"Los enigmas de la catedral de
Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira"
Alvaro
Acevedo Tarazona
La presente investigación en fuentes primarias
de archivo de la Catedral de Nuestra Señora de la
Pobreza de Pereira, se propone reconstruir los orígenes
de "fábrica de una Iglesia"(1)
y patrimonio cultural del Eje Cafetero, el cual atesora
en su seno una enigmática historia de ampliaciones
y reconstrucciones vinculadas al crecimiento de la feligresía
y los embates de la naturaleza. Testimonio de la urbe en
ciernes, la Iglesia Catedral ha adquirido vigencia al confirmarse
en las labores de su restauración, después
del terremoto del 25 de enero de 1999, la completa preservación
de su magnífico techo en madera, expresión
de una arquitectura «temblorera», además
de los osarios de los fundadores del caserío de 1863
y los enigmáticos restos óseos de un individuo
encontrado en su costado suroriental. Tales acontecimientos
han puesto en evidencia la importancia de la historia y
la arqueología en la reconstrucción del frágil
tejido de la memoria, así como la necesidad de realizar
trabajos interdisciplinarios que redunden en la preservación
y divulgación del patrimonio cultural.(2)
El
seis de mayo de 1874, los miembros de la Comisión Agraria
Pedro Rincón, Marcelino Enao y José María
Isaza procedieron a entregar al síndico de la Iglesia,
José Vicente Arango, el solar para la Iglesia de la
antigua Cartago, recién constituida villa de Pereira
(1869)(3), en la esquina
norte de la primera manzana de la plaza. El pequeño
solar adjudicado para la fábrica de la Iglesia tenía
por extensión
treinta varas de frente hacia la plaza y sólo cincuenta
de centro(4). Pero no importaba.
Si bien el frente se aproximaba al común de las parroquias
(25.5 metros), el centro (tan solo 42.5 metros de longitud)
podría alcanzar una mayor extensión con la compra
de los solares aledaños. Claro que todo dependería
del crecimiento de la población y del compromiso de
la feligresía para reunir el dinero requerido.
Lo
cierto fue que el primigenio trazo del solar de esta parroquia
sentaría hasta hoy los pilares de la vida cultural,
social, política y económica de Pereira: por
el norte la calle del cementerio (carrera séptima)
y por el oriente la plaza (Plaza de Bolívar); por el
occidente la propiedad de Lucía Montoya y por el sur
la de Remigio Antonio Cañarte. Y si bien desde el año
de 1863, cuando se repobló la antigua Cartago con el
nombre de "Cartago Vieja", se dice que ya
había una capilla(5), a la altura del año
de 1874 apenas se daba inicio a la adquisición de los
terrenos para fabricar una pequeña Iglesia en el sitio
actual de la Catedral(6).
Seguramente
un rancho de paja montado sobre tapias que en muy poco tiempo
entraría en un encadenamiento indeterminado de ampliaciones
y transformaciones por el natural crecimiento de su feligresía,
pero también por los embates de la naturaleza, que
después el terremoto del 25 de enero de 1999 han dado
origen a los enigmas de la Catedral, luego de que las consecuencias
de éste dejasen al descubierto un techo en madera de
admirable arquitectura, y en las últimas semanas (jueves
11 de enero de 2001), en las labores de restauración
y fortalecimiento estructural de la Catedral, los restos óseos
de un individuo hallado cuidadosamente en un ataúd
del cual se preservan algunos clavos(7).
Estos
dos enigmas están vinculados a otro de importancia
mayor ya estudiado, aunque no develado del todo por la historiografía
y la arqueología, que tiene que ver con las hipótesis
por las cuales la fundada
Cartago de 1540(8) sería trasladada de este
lugar, en 1691, al llano actual. Y si bien hasta hace algunos
años se reafirmaba la hipótesis de que la ciudad
había sido trasladada en búsqueda de un sitio
más despejado y seguro ante el continuo ataque y sitio
de la ciudad por parte de los indígenas de la región,
con el paso de los años ha adquirido mayor aceptación
la hipótesis de un posible traslado de la ciudad por
el derrumbe de la minería, el florecimiento de estancias
y haciendas en las tierras de sabana para la ganadería
y productos de pan coger y, en consecuencia, el desplazamiento,
un poco más hacia el suroccidente, de la privilegiada
ruta de comunicación y comercio entre Santafé
de Bogotá, Cali y Popayán(9).
