Forma de vida y construcción comunicativa: "El parlache" en Pereira

Ponencia presentada al XXI Congreso de Lingüística, Literatura y Semiótica. Universidad del Cauca, Popayán, año 2000

Rafael Areiza Londoño
Rigoberto Gil Montoya

 

El objetivo de este trabajo es abordar, desde una perspectiva comunicacional y cultural un hecho lingüístico que podría considerarse lexicográfico inclusive, pero que, a nuestro parecer es imposible explicarlo sólo desde una perspectiva descriptiva y/o inmanentista de la lengua.

 

Se trata justamente del modo específico de hablar de un grupo de jóvenes pereiranos, en particular, quienes han optado una forma de vida que en buena parte difiere de las maneras estandarizadas, al interior de una cultura mediada por prácticas socialmente aceptadas. Forma de vida ella que conlleva especificidades de comunicación lingüística con producciones lexicales que obedecen más que a mecanismos formales de la lengua, a hechos discursivos que, en esencia, sólo podrían explicarse a partir de las relaciones intersujetivas y contextuales dadas al interior de los divergentes grupos urbanos, donde hacen sentido y generan interesantes dinámicas culturales y de comunicación. Es en este ámbito donde se evidencia el divorcio con las formas de hablar de la sociedad legitimada por un poder, al crear disociaciones en el estilo de vida y consecuentemente en la forma de hablar de sus actores.

No sería iconoclástico pensar que un hecho lexicográfico en apariencia, deba mirarse desde perspectivas discursivas y pragmáticas. Nada del problema nos explicaría la morfología, por ejemplo, que estaría centrada en estructuras de palabras y normas de ubicación morfológica. Ello no pasaría de ser una muestra un tanto anecdótica que no daría razón del conjunto de hechos y actos imbricados en la construcción de la palabra, en tanto que elemento participante de expresión de un acto comunicativo. En este sentido, sería improcedente desconocer que, en su conjunto, los contextos específicos, las circunstancias concretas y el tipo de relación establecida entre los usuarios, determinan el uso de la palabra y su función dentro del proceso global de significación del evento de comunicación. En últimas, se quiere mostrar que si bien la morfología sería una ayuda para describir los hechos, ella como tal no podría explicarlos de manera suficiente dada la limitación de su objeto.

Otro tanto podría decirse de la sintaxis estructuralista, que como la morfología tiene el objetivo de ubicar categorías y funciones gramaticales al interior de estructuras lingüísticas. Ya que su objetivo es la segmentación oracional, ella no podría dar razón de los fenómenos de combinación de construcciones lexicosemánticas, cuya segmentación produciría una extinción del sentido, entendiendo éste como la expresión de una intención comunicativa de un destinatario en un momento determinado.

Para ilustrar lo anterior consideremos la oración “Juan me tomó del pelo”, donde el sentido de “me tomó del pelo” no es la sumatoria de los elementos lexicales me+ tomó + de + el + pelo, sino que obedece a una construcción postsemántica donde posiblemente no se ubique ninguno de estos elementos en una estructura profunda, por ejemplo. Es decir, segmentar la expresión antes enunciada, implicaría su extinción en tanto organización sintáctico-semántica, productora de ese sentido construido intencionalmente por el usuario, dentro de un contexto y circunstancias específicos.

El problema que nos ocupa podría mirarse también desde la Gramática Generativa Transformacional, preocupada por la base inmanentista del lenguaje y su sistema formal, con fundamento mentalista, cartesiano, en el que el comportamiento del hablante-oyente real de la lengua y su comportamiento dialógico e interrelacional, no juega en absoluto dentro de la explicación de los hechos del lenguaje.

El componente transformacional de la teoría inmanentista tampoco nos daría razón del hecho ya que éste hace uso de mecanismos de adición, substitución, permutación y elisión de elementos lexicales y gramaticales, obedeciendo a criterios sintácticos para la acomodación que da como resultado una estructura superficial.

Una semiótica integral de la lengua nos diría que dichos procesos de transformación no son simplemente procesos matemáticos, si se quiere, sino condiciones lingüísticas determinadas desde las competencias comunicativa y cultural, hasta unas quiescencias caprichosas del usuario para expresar su subjetividad, aun a costa de la perturbación del sistema; ello revela en cierta forma la no necesaria regularidad en el habla y por ende, la no absoluta previsibilidad de la construcción de enunciados a partir del sistema abstracto.

Cerramos esta idea tratando de explicar cómo la Lingüística Generativa Transformacional, desde su concepción de una teoría del lenguaje, que es su propósito, no puede dar razón del comportamiento lingüístico de los hablantes, dado que su preocupación no está en el habla-uso, sino en la lengua, no está en el emisor sino en el hablante, no está en el destinatario sino en el oyente, y no se preocupa por las relaciones que se dan entre los interlocutores, las distancias o no que median entre los mismos y mucho menos por hechos socio-culturales que en gran manera determinan, necesariamente, el uso de la lengua.

