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La escuela activa como antecedente de la educación ambiental Panorama contemporáneo de la pedagogía y las ciencias de la educación en Francia"


Miguel Ángel Gómez Mendoza


Este estudio documental-bibliográfico expone las cuestiones "vivas" del debate contemporáneo sobre la práctica y la investigación en pedagogía y ciencias de la educación en Francia, a saber: (a) el centrar la enseñanza sobre el aprendizaje; (b) el papel de los contenidos y los saberes en el aprendizaje; (c) las indagaciones sobre la memoria y el aprendizaje; (d) el auge de las didácticas; (e) la educación cognitiva; (f) la pedagogía como campo autónomo; (g) la complejidad social y psicológica de la educación; y (h) las paradojas de la enseñanza.

 

El paisaje pedagógico francés ha cambiado después de una quincena de años. Bastaría, para convencerse de esto, comparar la lista de contribuciones a una obra como la dirigida por Ruano-Barbalair (1998) con lo que constituían no hace mucho tiempo las "cuestiones vivas" de la educación. A donde han pasado, por ejemplo, los debates apasionados sobre la autoridad en la clase, el valorizado interés por la relación pedagógica?; así como las posturas radicales a favor o en o contra la no directividad?.

 

Centrarse sobre el aprendiz

La evolución perceptible más inmediata es la generalización de la idea de una centralización de la enseñanza sobre el aprendiz. Evidentemente, no es aquí donde se puede encontrar una novedad radical. También Piaget, como Freinet, esto es, toda la corriente calificada de "educación nueva" desde el comienzo de siglo, así como la pedagogía institucional, militaban desde hacia tiempo contra un aprendizaje por emisión-recepción, que privilegiaba los "procesos de enseñar" en detrimento de los "procesos de aprender", si apelamos a los términos de Jean Houssaye (1988). Pero, no obstante, lo que era compromiso militante de activas minorías como son los movimientos pedagógicos, aparecerá en la ley general de orientación educativa francesa de 1989, cuando precisamente pone el niño en el centro del sistema educativo. Esta ley institucionaliza las tendencias que fueron, en el decenio pasado, objeto de numerosas experimentaciones y publicaciones alrededor de la idea de tutoría, de ayuda individual, de trabajo personal del alumno y de diferenciación pedagógica... Evidentemente, con el permanente riesgo de que la simple recuperación léxical sirva para revestir con nuevos nombres prácticas no tan novedosas.

En todo caso, esta centración sobre el aprendiz responde a una variedad de marcos teóricos e ideológicos, lo que no es extraño en muchas polémicas. Algunos la piensan en un marco liberal que ubica por encima de todo cada individuo con sus aspiraciones y sus potencialidades irreductibles. Para otros, es la preocupación democratizadora la que prima, para salir de lo que Philippe Perrenoud (1984) y Legrand (1995) han llamado un "tratamiento estándar" en educación, y substituirla por un elogio de la diferencia.

En qué aspectos la evolución de las investigaciones en educación han nutrido este movimiento de centración en el aprendiz?

En primer lugar, innumerables trabajos han sensibilizado en el hecho de que los alumnos tienen ya sus cabezas, antes de la lección, sus propias representaciones. Es el caso de la mayoría de los conceptos biológicos y físico-químicos como son la digestión, la nutrición de las plantas, la reproducción y la sexualidad; así como los del calor y la temperatura, los cambios de estado de la materia, las fuerzas, y los circuitos eléctricos... (Giordan y de Vechhi, 1987). Este problema, que fue analizado primero en la formación de adultos, ha podido ser generalizado al conjunto de cursos o grados de la escolarización. En esta orientación, los niños deben desde su más temprana edad, representarse mentalmente de la mejor manera estos fenómenos para comprender de una manera satisfactoria a sus propios ojos el funcionamiento de su propio cuerpo así como de su ambiente cotidiano. En especial, se ha encontrado que en la mayor parte de las disciplinas estos conceptos se resisten enormemente a los esfuerzos de enseñanza, y que una importante proporción de alumnos atraviesa la escolaridad sin cambiarlos hasta llegar a la universidad.

