted al fin qué? ¿Esa peladita qué?
¿Se la coronó?
Rolando:
Pues sisas...ahí tratamos de cascarle a eso, pero no se
pudo bestia.
Tonny:
¿Por qué? Rolando: Muy incómoda la circunstancia, ¿no?
Joe: Y está sangrando por la herida porque otro parcero
se la cotizó.
Rolando:
¡Esas no son penas en la vida !
Tonny:
¡Cómo que no son penas en la vida ! ¿Cómo así?
Rolando:
A uno no se le da nada. Breve.
Tonny:
¿No le importa que la nena...?
Rolando:
Nada. Es que hay nenas muy zorras.
Joe: Venga Ton. Venga Ton. ¿Qué hace por allá, parce?
Tonny: Pero ese Ton, ¿Qué es lo que está haciendo?
Rolando: Él está montado en el viaje, todo piolo. Venga
Ton. Ese loco está enrumbao. ¡No le ve esos ojos como los
tiene ! Esto es una repicha.
Tonny:
Una repicha, ¿Cómo así?
Ton : Boleto. Usted sabe que uno está en el solliz y a la
final... sí.
Tonny:
Oiga, Roli...los perritos de Leo tan bonitos...güevón.
Rolando :
¡Uy, sí !
Tonny :
Las bestias. Rolando : Las meras bestias.
Joe: Y el muela de perro que cambió la de él que porque
era muy sebis...
Rolando: Esa es una loquita. Esa es una loca. El creyó que
le iba a salir agüevada.
Joe: La perra más. Sí, la más probona. La más de todo. Más
bestia. Más grande.
Tonny: La más vacana y era como toda seria.
Joe:
Y Arnosis se la llevó. Arnosis es otro que vive muy loco...muy
loco.
Tonny:
¿El peludo?
Rolando: Muy transformado...sisas. En estos días pasó todo
transformado con el perro besti. ¡Uy! Es que ese man sí
es la verdadera bestia.
Joe: ¡Uy qué gonorrea !
Rolando: ¿Y con esas botas platineras iba a marcar?
Tonny:
¿Iba para la carrilera ?
Rolando: Y con el viejo Kruger...Y ese Kruger cuando no
le hace caso. Ese marica ahí mismo lo monta en la suela
y con esas platineras...taque, marica. Pero ese perro siempre
le hace caso.
Tonny:
Vea el joven Dragus y esas chapas. ¡Qué guapo eso ! ¿Por
qué?
Rolando: Nada de desatín, entonces breve. Las chapas, ¿Sí
o no?, pelo de tonto.
Ton: Sí, Roli... chimbo loco.
Tonny: ¡Uy parceros !, ya está tarde, tengo que ir a la
comilona.
Rolando:
¡Qué gonorrea tan comelón!
Tonny:
¡Los vi parceros! ¡A la vuelta nos vemos!
En
el diálogo es importante hacer notar el saludo como una expresión
no sólo de su apertura, por cierto muy informal, sino además
de manifestación de la solidaridad reinante en el grupo como
característica fundamental.
Entre
las formas más utilizadas para expresar ese saludo, además
de las mostradas en el diálogo, tenemos : “Entonces qué, parce”,
“Quihubo marica”, “qué haces, parce”, “Quihubo parce, entonces
qué”, “Entonces qué parcero, todobien”, formas estas en las
que se muestra la relación existente entre los implicados
en el diálogo y la distancia social entre los mismos. “Entonces
qué parce” implica en cierta forma que ha habido y sigue existiendo
una relación discursiva entre los participantes, quienes supuestamente
han dejado algo pendiente, aunque no explicitado.
Este
‘pendiente´ no se refiere a algo en específico sino que en
el último encuentro que tuvieron y en el que hubo lógicamente
una despedida, quedó refrendada la relación que se retoma
en este próximo encuentro. Los vocativos “parce”, “marica”
y otros que son muy comunes como “pirobo”, “Gonorrea”, “Colino”,
“Nena” , “Princesa”, etc, muestran las equivalencias en donde
fundamentalmente se quiere con esta instancia fática introducirse
en el tema de conversación, donde es posible que ni siquiera
se presente información nueva, como puede suponerse, sino
que sobresale el acendramiento de una relación “parcera”,
respaldada por una visión del mundo y posición frente a la
vida.
