Benjamín
inicia su crónica de Berlín remontándose a los ocho años
y nos invitar a participar de ese recordatorio que hace
de la ciudad anterior a la primera y la segunda guerra mundial;
Sánchez lo realiza a partir de la repartición de predios
urbanos que se le hicieron a los primeros fundadores y ciudadanos
Me permitiré intercalar algunos comentarios que suscita
la lectura de los textos mencionados para terminar planteando
alternativas que conecten a la escuela con la ciudad, el
maestro y el alumno en cuanto que ambos participan de la
construcción de un saber remodelador.
Mucho
se dice acerca de la sustitución de la experiencia humana
en favor de la acumulación gigantesca y explosiva de información.
Se pregona que del mundo de la experiencia hemos pasado a
una mediación de conocimiento de carácter electrónico. Existimos
en cuanto somos reproducidos como imagen, en cuanto nos adaptamos
a una especie de “casting” o “test” cotidiano
que nos obliga a ser cada vez más conscientes de nuestra propia
imagen y de la urgencia de comunicarla a los otros.
Este
mundo de la imagen ha sido un mundo socialmente construido
por todos. Como individuos, resultado de una larga transformación
de nuestra conciencia de si mismos, en cuanto humanos, participamos
de dos roles : uno que llamaremos natural y que va desde la
niñez hasta la muerte, signado por procesos biológicos y del
que no podemos hasta hoy liberarnos ; el segundo un rol cultural
propio de la voluntad humana, de la tenacidad para remodelarnos
a nosotros mismos, el cual nos ubica en diversidad de actividades:
estudiante, trabajador, maestro, padre de familia, investigador,
etc.
Así como el individuo es producto de un mundo socialmente
construido por todos, pero con una basta capacidad a voluntad
de plegarse un tanto a este o de marginarse, la infancia,
la escuela, la ciudad, se convierten en lugares privilegiados
para el ejercicio de esa remodelación.
Con
la crisis de la experiencia, hemos sustituido una serie de
impresiones o contactos que marcaron de forma radical el curso
de la modernidad: Dios, la historia, la política, la identidad
nacional, regional, local son presentadas por algunos augures
como ejemplares prehistóricos, dignos candidatos de ser liquidados.
De ese mundo en liquidación emergen otras criaturas, nuevas
maneras de representarnos, de escenificar-nos socialmente:
Los niños y los jóvenes que atraviesan por esos roles naturalizados
en la sociedad se nos presentan faltos de identidad, carentes
de un territorio fijo, desarraigado, sin apegos. Antes era
fácil imaginar en que lugares de la ciudad se encontraban,
hoy la ciudad los devora y el no saber a ciencia cierta donde
está el otro se vuelve en la pesadilla que asusta porque genera
erosión en la sociedad moderna.
Infancias
en Berlín y en Pereira hacia el año 1900
Por la misma época que Walter Benjamin convierte en escritura
sus recuerdos y vivencias de la ciudad de Berlín en el año
de 1900 el cronista pereirano Ricardo Sánchez tejía también
la urdimbre de la ciudad de Pereira de finales del siglo XIX
y principios del siglo XX. Autores completamente distantes
por su lengua, su formación y su tradición, el pereirano y
el berlinés pasan de un siglo a otro y describen las percepciones
que tienen del mundo situándose al abrigo de la ciudad que
cada quien habita. Para ambos, bajo diferentes escalas, los
efectos de los cambios que se presentan en sus ciudades y
en el mundo de la modernidad les llevan a contar ese cambio
que va de un siglo a otro, y en ese transcurrir del tiempo
descubren las huellas que este ha dejado en calles, plazas
construcciones. Benjamin nos describe su intencionalidad de
la siguiente manera:
“Hace ya tiempo , años para ser exactos, que le estoy
dando vueltas a la posibilidad de organizar biográficamente
el espacio de la vida en un mapa. Antes que nada se me impone
la necesidad de un plano guía. Hoy me apetecería coger un
plano general militar del interior de la ciudad si lo hubiera.
No lo hay, pues se desconoce el escenario de la guerra futura.