Una vez descartadas estas perspectivas formales de la lengua, trataremos de mirar nuestro objeto de trabajo desde lo que como lingüistas y comunicadores consideramos que es y debe ser un abordaje legítimo del fenómeno, a fin de dar cuenta del hecho al interior de una semiótica integral en la que sin contradecirnos, involucramos también hechos formales de la lengua, como mojones fundamentales en el proceso de la producción de significado y sentido.

Por lo tanto, el hecho de la producción lingüística, cuyo plexo constitucional resulta imprevisible, estructura sin embargo juegos de lenguaje a imagen y semejanza de la forma de vida del grupo social. Ello quiere decir que usar el lenguaje difiere en su constitución de unos grupos a otros, porque también difiere la forma como los participantes son actores en la construcción histórica de la palabra. Construcción que se rige en gran medida por una serie de prácticas comunicacionales al interior de las complejas culturas urbanas, mediadas por prácticas de consumo y por el uso de un lenguaje que resulta de los acuerdos tácitos con los productos massmediáticos, que toman la forma de mensajes musicales, televisivos o publicitarios, exarcebados en las relaciones dialógicas que suscitan entre sí miembros pertenecientes a los clanes urbanos.

 

Desde su inicio la aldea definió políticas progresistas en función de sus prácticas comerciales. La fonda se convirtió en la primera forma comercial por excelencia y en torno a ella la aldea empezó a caracterizar su fisonomía cultural y lingüística.

 

Ahora bien, detengámonos un poco en Pereira como espacio histórico y geográfico, que concita a ciertos grupos caracterizados por sus prácticas comunicacionales. Cruce de caminos, la aldea se hizo ciudad a partir de 1863, año de su fundación. Gracias a su privilegiada ubicación geográfica, Pereira motivó el asentamiento de grupos humanos provenientes de Antioquia y Cauca, particularmente, acosados por problemas económicos y de orden político. Desde su inicio la aldea definió políticas progresistas en función de sus prácticas comerciales. La fonda se convirtió en la primera forma comercial por excelencia y en torno a ella la aldea empezó a caracterizar su fisonomía cultural y lingüística. Frente al desarrollo de Manizales como ciudad ‘espiritual´ y conservadora -atendiendo a los imaginarios que ciertos analistas de la cultura del Gran Caldas han venido sosteniendo-, se destaca el desarrollo acelerado de Pereira como ciudad que ha tenido en el comercio la posibilidad de progreso vertiginoso, a nivel de su entramado urbano y como ámbito de movilidad social.

Si a esto se agrega que han sido justamente los comerciantes quienes han determinado el progreso educativo y cultural de la urbe, se entiende por qué, siendo cruce de caminos, Pereira ha permitido el asentamiento de grupos variados y complejos en busca de oportunidades y de un lugar donde sea posible el hecho de vivir. Es decir, son los grupos migratorios, desde la época en que los arrieros y los marchantes pernoctaban en las fondas, epicentros además de variadas prácticas lingüísticas, ubicadas a la orilla de un camino que conducía a Salamina y Manizales, los que en realidad han determinado la constitución de ese grupo social al que se le denomina “pereirano”. Con ello se resalta una característica bien particular de nuestra geografía humana, en el sentido en que es visible observar cómo los migrantes se adecúan y aceptan rápidamente lo que el nuevo espacio les ofrece. El antioqueño, el caucano, el tolimense, el bogotano, entre otros, dejan de serlo para convertirse en “pereiranos”, para hacer parte de la dinámica de una ciudad que desde sus imaginarios se muestra tolerante, cívica, solidaria y “ sin forasteros”, puesto que aquí “todos somos pereiranos”, según reza un eslogan de vieja data.

De otra parte, a Pereira se la promociona como ciudad sin puertas, es decir, abierta a lo foráneo, acaso sin intimidad, a la expectativa de lo que otros pueden hacer por ella. De ahí que fenómenos como el del narcotráfico, que en los años ochenta determinaron en buena medida la economía regional y las prácticas culturales de las “nuevas clases emergentes”, se haya presentado con tal fuerza en la ciudad de Pereira.

Se comprende por ello que sin dejar de ser una ciudad intermedia y bastante joven, Pereira haya enfrentado los cambios de la modernización sin muchos contratiempos. ¿Pero qué han implicado esos cambios para el desarrollo de la ciudad? En primer lugar, una actitud mental abierta y tolerante ante los riesgos que supone el fenómeno de la globalización, el libre mercado, la toma de lugar de los modernos grupos migrantes, la asunción de clases sociales permeadas por los medios masivos de comunicación y el fortalecimiento de unas nuevas generaciones cada vez más intercomunicadas y empeñadas con las exigencias éticas y culturales del mundo global.

De modo que resulta inevitable no hablar de ciertas prácticas urbanas, no ajenas a este espacio concreto que se denomina Pereira y en cuyo ámbito, para el estudio que nos ocupa, prevalecen grupos caracterizados social y culturalmente, con formas de vida que privilegian a su vez formas particulares de hablar, maneras específicas de hacer uso de un lenguaje que, en sí mismo, consigue asumirlos como ghettos o comunidades cerradas, pero nunca aislados de un contexto cultural de donde enriquecen sus visiones de mundo y sus maneras de ser urbanos.

