Fenomenología y mundo de la vida

Alejandro David García Valencia

 

El mundo de la vida rescata el mundo subjetivo y funda los conocimientos generados en el mundo objetivo, con otras palabras, lo importante del mundo de la vida es que además de ser previo a todo conocimiento científico, abarca un mundo que las ciencias habían dejado en el olvido y que siempre se había realizado anónimamente, y es el de la subjetividad. Como el mundo de la vida es esencialmente intuitivo, presenta la cosa tal como aparece, por tanto, la conciencia no maneja ninguna determinación que provenga de alguna preconcepción del mundo. Esta es la única manera que el sujeto puede abordar el mundo desinteresadamente para lograr un conocimiento autentico de él. Este es el único método viable y sólo lo puede realizar la fenomenología.

 

1. El origen de las ciencias

En Grecia nace una nueva actitud del hombre ante la vida, actitud netamente teórica que los griegos llamaron filosofía o ciencia universal. El desarrollo de esta nueva actitud teórica se caracteriza principalmente por el cambio de orientación que influenció la actividad cotidiana de las sociedades de la época. Este cambio de actitud, forjada en ideas trasciende la finitud del mundo natural constituyendo tareas infinitas en su quehacer como finalidad. Este interés del hombre por una concepción y un conocimiento universal del mundo se desenvuelve en la «theoria» pura, «el hombre se convierte en un observador desinteresado del mundo, se convierte en filósofo» (1) . La theoria es una construcción de ideas sobre ideas o más bien de conocimientos teóricos sobre otros conocimientos teóricos hasta el infinito. La filosofía como “Teoría” universal llega a ser de esta manera la perspectiva de todas las perspectivas de mundo, horizonte de tareas infinitas por realizar.

Con el nacimiento de las ciencias exactas como la matemática, la física, las ciencias naturales despojan a la filosofía de toda pretensión universal de conocimiento quedando relegada a un segundo plano. La filosofía dejó de ser aquella perspectiva de tareas infinitas; a su vez las nuevas ciencias apoyadas en el método científico logran una interpretación objetiva que explica la realidad del mundo. Las ciencias particulares asumen la tarea que sólo le competía a la filosofía, la de ser perspectiva de todas las perspectivas de mundo; con ello, monopolizan la verdad para bien suyo. Y la filosofía -gracias al éxito alcanzado por las ciencias particulares con la aplicación del método científico- se ajusta al método científico, con el fin de hallar una explicación apropiada del mundo.

Con las ciencias particulares surge la razón objetiva e instrumental. Esto tiene como consecuencia que la idea original de ciencia como teoría universal se transforme en teorías fundadas en los hechos, de ahí las ciencias particulares pierdan su sentido vital de mundo y colonicen la naturaleza de una manera interesada. La naturaleza se objetiva.

En esto reside según Husserl la crisis de la humanidad: en la pérdida de sentido de las ciencias que ya no se sustentan en el mundo sensible como fuente de conocimiento, sino que se apoyan en datos logrados con la aplicación de técnicas y métodos. Ludwig Landgrebe «critica esa convicción de que el verdadero mundo sea el mundo científicamente interpretado en el sentido de las nuevas ciencias y lo denomina el objetivismo de la edad moderna»(2) .

Veamos a continuación como desarrolla Husserl este problema haciendo valer el derecho originario del mundo de la vida, como fundamentación de todo tipo de conocimiento incluyendo el científico, como superación de la planteada crisis.

 

2. El mundo sensible

Empíricamente el sujeto no puede interpretar el mundo en su totalidad ya que sus experiencias son particulares y relativas, alcanzando un conocimiento aproximado de este mundo. Como este medio es insuficiente para conocer en su totalidad el mundo, el hombre se vio en la necesidad de encontrar otra actividad diferente de la empírica que le permitiera concretar la fluidez del mundo. Esta praxis teórica tiene sus inicios en la aplicación de la geometría euclideana al mundo sensible. La geometría euclideana parte de un método deductivo-constructivo y hace un estudio formal de la espacio-temporalidad del mundo, o sea, que hace uso de idealidades puras que describen el mundo sensible. Es así, como se crea una manera de pensar objetiva que nace de un obrar metódico y racional que a partir de formas ideales del mundo descubre ciertas realidades de éste. Con la geometría euclideana, la matemática hace las primeras previsiones ideales de las formas puras del mundo. El hombre en su necesidad de conocer el mundo desarrolla las matemáticas como modelo ideal para penetrar las entrañas del mundo intuitivo.

A través de la matemática pura y la mensuración práctica es posible crear una inducción que tiene como referencia la extensión de los cuerpos del mundo sensible.