Tomar en cuenta las representaciones y los conceptos en la clase, trabajar los obstáculos que explican su resistencia al cambio y al aprendizaje, condujo a poner en el corazón de la actividad escolar lo que los alumnos saben de antemano, junto con la diversidad individual que se puede imaginar en esta nueva situación. En resumen, aprender no es una acumulación de informaciones sino una transformación de representaciones.(Bednarz y Garnier, 1989; Michel, 1995)

Pero la diferenciación pedagógica no se ocupa solamente sobre las concepciones relativas a cada dominio enseñado (Reuchilin,1991), ésta también ha sido objeto de numerosas investigaciones sobre lo que se ha dado en llamar en términos generales como estilos cognitivos (Huteau, 1987). Se trata aquí de dar cuenta de la forma como cada aprendiz conduce su aprendizaje de una manera individualizada. Se debe entonces contar con este aprendizaje individualizado para así evitar ir constantemente en contra del funcionamiento mental de los alumnos.

 
Tomar en cuenta las representaciones y los conceptos en la clase, trabajar los obstáculos que explican su resistencia al cambio y al aprendizaje, condujo a poner en el corazón de la actividad escolar lo que los alumnos saben de antemano, junto con la diversidad individual que se puede imaginar en esta nueva situación.


Se destaca a este respecto, el éxito de los trabajos de Antoine de la Garanderie (1980), a partir de la distinción entre auditivos y visuales, pero también el de otros trabajos, a veces más antiguos y teóricamente mejor fundamentados, concernientes en particular al DIC (dependencia-independencia del campo) o la dimensión RI (reflexividad - impulsividad). El problema, con los estilos cognitivos es el de adaptar tanto como sea posible al funcionamiento de cada uno de ellos, y evitar simultáneamente encerrarse en ellos.

El desafío, diría Philippe Meirieu (1987), es que todo alumno tenga al mismo tiempo la necesidad de una pedagogía a su medida...y de medirse a otras pedagogías.

 

Un volver a centrarse sobre los saberes

El crecimiento de la centración sobre el alumno en la diversidad no es contradictorio con el énfasis que se le vuelve a dar en el mismo período a los saberes escolares. No obstante, este "volver" a los saberes escolares no puede ser traducido como una regresión a las formas tradicionales de enseñanza.

En efecto, las tendencias actuales lejos de tener un carácter enciclopédico, indagan con más profundidad sobre el asunto de los conceptos enseñados. Estos permiten construir las categorías mentales antes que enumerar los objetos y los hechos concretos, los con
ceptos funcionan como instrumentos del pensamiento y constituyen la verdadera columna vertebral de las disciplinas (Develay, 1995; Lemeignan, 1993; Astolfi, 1992; Aumont y Mesnier, 1992).

El éxito de los trabajos de Britt-Mari Barth (1987) testimonia muy bien este interés contemporáneo por dar cada vez más importancia central a los conceptos. La autora propone estrategias para que la clase, a partir de ejemplos y contra-ejemplos, pueda establecer los atributos de los conceptos y luego buscarlos en una diversidad de casos. Mientras que otros investigadores como Bernard Charlot (1997), Elisabeth Bautier (1992) y Jean Yves Rochex (1995), describen la importancia de la relación del saber en la escuela con los alumnos con dificultades.

Es significativo de esta "recentración" (recentrage) actual sobre los contenidos haya alcanzado también a la enseñanza de la educación física y deportiva, que ya no se satisface solamente con poner a punto los ciclos de actividades, sino que además se pregunta desde la escuela primaria, sobre los verdaderos contenidos de aprendizaje a través de las actividades propuestas.

 

La nueva memoria

Una vez no se está hablando aquí de una memorización pasiva de conocimientos. Aún más, también las concepciones de la memoria a su vez, han evolucionado mucho en los últimos años bajo el impulso de la psicología cognitiva y la inteligencia artificial (Well-Barais, 1993).

