"Televisión Un dispositivo cultural y educativo"

Gonzaga Castro Arboleda

 

Debatida en todas las esferas de la sociedad y confundida, clasificada y catalogada en sus diferentes momentos desde el ámbito más estrecho del fetiche hasta adjudicarle el papel más amplio en la consolidación de democracias, la televisión y más aún la televisión educativa se mueve cada vez más en el contexto del desdibujamiento de la redefinición de sus categorías.

En este documento se intenta articular las categorías de Comunicación, Educación y Televisión en un contexto de reflexión que indaga sobre la importancia de la televisión en la educación y algunas formas dinámicas de su producción y uso.

 

Nota preliminar

En un momento en el que el desarrollo tecnológico está reorganizando todos los niveles de nuestra sociedad, los medios de comunicación se introducen en el espacio social como importantes fuentes de transmisión y generación de conocimientos estableciendo una serie de relaciones de tipo sentimental y emocional con sus receptores.

Enmarcadas en este contexto las estrategias comunicativas se han fortalecido con el aporte de muchas disciplinas del saber y se han vuelto factores clave en el manejo del poder y el desarrollo de la dinámica social; caso especial es el fenómeno televisivo (convertido en un espacio carente de una total reflexión) y sus implicaciones en los procesos culturales de nuestras comunidades, en el cual es tan notoria la ausencia de participación de la sociedad civíl en la definición de los lineamientos orientadores de sus procesos, como nula ha sido la lucha de la institución educativa por lograr capacidad de decisión en el “uso” que debe darse a la televisión, en la definición de su programación y su participación democrática en este espacio.

Por lo anterior se ha considerado importante realizar el presente trabajo en el marco de las siguientes categorías:

La Comunicación, asumida como una red (acción-interacción-interrelación)que atraviesa toda la estructura social en la cual entran en juego una serie de prácticas relacionadas con diferentes campos de la acción social como la salud, la educación, los asentamientos humanos , la industrialización, la modernización, etc.

De esta manera puede ser definida entonces como aquella dinámica que pone en evidencia indicios para hacer que otros entiendan y participen en procesos de construcción de mensajes, significaciones y resignificaciones, donde lo importante es la pertinencia de los signos que el emisor retoma para producir el mensaje y el uso que el receptor haga de ellos. En esta puesta en común se manifiestan los modos de transformación social y se expresan las formas de valoración de una sociedad.

Lamentablemente la aplicación dada actualmente al término es equívoca pues se emplea para definir diversas prácticas en política, publicidad, servicios de información, relaciones públicas, telecomunicaciones, ingeniería de sistemas, sin tener en cuenta que la comunicación , mucho más que referente de meros fenómenos tecnológicos, es una dinámica de interacción que entrecruza todos los procesos estructurales de una sociedad.

La Educación , que asume los procesos de aprendizaje, formación y desarrollo humano de un grupo social dentro de un concepto de calidad para lograr su fin último: la formación para la vida. Así una sociedad sabe a que se refiere cuando habla de educación y lo que se espera de ella en su propósito social.

Variando su modelo según la época, le corresponde a la educación la obligación de formar un individuo con capacidad de apropiar los problemas que se le presenten, analizarlos, gestionarlos y participar en su solución en un momento histórico determinado.

La Televisión, como uno de los medios tradicionales de comunicación y que ha sido considerada como un medio alternativa que permite generar propuestas de mejoramiento de la calidad de la educación, aunque en últimas no haya cumplido eficientemente con este propósito. (1)

Si bien a la televisión se le ha asignado una función autónoma, es decir que automáticamente puede desarrollar procesos de educación y formación por el solo hecho de tener la posibilidad de presentar en pantalla escenarios más atractivos y vistosos que los que puede construír un maestro en el aula; esta idea ha tenido que ser revaluada en el sentido de comprender que la eficacia del uso de un medio de comunicación(como la televisión) en la educación, tiene que ver más que con una imagen con la generación de verdaderos procesos de comunicación que fluídamente se enriquezcan al interior de las instituciones, que posibiliten la participación del receptor en su construcción y promuevan un “uso” didácticamente creativo del medio. En este sentido el investigador Daniel Prieto en un estudio realizado en México y relacionado con la aplicación de estas tecnologías en la educación señala:

“La estrategia de uso de medios no sirvió para generar procesos de comunicación en los centros donde fue implementada; no sirvió para promover la participación de los propios docentes en la elaboración de sus mensajes y no sirvió, sobre todo, para que los estudiantes utilizarán creativamente los medios” (2).