Pero
más allá de los enigmas que puedan revestir
estas situaciones históricas, además de los
coyunturales y a veces altisonantes despliegues de los medios
masivos de comunicación, ha quedado en evidencia
la fragilidad de la memoria histórica de esta región,
fruto de una razonada, mesurada y pertinente discusión
en disciplinas fundamentales de las ciencias sociales, entre
ellas la historia y la arqueología, que permitan y
puedan entablar un diálogo provechoso en el acervo
cultural de los pereiranos.
De
los enigmas al análisis histórico
La
Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza es la consecuencia
de un inevitable proceso político en el poblamiento
y repoblamiento americano, con antecedentes desde la segunda
mitad del siglo XVIII, conocido por la historiografía
como la secularización de la vida religiosa. A lo largo
y ancho del país, la colonización de grandes
extensiones vacías creó un nuevo orden social,
político y económico que dio origen a un hecho
sin precedentes de "explosión" de
parroquias y de configuración de un nuevo orden pasional
motivado por los propios avencidados en los recién
territorios adaptados para la agricultura o la ganadería.
El
compromiso religioso de aquellos primeros
colonizadores, que implicaba conseguir los terrenos para erigir
la parroquia y crear las cofradías requeridas para
mantener el culto católico y las necesidades básicas
de la parroquia, por principio, era un compromiso político
de los vecinos para adquirir su propio estatus y autonomía
administrativa frente a las poblaciones vecinas. No es por
ello extraño que esta "explosión"
parroquial se encuentre asociada a vastas zonas de colonización
y a largas disputas territoriales y culturales entre las poblaciones
limítrofes(10); pero, sobre todo, que dicho
fenómeno se haya movilizado por un nuevo orden secular
en el que la Iglesia católica volvía a ser protagonista
de primer orden por encima de la coyuntura de la Independencia
y de la inestabilidad política del país, solo
que ahora en una etapa más exitosa que la precedente,
al interpretar las iniciativas políticas de los propios
vecinos de los lugares de colonización y futuros parroquianos.
Fue
por esta razón que a la colonización de centro-oriente,
el norte y el occidente del país se sumó en
el siglo XIX, con mayor dinamismo y bríos, la "Colonización
Antioqueña", caracterizada por la cultura
del maíz, la variedad climática de la montaña,
un dinámico mercado interno movilizado por la economía
del oro, una gran variedad de productos de pan coger, la multipolaridad
del poblamiento y una tenencia de la tierra más democrática
y libre que dio pie al florecimiento de la economía
cafetera(11), pero no por ello ajena a un fenómeno
nacional de larga duración marcado por la omnipresencia
de la Iglesia y su influencia en todos los órdenes
de la vida parroquial: la prisa por el bautismo, el bien vivir,
el buen morir y las revelaciones de vírgenes y santos.
Al
enigma del traslado de Cartago, la magnífica arquitectura
del techo en madera de la Catedral y los restos óseos
hallados en el costado suroriental de ésta, se vincula
otro suceso no menos importante, relacionado con la advocación
que lleva por nombre la Catedral: Nuestra Señora de
la Pobreza. Es de común acuerdo que el acontecimiento
de la milagrosa imagen de la virgen que se venera, tanto en
Cartago como Pereira, remite a principios del siglo XVII cuando
a la lavadora de ropas María Ramos, en las márgenes
del río Otún, se le apareció dicha virgen
en el lienzo de un viejo cuadro perteneciente a la comunidad
de los franciscanos. Pero tal vez lo más interesante
para los historiadores de este suceso y de los milagros que
se han tejido a su alrededor, es la coincidencia entre éste
y el de la revelación de la virgen de Chiquinquirá
al atribuírsele a sus descubridoras el mismo nombre
de María Ramos(12).
En
fin, otro enigma entre los ya señalados alrededor de
la Catedral y de la fundación Pereira que dan cuenta
de un valioso imaginario cultural en la memoria de la ciudad,
pero que también dejan en evidencia los enormes vacíos
en su memoria histórica y arqueológica.
Hasta
ahora, por ejemplo, las evidencias apuntan a argumentar, pero
no afirmar en forma categórica, que el caserío
de 1863 fue levantado sobre las ruinas de la antigua Cartago(13).