Es la capacidad de calcular rigurosamente a partir de datos y acontecimientos formales, datos desconocidos que no son medibles directamente. A esto Husserl lo denomina la «regulación causal universal» del mundo:

«En general, las cosas y sus acontecimientos no se presentan y transcurren arbitrariamente, sino que vienen ligadas ‘apriori’ en virtud de ese estilo, en virtud de esa forma invariante del mundo intuitivo. En otras palabras, vemos que en razón de una regulación causal universal todo cuanto existe en el mundo tiene una inherencia recíproca mediata o inmediata, en la que el mundo no es meramente una totalidad, sino una totalidad unitaria, un todo» (3)

Teniendo en cuenta lo anterior es comprensible que las ciencias de entonces se lanzaran a idealizar la forma espacio-temporal del mundo con todas sus estructuras. Es así, como la geometría pura con sus idealidades puras, consigue más tarde realizar sus construcciones teóricas en las formas puras del mundo. La geometría se convierte en geometría aplicada y sus construcciones teóricas objetivan el mundo causal de los cuerpos.

Con la causalidad universal del mundo las ciencias formulan inducciones o previsiones con respecto a las cosas en su pasado, presente y futuro, puesto que con la causalidad universal las ciencias encuentran a partir de las estructuras espacio-temporales del mundo, los nexos del mundo intuitivo. Pero el mundo intuitivo además de componerlo unas estructuras espacio-temporales, también se compone de “plétoras materiales” o cualidades sensibles, que no se pueden tratar de la misma manera que las formas espacio-temporales del mundo.

Esto significa que para poder formalizar totalmente el mundo intuitivo, las ciencias tienen que buscar los medios que cuantifiquen las cualidades sensibles de los cuerpos o plétoras materiales, ya sea en sus alteraciones o gradaciones propias que se salen de toda forma límite que las quiera idealizar; es decir tanto las técnicas de medición como el método matemático, no logran interpretar o explicar de una manera directa las cualidades sensibles de los cuerpos, como sí lo hacen con las formas puras del mundo, pues cualidades generadas en los sentidos como el olor, el sabor, el tacto, no son cuantitativas o mensurables. ¿Cómo es posible medir o cuantificar las cualidades sensibles de los cuerpos?

En síntesis, no hay manera de explicitar que las plétoras o cualidades de los cuerpos en sus variaciones se desarrollan según las mismas leyes causales de los cuerpos particulares. En otras palabras, no hay manera de hacer una inducción del mundo que anticipe los cambios de las cualidades sensibles de los cuerpos experimentados y que también dependa causalmente de la forma mundo. ¿Cómo obvia el método matemático la naturaleza este problema?

 

En esto reside según Husserl la crisis de la humanidad: en la pérdida de sentido de las ciencias que ya no se sustentan en el mundo sensible como fuente de conocimiento, sino que se apoyan en datos logrados con la aplicación de técnicas y métodos.

 

El modo de ir obviando este problema se hace teniendo en cuenta que las cualidades sensibles como parte del mundo intuitivo, tienen sentido como revelaciones del mundo objetivo. Como las plétoras quedan fuera de la forma espacio-temporal del mundo idealizado por el matemático, no pueden ser matematizables directamente, pero sí podrían serlo indirectamente, es decir:

«Que todo lo que se manifiesta como real en las cualidades sensibles específicas debía tener su índice matemático en eventos de la esfera formal, obviamente concebida como ya idealizada, y que de esto debía resultar también la posibilidad de una matemática indirecta en el pleno sentido, o lo que es igual, que por medio de ello debía ser posible construir ex datis todos los eventos del lado de las plétoras, determinándolas así objetivamente. La naturaleza total infinita como universo concreto de la causalidad se transformó en una matemática aplicada de un modo especial” (4)

Si existe una causalidad universal concreta que anticipa previamente el mundo intuitivo, necesariamente toda causalidad particular debe venir anticipada ya sea en la forma o en la plétora, y si existen cambios que afectan la forma o la plétora, estos cambios poseen relaciones causales particulares; en tal sentido, los cambios que se dan en la forma total del mundo de los cuerpos con sus plenitudes, suceden según algunas causalidades mediatas o inmediatas, que pueden ser explicitadas.