 

1. La Televisión: expectativa educativa y cultural

Si por medio de la televisión es posible reproducir los modos de vida y las formas de pensar , representar e imaginar que tenemos como grupo, institución o sociedad, es claro que aquí encontramos significaciones para compartir: se puede legitimar cierta concepción de la realidad, ofrecer modelos de vida que permitan identificación social; proponer formas de percibir, construir y representar puntos comunes de referencia mediante una función cultural que se activa no por los contenidos sino por las formas de comunicar, por las voces y los estilos que representa. En este contexto la tecnología como tal adquiere valor pedagógico si se utiliza sobre la base del aprovechamiento de sus recursos comunicativos.

Al proponer modos de pensar y sentir orientados hacia la construcción de un modo de producción del saber social, es necesario que estas prácticas se conviertan en políticas institucionales de lo educativo, con capacidad de definir la función, el lugar y las posibilidades que la televisión debe atender en un proyecto pedagógico; bien diferente este panorama al presentado por la Comisión Nacional de Televisión en el cual se ha pretendido enmarcar una función cumplida por el Estado con relación a la televisión educativa:

”Los intentos por vincular Televisión y Educación han surgido más de las políticas gubernamentales que de las prácticas cotidianas y pedagógicas. Sin embargo, en dichas políticas ha primado, hasta ahora, la idea del cubrimiento poblacional y de la cantidad de información emitida, apoyado todo esto con metodologías cuantitativas que distan de ser verdaderamente completas, por cuanto no se orientan ni apoyan en estudios cualitativos que permitan incidir en las necesidades de las audiencias en materia educativa y cultural” (3) .

Para responder a lo anterior es necesario abordar un trabajo de tipo teórico-práctico que permita centrarse en procesos reales de intercambio entre productor, receptor y el texto televisivo; asumir las relaciones establecidas entre televisión, audiencia y conocimiento para definir de manera específica formas y estrategias pedagógicas de los programas de televisión (educativa).

La televisión debe ser, por lo tanto, un recurso necesario en la educación, una “forma de vivir,socializar, pensar, sentir e imaginar que tiene grandes posibilidades comunicativas para hacer de la educación una acción formadora, divertida e imaginativa” (4)

De igual manera es necesario el estudio sobre las demandas de los distintos sectores de la sociedad(receptores) incorporados al desarrollo de las estrategias: un trabajo que posibilite repensar la actual televisión (educativa y cultural) como un espacio de participación social para facilitar el desarrollo de acciones educativas dentro y fuera de la institución escolar en procesos de producción, emisión, programación, incluso de recepción.

 

1.1. Posiciones frente a la televisión

Ningún medio como la televisión ha despertado tantas expectativas sociales frente a su potencial educativo y cultural y desde esta perspectiva han surgido dos planteamientos aparentemente antagónicos: De una parte se cuestiona la posibilidad que la televisión como medio mismo puede estar en consonancia con el modelo constructivista de aprendizaje donde el receptor construye sus conocimientos y su particular modo de concebir el mundo de manera activa, basándose sobre todo en la interacción de sus capacidades, sus preconceptos, la información que recibe de su contexto y las experiencias que él mismo obtiene.

De otro lado surge una posición que defiende que todo en la televisión educa o deseduca, con una clara diferenciación entre lo que sería una buena y una mala televisión: aquella que ofrece posibilidades de experimentación estética y permite fomentar el gusto por lo bello, en contraste con una que refuerza arquetipos estéticos de mal gusto. Una buena televisión que motiva en el receptor el aprendizaje, a cambio de una mala televisión que al reproducir peligrosos estereotipos alejan a su receptor de cualquier intención por aprender.

Estos planteamientos son defendidos en una argumentación que intenta demostrar que:

“la televisión puede complementar la labor de la escuela o por el contrario, convertirse en fuerte opositor del logro de objetivos pedagógicos innovadores” (5) .

Frente a los anteriores argumentos hay que dejar en claro que ni en la escuela, ni en la televisión está la capacidad de responder de manera absoluta a la problemática de un contexto. La escuela no puede compensar las desigualdades generadas por el mismo sistema social en el cual esta inserta, como tampoco una televisión diseñada con objetivos educativos específicos puede asumir por sí misma esta tarea.