 

De otra parte, a Pereira se la promociona como ciudad sin puertas, es decir, abierta a lo foráneo, acaso sin intimidad, a la expectativa de lo que otros pueden hacer por ella.

 

Expongamos ahora un poco la condición de ser de estos grupos o ghettos asentados en Pereira. Quizá por ser una ciudad aún pequeña, si se la compara con Medellín o Bogotá, aquí se sigue privilegiando la noción de “centro”, que en buena medida corresponde al casco urbano alrededor de la Plaza de Bolívar y el sector de la antigua galería central, esto es, la zona comercial que convoca diariamente a miles de personas en torno a prácticas comerciales de todo orden, incluyendo a las informales, como actividades cada vez más fuertes y necesarias, con las que muchos sectores deprimidos enfrentan la crisis económica nacional. De esta informalidad surge, por ejemplo, el grupo de los artesanos, ubicados en la Peatonal de la dieciocho, entre carreras sexta y séptima, alrededor de los cuales hacen presencia miembros de otros grupos, vinculados por intereses comunes en torno a la música, a las modas, al consumo o a las maneras de ser en el ámbito citadino, donde toman cuerpo las historias de vida, como la de ‘Colacho´ (1) , un parcero más:

El mundo de Nicolás o ‘Colacho´, como le gusta hacerse llamar, forma parte de una manera de ser y estar en la vida. Fieles a sus propias normas, los artesanos se vinculan a grupos que se niegan a vivir bajo las imposiciones rígidas de una sociedad homogénea. Pertenecientes a familias citadinas, más bien de escasos recursos, deciden separarse de ellas muy pronto para asumir sus vidas de manera autónoma, así las proyecciones académicas se vean entorpecidas a mitad de camino o el calor familiar les indique otros rumbos aceptados por la colectividad.

De ahí su trashumancia, su desapego ante las cosas materiales. Permanecen temporadas largas o cortas, dependiendo de las demandas de su labor informal, en ciudades a las cuales no los apega nada, salvo la conformación de una familia o una relación sentimental que les haga cambiar de paracer. Viven por lo general en hoteles baratos o en inquilinatos. La verdad, su trabajo informal sólo les permite ganar el dinero suficiente para pasar el día. Les gusta la música, la cerveza y una gran mayoría consume marihuana, porque ella les despierta la sensibilidad y las emociones y los hace habitar un mundo amable, lleno de imágenes y de “alegría”, quizá porque han sido heridos por esos destellos y ritmos sugerentes que provienen del rock. Cuando se refieren a la música que escuchan con frecuencia, suelen utilizar interjeciones como “¡Qué descarga tan hijueputa!”, “¡Ese tema es una chimba!”, con las cuales manifiestan sentimientos que los aproxima e identifica como grupo. Son muy amantes de la ecología y todo lo que tiene que ver con la naturaleza les parece una razón de vida. Tal vez por eso algunos se inclinan por practicar doctrinas hindúes u orientales. Practican una vida vegetariana para mantenerse en forma, acaso porque se saben sedentarios y evitan enfermarse. Se inician en los rituales de los vedas, piden favores a Krishna, a Visnú y mezclan un tanto sus creencias con las prácticas de la culturas aborígenes.

Algunos de los objetos que exhiben en su cuello o brazos son símbolos de formas de vida. Es común verlos con la figura del Yin y el Yan, con rostros expresivos de estados emocionales. Poseen amuletos, piedras, semillas y objetos precolombinos, regalos de un chamán o brujo que conocieron en una de sus correrías por alguna tribu indígena.

En Pereira frecuentan sitios donde el licor resulta muy barato. Se los ve en bares como El Pavo, El Corcho o La Chisga. Y cuando quieren compartir con sus parceros en lugares más propios y marcados, pasándola bien, como ellos dicen, entonces se reúnen en Zeppellin, La Cueva o Buziraco.

¡Quiubo llave !. Fue el saludo que expresó ‘Colacho´. Lleva veinte años desempeñándose como artesano, diez de los cuales los ha pasado en la peatonal de la dieciocho, entre carreras 6 y 7 de Pereira -sitio que en la época de los años veinte lo llamaban “La calle del miadero”-. Su apariencia física delimita muy bien el entorno en el que se desempeña, pues al igual que muchos de sus compañeros artesanos, luce una larga y desarreglada cabellera, una espesa barba, botas gruesas, camiseta y jeans un poco sucios y tanto en el cuello como en el pulso de su mano exhibe variados collares y pulseras de tipo artesanal, además de la infaltable candonga en su oreja izquierda y un enorme tatuaje en su antebrazo.