Con lo anterior, no queda sentado que el cambio total de las cualidades tenga lugar según leyes causales:

«No se ve apriori que todo cambio imaginable de las cualidades específicas de los cuerpos intuitivos experimentables en la experiencia real y posible venga causalmente remitido a acontecimientos en la capa mundanal abstracta de las formas, que tenga, por así decirlo, su contrafigura en el reino de las formas de tal modo que al eventual cambio total de la plétora total le correspondiera su contrafigura causal en la esfera de las formas.» (5)

Con otras palabras: se buscaba ante todo una teoría que no estudiara la inducción causal de ‘X’ cuerpo, sino más bien una teoría que generalizara todas las causalidades particulares de ‘X’ cuerpo en una sola. La solución no se demoró mucho en aparecer, es Galileo quien encuentra un método que puede construir hipotéticamente todas las relaciones causales de las plétoras y de paso las determina objetivamente cuando logra expresarlas matemáticamente en fórmulas.

“La matematización indirecta del mundo que adviene ahora como objetivación metódica del mundo de la intuición produce fórmulas numéricas generales, una vez encontradas, pueden servir, siendo aplicadas, para realizar la objetivación efectiva de los casos particulares que han de subsumirse bajo ellas. Las fórmulas expresan manifiestamente conexiones causales generales, ‘leyes de la naturaleza’, leyes de dependencia reales en forma de dependencias ‘funcionales’ de números” (6) .

 

3. El método de Galileo

Un método como el de Galileo debe abarcar necesariamente todas las vinculaciones existentes entre las formas y las plétoras en su infinitud idealizada.

Galileo hace una “idealización hipotética del mundo” que anticipa metódicamente las causalidades del mundo, es decir, construye artificialmente las causalidades del mundo a partir de hipótesis.

La hipótesis puede formular o prever hechos no acontecidos y los puede justificar causalmente en la comprobación empírica o artificial del hecho. Esto muestra que es posible anticipar hipotéticamente los cambios o hechos del mundo porque podemos construir y expresar en fórmulas las conexiones causales que generan dichos cambios.

Otra característica importante en el método de Galileo es que produce fórmulas generales aplicables a casos particulares de la naturaleza.

 

4. La matematizacion de la física y la naturaleza

Tengamos en cuenta que un objeto matemático como una figura geométrica se determina y construye dentro del mismo campo matemático, además los objetos matemáticos son homogéneos puesto que son construcciones ideales. Otra característica importante es que el objeto matemático posee una exactitud ideal en sí. La ciencia matemática tiende hacia una idealización perfecta de las cosas, tiene implícita una teleología en su actividad.

Los objetos del mundo físico son heterogéneos y no cumplen con la exactitud y perfección de los objetos matemáticos. La matematización de la naturaleza no es otra cosa que la conciliación de la aplicabilidad matemática al mundo natural. Una ciencia como la física-matemática idealiza el mundo real, es decir, los objetos del mundo cumplen con una exactitud impuesta por el método matemático. Idealización matemática de los objetos de la naturaleza.

La racionalización de la física-matemática conduce a que de la naturaleza se abstraiga sólo lo idéntico como la magnitud, la extensión, el movimiento, el volumen, entre otros. Aquello que pueda ser matematizable, medible y exacto. La racionalización del mundo natural por el método matemático, hace que la realidad física tienda hacia el infinito de la mano de una racionalidad matemática perfecta. La determinación en sí del mundo se vuelve el telos ideal de la actividad científica.

Así, los logros de la física se alcanzan en la «matematización indirecta de la naturaleza». Las experiencias del físico asumen como ciertas las condiciones lógicas de la investigación matemática. Los físicos matemáticos construyen las posibilidades hipotéticas que pretenden revelar las causalidades del mundo.

De esta manera se logra transformar la naturaleza como «universo concreto de causalidades» en un simple mundo de formas reemplazado por un método aplicado que induce formalmente las causalidades del mundo. El mundo intuitivo se cubre con un ropaje de fórmulas idealizadas por un método que devela la naturaleza objetivamente; es más, el método es la única fuente verdadera que explica el mundo.

 

5. La infinitud del método

Si el método logra idealizar las estructuras espacio-temporales del mundo y sus plenitudes, consigue su objetivo de inducir la naturaleza infinitamente. Esto es un proceso particular de la matemática aplicada, una objetivación de las causalidades concretas del mundo.

La hipótesis y la verificación son infinitas. Las ciencias naturales obedecen a un juego de hipótesis y verificación; la confirmación de la hipótesis es el nacimiento de una nueva hipótesis y su verificación la elaboración de nuevas hipótesis y así sucesivamente hasta el infinito.

 

El mundo intuitivo se cubre con un ropaje de fórmulas idealizadas por un método que devela la naturaleza objetivamente; es más, el método es la única fuente verdadera que explica el mundo.

