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Los enigmas de la catedral de Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira
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Alvaro Acevedo Tarazona


La presente investigación en fuentes primarias de archivo de la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira, se propone reconstruir los orígenes de "fábrica de una Iglesia"(1) y patrimonio cultural del Eje Cafetero, el cual atesora en su seno una enigmática historia de ampliaciones y reconstrucciones vinculadas al crecimiento de la feligresía y los embates de la naturaleza. Testimonio de la urbe en ciernes, la Iglesia Catedral ha adquirido vigencia al confirmarse en las labores de su restauración, después del terremoto del 25 de enero de 1999, la completa preservación de su magnífico techo en madera, expresión de una arquitectura «temblorera», además de los osarios de los fundadores del caserío de 1863 y los enigmáticos restos óseos de un individuo encontrado en su costado suroriental. Tales acontecimientos han puesto en evidencia la importancia de la historia y la arqueología en la reconstrucción del frágil tejido de la memoria, así como la necesidad de realizar trabajos interdisciplinarios que redunden en la preservación y divulgación del patrimonio cultural.(2)

 

El seis de mayo de 1874, los miembros de la Comisión Agraria Pedro Rincón, Marcelino Enao y José María Isaza procedieron a entregar al síndico de la Iglesia, José Vicente Arango, el solar para la Iglesia de la antigua Cartago, recién constituida villa de Pereira (1869)(3), en la esquina norte de la primera manzana de la plaza. El pequeño solar adjudicado para la fábrica de la Iglesia tenía por extensión treinta varas de frente hacia la plaza y sólo cincuenta de centro(4). Pero no importaba. Si bien el frente se aproximaba al común de las parroquias (25.5 metros), el centro (tan solo 42.5 metros de longitud) podría alcanzar una mayor extensión con la compra de los solares aledaños. Claro que todo dependería del crecimiento de la población y del compromiso de la feligresía para reunir el dinero requerido.

Lo cierto fue que el primigenio trazo del solar de esta parroquia sentaría hasta hoy los pilares de la vida cultural, social, política y económica de Pereira: por el norte la calle del cementerio (carrera séptima) y por el oriente la plaza (Plaza de Bolívar); por el occidente la propiedad de Lucía Montoya y por el sur la de Remigio Antonio Cañarte. Y si bien desde el año de 1863, cuando se repobló la antigua Cartago con el nombre de "Cartago Vieja", se dice que ya había una capilla(5), a la altura del año de 1874 apenas se daba inicio a la adquisición de los terrenos para fabricar una pequeña Iglesia en el sitio actual de la Catedral(6).

Seguramente un rancho de paja montado sobre tapias que en muy poco tiempo entraría en un encadenamiento indeterminado de ampliaciones y transformaciones por el natural crecimiento de su feligresía, pero también por los embates de la naturaleza, que después el terremoto del 25 de enero de 1999 han dado origen a los enigmas de la Catedral, luego de que las consecuencias de éste dejasen al descubierto un techo en madera de admirable arquitectura, y en las últimas semanas (jueves 11 de enero de 2001), en las labores de restauración y fortalecimiento estructural de la Catedral, los restos óseos de un individuo hallado cuidadosamente en un ataúd del cual se preservan algunos clavos(7).

Estos dos enigmas están vinculados a otro de importancia mayor ya estudiado, aunque no develado del todo por la historiografía y la arqueología, que tiene que ver con las hipótesis por las cuales la fundada
Cartago de 1540(8) sería trasladada de este lugar, en 1691, al llano actual. Y si bien hasta hace algunos años se reafirmaba la hipótesis de que la ciudad había sido trasladada en búsqueda de un sitio más despejado y seguro ante el continuo ataque y sitio de la ciudad por parte de los indígenas de la región, con el paso de los años ha adquirido mayor aceptación la hipótesis de un posible traslado de la ciudad por el derrumbe de la minería, el florecimiento de estancias y haciendas en las tierras de sabana para la ganadería y productos de pan coger y, en consecuencia, el desplazamiento, un poco más hacia el suroccidente, de la privilegiada ruta de comunicación y comercio entre Santafé de Bogotá, Cali y Popayán(9).