Parce, hágame un cruce ahí, présteme tres luquitas hasta ahorita”. Fue lo que dijo un compañero suyo que interrumpió la conversación con Colacho. Pero no sólo él, también los incontables clientes que querían comprar o simplemente curiosear alguno de los productos que él elabora y expende.

Hombre de 33 años, descomplicado y espontáneo, Colacho posee un magnífico sentido del humor. Afirmó que Pereira se iba a inundar debido a una leve llovizna que caía en ese instante y que podía estropear su mercancía extendida en el suelo. Además aseveró, que sí tenía descendencia, que contaba 14 hijos con igual número de mujeres. Luego, un poco más serio, expresó que tenía tres hijos, fruto de la unión con una pelada con la que convivió un tiempo y a los que aún hoy les colabora económicamente.

Colacho reconoce que ha llevado una vida de aventurero que le ha permitido viajar por distintos lugares del país y del exterior, como el año en que vivió en Venezuela, “Siempre llevando mi arte”.

A pesar de no tener estudios secundarios, Colacho ha realizado varios cursos en el SENA, todos referentes al comercio y al mercadeo, que ha aplicado en su trabajo con mucha utilidad, sobre todo para afinar el trato con la gente. El y sus colegas están agrupados legalmente y cuentan con personería jurídica, lo que les permite laborar con tranquilidad.

Con relación a su grupo de compañeros de trabajo, confiesa que casi todos meten yerbita y escuchan metal, lo cual está muy asociado con su particular manera de hablar. De vez en cuando se reúne con ellos para, como dice él, “Tomarse unos chorritos con el combo”, pues realmente, afirma, no le “jala a la cannabis, no hace falta, ¿sí?, todobien”.

 

Es meternos en su contexto e historia de grupo para interpretar la propia dinámica de la cultura y el mundo de vida que lingüísticamente nos afecta como pereiranos, dado que nos implicamos en la misma red de sentidos, en virtud de la convivencia dentro de un mismo contexto socio-cognitivo.

 

Pero también se desplazan por la ciudad de diálogos fragmentados y rumores sugestivos, los llamados raperos, los metaleros, los punkeros, los gomelos, los basuriegos, los voceadores, los delincuentes comunes, los alternativos e inclusive estudiantes universitarios que usan, viven, padecen y representan el entramado urbano con su carga simbólica, con sus lugares oficiales (las plazas, las iglesias, los estamentos gubernamentales, las corporaciones), pero también con aquellos no-lugares, que al decir de Marc Augé, serían aquellos sitios usados de manera itinerante, aunque con cierta regularidad, por usuarios en constante tránsito, desapegados de lo que en su momento pudo haber sido la noción de casa o de hogar. No-lugares propios de ciudades en permanente obra negra, en constante trasformación. No-lugares que responden a las necesidades de los grupos o guetthos antes enunciados y cuyas prácticas urbanas los llevan a utilizar las esquinas, los parques, las entradas de los estanquillos, los postes como lugares refugio, como sitios de todos y de nadie, apropiados para intercambiar diálogos y para socializar situaciones.

Estos guetthos llaman la atención por sus formas de vida, ligadas, tanto por sus atuendos como por su visión de mundo, al movimiento beatnik de los años sesenta, por el tipo de música que se consume, y por los sentimientos contestarios de los jóvenes estudiantes de entonces, cuando abrazar ideales revolucionarios parecía ser una consigna universal, destacando a la vez los discursos en torno a la ecología y a la liberación sexual.

Sin llegar a ser hippies en extremo, pero con claras tendencias en su ideología y en sus maneras de asumir el entorno cultural, los miembros de estos clanes se definen como artesanos independientes, portadores de mensajes culturales bastante cercanos, en virtud de su oficio manual, a las representaciones simbólicas de la cultura ancestral; de ahí los objetos y mercancías que ofrecen a la venta: réplicas de objetos precolombinos, esculturas en piedra y tejidos en cuero, objetos tallados a mano, etc.

No obstante, el uso del lenguaje en estos grupos está, de hecho, muy unido a las prácticas comunicativas contemporáneas y a los eventos discursivos presentes en el ámbito de nuestros espacios, aún en tránsito entre lo rural y lo urbano, donde los diálogos del rebusque, las relaciones interpersonales, la urgencia de comunicar a los otros en medio del ruido vehicular y los rumores urbanos, hacen posible el surgimiento de modos de hablar y de formas de vida.

Es ese lenguaje el que ahora nos interesa estudiar y que ha sido bautizado, por algunos sectores intelectuales, como el "Parlache", término que puede resultar peyorativo y excluyente, pero que da cuenta de la existencia de una manera de establecerse en el mundo, a través de la puesta en escena de un discurso renovado y plurisignificante.