Si bien, como lo señalan las investigaciones de Víctor
Zuluaga(14) o el mismo Recuerdo Historial de
don Elías Recio(15), todo indica que la
plaza de la antigua ciudad coincide con la actual plaza de
Bolívar, sólo la arqueología podrá
dar fehaciente cuenta de tal hipótesis ante la escasa
base documental que, se presume, hay existente por la conflagración
del Archivo de Cartago en 1983, aunque a este respecto tampoco
se puede dar la última palabra debido a las múltiples
posibilidades hermenéuticas que ofrecen las fuentes
documentales(16).
| La
Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza es la
consecuencia de un inevitable proceso político
en el poblamiento y repoblamiento americano, con antecedentes
desde la segunda mitad del siglo XVIII, conocido por la
historiografía como la secularización de
la vida religiosa. |
En
el mismo orden de ideas, hay un interregno de siglo y medio,
entre 1540 y 1691, poco conocido en la historiografía
de esta región que habla de violentos enfrentamientos
entre indígenas y españoles. Pero más
adelante, a partir de 1863, se abren otros interrogantes no
menos problemáticos que conducen a preguntarse: ¿qué
había más allá de las motivaciones filantrópicas
de José Francisco Pereira y Remigio Antonio Cañarte
para crear una ciudad en la antigua Cartago? Pues cabe recordar
que además de haber sido la antigua ciudad un fortín
militar y avanzada española en el periodo colonial,
en la República se constituiría en un puente
estratégico de comunicación entre los Estados
Soberanos de Antioquia y Cauca. Una región, por demás,
en la cual, a la altura del siglo XIX, abundaban los baldíos
con una favorable política estatal de concesiones de
tierras para familias acaudaladas y de las cuales Francisco
Pereira había obtenido, en 1828, una extensión
aproximada de 2500 hectáreas(17).
Todas
estas condiciones históricas son las que, finalmente,
conducen a un interrogante mayor sobre una región periférica
de colonización como esta: ¿cuáles y cómo
fueron las condiciones para que se desarrollara un estilo
de colonización más espontáneo, libertario
y hasta anárquico, en contraste con las estructuras
más jerarquizadas de la primera colonización
antioqueña? y, en consecuencia, ¿cuál es
la relación entre zonas de colonización periféricas
como Risaralda, la política caudillista del siglo XIX
y su influencia hasta el presente?(18).
Sin
lugar a dudas, Pereira y el departamento de Risaralda en general
necesitan de nuevas investigaciones que abran la discusión
sobre estos procesos históricos, por lo que significó
para el país la economía cafetera y su acumulación
de capital para dar paso a una primigenia industrialización.
Seguramente, los resultados que arrojen estas primeras investigaciones,
a través del esfuerzo colectivo y consolidado de comunidades
de investigación en las ciencias sociales, permitirá
comprender, entre otros fenómenos, las situaciones
socio-económicas o políticas de las ampliaciones,
transformaciones y reconstrucciones de la Catedral de Pereira
y de la cual, por ahora, sólo se puede hacer una aproximación
a sus orígenes.
Esta
es la razón por la cual varias son las preguntas e
hipótesis que acompañan el hallazgo y levantamiento
de los restos óseos del individuo hallado en el costado
suroriental de la Catedral. Y, obviamente, cada una de ellas
está relacionada con la construcción de la Iglesia:
¿Se relacionan o no con la Iglesia Catedral de Pereira
o, acaso, se remontan a la época de la antigua Cartago?
Es claro que hasta el momento cualquiera de las elecciones
afirmativas a las preguntas cabría dentro de las evidencias
recolectadas por el levantamiento arqueológico, y,
de igual manera, revestirían la misma importancia por
estar vinculadas a hechos de primer orden en la historia de
la ciudad. Lo importante, en estos casos, es continuar con
la indagación tanto arqueológica como histórica
con el fin de explicar y comprender un pasado que a partir
de los intereses y motivaciones se hace presente y, en cierta
manera, se constituye en una oportunidad para derivar hacia
nuevas preguntas y alternativas de investigación. En
este caso, hacia la historia de la construcción de
la Iglesia.
| Pereira
y el departamento de Risaralda en general necesitan de
nuevas investigaciones que abran la discusión sobre
estos procesos históricos, por lo que significó
para el país la economía cafetera y su acumulación
de capital para dar paso a una primigenia industrialización.
|
La construcción de la Iglesia
Cabe
recordar que en 1874 se haría la adjudicación
del primer solar para la construcción de la Iglesia
en la villa de Pereira, en el sitio donde hoy se encuentra
la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, según
consta en los documentos de la época(19),
pero, posiblemente, sólo hasta el año siguiente
se daría inicio a la construcción de ésta(20),
la cual, seguramente, fue de techo de paja sobre tapias(21).
Por la extensión del solar adjudicado, se presume que
esta primera construcción de la Iglesia tendría
por extensión 33 varas de frente y tan solo 50 de centro
o longitud(22).