Pero más allá de los enigmas que puedan revestir estas situaciones históricas, además de los coyunturales y a veces altisonantes despliegues de los medios masivos de comunicación, ha quedado en evidencia la fragilidad de la memoria histórica de esta región, fruto de una razonada, mesurada y pertinente discusión en disciplinas fundamentales de las ciencias sociales, entre ellas la historia y la arqueología, que permitan y puedan entablar un diálogo provechoso en el acervo cultural de los pereiranos.

 

De los enigmas al análisis histórico

La Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza es la consecuencia de un inevitable proceso político en el poblamiento y repoblamiento americano, con antecedentes desde la segunda mitad del siglo XVIII, conocido por la historiografía como la secularización de la vida religiosa. A lo largo y ancho del país, la colonización de grandes extensiones vacías creó un nuevo orden social, político y económico que dio origen a un hecho sin precedentes de "explosión" de parroquias y de configuración de un nuevo orden pasional motivado por los propios avencidados en los recién territorios adaptados para la agricultura o la ganadería.

El compromiso religioso de aquellos primeros colonizadores, que implicaba conseguir los terrenos para erigir la parroquia y crear las cofradías requeridas para mantener el culto católico y las necesidades básicas de la parroquia, por principio, era un compromiso político de los vecinos para adquirir su propio estatus y autonomía administrativa frente a las poblaciones vecinas. No es por ello extraño que esta "explosión" parroquial se encuentre asociada a vastas zonas de colonización y a largas disputas territoriales y culturales entre las poblaciones limítrofes(10); pero, sobre todo, que dicho fenómeno se haya movilizado por un nuevo orden secular en el que la Iglesia católica volvía a ser protagonista de primer orden por encima de la coyuntura de la Independencia y de la inestabilidad política del país, solo que ahora en una etapa más exitosa que la precedente, al interpretar las iniciativas políticas de los propios vecinos de los lugares de colonización y futuros parroquianos.

Fue por esta razón que a la colonización de centro-oriente, el norte y el occidente del país se sumó en el siglo XIX, con mayor dinamismo y bríos, la "Colonización Antioqueña", caracterizada por la cultura del maíz, la variedad climática de la montaña, un dinámico mercado interno movilizado por la economía del oro, una gran variedad de productos de pan coger, la multipolaridad del poblamiento y una tenencia de la tierra más democrática y libre que dio pie al florecimiento de la economía cafetera(11), pero no por ello ajena a un fenómeno nacional de larga duración marcado por la omnipresencia de la Iglesia y su influencia en todos los órdenes de la vida parroquial: la prisa por el bautismo, el bien vivir, el buen morir y las revelaciones de vírgenes y santos.

Al enigma del traslado de Cartago, la magnífica arquitectura del techo en madera de la Catedral y los restos óseos hallados en el costado suroriental de ésta, se vincula otro suceso no menos importante, relacionado con la advocación que lleva por nombre la Catedral: Nuestra Señora de la Pobreza. Es de común acuerdo que el acontecimiento de la milagrosa imagen de la virgen que se venera, tanto en Cartago como Pereira, remite a principios del siglo XVII cuando a la lavadora de ropas María Ramos, en las márgenes del río Otún, se le apareció dicha virgen en el lienzo de un viejo cuadro perteneciente a la comunidad de los franciscanos. Pero tal vez lo más interesante para los historiadores de este suceso y de los milagros que se han tejido a su alrededor, es la coincidencia entre éste y el de la revelación de la virgen de Chiquinquirá al atribuírsele a sus descubridoras el mismo nombre de María Ramos(12).

En fin, otro enigma entre los ya señalados alrededor de la Catedral y de la fundación Pereira que dan cuenta de un valioso imaginario cultural en la memoria de la ciudad, pero que también dejan en evidencia los enormes vacíos en su memoria histórica y arqueológica.

Hasta ahora, por ejemplo, las evidencias apuntan a argumentar, pero no afirmar en forma categórica, que el caserío de 1863 fue levantado sobre las ruinas de la antigua Cartago(13). Si bien, como lo señalan las investigaciones de Víctor Zuluaga(14) o el mismo Recuerdo Historial de don Elías Recio(15), todo indica que la plaza de la antigua ciudad coincide con la actual plaza de Bolívar, sólo la arqueología podrá dar fehaciente cuenta de tal hipótesis ante la escasa base documental que, se presume, hay existente por la conflagración del Archivo de Cartago en 1983, aunque a este respecto tampoco se puede dar la última palabra debido a las múltiples posibilidades hermenéuticas que ofrecen las fuentes documentales(16).