En esta línea, se entiende la lengua como un conjunto de procesos de variada naturaleza, siempre en funcionamiento sincronizado que debe responder a las expectativas de un agente-actor de comunicación en sus juegos de lenguaje, que sustenta una forma de vida, sujeta a esas mismas prácticas de comunicación, manifestación y esencia de mundo de vida de los grupos y de los seres individuales que la constituyen, así como de la historia de la sociedad que los enmarca. De esta manera, la historia se convierte en el apalabramiento de la vida que se comparte en lo cotidiano, sin decisión consciente de pertenencia y sin la reflexión de un querer estar de sus miembros, lo que constituye el fundamento del vivir y del pensar, es decir, la matriz integradora desde donde se estructura el conocimiento de la realidad, donde se da el entendimiento social y donde los hombres se hacen cómplices del sentido que subyace en sus prácticas discursivas.

Centremos ahora la atención en el análisis de un diálogo común e inherente a los grupos que utilizan el "parlache" como constructo comunicativo y cultural, en sus relaciones dialógicas e intersujetivas, de modo que pueda inferirse las implicaciones discursivas y comunicativas pertinentes, enmarcadas en la historia de vida, advirtiendo, eso sí, que no se trata de ‘deshuesar´ el texto, sino de llegar a su sentido, para comprender la vida. Es meternos en su contexto e historia de grupo para interpretar la propia dinámica de la cultura y el mundo de vida que lingüísticamente nos afecta como pereiranos, dado que nos implicamos en la misma red de sentidos, en virtud de la convivencia dentro de un mismo contexto socio-cognitivo.

Deténgamonos ahora en el análisis del microcontexto conversacional: Hemos escogido un caso específico de diálogo sostenido por cuatro amigos que se encuentran en un andén del Barrio Cuba, cerca de la antigua carrilera, sitio que por décadas ha sido estigmatizado como lugar peligroso y ‘nido de delincuentes´. Esto se debe quizá, en buena parte, a la topografía del lugar y a la configuración laberíntica del barrio. Las dinámicas de participación de estos guetthos produce la demarcación de territorios de exclusivo dominio. No se trata en esta situación de la cantina, del estanquillo, de la casa o del establecimiento oficial, cuyos usos responden a prácticas socialmente aceptadas, en virtud de que ellos existen para la administración pública y para un accionar urbano regido por las normas. En nuestro caso, se trata de una esquina, de una banca o de un poste, es decir lugares públicos que no llevan en sí la forma de las estancias, pero que están cargados de significaciones, al interior de las cuales se llevan a cabo juegos del lenguaje aparentemente asistemáticos, lo cual no es cierto, dado el sistema de reglas que los interlocutores deben seguir, en caso contrario de lo cual se caería en el terreno de la incomunicabilidad.

Estos no-lugares entonces, cargados de sentido y constituidos en microespacios de comunicación, se encuentran a su vez demarcados por una serie de símbolos que dicen mensajes y señalan, en buena medida, la visión de mundo de sus gestores. Tales sitios, propios de dinámicas urbanas, de mundos complejos e interactivos, son custodiados por jóvenes con formas de vida donde prevalecen los afectos de hermandad, el interés por compartir un mismo consumo musical y el deseo de exhibir una serie de atuendos llamativos (pantalones bombachos, camisetas anchas, estampados evocadores de una imagología cercana a la muerte y a sus formas rituales, colores que sugieren un estado anímico, gorras, brazaletes, botas), que en sí mismos los identifican como actores sociales, a la vez que trazan los límites de su accionar y de su territorio. Y es en este territorio donde se anima la existencia de unas prácticas discursivas polivalentes y singulares, por la serie de sentidos que sugieren. No se trata entonces de un simple diálogo2 , sino de una forma de vincularse con el mundo, de estar en él y de resignificarlo:

Tonny: Entonces qué, parce, ¿Todo bien ?

Rolando: Sisas...niño.

Joe:¿Quihubo muchacho ?

Tonny:¿Qué haces, parce ?

Rolando: No...acá dándome en la cabeza.

Tonny: ¿Dándosen en la cabeza ? ¿Verdad ?

Rolando: ¡Golpiándonos !

Tonny: Cómo así parce que dándose en la cabeza, ja, ja...niño.

Rolando: Sisas, breve...

Joe: ¿Usted qué, muchacho ?

Tonny: No, camellando.

Rolando: ¿En la 14 no hay camellito pa’, pa’ ver si... ?

Tonny: Allá no se reciben gamines, parce.

Joe : ¿Es que ya no está chambiando?

Rolando: Como que gamín, loco...Toes qué, Joe...¿Vamos a darnos unos pases hoy ?

Tonny: No...bestia, vamos a meter es cannabis.

Rolando: Me va a tirar las piolas breve, y va a chupar huele, huele.

Joe: ¡Nos cayeron los tombos, mosca !

Tonny: ¡Uy ! no...pues tenaz ! Oiga parcero es que esto por aquí es un visaje.

Rolando: Sisas, esto es el güiro.

Tonny: La capi...

Rolando: ¡Esto es el verdadero güiro! ¿Sí o no, Tonny? Cuando menos piense caen los judíos y breve que va es aniquilando.

Joe: A estos chinos los totiaron igual. A mí casi me matan, me estropean también. Es que usted se tiene que ir adaptando así, breve.

Rolando: El desatín más horrible.

