Cómo mejorar el estatus de la guadua en la economía del país

V Congreso Mundial Eje Cafetero –Colombia del 11 al 15 de octubre de 1999

Samuel Ospina Marín

 

Una vez le dijo a un hombre a Dios
No es suficiente con lo que me das
Dios, entonces contestó así:
Ah, ¿con que no estás contento con lo que te doy?
Y además haces y haces cosas
Para luego tirarlas, dañarlas y hacerlas basura
Pues ahora en castigo te mandaré a un lugar
Donde no escucharás el canto de los pájaros
Ni verás la florescencia de un árbol,
Ni podrás acariciar el agua de un manantial
Y lo mandó a un rascacielos de hierro y cemento,
En una selva de concreto llamada ciudad.

(Introducción de una carta de un niño a un maestro)

 

De un amasijo de hierros retorcidos y concreto pulverizado por el terremoto del 25 de enero, resurge la guadua, esa planta gramínea, como una solución posmoderna al problema de un suelo irremediablemente sísmico. Desde esta fecha se revaloriza su riqueza cultural, su dimensión económica y se duplica la demanda en los Departamentos del Quindío y Risaralda.

 

El estatus

Para elevarle el estatus a la guadua basta reconocerla como una planta de múltiples posibilidades para la industria y la construcción, la cual felizmente crece silvestre en el cinturón Ecuatorial, en el que por fortuna se encuentra nuestro país.

Pero para elevarle el estatus a la guadua es necesario saber mucho sobre ella. Y en el libro de Gunter Pauli, (el gurú de la Ecología posmoderna y actual Presidente de Zeri), «Avances» he encontrado la mejor y mas sintética semblanza de la Guadua.

El bambú tropical, como allí se la llama, es un elemento vivo, (quisiera. llamarlo ser), con unas potencialidades hasta ahora inexplotadas por nosotros de manera ordenada, industriosa y sustentable.

Déjenme enumerar las bondades de la guadua de manera simple y esquemática parafraseando al Doctor Pauli:

- Tiene más resistencia a la tensión en libras por pulgada cuadrada que el acero.

- La energía y el agua que se necesitan pura cultivar la guadua es solo una fracción de lo que necesitan los materiales de construcción, como el acero y el cemento.

- La guadua crece extremadamente rápido, una planta alcanza su madurez en cinco años.

- El éxito de la guadua en construcción ha sido demostrado en el departamento de Caldas, en donde edificaciones de tres pisos, construidas hace más de un siglo, están aún en pie.

- La guadua es un recurso renovable.

- Es barata y dura mucho tiempo.

- La guadua también actúa como una excelente tubería de desagüe que puede sustituir a la tubería de PVC.

- Se puede usar en sistemas de riego para cubrir distancias de centenas de kilómetros.

- Es una base de combustibles renovables.

- La guadua produce 72.000 litros de combustible de alcohol por hectárea plantada.

- Además, los Japoneses han convertido los cogollos del bambú en un alimento exquisito (1) .

Elevarle el estatus a la guadua pues, implica que la conozcamos a profundidad y nos apliquemos a industrializarla acoplándola, claro, en una cadena productiva de cero emisiones.

 

La casa se puede cultivar

Haciendo una consideración tan bella como cierta, y tan poética como objetiva, Pauli dice que una casa se puede cultivar.

Cultivar una casa, suena a fantasía, pero es una fábula que podemos hacer realidad.

Ya lo dijimos, la guadua crece muy rápido; una planta alcanza su madurez en cinco años. A los cinco años, de un guadual se podrían construir las casas que su extensión permita.

Empecemos entonces por lo más inteligente, volvamos a cultivar la guadua, pensando en que cultivaremos los pueblos de guadua y a partir de ese sencillo ejercicio, iniciemos el proceso de la industrialización de la planta con el espíritu de Cero Emisiones.

Pero todo a su debido tiempo.