La memoria, tanto tiempo denigrada en beneficio de la inteligencia, vuelve a encontrar su hidalguía y talla mediante una completa metamorfosis de los modelos que le sirven de punto de partida.. El análisis de los procesos de memorización no es más que una manera de evocar, por otra vía, el conjunto de cuestiones de cognición y de conceptualización. (Delannoy, 1994; Tiberghein et al, 1991). Por su parte, Alain Lieury (1991) insiste sobre el hecho que las disciplinas escolares acumulan tal cantidad de volumen léxical que pueden abrumar o acelerar las posibilidades reales de aprendizaje para numerosos alumnos cuando inician sus estudios secundarios.

 

El auge de las didácticas

El auge actual de las didácticas se comprende mejor en el contexto arriba descrito. Asimismo aquí las incomprensiones son numerosas, hasta el punto que parecería fácil de interpretarlas como un tímido retorno a los contenidos disciplinarios (Joshua y Dupin, 1993) A menudo, se representa el trabajo de los didactas como la constante invención y experimentación con contenidos, y con la elaboración de mejores dispositivos de enseñanza. Pero la didáctica, explica Gérard Vergnaud (1994), no se limita a investigar los nuevos medios para enseñar un objeto de conocimiento de antemano definido. Lo más frecuente es lo contrario, que las didácticas desarrollen los métodos de enseñanza apelando a la tradición. Lo propio de las didácticas, es el de volver a someter a otra mirada las variables sobre las cuales la enseñanza se plantea en la clase para de esta manera tratar las dificultades encontradas por los alumnos. Evidentemente, numerosas dificultades preceden el momento didáctico y remiten a los determinismos sociológicos o a una historia sociológica. Por tanto, tan real como sea el peso de tales variables externas, y de tanto insistir sobre ellas, los maestros se encuentran rápidamente desmovilizados, así como desprovistos de su función. Si, según la formula conocida, todo se juega antes de los dos años de edad, y depende de la profesión del padre, ¿qué margen de eficacia posible queda entonces al pedagogo? Ahora bien, como dice con razón Philippe Meirieu (1987), éste debe cada vez más pensarse como un profesional del aprendizaje.

En esta perspectiva, la didáctica ofrece nuevas vías y miradas. Disciplina todavía joven, que construye desde hace algunos años sus conceptos específicos como son: contrato didáctico (Vergnaud, 1994, Halté, 1992); objetivo-obstáculo (Astolfi y Develay, 1999; Astolfi et al, 1997); campo conceptual (Develay, 1995), o transposición didáctica (Chevallard, 1985). Como resultado de esta construcción de herramientas didácticas las acciones de los profesores así como su formación, encuentran desde entonces mejores herramientas.

 

Un contrapunto: la educabilidad cognitiva

De manera paralela, se ha desarrollado en esta ocasión en la formación de adultos, la corriente, un poco divergente, de la educabilidad cognitiva. (Delannoy y Passegand, 1992; Malglaive, 1990)

La búsqueda de soluciones a los problemas de los alumnos con dificultades ha conducido a la adaptación de las herramientas a los contextos escolares. Teniendo en cuenta que estos alumnos mantienen problemas con la organización disciplinar clásica, no puede tener sentido la cuestión de reproducir con ellos esta situación. Es por esto, que se ha buscado la posibilidad de un acceso directo a las operaciones mentales transversales (Rey, 1996), tal como las identifica el programa de enriquecimiento instrumental (PEI) o los talleres de razonamiento lógico (ARL), sugerido, por Richard (1990) y Sorel (1989).

Igualmente, la amplitud de las dificultades ligadas a la transferencia de aprendizajes permite comprender mejor las evoluciones divergentes que ha tenido esta corriente.

 

La pedagogía: un campo autónomo

En la pedagogía francesa contemporánea la didáctica se interpreta en el contexto del retorno del actor en las ciencias humanas. Un maestro es, en efecto, alguien que toma constantemente decisiones en situación, aún, si él no lo percibe siempre de esta manera y, en ocasiones, sueña fácilmente con los métodos que marcharían por sí solos (Tochon, 1993). Ahora bien, la sucesión de las modas en pedagogía testimonia, que esta constante búsqueda de soluciones tan rápidas es en vano. Numerosos autores insisten actualmente sobre el hecho de que hacer frente a lo imprevisto y decidir en situación, son características esenciales de la cotidianidad del oficio del profesor. La didáctica, en verdad intenta anticipar todo lo que se puede, pero también se sabe que el error y la aproximación siguen siendo la regla, y que se deberá constantemente rectificar el blanco y adaptarse al terreno. No existe nada parecido a la llamada "ingeniería del método". (Perrenoud, 1996). No como consecuencia de un defecto de previsión o de preparación, sino porque las regulaciones son un componente permanente de la acción pedagógica. Georges Devereux (1980) ha mostrado hasta que punto refugiarse como último recurso en un método muy impersonal y objetivizado constituye ante todo, un procedimiento de lucha contra la angustia.