 

1.2. Televisión en la educación - educación en la televisión

Dentro de todo este panorama los modelos de diseño, producción, programas y programación de televisión son muy variados ya que atienden a necesidades específicas del contexto de las lógicas de su producción y de las de su recepción y uso.

Con relación a la televisión educativa muchas instituciones, organismos y empresas relacionadas con su desarrollo se han visto en la necesidad de experimentar con formatos y fórmulas estéticamente innova-doras, como en el caso de Brasil y Colombia (6) , incursionando en el campo experimental del diseño y producción de formatos eminentemente televisivos como la teleno-vela y la investigación sobre las posibilidades de otros géneros de ficción al servicio de la educación. Otros países como Inglaterra han experimentado la modalidad de los clips como posibilidades de motivación para el receptor en temas como la prevención de accidentes o invitar a los ciudadanos de regreso al estudio (capacitación de adultos).

Al proponer modos de pensar y sentir orientados hacia la construcción de un modo de producción del saber social, es necesario que estas prácticas se conviertan en políticas institucionales de lo educativo (...).

Lo cierto es que en la actualidad la realidad demanda la generación de un espacio en el cual los profesionales de la educación, del diseño y de los medios se encuentren en un debate sobre las prácticas de las posibilidades de la televisión educativa y la generación de proyectos que plasmen –sus objetivos generales (filosofía) – en objetivos reales la producción de programas tipo y la investigación en los valores educativos de programas televisivos no tenidos en cuenta - hasta ahora - por el mundo de la educación. Claro esta que la consolidación de este espacio solo es posible si se considera una formación paralela de los profesionales de los medios, los profesionales de la educación y de los receptores en general en el campo de la educación en materia de televisión, su interrelación y su propia intencionali-dad; proceso necesario en el desarrollo de estrategias de diseño, planeación, producción y mantenimiento de proyectos audiovisuales (televisión) educativos, pues de esta intencionalidad se derivarian las diferentes alternativas de esquemas, propuestas o procesos de enseñanza mediante la televisión y tendrian su forma manifiesta en la relación producción-realización, haciendo posible una televisión educativa con la intencionalidad de suceso, como también una televisión para la educación, cuyo uso dependería del desempeño y que hacer de quienes utilicen la televisión convencional con fines educativos: apoyo en la enseñanza, desarrollo de procesos de televisión con buena calidad, estrategias de análisis lectura televisiva, estudio de las lógicas de producción y recepción, etc.

”con la familia y la escuela, la televisión conforma el triángulo de los escenarios donde nos construimos como seres humanos y quiero reiterar que se trata de un triángulo cuyas relaciones afectan a todas sus partes” (7) .

Con relación a los géneros la tendencia ha sido la de estructurar la programación educativa a partir de formatos que deben aparecer como más serios, como espacios facilitadores para representar una “ realidad objetiva” y como programas más neutros; y desde la concepción que la televisión debe cumplir con las funciones de informar, entretener y educar se ha pretendido el diseño de géneros especiales para cada una de éstas desconociéndose desde todo punto de vista que cualquier género o formato puede ser utilizado para y por una televisión educativa. No es necesario que ésta cuente con formatos exclusivos para el entretenimiento y la información y otros exclusivos para la educación y formación a través de ella. Aunque la innovación y la creatividad son condiciones indispensables para lograr una estrategia efectiva en este sentido, deben ser pensadas en términos de la relación con la audiencia y el propósito específicamente educativo, para que una televisión para la educación pueda responder entonces a:

- Una claridad y exigencia en la prestación del servicio, es decir un espacio donde todos los grupos y agentes incorporados a las distintas dinámicas vean reflejada en alguna forma sus expectativas y necesidades (Proyectos Audiovisuales Educativos-Televisión).

- Unas condiciones óptimas de infraestructura técnica y humana para el apoyo de estrategias en educación formal, no formal e informal: Formación para la Vida.

- Un proceso de evaluación y retroalimentación constante no solamente relacionado con el estudio de las audiencias, sino un trabajo permanente sobre la producción, el impacto, las expectativas de los receptores incorporados a los diferentes procesos, etc.