 

Primero el aprendizaje

Aprenderemos de las culturas milenarias, aquellas que han aprovechado el bambú desde que la historia tiene uso de razón, o mejor seria decir, hasta cuando las culturas tuvieron uso de razón. Y me estoy refiriendo a las de las tierras altas de Indonesia, que curvándose en el globo terminan circundando a Tanzania, y sellan el anillo Ecuatorial con Colombia pasando por Costa Rica. Todos ellas, serán nuestras Maestras. Aprenderemos con humildad y diligencia a hacer magia con la guadua.

 

Estatus que ha de ganar la guadua

- Si sabemos que su resistencia es mayor que el acero, construyamos nuestras casas de guadua.

- Si sabemos que es el sustituto ideal de la fibra de asbesto, entonces ingeniémonos las fórmulas para utilizarlas a profundidad en la industria de fibrocemento.

- Si sabemos que si la procesamos hasta sus tuétanos destilaremos alcohol de su química orgánica, hagámoslo para la combustión de las estufas. Cero emisiones.

- Si sabemos que la hoja nos puede servir de sustrato para la siembra de hongos medicínales, sembrémoslos con ese sustrato.

- Y si sabemos que es en nuestro suelo que crece y se desarrolla óptimamente, pensemos en la exportación, pero primero inmunicémosla desde su propia química para ofrecerla en los mercados internacionales en diferentes formas:

Artesanías, muebles, pisos, módulos para viviendas etc; proponiéndonos darle valor agregado, que genere empleo, ingresos y divisas para reanimar el desarrollo económico y social en la zona cafetera y en Colombia.

Si con esas estrategias logramos que la guadua sea considerada una alternativa sustentable de múltiples servicios industriales y de construcción, le estaremos elevando el estatus y beneficiando la economía del país.

 

Es la hora del retorno al origen, pero llevando en nuestro equipaje la memoria de la historia, y en nuestro bolsillo izquierdo el convencimiento de la importancia vital de la elementalidad.

 

Conversemos con nuestra conciencia

(A iluminarla con una razón humilde y convencida de la prescindibilidad de la especie)

Pero la manera más sabia de elevarle el estatus a la guadua es establecer con ella un vínculo vital, sustentable y de respeto sagrado, que nos lleve a una relación consciente con este elemento tan pródigo y silvestre en nuestro territorio.

Para elevarle el estatus como es debido, es necesario que nos obliguemos a respetarle su eterno retorno al mundo de los seres vivos (seres vivos que, entendamos de una vez por todas, no somos sólo nosotros y las criaturas del reino animal).

Para elevarle el estatus a la guadua es fundamental una Conciencia sustentable. Conciencia sustentable que nos haga ver que si vamos a conducir la guadua de la mano de nuestra inteligencia hacia transformaciones aprovechables para nuestra especie, estamos en la obligación de mantener su esencia, y de no dejar ni una pizca de sus elementos al garete.

Hemos de borrar con hechos sustentables lo que han sido nuestras imprevisiones y explotaciones cosificantes de la naturaleza; Imprevisiones y explotaciones perdidas hacia atrás en la memoria de la historia de la depredación y el desequilibrio, en donde el hombre, como el falso amo y señor de la naturaleza, la ha aprovechado en lo que su racionalidad y avance científico del momento le ha permitido, para, sin darse cuenta de su soberana estupidez, matar las complejas esencias de un ser -la naturaleza- complejo y vivo que siempre desbordara al hombre y su tonta omnipotencia.

La conciencia plena de que nada se crea y que todo se transforma tiene una exigencia: la confesión humilde de que somos un elemento más en la red cósmica, y que nuestras transformaciones buscando nuestro desarrollo no deben ser por ningún motivo destructivas.

La confesión de conciencia de nuestro carácter prescindible en la naturaleza es un paso cósmico que nos acerca a las alianzas vitales con ella.

Es la hora del retorno al origen, pero llevando en nuestro equipaje la memoria de la historia, y en nuestro bolsillo izquierdo el convencimiento de la importancia vital de la elementalidad.