Transcurridos
algunos años, en el mes de diciembre de 1881, se procedió
a comprar un solar aledaño a la Iglesia ya existente
para su ampliación, de propiedad de Manuel Valencia
y Lucía Montoya, esposa de Raimundo González(23).
El solar medía 30 varas de frente en la carrera de
Colón (hoy carrera séptima; también llamada
calle del Cementerio) por cincuenta de centro hacia el sur(24).
La fecha de venta de dicho solar coincide con las crónicas
de Ricardo Sánchez, quien relata que hacia el ocho
de diciembre de 1882 se estaban construyendo las tapias de
la Iglesia, como todas las tardes, por las personas piadosas
del lugar, cuando un rayo mató a Rosario Marín
en la propia puerta de la capilla(25).
Pese
a este desafortunado suceso, al parecer las labores de construcción
de la Iglesia continuaron su marcha, como así lo indica
otra base documental del 12 de enero de 1883 y en la cual
se da constancia de la compra de un tercer solar aledaño
a la Iglesia para su ampliación. El solar, de propiedad
de Manuel Valencia y vendido por la suma de $80 pesos a los
presbíteros José Ignacio Pineda y Baltazar Gutiérrez,
medía ocho varas de frente en la carrera de Colón
y 50 de centro hacia el sur. De este documento también
se puede interpretar que la Iglesia se encontraba en plena
actividad de construcción cuando al establecer los
límites del mencionado solar se lee que este limitaba
por el oriente
"con
las tapias de la Iglesia que actualmente se está
construyendo";
por
el sur, con el solar de Lisandro Gómez; por el occidente,
con el de Juan Crisóstomo Cotrina y por el norte con
la carrera de Colón, frente a la casa de Pedro Duque(26).
Algunas
semanas después, el 19 de marzo de 1883, Manuel Cárdenas
vendió al presbítero José Ignacio Pineda
el último solar de ocho y media varas de frente hacia
la carrera de Colón, también para la ampliación
de la Iglesia, por la suma de $64 pesos(27). Unas
semanas atrás, el 17 de febrero de 1883, dicho solar
había sido permutado por el mencionado Manuel Cárdenas
(y para efectos de venta a la Iglesia) a Juan Crisóstomo
y Abraham Cotrina por una finca de su propiedad de 25 varas
de frente en la carrera de Jorge Robledo y avaluado en la
suma de $ 64 pesos(28). Misma cifra, con la cual
Manuel Cárdenas le vendió el último solar
a la Iglesia y que por fin alcanzaría la calle occidental
de la población (actual calle 21).
Como
caso curioso, y en coincidencia con los recién descubiertos
restos óseos del individuo hallado en el costado suroriental
de la Catedral , hacia el mes de noviembre de 1883 se registró
una última venta de un pequeño solar de Joaquina
Cantera, vecina de Cartago, al presbítero Baltazar
Gutiérrez, situado en el occidente de la plaza, en
forma rectangular, de dos varas de frente a la plaza y cincuenta
de centro o de longitud(29).
El
solar tenía como linderos: por el oriente la plaza
pública; por el norte, el solar de la Iglesia; por
el occidente, el solar de Rafael Quintero y por el sur la
casa y solar de la vendedora Joaquina Cantera y quien lo cedió
por la suma de $ 25 pesos sesenta centavos. Este solar era,
además, un desprendimiento de uno superior que había
recibido por donación del presbítero Remigio
Antonio Cañarte. En dicha transacción también
se registró, en el numeral sexto de la declaración,
que la mencionada vendedora quedaba "obligada al saneamiento
de la finca". ¿Por qué se hace mención
de esto?, ¿Acaso el solar estaba deshabitado, en ruinas,
o era utilizado para otros menesteres? Lo que si se puede
inferir es que el frente de la Iglesia, tal vez, pudo haber
alcanzado dos varas más de extensión.
Lo
cierto también de la historia de la construcción
de la Iglesia de Nuestra Señora de la Pobreza, es que
debió continuar las obras durante algunos años
más con la decidida ayuda y dedicación de su
feligresía. Al respecto, Fernando Uribe Uribe relata
en sus crónicas que a la altura del año de 1890
el padre Ismael Valencia adelantaría, con gran empeño,
la obra del templo que cuatro años más tarde
habría de continuar su sucesor el presbítero
José María López(30).
Pero
algunos años más tarde, el 31 de enero de 1906,
un fuerte terremoto estremeció la ciudad dejando como
consecuencia la destrucción de la Iglesia. El sismo
de Tumaco, como se le designó, una de las conflagraciones
que más energía cinética ha liberado
en la historia sísmica mundial, también llegaría
hasta Ecuador.