Por lo tanto, la televisión, incluyendo la educativa, no debe seguir pensándose como un resultado final y evaluándose precisamente como una serie de resultados finales (los programas en pantalla/ los formatos) sino como el proceso continuo que es, para que de esta manera los programas tipo, los formatos, los contenidos, los éxitos, los fracasos, las estrategias, los receptores, sean continuamente interpelados para construir permanentemente un modelo de televisión que responda permanentemente a las necesidades, a las demandas de su recepción; es decir, que en un proceso continuo de retroalimentación responda al momento histórico de desarrollo y comunicacional de su contexto.

(...) la consolidación de este espacio solo es posible si se considera una formación paralela de los profesionales de los medios, los profesionales de la educación y de los receptores en general en el campo de la educación en materia de televisión, (...)

 

2. La clave de las claves. Una propuesta

A lo que nos conduce todo lo anterior es a aclarar que la televisión educativa no puede ser, ni debe intentar ser un sustituto del proceso personal e instruccional de educación y de aprendizaje. Es una estrategia que debe encararse sola y así plantearse: como una herramienta al servicio del acto creativo de aventurarse a saber y del acto apasionante de enseñar. También es necesario diferenciarla de la concepción sustitutiva (según la cual la televisión debe ponerse en el lugar de la escuela y del maestro), y mas aún de aquella otra que actuando como un modelo propio se vislumbra enmarcado en una cierta autonomia con relación a la escuela y al sistema de enseñanza formal.

Por lo tanto, el desarrollo de una propuesta (en televisión educativa) tiene que ver con la participación de todos los agentes e instancias inmersos en su desarrollo; y el momento actual demanda asumir la televisión como un verdadero espacio educativo y cultural que empleado estratégicamente pueda contribuir al desarrollo social de nuestras comunidades dinamizando los procesos de modernización; y asumir la educación como ese proceso de consolidación de la convivencia social para el desarrollo del individuo y del grupo socio-cultural en el cual se inscribe. Debe ser por consiguiente una propuesta que reconozca como las nuevas formas de producción, de circulación y de apropiación de los saberes, dinamizadas por los medios de comunicación (televisión), han desbordado el espacio escolar exigiendo una reubicación de las funciones tradicionales de la escuela, de donde concretamente se desprende como:

“ la emergencia de nuevos actores educativos, el crecimiento de una demanda sostenida de educación permanente y el desarrollo tecnológico - que camina claramente hacia lo que se puede denominar la multimediatización de la sociedad- permiten que la producción de programas educativos se ejerza en un contexto de cooperación institucional muy amplio y con el soporte de infinidad de otros medios educativos; lo que se conoce como modelo de contexto” (8) .

La televisión, “para que sirva dentro del horizonte educativo, debe ser comprendida como un actor fundamental y no como un instrumento de ilustración visual” (9) y para que cumpla este propósito se ha asumido en la presente propuesta el término de clave, como un referente obligatorio en toda estrategia que intente incursionar desde lo televisivo en lo educativo. En este caso se hace referencia a tres claves concretas:

 

2.1. La clave del diseño

La clave del diseño y del formato de un programa de televisión educativa se fundamenta en saber reconocer las ventajas del medio y aprovecharlas eficientemente en una estrategia de refuerzo a la institución educativa, para lo cual es importante atender a las siguientes características:

- La televisión educativa tiene la capacidad para ser convertida en una interfase que relacione, o mejor que interrelacione el curriculum de la institución con las verdaderas necesidades de una realidad. La naturaleza del medio, su estructura, su ajuste constante a los cambios politico-sociales le permiten ser potenciada como medio audiovisual que maneja la capacidad de conectar a la realidad los planes de estudio que siempre “deben“ estar a la par del desarrollo científico-técnico y a la respuesta de la demanda social.

- La televisión educativa puede ser potenciada como un factor de innovación y retroalimentación permanente de los contenidos y propuestas curriculares asumiendo el rol de agente de cambio y como se comentó en la nota anterior, comprendida como un actor fundamental en propuestas innovadoras y de introducción de nuevos contextos: nuevas tecnologias, multimediatización, etc.

- La televisión educativa tiene la facilidad para convertirse en vehículo activo y eficaz en la creación de comunidades educativas. Disponibilidad de potenciales e infraestructura técnica para una información eficaz a todos sus receptores, para construir la conciencia educativa de su comunidad y proporcionar la integración de sus agentes a la realidad (padres, alumnos, profesores, comunidad) y el desarrollo de su contexto.