 

La Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza es la consecuencia de un inevitable proceso político en el poblamiento y repoblamiento americano, con antecedentes desde la segunda mitad del siglo XVIII, conocido por la historiografía como la secularización de la vida religiosa.

 

En el mismo orden de ideas, hay un interregno de siglo y medio, entre 1540 y 1691, poco conocido en la historiografía de esta región que habla de violentos enfrentamientos entre indígenas y españoles. Pero más adelante, a partir de 1863, se abren otros interrogantes no menos problemáticos que conducen a preguntarse: ¿qué había más allá de las motivaciones filantrópicas de José Francisco Pereira y Remigio Antonio Cañarte para crear una ciudad en la antigua Cartago? Pues cabe recordar que además de haber sido la antigua ciudad un fortín militar y avanzada española en el periodo colonial, en la República se constituiría en un puente estratégico de comunicación entre los Estados Soberanos de Antioquia y Cauca. Una región, por demás, en la cual, a la altura del siglo XIX, abundaban los baldíos con una favorable política estatal de concesiones de tierras para familias acaudaladas y de las cuales Francisco Pereira había obtenido, en 1828, una extensión aproximada de 2500 hectáreas(17).

Todas estas condiciones históricas son las que, finalmente, conducen a un interrogante mayor sobre una región periférica de colonización como esta: ¿cuáles y cómo fueron las condiciones para que se desarrollara un estilo de colonización más espontáneo, libertario y hasta anárquico, en contraste con las estructuras más jerarquizadas de la primera colonización antioqueña? y, en consecuencia, ¿cuál es la relación entre zonas de colonización periféricas como Risaralda, la política caudillista del siglo XIX y su influencia hasta el presente?(18).

Sin lugar a dudas, Pereira y el departamento de Risaralda en general necesitan de nuevas investigaciones que abran la discusión sobre estos procesos históricos, por lo que significó para el país la economía cafetera y su acumulación de capital para dar paso a una primigenia industrialización. Seguramente, los resultados que arrojen estas primeras investigaciones, a través del esfuerzo colectivo y consolidado de comunidades de investigación en las ciencias sociales, permitirá comprender, entre otros fenómenos, las situaciones socio-económicas o políticas de las ampliaciones, transformaciones y reconstrucciones de la Catedral de Pereira y de la cual, por ahora, sólo se puede hacer una aproximación a sus orígenes.

Esta es la razón por la cual varias son las preguntas e hipótesis que acompañan el hallazgo y levantamiento de los restos óseos del individuo hallado en el costado suroriental de la Catedral. Y, obviamente, cada una de ellas está relacionada con la construcción de la Iglesia: ¿Se relacionan o no con la Iglesia Catedral de Pereira o, acaso, se remontan a la época de la antigua Cartago? Es claro que hasta el momento cualquiera de las elecciones afirmativas a las preguntas cabría dentro de las evidencias recolectadas por el levantamiento arqueológico, y, de igual manera, revestirían la misma importancia por estar vinculadas a hechos de primer orden en la historia de la ciudad. Lo importante, en estos casos, es continuar con la indagación tanto arqueológica como histórica con el fin de explicar y comprender un pasado que a partir de los intereses y motivaciones se hace presente y, en cierta manera, se constituye en una oportunidad para derivar hacia nuevas preguntas y alternativas de investigación. En este caso, hacia la historia de la construcción de la Iglesia.

 

Pereira y el departamento de Risaralda en general necesitan de nuevas investigaciones que abran la discusión sobre estos procesos históricos, por lo que significó para el país la economía cafetera y su acumulación de capital para dar paso a una primigenia industrialización.

 


La construcción de la Iglesia

Cabe recordar que en 1874 se haría la adjudicación del primer solar para la construcción de la Iglesia en la villa de Pereira, en el sitio donde hoy se encuentra la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, según consta en los documentos de la época(19), pero, posiblemente, sólo hasta el año siguiente se daría inicio a la construcción de ésta(20), la cual, seguramente, fue de techo de paja sobre tapias(21). Por la extensión del solar adjudicado, se presume que esta primera construcción de la Iglesia tendría por extensión 33 varas de frente y tan solo 50 de centro o longitud(22).

