"
El intelectual hoy Crisis de los ideales globales y búsqueda de horizontes regionales
"

 

Alberto Verón Ospina
Pablo Prado Gutiérrez


En el presente artículo deseamos mirar el papel cumplido por la figura del intelectual en occidente hasta llegar a examinar las razones de su crisis. Propondremos al final una categorización de estos y trataremos de señalar algunos horizontes sobre su lugar en el siglo XXI. Esta discusión y línea de reflexión nos parece importante para la universidad como reducto de la inteligencia y las actitudes polémicas.

¿Qué papel cumple hoy el intelectual?. La suya es una figura propia de esa modernidad descrita por Goldman(1), la cual pareciera desdibujarse, remplazada por el contingente de expertos institucionalizados en alguna organización.

...las ideas políticas de la ilustración, ellas parecen a primera vista muy simples: libertad, igualdad, universalidad de las leyes, supresión de toda arbitrariedad, tolerancia respecto al interés general; hay naturalmente diferencias entre los extremistas, que querían extender la igualdad al terreno económico y abogaban ya sea por la abolición de la propiedad privada de la tierra (Morelli, Mably), ya sea por su limitación (Rosseau) y los moderados que solo contemplaban la igualdad ante la ley.

¿Pero cómo devolver al intelectual su papel de actor social de la cultura?. Esta pregunta debería tocar a quienes vinculados a la escuela, la universidad, los centros de investigación, los medios de divulgación, los movimientos sociales consideran que su actividad propone unos diagnósticos tan importantes como los del técnico, el político, el experto, y que su saber tiene todavía unos fines, los cuales sobrepasan lo estrictamente profesional.

 

En principio fue el filósofo

Primero fue la posibilidad de argumentar gracias al lenguaje. La argumentación pasó de la viva voz al texto; así fueron consignadas para el tiempo y la historia lo que sería la génesis de quienes dudaron y examinaron cada uno de los problemas que acerca del hombre y de la sociedad se les presentaban: los filósofos. En sus orígenes este título designó aquellos hombres y mujeres preocupados por la relación entre las ideas y la sociedad. Necesitaron del libro para perpetuarse, aprendieron a citarse los unos con los otros, a vindicar en largas genealogías de nombres y de frases la condición laberíntica del pensamiento científico. Del ágora pasaron al libro; de la plaza se introdujeron en una conversación silenciosa con miles de hombres que fueran capaces de descifrar los signos impresos.

Abanderados de causas ajenas, polemistas en muchas ocasiones de situaciones lejanas a su persona, los intelectuales encarnaron a los héroes del papel. Este apelativo no resulta caprichoso ya que han sido los hijos de la imprenta; el libro y el periódico, responsables de estimular el debate durante el Renacimiento, la Ilustración, el Romanticismo y buena parte del siglo XX. El texto escrito, en especial gracias a la filosofía, desarrolló el texto como argumentación, y los intelectuales se convirtieron en los maestros de ésta, los supuestos investigadores de una verdad que al devenir concepto, lenguaje, se hizo sumamente problemática, arrastrando consigo la figura misma del intelectual(2).

La ciudad fue el escenario del intelectual moderno. El café, el aula de clase, la redacción del periódico, tejen una serie de puntos de encuentro y de rutas. En ella el intelectual no está en soledad: contrariamente el intelectual está observando lo que pasa en cada uno de sus lugares. Su soledad es solo la distancia que toma para examinar los fenómenos de su alrededor. La ciudad que vive el intelectual no es una ciudad fantástica; al contrario, vive de contactos físicos, corpóreos debido a que el crecimiento de éstas estímula y aviva sus sentidos y las problemáticas se vuelven de una mayor complejidad. Un dicho medieval sentenciaba acerca de los beneficios del aire de las ciudades en los hombres. Esos beneficios en parte han de ver con los encuentros con numerosas gentes de orígenes y de vidas distintas; forasteros, vagabundos, pícaros, conspiradores, marginados de toda laya; gentes que con el ejemplo de su vida develan la diversidad humana, lo atrevido de profesar posiciones radicales o dogmáticas.