No renunciaremos a la ciencia y a la tecnología pero sí a nuestra prepotencia. Sí queremos retornar eternamente a la vida tenemos que dejar de creernos amos del universo y actuar con una inteligencia sabia, sustentable, que aprovecha los elementos para su desarrollo sin estropearlos o extinguirlos.

 

Conversemos con la guadua

Ahora citaré a Quino, el genial y universal caricaturista Argentino, para tomar de él una caricatura que la podemos contextualizar aquí en este espacio conceptual.

Quiero que se imaginen los cuadros, a medida que yo voy citando sus palabras:

- Boris guardaba dentro de sí un secreto

- Un secreto que le roía el alma y atormentaba su espíritu.

- Un secreto que no podía revelar a su esposa porque horrorizada, dejaría de ser su esposa.

- Ni a su mejor amigo, porque allí terminaría su amistad.

- Ni tampoco al cielo, por temor a una eterna punición divina.

- A punto de enloquecer, una noche Boris decidió poner fin tan insoportable situación.

- Buscó el árbol más alto. (Aquí me voy a permitir una licencia) Buscó» la guadua más alta, y durante horas le contó en un incesante murmullo todo su secreto.

- Regresó a casa y durmió muy larga y desahogadamente con desconocida placidez.

- Desde entonces la brisa que pasa por aquel árbol lleva a oídos de todos el secreto de Boris.

- Pero Boris pasea tranquilo porque sabe que en, su soberbia, al género humano no le interesa comprender nada de lo que le cuentan las demás especies.

Qué pena. La soberbia del género humano no le ha permitido entender a las otras especies, a los otros elementos de la tierra que hacen parte de esta nave cósmica. No los interpretamos como es debido. Los cosificamos y los utilizamos sin orden, ni ley, dentro de un estrecho contexto histórico de la abundancia y el consumo, que hace punto ciego la renovabilidad de la escasez.

En nuestra historia nunca estuvo el desarrollo sustentable como una categoría imprescindible. Por el contrarío, nuestra ciencia y nuestra tecnología no contaban nunca en sus cálculos con sus efectos contaminantes y exterminadores. Vaya ciencia. Nos faltó humildad. Hace 500 años descubrimos que la tierra no era el centro del Universo, y a pesar de ello, nosotros seguimos creyéndonos el centro, inconsecuente y arrogantemente.

Y ahora tenemos un discurso ambientalista, que no sé hasta que punto sea sentido y de corazón, y que en el fondo mantenga su arrogancia y omnipotencia frente a los elementos de la naturaleza.

Por eso, lo mejor es un diálogo del alma con los otros seres de este planeta, entra ellos la guadua. Una confesión de nuestros pecados, como lo hace Boris abrazado al árbol. Y la conquista de una conciencia humilde y cósmica, que como diría Nietzsche nos obligue a entregarnos al anillo de los anillos, que no es otra cosa que el eterno retorno.

Todos nos debemos convertir en Boris, e iniciar el camino del diálogo con la naturaleza, por primera vez en nuestra historia, escuchándola en su lenguaje cósmico, cierto, natural, misterioso, homeostático, y debemos confesarle lo absurdos e inconsecuentes que hemos sido con ella.

Pero si todos hacemos como Boris, la brisa que abanica la guadua la entenderemos todos, y todos sonreiremos, en la alianza cósmica propiciada por el hombre.

Sí señores. Hablar con la naturaleza, comunicarse con ella, ir a ella como quien va a la madre, amarla, respetarla, y pedirle sus frutos a cambio de comprensión vital de sus esencias, y de asegurarle inteligentemente el retorno a su origen vital. Esa es la mejor y única manera de elevarle el estatus a la guadua y a cualquier otro elemento de la naturaleza que pensemos aprovechar en toda su potencialidad.

Y es también la única forma de perpetuarnos a pesar de ser prescindibles para la naturaleza.

 

NOTAS

(1) Todos estos datos los encuentra usted en el magnífico libro de PAULI, Gunter. Avance. Instituto Zerí. Ágora Editores. Santafé de Bogotá, 1998)

 


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