Transcurridos algunos años, en el mes de diciembre de 1881, se procedió a comprar un solar aledaño a la Iglesia ya existente para su ampliación, de propiedad de Manuel Valencia y Lucía Montoya, esposa de Raimundo González(23). El solar medía 30 varas de frente en la carrera de Colón (hoy carrera séptima; también llamada calle del Cementerio) por cincuenta de centro hacia el sur(24). La fecha de venta de dicho solar coincide con las crónicas de Ricardo Sánchez, quien relata que hacia el ocho de diciembre de 1882 se estaban construyendo las tapias de la Iglesia, como todas las tardes, por las personas piadosas del lugar, cuando un rayo mató a Rosario Marín en la propia puerta de la capilla(25).

Pese a este desafortunado suceso, al parecer las labores de construcción de la Iglesia continuaron su marcha, como así lo indica otra base documental del 12 de enero de 1883 y en la cual se da constancia de la compra de un tercer solar aledaño a la Iglesia para su ampliación. El solar, de propiedad de Manuel Valencia y vendido por la suma de $80 pesos a los presbíteros José Ignacio Pineda y Baltazar Gutiérrez, medía ocho varas de frente en la carrera de Colón y 50 de centro hacia el sur. De este documento también se puede interpretar que la Iglesia se encontraba en plena actividad de construcción cuando al establecer los límites del mencionado solar se lee que este limitaba por el oriente

"con las tapias de la Iglesia que actualmente se está construyendo";

por el sur, con el solar de Lisandro Gómez; por el occidente, con el de Juan Crisóstomo Cotrina y por el norte con la carrera de Colón, frente a la casa de Pedro Duque(26).

Algunas semanas después, el 19 de marzo de 1883, Manuel Cárdenas vendió al presbítero José Ignacio Pineda el último solar de ocho y media varas de frente hacia la carrera de Colón, también para la ampliación de la Iglesia, por la suma de $64 pesos(27). Unas semanas atrás, el 17 de febrero de 1883, dicho solar había sido permutado por el mencionado Manuel Cárdenas (y para efectos de venta a la Iglesia) a Juan Crisóstomo y Abraham Cotrina por una finca de su propiedad de 25 varas de frente en la carrera de Jorge Robledo y avaluado en la suma de $ 64 pesos(28). Misma cifra, con la cual Manuel Cárdenas le vendió el último solar a la Iglesia y que por fin alcanzaría la calle occidental de la población (actual calle 21).

Como caso curioso, y en coincidencia con los recién descubiertos restos óseos del individuo hallado en el costado suroriental de la Catedral , hacia el mes de noviembre de 1883 se registró una última venta de un pequeño solar de Joaquina Cantera, vecina de Cartago, al presbítero Baltazar Gutiérrez, situado en el occidente de la plaza, en forma rectangular, de dos varas de frente a la plaza y cincuenta de centro o de longitud(29).

El solar tenía como linderos: por el oriente la plaza pública; por el norte, el solar de la Iglesia; por el occidente, el solar de Rafael Quintero y por el sur la casa y solar de la vendedora Joaquina Cantera y quien lo cedió por la suma de $ 25 pesos sesenta centavos. Este solar era, además, un desprendimiento de uno superior que había recibido por donación del presbítero Remigio Antonio Cañarte. En dicha transacción también se registró, en el numeral sexto de la declaración, que la mencionada vendedora quedaba "obligada al saneamiento de la finca". ¿Por qué se hace mención de esto?, ¿Acaso el solar estaba deshabitado, en ruinas, o era utilizado para otros menesteres? Lo que si se puede inferir es que el frente de la Iglesia, tal vez, pudo haber alcanzado dos varas más de extensión.

Lo cierto también de la historia de la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de la Pobreza, es que debió continuar las obras durante algunos años más con la decidida ayuda y dedicación de su feligresía. Al respecto, Fernando Uribe Uribe relata en sus crónicas que a la altura del año de 1890 el padre Ismael Valencia adelantaría, con gran empeño, la obra del templo que cuatro años más tarde habría de continuar su sucesor el presbítero José María López(30).

Pero algunos años más tarde, el 31 de enero de 1906, un fuerte terremoto estremeció la ciudad dejando como consecuencia la destrucción de la Iglesia. El sismo de Tumaco, como se le designó, una de las conflagraciones que más energía cinética ha liberado en la historia sísmica mundial, también llegaría hasta Ecuador.