 

La voz de los sin voz

Los llamados intelectuales han nacido en occidente bajo un sino: el del hechicero. Su vocabulario se nutre de la fuerza que de ese mismo vocabulario ha ejercido en los grupos humanos. En una sociedad fragmentada en clases sociales debido a las limitaciones de acceso al repertorio simbólico de la educación, los intelectuales terminaron siendo considerados hombres de una supuesta responsabilidad mayor: ser la voz no solo de ellos mismos, sino de aquellos que no tenían voz. Durante los doscientos años que la imprenta como medio de difusión de ideas fueron dominantes y los intelectuales adquirieron una mayor notoriedad. De la pluma a la máquina de escribir, la educación humanística fue el modelo a seguir, modelo que en ocasiones sirvió para perpetuar las diferencias de clase, permitir que los hijos de las clases más bajas ascendieran por los méritos de su inteligencia y en muchos casos estimuló procesos revolucionarios que le hicieron a la civilización una cirugía radical. Veamos lo que pensaba al respecto Goldman:

La vida intelectual europea estuvo dominada durante mucho tiempo por esta oposición fundamental: de un lado la sociedad burguesa pseudocristiana, radicalmente desacralizada, en la que la vida económica indiferente a todo valor moral, estético, religioso, ocupaba un lugar cada vez más importante; y del otro, la del socialismo en la humanidad, la esperanza en un renacimiento espiritual mediante la lucha por una comunidad futura transparente, libre de toda ideología y que sería conscientemente creada por los hombres(3).

Esta cirugía radical nace del doble papel que cumple una revolución: devela la verdad mostrando a los hombres la falsa ideología de la que eran víctimas, a su vez destroza las estructuras materiales construidas sobre una ideología errónea. Los intelectuales comandaron esta discusión política, entrando de lleno en el tumulto de la historia moderna.

Los intelectuales pasaron de la plaza al libro, y del libro a la taberna y de la taberna a la calle y de nuevo al libro, tejiendo como gusanos de seda una ruta de carácter público, la cual ha llegado hasta nuestros días bajo el título de la vida del intelectual. Este recorrido que se inició en Atenas bajo el signo de la duda frente a las verdades establecidas por la tradición, no se ha detenido en ningún momento de occidente, aunque nos empeñemos en pensar que su descripción más clara se tiene en la modernidad y más precisamente en los siglos XVIII y XIX, tiempo en el cual la figura del crítico social, del periodista, del pensador profano se han vuelto más visibles. Hombres como Voltaire y Marx podrían ser representaciones heroicas de quienes volcaron su mirada hacia la sociedad, atendieron el reclamo de la existencia pública y consideraron posible por medio de la educación o de la revolución de los trabajadores, alterar las condiciones de la existencia pública. Los modelos de argumentación, las prácticas dialécticas aprendidas de los antiguos se hicieron más sofisticadas y radicales, en unas ciencias humanas y sociales que superaron el escepticismo de los antiguos ante la capacidad de las mayorías de darse a sí mismas un sentido histórico. Los intelectuales modernos, inspirados en el socialismo, consideraron posible, que las multitudes de esclavos, pudieran no solo cuestionar a sus amos sino construir un mundo de hombres liberados de toda forma de sumisión. Fue este su reino. Provenientes de la nobleza, de la burguesía, de los sectores trabajadores la inteligencia podía tener un lugar en la sociedad. La argumentación, los razonamientos, cierta exaltación e ironía volvían a ser los ingredientes que les carácterizaban. Tanto la educación como la revolución eran acciones públicas y los gestos exaltados de éstos, el convencimiento manifestado en intensidad discursiva lograría tener un efecto y un papel protagonista real. Fue el tiempo de oro de los intelectuales; entre 1870 y l970 esta figura adquirió un croquis claro ; hasta se podría decir que muchos desearon hacerse intelectuales, oscilar entre la política de izquierda, las ciencias sociales y la poesía.

 

De lo oracular a lo espectacular

Pero qué pasa con los intelectuales en este siglo XXI plagado de demandas de eficiencia, de rapidez; todo lo contrario a ese ámbito de paz y observación, y conspiración donde los intelectuales hicieron su aparición..

Beatriz Sarlo(4) escribió un detonante ensayo acerca del papel que en occidente cumplieron los intelectuales. Allí se destacan la pasión de éstos por los principios universales, el apego inquebrantable a sus propias argumentaciones; su destino como mártires de la sociedad en algunos casos o de cómplices en otros, de los regímenes más depravados. Críticos agudos de la sociedad, pero también Mesías y redentores, los intelectuales durante décadas se han considerado depositarios de un legado: hablar por los supuestamente silenciados. Orientar a una multitud - supuestamente - desconocedora de principios guía generales. La política, el arte, las humanidades y las ciencias sociales han sido sus territorios de dominio y allí reinaron como amos y señores. Fueron la vanguardia y si en política cayeron en trampas y cometieron errores, el arte les colocó en un lugar excelso.