Me he inventado un sistema de signos, y sobre el fondo de
tal plano irán varios colores hasta que se distingan claramente
toda una serie de lugares: las casas de mis amigos y amigas;
los espacios de reunión de algunos colectivos, desde las
salas de conversación del Movimiento de la juventud hasta
las sedes de reunión de las juventudes comunistas; las habitaciones
de hoteles y burdeles que conocí durante una noche; los
poderosos bancos del jardín de los animales; el camino de
la escuela, las tumbas que vi ocupar; los lugares en que
brillaban aquellos cafés cuyos nombres, ya desaparecidos,
nos vienen a los labios todos los días; las canchas de tenis
en las que hoy se levantan casas de alquiler vacías; las
salas doradas y adornadas con escayola en donde las sacudidas
en las horas de baile casi las convertían en salas de gimnasia”
(1)
Por
su lado Ricardo Sánchez nos confronta con los cambios que
vivió la ciudad de Pereira entre los años diez y treinta:
“Abrigamos la esperanza de que con todas estas cosas quizás
logremos resucitar en la memoria de los pereiranos viejos
los recuerdos de sus mejores tiempos. Quizás esto no sirva
para la juventud de hoy, para todos los nacidos después de
1920, pero eso es precisamente lo que buscamos. Que
nuestro plato guste a los viejos. Que puedan ellos en el recogimiento
del hogar ruñir la cáscara de los recuerdos, mientras hacen
la digestión de la merienda. Que los padres pereiranos de
nuestros tiempos, puedan montarse en el caballo de la imaginación
y corretear por la plaza” (2)
Antes
de su muerte voluntaria, inducida frente al rigor de la persecución
Nazi, el filósofo y literato alemán Walter Benjamin nos dejó
este ejercicio personal con el que buscaba unir las rutas
que de su casa de infancia le condujeron por esa ciudad de
Berlín de principios del siglo XX. La articulación entre calles
y lugares, se despierta de manera mágica bajo el repique de
la palabra, permitiéndonos así conocer como era el espacio
de infancia y juventud de un niño judío, dos décadas antes
de que la política de exterminio contra el pueblo de Israel
y los planes de dominio del planeta, se expandieran como la
mayor de las demencias por esa misma ciudad donde artistas,
arquitectos, poetas y científicos la convirtieran en una de
las ciudades más cultas y hermosas del mundo occidental. La
crónica urbana es la manera, que tiene Benjamin, de narrar
su relación subjetiva con el espacio social o intersubjetivo,
-recordando a Habermas - de la ciudad. Su esfuerzo consiste
en hacer que cada uno de las cosas que componen a la urbe
alcen una mirada hacia los hombres y pronuncien todo aquello
que pueden estas saber de nosotros mismos.
Antes
que la barbarie hiciera reventar las alcantarillas convirtiendo
la noche y sus calles en puntos dominados por el miedo, Benjamin
nos propone un viaje más sensitivo que racional, más romántico
que ilustrado (3), al significado mismo
de ese pequeño mundo en que solemos pasar la mayor parte de
nuestra existencia humana.
| Así como el individuo es
producto de un mundo socialmente construido por todos,
pero con una basta capacidad a voluntad de plegarse un
tanto a este o de marginarse, la infancia, la escuela,
la ciudad, se convierten en lugares privilegiados para
el ejercicio de esa remodelación. |
Los textos de Benjamin y el de Ricardo Sánchez nos abocan
a la posibilidad de reflexionar en torno de la pregunta ¿
cómo nos abrimos y nos orientamos en el conocimiento de la
ciudad?. ¿Quienes son aquellos con los cuales iniciamos el
aprendizaje de reconocerla? ¿Cuales pueden ser para los jóvenes
y los niños los lugares más significativos?. Un recorrido
por las traducciones y distintas versiones del texto de Walter
Benjamin sugieren la posibilidad de que a partir de una lectura
atenta iniciemos la construcción de lo que Benjamin llama
el mapa personal de la ciudad, que en el caso suyo es la ciudad
que descubre el niño, acompañado primero de la institutriz,
luego de los padres, después de los otros niños, de los compañeros
de escuela, los amigos poetas y revolucionarios, las prostitutas;
en suma todos aquellos personajes con que los seres humanos
constituimos un sistema de relaciones con la mirada, la palabra,
el cuerpo. La ciudad por ser un sistema donde nos abocamos
a utilizar una gran diversidad de signos es el ecosistema
humano, allí cada uno de nuestros sentidos y la conciencia
reflexiva y de memoria de estos propiciada gracias a la palabra,
son las guías por las cuales entramos y nos conectamos de
manera directa y viva con la ciudad. Y es que el autor, en
la medida que descubre a su ciudad, transformándose en el
centro orientador del mayor desastre humano de la primera
mitad del siglo XX, propone a manera de redención de la pesadilla
restituir a Berlín su dimensión estética. La lección que nos
deja el filósofo consiste en rescatar, en los momentos más
trágicos de la cultura (4) el ámbito
expresivo del yo, para así exorcizar los ámbitos triunfales
y en ocasiones ciegos de la racionalidad política y científico
técnica (5); ámbitos que en el entorno
fascista de su tiempo hicieron de la técnica el lugar privilegiado
para la planificación y administración ordenada y sistemática
del mal.