No se sabe cómo se consiguió el dinero para la reconstrucción de la Iglesia(31), pero lo claro es que el 20 de marzo de 1906, los miembros de la Junta del Templo, en cabeza del presbítero José María López, firmaron contrato con don Heliodoro Ochoa, el mismo que se habría comprometido a la construcción de la Catedral de Manizales(32), con el propósito de construir un proyecto de planos para el templo de la ciudad de Pereira(33). En dicho contrato, el mencionado Ochoa se comprometía a respetar los muros laterales y el frente del edificio, tal como en ese momento se encontraban. Como términos del
mismo, Ochoa también se comprometía a entregar la planta o plano horizontal en los dos meses siguientes y los demás planos en ocho. Para efectos de la obra, de igual manera, contrataría dos oficiales, de acuerdo con la Junta, uno de cantería y otro de carpintería. El contrato también estipulaba que el pago por los servicios de Ochoa sería de $30000 pesos en cuatro meses, otros $30000 pesos dentro de ocho y $10000 el día que estableciera al oficial de carpintería(34).

Las obras debieron tardar más de lo presupuestado, pues hacia el año de 1910, Fernando Uribe Uribe relata que la Catedral

"aparecía con la torre medio trunca, los muros formados por anchos paredones de ladrillo, hasta el arranque de la fachada. Sobre ellos se estaba levantando en forma muy lenta, una serie simétrica, de sólidos armazones de madera de comino y nogal..."(35).

No cabe duda que el contrato de reconstrucción de la Iglesia y los testimonios de nuestro cronista daban cuenta, una vez más, del compromiso de la feligresía por su parroquia y por su ciudad. Por fortuna, la ciudad contaba desde 1905 con la importante y nutrida Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, reconocida por el obispo de Manizales, G. Nacianceno Hoyos. Tampoco hay que olvidar que la colonización proseguía su enjundiosa marcha y que pronto vendrían años de prosperidad cafetera. Fue así como muy pronto la humilde urbe, su Iglesia y su población entrarían en una modernización sin precedentes en la historia del país, y en la privilegiada posición de ser parte de la región que establecería, con menores traumatismos y desigualdades, las pautas y el liderazgo de dicho proceso. Una historia que bien vale la pena analizar, pero en otro momento.

 


NOTAS


(1) La acepción "fábrica de iglesia" corresponde al nombre del libro parroquial asignado para la construcción de la Iglesia.

(2) Es importante señalar que sin la colaboración de Amparo Jaramillo de Drews, Coordinadora del Proyecto de Restauración de la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza de Pereira, hubiese sido imposible la realización de esta investigación. El autor también le expresa a los antropólogos Martha Cecilia Cano y Carlos Eduardo López su valiosa colaboración interdisciplinaria en la elaboración de la presente investigación.

(3) Desde su creación en 1863 hasta 1869, la población fue conocida como Cartago Viejo; ver: URIBE URIBE, Fernando. Historia de una ciudad: Pereira. Bogotá: Kelly, 1963. p. 31-32. El 20 de enero de 1870 fue erigida en Distrito por la Municipalidad de Cartago (entonces Municipalidad del Quindío); ver: ECHEVERRI URIBE, Carlos. Apuntes para la historia de Pereira. 2 ed. Medelllín: Bedout, 1921. p. 46.

(4) ARCHIVO DE LA CATEDRAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA POBREZA (En adelante citado ACNSP). Documentos de fábrica, 1874. Tomado de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de la Provincia de Quindío. Libro de Registro número primero de Cartago, partida 553, folios 530 y 531. Agosto 9 de 1887. El área del solar adjudicado fue pequeña si se tiene en cuenta que la conversión de la vara al sistema métrico decimal de 85 cms., según la medida convencional asumida por los parroquianos del lugar, a lo sumo alcanzaba unos 25.5 ms. de frente (ancho) y 42.5 de centro (longitud). El equivalente de la vara en 85 cms,. y no en 80 cms. como lo establece el común de las conversiones, es asumido teniendo en cuenta el testimonio de la tradición oral de don Alonso Jaramillo Bernal, quien dice que las cuadras del trazo de Pereira fueron medidas en varas de 85 cms.

