La remodelación del yo en la relación de la ciudad con la escuela

Alberto Antonio Verón Ospina

 

Benjamín inicia su crónica de Berlín remontándose a los ocho años y nos invitar a participar de ese recordatorio que hace de la ciudad anterior a la primera y la segunda guerra mundial; Sánchez lo realiza a partir de la repartición de predios urbanos que se le hicieron a los primeros fundadores y ciudadanos Me permitiré intercalar algunos comentarios que suscita la lectura de los textos mencionados para terminar planteando alternativas que conecten a la escuela con la ciudad, el maestro y el alumno en cuanto que ambos participan de la construcción de un saber remodelador.

 

Mucho se dice acerca de la sustitución de la experiencia humana en favor de la acumulación gigantesca y explosiva de información. Se pregona que del mundo de la experiencia hemos pasado a una mediación de conocimiento de carácter electrónico. Existimos en cuanto somos reproducidos como imagen, en cuanto nos adaptamos a una especie de “casting” o “test” cotidiano que nos obliga a ser cada vez más conscientes de nuestra propia imagen y de la urgencia de comunicarla a los otros.

Este mundo de la imagen ha sido un mundo socialmente construido por todos. Como individuos, resultado de una larga transformación de nuestra conciencia de si mismos, en cuanto humanos, participamos de dos roles : uno que llamaremos natural y que va desde la niñez hasta la muerte, signado por procesos biológicos y del que no podemos hasta hoy liberarnos ; el segundo un rol cultural propio de la voluntad humana, de la tenacidad para remodelarnos a nosotros mismos, el cual nos ubica en diversidad de actividades: estudiante, trabajador, maestro, padre de familia, investigador, etc.

Así como el individuo es producto de un mundo socialmente construido por todos, pero con una basta capacidad a voluntad de plegarse un tanto a este o de marginarse, la infancia, la escuela, la ciudad, se convierten en lugares privilegiados para el ejercicio de esa remodelación.

Con la crisis de la experiencia, hemos sustituido una serie de impresiones o contactos que marcaron de forma radical el curso de la modernidad: Dios, la historia, la política, la identidad nacional, regional, local son presentadas por algunos augures como ejemplares prehistóricos, dignos candidatos de ser liquidados. De ese mundo en liquidación emergen otras criaturas, nuevas maneras de representarnos, de escenificar-nos socialmente: Los niños y los jóvenes que atraviesan por esos roles naturalizados en la sociedad se nos presentan faltos de identidad, carentes de un territorio fijo, desarraigado, sin apegos. Antes era fácil imaginar en que lugares de la ciudad se encontraban, hoy la ciudad los devora y el no saber a ciencia cierta donde está el otro se vuelve en la pesadilla que asusta porque genera erosión en la sociedad moderna.

 

Infancias en Berlín y en Pereira hacia el año 1900

Por la misma época que Walter Benjamin convierte en escritura sus recuerdos y vivencias de la ciudad de Berlín en el año de 1900 el cronista pereirano Ricardo Sánchez tejía también la urdimbre de la ciudad de Pereira de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Autores completamente distantes por su lengua, su formación y su tradición, el pereirano y el berlinés pasan de un siglo a otro y describen las percepciones que tienen del mundo situándose al abrigo de la ciudad que cada quien habita. Para ambos, bajo diferentes escalas, los efectos de los cambios que se presentan en sus ciudades y en el mundo de la modernidad les llevan a contar ese cambio que va de un siglo a otro, y en ese transcurrir del tiempo descubren las huellas que este ha dejado en calles, plazas construcciones. Benjamin nos describe su intencionalidad de la siguiente manera:

“Hace ya tiempo , años para ser exactos, que le estoy dando vueltas a la posibilidad de organizar biográficamente el espacio de la vida en un mapa. Antes que nada se me impone la necesidad de un plano guía. Hoy me apetecería coger un plano general militar del interior de la ciudad si lo hubiera. No lo hay, pues se desconoce el escenario de la guerra futura. Me he inventado un sistema de signos, y sobre el fondo de tal plano irán varios colores hasta que se distingan claramente toda una serie de lugares: las casas de mis amigos y amigas; los espacios de reunión de algunos colectivos, desde las salas de conversación del Movimiento de la juventud hasta las sedes de reunión de las juventudes comunistas; las habitaciones de hoteles y burdeles que conocí durante una noche; los poderosos bancos del jardín de los animales; el camino de la escuela, las tumbas que vi ocupar; los lugares en que brillaban aquellos cafés cuyos nombres, ya desaparecidos, nos vienen a los labios todos los días; las canchas de tenis en las que hoy se levantan casas de alquiler vacías; las salas doradas y adornadas con escayola en donde las sacudidas en las horas de baile casi las convertían en salas de gimnasia” (1)

Por su lado Ricardo Sánchez nos confronta con los cambios que vivió la ciudad de Pereira entre los años diez y treinta: “Abrigamos la esperanza de que con todas estas cosas quizás logremos resucitar en la memoria de los pereiranos viejos los recuerdos de sus mejores tiempos. Quizás esto no sirva para la juventud de hoy, para todos los nacidos después de 1920, pero eso es precisamente lo que buscamos. Que nuestro plato guste a los viejos. Que puedan ellos en el recogimiento del hogar ruñir la cáscara de los recuerdos, mientras hacen la digestión de la merienda. Que los padres pereiranos de nuestros tiempos, puedan montarse en el caballo de la imaginación y corretear por la plaza” (2)

Antes de su muerte voluntaria, inducida frente al rigor de la persecución Nazi, el filósofo y literato alemán Walter Benjamin nos dejó este ejercicio personal con el que buscaba unir las rutas que de su casa de infancia le condujeron por esa ciudad de Berlín de principios del siglo XX. La articulación entre calles y lugares, se despierta de manera mágica bajo el repique de la palabra, permitiéndonos así conocer como era el espacio de infancia y juventud de un niño judío, dos décadas antes de que la política de exterminio contra el pueblo de Israel y los planes de dominio del planeta, se expandieran como la mayor de las demencias por esa misma ciudad donde artistas, arquitectos, poetas y científicos la convirtieran en una de las ciudades más cultas y hermosas del mundo occidental. La crónica urbana es la manera, que tiene Benjamin, de narrar su relación subjetiva con el espacio social o intersubjetivo, -recordando a Habermas - de la ciudad. Su esfuerzo consiste en hacer que cada uno de las cosas que componen a la urbe alcen una mirada hacia los hombres y pronuncien todo aquello que pueden estas saber de nosotros mismos.

Antes que la barbarie hiciera reventar las alcantarillas convirtiendo la noche y sus calles en puntos dominados por el miedo, Benjamin nos propone un viaje más sensitivo que racional, más romántico que ilustrado (3), al significado mismo de ese pequeño mundo en que solemos pasar la mayor parte de nuestra existencia humana.

 

Así como el individuo es producto de un mundo socialmente construido por todos, pero con una basta capacidad a voluntad de plegarse un tanto a este o de marginarse, la infancia, la escuela, la ciudad, se convierten en lugares privilegiados para el ejercicio de esa remodelación.

 

Los textos de Benjamin y el de Ricardo Sánchez nos abocan a la posibilidad de reflexionar en torno de la pregunta ¿ cómo nos abrimos y nos orientamos en el conocimiento de la ciudad?. ¿Quienes son aquellos con los cuales iniciamos el aprendizaje de reconocerla? ¿Cuales pueden ser para los jóvenes y los niños los lugares más significativos?. Un recorrido por las traducciones y distintas versiones del texto de Walter Benjamin sugieren la posibilidad de que a partir de una lectura atenta iniciemos la construcción de lo que Benjamin llama el mapa personal de la ciudad, que en el caso suyo es la ciudad que descubre el niño, acompañado primero de la institutriz, luego de los padres, después de los otros niños, de los compañeros de escuela, los amigos poetas y revolucionarios, las prostitutas; en suma todos aquellos personajes con que los seres humanos constituimos un sistema de relaciones con la mirada, la palabra, el cuerpo. La ciudad por ser un sistema donde nos abocamos a utilizar una gran diversidad de signos es el ecosistema humano, allí cada uno de nuestros sentidos y la conciencia reflexiva y de memoria de estos propiciada gracias a la palabra, son las guías por las cuales entramos y nos conectamos de manera directa y viva con la ciudad. Y es que el autor, en la medida que descubre a su ciudad, transformándose en el centro orientador del mayor desastre humano de la primera mitad del siglo XX, propone a manera de redención de la pesadilla restituir a Berlín su dimensión estética. La lección que nos deja el filósofo consiste en rescatar, en los momentos más trágicos de la cultura (4) el ámbito expresivo del yo, para así exorcizar los ámbitos triunfales y en ocasiones ciegos de la racionalidad política y científico técnica (5); ámbitos que en el entorno fascista de su tiempo hicieron de la técnica el lugar privilegiado para la planificación y administración ordenada y sistemática del mal.