 

El método matemático de la naturaleza es infinito, tiende a un perfeccionamiento infinito del objeto, por tanto a una sucesión infinita de teorías del mundo natural. Hay en las ciencias naturales, o mejor en el método científico una ‘ratio’, una teleología encaminada a desarrollar el proceso del conocimiento del mundo. El método científico exige que las técnicas empleadas se perfeccionen cada vez más para acercarse con más exactitud al fenómeno estudiado. De modo que el método crea y perfecciona el conocimiento objetivo infinitamente: las técnicas empleadas hoy (aparatos de medida) tienen una ‘exactitud’ que se acerca cada vez más al objeto de estudio; después se elaborarán nuevos aparatos de medición más perfectos que los anteriores que detallarán con una ‘exactitud’ mejor que la anterior el objeto de estudio, y así sucesivamente el hombre irá perfeccionando sus técnicas infinitamente usando aparatos de medición cada vez más perfectos que tenderán a explicar el fenómeno cada vez con más exactitud.

Con la idealización metódica se supera la finitud de la naturaleza. La matemática en la idealización de las magnitudes y perfeccionamiento de en las medidas, descubre la infinitud. La teoría física al aplicar el método matemático en el conocimiento de la naturaleza idealiza infinitamente la espacio-temporalidad de ésta, de modo que la extensión es ahora una finalidad infinita en sus determinaciones (idealizaciones). Ahora la naturaleza y el mundo intuídos se transforman en un mundo matemático, el mundo de las ciencias matemáticas de la naturaleza.

 

El desarrollo artificial de las ciencias naturales a través de la formalización algebraica del mundo es el viaje sin regreso que comienza en las intuiciones puras del mundo y termina en un mundo simbólico compuesto por fórmulas.

 

6. Aritmetización de la geometría

Para el perfeccionamiento del arte de medir fue básico el desarrollo de un pensamiento algebraico. El álgebra fue una técnica que agilizó el progreso del pensamiento científico. De ahora en adelante las matemáticas no necesitan expresarse en las primeras formas, todas las formas espacio-temporales o formas puras se expresan en formas algebraicas; es decir, las matemáticas no se refieren ahora a objetos particulares, números definidos, sino que se realizan en proposiciones generales que expresan números simbólicamente.

Con la aplicación del álgebra a la geometría, la matemática se convierte en un pensamiento apriorístico sobre “números en general, sobre relaciones y leyes numéricas” libres de toda realidad intuitiva, es decir, ya no se representarán las formas (intuiciones) puras como recta, círculo, geométricamente, sino en números, en estructuras algebraicas.

Esta “aritmetización de la geometría” aunque incide ostensiblemente para el desarrollo de teorías que logran grandes inventos y descubrimientos de la naturaleza, trae consigo un “vaciamiento del sentido” originario, el de las intuiciones puras del mundo.

Si la geometría era una idealización del mundo en el aspecto en que sus idealidades espacio-temporales son intuiciones puras, con la aritmetización de la geometría estas formas puras se transforman en formas numéricas.

Otra consecuencia de esta aritmetización es el proceso de transformación del método que pasa de un sentido originado en las formas puras del mundo a un sentido simbólico de dicho mundo; el método se transforma en una generalidad formal y vacía que habla de la generalidad de las cosas del mundo.

Por último podríamos mencionar, que la aritmetización de la geometría convierte la aplicación del método en una técnica, en una mecanización y manipulación de instrumentos que encubren el sentido originario del mundo intuitivo; sentido auténtico que antecede a este operar técnico, como a sus resultados y a su verdad.

Esta desvirtualización del método olvida el sentido originario impreso en las formas puras de la geometría. Así, toda actividad de las ciencias naturales que pretende una formalización universal de la naturaleza encubre también el sentido originario del mundo, puesto que se perdió el auténtico sentido de ciencia. De modo que:

“El pensamiento originario, que confiere auténtico sentido a este procedimiento técnico y verdad a los resultados obtenidos de acuerdo con las reglas, aunque se trate sólo de la verdad formal característica de la mathesis universalis formal, está aquí excluido” (7) .

 

7. Mundo de la vida olvidado

El desarrollo artificial de las ciencias naturales a través de la formalización algebraica del mundo es el viaje sin regreso que comienza en las intuiciones puras del mundo y termina en un mundo simbólico compuesto por fórmulas.