No
se sabe cómo se consiguió el dinero para la
reconstrucción de la Iglesia(31), pero lo
claro es que el 20 de marzo de 1906, los miembros de la Junta
del Templo, en cabeza del presbítero José María
López, firmaron contrato con don Heliodoro Ochoa, el
mismo que se habría comprometido a la construcción
de la Catedral de Manizales(32), con el propósito
de construir un proyecto de planos para el templo de la ciudad
de Pereira(33). En dicho contrato, el mencionado
Ochoa se comprometía a respetar los muros laterales
y el frente del edificio, tal como en ese momento se encontraban.
Como términos del
mismo, Ochoa también se comprometía a entregar
la planta o plano horizontal en los dos meses siguientes y
los demás planos en ocho. Para efectos de la obra,
de igual manera, contrataría dos oficiales, de acuerdo
con la Junta, uno de cantería y otro de carpintería.
El contrato también estipulaba que el pago por los
servicios de Ochoa sería de $30000 pesos en cuatro
meses, otros $30000 pesos dentro de ocho y $10000 el día
que estableciera al oficial de carpintería(34).
Las
obras debieron tardar más de lo presupuestado, pues
hacia el año de 1910, Fernando Uribe Uribe relata que
la Catedral
"aparecía
con la torre medio trunca, los muros formados por anchos
paredones de ladrillo, hasta el arranque de la fachada.
Sobre ellos se estaba levantando en forma muy lenta, una
serie simétrica, de sólidos armazones de madera
de comino y nogal..."(35).
No
cabe duda que el contrato de reconstrucción de la Iglesia
y los testimonios de nuestro cronista daban cuenta, una vez
más, del compromiso de la feligresía por su
parroquia y por su ciudad. Por fortuna, la ciudad contaba
desde 1905 con la importante y nutrida Cofradía de
Nuestra Señora del Rosario, reconocida por el obispo
de Manizales, G. Nacianceno Hoyos. Tampoco hay que olvidar
que la colonización proseguía su enjundiosa
marcha y que pronto vendrían años de prosperidad
cafetera. Fue así como muy pronto la humilde urbe,
su Iglesia y su población entrarían en una modernización
sin precedentes en la historia del país, y en la privilegiada
posición de ser parte de la región que establecería,
con menores traumatismos y desigualdades, las pautas y el
liderazgo de dicho proceso. Una historia que bien vale la
pena analizar, pero en otro momento.
NOTAS
(1) La acepción "fábrica de
iglesia" corresponde al nombre del libro parroquial asignado
para la construcción de la Iglesia.
(2)
Es importante señalar que sin la colaboración
de Amparo Jaramillo de Drews, Coordinadora del Proyecto de Restauración
de la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira,
hubiese sido imposible la realización de esta investigación.
El autor también le expresa a los antropólogos
Martha Cecilia Cano y Carlos Eduardo López su valiosa
colaboración interdisciplinaria en la elaboración
de la presente investigación.
(3)
Desde su creación en 1863 hasta 1869, la población
fue conocida como Cartago Viejo; ver: URIBE URIBE, Fernando.
Historia de una ciudad: Pereira. Bogotá: Kelly,
1963. p. 31-32. El 20 de enero de 1870 fue erigida en Distrito
por la Municipalidad de Cartago (entonces Municipalidad del
Quindío); ver: ECHEVERRI URIBE, Carlos. Apuntes para
la historia de Pereira. 2 ed. Medelllín: Bedout,
1921. p. 46.
(4)
ARCHIVO DE LA CATEDRAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA POBREZA
(En adelante citado ACNSP). Documentos de fábrica,
1874. Tomado de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos
de la Provincia de Quindío. Libro de Registro número
primero de Cartago, partida 553, folios 530 y 531. Agosto 9
de 1887. El área del solar adjudicado fue pequeña
si se tiene en cuenta que la conversión de la vara al
sistema métrico decimal de 85 cms., según la medida
convencional asumida por los parroquianos del lugar, a lo sumo
alcanzaba unos 25.5 ms. de frente (ancho) y 42.5 de centro (longitud).
El equivalente de la vara en 85 cms,. y no en 80 cms. como lo
establece el común de las conversiones, es asumido teniendo
en cuenta el testimonio de la tradición oral de don Alonso
Jaramillo Bernal, quien dice que las cuadras del trazo de Pereira
fueron medidas en varas de 85 cms.
(5)
Esta capilla se encontraba ubicada en la calle 19 con carrera
octava; ver: SUESCÚN MUTIS, Fabio. Pereira y su catedral.