Pero
no se pretende acá generar un análisis específico del texto
de Benjamin; lo que deseamos es traducir y revertir esa lectura
a nuestra particular experiencia en tanto somos educadores,
transeúntes y habitantes de un entorno urbano latinoamericano.
En este caso, Benjamin o Sánchez son autores de partida, especies
de Arcos del Triunfo o Plazas de Bolívar a las que siempre
regresamos en búsqueda de orientación y de la cual partimos
de nuevo hacia las márgenes, a los lugares y las calles desconocidas,
en las que deseamos perdernos. Porque el desconocimiento no
se da solamente en aquellas inmensas urbes donde jamás alcanzamos
a visualizar sus barrios, sino también en las otras, donde
a pesar del cotidiano recorrido descubrimos de súbito lo poco
que las conocíamos cuando sentimos los dramas que a diario
se rebelan en ella.
La
ciudad escogida por Benjamin en estas crónicas, es la de su
primera infancia; igual sucede con la Pereira de Ricardo Sánchez;
ambas son reconstruidas y recordadas a los ocho años y en
las dos las huellas (6) de la memoria
terminan signando el resto de nuestra existencia. Propongo
entonces que tomando un hilo de la lectura de Benjamin se
realice un ejercicio personal, consistente en rescatar esa
ciudad personal que todos debiéramos llevar dentro, atendiendo
a la construcción de un mapa cuyos lugares de importancia
están signados por la signficatividad que puedan tener y que
en su tiempo Ricardo Sánchez reconstruyó manzana a manzana,
habitante a habitante de los primeros días de Pereira.
Sifnificatividad
y experiencia
Frente al tema de la significación personal de un punto de
la ciudad los criterios son eminentemente subjetivos y parten
de las vivencias (Erlebnis) (7) que
cada quien logre constituir con respecto a un lugar determinado.
El criterio en la constitución de mapas personales, tal cual
la propuesta lo señala es eminentemente subjetivo, pero esto
no implica que a la hora de compartir se puedan encontrar
razones similares para haber escogido un lugar determinado
en una época especial. Benjamin inicia su crónica de Berlín
remontándose a los ocho años y nos invitar a participar de
ese recordatorio que hace de la ciudad anterior a la primera
y la segunda guerra mundial; Sanchez lo realiza a partir de
la repartición de predios urbanos que se le hicieron a los
primeros fundadores y ciudadanos.
Me permitiré intercalar algunos comentarios que suscita la
lectura de los textos mencionados para terminar planteando
alternativas que conecten a la escuela con la ciudad, el maestro
y el alumno en cuanto que ambos participan de la construcción
de un saber que llamaré erótico a causa de su profundo contacto
con la vida.
| ¿Cómo vemos la ciudad desde
el aula de clase ? y cuanto, de nuestra relación con la
ciudad se forma, gracias a esas primeras visiones que
tenemos al viajar en el autobús temprano en la mañana(...) |
Tomados
de la mano de algún mayor y frente a una visión primera que
tenemos de la calle, el niño que hemos sido no se forma solamente
a partir de la experiencia al interior de la casa y de la
escuela ; es en el paseo urbano, en el que accedemos a un
conocimiento en ciernes. Esas tempranas visiones de la ciudad
inciden de manera radical en la gestación de una sensibilidad
particular. No significa esto que Benjamin pretenda alejarse
del papel que cumple la familia en cuanto instancia educadora
y psicológica ; esto pasa igualmente con la escuela ; sino
que en el ir de un sitio a otro y en la experiencia misma
del paseo, crece una sensibilidad o estética de la calle
y de lo público que se erige a partir de las imágenes
de la arquitectura y las construcciones locales, de las escenas
a las que el individuo en formación se encuentra abocado.
