Editorial


 

Si hay algo contrario al proyecto de universidad es el dogma, y aunque con frecuencia las universidades se han comprometido con dogmas preexistentes, y aunque más de una vez las universidades han creado sus propios dogmas las cosas empiezan a cambiar. Probablemente el mundo se ha hecho más complejo, pero también el hombre es menos ingenuo ahora y ya no es tan fácil creer que si algo funciona aquí, funcione allá; si funciona hoy, funcione siempre así no más.

Porque suministra comodidad intelectual, porque nos emancipa de las incertidumbres, hay quienes asumen el dogma por refugio para no emprender la aventura de pensar. No obstante, no es ésta la única razón de la supervivencia del dogma. Acostumbrados a nadar con flotador, si este se desinfla, nos ahogamos. Habituados al dogma, si hace crisis, asumimos concepciones apocalípticas. No debe extrañarnos, pues, que haya quienes añoren la certidumbre de la fe y persistan en dogmatismos cada vez más anacrónicos contra toda evidencia.

Porque la universidad pone a circular información, valores y en última instancia sentido no debe ser nihilista, porque la universidad constituye el ámbito para la gestación del saber, símbolo y testimonio de un mundo en construcción no debe ser dogmática. No es otro el legado que la universidad debiera dejarnos a quienes participamos de sus gestas si la asumimos como el espacio por excelencia para prolongar la construcción del hombre y reiniciar la construcción del mundo.


LUIS ENRIQUE ARANGO JIMENEZ
Rector Universidad Tecnológica de Pereira


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Ultima Modificación, Julio de 2001
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