(5) Esta capilla se encontraba ubicada en la calle 19 con carrera octava; ver: SUESCÚN MUTIS, Fabio. Pereira y su catedral. En: La Tarde (septiembre 3 de 2000). El testimonio oral de don Bartolomé de la Roche León confirma lo dicho por Monseñor, aunque no establece exactamente la ubicación de ésta. Por la información consignada en los libros de bautismos, defunciones y matrimonios se constata que por esta fecha ya se realizaban estos oficios en la parroquia de Pereira; ACNSP. Libros primeros de bautismos (1864), casamientos (1864) y entierros (1872). En el Archivo también se registran algunos oficios realizados en la aldea de Condina hacia el año de 1855.

(6) La adquisición de los terrenos en 1874 para la construcción de la Iglesia concordarían con la
investigación histórica Historia de Pereira que dice que en el año de 1875 se inició la construcción de la Iglesia; ver: DUQUE GÓMEZ, Luis; FRIEDE, Juan y JARAMILLO URIBE, Jaime. Historia de Pereira. Pereira: Club Rotario, 1963. p. 381.

(7) El levantamiento arqueológico de los restos óseos, en relativa preservación, hallados en el eje 4, columna H de la catedral, pared sur, fue realizado por los antropólogos Martha Cecilia Cano y Carlos Eduardo López. Colaboraron en el levantamiento la antropóloga Marina Mora y Wilder Ríos. Habría que señalar que desde el 30 de agosto de 2000 ya habían sido extraídos los osarios de los posibles fundadores del caserío de Pereira en 1863: hacia el costado norte Francisco Pereira Gamba y hacia el sur el presbítero Remigio Antonio Cañarte; en dicho proceso participaron Amparo Jaramillo de Drews, Ana María Cadavid y los antropólogos Martha Cecilia Cano, Carlos Eduardo López, Luis Carlos Cardona y Luz Marina Mora.

(8) Habrá de considerarse el 9 de agosto de 1540 como la fecha de fundación de Cartago porque se hizo en rigor a la legislación española, por disposición de Jorge Robledo y mandato de Sebastián de Belálcazar. El primero de enero de 1541 dicho acto sería reafirmado por el mismo Jorge Robledo por disposición del gobernador Pascual de Andagoya. Obviamente, en esta refundación se atendía a los intereses del gobernador y del propio Jorge Robledo en perjuicio de Sebastián de Belálcazar. Estos hechos a la postre conducirían a Belálcazar a decretar la muerte de Jorge Robledo; ver: URIBE URIBE, op. cit., p. 15-17 y ZULUAGA, Francisco V. La ciudad de los confines: ensayo. Cali: Gerencia para el desarrollo cultural Gobernación del Valle del Cauca, 1993. p. 13-15.

(9) Entre otros autores que argumentan esta segunda hipótesis, se pueden citar a: DUQUE GÓMEZ y otros, Op. cit., p. 332-341; ZULUAGA, Francisco, Op. cit., p. 45-58 y ZULUAGA GÓMEZ, Víctor. Los restos humanos de la Catedral. En: La Tarde (febrero primero de 2001); p. 4 A.

(10) Como es el caso evidente de Pereira y Manizales, por citar sólo este ejemplo, entre los muchos existentes en todo el país desde los tiempos coloniales hasta el presente. Por la tradición oral se sabe que desde comienzos del siglo XX fueron evidentes las diferencias de pareceres administrativos y políticos entre Pereira y Caldas. En el campo eclesiástico cabría señalar que Pereira estuvo bajo la jurisdicción diocesana del obispado de Manizales hasta el año de 1952, según consta en una placa de la Catedral conmemorativa a los 25 años de la diócesis de Pereira, celebrada el 17 de diciembre de 1977. Por documentación precedente al año 52, también se puede constatar que Pereira dependía de la tutela diocesana de Manizales. El 13 de febrero de 1947, entre otra documentación de carácter administrativo, el obispo de Manizales, Luis Concha, autorizó al párroco de Pereira, Juan Punset, para que hiciera un empréstito por $90000 pesos para la compra de la Casa Cural. Finalmente, el asunto hipotecario se concretó por $80000 pesos el 21 de julio del mismo año; ver: (ACNSP).

(11) ALVAREZ, Víctor. La colonización antioqueña: El camino hacia una sociedad de hombres libres. Conferencia desarrollada en el Banco de la República, octubre 10 de 2000.