Cada uno de los sitios evocados por Benjamin están inscritos
en la atmósfera de lo imborrable y de lo irreemplazable, sobre
nosotros a quedado la huella de su presencia; es como decir
que los lugares nos han tocado y no solamente nosotros a estos ;
ellos han pasado por nosotros y han quedado inscritos transformándose
en mecanismos capaces de desatar sentimientos renovadores.
Allí radica la fuerza de vivenciar un lugar, volver a sentir
su presencia en el tiempo, descubrir de que manera ese lugar
nos liberó, ser capaces de superar la mera relación utilitaria
con el lugar y con el itinerario.
La
pedagogía de las imágenes públicas
En
los últimos años se viene discutiendo sobre la efectividad
con que lo público y las imágenes de la experiencia urbana,
en tanto afirmación de esta experiencia en las ciclovías,
en las marchas políticas, en las concentraciones artísticas
o políticas puedan tener para fortalecer un sentimiento de
articulación a los conceptos de “sociedad civil”, de “cultura
popular”, de defensa y mantenimiento de la existencia pública,
o por el contrario la negación de la ciudad a través del aislamiento
en las periferias, bajo los límites de la supuesta seguridad
que brindan los conjuntos cerrados ; cancelando el paseo por
la ciudad que cambia a depender del acceso a un auto o el
reemplazo del viaje real por el viaje imaginario de los medios
masivos de comunicación o de las drogas. Benjamin reivindica
afirmativamente, el desplazamiento del niño por la ciudad
como un acto temprano de lectura y muestra que su paseo contiene
altas posibilidades de emancipación.
La vuelta sobre la infancia fue realizada por Freud desde
el psicoanálisis; Benjamin por su parte nos propone una viaje
a los inicios del individuo desde su relación con el libro,
las ilustraciones, los juguetes. Así, la manera en que la
letra hace su debut en la vida del niño resulta ser un evento
que supera el aprendizaje racional que nos propone la escuela ;
el niño antes de haber aprendido a leer constituye una libre
asociación con las letras. De la letra al dibujo va una libre
continuidad, en la que apenas el adulto alfabeto es la autoridad
mediadora capaz de ordenar lo que tienen las libres asociaciones
del niño que no lee, a la intencionalidad de la letra y la
ilustración que nos propone la cartilla de cuentos.
Juventud
y límites
El movimiento juvenil del que Walter Benjamin fue figura central
se planteó el asunto de lo que podía representar la juventud
en la sociedad de su tiempo - aquella que le toca vivir la
primera guerra mundial -. Esa juventud traza en la ciudad
unas rutas o unos itinerarios precisos que del liceo llevan
a las reuniones políticas y literarias, a los cafés y burdeles.
Si en un temprano texto de juventud llamado “La experiencia”
aparece su posición frente al mundo de los adultos , partiendo
del uso que esta palabra tiene, en “Crónica de Berlín” nos
encontramos con la descripción de la vida que este y sus amigos
les correspondió asumir allí. El lugar donde se reúne el movimiento
juvenil es pagado por sus padres, los encuentros que tienen
con sus amigas son a puerta abierta ; el establecimiento social
al cual critican resulta ser el mismo del cual dependen. En
posteriores documentos nos habremos de encontrar las continuas
referencias de Benjamin a la dependencia económica que experimenta
con respecto a su padre ; dependencia que se extenderá hasta
bien entrado a la vida adulta. Pero en especial, lo que deseamos
destacar acá, son los aportes reflexivos y narrativos del
autor a los estudios acerca de las culturas juveniles en el
siglo XX.
El
asumirse como joven, o como movimiento juvenil, parte de una
crítica a la tradición propia de los mayores, imperante en
su tiempo. A su vez, las marcas biológicas que nos hablan
de la diferencia de edad, o los rasgos de actitud frente a
la vida ( estos últimos destacados por Benjamin, en su trabajo
acerca de “La experiencia”) abren una senda a posteriores
estudios sociológicos y culturales en torno al tema de las
“Culturas juveniles”.