La enseñanza, agregaría Mireille Cifali (1994), es simplemente uno de los oficios de lo humano que no puede eximir o evacuar a los actores de sus propias acciones.

Esto conduce a pensar de otra manera como se ha hecho a menudo, las relaciones entre la pedagogía, la psicología y las ciencias de la educación. Se pregunta siempre sobre los aportes de las ciencias humanas a la conducta de la clase: ¿qué nos enseña la psicología? y ¿la sociología?. De hecho, se debe
ría saber en primer lugar de cual psicología o de cual sociología se habla, en tanto que éstas disciplinas están marcadas por una ausencia de consenso y responden a paradigmas plurales (Fabre, 1994). Es suficiente, por ejemplo, considerar la diversidad de las aproximaciones teóricas de la motivación (Delannoy, 1997; Lieury y Fabien, 1996), para ilustrar este fenómeno.

El cuestionamiento pertinente, insiste Philippe Meirieu (1991, 1995 ), es aquel del cual parte la pedagogía (saber "bricolaje" en donde se mezclan reflexión, las rutinas y los valores) y asciende hacia las ciencias humanas para desde allí extraer los mejores fundamentos y justificaciones.

Pensar las cosas de esta manera no implica caer en la subjetividad incomunicable de cada uno. Al contrario, se trata de ubicar las ciencias humanas en su verdadero lugar, que es al mismo tiempo central y modesto, a saber: el de ofrecer referencias para la acción, sin imponerlas nunca. Es significativo a este propósito, que después del tecnicismo de los años 80 renace una amplia literatura consagrada a la dimensión ética en la educación (Houssaye, 1992; Reboul, 1992).

 

De la complejidad en educación...

Nuestra época está entonces marcada por la toma de consciencia de la complejidad en la pedagogía, porque ella permite pensar correctamente la multiplicidad de las variables que influyen sobre el logro y el fracaso escolar (Meirieu, 1995 ).

Como lo sugiere Houssaye (1994), cada una de las múltiples corrientes pedagógicas ha puesto el acento sobre diferentes "variables-palancas" susceptibles de influir positivamente los aprendizajes, así: el interés (Claparède), la acción sobre los objetos (Freinet y Piaget), la cualidad de las relaciones personales (Rogers y Neill), la importancia de las interacciones sociales (Cousinet), el deseo de saber (Oury y la pedagogía institucional)... y al contrario, pueden existir "variables-frenos" tales como la no disponibilidad de operaciones mentales (Piaget), el peso de los determinismos sociales (Bourdieau) o la ausencia de modelo de identificación.

 

Esto conduce a pensar de otra manera como se ha hecho a menudo, las relaciones entre la pedagogía, la psicología y las ciencias de la educación. Se pregunta siempre sobre los aportes de las ciencias humanas a la conducta de la clase: ¿qué nos enseña la psicología? y ¿la sociología?.


Pero también se percibe que tales análisis han podido tener algo de mecánico y de reductor: desde que ellos abandonan el campo del análisis (se debe siempre agrandar un fenómeno para hacerlo manifiesto), se transforman en sistemas de explicación esquemáticos y limitados (Altet, 1997; Lerbet, 1993). La tendencia actual es la de mirar dialecticamente antes las cosas, como lo muestran sucintamente los siguientes ejemplos

 