En este brillante texto, justo en cuanto reconocen las mistificaciones y excesos de la casta de los intelectuales, pero donde también se reconoce su papel fundamental en las culturas occidentales, Sarlo narra el modo que el perfil clásico del hombre de pensamiento cambió, al igual que se alteraron las ciudades, el mercado, los jóvenes.

No se quiere hoy tener guías, ni expertos del alma o del comportamiento social. Los intelectuales, durante muchas décadas se acostumbraron a cumplir ese papel. Hijos pobres pero privilegiados de la burguesía, tuvieron acceso a unas fuentes directas, a unas lecturas que estuvieron vedadas a la mayoría. ¿Tiene el intelectual hoy ese mismo papel?. El de oráculos que creyeron cumplir, se diluyó mientras que los medios masivos de comunicación construían el tinglado del espectáculo donde las fantasías ocupaban el lugar de la utopía. Eduardo Subirats describe al individuo que emerge en esta cultura:

La pasividad y el aislamiento, y el condicionamiento emocional, ético y cognitivo de las personas; la pérdida de autonomía tanto psicológica como intelectual del sujeto humano; su manipulación programada con fines publicitarios o propagandísticos, y, por tanto, de dominación económica y política respectivamente; en fin, la desintegración de las identidades históricas, psicológicas, urbanas o culturales, son algunos aspectos ligados a la propia estructura técnica y formal de los medios de comunicación(5).

Los actuales parecieran ser tiempos de futbol, de espectáculos de masas, de violencia en la pantalla, de imágenes que nos miran y seducen, de cuerpos atléticos y sudorosos; en cambio, los intelectuales, si tuvieron brillo en alguna ocasión no lo hicieron por esta vía de la imagen espectacular; lo consiguieron debido a que fueron creadores y divulgadores de una serie de explicaciones, esperanzas, soluciones y pronósticos sobre el planeta, la sociedad occidental y su país.

Lo oracular primó sobre lo intelectual. Herederos de los antiguos hechiceros y adivinos, los intelectuales se movieron, oscilaron, pasando del mundo de la ciencia al mundo del arte, hasta la llegada de una gigantesca oferta de diversiones "rápidas" que parecieron eclipsar su ironía y trascendentalidad

Y es que los intelectuales tuvieron que aceptar, no sin cierta nostalgia, que los saberes con que hoy se toman las decisiones son demasiado numerosos y por lo tanto obligan a un diálogo con el otro, con el distinto. El intelectual resulta ser el último depositario del saber humanístico y esto no es asunto arcaico, ni mera decoración. Las humanidades son las llamadas a examinar la cultura, la del pasado y la de hoy. Los medios masivos de comunicación no están obligados a emprender la tarea de las humanidades; esta tarea es propia de los intelectuales y no se trata en absoluto de una tarea cualquiera. En la sociedad actual el espectro de asuntos y espacios de discusión crecen como el árbol del conocimiento. Cada nueva expresión estética, cada conflicto urbano, cada nueva situación súbita que discurre por los medios, cada conflicto que vive una escuela o una universidad son asunto también de los intelectuales.

 

El intelectual resulta ser el último depositario del saber humanístico y esto no es asunto arcaico, ni mera decoración. Las humanidades son las llamadas a examinar la cultura, la del pasado y la de hoy.




El intelectual y su ethos social

¿Responden los intelectuales a unas pautas de relación con la sociedad?

Proponemos acá tres modelos de intelectuales: el radical, el institucionalizado y el articulado. A la primera categoría pertenecen aquellas figuras representativas de los movimientos de vanguardia modernos, en especial las de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX; a la segunda, aquellos que han contado con los beneficios del Estado, de algún tipo de organización que les patrocine y que no hacen algo distinto a proteger y reproducir el esquema establecido; a la tercera, aquellos que a pesar de su estabilidad en un mundo de expertos mantienen viva la actitud crítica y una disposición a las transformaciones.