Pero no se pretende acá generar un análisis específico del texto de Benjamin; lo que deseamos es traducir y revertir esa lectura a nuestra particular experiencia en tanto somos educadores, transeúntes y habitantes de un entorno urbano latinoamericano. En este caso, Benjamin o Sánchez son autores de partida, especies de Arcos del Triunfo o Plazas de Bolívar a las que siempre regresamos en búsqueda de orientación y de la cual partimos de nuevo hacia las márgenes, a los lugares y las calles desconocidas, en las que deseamos perdernos. Porque el desconocimiento no se da solamente en aquellas inmensas urbes donde jamás alcanzamos a visualizar sus barrios, sino también en las otras, donde a pesar del cotidiano recorrido descubrimos de súbito lo poco que las conocíamos cuando sentimos los dramas que a diario se rebelan en ella.

La ciudad escogida por Benjamin en estas crónicas, es la de su primera infancia; igual sucede con la Pereira de Ricardo Sánchez; ambas son reconstruidas y recordadas a los ocho años y en las dos las huellas (6) de la memoria terminan signando el resto de nuestra existencia. Propongo entonces que tomando un hilo de la lectura de Benjamin se realice un ejercicio personal, consistente en rescatar esa ciudad personal que todos debiéramos llevar dentro, atendiendo a la construcción de un mapa cuyos lugares de importancia están signados por la signficatividad que puedan tener y que en su tiempo Ricardo Sánchez reconstruyó manzana a manzana, habitante a habitante de los primeros días de Pereira.

 

Sifnificatividad y experiencia

Frente al tema de la significación personal de un punto de la ciudad los criterios son eminentemente subjetivos y parten de las vivencias (Erlebnis) (7) que cada quien logre constituir con respecto a un lugar determinado. El criterio en la constitución de mapas personales, tal cual la propuesta lo señala es eminentemente subjetivo, pero esto no implica que a la hora de compartir se puedan encontrar razones similares para haber escogido un lugar determinado en una época especial. Benjamin inicia su crónica de Berlín remontándose a los ocho años y nos invitar a participar de ese recordatorio que hace de la ciudad anterior a la primera y la segunda guerra mundial; Sanchez lo realiza a partir de la repartición de predios urbanos que se le hicieron a los primeros fundadores y ciudadanos.

Me permitiré intercalar algunos comentarios que suscita la lectura de los textos mencionados para terminar planteando alternativas que conecten a la escuela con la ciudad, el maestro y el alumno en cuanto que ambos participan de la construcción de un saber que llamaré erótico a causa de su profundo contacto con la vida.

 

¿Cómo vemos la ciudad desde el aula de clase ? y cuanto, de nuestra relación con la ciudad se forma, gracias a esas primeras visiones que tenemos al viajar en el autobús temprano en la mañana(...)

 

Tomados de la mano de algún mayor y frente a una visión primera que tenemos de la calle, el niño que hemos sido no se forma solamente a partir de la experiencia al interior de la casa y de la escuela ; es en el paseo urbano, en el que accedemos a un conocimiento en ciernes. Esas tempranas visiones de la ciudad inciden de manera radical en la gestación de una sensibilidad particular. No significa esto que Benjamin pretenda alejarse del papel que cumple la familia en cuanto instancia educadora y psicológica ; esto pasa igualmente con la escuela ; sino que en el ir de un sitio a otro y en la experiencia misma del paseo, crece una sensibilidad o estética de la calle y de lo público que se erige a partir de las imágenes de la arquitectura y las construcciones locales, de las escenas a las que el individuo en formación se encuentra abocado.