En: La Tarde (septiembre 3 de 2000). El testimonio oral
de don Bartolomé de la Roche León confirma lo
dicho por Monseñor, aunque no establece exactamente la
ubicación de ésta. Por la información consignada
en los libros de bautismos, defunciones y matrimonios se constata
que por esta fecha ya se realizaban estos oficios en la parroquia
de Pereira; ACNSP. Libros primeros de bautismos (1864), casamientos
(1864) y entierros (1872). En el Archivo también se registran
algunos oficios realizados en la aldea de Condina hacia el año
de 1855.
(6)
La adquisición de los terrenos en 1874 para la construcción
de la Iglesia concordarían con la
investigación histórica Historia de Pereira
que dice que en el año de 1875 se inició la construcción
de la Iglesia; ver: DUQUE GÓMEZ, Luis; FRIEDE, Juan y
JARAMILLO URIBE, Jaime. Historia de Pereira. Pereira:
Club Rotario, 1963. p. 381.
(7)
El levantamiento arqueológico de los restos óseos,
en relativa preservación, hallados en el eje 4, columna
H de la catedral, pared sur, fue realizado por los antropólogos
Martha Cecilia Cano y Carlos Eduardo López. Colaboraron
en el levantamiento la antropóloga Marina Mora y Wilder
Ríos. Habría que señalar que desde el 30
de agosto de 2000 ya habían sido extraídos los
osarios de los posibles fundadores del caserío de Pereira
en 1863: hacia el costado norte Francisco Pereira Gamba y hacia
el sur el presbítero Remigio Antonio Cañarte;
en dicho proceso participaron Amparo Jaramillo de Drews, Ana
María Cadavid y los antropólogos Martha Cecilia
Cano, Carlos Eduardo López, Luis Carlos Cardona y Luz
Marina Mora.
(8)
Habrá de considerarse el 9 de agosto de 1540 como la
fecha de fundación de Cartago porque se hizo en rigor
a la legislación española, por disposición
de Jorge Robledo y mandato de Sebastián de Belálcazar.
El primero de enero de 1541 dicho acto sería reafirmado
por el mismo Jorge Robledo por disposición del gobernador
Pascual de Andagoya. Obviamente, en esta refundación
se atendía a los intereses del gobernador y del propio
Jorge Robledo en perjuicio de Sebastián de Belálcazar.
Estos hechos a la postre conducirían a Belálcazar
a decretar la muerte de Jorge Robledo; ver: URIBE URIBE, op.
cit., p. 15-17 y ZULUAGA, Francisco V. La ciudad de los
confines: ensayo. Cali: Gerencia para el desarrollo cultural
Gobernación del Valle del Cauca, 1993. p. 13-15.
(9)
Entre otros autores que argumentan esta segunda hipótesis,
se pueden citar a: DUQUE GÓMEZ y otros, Op. cit.,
p. 332-341; ZULUAGA, Francisco, Op. cit., p. 45-58
y ZULUAGA GÓMEZ, Víctor. Los restos humanos
de la Catedral. En: La Tarde (febrero primero de
2001); p. 4 A.
(10)
Como es el caso evidente de Pereira y Manizales, por citar sólo
este ejemplo, entre los muchos existentes en todo el país
desde los tiempos coloniales hasta el presente. Por la tradición
oral se sabe que desde comienzos del siglo XX fueron evidentes
las diferencias de pareceres administrativos y políticos
entre Pereira y Caldas. En el campo eclesiástico cabría
señalar que Pereira estuvo bajo la jurisdicción
diocesana del obispado de Manizales hasta el año de 1952,
según consta en una placa de la Catedral conmemorativa
a los 25 años de la diócesis de Pereira, celebrada
el 17 de
diciembre de 1977. Por documentación precedente al año
52, también se puede constatar que Pereira dependía
de la tutela diocesana de Manizales. El 13 de febrero de 1947,
entre otra documentación de carácter administrativo,
el obispo de Manizales, Luis Concha, autorizó al párroco
de Pereira, Juan Punset, para que hiciera un empréstito
por $90000 pesos para la compra de la Casa Cural. Finalmente,
el asunto hipotecario se concretó por $80000 pesos el
21 de julio del mismo año; ver: (ACNSP).
(11)
ALVAREZ, Víctor. La colonización antioqueña:
El camino hacia una sociedad de hombres libres. Conferencia
desarrollada en el Banco de la República, octubre 10
de 2000.