 

El intelectual radical

Baudelaire sería la representación del crítico feroz de su entorno social. Walter Benjamin en sus investigaciones le propone como el héroe moderno. Vinculado a la prensa de París a través de sus artículos y poemas, Baudelaire se introduce en los extremos siniestros de la vida en las ciudades. Entre las consecuencias de esta vida se halla la dificultad crónica para insertarse en las dinámicas institucionales. Baudelaire u otras figuras señeras del romanticismo Alemán como Nietszche y Hölderlin le acompañan en esta categorización debido a su carácter de parias en la sociedad, relegados y marginados de su tiempo. Las biografías y expresiones de éstos, crearon el modelo del intelectual heroico mal comprendido por su época. Atractivos a los temperamentos idealistas, los intelectuales han vivido la pobreza, los campos de concentración, la droga y la locura al modo de experiencias de las que ellos han sido protagonistas. Desde los movimientos de vanguardia, pasando por las izquierdas se nos han mostrado como aquellos sacrificados por no transigir con la supuesta medianía burguesa.

 

El intelectual institucionalizado

Pero la inteligencia también ha sido premiada. Consentido del régimen y las instituciones dominantes, figura consultada por el poder, experto especialista en materias técnicas, el intelectual institucional ha estado presente en las universidades, en los medios masivos de comunicación, en las editoriales. Ha sido el hombre del justo medio y esa posición le ha vuelto cómplice de la injusticia, garantizando también un margen de regulación y de medida propio del método científico. El intelectual institucional sabía que en una sociedad sin príncipes y protectores le sería muy difícil sobrevivir con su producto por fuera de una institución en la que pretendió negociar sus más sentidas búsquedas personales con los intereses de la institución.

Mientras que el intelectual radical no ha dejado de generar ampollas e incomodidad desde Sócrates, pasando por Sade, llegando a Artaud y Cioran, el intelectual institucional considera que su saber tiene unos límites y en ellos prefiere instalarse como experto. Danilo Cruz Velez llega a considerar que la universidad y los medios le han acogido, reduciendo la fuerza de su expresión a partir de la dependencia salarial y social que crean las políticas institucionales.

 

El intelectual articulado

Frente a la pregunta por el sentido de la labor del intelectual en el mundo contemporáneo las respuestas proliferan. Así al principio de este ensayo dijimos que el intelectual ha vivido la seducción por los principios universales. Esta seducción le condujo a someter el magma duro de la realidad a los evanescentes símbolos de las ideas. Las derrotas sufridas por las grandes abstracciones sociales o por los proyectos totalitarios no tendrían que sumir en el desconcierto a los intelectuales de hoy. El principio de pensar globalmente y actuar localmente frena el nihilismo acumulado. Esa humanidad genérica por la que se luchaba y moría hace medio siglo solo era una frase. La humanidad con un tono de modestia, la representan las comunidades inmediatas, la ciudad que se vive, la escuela donde se trabaja, el periódico en el cual se escribe. Es en los vértices de las grandes estructuras, en las grietas que un sistema deja, en los pequeños espacios donde viven los seres de carne y hueso donde gravita hoy la fuerza del intelectual. Su papel, de pastor o de redentor le ha sido arrebatado. El intelectual habla por el mismo y si es lo suficientemente brillante y sincero su habla podrá recoger el habla de los otros. El acceso a la educación y los medios masivos le ha posibilitado a la figura del intelectual su reproducción en los lugares más lejanos de occidente. Mas que la voz que habla por los sin voz, el intelectual invita y suscita polémicas; con su ironía y agudeza despierta los encantos comunicativos de la argumentación, el debate, la crítica.

La humanidad con un tono de modestia, la representan las comunidades inmediatas, la ciudad que se vive, la escuela donde se trabaja, el periódico en el cual se escribe

 

El intelectual universitario, intelectual orgánico

Con el referente histórico que considera a los intelectuales como un grupo o colectivo social vinculado de manera recíproca con una sociedad y comunidad determinada, los cuales a través de los diversos grupos y clases sociales que las constituyen tienen sus propias categorías de intelectuales especializados y expertos, desarrollamos uno de los
conceptos fundamentales aportados por Antonio Gramsci: El Intelectual Orgánico.

La problemática a tratar es muy compleja y contradictoria debido a las diversas formas que ha asumido hasta ahora el proceso histórico objetivo de la formación de las categorías de intelectuales.