Cada uno de los sitios evocados por Benjamin están inscritos en la atmósfera de lo imborrable y de lo irreemplazable, sobre nosotros a quedado la huella de su presencia; es como decir que los lugares nos han tocado y no solamente nosotros a estos ; ellos han pasado por nosotros y han quedado inscritos transformándose en mecanismos capaces de desatar sentimientos renovadores. Allí radica la fuerza de vivenciar un lugar, volver a sentir su presencia en el tiempo, descubrir de que manera ese lugar nos liberó, ser capaces de superar la mera relación utilitaria con el lugar y con el itinerario.

 

La pedagogía de las imágenes públicas

En los últimos años se viene discutiendo sobre la efectividad con que lo público y las imágenes de la experiencia urbana, en tanto afirmación de esta experiencia en las ciclovías, en las marchas políticas, en las concentraciones artísticas o políticas puedan tener para fortalecer un sentimiento de articulación a los conceptos de “sociedad civil”, de “cultura popular”, de defensa y mantenimiento de la existencia pública, o por el contrario la negación de la ciudad a través del aislamiento en las periferias, bajo los límites de la supuesta seguridad que brindan los conjuntos cerrados ; cancelando el paseo por la ciudad que cambia a depender del acceso a un auto o el reemplazo del viaje real por el viaje imaginario de los medios masivos de comunicación o de las drogas. Benjamin reivindica afirmativamente, el desplazamiento del niño por la ciudad como un acto temprano de lectura y muestra que su paseo contiene altas posibilidades de emancipación.

La vuelta sobre la infancia fue realizada por Freud desde el psicoanálisis; Benjamin por su parte nos propone una viaje a los inicios del individuo desde su relación con el libro, las ilustraciones, los juguetes. Así, la manera en que la letra hace su debut en la vida del niño resulta ser un evento que supera el aprendizaje racional que nos propone la escuela ; el niño antes de haber aprendido a leer constituye una libre asociación con las letras. De la letra al dibujo va una libre continuidad, en la que apenas el adulto alfabeto es la autoridad mediadora capaz de ordenar lo que tienen las libres asociaciones del niño que no lee, a la intencionalidad de la letra y la ilustración que nos propone la cartilla de cuentos.

 

Juventud y límites

El movimiento juvenil del que Walter Benjamin fue figura central se planteó el asunto de lo que podía representar la juventud en la sociedad de su tiempo - aquella que le toca vivir la primera guerra mundial -. Esa juventud traza en la ciudad unas rutas o unos itinerarios precisos que del liceo llevan a las reuniones políticas y literarias, a los cafés y burdeles. Si en un temprano texto de juventud llamado “La experiencia” aparece su posición frente al mundo de los adultos , partiendo del uso que esta palabra tiene, en “Crónica de Berlín” nos encontramos con la descripción de la vida que este y sus amigos les correspondió asumir allí. El lugar donde se reúne el movimiento juvenil es pagado por sus padres, los encuentros que tienen con sus amigas son a puerta abierta ; el establecimiento social al cual critican resulta ser el mismo del cual dependen. En posteriores documentos nos habremos de encontrar las continuas referencias de Benjamin a la dependencia económica que experimenta con respecto a su padre ; dependencia que se extenderá hasta bien entrado a la vida adulta. Pero en especial, lo que deseamos destacar acá, son los aportes reflexivos y narrativos del autor a los estudios acerca de las culturas juveniles en el siglo XX.

El asumirse como joven, o como movimiento juvenil, parte de una crítica a la tradición propia de los mayores, imperante en su tiempo. A su vez, las marcas biológicas que nos hablan de la diferencia de edad, o los rasgos de actitud frente a la vida ( estos últimos destacados por Benjamin, en su trabajo acerca de “La experiencia”) abren una senda a posteriores estudios sociológicos y culturales en torno al tema de las “Culturas juveniles”.