La pérdida de sentido de las ciencias surge cuando las mismas inducciones geométricas que idealizan el mundo comienzan a perder su referencia inmediata a él. Así, la geometría creó una verdad absoluta a través de unas formas puras o intuir propio evidente y apriorístico. Con la aritmetización de la naturaleza o aplicación del álgebra al método matemático de la naturaleza ya no existe una referencia a las formas puras del mundo, su referencia es vacía, puesto que como se dijo anteriormente, las fórmulas son sólo combinaciones de números y proposiciones en general que no tienen una referencia a un cuerpo físico en particular, sino a fenómenos que ocurren en objetos en general.

Ya con el desarrollo de la física galileana se da por hecho esta manera de proceder. Para los físicos de la época era obvio que la naturaleza encerraba una correspondencia con la racionalidad objetiva. Es así como comienza la sustitución de la naturaleza pre-científica dada en la intuición por una naturaleza idealizada. Para los investigadores de la época eran incuestionables los descubrimientos hechos en la naturaleza a través del método científico, de modo que este proceder racional objetivó la naturaleza, reduciendo el mundo intuitivo a un mundo objetivo; con esto toda actividad pre-científica pierde todo valor puesto que no logra cuestionar el mundo.

A los científicos de la época se les olvidó que es en el mundo de la vida donde el investigador puede plantear todas sus teorías y llevar a cabo sus prácticas. Para ellos no era obvio que al mundo de la vida le pertenecen todas las formas espacio-temporales del mundo, y que ellos como seres humanos hacen parte también de este mundo. El mundo de la vida es un mundo puramente intuitivo, es el mundo de las realidades conocidas y desconocidas que incluye toda idealidad como el espacio geométrico o el tiempo matemático con todas sus formas.

La matematización de la naturaleza cubrió el mundo de la vida con una vestidura de ideas, las de las verdades “objetivas y científicas”. El método empleado por la física con sus estructuras matemáticas cumple a cabalidad con su objetivo: construir “determinadas inducciones numéricas para las plétoras sensibles, reales y posibles, de las formas intuitivas concretas del mundo de la vida» (8). La ciencia hace una previsión de los acontecimientos del mundo que pueden pasar o están pasando, previsión que supera los resultados de la inducción empírica.

«El ropaje de ideas que conocemos como ‘matemática y ciencia natural matemática’, o incluso el ropaje de símbolos de las teorías matemático-simbólicas, cubre -tanto para el científico como para los hombres cultos- todo cuanto asumido como naturaleza ‘objetiva, real y verdadera’ ocupa el lugar del mundo de vida, lo disfraza. El ropaje de ideas hace que tomemos por ser verdadero lo que es un método, un método destinado a corregir en un progressus in infinitum las toscas predicciones mediante predicciones científicas. El ropaje de ideas hizo que el auténtico sentido del método, de las fórmulas, de las teorías, permaneciera inenteligible y no fuera nunca comprendido en la ingenua génesis del propio método» (9)

La matematización de la naturaleza hace que tomemos por verdadero lo que es un método; método que modifica su auténtico sentido volviéndose incomprensible y operacional. Su obviedad nunca permitió evaluar ese método, nunca lo cuestionó, ni lo autocriticó, antes por el contrario lo aceptó como lo más «exacto» en su interpretación de la naturaleza. Husserl considera a Galileo como el genio descubridor, pero al mismo tiempo encubridor de la naturaleza.

Primero, descubre la manera de aplicar el método matemático a la naturaleza, pero a la vez que logra racionalizar la naturaleza metódicamente, también oculta el sentido originario de sus propios descubrimientos; de modo que los grandes descubrimientos científicos son descubrimientos que ocultan el sentido originario del mundo. El método científico, que opera con fórmulas y técnicas descubre el mundo con un sentido enajenado que nace en el desplazamiento del sentido originario de mundo.

Este método es una técnica que se transmite generacionalmente pero no transmite su verdadero sentido. El método formal transmite símbolos, fórmulas sin contenido intuicional; el método es una simple forma vacía incapaz de interpretar la naturaleza.

Las ciencias naturales pueden conservar el sentido originario de mundo, si el investigador es capaz de aceptar un cuestionamiento retrospectivo que indague por el sentido originario de éste. Pero el investigador moderno no hizo tales reflexiones, para él era obvio e incuestionable el método que logra predecir los nexos causales que mueven el mundo infinitamente.

 

8. El mundo de la vida como fundamento de las ciencias

El mundo de la vida se caracteriza por su real experimentabilidad. Es “un reino de evidencias originarias”(10) y lo evidente es experimentado como “ello mismo”, de acuerdo al modo de la vivencia; en el caso de una percepción lo experimento perceptivamente como “lo mismo”, o si es un recuerdo, lo experimenta en lo recordado como “ello mismo”.