Siguiendo la orientación del estudioso de las Ciencias Sociales y Políticas, Gramsci, seleccionamos una de esas formas que corresponden plenamente al concepto de intelectual orgánico con el cual nos identificamos:

Todo grupo social que surge sobre la base original de una función esencial en el mundo de la producción económica, establece junto a él, orgánicamente, uno o más tipos de intelectuales que le dan la homogeneidad no sólo en el campo económico, sino también en el social y en el político.(6)

En nuestra "Aldea Globalizada", controlada por los bloques económicos y políticos continentales y mundiales, por los fondos monetarios internacionales y los bancos transnacionales; el empresario capitalista hegemónico crea al técnico, al tecnólogo, al científico en informática, cibernética, biogenética, electrónica, robótica, automatización, al docto en economía y política, especialmente en lo relacionado con el sector financiero; pero también exige su control a través de un organizador de una nueva cultura política, ambiental, filosófica, ideológica, artística, literaria, religiosa, moral, ética y del derecho, en donde la educación a todos los niveles juega un papel predominante.

No afirmamos que sean todos los empresarios quienes participan de estas nuevas políticas, son un núcleo selecto, una elite de esos bloques o grupos de países altamente desarrollados requeridos por la necesidad de establecer las condiciones más favorables en tiempo, espacio y calidad para la expansión de su bloque, unión, comunidad, grupo o simplemente clase social. Ese intelectual debe poseer el más alto nivel científico y tecnológico, la aptitud y actitud más adecuada de organizador de la sociedad globalizada, desde sus múltiples instituciones, manifestaciones culturales y políticas, hasta el organismo estatal.

 

El intelectual habla por el mismo y si es lo suficientemente brillante y sincero su habla podrá recoger el habla de los otros.


Según Gramsci, el intelectual orgánico es aquél que emerge

"sobre el terreno a exigencias de una función necesaria en el campo de la producción económica."(7)

Cada clase que surge y a lo largo de su desarrollo progresivo entrega unas actividades a los intelectuales en forma de especializaciones de los aspectos parciales de acontecimientos primarios de tipo social, surgidos de las nuevas clases que han llegado a constituir un nuevo sistema económico, social y político. Tanto las clases dirigentes, propietarias o élites, como trabajadores, de todo tipo, desposeídos o marginados, constituyen sus organizadores, economistas, filósofos y políticos, además de los académicos, tecnólogos y científicos.

"Se podría estimar lo "orgánico" de las distintas capas de intelectuales, su mayor o menor conexión con un grupo básico fijando una graduación de las funciones y de la superestructura desde abajo hacia arriba, desde la base estructural hasta lo alto. De momento, se pueden establecer dos grandes capas superestructurales: la llamada, por así decir, "sociedad civil" denominadas "privadas" y la "sociedad política o Estado", que corresponde a la función "hegemónica" que el grupo dominante ejerce sobre toda la sociedad y al "poder de mando directo" que se manifiesta en el Estado y en el gobierno "jurídico"(8).

En las condiciones históricas actuales y especialmente en las proyecciones del progreso social, científico, tecnológico, la temática y el papel de los intelectuales, desde cualquier grupo social, ha tomado un carácter eminentemente político. Desde nuestra visión las consideramos como un grupo grande de hombres y mujeres que juegan indirectamente un rol formativo en la producción de bienes materiales y determinantemente en la creación, transformación, transmisión y aplicación del conocimiento.

Gonzalo Sánchez Gómez, profesor _ investigador de la Universidad Nacional de Colombia considera que,

"los intelectuales como colectivo que procesa o define las grandes preocupaciones de una sociedad en un momento dado, y en un contexto precario como el nuestro, se realizan y se suprimen simultáneamente en lo público, en la política."(9)

En uno de sus libros Eduardo Subirats en el título cuatro: "El Intelectual y la Crisis Contemporánea" manifiesta cuando se refiere a las responsabilidades y tareas de los intelectuales hoy:

"supone más bien abrir la inteligencia a la imaginación del mundo, a sus posibilidades de creación y libertad y no a su instrumento de dominación. Significa abrirla a la realidad de la existencia humana en el mundo, que necesariamente sólo puede entenderse en términos de globalidad y no encerrar la inteligencia en la parcialidad administrada de conocimientos especializados, políticas regionales o componentes fragmentarios de la realidad humana." (10)

Finalmente William Ospina llama la atención de los grandes obstáculos y aún peligros que corren los intelectuales en la búsqueda de la convivencia y el estado de bienestar:

Colombia es un país muy difícil, donde no es fácil reprochar a los intelectuales el no pronunciarse de una manera más abierta sobre las cosas que pasan, porque aquí hay mucha intolerancia. No es un país democrático en el sentido clásico de la palabra, donde se respete realmente la opinión de los demás. A los intelectuales se los deja mientras no estorben y no lesionen intereses. Y la verdad es que los sacrificios en Colombia, hasta ahora, han valido de muy poco para transformar la realidad. El que la gente asuma riesgos denunciando la situación nacional, o que se pronuncie respecto a algún hecho preciso de nuestra vida política, casi siempre supone una audacia enorme por parte de las personas. Porque en nuestro país cada cual está muy solo. Y en esa medida, la única solución verdadera a los problemas de Colombia es la conquista de una solidaridad real. Sólo cuando hayamos conquistado esa solidaridad real, ese sentido de nación, ese sentido de comunidad, será posible exigirle a cada individuo esa expresión destacada de su voz, porque habrá una comunidad dispuesta a respaldarlo, a defenderlo, a protegerlo, y no una inercia tal como la que hoy se respira.(11)

 

El academico de la Universidad Tecnológica de Pereira y nuestro país

En la Universidad Tecnológica de Pereira durante la década del 90 se presentaron manifestaciones de progreso con alta calidad académica por parte de la intelectualidad universitaria, fundamentalmente en la docencia, la investigación, la cultura y la proyección social. Logramos llegar a la comunidad local, regional y nacional con eventos que permitieron la ínter y transdisciplinariedad, la identificación de los problemas de la educación superior estatal en Colombia y la presentación de proyectos como alternativas de solución.

Entre julio y septiembre de 1991 se produjo la Asamblea Permanente y la toma de las instalaciones administrativas y académicas de la U.T.P en la búsqueda de reivindicaciones eminentemente académicas, por la dignidad, por unas mejores condiciones de vida cultural, educativa, docente e investigativa, al lado de las salariales, prestacionales, pensionales y de seguridad social.

Fue en la U.T.P y en el ámbito nacional en donde por primera vez, en un conflicto universitario, renuncian todos los directivos académicos, tomando como base un documento netamente académico elaborado colectivamente. El 22 y 23 de julio de 1991 renuncia la Vicerrectora Académica Elizabeth Villamil, 8 (ocho) decanos, 13 directores de escuela, jefes de departamento y coordinadores de área, 2 directores de postgrado y la Jefa de la Oficina de Planeación.

Argumentando su condición de directivos académicos y su interés por preservar los principios y objetivos esenciales de la Universidad, consideraron imposible mantener la normalidad académica cuando la dignidad del profesorado y el personal administrativo se veía afectado por una decisión carente de justicia social y de equidad, colocando en un futuro incierto a la institución. De igual manera manifestaron:

"No se puede aceptar bajo ninguna óptica la existencia de factores que en lugar de impulsar el desarrollo de la Universidad, su capacidad integradora y de compromiso con la realidad regional y nacional, la elevación de los niveles culturales, científico y tecnológico, propicien la desintegración de su comunidad académica con la aplicación de medidas que dan un tratamiento diferencial y discriminatorio a nuestra Alma Mater deteriorando el nivel de calidad de vida de sus integrantes y sus familias, desconociendo la larga trayectoria y sólida formación académica de quienes han cumplido con altura la tarea de formación e investigación que les ha sido encomendada.

 
En las condiciones históricas actuales y especialmente en las proyecciones del progreso social, científico, tecnológico, la temática y el papel de los intelectuales, desde cualquier grupo social, ha tomado un carácter eminentemente político.





Por lo anterior y guardando la debida coherencia con nuestro pensamiento e ideales sobre la Universidad y sobre el alcance de nuestras funciones, consideramos que la situación reinante no ofrece condiciones para desarrollar la academia y por tanto la razón de ser al frente de nuestros cargos no tiene sentido ya que nos es imposible mantener la vocación intelectual y la acción de "hombre colectivo" como agente de cambio y como elemento fundamental de búsqueda del orden y dirección de la Universidad, hecho que nos lleva a presentar nuestras respectivas renuncias". (12)

Como resultado inmediato se presentó el fortalecimiento de la recientemente constituida Federación Nacional de Profesores Universitarios con fuerte componente académico y cultural y la elaboración desde la base de un proyecto de Ley General de la Educación Superior en y para los colombianos.

Ya es frecuente encontrar manifestaciones en documentos institucionales referidos propositivamente a las políticas oficiales frente a la academia, la administración educativa, el régimen salarial y prestacional y al sistema de financiación de la educación superior estatal.