El mismo Walter Benjamin padece el drama de la juventud: su dependencia económica del orden social de los mayores; realizar una crítica de la institución burguesa de la familia pero el saberse extensión y parte de esa burguesía de la zona norte de la ciudad. Su recorrido por ella está signado por una visión que empieza en el parque zoológico, en el recuerdo que tiene el niño de sus paseos con las institutrices. Es de destacar acá la importancia que tienen los sentidos para Walter Benjamin, en particular la mirada gracias a la cual se captan e interiorizan las imágenes más significativas de sus recorridos.

Con el parque zoológico Benjamin nos aproxima al escenario imaginativo de su infancia, y desde este podemos reconocer las dimensiones arquitectónicas de las casas que habitaron, los objetos del interior burgués, las costumbres vacacionales de las familias judío - alemanas de la época. La mirada, aparece como el dispositivo gracias al cual nuestro pensador registra el escenario, que en su caso no es el fondo de sus reflexiones filosóficas acerca de la cultura, sino el camino mismo hacia esas reflexiones. Repetidas veces se ha señalado la mezcla de filósofo y escritor que existe en su caso; esa combinación le permite interpretar los espacios, los lugares y los objetos , rescatando de estos las más altas resonancias significativas. Así, “El hogar”, lugar de reunión del Estudiantado Libre de Berlín es el punto de maduración de una temprana reflexión acerca de la posición política de la juventud en las vísperas de la primera guerra mundial. La concepción del grupo partía de un reconocimiento de la ciudad, del mejoramiento de sus instituciones escolares, del romper con las duras y autoritarias costumbres que todavía regían las relaciones entre padres e hijos, entre maestros y estudiantes; de la apertura de la academia a los poetas más disientes para la generación de Benjamin: Holderlin y Georg. En Ricardo Sánchez resulta también notable su deseo de hacer ciudad. El libro de crónicas parte de un escrutinio minucioso de los primeros habitantes para pasar a un recuento de los eventos que marcaron la memoria de los habitantes de la ciudad en sus primeros años de vida : el fusilamiento de David López en la hoy Plaza de Bolívar, el primer auto que hizo su aparición en la ciudad, las ferias que le dieron a la ciudad su empuje comercial, los carruajes repletos de gitanos desparramándose por las calles de la aldea, con sus cantos y ofrecimientos mágicos, Etc.

La crítica teórica al concepto de “Experiencia” que nos propone Benjamin, tiene en la “Crónica de Berlín” su correlato literario. Si en la primera se configura un temprano discurso del “Lenguaje de la juventud” y de “Lo juvenil“ como fenómeno social, en la crónica se narra la manera en que surge el evento. Benjamin es crítico con su generación ; considera que sus intentos son de un carácter reformista pero que no tocan los intereses y los problemas de los jóvenes proletarios de la misma ciudad:

“Esta élite se encontraba (...) tan profundamente alejada de la juventud proletaria como lo estaban las casas de este barrio de rentistas con respecto a las de los moabitas: en definitva eran, eran los últimos de su estirpe, igual que los habitantes de aquellas casas de alquiler habían sido los últimos en poder conjurar, mediante ceremonias filantrópicas, la sombra de los desheredados” (8)

 

Algunas consideraciones acerca de la ciudad

El registro que de la ciudad hace Walter Benjamin conecta el reconocimiento físico de esta con la formación de distintos caracteres de su juventud. Hay un cambio en la conciencia según las oportunidades que se tengan de acceso a los beneficios de la ciudad.

La familia y la escuela son instituciones inmersas en ella. Para los reformistas pensar una ciudad mejor debe conducir a la transformación cultural de las experiencias familiares y del tipo de educación que allí se den. En el caso de los revolucionarios radicales , y Benjamin lo presintió, lo anterior no pasa de ser una propuesta filantrópica, mientras no se quiera entender plenamente la situación social de los desheredados. El descubrimiento que hace Walter Benjamin del Marxismo, le llevará a entender que un discurso pedagógico renovador, como el de la escuela libre al cual estuvo unido, un discurso juvenil que haga un reconocimiento social de la experiencia tal cual la asumen los jóvenes, y la defensa de una ciudad en términos de una progresiva conciencia social de sus huellas más significativas, no se puede lograr sin una distribución de la riqueza en términos más justos.