El
mismo Walter Benjamin padece el drama de la juventud: su dependencia
económica del orden social de los mayores; realizar una crítica
de la institución burguesa de la familia pero el saberse extensión
y parte de esa burguesía de la zona norte de la ciudad. Su
recorrido por ella está signado por una visión que empieza
en el parque zoológico, en el recuerdo que tiene el niño de
sus paseos con las institutrices. Es de destacar acá la importancia
que tienen los sentidos para Walter Benjamin, en particular
la mirada gracias a la cual se captan e interiorizan
las imágenes más significativas de sus recorridos.
Con
el parque zoológico Benjamin nos aproxima al escenario imaginativo
de su infancia, y desde este podemos reconocer las dimensiones
arquitectónicas de las casas que habitaron, los objetos del
interior burgués, las costumbres vacacionales de las familias
judío - alemanas de la época. La mirada, aparece como el dispositivo
gracias al cual nuestro pensador registra el escenario, que
en su caso no es el fondo de sus reflexiones filosóficas acerca
de la cultura, sino el camino mismo hacia esas reflexiones.
Repetidas veces se ha señalado la mezcla de filósofo y escritor
que existe en su caso; esa combinación le permite interpretar
los espacios, los lugares y los objetos , rescatando de estos
las más altas resonancias significativas. Así, “El hogar”,
lugar de reunión del Estudiantado Libre de Berlín es el punto
de maduración de una temprana reflexión acerca de la posición
política de la juventud en las vísperas de la primera guerra
mundial. La concepción del grupo partía de un reconocimiento
de la ciudad, del mejoramiento de sus instituciones escolares,
del romper con las duras y autoritarias costumbres que todavía
regían las relaciones entre padres e hijos, entre maestros
y estudiantes; de la apertura de la academia a los poetas
más disientes para la generación de Benjamin: Holderlin y
Georg. En Ricardo Sánchez resulta también notable su deseo
de hacer ciudad. El libro de crónicas parte de un escrutinio
minucioso de los primeros habitantes para pasar a un recuento
de los eventos que marcaron la memoria de los habitantes de
la ciudad en sus primeros años de vida : el fusilamiento de
David López en la hoy Plaza de Bolívar, el primer auto que
hizo su aparición en la ciudad, las ferias que le dieron a
la ciudad su empuje comercial, los carruajes repletos de gitanos
desparramándose por las calles de la aldea, con sus cantos
y ofrecimientos mágicos, Etc.
La crítica teórica al concepto de “Experiencia” que
nos propone Benjamin, tiene en la “Crónica de Berlín”
su correlato literario. Si en la primera se configura un temprano
discurso del “Lenguaje de la juventud” y de “Lo juvenil“ como
fenómeno social, en la crónica se narra la manera en que surge
el evento. Benjamin es crítico con su generación ; considera
que sus intentos son de un carácter reformista pero que no
tocan los intereses y los problemas de los jóvenes proletarios
de la misma ciudad:
“Esta élite se encontraba (...) tan profundamente alejada
de la juventud proletaria como lo estaban las casas de este
barrio de rentistas con respecto a las de los moabitas:
en definitva eran, eran los últimos de su estirpe, igual
que los habitantes de aquellas casas de alquiler habían
sido los últimos en poder conjurar, mediante ceremonias
filantrópicas, la sombra de los desheredados” (8)
Algunas
consideraciones acerca de la ciudad
El
registro que de la ciudad hace Walter Benjamin conecta el
reconocimiento físico de esta con la formación de distintos
caracteres de su juventud. Hay un cambio en la conciencia
según las oportunidades que se tengan de acceso a los beneficios
de la ciudad.
La
familia y la escuela son instituciones inmersas en ella. Para
los reformistas pensar una ciudad mejor debe conducir a la
transformación cultural de las experiencias familiares y del
tipo de educación que allí se den. En el caso de los revolucionarios
radicales , y Benjamin lo presintió, lo anterior no pasa de
ser una propuesta filantrópica, mientras no se quiera entender
plenamente la situación social de los desheredados. El descubrimiento
que hace Walter Benjamin del Marxismo, le llevará a entender
que un discurso pedagógico renovador, como el de la escuela
libre al cual estuvo unido, un discurso juvenil que haga un
reconocimiento social de la experiencia tal cual la asumen
los jóvenes, y la defensa de una ciudad en términos de una
progresiva conciencia social de sus huellas más significativas,
no se puede lograr sin una distribución de la riqueza en términos
más justos.