(12)
El relato y la inquietud han sido tomados de Fernando Uribe
Uribe, quien en su libro Historia de una ciudad: Pereira,
nos relata en una exquisita prosa este y otros acontecimientos
de la ciudad; ver: URIBE URIBE, Op. cit., p. 53-54. Pero
quien hace el más cuidadoso y prolijo recuento de las
tantas versiones sobre la aparición de la virgen es Hugo
Ángel Jaramillo en su historia de Pereira; ver: ÁNGEL
JARAMILLO, Hugo. Pereira: Proceso histórico de un
grupo étnico colombiano. Pereira: Club Rotario de
Pereira, 1983. T. I.,B p. 83-93.
(13)
Don Heliodoro Peña también nos dice que Pereira
fue levantada sobre la antigua Cartago; ver: PEÑA, Heliodoro.
Geografía e Historia de la Provincia del Quindío,
1892. En la Iglesia Catedral se encuentra una placa conmemorativa
a los fundadores de Pereira y de la celebración de la
primera misa por el padre Remigio Antonio Cañarte, el
30 de agosto de 1863. Estos son los nombres inscritos en la
placa (Agosto 30 de 1963): Jesús María Ormaza,
Elías Recio, Félix de la Abadía, Jorge
Martínez, Sebastián Montaño, Francisco
N. Pinilla, Laureano Carvajal, Vicente García, Tomás
Cortés, Rafael Ospina, Nepomuceno Buitrago, José
M. Gallego, Joaquín Ríos, Ramón Parra,
Vicente Mendoza, Juan M. Vallejo, Polonio Marulanda, Francisco
Hernández, José M. Bermúdez, Petrona Pereira,
Manuel Ramírez, Sacramento Montoya, Cayetano Cadena,
Manuel Cortés, Bernardino Cortés, Cipriano Cortés,
Manuel Soberano, Sebastián Osorio, Juan M. Suárez,
Rosendo Marulanda, Teodomiro Marulanda, Nicolás Giraldo,
Jesús María Bermúdez, José M. Ríos,
José M. Ríos (hijo), Joaquín Restrepo,
Joaquín Ocampo, Julián Caleño, Antonio
Ramírez, Pedro Ramírez, Antonio Gallego, Gabriel
Gallego, Wenceslao Gallego, Juan M. García, Antonio Jaramillo,
Juan Cadena.
(14)
ZULUAGA, Víctor, Op. cit. p. 4 A.
(15)
RECIO, Elías, Un recuerdo historial. Cartago:
Tipografía Cauca, 1993, p. 11-12. Al respecto dice don
lías Recio, en uno de los apartes de su recuerdo historial
(1928): «La Capilla /Esta fue,
pues, levantada; /pobre capilla, entre tanto, se construía
nueva Iglesia/donde fue la de Cartago/...»
(16)
James Parsons también afirma que la Pereira de 1863,
con el nombre de Cartago Viejo, fue levantada en el sitio de
poblamiento de Robledo, al punto que los nuevos fundadores describieron
los mismos guaduales densos que los primeros cronistas habían
descrito trescientos años atrás. También
dice que algunas de las antigual piezas de cal y canto de la
primitiva población se usaron en la construcción
de la nueva ciudad; ver: PARSONS, James. La colonización
Antioqueña en el occidente de Colombia. Bogotá:
Carlos Valencia Editores, 1979. p. 106.
(17)
URIBE URIBE, Op. cit. p. 29-30.
(18)
Estas consideraciones surgen, a propósito, de las hipótesis
realizadas por Fernán González al presentar un
cuadro hipotético y comparativo entre las distintas formas
de colonización en el país y las expresiones políticas
de las mismas; ver: GONZÁLEZ, Fernán. La violencia
política y las dificultades de la construcción
de lo público en Colombia: una mirada de larga duración.
En: AROCHA, Jaime; CUBIDES, Fernando y JIMENO, Myriam
(compiladores). Las violencias: inclusión creciente.
Santafé de Bogotá: Facultad de Ciencias Humanas
UN, 1998. p. 170-171.
(19)
ACNSP. Documentos de fábrica, 1874, op. cit. El
acta de instalación y posesión de la Junta Parroquial
para la construcción del templo se llevó a cabo
el seis de julio de 1873. Dicha Junta para la fábrica
de la Santa Iglesia de Nuestra Señora de la Pobreza fue
nombrada por el presbítero Remigio Antonio Cañarte,
siendo obispo Carlos Bermúdez. Los nombres de las personas
designadas para tal propósito eran: Pedro Rincón,
síndico, y los vecinos del lugar Pedro Duque Jiralda,
José Vicente Marín y Juan de Dios Santa.