 

la defensa de una ciudad en términos de una progresiva conciencia social de sus huellas más significativas, no se puede lograr sin una distribución de la riqueza en términos más justos.

 

Escuela y ciudad

Si caminar por la ciudad puede potenciarse como una acto de conocer, el maestro tiene la responsabilidad de pensar en que su aula de clases está inserta en una región de la urbe y en la ciudad entera. De echo se podría iniciar una reflexión acerca de la relación entre escuela y espacio urbano. ¿Cómo vemos la ciudad desde el aula de clase ? y cuanto, de nuestra relación con la ciudad se forma, gracias a esas primeras visiones que tenemos al viajar en el autobús temprano en la mañana o cuando nuestros pasos de colegiales nos permitían recorrer y conocer desde la casa hasta la escuela ese mundo adultos expuesto o escenificado a la mirada de los niños.

El mapa personal y afectivo de la ciudad tiene para Benjamin unas características definidas que de la razón nos introducen al mundo de la imaginación:

“La vida puesta en el espacio de un mapa. Allí podrán de emerger en algún tipo de orden ( cronológico, sentimental, político) los lugares y los itinerarios. En una esquina del mapa se especificarán la relación de los lugares, usando colores convencionales colocando una palabra guía o un signo codificado que les distinga. En una página vecina quisiera realizar una redacción donde aparecieran las relaciones de estos lugares y estos itinerarios. Las fechas, significativas, el contexto político, sentimental o social en que surgen esas relaciones.”

¿Pero como conseguir que este mapa me ayude en la comprensión de mi relación de maestro con las nuevas generaciones de estudiantes? El acceso a los espacios públicos ha cambiado : el gusto por los lugares y las maneras de llegar a estos se encuentran conectados a la expansión de la ciudad, a la competencia misma que se da entre diversas zonas de esta, al papel que tienen los medios de comunicación. Beatriz Sarlo, en su hermoso libro “Escenas de la vida postmoderna” (9) plantea que la Televisión, la música electrónica, los Centros Comerciales, las máquinas de juego son los espacios donde se concentran la franja mayoritaria de adolescentes. Estos espacios resultan ser no solo logros tecnológicos de la modernidad, vaciados como diera la impresión, de cualquier contenido político y dialéctico. Son lugares dotados de una estética que tiene un lenguaje inspirado en los medios masivos de comunicación y la espacialidad de su arquitectura, la comodidad y la funcionalidad del diseño industrial contemporáneo como logros de la racionalidad más depurada.

¿Cómo lograr entonces un retorno más vivo a la experiencia ?. Será posible hacer escuela con la calle? ¿Podrá el maestro conservar su imagen por fuera del cascarón tradicional de la escuela?. ¿O el reto es perder esa imagen y asumir una búsqueda incierta?. Don Ricardo Sánchez ejerció desde su almacén de comerciante uno de los magisterios más bellos de nuestra cultura local temprana: amarró las letras dentro de las cuales nos re - modelamos hoy. Si la ciudad nos altera y re-orienta nuestras búsquedas, el ciudadano también dota a la ciudad de unas huellas completamente distintas. Cada ser anónimo, dotado de una voluntad, hace en la ciudad su propia escritura. ¿Puede el maestro captar ese caudal de experiencias y proyectarlo en su propia transformación como en la de aquellos que le rodean ?

No existe lugar negado a la experiencia y al recuerdo. Cualquier calle por polvorienta que sea, todo andén por estrecho, cualquier lupanar nocturno sabe más de orientación humana, de estrategias económicas para mantenerse en pie. Existen ciudades invisibles o lugares invisibles (10) porque no les hemos pensado, ni evocado, ni reconocido. La invisibilidad es más la imposibilidad que tenemos de ver lo que está por fuera del modelo de valoración que poseemos. Una relación de aprendizaje con la ciudad, una articulación de la escuela con la urbe parte de lo que Habermas llama la re - modelación del yo a través del contacto con los otros.