Estas
formas lingüísticas de saludo pueden sufrir modificaciones
y hasta hacerse mediante fórmulas elípticas como “Oe”, “Bien”,
“Tonces” “ Toes”, “Eso”,“Ajá”, “¿Qué ?” “Eso” “Y”, formas
elípticas estas que están necesariamente en relación con el
tiempo transcurrido antes del último encuentro, es decir,
la longitud de la construcción del saludo está en relación
inversa con el espacio temporal que ha mediado entre la última
relación lingüística y la actual.
| Sin llegar a ser hippies
en extremo, pero con claras tendencias en su ideología
y en sus maneras de asumir el entorno cultural, los miembros
de estos clanes se definen como artesanos independientes,
portadores de mensajes culturales bastante cercanos(...) |
Todas estas formas de saludos, en particular las primeras,
están siempre acompañadas por expresiones kinésicas como chocarse
las cabezas, patearse mutuamente, ‘agredirse´, chocar los
puños, realizar movimientos ritualizados con las palmas de
las manos y los puños y entrelazar las manos en gancho, para
finalmente darse un apretón de manos, formas efusivas estas
en las que subyace las fórmula “Qué energía parce”, implicando
así la alegría de la solidaridad y el estado anímico que los
convoca. Esta kinesis empleada en el saludo es muy importante
y podría ser objeto de investigación muy puntual para darnos
nuevas pistas encaminadas a la elucidación de esa forma de
vida.
| La distorsión de la práctica
lingüística estandarizada deriva de las representaciones
sociales que el parcero construye y luego trasmite en
sus transacciones de sentido, que no se corresponden con
las formas lingüísticas establecidas por convención. |
Congruentemente
con el saludo se da la despedida, como un momento de cerrazón
del diálogo y preparación para un nuevo encuentro. La fórmula
de despedida utilizada está necesariamente en congruencia
con todo lo acontecido en la relación intersujetiva en el
transcurso del desarrollo del diálogo. Así por ejemplo, “Nos
vimos”, “ Nos pillamos” “ Suerte” ,“ Cuìdese”, “Te vi”, “Los
vi parceros”, “A la vuelta” “Todo bien” , “nos vemos parceros”,
“Nos vidrios”, “Vientos parce”, “Listo parce”, “Emigremos
y suerte pues”, expresan un desarrollo amistoso de los dialogantes
y se está implicando que se guarda una buena relación para
el próximo encuentro. Sin embargo, existen otras formas que
inhiben un próximo encuentro o que por lo menos lo ponen en
duda y que en caso de que este ocurra se mantendría el conflicto.
Tal es el caso de cuando en el acto indirecto de la despedida
se emplean las fórmulas “Abrase del parche pirobo”, “Qué gonorrea”,
“Oscurezca” , “Te vi”, “A metros conmigo”, “Suerte”, en el
que se dan de manera simultanea varios actos de habla como
son despedirse, ofender y amenazar.
En
este último caso es frecuente el uso de vocativos como los
manifiestos en el saludo, pero la carga ilocutiva utilizada
y el contexto interaccional construido llevan a la implicatura
de estar expresando una ilocutividad, que no es exactamente
la dada en condiciones de una relación armónica. Como hecho
bien importante debe anotarse que el vocativo ‘parcero´ no
se utiliza en estos contextos mediados por el conflicto y
en el caso improbable de que se haga, tendrá que interpretarse
a modo de carga irónica o sarcástica en el ámbito de la interacción
construida por los dialogantes.
¿Pero
qué se advierte entonces en el uso de un lenguaje que los
varios grupos urbanos asumen como parte de su construcción
de mundo y de la complejidad de sus historias de vida? ¿De
dónde surge ?¿Cuáles son sus motivaciones? La mejor manera
de responder a estos interrogantes podría ser remitirnos a
la parte de un diálogo sostenido por unos parceros y pretender
su análisis a la luz de la interpretación conceptual que se
ha logrado como consecuencia de una observación heurística
del grupo en sus prácticas discursivas:
...
Sebas :
Pero es que estoy todo vuelto mierda, hecho un trapo.
Ubaldo:
¿Pero parce, de dónde surgen esas palabras?
Sebas :
De la alegría, de mera locura, sisas, breve.
La
primera advertencia que se hace en la lectura del diálogo
es que hay una cantidad de distorsiones semánticas dadas a
partir de construcciones convencionalmente aceptadas por la
comunidad estandard. La distorsión de la práctica lingüística
estandarizada deriva de las representaciones sociales que
el parcero construye y luego trasmite en sus transacciones
de sentido, que no se corresponden con las formas lingüísticas
establecidas por convención. Es apenas lógico pensar que frente
a representaciones semánticas y de sentido diferentes y transacciones
de sentido también diferentes, han de corresponder construcciones
lexicales y sintagmáticas de mayor orden, atinentes con las
representaciones simbólicas que surgen de esas nuevas concepciones
de lo que significa estar en el mundo y participar en juegos
de lenguaje.
En otras palabras, dada la posición de no correspondencia
vital con el mundo estandard, se tienen que producir otras
representaciones sociales concordantes con el mundo simbólico
que efectivamente se construye como fruto de resimbolizaciones
dadas a partir de la participación activa y simbólica en una
realidad mediada por la necesidad de acomodarse en un marco
referencial de nuevas convenciones y exigencias discursivas.