- La televisión educativa es una estrategia que permite brindar información general y especializada de difícil adquisición generando propuestas alternativas en la producción de contenidos enriquecedores a partir de nuevos productos o de otros ya elaborados (producción educativa y comercial), para que sean aplicados en verdaderas dinámicas de fortalecimiento del proceso educativo.

 

2.2. Una clave didáctica

(...) Si hoy se reclama una cualificación de la educación, ésta tiene que pasar necesariamente por un replanteamiento tanto de las teorías como de los medios y estrategias usadas en las prácticas educativas.

En el desarrollo de estrategias de aplicación es necesario definir los criterios que permitan una adecuada utilización del documento audiovisual. Esto demanda considerar el nivel del receptor, el tipo de aplicación (del documento) más adecuado a los propósitos de la estrategia (objetivos, intereses, necesidades, ...) y las funciones (10) que puede cumplir el documento en la realización del proceso educativo, entre las cuales es importante destacar:

Función ilustrativa: El documento narra situaciones que hacen evidentes los componentes visuales, verbales (linguísticos), como también los socio-culturales y no verbales que las contienen. De esta manera se facilitará comprensión de situaciones nuevas para los alumnos (receptores). Esta función contribuye al logro de diferentes propósitos:

- Mostrar lo que no es posible evocar durante el desarrollo proceso.

- Evitar explicaciones excesivas sobre aspectos específicos hechos explícitos a través del contenido del producto.

- Orientar hacia un mayor grado de complejidad, a partir de la selección de contenidos cada vez mas profundos.

Función generadora: Cuando a partir de un documento se maneja la capacidad de originar una curiosidad que induzca al análisis con el propósito de lograr un mayor nivel de comprensión y posibilitar el uso de toda la información que brinda su lectura. Genera la discusión y la necesidad de profundizar en el tema de conocimiento, y en el desarrollo del debate, el documento se convierte en una gran fuente para información y análisis. Esta dinámica puede surgir del mismo receptor y no necesariamente del orientador del proceso y la selección de la estrategia dependerá tanto de lo que puede ofrecer el contenido del documento audiovisual como de lo que podrá desarrollar el receptor según su capacidad y nivel, potenciado claro está, por el mismo docente.

Función motora: Esta estrategia conlleva a usar el material mas allá del proceso realizado con el fin de proporcionar un nuevo proceso. El documento se convierte en motor de la experiencia y la función que cumple es mucho más profunda: entra en juego el impacto y el efecto que el documento genera en el receptor; es la confrontación de las distintas miradas incorporadas en el proceso (la producción, la escuela, el educador, el receptor) para producir un nuevo resultado.

 

2.3. La clave de las audiencias

Con relación a las audiencias (11), además del conocimiento que se requiere del contexto, es necesario indagar sobre las propuestas que éstas le harían a una estrategia de televisión educativa. Para el caso se han identificado tres elementos:

- Las necesidades educativas que percibe el receptor Normalmente estas son necesidades más relacionadas con situaciones de la vida real, de la cotidianidad, de las cuales se espera que la televisión pueda contribuir a satisfacer.

- Los géneros televisivos A través de los cuales se pueden recuperar procesos educativos que incorporen los aspectos lúdicos y afectivos. Recurrir a los formatos de alta audiencia para ser implementados en estrategias educativas.

- Las estrategias de comunicación y respuesta a la demanda Al construirse un nuevo concepto de televisión educativa se requiere de estrategias que permitan implementarlo tanto en la producción como en la programación y recepción. Aquí se retoma un importante argumento planteado anteriormente donde se esboza que sólo con la vinculación horizontal de los profesionales de la educación y los profesionales del diseño con los profesionales de los medios y los grupos incorporados a los procesos, es posible hablar de una televisión en la educación y una educación en la televisión: televisión educativa, pues “ la televisión, y más si es educativa debe promover en las audiencias la tarea de construirse y de apropiarse del mundo y de si mismos, o sea, que debe buscar la formación y el desarrollo humano de los sujetos” (12) .