 

NOTAS

(1) BENJAMIN, Walter. Personajes alemanes. Paidós. Barcelona 1995.

(2) SANCHEZ, Ricardo. Pereira 1875 - 1935. Editorial Zapata. Manizales.

(3) “más sensitivo que racional, más romántico que ilustrado..”. Esta expresión nos lleva la discusión todavía latente acerca de la noción de desarrollo y al modelo de hombre que la filosofía moderna de corte racional y abstracto propugna. Federico Nietzsche en su “Genealogía de la moral” realiza el examen de los ideales ascéticos que triunfan con sócrates, platón y el cristianismo. Estos ideales inauguran para Nietzsche un tiempo donde los sentidos son duramente negados o en términos de Freud, reprimidos, produciendo así una cultura de corte nihilista o al borde de la autoaniquilación.

(4) Traer a colación el tema de la tragedia de la cultura

(5) Habermas plantea lo que llama “El mundo de la vida”. Este es dividido entres aspectos : el mundo subjetivo o estético donde el “Yo” puede alterarse a si mismo; el mundo intersubjetivo o de las instituciones sociales que existe en los ámbitos sociales y que se nos ofrece por medio de la política como un acto de negociación ; y el mundo objetivo donde el mundo adquiere la forma de naturaleza a investigar y que se propone llegar a la verdad.

(6) En el ensayo Las huellas de sentido y sus efectos en los estudios culturales acerca de lo urbano. El caso de la Avenida Circunvalar. Transformaciones en sus usos. Ciencias Humanas. U.T.P. No 23. Marzo 2000, escribo que “Como transeúntes y habitantes de la ciudad dejamos huellas en los otros y en la urbe misma lo cual se logra gracias a nuestros desplazamientos, a lo que expresamos y experimentamos”

(7) Según Gadamer, algo se convierte en una vivencia en cuanto que no sólo es vivido sino que el hecho de que lo haya sido ha tenido algún efecto particular que le ha conferido un significado duradero. La apelación al sentimiento vivo frente al frío racionalismo de la ilustración, el llamamiento de Shiller hacia una libertad estética frente al mecanismo de la sociedad, la oposición hegeliana de la vida (más tarde del espíritu) frente a la positividad son los precedentes de una protesta contra la moderna sociedad industrial que convirtió a comienzos de nuestro siglo la palabra vivir y vivencia en palabras redentoras de resonancias casi religiosas.” Tomado de GADAMER Hans Georg. Verdad y Método I. P 99. Volviendo a Gadamer, este se refiere a Nietzsche cuando dice: Según Nietzsche “... en los hombres profundos todas las vivencias duran mucho tiempo.” Con esto quiere decir que esta clase de hombres no las pueden olvidar pronto, que su elaboración es un largo proceso, y que precisamente en esto está su verdadero ser y significado, no solo en el contenido experimentado legítimamente como tal. Lo que llamamos vivencia en sentido enfático se refiere pues a algo inolvidable e irremplazable, fundamentalmente inagotable para la determinación comprenmsiva de su significado

(8) BENJAMIN, Walter. Crónica. Personajes Alemanes. p. 34. Paidos -UNAB. Barcelona.

(9) SARLO, Beatriz. Escenas de la vida postmoderna. Intelectuales, Arte y Video cultura en Argentina. Ariel. Argentina. 1994.

(10) Manfred Max Neef en su libro “Desarrollo a Escala humana” plantea una mirada integral de reconocimiento de la manera que tienen de agruparse en América Latina los más humildes para sobrevivir. Max Neef parte de considerar que los estudios económicos convencionales han silenciado la posibilidad de interpretar y validar las prácticas de sobrevivencia de aquellos que están por fuera de las políticas de desarrollo. Igualmente los estudios patrimoniales tradicionales silencian también el valor cultural que tienen esos tejidos espontáneos de zonas populares de la ciudad. Documento Himeo S.F.S.C.

 


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