De otro lado tenemos el mundo objetivo-verdadero que es una sustracción teórico-lógica no perceptible, por tanto, no experimentable aunque natural en el sentido que Galileo interpreta la naturaleza a partir de la matemática. Mundo objetivo es un mundo artificial construido por las ciencias y que tiene su origen en las idealidades del mundo descubiertas por estas mismas ciencias.

Contrastando el mundo de la vida con el mundo objetivo y sabiendo la esencia que componen dichos mundos, Husserl intenta legitimar el derecho primordial de las evidencias originarias presentes en el mundo de la vida frente a las evidencias teórico-lógicas del mundo objetivo, es decir busca:

“La última evidencia, según la cual toda evidencia de realizaciones objetivo-lógicas en las que se basa la teoría objetiva, posee sus fuentes escondidas de fundamentación en las operaciones últimas de la vida; es en esta vida donde el darse evidente del mundo vivido tiene su sentido de ser precientífico” (11) .

Conciliando el mundo objetivo con el mundo de la vida Husserl agrega que “la teoría objetiva sé enraiza y se funda en el mundo vivido”(12) , de manera que la ciencia objetiva tiene una relación constante con el mundo vital. Todas las formaciones lógicas o ideales de la ciencia objetiva, así como las cosas mundanas son construcciones humanas que se llevan a cabo en el mundo de la vida.

Es de señalar que la actividad del científico no es una actividad aislada del mundo; el científico es, antes que todo, un ser humano es un hombre que posee una cotidianidad, un integrante más del mundo de la vida, de modo que la actividad del científico forma parte del mundo de la vida; por ejemplo, el agua para el científico es H2O cuando está en el laboratorio, pero cuando el investigador se encuentra en su casa, el agua deja de ser H2O y cobra un sentido diferente como el de calmar la sed, el científico conoció primero el agua como el líquido que quita la sed y después la conoció como H2O. Lo que quiere decir, que todo obrar subjetivo-relativo (el agua quita la sed) antecede a todo obrar objetivo (el agua como H2O).

“El mundo de la vida concreto es, pues, la base fundante del mundo ‘científicamente verdadero’ y, al mismo tiempo, lo engloba en su propia concreción universal” (13) .

Aparentemente lo expuesto por Husserl hasta aquí parece paradójico puesto que entonces surge la pregunta: ¿Cómo es posible que un mundo subjetivo-relativo sea la base fundamental para todo conocimiento? De hecho tenemos que este mundo no goza de los valores, ni verdades de las que se valen las ciencias objetivas, sino que más bien sus propuestas son relativas y ocasionales. El mundo subjetivo-relativo parte de verdades situacionales y cotidianas, pero una cosa si se sabe: las teorías científicas sólo se pueden comprobar en este mundo fáctico de lo subjetivo-relativo. ¿Veamos por qué?

 

El método científico, que opera con fórmulas y técnicas descubre el mundo con un sentido enajenado que nace en el desplazamiento del sentido originario de mundo.

 

9. Mundo de la vida como trasfondo subjetivo

El mundo siempre ha estado ahí, pre-dado a cualquier tipo de actividad humana, de manera que es el campo universal de toda praxis real y posible; de modo que el mundo de la vida no es un objeto, es una unicidad en la que se realizan y toma sentido todos los sujetos y objetos que lo componen. Si los sujetos tienen conciencia de objetos, sólo pueden tener conciencia de ellos teniendo el mundo como horizonte. Las cosas son algo en el mundo y sólo podemos tener conciencia de mundo como horizonte de los objetos que lo componen.

“Entre los objetos del mundo de la vida encontramos también a los hombres, con todo su quehacer, actuar y padecer, viviendo en común en el horizonte mundano en sus respectivas uniones sociales, y sabiéndose en todo ello” (14) .

Si los sujetos hacen parte de este mundo de lo subjetivo-relativo, también su actividad cognoscitiva tendrá sus propias validaciones en este mundo; esto significa toda una develación de la subjetividad desde su propia perspectiva. Hacer un estudio de esta subjetividad sería como crear una «nueva ciencia» diferente de las ciencias objetivas y particulares que se realizan en el terreno del mundo objetivo. Esta nueva ciencia estaría en el terreno universal del pre-darse del mundo, es decir, “de aquello que constituye el terreno-base y universal para cualquier objetividad” (15) .

Para llevar a cabo dicha tarea es necesario realizar otra epojé puesto que en la primera epojé el sujeto se halla todavía en el terreno del mundo que se ha reducido a mundo como pre-saber científico. Esta segunda epojé evita que el sujeto use las premisas científicas como fuente de valoración de acontecimientos del mundo, el sujeto acepta dichas premisas como hechos históricos.