(20)
Según el dato ya citado por DUQUE GÓMEZ, Luis;
FRIEDE, Juan y JARAMILLO URIBE, Jaime, Op. cit., p. 381
(21)
SUESCÚN MUTIS, Op. cit.
(22)
ACNSP. Documentos de fábrica, 1874, Op. cit.
(23)
La transacción se hizo en el Distrito de Pereira, Estado
Soberano del Cauca, Estados Unidos de Colombia, Carlos Lisandro
Piedrahita, Secretario de Cabildo del Distrito y e funciones
de Notario Público. El solar fue vendido en $200 pesos,
25 varas correspondientes a Manuel Valencia por la suma de $154
pesos y las ocho restantes de Lucía Montoya por valor
de $ 56 pesos; ver: ACNSP. Documentos de fábrica,
1881. Tomado de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos
del Circuito de Quindío, partida 527, folios 278 y 379.
Diciembre 27 de 1881. La venta del solar se hizo a José
Vicente Marín, en calidad de mayordomo
de Fábrica y como representante de los intereses de la
Iglesia. Por testigos, José María Duque y Agustín
Gutiérrez, vecinos del Distrito. Firmaron el documento:
Melitón E. Villegas, Manuel Valencia, por Lucía
Montoya y por no saber firmar Roso Arce, José Vicente
Medina, José María Duque, Agustín Gutiérrez
y Carlos L. Piedrahita, Secretario del Cabildo en funciones
de Notario Público.
(24)
Ibid. El solar lindaba de la siguiente manera: por el
norte, con la carrera citada; por el occidente, con el solar
de Manuel Valencia; por el sur con los solares de Narciso Toro
y Loreto Rodríguez y por el oriente con el solar de la
Iglesia.
(25)
SÁNCHEZ, Ricardo. Pereira 1875-1935. Manizales:
Casa Editorial Arturo Zapata, 1937. p. 46.
(26)
ACNSP. Documento de fábrica, 1883. Tomado la Oficina
de Instrumentos Públicos del Circuito de Quindío.
Libro primero de Cartago, partida 82, folio, 54. Febrero 17
de 1883. Carlos Lisandro Piedrahita, Secretario de Cabildo del
Distrito y en ejercicio de las funciones de Notario Público.
Por testigos, Sinécio Arango y Joaquín García,
vecinos del lugar.
(27)
ACNSP. Documento de fábrica, 1883 . Tomado de
la Oficina de Instrumentos Públicos del Circuito de Quindío.
Libro primero de Cartago, partida 171, folio 97. Marzo 31 de
1883. Carlos Lisandro Piedrahita, Secretario de Cabildo del
Distrito y en ejercicio de las funciones de Notario Público.
Por testigos, Mariano Duque y Octaviano Ramírez.
(28)
ACNSP. Documento de fábrica, 1883 . Pereira, diciembre
14 de 1883. Carlos L. Piedrahita, Notario Público. Testigos,
Ovctaviano Ramírez y Eleazar Montoya.
(29)
ACNSP. Documento de fábrica, 1883 . Tomado de
la Oficina de Instrumentos Públicos del Circuito de Quindío.
Libro primero de Cartago, partida segunda, folio 2. Enero 2
de 1884. José V. Arango, Notario. Por testigos, Luis
María Jaramillo, Juan J. Duque.
(30)
URIBE URIBE, Op. cit. p. 50-52.
(31)
Ibid., p. 51.
(32)
VALENCIA LLANO, Albeiro. La Aldea Encaramada: Historias de
Manizales en el siglo XIX. p. 120.
(33)
ACNSP. Documento de fábrica, 1906. Contrato de
construcción del techo del templo. Los miembros de la
Junta del Templo esta conformada por: el presbítero y
presidente de la Junta José M. López, Mariano
Montoya, Valentín Deaza, Valeriano Marulanda, Epifanio
Gaviria, Francisco Mejía B, Antonio José Botero,
Valerio Mejía, Frencis N. Marulanda y Carlos Echeverría.
(34)
Ibid. El contrato también le advertía a
Heliodoro Ochoa que debería respetar el frontis de la
Iglesia, construido hasta la primera cornisa que servía
de base al columnado. Firmaron el presidente de la Junta de
Templo, presbítero José María López,
y los miembros Epifanio Gaviria y Carlos Echeverría.
Por la otra parte, Heliodor Ochoa. Como testigos, Sixto Ospina
y Jesús María Ormaza.
(35)
URIBE URIBE, Op. cit. p. 51-52.
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