(12) El relato y la inquietud han sido tomados de Fernando Uribe Uribe, quien en su libro Historia de una ciudad: Pereira, nos relata en una exquisita prosa este y otros acontecimientos de la ciudad; ver: URIBE URIBE, Op. cit., p. 53-54. Pero quien hace el más cuidadoso y prolijo recuento de las tantas versiones sobre la aparición de la virgen es Hugo Ángel Jaramillo en su historia de Pereira; ver: ÁNGEL JARAMILLO, Hugo. Pereira: Proceso histórico de un grupo étnico colombiano. Pereira: Club Rotario de Pereira, 1983. T. I.,B p. 83-93.

(13) Don Heliodoro Peña también nos dice que Pereira fue levantada sobre la antigua Cartago; ver: PEÑA, Heliodoro. Geografía e Historia de la Provincia del Quindío, 1892. En la Iglesia Catedral se encuentra una placa conmemorativa a los fundadores de Pereira y de la celebración de la primera misa por el padre Remigio Antonio Cañarte, el 30 de agosto de 1863. Estos son los nombres inscritos en la placa (Agosto 30 de 1963): Jesús María Ormaza, Elías Recio, Félix de la Abadía, Jorge Martínez, Sebastián Montaño, Francisco N. Pinilla, Laureano Carvajal, Vicente García, Tomás Cortés, Rafael Ospina, Nepomuceno Buitrago, José M. Gallego, Joaquín Ríos, Ramón Parra, Vicente Mendoza, Juan M. Vallejo, Polonio Marulanda, Francisco Hernández, José M. Bermúdez, Petrona Pereira, Manuel Ramírez, Sacramento Montoya, Cayetano Cadena, Manuel Cortés, Bernardino Cortés, Cipriano Cortés, Manuel Soberano, Sebastián Osorio, Juan M. Suárez, Rosendo Marulanda, Teodomiro Marulanda, Nicolás Giraldo, Jesús María Bermúdez, José M. Ríos, José M. Ríos (hijo), Joaquín Restrepo, Joaquín Ocampo, Julián Caleño, Antonio Ramírez, Pedro Ramírez, Antonio Gallego, Gabriel Gallego, Wenceslao Gallego, Juan M. García, Antonio Jaramillo, Juan Cadena.

(14) ZULUAGA, Víctor, Op. cit. p. 4 A.

(15) RECIO, Elías, Un recuerdo historial. Cartago: Tipografía Cauca, 1993, p. 11-12. Al respecto dice don lías Recio, en uno de los apartes de su recuerdo historial (1928): «La Capilla /Esta fue,
pues, levantada; /pobre capilla, entre tanto, se construía nueva Iglesia/donde fue la de Cartago/...»

(16) James Parsons también afirma que la Pereira de 1863, con el nombre de Cartago Viejo, fue levantada en el sitio de poblamiento de Robledo, al punto que los nuevos fundadores describieron los mismos guaduales densos que los primeros cronistas habían descrito trescientos años atrás. También dice que algunas de las antigual piezas de cal y canto de la primitiva población se usaron en la construcción de la nueva ciudad; ver: PARSONS, James. La colonización Antioqueña en el occidente de Colombia. Bogotá: Carlos Valencia Editores, 1979. p. 106.

(17) URIBE URIBE, Op. cit. p. 29-30.

(18) Estas consideraciones surgen, a propósito, de las hipótesis realizadas por Fernán González al presentar un cuadro hipotético y comparativo entre las distintas formas de colonización en el país y las expresiones políticas de las mismas; ver: GONZÁLEZ, Fernán. La violencia política y las dificultades de la construcción de lo público en Colombia: una mirada de larga duración. En: AROCHA, Jaime; CUBIDES, Fernando y JIMENO, Myriam (compiladores). Las violencias: inclusión creciente. Santafé de Bogotá: Facultad de Ciencias Humanas UN, 1998. p. 170-171.

(19) ACNSP. Documentos de fábrica, 1874, op. cit. El acta de instalación y posesión de la Junta Parroquial para la construcción del templo se llevó a cabo el seis de julio de 1873. Dicha Junta para la fábrica de la Santa Iglesia de Nuestra Señora de la Pobreza fue nombrada por el presbítero Remigio Antonio Cañarte, siendo obispo Carlos Bermúdez. Los nombres de las personas designadas para tal propósito eran: Pedro Rincón, síndico, y los vecinos del lugar Pedro Duque Jiralda, José Vicente Marín y Juan de Dios Santa.