| la defensa de una ciudad
en términos de una progresiva conciencia social de sus
huellas más significativas, no se puede lograr sin una
distribución de la riqueza en términos más justos. |
Escuela
y ciudad
Si
caminar por la ciudad puede potenciarse como una acto de conocer,
el maestro tiene la responsabilidad de pensar en que su aula
de clases está inserta en una región de la urbe y en la ciudad
entera. De echo se podría iniciar una reflexión acerca de
la relación entre escuela y espacio urbano. ¿Cómo vemos la
ciudad desde el aula de clase ? y cuanto, de nuestra relación
con la ciudad se forma, gracias a esas primeras visiones que
tenemos al viajar en el autobús temprano en la mañana o cuando
nuestros pasos de colegiales nos permitían recorrer y conocer
desde la casa hasta la escuela ese mundo adultos expuesto
o escenificado a la mirada de los niños.
El
mapa personal y afectivo de la ciudad tiene para Benjamin
unas características definidas que de la razón nos introducen
al mundo de la imaginación:
“La vida puesta en el espacio de un mapa. Allí podrán
de emerger en algún tipo de orden ( cronológico, sentimental,
político) los lugares y los itinerarios. En una esquina
del mapa se especificarán la relación de los lugares, usando
colores convencionales colocando una palabra guía o un signo
codificado que les distinga. En una página vecina quisiera
realizar una redacción donde aparecieran las relaciones
de estos lugares y estos itinerarios. Las fechas, significativas,
el contexto político, sentimental o social en que surgen
esas relaciones.”
¿Pero
como conseguir que este mapa me ayude en la comprensión de
mi relación de maestro con las nuevas generaciones de estudiantes?
El acceso a los espacios públicos ha cambiado : el gusto por
los lugares y las maneras de llegar a estos se encuentran
conectados a la expansión de la ciudad, a la competencia misma
que se da entre diversas zonas de esta, al papel que tienen
los medios de comunicación. Beatriz Sarlo, en su hermoso libro
“Escenas de la vida postmoderna” (9)
plantea que la Televisión, la música electrónica, los
Centros Comerciales, las máquinas de juego son los espacios
donde se concentran la franja mayoritaria de adolescentes.
Estos espacios resultan ser no solo logros tecnológicos de
la modernidad, vaciados como diera la impresión, de cualquier
contenido político y dialéctico. Son lugares dotados de una
estética que tiene un lenguaje inspirado en los medios masivos
de comunicación y la espacialidad de su arquitectura, la comodidad
y la funcionalidad del diseño industrial contemporáneo como
logros de la racionalidad más depurada.
¿Cómo
lograr entonces un retorno más vivo a la experiencia ?. Será
posible hacer escuela con la calle? ¿Podrá el maestro conservar
su imagen por fuera del cascarón tradicional de la escuela?.
¿O el reto es perder esa imagen y asumir una búsqueda incierta?.
Don Ricardo Sánchez ejerció desde su almacén de comerciante
uno de los magisterios más bellos de nuestra cultura local
temprana: amarró las letras dentro de las cuales nos re -
modelamos hoy. Si la ciudad nos altera y re-orienta nuestras
búsquedas, el ciudadano también dota a la ciudad de unas huellas
completamente distintas. Cada ser anónimo, dotado de una voluntad,
hace en la ciudad su propia escritura. ¿Puede el maestro captar
ese caudal de experiencias y proyectarlo en su propia transformación
como en la de aquellos que le rodean ?
No
existe lugar negado a la experiencia y al recuerdo. Cualquier
calle por polvorienta que sea, todo andén por estrecho, cualquier
lupanar nocturno sabe más de orientación humana, de estrategias
económicas para mantenerse en pie. Existen ciudades invisibles
o lugares invisibles (10) porque no
les hemos pensado, ni evocado, ni reconocido. La invisibilidad
es más la imposibilidad que tenemos de ver lo que está por
fuera del modelo de valoración que poseemos. Una relación
de aprendizaje con la ciudad, una articulación de la escuela
con la urbe parte de lo que Habermas llama la re - modelación
del yo a través del contacto con los otros.