Tonny: ¿Y qué va a hacer ahora, parce?

Rolando: ¿ Ahora? Lo mismo que todas las noches. Tratar de conquistar las niñas.

Joe: Ir a ver a las chochas a ver qué dicen.

Tonny: Ir a ver las nenas.

Rolando: Ir a ver las chochitas, breve...

Tonny: A enredarlas, parce, ¡qué bandera!

Rolando: Cagada, ¿ Sí o no, Tonny?

Tonny: Y parce dragos... ¿Y usted al fin qué? ¿Esa peladita qué? ¿Se la coronó?

Rolando: Pues sisas...ahí tratamos de cascarle a eso, pero no se pudo bestia.

Tonny: ¿Por qué? Rolando: Muy incómoda la circunstancia, ¿no?

Joe: Y está sangrando por la herida porque otro parcero se la cotizó.

Rolando: ¡Esas no son penas en la vida !

Tonny: ¡Cómo que no son penas en la vida ! ¿Cómo así?

Rolando: A uno no se le da nada. Breve.

Tonny: ¿No le importa que la nena...?

Rolando: Nada. Es que hay nenas muy zorras.

Joe: Venga Ton. Venga Ton. ¿Qué hace por allá, parce?

Tonny: Pero ese Ton, ¿Qué es lo que está haciendo?

Rolando: Él está montado en el viaje, todo piolo. Venga Ton. Ese loco está enrumbao. ¡No le ve esos ojos como los tiene ! Esto es una repicha.

Tonny: Una repicha, ¿Cómo así?

Ton : Boleto. Usted sabe que uno está en el solliz y a la final... sí.

Tonny: Oiga, Roli...los perritos de Leo tan bonitos...güevón.

Rolando : ¡Uy, sí !

Tonny : Las bestias. Rolando : Las meras bestias.

Joe: Y el muela de perro que cambió la de él que porque era muy sebis...

Rolando: Esa es una loquita. Esa es una loca. El creyó que le iba a salir agüevada.

Joe: La perra más. Sí, la más probona. La más de todo. Más bestia. Más grande.

Tonny: La más vacana y era como toda seria.

Joe: Y Arnosis se la llevó. Arnosis es otro que vive muy loco...muy loco.

Tonny: ¿El peludo?

Rolando: Muy transformado...sisas. En estos días pasó todo transformado con el perro besti. ¡Uy! Es que ese man sí es la verdadera bestia.

Joe: ¡Uy qué gonorrea !

Rolando: ¿Y con esas botas platineras iba a marcar?

Tonny: ¿Iba para la carrilera ?

Rolando: Y con el viejo Kruger...Y ese Kruger cuando no le hace caso. Ese marica ahí mismo lo monta en la suela y con esas platineras...taque, marica. Pero ese perro siempre le hace caso.

Tonny: Vea el joven Dragus y esas chapas. ¡Qué guapo eso ! ¿Por qué?

Rolando: Nada de desatín, entonces breve. Las chapas, ¿Sí o no?, pelo de tonto.

Ton: Sí, Roli... chimbo loco.

Tonny: ¡Uy parceros !, ya está tarde, tengo que ir a la comilona.

Rolando: ¡Qué gonorrea tan comelón!

Tonny: ¡Los vi parceros! ¡A la vuelta nos vemos!

En el diálogo es importante hacer notar el saludo como una expresión no sólo de su apertura, por cierto muy informal, sino además de manifestación de la solidaridad reinante en el grupo como característica fundamental.

Entre las formas más utilizadas para expresar ese saludo, además de las mostradas en el diálogo, tenemos : “Entonces qué, parce”, “Quihubo marica”, “qué haces, parce”, “Quihubo parce, entonces qué”, “Entonces qué parcero, todobien”, formas estas en las que se muestra la relación existente entre los implicados en el diálogo y la distancia social entre los mismos. “Entonces qué parce” implica en cierta forma que ha habido y sigue existiendo una relación discursiva entre los participantes, quienes supuestamente han dejado algo pendiente, aunque no explicitado.

Este ‘pendiente´ no se refiere a algo en específico sino que en el último encuentro que tuvieron y en el que hubo lógicamente una despedida, quedó refrendada la relación que se retoma en este próximo encuentro. Los vocativos “parce”, “marica” y otros que son muy comunes como “pirobo”, “Gonorrea”, “Colino”, “Nena” , “Princesa”, etc, muestran las equivalencias en donde fundamentalmente se quiere con esta instancia fática introducirse en el tema de conversación, donde es posible que ni siquiera se presente información nueva, como puede suponerse, sino que sobresale el acendramiento de una relación “parcera”, respaldada por una visión del mundo y posición frente a la vida.

Estas formas lingüísticas de saludo pueden sufrir modificaciones y hasta hacerse mediante fórmulas elípticas como “Oe”, “Bien”, “Tonces” “ Toes”, “Eso”,“Ajá”, “¿Qué ?” “Eso” “Y”, formas elípticas estas que están necesariamente en relación con el tiempo transcurrido antes del último encuentro, es decir, la longitud de la construcción del saludo está en relación inversa con el espacio temporal que ha mediado entre la última relación lingüística y la actual.