(20) Según el dato ya citado por DUQUE GÓMEZ, Luis; FRIEDE, Juan y JARAMILLO URIBE, Jaime, Op. cit., p. 381

(21) SUESCÚN MUTIS, Op. cit.

(22) ACNSP. Documentos de fábrica, 1874, Op. cit.

(23) La transacción se hizo en el Distrito de Pereira, Estado Soberano del Cauca, Estados Unidos de Colombia, Carlos Lisandro Piedrahita, Secretario de Cabildo del Distrito y e funciones de Notario Público. El solar fue vendido en $200 pesos, 25 varas correspondientes a Manuel Valencia por la suma de $154 pesos y las ocho restantes de Lucía Montoya por valor de $ 56 pesos; ver: ACNSP. Documentos de fábrica, 1881. Tomado de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos del Circuito de Quindío, partida 527, folios 278 y 379. Diciembre 27 de 1881. La venta del solar se hizo a José Vicente Marín, en calidad de mayordomo de Fábrica y como representante de los intereses de la Iglesia. Por testigos, José María Duque y Agustín Gutiérrez, vecinos del Distrito. Firmaron el documento: Melitón E. Villegas, Manuel Valencia, por Lucía Montoya y por no saber firmar Roso Arce, José Vicente Medina, José María Duque, Agustín Gutiérrez y Carlos L. Piedrahita, Secretario del Cabildo en funciones de Notario Público.

(24) Ibid. El solar lindaba de la siguiente manera: por el norte, con la carrera citada; por el occidente, con el solar de Manuel Valencia; por el sur con los solares de Narciso Toro y Loreto Rodríguez y por el oriente con el solar de la Iglesia.

(25) SÁNCHEZ, Ricardo. Pereira 1875-1935. Manizales: Casa Editorial Arturo Zapata, 1937. p. 46.

(26) ACNSP. Documento de fábrica, 1883. Tomado la Oficina de Instrumentos Públicos del Circuito de Quindío. Libro primero de Cartago, partida 82, folio, 54. Febrero 17 de 1883. Carlos Lisandro Piedrahita, Secretario de Cabildo del Distrito y en ejercicio de las funciones de Notario Público. Por testigos, Sinécio Arango y Joaquín García, vecinos del lugar.

(27) ACNSP. Documento de fábrica, 1883 . Tomado de la Oficina de Instrumentos Públicos del Circuito de Quindío. Libro primero de Cartago, partida 171, folio 97. Marzo 31 de 1883. Carlos Lisandro Piedrahita, Secretario de Cabildo del Distrito y en ejercicio de las funciones de Notario Público. Por testigos, Mariano Duque y Octaviano Ramírez.

(28) ACNSP. Documento de fábrica, 1883 . Pereira, diciembre 14 de 1883. Carlos L. Piedrahita, Notario Público. Testigos, Ovctaviano Ramírez y Eleazar Montoya.

(29) ACNSP. Documento de fábrica, 1883 . Tomado de la Oficina de Instrumentos Públicos del Circuito de Quindío. Libro primero de Cartago, partida segunda, folio 2. Enero 2 de 1884. José V. Arango, Notario. Por testigos, Luis María Jaramillo, Juan J. Duque.

(30) URIBE URIBE, Op. cit. p. 50-52.

(31) Ibid., p. 51.

(32) VALENCIA LLANO, Albeiro. La Aldea Encaramada: Historias de Manizales en el siglo XIX. p. 120.

(33) ACNSP. Documento de fábrica, 1906. Contrato de construcción del techo del templo. Los miembros de la Junta del Templo esta conformada por: el presbítero y presidente de la Junta José M. López, Mariano Montoya, Valentín Deaza, Valeriano Marulanda, Epifanio Gaviria, Francisco Mejía B, Antonio José Botero, Valerio Mejía, Frencis N. Marulanda y Carlos Echeverría.

(34) Ibid. El contrato también le advertía a Heliodoro Ochoa que debería respetar el frontis de la Iglesia, construido hasta la primera cornisa que servía de base al columnado. Firmaron el presidente de la Junta de Templo, presbítero José María López, y los miembros Epifanio Gaviria y Carlos Echeverría. Por la otra parte, Heliodor Ochoa. Como testigos, Sixto Ospina y Jesús María Ormaza.

(35) URIBE URIBE, Op. cit. p. 51-52.

 


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