Esta segunda epojé saca al sujeto del mundo pre-dado y lo ubica en el universo de lo puramente subjetivo, es decir, el sujeto queda en una relación propia consigo mismo. Con esta nueva epojé o “reducción trascendental” el sujeto se libera del pre-darse del mundo; por tanto, la actividad del sujeto es una actividad referida a la conciencia misma, dejando al descubierto una “correlación universal” absolutamente cerrada y absolutamente autónoma entre el mundo mismo y la conciencia de mundo.

En esta correlación la conciencia constituye el sentido y la validez de ser del mundo, ya que ahora el sujeto se encuentra por encima de su “ser natural” y del “mundo natural” sin que se pierda necesariamente todo saber o creencia nacidas de la inquietud mundana o científica. Desde este momento el sujeto no va a tener en cuenta estos conocimientos que se dan en el terreno del mundo y más bien lo que rescata de esta segunda epojé es el “puro correlato de la subjetividad que le da sentido de ser y por cuyo valer ese mundo ‘es’”(16) .

Hay que tener en cuenta que esta nueva mirada al mundo no es una «concepción», ni tampoco una «interpretación» que se le imponga al mundo, ya que la reducción trascendental pone al sujeto por encima del mundo; esto significa que el sujeto no se encuentra en una relación objetiva con el mundo, su relación con el mundo es ahora intencional, el mundo se convierte a partir de este momento en puro fenómeno.

La reducción trascendental no es más que el análisis intencional que va desde la reflexión subjetiva hasta la constitución del mundo pre-dado en la conciencia constitutiva trascendental. Si la reducción remite inmediatamente a la subjetividad hay que comprender que esta subjetividad intencional comprende varios niveles que son: el ego, el cogito, el cogitatum.

El cogitatum o polo objetivo es lo mentado por toda intención, es lo constituido en la conciencia. cogitatum es el fenómeno puro inmediatamente correlativo de la constitución subjetiva.

Él cogito, es el acto mismo de representación (intuición, reflexión), es más concretamente el acto constitutivo y donador de sentido originario, en otras palabras, el cogito garantiza el cumplimiento o actualización de la intencionalidad misma.

El ego o yo, es el polo subjetivo, centro de donde fluyen las intencionalidades constitutivas. El polo egológico se caracteriza por la temporalización que lo hace un yo duradero constitutivo en el tiempo. Con el yo, el sujeto tiene conciencia de algo como lo mismo, a través de las diversas vivencias pasadas o futuras.

Husserl agrega que este sujeto trascendental es lo que es, un sujeto constitutivo gracias a la intersubjetividad. Esto significa que las actividades del yo implican necesariamente otro yo, que llamaremos tú; en una relación más amplia el yo se relaciona con otros egos o yoes, que denominaremos nosotros.

“De cierto modo esto es otra vez una temporalización de la simultaneidad de los polos egológicos o, en otras palabras, de la constitución del horizonte personal en el que cada yo se da. Se trata de la sociedad universal, en cuanto ‘especies’ de todos los sujetos egológicos” (17) .

De manera pues que la tarea de esta nueva ciencia -que Husserl llama Fenomenología- es mostrar cómo la subjetividad en su actividad trascendental devela los subfondos escondidos del mundo de acuerdo a como la conciencia misma los determina o constituye, es decir, les da su sentido y valor de ser.

La reducción fenomenológica en su pretensión de validez tiene por correlato el mundo como “lo meramente subjetivo-relativo” que conocemos como mundo de la vida, mundo exclusivo de toda actividad subjetiva. El sujeto se mueve ahora por los senderos de la intuición inmediata y originaria que precede a todo punto de vista sobre el mundo -recordemos que estamos por encima del mundo-, por eso la intuición como origen o principio no es ningún punto de vista ya que no está supuesta en el mundo, sino que al contrario es el mundo el que ha sido supuesto en la reducción.

Es de anotar que esta fase fenomenológica es descriptiva o de observación ya que no es nuestro interés investigar el mundo, ni su ser, ni su ser así o de tal manera, “sino, de observar todo cuanto vale para nosotros como ‘siendo’ o ‘siendo así’ y considerarlo desde el punto de vista de su modo subjetivo de valer”(18), lo que permite generar a partir de aquí nuevos sentidos para las cosas. Sea un objeto cualquiera de la experiencia; el objeto lo percibe el sujeto a través de los sentidos (visión, olor, tacto, gusto y sabor), las experiencias diversas que el sujeto pueda tener sobre el mismo objeto son muchas y sin embargo sabe que es el mismo objeto. El objeto no cambia, lo diferente es la naturaleza de la percepción.