 

Sin llegar a ser hippies en extremo, pero con claras tendencias en su ideología y en sus maneras de asumir el entorno cultural, los miembros de estos clanes se definen como artesanos independientes, portadores de mensajes culturales bastante cercanos(...)

 

Todas estas formas de saludos, en particular las primeras, están siempre acompañadas por expresiones kinésicas como chocarse las cabezas, patearse mutuamente, ‘agredirse´, chocar los puños, realizar movimientos ritualizados con las palmas de las manos y los puños y entrelazar las manos en gancho, para finalmente darse un apretón de manos, formas efusivas estas en las que subyace las fórmula “Qué energía parce”, implicando así la alegría de la solidaridad y el estado anímico que los convoca. Esta kinesis empleada en el saludo es muy importante y podría ser objeto de investigación muy puntual para darnos nuevas pistas encaminadas a la elucidación de esa forma de vida.

 

La distorsión de la práctica lingüística estandarizada deriva de las representaciones sociales que el parcero construye y luego trasmite en sus transacciones de sentido, que no se corresponden con las formas lingüísticas establecidas por convención.

 

Congruentemente con el saludo se da la despedida, como un momento de cerrazón del diálogo y preparación para un nuevo encuentro. La fórmula de despedida utilizada está necesariamente en congruencia con todo lo acontecido en la relación intersujetiva en el transcurso del desarrollo del diálogo. Así por ejemplo, “Nos vimos”, “ Nos pillamos” “ Suerte” ,“ Cuìdese”, “Te vi”, “Los vi parceros”, “A la vuelta” “Todo bien” , “nos vemos parceros”, “Nos vidrios”, “Vientos parce”, “Listo parce”, “Emigremos y suerte pues”, expresan un desarrollo amistoso de los dialogantes y se está implicando que se guarda una buena relación para el próximo encuentro. Sin embargo, existen otras formas que inhiben un próximo encuentro o que por lo menos lo ponen en duda y que en caso de que este ocurra se mantendría el conflicto. Tal es el caso de cuando en el acto indirecto de la despedida se emplean las fórmulas “Abrase del parche pirobo”, “Qué gonorrea”, “Oscurezca” , “Te vi”, “A metros conmigo”, “Suerte”, en el que se dan de manera simultanea varios actos de habla como son despedirse, ofender y amenazar.

En este último caso es frecuente el uso de vocativos como los manifiestos en el saludo, pero la carga ilocutiva utilizada y el contexto interaccional construido llevan a la implicatura de estar expresando una ilocutividad, que no es exactamente la dada en condiciones de una relación armónica. Como hecho bien importante debe anotarse que el vocativo ‘parcero´ no se utiliza en estos contextos mediados por el conflicto y en el caso improbable de que se haga, tendrá que interpretarse a modo de carga irónica o sarcástica en el ámbito de la interacción construida por los dialogantes.

¿Pero qué se advierte entonces en el uso de un lenguaje que los varios grupos urbanos asumen como parte de su construcción de mundo y de la complejidad de sus historias de vida? ¿De dónde surge ?¿Cuáles son sus motivaciones? La mejor manera de responder a estos interrogantes podría ser remitirnos a la parte de un diálogo sostenido por unos parceros y pretender su análisis a la luz de la interpretación conceptual que se ha logrado como consecuencia de una observación heurística del grupo en sus prácticas discursivas:

...

Sebas : Pero es que estoy todo vuelto mierda, hecho un trapo.

Ubaldo: ¿Pero parce, de dónde surgen esas palabras?

Sebas : De la alegría, de mera locura, sisas, breve.

La primera advertencia que se hace en la lectura del diálogo es que hay una cantidad de distorsiones semánticas dadas a partir de construcciones convencionalmente aceptadas por la comunidad estandard. La distorsión de la práctica lingüística estandarizada deriva de las representaciones sociales que el parcero construye y luego trasmite en sus transacciones de sentido, que no se corresponden con las formas lingüísticas establecidas por convención. Es apenas lógico pensar que frente a representaciones semánticas y de sentido diferentes y transacciones de sentido también diferentes, han de corresponder construcciones lexicales y sintagmáticas de mayor orden, atinentes con las representaciones simbólicas que surgen de esas nuevas concepciones de lo que significa estar en el mundo y participar en juegos de lenguaje.

En otras palabras, dada la posición de no correspondencia vital con el mundo estandard, se tienen que producir otras representaciones sociales concordantes con el mundo simbólico que efectivamente se construye como fruto de resimbolizaciones dadas a partir de la participación activa y simbólica en una realidad mediada por la necesidad de acomodarse en un marco referencial de nuevas convenciones y exigencias discursivas.