...hacia una complejidad psicológica y social

Evoquemos en primer lugar el sorprendente commeback de Lev S. Vygotsky, y la manera como éste vuelve a poner en perspectiva los aportes de Piaget, además de su difusión en una significativa cantidad de educadores que declaran aplicar sus principios (Schneuwly y Bronckart, 1979; Vygotsky, 1985). El psicólogo ruso de los años 30 se oponía a una concepción estática de la idea de estadio, negando que se deben inmovilizar las posibilidades de aprendizaje sobre el estadio actual del desarrollo intelectual. El concepto (que se convirtió en moda) de zona de desarrollo próximo (ZPD) muestra lo contrario, que es el desarrollo quien debe jalar el aprendizaje hacia adelante (Doise y Mugny, 1981). Es necesario pensar la existencia de un nivel de desarrollo potencial que, mediante diversas formas de mediación, favorezca el acceso a un estadio superior. Sobre un plano muy diferente, también la complejidad aflora, en este sentido, los trabajos recientes de Jean-Marc Monteil (1993), muestran hasta qué punto los logros cognitivos de los buenos y malos estudiantes pueden estar afectados por las dimensiones sociales de la situación en la que se los ubica.

Las sugestivas gráficas son prueba de los increíbles vuelcos de estos logros (sobre todo para las disciplinas prestigiosas), bajo el efecto de las modificaciones sociales aparentemente menores (situación anónima o individualista de los alumnos, comparación o no de los resultados de los alumnos.....)

Frente a tales resultados, es imposible no pensar en el celebre efecto mariposa, mediante el cual una ínfima variación de los datos iniciales puede conducir a estados finales muy divergentes. Los aprendizajes escolares, sin duda, aún más que la meteorología, reúnen una especie de determinismo y de imprevisibilidad (Wynnykamen, 1990).

 

Aprender como paradoja

Como último análisis, se debería reconocer que el acto de aprender no es sólo complejo, sino también intrinsincamente paradójico. A este respecto, se puede hacer referencia a los trabajos sobre los procesos de estructuración del conocimiento. Desde luego, el saber debe ser bien construido a partir de los intereses del sujeto. No obstante, no se puede confiar para que el aprendizaje progrese solamente en la evolución natural del sujeto, porque se sabe hasta que punto éste es conservador y resistente al cambio. La evolución natural del sujeto a regañadientes abandona su delicado marco para acceder a las vías naturales, mientras que el aprender obliga a costosos rodeos. La paradoja, finalmente, está en que el aprender supone una aculturación de lo que nos es extraño, que debemos efectuar por nosotros mismos, a pesar de la insuficiencia de nuestros medios conceptuales. Dos direcciones complementarias son posibles, pero sin garantizar siempre el resultado. La primera, es la de una flexibilidad necesaria en los aprendizajes, tal como Jean Drévillon (1980) y Jacques Lautrey (1980) lo han descrito. Esta vía muestra la importancia de una diversidad de momentos didácticos que coinciden con los fundamentos de la diferenciación pedagógica.

La práctica de un método Freinet puede mostrarse tan rígida como el de la una clase tradicional, mientras que el desarrollo intelectual se favorece por una adaptación flexible a las necesidades del aprendiz. La otra dirección, descrita por Guy Brousseau (1992), es aquella que exploran desde hace algunos años las didácticas, con la idea de situación problema. En este caso, el profesor debe calcular la mejor situación a la que somete a la clase, pero refrenar cualquier intervención intempestiva que, por más bien intencionada que sea, substituiría a la actividad propia de los alumnos y produciría un hundimiento de las tareas que se realizan. Por medio de este ejemplo, se comprende mejor el actual éxito de la idea de mediación en los aprendizajes. Las recurrentes tentaciones para hacer que la pedagogía sea científica, vuelven a encontrar aquí, sin duda, su límite epistemológico, al cual se puede agregar, como se ha visto, un límite pragmático (las ciencias de la acción nunca pueden ser totalmente modelizadas), así como un límite ético (la eficacia didáctica no es nunca el único criterio de decisión en la educación, y puede inclusive ser en ocasiones un criterio débil). Descritos así, los aspectos paradójicos del aprendizaje son fundamentalmente insolubles, sin que esto impida trabajarlos a diario con los constantes reajustes antes evocados. Esto es una prueba de la "irreductible levedad" de los investigadores como de los prácticos de la pedagogía y las ciencias de la educación.


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