El sujeto en la percepción del árbol lo ve moviendo sus ramas, cayendo sus hojas, sin flores, con ellas. Con esto quiero decir que las impresiones que el sujeto tiene del árbol son inestables. Con la epojé el sujeto reduce todas las variaciones que puedan existir del árbol en el sentido árbol, por tanto, cuando el sujeto mienta el árbol no habla de ese árbol en particular, pues la puesta entre paréntesis del mundo no permite que el sujeto interprete el mundo de una manera real, sino intencional o fenomenológica.

El mundo es fenómeno, el mundo está dirigido hacia el yo, y éste le da sentido en la medida que lo constituye a través de las vivencias. El fenómeno árbol lo constituye el sujeto a través de sus vivencias pasadas, presentes y futuras.

La percepción tiene actualmente un horizonte correspondiente a su objeto -en nuestro caso, el árbol-, posee una perspectiva diferente del objeto en cada experiencia que tenga de él, de tal modo que un conjunto continuo de perspectivas de la misma cosa -árbol- forma una síntesis idéntica a los múltiples sentidos que se logran de la misma cosa; “así, todo es recibido en la unidad de validez, o sea, en lo uno, en la cosa” (19). Pero en la presentación de la cosa percibida se halla implícito también “todo un horizonte de maneras de aparecer y síntesis de validez no actuales” (20) .

Si perceptivamente el objeto se da presencialmente, la cosa la tenemos originariamente como estando acá, ocupando un espacio y sucediendo en un tiempo determinado ininterrumpido; la cosa misma la envuelve un horizonte de maneras de aparecer y síntesis de validez no actuales, puesto que mantiene toda una continuidad de lo vivenciado a través de las «retensiones» -esto sería todas las experiencias pasadas del árbol (frondoso, sin flores)- y una continuidad de vivencias aun no realizadas o “pretensiones” de la cosa, -las experiencias futuras que se puedan tener del árbol (con frutos, con nuevas ramas)-.

 

La reducción fenomenológica en su pretensión de validez tiene por correlato el mundo como “lo meramente subjetivo-relativo” que conocemos como mundo de la vida, mundo exclusivo de toda actividad subjetiva. .

 

El fenómeno «mundo» descubre no solamente su presente, sino que devela todo su pasado y pronostica todo futuro. Esto muestra que la fenomenología si puede hacer previsiones inductivas sobre el mundo, que está en capacidad de teorizarlo sin que el mundo pierda su sentido de ser y ser así. El sujeto trascendental en su constitución del mundo genera un horizonte infinito de posibles vivencias de este mundo ya sean vivencias actuales, vivencias pasadas o futuras. El punto de vista del sujeto trascendental nace de la misma intuición, de modo que este comienzo no es ningún supuesto del mundo porque es el mundo el que es supuesto en el modo de conocer del sujeto trascendental; un punto de vista como el de las ciencias nace de un supuesto del mundo y sólo genera una perspectiva positiva y unilateral del mundo.

Esto significa que las ciencias no parten de una experiencia originaria en la que se dan los objetos naturales, existe una parte del objeto que la ciencia físico-matemática no tiene en cuenta y son las cualidades sensibles del objeto. Esto tiene como consecuencia que la naturaleza idealizada sea ahora el fundamento del cual parte toda experiencia científica; esto considera Husserl es un supuesto ingenuo del conocimiento científico.

 

Husserl encuentra evidente, por sobre todas las cosas que: "existo, esta vida existe, vivo: cogito".

 

NOTAS

(1) HUSSERL EDMUND. La Filosofía en la Crisis de la Humanidad Europea. Barcelona 1991. p. 154

(2) LANDGREBE, LUDWIG. Fenomenología e historia. Monte Avila Editores. Caracas. 1976 p. 175

(3) HUSSERL, EDMUND. La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental. Ed. Critica. Barcelona 1991. p. 31.

(4) Ibid. p. 37.

(5) Ibid. p. 36

(6) Ibid. p. 42.

(7) Ibid. p. 48.

(8) Ibid. p. 53.

(9) Ibid, p. 53.

(10) Ibid. p. 131

(11) Ibid. p. 132.

(12) Ibid: p. 133.

(13) Ibid. p. 139.

(14) Ibid. p. 149.

(15) Ibid. p. 150.

(16) Ibid. p. 155.

(17) Ibid. p. 174.

(18) Ibid. p. 160.

(19) Ibid. p. 160.

(20) Ibid. p. 161.


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