 

A manera de conclusión

Con relación al panorama existente podemos concluir que si hoy se reclama una cualificación de la educación, ésta tiene que pasar necesariamente por un replanteamiento tanto de las teorías como de los medios y estrategias usadas en las prácticas educativas. En esta perspectiva, hablar de la relación televisión y educación exige una revisión a fondo de lo que se ha venido pregonando y tratando de hacer en este campo, es decir, superar de manera muy eficiente el escaso apoyo dado a la escuela por parte de estas acciones y sus agentes, producto de aquellas medidas en las cuales priman más los intereses gubernamentales que las expectativas y necesidades de las audiencias.

En este sentido el investigador Omar Rincón es muy claro al afirmar que:

“no podemos olvidar que la televisión es “vida cotidiana” ya que ocupa un espacio mucho más amplio y agresivo que la instancia escolar; es parte de la rutina diaria de todos los ciudadanos, y en sus narrativas, expresa la incertidumbre dramática de la vida diaria. Por cotidiana, la televisión es más educativa en la medida que presente referentes más vitales, afectivos y locales para las audiencias. Más que una opción, la televisión es una necesidad para tener puntos de referencia en común. Y nadie se atreve a cuestionar su papel como agente socializador. Obviamente, este medio no actúa de manera autónoma ni produce efectos por sí solo, sino que son las matrices culturales, las políticas sociales y las experiencias creativas de los sujetos las que hacen que éste tenga y proponga sentido cultural y educativo”. (13)

 

NOTAS

(1) Así lo demuestra (entre otros casos) , la iniciativa propuesta por la Comisión Nacional de Televisión de estudiar estrategias de desarrollo que conjugaran el componente televisión y educación, difundida en el primer Foro sobre políticas educativas y televisión realizado en Santafé de Bogotá en marzo de 1997. Infortunadamente sigue siendo una iniciativa.

(2) PRIETO C.,Daniel. Mediación pedagógica y nuevas tecnologías. Santafé de Bogotá:ICFES, 1995, p.49.

(3) Comisión Nacional de Televisión y otros. Televisión y Educación. Una Opción de Desarrollo. Santafé de Bogotá, octubre 1997.

(4) RINCON RODRIGUEZ, Oscar. Radio y televisión en la Universidad. Nuevas tecnologías aplicadas a la educación superior. Santafé de Bogotá: ICFES, 1995. p.33.

(5) GARCIA MONTILLA, Agustín y MARTINEZ, LUIS Miguel. Por una televisión sin desperdicio.En: Conferencia Foro sobre Educación y Televisión. Medellín, 1995.

(6) En Colombia: Telenovela “Santa María del Olvido” patrocinada por el Ministerio de Salud y difundida nacional e internacionalmente (Red Iberoamericana de Televisión Educativa)como una propuesta educativa en salud.

(7) ROBLEDO GOMEZ, Angela Maria. La Televisión: imaginación y conflicto. En : La televisión Entre amigos y enemigos. Comisón Nacional de Televisión, Santafé de Bogotá, 1998 p. 10 .

(8) PEREZ TORNERO, Jose Manuel. El diseño de programas de educación formal para televisión. Conferencia. Medellín, 1995.

(9) RINCON, Omar.. Formas de actuar y hablar juntos. Políticas culturales de medios de comunicación. Televisión regional, local y educativa. En: signo y pensamiento No.32 p. 41-60. 1998.

(10) En su libro «La Video en classe de lengue», su autora Carmen Compte hace un planteamiento sobre las funciones didácticas que puede cumplir un documento audiovisual (video), a partir de la aplicación del criterio espontáneo y funcional a su análisis. (Trabajo presentado en el Seminario Internacional Educación y Televisión, realizado en Medellín en septiembre/95). Las funciones planteadas en esta reflexión se reubican y contextualizan para atender a criterios obligatorios de planeación previa a la aplicación del documento audiovisual en prácticas educativas, experimentales o institucionales espacíficas.

(11) El Centro de Experimentación e Investigación en cultura y comunicación-CENECA-de chile, presentó la propuesta sobre recepción activa de televisión apoyada en el argumento que todo receptor o grupo social y cultural resemantiza los mensajes televisivos que recibe, y a partir de esta resemantización construye activamente su propio significado con base en sus experiencias, valoraciones y percepciones que maneja de la realidad.

(12) RINCON, Omar, Op.cit p.54.

(13) Ibid.


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