En el diálogo sobresalen las expresiones sinónimas de alegría, de mera locura, cuya significación nos remite a pensar una realidad cargada de otros símbolos y, se se quiere, de otros saberes que los actores o dialogantes dinamizan a través de sus actos discursivos, acaso porque, apoyándonos en una idea de Braudillard, el signo surge como consecuencia de las necesidades cognoscitivas expresivas y comunicativas de sus usuarios. El signo es aquí un todo que se transforma y entra a resimbolizar un mundo interactivo y en permanente movimiento.

En este punto de nuestra reflexión y un tanto para concluir, queremos explicitar el hecho de que no ignoramos la existencia en Pereira de diferentes grupos con maneras muy particulares de hacerse a un lugar en el ámbito urbano y cuyos nombres identitarios, tales como fresas, punkeros, raperos, chirreteros, vieja guardia, pogueros, gomelindios o chichipatos, skines, radicales, alternativos, metaleros, charreteros, etc y otros mencionados anteriormente, remarcan las diferencias como colectividades cerradas y en no pocos casos herméticas, tendientes a diferenciarse de las demás a través de sus simbologías externas y de sus afinidades en torno a la moda, a la música, al modus vivendi de sus actores, donde se remarcan formas de hablar muy específicas, con sus ritmos prosódicos y con una manera de ser frente a la realidad de su contexto.

Estos factores que los caracterizan y los acendra en su identidad grupal, no obstante, en ningún momento se contradice con el hecho de que como grupo macro, se conglomeran alrededor del uso de un sistema sociolectal común, con fragmentaciones producto de historias y modos de vida específicos, que cargan de diferentes maneras las matrices semáticas de los elementos lexicales que les son propios y de las prácticas discursivas que se ejecutan en sus representaciones simbólicas, a través de las cuales se expresan como grupo.

Cabe destacar que al interior de la confluencia de esta variedad grupal que forma parte del tejido social urbano se evidencia el alma connotativa de las palabras, en consonancia con la permeabilidad que resulta inherente a los sociolectos. Es decir, el ‘parlache´, como práctica lingüística y comunicativa permea por entero las clases sociales. Es el lenguaje, asumido como sujeto, en su movimiento diastrático el que, en acuerdo mutuo, busca lugar y se acomoda. Aquí no interesa la estratificación social determinada, en últimas, por la administración oficial. El lenguaje, como la sociedad misma, permanece en movimiento, se expande, se deconstruye, se reconstruye, está al servicio de las necesidades cognitivas y comunicativas, principalmente, de los grupos que lo utilizan. De modo que palabras tan propias del ‘parlache´ como ‘parce´, ‘todo bien´, ‘sisas´ son de uso común por la comunidad global, ya que han permeado todos los estratos socioculturales de la comunidad urbana, sin que en este momento se pueda exactamente determinar la ubicación sociolingüística del hablante como consecuencia de la utilización de construcciones lingüísticas de estracción netamente parcera, aunque este sería otro poblema digno de un trabajo académico de mayor envergadura. Abrimos pues el espacio para la discusión.

 

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Glosario de términos y expresiones propios del ‘parlache´

Agüevada: Tonta
Bandera : Aburrido
Bestia : Novia
Breve : Sin problema
Bezaca : Cabeza
Cagada : De malas
Camellando : Trabajando
Capi : La mejor
Cascarle a eso : Hacer el amor
Cotizar : Tramar, lograr
Chimbo loco : Mujeriego
Chambiando : Trabajando
Chochas : Novias
A la vuelta : En otra oportunidad
Comelona : Cena
Chupa : Zapatos
Enrumbao: Trabado, enmarihuanado
Desatín : Desorden
Enredar : Conquistar
Güiro : Viaje
Gonorrea : Falso, aventado, lanzado
Gozadera : La felicidad
Golpiándonos : Trabándonos
Judíos : Sapos, soplones
Huele huele : Bazuco
Meter : Fumar, consumir
Montando en el viaje : Trabándose
Monta en la suela : Darle patadas, puntapies
No son penas : No tiene sentido
Ir a marcar : Visitar la novia
Parce : Amigo
Pases : Dosis
Piolo : Trabado
Pocho : Bajo
Peladita : Niña
Probona : Promiscua
Repicha : Felicidad
Solliz : Programa
Sebis : Zorra, traidora
Sangrando por la herida : Llorando con razón, sin querer
Taque : Tenga
Tombo : Policía
Tenaz : Difícil
Totiar : Matar
Toque(un) : Dosis de perico o cocaína
Vacano : Confiable
Visaje : Que se muestra
Zorra : Traidora

 

NOTAS

(1) Historia de vida reconstruida por Francy Elena Tamayo, Luz Mary Vanegas y Jesús Mauricio Trujillo, estudiantes de la Escuela de Español y Comunicación Audiovisual de la Universidad Tecnológica de Pereira.

(2) Recopilado por los estudiantes Leonardo Favio Marín, Ubaldo Castrillón, Alfredo Bonilla y Juan Alberto Ochoa, de la Escuela de Español y Comunicación Audiovisual de la Universidad Tecnológica de Pereira.

 

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