En el diálogo sobresalen las expresiones sinónimas de alegría,
de mera locura, cuya significación nos remite a pensar
una realidad cargada de otros símbolos y, se se quiere, de
otros saberes que los actores o dialogantes dinamizan a través
de sus actos discursivos, acaso porque, apoyándonos en una
idea de Braudillard, el signo surge como consecuencia de las
necesidades cognoscitivas expresivas y comunicativas de sus
usuarios. El signo es aquí un todo que se transforma y entra
a resimbolizar un mundo interactivo y en permanente movimiento.
En
este punto de nuestra reflexión y un tanto para concluir,
queremos explicitar el hecho de que no ignoramos la existencia
en Pereira de diferentes grupos con maneras muy particulares
de hacerse a un lugar en el ámbito urbano y cuyos nombres
identitarios, tales como fresas, punkeros, raperos, chirreteros,
vieja guardia, pogueros, gomelindios o chichipatos, skines,
radicales, alternativos, metaleros, charreteros, etc y otros
mencionados anteriormente, remarcan las diferencias como colectividades
cerradas y en no pocos casos herméticas, tendientes a diferenciarse
de las demás a través de sus simbologías externas y de sus
afinidades en torno a la moda, a la música, al modus vivendi
de sus actores, donde se remarcan formas de hablar muy específicas,
con sus ritmos prosódicos y con una manera de ser frente a
la realidad de su contexto.
Estos factores que los caracterizan y los acendra en su identidad
grupal, no obstante, en ningún momento se contradice con el
hecho de que como grupo macro, se conglomeran alrededor del
uso de un sistema sociolectal común, con fragmentaciones producto
de historias y modos de vida específicos, que cargan de diferentes
maneras las matrices semáticas de los elementos lexicales
que les son propios y de las prácticas discursivas que se
ejecutan en sus representaciones simbólicas, a través de las
cuales se expresan como grupo.
Cabe
destacar que al interior de la confluencia de esta variedad
grupal que forma parte del tejido social urbano se evidencia
el alma connotativa de las palabras, en consonancia con la
permeabilidad que resulta inherente a los sociolectos. Es
decir, el ‘parlache´, como práctica lingüística y comunicativa
permea por entero las clases sociales. Es el lenguaje, asumido
como sujeto, en su movimiento diastrático el que, en acuerdo
mutuo, busca lugar y se acomoda. Aquí no interesa la estratificación
social determinada, en últimas, por la administración oficial.
El lenguaje, como la sociedad misma, permanece en movimiento,
se expande, se deconstruye, se reconstruye, está al servicio
de las necesidades cognitivas y comunicativas, principalmente,
de los grupos que lo utilizan. De modo que palabras tan propias
del ‘parlache´ como ‘parce´, ‘todo bien´, ‘sisas´ son
de uso común por la comunidad global, ya que han permeado
todos los estratos socioculturales de la comunidad urbana,
sin que en este momento se pueda exactamente determinar la
ubicación sociolingüística del hablante como consecuencia
de la utilización de construcciones lingüísticas de estracción
netamente parcera, aunque este sería otro poblema digno de
un trabajo académico de mayor envergadura. Abrimos pues el
espacio para la discusión.
*
* *
Glosario
de términos y expresiones propios del ‘parlache´
Agüevada:
Tonta
Bandera : Aburrido
Bestia : Novia
Breve : Sin problema
Bezaca : Cabeza
Cagada : De malas
Camellando : Trabajando
Capi : La mejor
Cascarle a eso : Hacer el amor
Cotizar : Tramar, lograr
Chimbo loco : Mujeriego
Chambiando : Trabajando
Chochas : Novias
A la vuelta : En otra oportunidad
Comelona : Cena
Chupa : Zapatos
Enrumbao: Trabado, enmarihuanado
Desatín : Desorden
Enredar : Conquistar
Güiro : Viaje
Gonorrea : Falso, aventado, lanzado
Gozadera :
La felicidad
Golpiándonos : Trabándonos
Judíos : Sapos, soplones
Huele huele : Bazuco
Meter : Fumar, consumir
Montando en el viaje : Trabándose
Monta en la suela : Darle patadas, puntapies
No son penas : No tiene sentido
Ir a marcar : Visitar la novia
Parce : Amigo
Pases : Dosis
Piolo : Trabado
Pocho : Bajo
Peladita : Niña
Probona : Promiscua
Repicha : Felicidad
Solliz : Programa
Sebis : Zorra, traidora
Sangrando por la herida : Llorando con razón, sin querer
Taque : Tenga
Tombo : Policía
Tenaz : Difícil
Totiar : Matar
Toque(un) : Dosis de perico o cocaína
Vacano : Confiable
Visaje : Que se muestra
Zorra : Traidora