La "Declaración del Consejo Nacional de Rectores del Sistema Universitario Estatal, (SUE)" en Santafé de Bogotá D.C el 14 de noviembre de 2000 manifestó a la Comunidad Universitaria Nacional, a las autoridades gubernamentales y la opinión pública

"El compromiso irrevocable de la Universidad con la Nación: su misión en los campos de la investigación, la formación académica, la extensión y al análisis crítico de los problemas sociales, estará siempre ordenada a contribuir positiva y eficazmente a la construcción de las relaciones más justas y equitativas. En ese sentido, su horizonte de acción se dirigirá hacia áreas académicas estratégicas en función de las necesidades nacionales."(13)

En el documento de los rectores "Finalmente, reiteran su compromiso inquebrantable con el anhelo y la voluntad de paz de la sociedad colombiana, y reiteran su exigencia de que los espacios académicos, como núcleo esencial del conocimiento que necesita el país, no se conviertan en escenarios de la confrontación violenta."(14)

La intelectualidad colombiana debe tener como tarea prioritaria acelerar el proceso de construcción de su identidad como intelectuales vinculados directamente al progreso social y al desarrollo económico, ejercer como actividad principal y permanente la cátedra, la investigación, la producción de cultura, la oportunidad de crear opinión como factor fundamental para evitar la indiferencia y desde luego la generación de políticas partiendo de la sociedad misma hacia el Estado.


NOTAS


(1) GOLDMAN Lucien. La ilustración y la sociedad actual. Monte Avila editores. Caracas, Venezuela. 1968. p 50

(2) Frente al papel de los intelectuales en el siglo XXI la posición de de Richard Rorty resulta sumamente atractiva: "Sócrates y Platón sugirieron que si nos esforzábamos lo suficiente encontraríamos finalmente lo que todo el mundo considera intuitivamente plausible y que entre lo que encontráramos habría creencias cuyas implicaciones, cuando cobráramos conciencia clara de ellas, nos convertirían en virtuosos así como capaces de conocer. Para pensadores como Allan Bloon (del lado de los straussiano, y terry Eagleton (del lado de los marxistas) tales creencias deben existir, debe haber un eje seguro que determine la respuesta a la pregunta: " ¿Qué alternativas políticas y morales son objetivamente válidas ?. Para Pragmáticos deweyanos como yo la historia y la antropología nos muestran suficientemente que no existen tales ejes seguros y que la búsqueda de objetividad es solamente un asunto de conseguir tanto acuerdo intersubjetivo como sea posible". R0RTY Richard. Pragmatismo y política. P 41. Paidos. Colección pensamiento contemporáneo 55. Barcelona.

(3) GOLDMAN Lucien. Ob cit. p 115

(4) SARLO Beatriz. Escenas de la vida postmoderna. Intelectuales Arte y Videocultura en Argentino. Ariel. Buenos Aires. 1995.

(5) SUBIRATS Eduardo. Metamorfosis de la cultura moderna. Anthropos. Barcelona 1991. p 171

(6) GRAMSCI, Antonio. La Formación de los Intelectuales. Editorial Grijalbo S.A. Mexico 1967. p 21

(7) Idem, p 22.

(8) Idem. p 30.

(9) SÁNCHEZ GÓMEZ, Gonzalo. Intelectuales... Poder... Y Cultura Nacional. Revista: Análisis Político Nº 34. Mayo / Agosto 1998. p 115.

(10) SUBIRATS, Eduardo. Metamorfosis de la Vida Moderna. Antropos. Editorial del Hombre. Barcelona, España. 1991. p 156

(11) OSPINA, William. Artículo: Ser Ciudadano En Este País. El Colombiano. Literario Dominical. 29 de octubre 2000. p 5,6.

(12) Archivo.ASPU. Risaralda. Movimiento profesoral U.T.P 1991 (julio-septiembre)

(13) Documento: Declaración del Consejo Nacional de Rectores del Sistema Universitario Estatal, SUE. Bogotá D.C. Noviembre 14 de 2000. p 1.

(14) Idem. p 3.

 


Derechos Reservados Revista de Ciencias Humanas - UTP
Copyright © Pereira -Colombia - 2001
Ultima Modificación, Diciembre de 2001
Webmaster :
Ingrid Galeano Ruiz
Diseño:
César Augusto González